Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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No. Había. Palabras.
Silencio y quietud.
Complementados.
El glorioso cuerpo desnudo de Edward estaba enroscado en torno al mío, amando, protegiendo, adorando. Mi cuerpo se ajustaba tan bien al suyo, a juego con sus curvas perfectamente. Sonreí y él sintió mis labios moverse contra su pecho. Hizo hacia atrás su cara un poco y me miró a los ojos. El amor, el asombro, y la alegría, hicieron que mi corazón se dispara. Pero sabía que él veía lo mismo en el mío. Su rostro se fundió en la sonrisa más impresionante y hermosa que jamás había visto. Sacó una mano de entre nosotros y llevó mi mano a sus labios, besándola tiernamente. Suspiré y él se estiró para alcanzar el borde la manta, poniéndola a nuestro alrededor, acunándome con él de nuevo.
Sin embrago en mi dichosa niebla, mi mente repitió lo que acababa de pasar entre nosotros.
"No quiero dejar pasar este momento, Bella."
"Entonces no lo dejes pasar."
Me había besado profundamente y sus manos comenzaron a moverse sobre mi cuerpo. Quitó el resto de mi ropa de una manera tortuosamente lenta, mi corazón bombeando una vida entera de latidos, mientras la tela de mi falda y ropa interior salían de mi cuerpo, bajo la suave dirección de sus manos. Llegué a sus jeans pero mis acciones no eran suaves o agraciadas. El pequeño movimiento que hizo para ayudarme a deslizarlos por sus caderas casi me deja acabada.
Y entonces éramos sólo Edward y yo – sin nada más entre nosotros. Me di cuenta entonces, con una certeza abrumadora, que esto estaba bien. Que estamos en lo cierto. Estábamos hechos para estar juntos.
Dejó ligeros besos sobre mis pechos, mi estómago, mis muslos. Él parecía tímido, nervioso, pero sin miedo. Su lengua se arremolinó sobre la nueva piel y sus suaves dedos comenzaron un viaje de descubrimiento que me hizo lloriquear, arquearme y gemir. Y la vista de él, tendido desnudo a mi lado, detuvo mi corazón y mi respiración. Sacudí mi cabeza, esta impresionante criatura no podía ser para mí. Él era hermoso. Arrastré mis dedos por su cuerpo, a través de su pecho, sobre su estómago, hasta su ombligo y más allá, sintiendo las pulsaciones y temblores de placer que corrían bajo su piel y acompañaba a sus gemidos. Me vio explorarlo a través de sus ojos con los parpados pesados, incrédulo, asombrado, extasiado. Excitado.
"Mío," respiré en su oído mientras lo tocaba con un abrumador deseo de reclamarlo. Y él gruñó, profundo y rudo, echando la cabeza atrás mientras sus manos me dejaban para hacer un puño en la manta, haciéndola trizas y desgarrándola.
Luego puse una temblorosa mano sobre su corazón. Yo misma estaba palpitando. Un momento pasó. Se tranquilizó y volvió a mí. Miré profundamente sus ojos, dentro del alma que según él no tenía.
"Juntos," dije bajito, y Edward asintió, poniendo sus brazos a mi alrededor llevándome con él.
Luego el mundo a mí alrededor se detuvo. No había sol, pájaros, briza, ni flores. Sólo estaba Edward, y él llenó todos mis sentidos. Su olor me abrumó. Podía saborearlo en mis labios. Mis ojos sólo veían los suyos, oscuros por el deseo, profundos de amor, y asombrados. El sonido de su respiración, rápida, en perfecta sincronía con la mía.
Y su toque, su piel desnuda en la mía, como satén en seda. Estaba en todas partes, él era todo. Las sensaciones que creó con sus palabras, dedos, labios y lengua fueron lentas y dulces, intensas, puras, electrizantes. Él estaba a mí alrededor, sobre mí y luego, cuando sus ojos se quedaron en los míos…dentro de mí.
Mis manos se aferraron a él, atrayéndolo más cerca, más profundo. Sus brazos me abrazaron, sosteniéndome firmemente con cada uno de nuestros movimientos. Su nombre era un murmullo, cayendo de mis labios, cada vez más suave, un susurro, un aliento, mientras me llevaba a un lugar que no sabía que existía. Un lugar al que sólo él podía llevarme. Lloraba y temblaba a la vez que su amor rodaba a través de mí y me perdía en él. Y su cuerpo, finalmente declarando su amor, una y otra vez. Sus sentimientos, su alma, al desnudo. De sus labios mi nombre fue un suspiro, convirtiéndose en un gemido, un grito, y luego, con la liberación, un rugido, haciendo eco a través del prado mientras se estremecía y caía a pedazos en mis brazos.
Sonreí de nuevo. Me gustaría volver a ese recuerdo todos los días para el resto de la eternidad.
Más tarde, tal vez horas, quizás minutos, Edward trazó mi hombro con su nariz.
"¿Bella?" Su voz era baja y suave. Terciopelo. Un escalofrío me recorrió.
"¿Mm? No vas a hacer que me mueva, ¿verdad?"
