Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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No había estado en la habitación de Edward desde el día que salimos a Chicago. Ahora, mientras estábamos cerca de dos semanas después, la diferencia me golpeaba inmediatamente. Había sido un cambio, y no había sido grande por sí mismo, solo cerca de seis pulgadas por cuatro, pero eso significaba hablar de volúmenes. (nt: mmm si alguien entiende esta parte, me dice.)
La foto de los padres de Edward estaba dispuesta sobre su estante, enmarcada en un antiguo adorno de plata.
Hace pocas semanas la manera en como él se sentía sobre sí mismo significaba que apenas podía tomar esta foto. Ahora…bueno ahora, las cosas eran diferentes.
Me volví a Edward y él estaba mirándome. "Se ve bien," dijo simplemente, y me regaló una tímida sonrisa. Estaban tan orgullosa de él y de lo lejos que había llegado. No pude detener la sonrisa mientras tomaba mi mano y me llevaba hasta la cama.
Me acomodé en el medio y doblé las piernas debajo de mí. Edward se unió a mí, acostándose, sosteniendo su cabeza en una mano, mientras la otra reposaba protectoramente sobre mi costado. Los puntos habían sido removidos hace sólo media hora, siendo reemplazados por cuatro pequeños adhesivos.
"Entonces ¿cómo te sientes ahora?" Sus dedos masajeaban gentilmente.
"Está bien."
La mueca lo dijo todo. Él odiaba esa palabra. "Está bien. No bien. Yo…estoy bien. Realmente se siente mucho mejor, los puntos estaban comenzando a sentirse tirantes." Sonrió y asintió, apreciando mi honestidad. Se mantuvo acariciando con su mano suavemente sobre mi abdomen y con cuidado me acomodé hasta que estuve acostada a su lado, disfrutando de su toque.
Mi semana de recuperación en casa había terminado. Todavía tenía que tomar las cosas con calma pero al menos ahora podía salir. Entre Charlie y Edward, quienes se unieron en su aversión a Mike Newton, apenas había podido mover un dedo o salir por la puerta de en frente.
La mejora en la relación entre mi padre y novio había sido un acontecimiento inesperado a causa de mi lesión. Cuando Charlie llegó a la tienda de Newton ese día, vio, en sus propias palabras, a Edward sosteniéndome como si yo fuera la cosa más preciosa en el mundo, mientras Mike se sentaba en la enfermería con un brazo roto. Ahora, Edward era siempre bien recibido por Charlie. Me preguntaba si debía enviarle a Mike Newton una tarjeta de agradecimientos.
"Es tan bueno tenerte aquí," Edward dijo en voz baja, su boca curvada en una media sonrisa que hizo que mi corazón tartamudeara.
"Mm, es bueno estar aquí," dije mientras me miraba a los ojos. Se habían oscurecido con cada día desde el accidente. "Necesitas cazar," levanté mis dedos y tracé las sombras purpuras que se habían formado.
Su mirada cayó. "No iré hasta que estés completamente recuperada."
"Edward, estoy bi…," miró hacia arriba y entrecerró sus ojos cortándome. No digas bien. "Me estoy curando realmente bien, Edward. No tienes que sufrir." Acaricié las ojeras de nuevo.
"Sólo sufro cuando estoy lejos de ti."
Rodé mis ojos y reí. "Puedo esperar, Bella. Voy a cazar cuando los adhesivos se desprendan y pueda estar seguro de que no se desintegrarán en las suturas, mientras no voy."
Luego me distrajo cambiando de tema. Y con sus labios.
"Envié por email los documentos del patrocinio por medio de los abogados esta mañana." Su voz era un murmullo al tiempo que su boca se arrastraba por mi cuello, chupando la piel. Un pequeño gemido se me escapó.
Habíamos pasado los últimos días arreglando los detalles de la ayuda financiera de Edward a la escuela de música de George. Al principio me sentía incómoda de discutir y planear sobre el dinero de Edward, pero él insistió en mi opinión. Así que, bajo la apariencia de nuestro inventado MidWest Community Proyects Fund, Edward proporcionará el apoyo financiero que le había prometido a George.
"Ahh. Bien. Um… ¿Cuándo van a tener el dinero?" Mi cuello estaba arqueado, dándole a su boca un mayor acceso mientras yo pasaba mis manos a través de su pelo, tirando ligeramente con cada caricia de sus labios.
"En un día más o dos." Su rostro bajó y su nariz apartó el cuello de mi camiseta a un lado para así poder besar la piel de mi hombro.
"Deben…ah,um…ser capaces de hacer mucho con veinti…oh…cinco mil dólares cada año," comencé a pasar mis manos sobre su espalda, raspando mis uñas a lo largo de la tela de su camisa, tirándola hacia arriba para poder sentir su piel. Gimió.
"Lo hice…por un periodo inicial…de tres años." Estaba teniendo problemas para hablar cuando mis dedos encontraron los hoyuelos en la parte baja de su espalda. Acercó su rostro al mío, con los ojos cerrados. "Términos de apoyo…indefinido…deben ser inusuales." Pasó su nariz a lo largo de mi mandíbula mientras yo arrastraba las uñas a lo largo de su espalda. "Voy a renovar…aah…todo el patrocinio cada…tres…años…mmm…por el tiempo que la escuela exista." Empezó a succionar la piel debajo de mi oreja.
"Ohh, eso es,…mmm, una buena idea…," comencé a pasar mis manos por su pecho. "¿Le…dijiste a los otros…que lo…enviaste?"
"No todavía…después…mmm."
La familia de Edward sabía que habíamos subido por la ventana de George, y que le dijimos la verdad sobre su parentesco, incluso antes de que pusiéramos un pie en el techo esa noche. Alice había visto una visión tan pronto como Edward había tomado la decisión de hacerlo. Y, al más puro estilo Cullen, habían apoyado está decisión y mostraron su interés en la 'fundación'. Rosalie y Emmett ayudaron con el nombre, Esme diseñó el logo para los encabezados de las cartas y Jasper ofreció usar a sus abogados para que así Rebecca no pudiera trazar algo de nosotros.
"Entonces, ¿que…que quieres hacer…hoy? Ahora que…mm,…puedes salir." Los labios de Edward estaban haciendo lo suyo sobre mi garganta, pero de pronto se detuvo y se sentó, tirando de mí suavemente a su regazo. Indicó con la cabeza hacia la puerta con una sonrisa de disculpa. Un segundo después, hubo un suave golpe.
