Hola! Aquí les caigo de nuevo, esta vez con el penúltimo capítulo de este crossover un tanto raro y extraño para los fans de Tintin y de Assassin's Creed. :D.
Ojalá lo disfruten!
Vicka.
P.d: Recomiendo que escuchen la melodía "Assassin's Creed Theme" de Jesper Kyd, cuyo link de Youtube pongo aquí:
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Para poder "sentir" el momento. XD
PRESENTE III:
MUERTE DE RASTAPOPOULOS.
Niklas Robertos Rastapopoulos y otros altos mandos de los Templarios estaban reunidos en la torre sur de Targoviste; la razón de su reunión se debía a que Marcus Clayton, el hijo de lord James Clayton, había informado de que el Mentor de los Asesinos, cuyo nombre hasta ahora desconocía, estaba en Bucarest, Rumania, posiblemente buscando justamente a la viuda de Ezio, Sofía.
Si bien algunos sugerían enviar a algunos matones a que acabaran con él, Rastapopoulos no pudo evitar que en su mente empezara a surgir una duda respecto a la información que Clayton le había dado. Algo le decía que Clayton o no le dieron toda la información o desconocía por entero que tal vez el mensaje sea del todo falso.
Marcus, por su parte, sabía que Rastapopoulos dudaba de la información; lo pudo notar discretamente en el rostro, pero aquello no le preocupó mucho, ya que esa era la reacción que justamente esperaban tanto él como Tintin. De todos modos, formaba parte del plan crear un poco de confusión en él y mantenerle ocupado en lo que liberaban a Sofía.
Si todo salía o no como planearon, entonces Sofía, por voluntad del joven Mentor, se iría a Estambul con sus hijos pequeños a permanecer bajo el cobijo de los Asesinos Turcos, mientras que Tintin se enfrentaría a Rastapopoulos aunque sea por penúltima vez o última vez. Lo último preocupaba enormemente a Marcus, ya que, a pesar de que su hermano ya hasta había contemplado a Nikolai Lupu, líder de los Asesinos de Ucrania, como su sucesor por si acaso, no quería que él acortara abruptamente su vida.
Por Dios, el muchacho tenía 23 años, una edad en donde se supone que ya debería de estar casado y con familia; no obstante, él mismo sabía que una de las razones por las que su hermano menor no había contraído matrimonio hasta ese momento era porque no quería involucrar a la mujer que amara en una lucha que no era suya y que pagara con su vida a pesar de todo.
- ¿Señor? – inquirió - ¿Sucede algo?
- Sí – respondió Rastapopoulos muy dubitativo -… No estoy muy seguro de la información que me has dicho, Marcus.
- Bueno… Es la información que me dio el contacto que tengo en Bucarest. Además, estoy seguro de que no me está mintiendo, porque de hacerlo ya estaría muerto horas atrás.
- De todos modos no podemos fiarnos de esa clase de información, Marcus. Puede ser una tre-
- ¡Señor! – exclamó un guardia, quien entró intempestivamente a la sala - ¡Señor!
- ¿Qué sucede? – inquirió el líder templario - ¡He dicho claramente que no quiero interrupciones mientras esté en una reunión!
- L-lo siento señor – replicó el guardia mientras tomaba bocanadas de aire-, pero… Pero…
- ¿Pero qué?
- ¡Ella ha escapado!
- ¡¿QUÉ?!
Los demás templarios empezaban a murmurar con preocupación; Sara, quien estaba al lado de su amante, le preguntó:
- ¿Cómo ha escapado?
- N-no lo sabemos, señora.
- ¿Cómo? – inquirió Rastapopoulos mientras se acercaba al temeroso guardia - ¿Qué has dicho?
- N-no sabemos c-cómo logró escapar, señor. L-le juro que n-ni nosotros sabemos c-cómo pudo escapar.
- ¡¿Y se puede saber dónde diablos estaban metidos todos ustedes cuando sucedió eso?!
- Estábamos persiguiendo a un intruso, señor.
- ¡¿Un intruso?!
- S-sí… De hecho, aquí está.
Dicho eso, el guarda hizo señas a sus compañeros para que trajeran al prisionero, un hombre vestido todo de negro, desde la caperuza hasta las botas. Éste mantenía la cabeza baja, tal vez en señal de no querer mostrar su rostro o simplemente estaba desairando de forma abierta al jefe de los Templarios, quien exclamó:
- Vaya, vaya, vaya… ¡Miren lo que tenemos aquí, señores! ¡Un Asesino!
Rastapopoulos se acercó sigilosamente al hombre, quien continuaba con su postura y, con una sonrisa malévola, añadió:
- Y veo que no es uno cualquiera… ¿No es así… Mentor?