Río. "No, no vamos a ninguna parte." Me llevó más cerca, como si eso fuera posible. "Sólo me preguntaba…," hizo una pausa, sonando tímido y su voz se apagó.
"No me vas a preguntar si estoy bien, ¿o sí?"
Se encogió de hombros y levantó la cara. Sus ojos seguían brillando con felicidad, pero estaban buscando. Saqué mis manos desde donde estaban unidas entre nuestros pechos, y acuné su rostro.
"Estoy perfecta."
Su sonrisa era suave. "Me di cuenta."
Me sonrojé y bajé los ojos. "Edward, me dijiste en Chicago que cuando hiciéramos el amor sería hermoso." Alcé los ojos de nuevo hacia él.
"Fue más que hermoso. Fue más que perfecto." Sacudí mi cabeza, sin saber cómo expresar lo que sentía, pero quería tranquilizarlo. "Fue todo."
Una sonrisa de increíble ternura cruzó su rostro e inclinó su cabeza para besarme, muy suavemente, en mis labios. Luego rió y agachó la cabeza, acariciando mi cuello.
"¿Y tú?" Pregunté, con repentina incertidumbre. Él parecía feliz, muy feliz, pero él era un vampiro - ¿podrían ser las cosas diferentes para él? Tal vez su felicidad era sólo por la mía.
"No me estás preguntando si estoy bien, ¿verdad?" Podía oír la sonrisa en su voz, apagada contra mi piel.
Me encogí de hombros. "Me preguntaba si…," fue mi turno para alejarme, tímida y sin terminar.
Levantó la cabeza, una mirada de euforia en su rostro.
"Yo…no puedo decirte. Está más allá de cualquier cosa que pueda describir." Le sonreí de vuelta. "Está más allá de lo que había imaginado." Sonrió suavemente. "Y he imaginado mucho." La sonrisa era amplia pero se volvió tímido por su confesión. "Tienes razón…fue más que hermoso. Fue todo," susurró, acariciando mi cara con sus suaves dedos.
Me incliné para besarlo.
El beso fue largo, lento y profundo. A medida que nuestros labios se movían, las manos de Edward comenzaron a vagar por encima de mí otra vez, acariciando, tocando. Aprendiendo. Mis manos le devolvieron el favor y pronto se perdieron en el otro una vez más.
"Nunca comiste el almuerzo." El susurró de Edward rompió a través de mi dichosa niebla. "¿Tienes hambre?"
Pensé en eso por un momento. ¿Estaba aún interesada en cosas tan mundanas como la comida? En realidad no, pero mi estómago se sentía un poco vacío.
"No sé. Tal vez." Estaba acurrucada en Edward otra vez, cómodamente, contra él. Puso un suave beso en mi frente antes de desenrollarse gentilmente de mí. Fruncí el ceño y él rió, pasando los dedos a través de mi cabello.
"¿Qué?" Preguntó.
"El almuerzo no tiene ningún interés para mí. Prefiero estar de vuelta en tus brazos y…," corrí mis dedos por su pecho y tomé mi labio inferior entre mis dientes. Siseó, pero alcanzó mi mano.
"Sé lo que quieres decir," su mirada era cálida. "Pero necesitas comer." Entrecerró los ojos, pensando, y luego sonrió.
"Cierra los ojos."
"¿Por qué?"
"Sólo cierra los ojos." Estaba sonriendo ahora, emocionado. Solté una carcajada e hice lo que me pidió.
"Bien, ¿ahora qué?"
"Sólo un momento." Oí movimiento a mi lado, luego la voz de Edward de nuevo. "Levanta tu cabeza." Lo hice y casi de inmediato la mano de Edward en mi hombro me empujó suavemente hacia abajo. Ah, una almohada. Comprendí que había tomado nuestras ropas y las enrolló para hacer algo en lo que mi cabeza descansara.
"¿Puedo abrir mis ojos ahora?"
"Todavía no."
"¿Qué estás haciendo?"
"Con suerte, voy a hacer la comida más interesante."
Fruncí el ceño. Qué él…oh. Había algo de presión en mi labio inferior. Suavemente tocando, tirando ligeramente hacia abajo. Con mi lengua toqué, vacilante. Un fresa. Sonreí y Edward deslizó la fruta un poco un más entre mis labios. La tomé entre mis dientes y la mordí. Estaba deliciosa. Mastiqué y tragué. Un segundo después, sentí algo contra mis labios. Chocolate. Mm. Lo tragué más rápido que la fresa. Esperé, anticipando el siguiente bocado con que Edward tocaba suavemente mi boca. Pero él me sorprendía.
Con los ojos aún cerrados, quedé sin aliento cuando sentí una fresa pasar lentamente en mi estómago, entre mis pechos, a lo largo de mi garganta y en mis labios.
Continuó así hasta que toda la fruta y chocolates se habían ido. Nunca supe que venía a continuación, una fresa, un poco de chocolate, un arándano, o donde la comida iniciaría su viaje hasta mi boca – muslos, estómago, pechos, brazos, muñecas, rodillas. A veces me besaba entre bocados. A veces era su mano la que acariciaba mi cuerpo. Fue el mejor almuerzo que he tenido.