"Entra," dijo mientras la puerta se habría y Esme y Carlisle entraban.
"No queríamos interrumpir, pero nos preguntábamos como estaba las cosas esta mañana, Bella," Carlisle me sonrió cálidamente. "¿La doctora Lewis te dio el certificado de alta?"
"Oh, sí, todo está bien, gracias." Intenté enderezar la camiseta sobre mi hombro. "Me dijo que casi estoy de vuelta a la normalidad."
"Excelente," Carlisle sonrió de nuevo.
Esme se acercó y puso su mano sobre mi brazo. "Es bueno escucharlo. Es tan lindo tenerte en casa, Bella."
Mi garganta se apretó. "Gracias, es bueno estar…en casa." Miré los ojos sonrientes de Edward. Me guiñó un ojo, antes de volverse a Carlisle.
"Justo estaba diciéndole a Bella que envié el borrador final por medio de los abogados esta mañana. Rebecca debería recibir el dinero en un par de días."
Carlisle asintió. "Estoy muy orgulloso de ti Edward. De ambos," movió sus ojos a mí. "Es algo bueno lo que están haciendo juntos." Esme asintió en acuerdo.
"Gracias," Edward dijo bajito, bajando la mirada. El elogio de Carlisle siempre lo hacía humilde.
"Bueno, es agradable verte tan bien, Bella." Carlisle sonrió mientras se volvían hacía la puerta, pero en la puerta se detuvieron y compartieron una mirada. Esme se volvió hacia mí, con la mano sobre su pecho. "Bella, queremos darte las gracias por apoyar a nuestro hijo a través de todo." Le sonrió de forma rápida a Edward. "Sabemos que no ha sido fácil, pero también sabemos que sin ti, él no hubiera vuelto de esto como lo hizo."
Realmente no sabía que decir. Sentí los brazos de Edward apretarse a mi alrededor, y sus labios presionando contra mi cabello. Sabía que mis mejillas estaban rápidamente enrojeciendo y que mis ojos estaban llorosos.
"Um, gracias…quiero decir…gracias." Parpadeé fuertemente.
"Y no podemos esperar hasta que seas oficialmente un miembro de la familia," agregó Carlisle.
Parpadeé apartando las lágrimas y sonreí a Edward. "Ni yo puedo," dije deliberadamente. "No es demasiado tarde, ¿por qué no traemos de vuelta la boda al trece de agosto?"
Rodó sus ojos. "Alice ya envió las invitaciones para el veintisiete, Bella, sabes eso."
"Sólo llamemos a todo el mundo y les decimos."
"Bella…" Edward estaba usando su voz firme, pero pude ver en su expresión que estaba siendo un poco petulante ya que, en estos días, estaba muy ansiosa por la boda.
"Creo que vamos a dejar a estos dos discutir solos." Carlisle sonrió mientras él y Esme salían de la habitación.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos me salí del regazo de Edward y me levanté de la cama, experimentando con un suave estiramiento.
"¿Ves?" dije. "Estoy bi…, me siento bien."
Edward sacudió la cabeza y se levantó de la cama inmediatamente. "Si, pero ten cuidado, no estas completamente curada todavía." Extendió una mano para detenerme.
"No, pero estoy muy cerca." Puse mis brazos alrededor de su cuello y él me dio una sonrisa.
"Así que, volviendo a lo que estaba preguntando antes. ¿Qué te gustaría hacer hoy?" Besó mi frente. "Has estado dentro toda la semana, ¿quieres ir a Port Angels, tal vez ver una película? ¿O Seattle? No tomaría mucho llegar."
Antes de que pudiera decir una palabra, mi estómago respondió por mí.
Edward sonrió. "Creo que sé qué haremos." Me levantó y me llevó a su cama, sentándome en medio de la colcha dorada. "Espera aquí, iré a buscar algo para comer." Me dio un beso en los labios y se fue.
Me eché para atrás contra las almohadas y miré por la pared de cristal hacia bosque lejano. Era una habitación tan tranquila. Sabía que más allá de la línea de árboles estaba el río. A veces podía oírlo desde el patio. Mis ojos pasearon desde la vista a los estantes de Edward y observé nuevamente la fotografía de sus padres. La sonrisa se extendió por mi cara. Por su puesto que ellos estarían orgullosos de su hijo. Me preguntaba cómo se sentirían sobre George. Decidí que lo habrían amado también. Me gustaría que Edward pudiera estar allí cuando George recibiera las noticias sobre el fondo. Tal vez deberíamos ir por una visita, decirle a Rebecca que estamos de paso. Edward merece ver a su hijo una vez más.
Mis ojos se fueron a la foto de Renfield, el perro, y sonreí al recordar lo que Edward me había dicho sobre él. Un oso se comió a Renfield, pero Edward le vengó y se comió al oso. Había estado sorprendida ese día con la impensada referencia a su dieta vampiro. Sabía que los osos no eran su comida normal, y pensé en lo que Edward habría parecido, saltando sobre el oso gigante, y luego…bueno, hacer lo que hizo. Y luego comencé a preguntarme. Me había dicho antes que era como un león cuando cazaba, lo había visto destruir a Victoria, pero ¿qué hacía Edward cuando sólo quería…cenar?
Había aprendido muchísimo de él últimamente, y me había dicho muchas cosas sobre su vida, pero me di cuenta de que la caza era aún un área oscura y vaga. Pero era parte de Edward, y sería una parte de mí cuando me convirtiera.
Apareció de repente con una bandeja sosteniendo un plato de ensalada, un bollo de pan y me pregunté si me diría lo que quería saber.
Edward puso la bandeja delante de mí. "No es lo mejor," se encogió de hombros disculpándose.
Le sonreí. "Está bien, Edward, gracias."
Sonrió, pasando sus dedos a través de su cabello mientras se movía hasta los estantes reservados para la música y comenzó a mirar en sus discos. Comencé a comer, mirando su espada mientras él buscaba.
"¿Edward?"
"¿Sí?"
Aquí vamos…"Quiero saber a qué pareces cuando cazas."
Se detuvo por un momento, de espaldas a mí, y esperé por el shock, el rechazo, la rotunda negativa. Lentamente, se dio vuelta para mirarme.
"Está bien."