El prisionero no dijo nada.
Simplemente levantó un la vista, revelando una mirada pulcra, llena de desafío y sin temor a nada ni a nadie; el templario, examinando un poco al encapuchado, dijo:
- Tu rostro… No se parece en nada al del Mentor anterior… Y eso que decían que su sucesor era su hijo mayor… En fin, es una lástima que no haya sido un hijo de Auditore. Pudimos… Haber tenido una interesante conversación.
Dicho esto, el jefe de los Templarios le dio la espalda e iba a hacer una seña para que se lo llevaran, pero el Asesino simplemente sonrió y le replicó:
- Eso es porque fui adoptado… Rastapopoulos.
El aludido se detuvo bruscamente y, volviéndose hacia antes silencioso interlocutor, exclamó muy sorprendido:
- ¡Esa voz…!
Antes de que el hombre del monóculo terminara de hablar, el Asesino se quitó la capucha… Y Rastapopoulos palideció repentinamente al ver quién era el nuevo Mentor de los Asesinos.
- ¡T-tú! – exclamó al borde de un ataque nervioso.
El joven de cabellos castaños cobrizos, con seriedad, replicó:
- Veo que no esperabas verme aquí… Niklas.
- ¡No puede ser! – exclamó Geoffrey, quien también se había quedado sorprendido ante aquella revelación.
- ¿El reportero más famoso del mundo – añadió Marcus -… El nuevo Mentor? ¡Eso sí que no me lo creo!
Tintin, con una sonrisa, añadió:
- Ezio me adoptó como hijo suyo hace 11 años y me entrenó bajo su tutela… Justamente en el momento en que huí de mi hogar en Estambul siendo un crío de 12 años.
Sara empezó a temblar del asombro ante la sola mención de Estambul mientras que Geoffrey, Marcus y James se quedaban pasmados ante aquellas palabras. El mayor de los Clayton se acercó un poco hacia el joven Mentor y le miró por un buen rato, como si quisiera confirmar algo en aquél hombre de apariencia enclenque.
- ¿Alex? – inquirió el "asombrado" pelinegro.
- ¿Sorprendido… hermano?
Nadie podía creer lo que estaba ocurriendo en esos instantes, ni siquiera Rastapopoulos, quien se volvió hacia una Sara completamente lagrimosa y horrorizada ante la desagradable sorpresa que se estaba llevando. Nadie podía creer que frente a ellos estaba el hijo menor de los Clayton, quien había desaparecido una década y un año atrás; ni siquiera se habían imaginado que aquél joven fuera el reportero más famoso de la década y mucho menos que éste sea un Asesino.
Ni siquiera esperaban que él fuera el Mentor.
Rastapopoulos, apartando a Marcus, lo confrontó diciendo:
- Jamás pensé que todo este tiempo haya tenido como archienemigo al hijo adoptivo de Ezio Auditore… Je, el hombre te ha criado muy bien para ser lo que eres: Una rata entrometida.
- Al menos me enorgullezco de serlo, ya que lo prefiero a ser el discípulo de un genocida, maldito bastardo.
El conde de Gorgonzola le dio una bofetada fuerte y exclamó:
- ¡Morirás por tu osadía, Asesino!... Pero no sin antes decirme una sola cosa…
- Si te refieres al famoso Orbe de Altair, te aviso que aquí no lo vas a encontrar… Por lo tanto, tu viaje ha sido en vano.
- ¡Mientes!
- No miento cuando se trata de algo tan delicado como ese, Rastapopoulos… Y creo que tendrás que matarme, ya -que no te diré en donde estás… Ni siquiera en tus jodidos sueños.
El griego, lleno de ira, ordenó a uno de sus hombres:
- ¡TRAEDME UNA SOGA! ¡HOY TENDREMOS A UN ASESINO COLGANDO DESDE LO ALTO DEL CASTILLO DE DRAKULYA!
Tintin no dijo nada, ni siquiera tembló al escuchar la última frase de su mortal archienemigo.
Solo permaneció ahí, observando, mirando fijamente a los ojos a cada miembro de la comitiva templaria, principalmente a su familia natural, la cual observaba muy impasible lo que sucedía sin tener tan siquiera un poco de corazón para interceder ante Rastapopoulos e implorar por su vida… Bueno, eso era lo que estuvo a punto de hacer Marcus, quien por dentro estaba más muerto de miedo que nunca, pero no podía hacerlo, ya que le había pedido encarecidamente que dejara que las cosas siguieran su curso.