"Todavía hay bollos y queso," Edward fruncía el ceño cuando abrí los ojos. "Me pregunto cómo puedo hacerlos más interesantes. No creo que sea lo mismo, frotando un bollo de pan sobre tu pecho." Una esquina de su boca se curvó en una sonrisa.
"Migas." Sonreí y me estiré. No me sentía tímida o avergonzada y eso me sorprendió. Después de todo, estaba tendida desnuda, fuera, al aire libre, mientras un igualmente desnudo Edward hacía bromas con mi cuerpo con una fruta y chocolates antes de alimentarme. La sonrisa se convirtió en mueca mientras los ojos de Edward observaban mi estiramiento. Tragó duro y sentí compasión por él.
"Probablemente pueda comer un bollo de jamón y queso sin que me tomes el pelo," me senté, sonriendo. Edward sacó los ojos de mi cuerpo y se sacudió ligeramente mientras alcanzaba los bollos.
Las nubes se acercaban, la briza se hizo más fuerte y por desgracia, el cuerpo de Edward, calentado por el sol, comenzó a enfriarse. Estábamos acostados abrazados del otro pero a la primera piel de gallina, él se sentó.
"Creo que es hora," dijo en voz baja. Suspiré. No quería que el día terminara, pero sabía que tenía razón. El sol se estaba hundiendo en el cielo.
Tomé mi ropa y traté vestirme, mientras Edward intentaba besar cada poco de piel desnuda que pudiera encontrar antes de que fuera cubierta. Finalmente, se sentó y me miró con una sonrisa perezosa.
"¿Qué?" Pregunté.
"Es casi tan sexi como verla salir."
Me sonrojé y rió al tiempo que se estiraba sobre mí para agarrar su ropa. Y él tenía razón. Por alguna razón observar a Edward ponerse su ropa hacía mi corazón saltar. Probablemente porque sabía que había debajo. Y no era ropa interior. Me permití una muy satisfecha sonrisa.
Vestidos, comenzamos a recoger el picnic. Levanté la manta, dándome cuenta por primera vez de la magnitud de los daños a lo largo de un lado. Estaba desgarrada y hecha trizas, mucho más de lo que le había visto hacer cuando le dije que era mío. Dejé que mis dedos jugaran con los jirones, consciente de que Edward miraba. Miré hacia arriba y parecía nervioso, pasando una mano a través de su pelo, entendí.
Dejé caer la manta y me acerqué a él, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura y enterrando mi cabeza en su pecho.
"Sabía que encontrarías la manera," dije bajito y le oí dejar escapar un largo suspiro mientras pasaba sus manos por mi espalda. "Pero, ¿cómo no me di cuenta?"
Me miró, con ojos felices.
"Estabas ocupada en ese momento," dijo bajito y su sonrisa me hizo sonrojar desde el cuero cabelludo a los pies. Río y luego me abrazó más fuerte.
"Tendremos que comprar uno nuevo," dije. "¿Quizás unos pocos?" Levanté las cejas y él rió de nuevo.
Terminamos de empacar. Edward cerró la cremallera de la mochila de picnic, pero luego la dejó caer al suelo.
"Antes de irnos…," dijo, caminando una corta distancia desde mí hasta una mancha de flores silvestres. Se agachó y me pregunté qué estaba haciendo. Luego comprendí. En un suave y fluido movimiento, se levantó y volvió a mí. Con su sonrisa torcida y ojos topacios, me tendió las flores.
"Te amo, Bella," dijo simplemente.
Tuve que tragar dos veces y aun así no podía hablar cuando tomé las flores de su temblorosa mano. Pero Edward entendió, vi su sonrisa mientras me llevaba a un abrazo.
El Volvo fue serpenteando a lo largo de las carreteras. Edward sostenía mi mano, sonriéndome más de lo que estaba viendo a donde iba. Íbamos de vuelta a su casa, en donde iba a pasar la noche mientras Charlie no estaba. Parte de mí no quería ir. Normalmente me encantaba estar con la familia de Edward, pero esta noche, era diferente. Lo que había experimentado en el prado era demasiado nuevo, demasiado personal. No tenía ganas de estar en una casa llena de vampiros que probablemente serían capaces de adivinar qué había pasado. Me estremecí al pensar en la reacción de Emmett.
Edward llevó mi mano a sus labios y la besó. "¿Bella?"
"Mm,"
"¿Te importaría mucho si nos quedamos en tu casa, esta noche?" Respiró hondo. "No estoy listo para que el mundo exterior, o mi familia, se estrelle sobre nosotros por le momento. Quiero disfrutar de esta tarde un poco más." Sonrió. "Tanto como pueda." Besó mi mano de nuevo y sus ojos hicieron temblar mi interior. "¿Estaría bien?"
Sonreí. "Suena perfecto."
Mi habitación se sentía diferente ahora. Yo me sentía diferente ahora. No era la misma Bella que la había dejado esta mañana. Sonreí mientras presionaba las flores silvestres en las páginas de mi diario. Iban a ser preservadas por la eternidad, estaba segura de eso.