Dejé caer mi tenedor. "¿En serio?"
"¿Por qué no?" Se encogió de hombros. "Estás aun planeando ser convertida, ¿verdad?"
Asentí, sí, demasiado sorprendida como para hablar.
"Bueno, entonces probablemente quieres saber tanto como sea posible. ¿Qué te gustaría que te diga?"
No lo podía creer, pero ahora no sabía que preguntar. Él abandonó la búsqueda de música y vino a sentarse frente a mí en la cama. Su rostro era abierto, sus ojos honestos. Hubo un atisbo de sonrisa en sus labios.
"Um, bueno…me has dicho que eres como un león cuando cazas, pero ¿cómo lo haces realmente? Te vi con Victoria, pero eso fue diferente, ¿no?"
Sus ojos bajaron a la colcha. "Si, lo fue," dijo bajito. Me acerqué y puse mi mano en la suya. La memoria no era feliz para ninguno de nosotros. Respiró hondo y me miró, sonriendo de nuevo.
"Cuando voy al bosque, estoy atento a los latidos de corazones y espero recoger un aroma en la briza. El olor me dice que animal es."
Hizo una pausa y asentí para que continuara. "¿Qué sigue?"
"Bueno, una vez que tengo el olor, la cacería comienza. A nuestra especie le gusta la persecución, es parte de la experiencia, satisface al depredador – la persecución, la captura…la muerte. La adrenalina endulza la sangre." Sus ojos me estudiaban cuidadosamente, esperando mi reacción. Asentí. "A Emmett le gusta luchar con su comida en el suelo pero, yo prefiero saltar sobre la mía."
Luego se levantó de la cama. Se agachó en el piso, extendiendo sus brazos delante de él, en demostración. "Cuando estoy suficientemente cerca, trato de tomar a mi presa del cuello o de los hombros. Lo llevo al suelo y lo sostengo, cerca de mí." Aún agachado puso sus brazos, cruzándolos sobre su pecho. "No puede luchar entonces." Sus ojos estaban en los míos, profundos y convincentes. Quería escuchar más. "Estaría gruñendo ahora y lo tendría en una mano, usualmente la izquierda, empujo la cabeza hacia un lado, dándome mejor exposición del cuello, porque es ahí donde la sangre está más cerca de la superficie." Lo demostró de nuevo, moviendo su mano izquierda desde su pecho hacía más abajo, como si estuviera empujando suavemente algo. Sus movimientos eran lentos y deliberados, diseñados para no asustar, y buenos para enseñar. Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido mientras lo miraba. "Sostendría al animal con fuerza, más cerca…" Los músculos de sus antebrazos se flexionaron mientras inclinaba la cabeza a su presa imaginaria. "Y me inclinaría, mi gruñido sería un rugido ahora y mis labios estarían atrás, listos." Me mostró, sus relucientes dientes expuestos a su ancho. La vista me hizo estremecer, pero no era miedo. Un gruñido comenzó a rasgar desde su pecho y a salir por sus labios. Agarré la colcha entre mis dedos, retorciendo, tirando. Había algo tan primitivo en lo que estaba haciendo. Luego su rugido se detuvo y bajo un poco la cara, al mismo tiempo que mantenía sus ojos oscuros en mí, nunca bajando la mirada, sin romper el contacto.
"Y entonces, muerdo."
Sus dientes chocaron juntos mientras yo tomaba una rápida respiración. Instintivamente, me alejé.
"Mis dientes cortan a través de la piel y nervios con facilidad, como si comieras helado. Dejo que mis labios se cierren sobre la piel mientras bebo. El animal está quieto ahora y la sangre fluye fácilmente por mis dientes y garganta. Mucho es de la misma manera en como beberías desde un vaso, aunque tú inclinas el vaso y dejas que la gravedad haga su trabajo. Los músculos de mi cuello y mandíbula son fuertes, así que puedo sacar la sangre hacia arriba, contra la gravedad." Empujó su barbilla, extendiendo su cuello y tensando los músculos. Había visto su cuello tenso antes, pero no así. Cada músculo destacó, enseñándose, tenso, prominente, fuerte. Un segundo después se relajó, la piel se volvió suave de nuevo. Mi corazón latía con fuerza ahora y mi respiración era rápida. Pude ver que la respiración de Edward se había acelerado también y sus ojos estaban más oscuros. Pero yo no tenía miedo de él. Dio un paso atrás, alejándose. Había silencio entre nosotros y vi como su respiración gradualmente se hacía lenta y sus ojos se suavizaban. Me pregunté si esto hacía su sed peor, como leer un libro de cocina cuando se tiene hambre. Me di cuenta de que aún retorcía la colcha entre mis dedos y la dejé ir. Edward lo notó y relajó un poco sus hombros, pero no había terminado todavía.
"Bebo hasta que el animal está seco, entonces lo suelto y lo dejó en el suelo. Parece como si estuviera durmiendo." Parece vacilante, probablemente, preocupado por mi reacción.
"Eso es lo que será para mí," susurré.
"Eventualmente, pero no al principio. Como cualquier cosa, es una habilidad que necesita ser practicada y refinada. Mis primeros meses como recién nacido fueron descuidados y crudos. Tuve un montón de ropa." Pasó sus dedos sobre el algodón azul que le cubría el pecho. "Las afiladas garras no me hacían daño, pero si lo hacían a la ropa."
Sonreí y pareció relajarse un poco más.
"Pero me ayudarás, ¿no?" Él hizo parecerlo tan genial, tan natural. Pude imaginar el lío que yo haría.
"Por supuesto." Sus ojos se hicieron muy suaves y vino a sentarse a mi lado de nuevo. "Estaré ahí contigo, en todo momento." Pasó sus manos sobre mi cabello. "En realidad, tengo curiosidad de ver que sabores preferirás y que estilo vas a adoptar."
Suspiré y me relajé a su lado mientras sus brazos me rodeaban. Podía hacer cualquier cosa si Edward estaba a mi lado. Su demostración no me había asustado, aunque fue fácil ver cómo sería.
"¿Hay algo más que quieras saber?" Susurró contra mi pelo mientras me sostenía.
"No, creo que eso es todo." Di una risa rápida.
"¿Qué?"
"Estoy un poco sorprendida. No pensé que me dirías."
Se encogió de hombros. "Ya no estamos ocultando cosas, ¿cierto?"