Marcus había pensado en que Tintin entraría por esa puerta matando a medio mundo directamente al grano, no el hecho de "dejarse capturar" por los "guardias", por no decir el hecho de fingir una captura con ayuda de unos reclutas, quienes mostraban temor y preocupación por la vida de su líder.
Se prometió a si mismo que, muy a pesar de que Tintin le haya obligado a jurar por sus lazos de sangre que jamás buscaría venganza en contra de los templarios por si el plan fallara, buscará venganza en su nombre asesinando a toda la familia de Rastapopoulos, especialmente a los hijos que tuvo el infeliz con su madre natural.
Ésta, por su parte, maldijo a Magda y a Sofía para sus adentros; a Magda porque sabía que aquella anciana había sido la culpable de que su hijo menor retara su autoridad y la de su ex esposo cuando era apenas un niño, y a Sofía por haberle humillado categóricamente con la crianza de su hijo menor, probándole una vez más que ella, la poderosa Sara Greystoke-Rastapopoulos, no era más que una inútil y una buena para nada a la cual había que tenerle lástima y pena ajena.
Rastapopoulos ordenó que le acercaran al joven Mentor y, mirándolo con desdén, le dijo:
- Es una pena que mueras así, Tintin…
Con un chasquido, los hombres guiaron a Tintin hacia la orilla del ventanal en donde, siglos antes, Vlad Tepes se ponía a contemplar el paisaje sobre el que gobernaba, mientras añadía:
- Un enemigo tan formidable como tú pudo haberse convertido en un gran aliado.
Tintin no dijo nada.
Rastapopoulos ordenó entonces a Marcus:
- Eres su hermano mayor, según tengo entendido.
- Por desgracia – dijo su hermano.
El templario, sonriente, le extendió la soga y le dijo:
- Entonces te cedo el honor de poder cobrarte la muerte de Mircea.
- ¡No! – exclamó Sara.
Marcus y Rastapopoulos se volvieron hacia la mujer, quien le recriminó al segundo con lágrimas en los ojos:
- ¡¿Es que has perdido el juicio, Niklas?! ¡¿Acaso vas a cederle a ese infeliz un derecho que me corresponde a mí?!
Rastapopoulos rió a carcajadas ante la mirada sorprendida de la mujer y ante la impasividad de Marcus, y le replicó:
- ¿Darte a ti el derecho de vengar a Mircea? ¿Desde cuándo tienes tú el derecho de cobrar venganza por la muerte de nuestro hijo…? Perdón… De tu amante.
Los labios de la mujer temblaron de la rabia ante la burla del griego, quien añadió:
- Hace mucho que sabía de tus aventuras incestuosas con Mircea, querida. Y es una pena tener que negarte ese derecho que, ultimadamente, no te pertenece ni en lo más mínimo… Ya que Mircea ya estaba al borde de la muerte cuando Ezio le remató.
- ¡Maldito!
El malvado hombre se volvió a reír mientras le entregaba a Marcus la cuerda y le decía:
- Adelante, Clayton. Ve… Mata al traidor de tu familia.
Si pudiera, te mataría a ti, maldito infeliz, pensó Marcus mientras se acercaba a su hermano por detrás y le ponía la soga alrededor de su cuello.
Tintin miró a su hermano, quien disimulada le mostraba una parte de la soga, en donde simuladamente yacía enterrado un filoso pedazo de cristal, y asintió la cabeza mientras que Rastapopoulos se acercaba a ellos y decía con una sonrisa triunfal:
- Hasta la vista, Asesino.
El aludido simplemente sonrió con serenidad y le dijo:
- Vittoria Agli Assassini… bastardo.
Y antes de que el líder templario pudiera decir algo, hubo una explosión en medio del salón, saliendo todos los que estaban allá volando y estrellándose contra la pared mientras que Tintin despistó a Rastapopoulos con su capa y le enrolló la soga con la ayuda de Marcus, quien le dio un puñetazo en el ojo que sostenía el monóculo.
Juntos, los dos hermanos hicieron un Salto de Fe con Rastapopoulos como su sostén. Éste sentía cómo un cristal le cortaba el cuello al apretar más y más la soga mientras que Geoffrey y otro templario se acercaban a él a ayudarle sin éxito, ya que el que fuera el conde de Gorgonzola muere instantáneamente.
- ¡Maldito! – exclamó el mediano de los Clayton entre dientes al ver desde la orilla del ventanal cómo Marcus sacaba de sus muñecas una cuchilla y cortaba la soga.
Ambos hombres aterrizaron en el suelo de pie y se incorporaron para mirar hacia arriba rápidamente. Después, ambos salieron corriendo del terreno con la mirada de Geoffrey observándoles desaparecer de entre los árboles del bosque.