Edward estaba detrás de mí, sus manos apoyadas suavemente en mis caderas. Me di vuelta y sonrió. Inclinó su cabeza y sus labios besaron suavemente los míos. La ternura del beso me dio escalofríos. Luego estiró una mano y sacó una hoja de mi pelo.
"Oh," reí. "Creo que voy a tomar una ducha rápida." Pasé mi mano a través de mi pelo, atrapando algunos pedacitos de hierba. Miré el pelo alborotado de Edward que parecía libre de vegetación.
"¿Cómo es que tú no tienes de estos?"
Sonrió. "No sé, pero eso me hace preguntarme cómo vas a quedar después de tu primera cacería."
Me sorprendió su comentario y él rió de mi expresión. Luego levantó un dedo, indicándome que esperara. Besó mi frente y salió de la habitación. Un momento después oí el agua de la bañera correr. Sonreí para mis adentros y me senté en la cama para quitarme los zapatos. Un baño. Eso sería nuevo – sólo había usado la ducha desde que vivía aquí. Poco después el agua se cortó y Edward regresó.
"Pensé que te gustaría tomar un baño." Esa tímida sonrisa torcida hizo a mi corazón tartamudear.
"Suena genial." Edward tomó mi mano y me llevó al baño.
La bañera estaba humeando y llena de burbujas.
"No tenías burbujas para el baño, así que pensé que el gel de ducha podría funcionar. Parece haber tenido el efecto deseado." Se movió algo torpe. "Hay burbujas, de todos modos."
"Está perfecto," susurré, y deslicé mi mano en la suya, apretando sus dedos. Una esquina de su boca se curvó en una sonrisa. "¿Quieres venir conmigo?" Las palabras salieron sin pensarlo y me sorprendí de mi propia audacia. Mis mejillas se cubrieron de rubor mientras me preguntaba lo que Edward diría.
"Um, me gustaría, muchísimo," sonó vacilante. "Pero, creo que…no en la casa de tu padre."
Estaba a punto de protestar, pero luego pensé en ello. La mejorada nueva relación de Charlie con Edward era una cosa, pero probablemente la hospitalidad no se extendía a que Edward compartiera un baño con su hija. Y Edward había recorrido un largo camino, pero había también algunas cosas de él que eran sólo…de él. Comprendí que no en la casa de tu padre probablemente se aplica también al sexo.
Me miró, preguntándome. "¿Estará bien? Podemos ir a mi casa si quieres." Pasó un dedo a lo largo con mi espalda. Mordí mi labio, indecisa por un momento.
No, era más importante para nosotros tener este tiempo a solas para sólo estar juntos, para apreciar lo que había ocurrido entre nosotros.
Sacudí la cabeza y sonreí. "Nos quedaremos aquí. Sólo nosotros."
El agua caliente se sentía bien. Muy bien. Cuando ya estuve empapada comencé a darme cuenta de que mis músculos se sentían un poco adoloridos, como si hubiera corrido un largo trecho o si hubiera llevado algo pesado. No se sentía mal, era solo eso. Me tendí bajo el agua, dejando aflojar mi cuerpo un poco. Entendí por qué me sentía de esa manera, y eso me hizo sonreír.
Saqué le tapón y salí de la bañera. La camiseta y los pantalones de ejercicio que había traído conmigo estaban sobre el banquillo. Las miré y de repente no tuve ganas de usarlas. En su lugar, tomé la bata blanca que siempre colgaba detrás de la puerta del baño. Era otra cosa que Renne me había comprado, justo antes de irme de Phoenix, y otra vez, nunca la había usado. Pero recordé cuanto a Edward le había gustado la bata del hotel que usé en Chicago.
Me puse la bata, usando sólo mi ropa interior debajo de ella.
"Ven aquí," dijo cuando volví a la habitación. Se sentó, apoyando la espada contra la cabecera de la cama y abrió sus piernas para que me sentara entre ellas. Sus ojos me recorrieron y sonrió.
"No te la he visto usar antes." Me acurruqué entre sus rodillas.
"No la uso mucho."
"Se ve…bien." Su voz sonaba un poco tensa.
Estiró su cuerpo hacia mi tocador y cogió un cepillo. Con cuidado, pasó las cerdas a través de mi cabello mojado, en suaves movimientos, desenredando los mechones con sus dedos a su paso. Mis ojos se cerraban y gradualmente me sentí inclinarme cada vez más hacia atrás por lo que finalmente estaba descansando contra él. Edward dejó el cepillo y envolvió a sus brazos a mí alrededor. Presionó sus labios contra mi pelo. No hablamos. No lo necesitábamos. Nos tendimos en mi cama y miramos el cielo oscurecerse a través de la ventana.
Mi estómago puso fin a ese perfecto momento. Edward puso algo de música en la sala mientras yo terminaba las sobras del refrigerador. La suave música flotaba alrededor de nosotros cuando me senté en el sofá, entre las piernas de Edward de nuevo, y sus manos masajeaban mis hombros, rodando y amasando los músculos. Dejé deslizarse un poco la bata para que así pudiera tener sus manos sobre mi piel desnuda. Reí.