"No," le sonreí. "No lo hacemos."
Pasó el dorso de sus dedos sobre mi mejilla.
"Tengo algo para ti," dijo en voz baja y se levantó de la cama otra vez. Se acercó al escritorio, abrió un cajón y sacó un libro. Lo trajo a mí, poniéndolo en mi regazo con cuidado. Era hermoso, obviamente caro, y aparentemente, por encargo. Tenía una cubierta de cuero verde, realzado con un patrón clásico Ianthe y mi nombre, Bella, en elegantes letras negras en el centro. (nt: Ianthe es un patrón de diseño que puede ser utilizado en carteras, cuadernos, etc, es bien bonito.)
"¿Qué es esto?"
Edward tomó una respiración profunda. "Es un diario. Pensé que, tal vez, te gustaría empezar a escribir algunos de tus recuerdos humanos ahora. Va a ser difícil recordar una vez que hayas cambiado."
Mordí mi labio inferior mientras pensaba en las amarillas hojas sueltas en la caja especial de Edward. Las páginas que narran la historia de su vida humana.
Iba a decir que no debió haber gastado dinero en mí, que pedazos de papel podrían hacer el mismo trabajo muy bien. "Es hermoso, Edward. Gracias."
Abrí la cubierta. En la primera página había un dibujo en tinta, estilo botánico, de una pequeña planta. Hojas puntiagudas y pequeñas flores confusas. Pasé mis dedos sobre ellas. Era original, pude sentir las muescas de la pluma. Miré a Edward.
"¿Tú dibujaste esto?"
Asintió. "Es romero. Simboliza el recuerdo."
Me incliné y lo besé. Este libro decía mucho, al igual que su disposición a hablarme de la caza. Él había aceptado mi decisión de convertirme. Donde solía usar una mueca y evitar el tema, ahora estaba aceptando, incluso lo aprovechaba.
Como si hubiera leído mi mente, Edward habló. "He estado a punto de perderte muchas veces y yo…" Se detuvo y miró fijamente mis ojos. "Bella, una vez que nos casemos, después de la luna de miel, te transformaré tan pronto como tú quieras. No más negociación, ni más de tratar de conversarte de esperar – haré lo que quieras de mí."
Sonreí y extendí una mano, apoyándola en su mejilla. Me devolvió la sonrisa. "Ahora termina tu comida." Puso de nuevo el tenedor en mi mano, luego tomó el diario y lo dejó de nuevo en el escritorio.
Comí mientras Edward volvía a elegir un CD. Mientras lo miraba, sonreí de nuevo a su cambio. Concluí que tenía mucho que agradecerle a George.
La suave música de la guitarra clásica flotaba desde el reproductor y Edward volvió a mí al tiempo que terminaba mi ensalada. Se tendió a mi lado, con las manos apoyadas detrás de su cabeza.
"Bueno, ahora que el humano se alimentó, ¿qué te gustaría hacer? ¿quieres salir?"
Sacudí mi cabeza lentamente y me incliné hacia él.
"Me gustaría continuar con lo que estábamos haciendo antes. Tal vez ¿progresar un poco para el futuro?" Presioné mis labios contra su pecho, soltando un largo y lento suspiro contra el algodón de su camisa. El calor de mi aliento iría directo a su piel. Esperanzadoramente, se sentiría bien.
Edward siseo, y llevó sus manos sobre mis brazos, sus dedos apretándose a mí alrededor. Sonreí. Había estado en lo cierto – se sintió bien.
Su cabeza colgaba hacia atrás y suspiró mi nombre.
"Bella…" Luego levantó la cabeza, manteniendo sus manos en mis brazos. "Bella, ha pasado sólo una semana, amor. Tus puntos fueron sacados hace sólo una hora."
Puse mis labios contra su pecho otra vez. "Tocar, besar y abrazar está bien, ¿recuerdas?" Enfaticé la palabra 'tocar' al hablar contra su camisa y seguí mis palabras con otro cálido aliento. Esta vez, el suspiro se convirtió en gemido.
"Tan cálido." Susurró más para sí mismo que para mí, mientras sus ojos se cerraban y mordía su labio inferior. Miré a sus ojos abiertos de nuevo, lentamente.
"¿Por favor, Edward?"
Había un atisbo de duda. Luego contuve la respiración cuando puso sus brazos a mí alrededor y nos tendía a los dos. Me miró a los ojos, los suyos eran serios al momento en que su mano se deslizó por debajo del frente de mi camiseta, lentamente moviéndola hacia arriba sobre mi piel.
"Te he extrañado," dijo antes de que sus labios se estrellaran con los míos.
∙∙∙/∙∙∙
Los ojos continuaron volviéndose más oscuros, con hambre, cada día. Pero a pesar de las molestias que eso causaba, no me dejaba. Finalmente, después de que la última cinta adhesiva cayó y la doctora Lewis dijo que estaba 'bien', accedió a ir de caza con sus hermanos mientras que Alice me llevaba de compras.
Así que, una mañana, dos semanas después de mi accidente, él rodó fuera de mi cama, se puso su camisa me nuevo y me besó de despedida. Serían dos días hasta que lo viera de nuevo.
Abrí mis ojos adormilados. Algo me había despertado. La habitación estaba a oscuras, una descolorida luz de luna se derramaba sobre el edredón.
"¿Edward?" No debía volver hasta la mañana.
"Estoy aquí, amor."
No lo sentía a mi lado, pero mientras mis ojos se ajustaban a la oscuridad, vi que estaba sentado al final de mi cama, con las rodillas bajo la barbilla, los brazos alrededor de sus piernas, apoyando la mejilla en sus rodillas. Su postura para pensar.
Me salí de las cubiertas y fui hacia él.
"¿Algo está mal?"
Pasó una fría mano sobre mi cabello, y a través de las sombras vi una sonrisa en sus labios.
"No, nada anda mal." Se inclinó, me besó muy suavemente y me subí a su regazo. Me dio la bienvenida y envolvió sus brazos a mi alrededor, apretados, acunándome contra él.
"Volviste pronto."
"Te extrañé." Me acurruqué en él.
"Entonces ¿cómo estuvo la caza? ¿Algunos leones de montaña?"
"Sólo un par, pero hubo un montón de ciervos. Y un oso solitario."
"¿Y eso está bien?" Sabía que los ciervos no eran su comida favorita.
"Eso estuvo bien." Sonrió y besó mi nariz. Incluso a la luz de la luna pude ver en sus ojos el color topacio que tanto amaba. "Emmett estaba especialmente feliz con el oso."
Sonreí en su pecho y acarició mi espalda.
"Tuve algunas noticias hoy." Edward habló bajito después de un momento.
"¿Mm?"
Tomó una lenta respiración. "George ha muerto."
Mi respiración se detuvo en mi garganta y me senté con la espalda recta en su regazo, casi golpeando mi cabeza con su barbilla.
"Oh, Edward, lo siento mucho."
Puse mis brazos a su alrededor y hundí mi cabeza en su pecho. "Lo siento mucho," dije de nuevo.
Con suaves dedos tocó bajó mi barbilla, inclinando mi cabeza hacia atrás. Edward miró mi cara y sonrió suavemente. "No," dijo. "No lo siento. En realidad no. Él estaba listo y más que dispuesto a partir." Su mano dejó la barbilla para acariciar mi pelo mientras una única lágrima se deslizaba por mi mejilla. "Él quería partir." Edward la hizo desaparecer, con su pulgar, con la misma suave sonrisa en sus labios. "Ya no podía tocar su música, no podía enseñar, y su vida no tenía significado sin Marion."
Asentí, entendiendo.
Una segunda lágrima siguió a la primera. Edward secó esta, también. Lo abracé con fuerza. Suspiró y me miró con una sonrisa.
"Tuvo una larga vida, y una buena vida. Tuvo una familia que amó, y que lo amaba a él…su vida debe ser celebrada, no llorada."
Asentí.
"¿Cómo te enteraste?" Susurré.
Se movió un poco y sacó un pedazo de papel de su bolsillo. "Esto me estaba esperando cuando llegué a casa esta noche." Me incliné para encender mi lámpara para leer. Sus ojos vampiros podían leer en la oscuridad, pero los míos no.
Parpadeé, ajustándolos a la luz, al mirar la hoja. Era un email de Rebecca.
Querido Edward,
Te escribo para hacerte saber que George murió tranquilamente en su sueño la semana pasada. Fue muy tranquilo y en los últimos días de su vida parecía estar más feliz de lo que había estado en mucho tiempo. Por favor, debes saber que tu visita fue parte de su felicidad.
Por un golpe de buena suerte, fue transferido a la habitación con Vista al Jardín justo el día después de tu visita (al parecer para permitir que comenzara la renovación de las habitaciones básicas). El cambio lo alentó enormemente, siendo capaz de mirar hacia el jardín mientras escuchaba música.
Y debes estar interesado en saber que la escuela de música ha sido beneficiaria del patrocinio de un grupo de caridad. Ellos ayudan a buenas causas en la comunidad y, de alguna manera, habían oído de nuestro trabajo. Un generoso patrocinio ha sido puesto para mantener la escuela por los próximos años y tal vez más. Lo primero que vamos a hacer es encontrar un local más amplio.
Afortunadamente, hemos recibido la noticia dos días antes de que George muriera. Pude ver la alegría en sus ojos, e incluso pudo dar una carcajada, algo que no había escuchado en mucho tiempo. Puedo decir honestamente que, aunque lo extraño terriblemente, hubo una paz y felicidad en su partida, que me ha dado gran comodidad.
Edward, me gustaría darte las gracias una vez más por tu amabilidad con George, y la diferencia que tu visita hizo en sus últimos días. El que lo conocieras, y le dieras este trozo de información sobre su padre, aunque fuera poco, significó mucho.
Por favor pasa mis saludos a Bella. Les deseo a ambos toda la felicidad para su futuro y la próxima vez que estés en Chicago por favor, ven y visítanos en la escuela, nos encantaría verte.
Una vez más, gracias,
Rebecca Rigby.
Le pasé la hoja de vuelta a Edward. Tenía razón, la vida de George debe ser celebrada. Dejó nuevamente el papel en su bolsillo, alcanzó la lámpara y la apagó, dejándonos en la suave oscuridad.
"¿Podemos ir alguna vez? Visitar la escuela, quiero decir."
Edward pareció dudar un momento. "Creo que me gustaría eso," dijo bajito.
Me llevó a él más apretado y estuvimos en silencio por un rato, sólo sosteniéndonos.
"¿Te habría gustado tener más tiempo con él?"
Le tomó un tiempo a Edward responder. Esperé. "En cierto modo, sí. Pero siendo realista, en otras circunstancias no habría sido capaz de decirle quien era y…" volvió la cara para mirar mis ojos, los suyos eran intensos, "…Siempre estaré contento de que fui capaz de hacerlo." Su voz estaba cargada de emoción y comprendía su significado.
Apreté mis brazos a su alrededor y él se movió, apoyando su barbilla en mi cabeza. Estuvo muy tranquilo por un largo rato, mientras lo abrazaba. Después de un tiempo trajo su boca al nivel de la mía, y suspiró mientras acariciaba con su nariz mi mandíbula.
"George me dijo, la noche en que lo visitamos, que creía que fue lo correcto para mí el que me convirtiera." Mi mente volvió a esa noche y recordé el momento en que Edward de pronto se puso rígido, y luego besó mi mano con un una expresión de dolor en su rostro. Supe en ese momento que algo había pasado entre él y George, pero nunca me explicó. Ahora entendía que había sido.
"Me dijo que cuando Marion murió, se dio cuenta de que no podía vivir en un mundo sin ella." Me quedé sin aliento al tiempo que él llevaba sus ojos a los míos. George había hecho eco, casi exactamente, de las palabras que Edward me había dicho cuando volvimos de Italia. Él no podía vivir en un mundo en donde yo no existiera.
"Conozco ese sentimiento." Su voz se quebró un poco y apoyé mi mano en su mejilla. Soltó un suspiro tembloroso y acercó su rostro dejándolo contra mi pecho, para escuchar mi corazón. Después de un momento levantó su rostro, puse mis labios en los suyos y me besó, suavemente al principio. Luego sus labios se hicieron más insistentes. Había urgencia en él y en sus manos mientras me aferraba a su cuerpo. Se sentía bien, pero me sorprendió.
"¿Edward?"
"Ssh," dijo en voz baja, sonriendo, sin alejar sus labios de los míos. "Estoy celebrando la vida."