"Mm, ¿qué?" Su voz era suave y divertida.
"Sólo pensaba que…querías que hoy fuera un día especial…" no hubo necesidad de decir algo más.
"Sí, eso quería."
Sentí el rubor cubrir mis mejillas. "Eso va a ocupar un montón de páginas en mi diario."
"¿El día en que robé tu virtud?"
Rodé los ojos. "Hay más que virginidad en mi virtud, Edward. No me digas que no lo sabes. Y no robaste nada. Yo te lo di a ti." En bandeja de plata.
Hubo silencio mientras sus manos se mantuvieron en movimiento sobre mis hombros, deslizándolas lentamente por mi espalda, llevándose la bata con ellas.
"¿Te gustaría haber esperado?" Preguntó repentinamente, inclinándose hacia delante y apoyó su barbilla en mi hombro.
Me pregunté de donde había venido la pregunta, pero respondí con honestidad.
"No." Le sonreí, dándome vuelta entre sus piernas. "Hoy era lo correcto."
Me llevó contra su pecho y sentí sus labios en mi pelo. "Si, lo fue."
Edward acarició mi espalda mientras yo estaba contra él, la bata cayendo más abajo. Sus dedos se deslizándose a lo largo de mi piel, largas y suaves caricias, yendo gradualmente más abajo, más abajo, hasta mis caderas. Suspiré.
"Mm, ¿dime?" Su voz era curiosa. Al igual que sus manos.
"Estaba pensando en ese lugar, tú sabes, justo debajo de tu ombligo. El que hizo que tú…"
"Sí, sé del que hablas," dijo apresuradamente. Respiró hondo y se acomodó a sí mismo.
"No sabía que fueras tan sensible allí."
"Yo tampoco." Pude oír la sonrisa en su voz. "No es como si alguien me hubiera tocado allí antes."
Di una media sonrisa, medio bostezo, y me acurruqué más cerca de él, sonriendo, disfrutando de sus manos moviéndose sobre mí. Pero ahora él estaba muy quieto y sus manos se detuvieron.
"¿Bella?" La voz de Edward era un susurro. "Yo quiero…,"
Esperé, pero él no continuó.
"¿Qué quieres, Edward?" Sonreí ante los escenarios que jugaban en mi cabeza. Hizo una pausa, parecía como si hubiera dejado de respirar. Levanté la mirada. La expresión en su rostro me sorprendió. Veía su amor por mí, el que era claro, pero había también algo más, una timidez, una incertidumbre que no esperaba. Apoyé mi mano en su mejilla.
"Dime," dije bajito. Por fin, respiró hondo.
"Quiero que sepas…Bella, nadie jamás me ha tocado como tú lo hiciste hoy. Nunca me he compartido así. Nunca he experimentado esa liberación antes. Nunca." Su sonrisa torcida apareció, pero un poco vacilante.
Repentinamente comprendí a lo que quería llegar, y aunque ya lo sabía, veía lo importante que era para él decirlo.
"Fue mi primera vez."
Me incliné y lo besé con toda la ternura que pude, mis labios acariciando suavemente los suyos. Luego me hice hacia atrás y lo miré a los ojos.
"Lo sé. Yo estaba allí."
Él sonrió y me besó.
Poco a poco bajé mi mano a través de su estómago hasta por sobre sus pantalones. Hacia ese lugar por debajo de su ombligo. Tan pronto como se dio cuenta de lo que estaba haciendo, me detuvo, con una sonrisa.
"¿Qué estás haciendo, Bella?"
"Pensé que te gustaría que te toque aquí de nuevo. Te gustó esta tarde." Sonreí mientras trataba de escabullir mis dedos de su agarre. No tuve mucho éxito. "De hecho, Edward, creo que realmente gemiste, cuando te toqué allí." Levanté lo que esperaba era una ceja seductora.
Contuvo el aliento.
"Mm, tal vez lo hice." Soltó un poco su agarre y me las arreglé para hacer un pequeño progreso hacia abajo. Mis dedos se rizaron en torno a la suave porción de vello y luego, cuando llegué bajo su ombligo, hice un movimiento suave, arañando, mis uñas deslizándose sobre su piel. Dejó caer la cabeza hacia atrás y allí estaba…ese pequeño gemido que había oído esta tarde. Hizo que mi interior se derritiera. Después de un momento cuidadosamente detuvo mi mano.
"Pero no quiero dejarte fuera, Bella." Levantó su cabeza de nuevo, su voz era baja y ronca, y me pregunté que había planeado. Su otra mano comenzó a moverse lentamente a través de mi estómago y por el lado de mi muslo. Sus dedos apenas rozaban mi piel, apenas tocaban. Pequeños chillidos estallaron a su paso y no era a causa del frío. "Me parece recordar que cuando te tocó…aquí…," incliné mi cabeza contra su hombro y jadeé. Mis ojos se cerraron. Sus dedos trazaban círculos detrás de mí rodilla. "Tú te deshacías en quejidos."