∙∙∙/∙∙∙
Tropecé al salir de la cama, al tener un pie atrapado en las sábanas, y abrí las cortinas a un poco familiar día soleado. Forks había estado recibiendo un verano real en los últimos días y por eso me había despertado sola. Edward se había ido hace un par de horas, antes de que el sol saliera.
Me senté en la cama y miré por la ventana. Este era el día de nuestra boda. O lo hubiera sido, si Edward no hubiera cambiado la fecha.
Era difícil creer en todo lo que había pasado en los últimos dos meses. Había estado de frente a la impactante revelación de Edward, pensando que la boda tendría que esperar por tiempo indefinido y ¿qué fue lo que pasó? Justo cuando había decidido seguir adelante como estaba previsto, Edward decidió aplazarla. Sólo por unas estúpidas estacas.
Pero, en cierto modo, esperar dos semanas extras había sido una buena idea. En las semanas después de la muerte de George, viajamos a Chicago de nuevo para ver a Rebecca y la escuela. Rebecca había estado en medio de tratar de encontrar nuevas, más grandes y mejores instalaciones y aunque aún estaba intrigada por Edward, confió en él y le pidió amablemente su opinión sobre varias propiedades. La satisfacción de estar involucrado era evidente a pesar de que significaba comer un plato de atún a la cacerola, una noche.
En el corto tiempo que Edward había conocido a George, había hecho una gran diferencia en su vida. Pero George también había hecho una gran diferencia en la de Edward. Podía verlo claramente.
Suspiré y me levanté de la cama. La casa estaba en silencio y en calma. Charlie se había ido por el fin de semana – un viaje de pesca en la noche a algún lugar nuevo que él y Joe habían descubierto. Hice una nota mental para hacer espacio en el congelador.
Comí el desayuno y fui de vuelta al piso de arriba para vestirme y esperar a Edward. Él había planeado un día para sólo nosotros dos y había insistido en volver a buscarme, a pesar del sol. No estaba segura de dónde íbamos a ir o de que usar, pero al final decidí vestirme por el clima, y por Edward. Eso significaba una falda campesina de flores y una camiseta de tirantes azul que Renne me había comprado y que nunca había visto la luz del día – en Forks o Phoenix. El conjunto no era realmente mi estilo, pero pensaba que a Edward podría gustarle. Y si era honesta, no se veía tan mal.
Casi corrí para responder a los golpes de Edward en la puerta. Entró rápidamente, tirando de la capucha de su chaqueta mientras se inclinaba para un beso.
"Te ves hermosa," dijo, mientras sus ojos me recorrían. Había estado en lo cierto, le gustaba. Sus manos fueron a mis caderas y me llevó con él. Se inclinó para otro beso, esta vez un poco más profundo y lento que el anterior. Disfrutaba este nuevo paso últimamente – los besos profundos de Edward paraban mi corazón.
"Nunca llegaremos a dónde vamos si sigues así." Me aparte, sin aliento, con el corazón galopando y él rió entre dientes.
"Es verdad. ¿Estás lista?"
"Casi, sólo necesito mis zapatos."
Me siguió escaleras arriba y busqué bajo la cama unas sandalias. Encontré una.
"¿Qué hay en la bolsa?" Edward estaba mirando la bolsa de rayas rosadas y negras que había sacado mientras revolvía todo.
"Alice lo compró cuando fuimos de compras. Es ropa interior," gemí.
"¿Ropa interior?" Pude oír la diversión en su voz. Saqué mi cabeza de debajo de la cama y lo miré.
"Para la boda. Ropa interior de boda. Aparentemente es diferente a la ropa interior normal." Hice una mueca al pensar en el encaje del horror que estaba escondido dentro de las capas de papel de seda rosa.
Edward rió entre dientes. "Tengo muchas ganas de verla."
Hice un gesto con mi mano hacia la bolsa. "Allí está. Puedes mirar si quieres."
"Creo que voy a esperar. Se verá mejor en ti que en una bolsa." Y de pronto un escalofrío de placer me recorrió. Tal vez usarla no sería tan malo después de todo. Edward sonrió y levantó una perfecta ceja. Mordí mi labio inferior y me metí de nuevo bajo la cama con mi rubor mientras él reía de nuevo.
"No creo que ella te haga comprar ropa interior para la boda." Pude oír el puchero en mi voz. Ese día Edward todo lo que tendría que hacer es llevar un traje. Yo, en cambio, iba a ser, arreglada y adornada más allá de la resistencia. Empujé una mochila vieja de mi camino, aun buscando el zapato perdido.
"No tiene sentido, no uso. ¿Esto es lo que estás buscando?"
"Ow" Me golpeé la cabeza con la parte inferior de la cama ¿Qué dijo?
"¿Bella?" Vino y se agachó a mi lado. "¿Estás bien?"
Me ayudó a salir de debajo de la cama. Me puse de pie, frotándome el golpe que ya estaba formándose en mi cráneo.
"Um, sí, bien. Gracias." Tomé la sandalia que él había encontrado bajo el escritorio y pasó los dedos sobre mi cabeza.
"Um, ¿dijiste que no…er…nunca?" No mires hacia abajo, no mires hacia abajo.
"Por lo general no, no. Tengo algunos, si realmente lo necesito, como para clase de gimnasia. Pero mayormente no."
Okay, esto era nuevo. Había asumido que todo el mundo usaba ropa interior. Me agaché para meter mis pies en las sandalias, pero perdí el equilibrio, cayendo contra el escritorio. Edward me agarró, pero mi colección de CD se dispersó y estrelló en el piso.
"¿Por qué?" Traté de sonar casual al enderezarme e ir a sentarme a la cama – una opción más segura para ponerme los zapatos.
Se encogió de hombros y se inclinó para recoger los CDs. "Ninguna de las razones por la que se usa ropa interior se aplica a mí. No necesito mantenerme caliente, mi piel no se irrita y no sudo." Se puso de pie y ordenó los CDs en una pila ordenada. "No es como si alguien supiera y entiendo que no es del todo infrecuente entre los hombres humanos, de todos modos. Y no es probable que sea atropellado por un autobús y deba ir al hospital." Rio mientras se volvía a mí. Sentía el calor creciendo en mí y me obligué a mirar sus ojos. Estaban oscuros y sus parpados pesados. Tragué saliva mientras daba un paso más cerca y su voz se redujo una octava al hablar.
"¿Te molesta, Bella?"
"Um, no." No mires hacia abajo, no mires hacia abajo. "Así que, debajo de tu ropa tú,…um,…"
Se inclinó y susurró en mi oído.
"¿Voy comando? Sí. Siempre" Sus labios rozaron mi piel y rió ante el escalofrío que pasó por mí. (nt: Ir comando es, en Chile, ir a lo gringo, o sea, como se entiende, sin ropa interior.)
"¿Estás lista para ir?" Me tendió una mano.
Asentí en silencio. No era la primera vez, pero quizás más que nunca, estaba agradecida de que Edward no pudiera leer mi mente. Iban a ser unas largas dos semanas.
Corrimos a través del bosque, la mochila de picnic atada a mi espalda mientras me aferraba a Edward.
Nunca había visto el prado tan hermoso. El sol brillaba por todo alrededor y las flores silvestres dejaban su aroma en la suave brisa. Podía oír a los pájaros cantando a la distancia, lo suficientemente lejos como para que la presencia de Edward no los molestara. Estaba muy contenta de que me trajera aquí.
"Este parece un buen lugar." Edward me bajó y tomó la mochila desde mi espalda. La hierba era espesa y suave a nuestro alrededor y me hundí en el suelo mientras él desempacaba el almuerzo. Yo lo observaba, fascinada con su belleza. Se había quitado la chaqueta y llevaba una camiseta. Estaba brillando, como diamantes, al sol. Por supuesto, lo había visto así antes, pero cada vez era como la primera.
La manta de picnic era casi tan gruesa como una colcha, parecía demasiado buena para ir sobre el suelo pero Edward no pareció molesto cuando la extendió sobre la hierba. La brisa era suave, pero la manta era liviana y se rizaba en las esquinas, así que buscamos unas rocas para mantenerla en su lugar. Luego Edward desempacó los alimentos. Bollos, quesos, jamón, fresas, arándanos, chocolates.
"Pensé en pedir que enviaran de Le Café chocolate caliente, pero creo que se perdería algo por el camino."
Reí. "Tú quieres que te baile de nuevo, ¿no es así?"
"Absolutamente, estoy contando con ello." Habló sin dudarlo. "Espero que todo esté bien," miró hacia la comida esparcida sobre la manta. "No estaba seguro…," lo alcancé y puse una mano en las suyas.
"Está genial. Edward." Me sonrió, con timidez. "¿Hay algo de beber?"
Metió la mano en la mochila y sacó una lata de coca cola. "No es exactamente champagne, pero ¿esto servirá?" Sonreí y asentí.
"Entonces, ¿de qué va todo esto?"
Edward se tendió en la manta. "Tú querías un día en el prado, sólo nosotros dos. Eso es todo."
Le sonreí.
"Y, es un día especial."
Incliné la cabeza a un lado. "¿Día de la boda?"
"Sí. Esta es la fecha que originalmente escogimos – aún quiero que sea especial. Va la pena recordarla."
Me llevó con él. Estaba en sus brazos, escuchando los pájaros y el sonido de nuestra respiración. El sol había calentado la piel de Edward y froté mí mejilla contra la suya, disfrutando del calor poco familiar.
"¿Vas a decirme que estás pensando?" Me preguntó y movió mi cabeza para ponerla en su hombro. La mano de Edward descansaba sobre mi estómago, haciendo pequeños y lentos movimientos.
"Estaba pensando en que este es mi lugar favorito en el mundo."
"El mío también," oí la sonrisa en su voz.
"Y también, tal vez podemos conducir a Las Vegas y conseguir casarnos hoy, ¿qué piensas?"
Rió. "Es muy tentador." Luego se quedó en silencio. "Creo que reaccioné de forma exagerada, después del accidente. Podríamos habernos casado hoy."
Levanté mi mano, alcanzándolo, y mis dedos fueron a su cuello, subiendo por el pelo. Cerró los ojos y suspiró cuando mis uñas se arrastraron sobre su cuero cabelludo.
"Mm, sí, pero la boda no era por lo que estabas preocupado, ¿no?" Susurré.
Se inclinó y me besó, su lengua moviéndose suavemente sobre mis labios. Fruncí el ceño cuando se apartó.
"No. Es por lo que viene después – la parte en que cumplo con nuestro acuerdo."
"Las acrobacias," reí.
"Las acrobacias."
Movió su mano hacia abajo pasando mi cadera y la detuvo sobre el lugar donde estaba mi cicatriz. Sorpresivamente enganchó un dedo en la cintura de mi falda y tiró hacía abajo, sólo un poco, dejando al descubierto la suave línea rosada de la cicatriz. "Y esto no habría sido una preocupación después de todo." Pasó un dedo a lo largo de la piel y mi respiración se enganchó. "Es casi como su nunca hubiera ocurrido." Dejó la falda en su lugar pero mantuvo su mano en mí.
"Definitivamente una reacción exagerada." Sonrió. "Y ahora los dos estamos sufriendo. Lo siento."
Acercó su rostro al mío y me besó de nuevo. Por mucho tiempo, profundo. La mano en mi cadera estaba masajeando suavemente. Levantó su cara y movió su mano, colocándola sobre mi pecho, sintiendo el loco ritmo de debajo de mi piel. Sonrió y se inclinó para besarme otra vez, mientras movía lentamente su mano, por lo que ahora, yacía ligeramente sobre mi busto. Y no pedía permiso, pero sus suaves movimientos, hechos para hacerme saber su intención, daban la oportunidad de decir que no, pero sólo servían para llenarme de deliciosa anticipación. Él siempre es bienvenido.
Mi cuerpo se arqueó a su toque y aumentó la presión de sus dedos y palma. Mis dedos se movían en su espalda, mis uñas arañando sobre su camisa. Se estremeció ligeramente y gimió suave contra mi cuello, donde su lengua se movía sobre mi piel. Su mano dejó mi pecho y viajó hacia abajo, por encima de mi estómago hasta el borde de mi camiseta. Dio un ligero tirón y abrí los ojos para ver la pregunta en los suyos – todavía pedía permiso para ir por debajo de la ropa. O para sacarla.