"Oh, mm,…" Sus dedos siguieron haciéndolo, moviéndose sobre la parte posterior de mi rodilla en círculos cada vez que, de hecho, jadeaba.
"Y, parecía que te gustaba mucho más cuando te tocaba…aquí."
Mi quejido se convirtió en gemido cuando sus dedos se movieron y comenzaron a acariciar arriba y abajo, ligeramente, a lo largo de la parte interna de mi muslo.
"Ooh, sí."
Su nariz acariciaba mi pelo ahora y me tendió sus manos para que así pudiera envolver sus brazos alrededor de mí.
"Hay tanto que descubrir, Bella," susurró en mi oído. "Y una eternidad para hacerlo."
De alguna manera, nuestros cuerpos parecían ser capaces de acercarse uno con el otro. Mis piernas enroscadas con las suyas, sus brazos a mí alrededor y mi cabeza contra su cuello. Íntimos, suaves caricias y besos. Cuando empecé a bostezar, exhausta, Edward me tomó en brazos, y me llevó a la cama, sosteniéndome tan cerca que casi era parte de él. Me quité la bata, dejándola caer al suelo y me metí bajo las sábanas, sólo con mi ropa interior. Edward se quitó la camisa y se ubicó detrás de mí, empujando mi espalda contra su pecho, doblando sus rodillas para que me sentara en su regazo.
"¿Te vas a quedar con los pantalones?"
"Sí."
"¿Por qué?" Volví mi cabeza para mirarlo.
"Siempre dejo mis pantalones cuando estoy en tu cama."
"Seee, pero las cosas son un poco diferentes ahora, ¿no?" Levanté mis cejas.
"Seee, pero como descubriste esta mañana, no uso ropa interior." Sus dedos bajaron y movió ligeramente el elástico de la mía. "Y si me quito los pantalones y me acuesto aquí, desnudo, contigo, así, no podría ser capaz de honrar mi decisión de no tener sexo en la casa de Charlie." Sonrió maliciosamente, con los ojos brillantes. Mi corazón tartamudeó. "Los jeans se quedan, Bella." Mmm, voz firme. Mmm.
Me llevó un poco más cerca de él y me acurruqué en su regazo. Sus manos habían estado en mis costillas y ahora se movían lentamente, una acariciando el lado de mi pecho, la otra descansando sobre mi estómago. Suspiré y apoyé mi cabeza contra su hombro. Un momento después, sus brazos se posaron alrededor de mi cintura, asegurándome contra él.
"Duerme ahora, Bella." Puso un beso en mi hombro.
"Mmm, buenas noches." Murmuré, dejándome ir.
"Buenas noches, amor."
El amanecer llegó y lo mismo hizo el tiempo. La lluvia caía copiosa, bajando como ríos por la ventana. A lo lejos, un trueno retumbaba ligeramente. Me sentía en el borde del sueño. Edward estaba enroscado a mi alrededor, tal como había estado cuando me quedé dormida, aunque ahora estaba sobre las cubiertas. Me besó al despertar y me estiré mientras sus labios dejaban los míos y los arrastraba hacia mi garganta y hasta mi hombro. "Mmm," me arqueé a él. "Quiero despertar de esta manera todas las mañanas," murmuré, sintiendo el maravilloso y poco conocido calor crecer mientras su lengua jugaba en mí.
"¿Crees que esta es una buena idea?"
Los ojos de Edward se oscurecieron y estrecharon.
"Esto es siempre una buena idea," gruñó, llevándome con él por lo que mis pechos estaban presionados contra su pecho. "Pero pienso en esto como un preludio." Tomó mi mano y extendió mi brazo. A partir de la muñeca, comenzó a dejar besos a lo largo de mi brazo. Entre besos arremolinaba su lengua sobre mi piel.
El perfecto momento fue arruinado cuando su teléfono sonó. Edward se detuvo, en medio de un beso, y levantó sus ojos a los míos. Le di una sonrisa y me encogí de hombros. Suspiró y cerró los ojos, dejando mi brazo, se inclinó para tomar su teléfono desde el tocador y contestó.
"¿Emmett?" Sus ojos se movían de mí a la ventana mientras un trueno resonaba afuera. "No me sorprende…no, no creo que podamos…diviértanse." Terminó la llamada y dejó el teléfono en el tocador. Me miró y quedé sin aliento. Sus ojos eran oscuros y…¿malvados?
"Estamos invitados a jugar béisbol. Dije que no, espero que esté bien."
Asentí.
"Y, por supuesto, eso significa que mi casa estará desierta por un buen par de horas."
Sabía lo que estaba pasando. No tendría problema en que estemos en la casa de los Cullen. Sentí mi sonrisa cada vez más grande en mi cara.
"Vamos."
Edward me llevó por las escaleras de su casa, subiendo de tres escalones a la vez. Su puerta estaba abierta, pero una vez dentro la parteó para cerrarla, y se tendió conmigo sobre la cama. La lluvia daba de lleno contra la pared de vidrio – estábamos detrás de una cascada. El trueno seguía sonando y retumbando.
Edward estaba a mi lado, besándome, pasando sus dedos a través de mi pelo.
"Te amo," murmuró entre besos.
"Te amo, también. Quítatela." Tiré de su camiseta y él se vio obligado. Besé, succioné y mordisqueé mi camino sobre su pecho y, él de espalda, gemía y suspiraba, pasando sus dedos por mi cabello. Luego se sentó. Con sus dientes poco a poco comenzó a empujar hacia abajo el hombro de mi camisa y arremolinó su lengua sobre la piel de mi clavícula, con cada caricia un poco más cerca de mis pechos. Luego sus manos fueron hasta el dobladillo.
"¿Tu turno?" Mm, su voz ronca. Sentí mis entrañas temblar. Me senté y me la quité, con el pecho jadeante. Las manos de Edward me alcanzaron y deslizó dos largos dedos dentro de la pretina de mis jeans, moviéndolos lentamente de una cadera a la otra, luego fueron a la cremallera. Sus ojos estaban en mí y levantó una ceja en consulta. Le sonreí en respuesta. Iba a ser una buena mañana.
Los dedos de Edward bailaban sobre las teclas del piano, tocando una melodía feliz y ligera. Alegre. Me senté a su lado, con los ojos cerrados, dejando que la música fluyera por mí. Habíamos pasado una mañana maravillosa en su habitación.
"¿Estás haciendo esto a medida que avanzas?" Pregunté.
"Sí."
"Es muy buena."
"Gracias."
"¿Cómo lo haces?"
Sentí un encogimiento de hombros. "Sólo toco lo que siento. Toco lo que está en mi…,"
Se detuvo, de hablar y tocar. Abrí los ojos.
"¿Edward?"
Sus manos estaban aún sobre las teclas, empezó a moverse de nuevo, lentamente. Una sonrisa se estaba formando en sus labios cuando se volvió hacia mí.
"Toco lo que está en mi…corazón y mi alma." Pasó saliva. Le sonreí y apoyé mi cabeza en su hombro.
"Te dije que tenías," murmuré, sonriendo. Sentí sus labios contra mi cabello y él suspiró mi nombre. Comenzó a tocar de nuevo, pero de vez en cuando sacudía su cabeza y sonreí para sí mismo.
La música llenó la habitación y cerré mis ojos otra vez, dejando que su flujo de cadencias girara en torno a mí. De repente, el tempo se detuvo y Edward comenzó a tocar el tema de Tiburón. Abrí los ojos.
"Mi familia se acerca," sonrió. "Alice está muy emocionada por verte."
"Oh." Un repentino pensamiento me golpeó. "Edward, ¿Alice habrá visto…algo?"
Contuvo el aliento. "Sí ella vio algo no diría nada. No invadiría nuestra privacidad."
"Pero, ¿ella sabe?"
Suspiró. "Tal vez."
La puerta se abrió y Jasper entró con Alice siguiéndolo.
"Hola, Bella," dijo él y sonrió.
"Hola Jasper," aún me sentía un poco tímida con él. Caminó y se sentó en la computadora.
"Ustedes dos se perdieron un buen partido," dijo, sonriendo. Me preguntaba si estaba recogiendo nuestras emociones.
"La próxima vez," Edward sonrió de vuelta.
Alice se acercó y se apoyó contra el piano, mirándome con los ojos entrecerrados pero con una pequeña sonrisa. Me sentí sonrojar. Ella sabía. Probablemente tuvo una visión de nosotros juntos. Gemí internamente y bajé lo ojos a mis manos girando en mi regazo. Edward extendió su mano y cubrió la mía.
"Es de mala educación quedarse mirando, Alice," dijo en voz baja.
"Lo siento," la voz de Alice era ligera. Levanté la mirada y su expresión había cambiado – sus ojos brillaban ahora. ¿Emocionados? Miré a Edward. Él estaba mirando a Alice, frunciendo el ceño, sus cejas tocándose.
"¿Qué es?" Le preguntó. Su sonrisa se ensanchó.
"Nada, Edward. Sólo necesito algo de tiempo de chicas a solas con Bella." Ella llevó su mano a la mía pero el agarre de Edward se hizo más apretado y me levó a su costado.
"Alice, no estoy seguro de por qué me estás bloqueando, pero si se trata de visiones que has tenido de nosotros, te pido que respetes nuestra privacidad. Estoy seguro de que si Bella quiere hablar contigo, lo hará."
Alice abrió la boca para decir algo, luego la cerró.
"No es eso, Edward," dijo bajito. "No he tenido ninguna visión de Bella." Algo brilló en sus ojos, pero no pude captarlo. "Tiene que ver con la boda. Cosas de chicas para la boda. Te estoy bloqueando porque no quiero que veas el vestido."
No relajó su abrazo. Algo lo había puesto es alerta. Alice rodó los ojos.
"Sí, estoy segura que Bella hablará conmigo si ella quiere, Edward, pero tienes que dejarla salir de su primera impresión." Ella miró deliberadamente el brazo de Edward que me sujetaba protectoramente por la cintura. No quería ser causa de algún problema.