Sonreí, y con un rápido movimiento la camiseta se había ido, cayendo sobre el césped. Un segundo después se le unió la suya. Sus ojos ardían mientras miraba su mano tiernamente cerca de mi pecho, sus dedos acariciando la piel sensible. Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que sabía que él podía sentirlo contra su mano. Cerró sus ojos y dejó escapar un profundo suspiro, apoyando la frente contra la mía.
"Te amo," susurró.
"Yo también," susurré de vuelta. "Sólo dos semanas más," agregué en un suspiro, arqueándome en su mano.
Me besó suavemente, luego, bajó su cabeza a mi pecho. Di un grito ahogado. Por primera vez, sus labios rozaron la cima de mis pechos, justo donde su aliento comenzaba a subir desde el inicio de mi pecho.
"Sólo dos semanas más," repitió.
Poco a poco, su boca comenzó a ir más abajo, besando con suavidad la piel, chupándola ligeramente en su boca. Este era un territorio completamente nuevo y mis dedos comenzaron a torcerse en la manta. Abrí los ojos y contuve la respiración, mi corazón iba a romperme una costilla en un segundo. Pero en el último minuto, antes de que sus labios cayeran sobre la parte en que más lo quería, se detuvo. Quedó inmóvil, a sólo centímetros por encima se mi pecho, con los labios entreabiertos. Sus ojos estaba desenfocados – claramente estaba sumido en sus pensamientos. Probablemente sobre si debía hacer lo que estaba a punto de hacer. Casi gemí de frustración, pero me mordí la lengua.
"¿Edward?" Por favor no te detengas.
Volvió su rostro y me miró. Traté de entender su expresión, parecía confundido, casi como si no supiera quien era yo.
"¿Edward?" Desenredé una mano de la manta y acaricié su cara.
"No debe ser a causa de un acuerdo," dijo en voz baja, casi para sí mismo.
Ahora estaba confundida. "¿Qué estás diciendo?"
"No debe ser a causa de un acuerdo."
Realmente no seguía el hilo de sus pensamientos y él lo notó. Se acomodó por lo que quedó acostado a mi lado, frente a mí. Su mano estaba sobre mis costillas, acariciando con su pulgar suavemente el lado de uno de mis pechos. Tenía una media sonrisa en la cara mientras miraba mis ojos.
"Tú querías hacer el amor conmigo mientras fueras humana. Estuve de acuerdo si sólo te casabas conmigo primero."
Asentí.
"Nuestro matrimonio, hacer el amor fue un acuerdo, un trato." La sonrisa comenzó a desaparecer de su rostro y sus dedos se detuvieron. "Un acuerdo." Y de repente lo entendí. Un acuerdo.
"No, Edward. No es así." No iba a dejar que pensara de esa manera. Levantó un dedo y lo puso suavemente sobre mis labios. Sacudí mi cabeza lentamente, besando sus dedos. Sonrió mientras lo alejaba.
"Te amo, más de lo que nunca podré, o pueda imaginar. Estoy comprometido contigo, Bella. Y, por algún milagro, sientes lo mismo por mí."
Asentí. "Así es," susurré.
"Y, me dijiste ahora que quieres casarte conmigo." La brillante sonrisa estaba de vuelta.
"Sí, quiero."
"Y Bella, quiero hacerte el amor. Siempre lo quise, casi desde el primer momento en que te vi."
"Lo sé. Ya lo sé."
"Y no quiero que el cumplimiento de mi amor sea a causa de que estoy haciendo mi parte en un acuerdo."
"Lo sé, Edward. No será así."
"Te he buscado por mucho, mucho tiempo, Bella. Por mucho de ese tiempo, no creí ser capaz de estar contigo de esta manera. Luego lo vi como una posibilidad, pero enrede todo en un trato." Hizo una pausa. "El amor no debe ser causa de tratos, o acuerdos."
Cerró los ojos y apoyó su cabeza contra la mía. Aún no estaba segura de que esto estaba pasando. Había un nudo en mi estómago que se apretaba una y otra y otra vez.
Abrió sus ojos, miró los míos y mi corazón tartamudeó – la emoción era abrumadora. "Y aquí estamos, sólo, profundamente enamorados, comprometidos con el otro, deseándonos, en el que habría sido el día de nuestra boda…,"
Sus ojos se estaba oscurecieron. Me di cuenta de que había dejado de respirar y tomé un rápido aliento.
"No quiero dejar pasar este momento, Bella."
Sus ojos ardían en los míos y era como si llamas lamieran mi piel.
"Entonces no lo dejes pasar."
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OMG!
Perdón por tardar tanto en traducir y como ya he dicho antes el trabajo no deja tiempo. Lo bueno es que ya no estoy trabajando y disfruto de mis cortas vacaciones antes de que vuelva a la U…espero que allí pueda subir más seguido…
En fin…que le pareció el capítulo? Este sí que sí merece comentario. Creo que lo de la noticia triste era fácil de predecir, pero…el desenlace del capítulo…nadie lo vio venir, o sí?
Una vez más gracias a tooodos los rws que recibí la vez anterior, nunca mi correo había estado tan lleno de rws, favs y alerts…De casi 100 pasé a 130 o cerca…INCREIBLE. Muchas gracias a las incondicionales y a las nuevas lectoras…Esta vez no pude responder rws, lo siento mucho no tuve tiempo, ya saben por qué
Recomendación: Cascad and Cyanide de americxnidiot y en español está en la cuenta de traducciones de la autora. Bella es nueva en la escuela y desde el primer día se siente intrigada por el extraño Edward. Sus amigos y su padre le dicen que no se acerque a él ya que es agresivo y drogadicto. Pero ella siempre lo observa desde lejos mientras él desordena su cabello y escribe desesperadamente sobre su cuaderno. Luego se hacen amigos, casi por fuerza y Bella termina enamorado y entendiendo por qué Edward tiene sufre de estados sicóticos que lo convierten en un maniático. Me gusta esta historia porque no es la típica historia de secundaria donde solo hay amor rosa y porque tiene algo de drama familiar. Se las recomiendo, es para suspirar y llorar.
Bueno, nos vemos en un nuevo capítulo (está de muerte), no sé cuándo va a estar terminado, yo creo que la segunda semana de marzo, además ya estamos es la mitad del fic y no quiero que termine pronto, así que, pienso demorar un poco en las actualizaciones con tal que la historia no termine pronto. A algunos quizás no les parezca a otras no sé, ahí veremos cómo va la cosa.
Okay, no me alargo más. BYE