"Edward está bien. Lo que sea no tomará mucho tiempo - ¿lo será Alice?" Me volví hacia ella. Sonreía enormemente, la victoria era suya.
"No será mucho." Tomó mi mano y me sacó del banco del piano. "Edward, Rose necesita una mano en el garaje. Emmett sostiene la M3 mientras ella trabaja y necesita a alguien que le tienda las herramientas."
Edward frunció el ceño de nuevo, claramente no conforme con el comportamiento de Alice, pero se puso de pie lentamente y se dirigió hacia la puerta principal. Le di una sonrisa mientras desaparecía por la escalera con una emocionada pequeña vampiro.
"Alice, ¿qué es…" Me llevó a su habitación y cerró la puerta.
"Ssh," puso un dedo en mis labios, mirando por la ventana. Seguí la dirección de su mirada. Edward estaba caminando casualmente por el césped hasta el garaje, con las manos en los bolsillos, su paso no superior la velocidad normal de un humano.
"Parece muy relajado." Alice me sonrió. Miré hacia otro lado para ocular mi sonrojo, pero eso no tenía mucho sentido. El aumento en los latidos de mi corazón me delataba.
"¿Alice qué está pasando?" Comenzaba a sentirme molesta.
"Un momento..," ladeó la cabeza hacia un lado, con los ojos enfocados hacia arriba. La lluvia comenzó a caer y ella asintió, sonriendo.
"Lo siento, Bella, pero necesito hablar contigo sin que Edward escuche. La lluvia sobre el techo del garaje le hará más difícil recoger algo, sobretodo si susurramos." ¿Susurrar? Apenas podía escucharla.
"Y esto debería hacerle difícil a Jasper oír algo." Escogió un CD de un estante y lo puso. Estaba sorprendida por sus acciones – creía que ella no escondía cosas a Jasper.
"Es posible que necesites sentarte para esto," me indicó la lujosa cama king size. Iba a protestar pero a veces era más fácil darle en el gusto a Alice. Me senté sobre la colcha de seda morada.
Alice respiró hondo y se centró en mí. "Bella, ayer tú y Edward tomaron una decisión, ¿no?"
Abrí y cerré la boca varias veces. Esto no eran cosas de chicas para la boda.
"Edward te pidió que respetes nuestra privacidad," susurré.
Sacudió la cabeza. "No quiero detalles. Y de todos modos, es obvio por el brillo de tu piel. Tanto la suya como la tuya," dio una ligera risa. "Estoy muy contenta por ti y te prometo que no he mirado y que no he visto nada concreto, solo que la decisión fue tomada."
Me relajé un poco.
"Pero esa decisión ha dado lugar a otra cosa, Bella." Ahora había una sonrisa en su rostro y la emoción parecía estar hirviendo debajo de la superficie, a punto de estallar y hundirnos a todos. "Algo bueno."
"Sólo dime Alice, por favor."
Volvió a respirar profundamente y se sentó a mi lado, sonriendo de oreja a oreja, mientras ella comenzaba a explicar el futuro que había visto.
Unos minutos más tarde Alice reía y yo me quedaba atónita y sin palabas.
"Pensé que sería mejor venir contigo," concluyó, tomando mi mano y frotando en ella la suya helada. "Me quedaré aquí mientras le dices. Él va a entrar en pánico primero y necesitará ver mis visiones por sí mismo muy rápidamente." Ella miró por la ventana hacia el garaje. "La lluvia a decaer en un minuto." Fue hasta su enorme vestidor y salió un momento después con un gran paraguas rojo. "Pero no se detendrá del todo. Usa esto."
Lo tomé, en silencio.
Me dio un beso en la mejilla, dando otra risita de placer y luego me echó de su habitación. Pero en el último momento me detuvo.
"Espera, voy a caminar por las escaleras contigo. En tu actual estado de ánimo parece que estás a punto de caer."
Llegamos al final de las escaleras y Alice atravesó el salón hacia Jasper, que todavía estaba en el computador.
"No lo olvides, estaré contigo cuando me necesites. Ahora ve." Alice seguía sonriendo mientras Jasper miraba de mí a ella, confuso.
La lluvia había disminuido, pero seguía cayendo. Abrí el paraguas y caminé por la hierba húmeda hacia el garaje. Mi mente era un caos, no podía creer lo que Alice me había dicho. No tenía idea de cómo decirle a Edward.
Pude oír la voz de Rosalie.
"Llave."
"Hey, Bella." La voz de Emmett era fuerte y clara. Ellos obviamente me habían oído llegar. Llegué hasta la puerta. Como Alice había descrito, el M3 rojo de Rosalie estaba siendo sostenido por Emmett. Las piernas de Rosalie se asomaban de debajo del coche, y Edward estaba apoyado contra el banco de herramientas, con los brazos cruzados sobre el pecho. Al verlo pensé que mi corazón podría estallar. Él me sonrió.
"Llave número tres. Hola Bella." La voz de Rosalie vino desde alguna parte de debajo del coche.
Sin mirar, Edward estiró un brazo hacia atrás y tomó una herramienta plateada desde el banco. Se agachó frente al coche. La perfecta mano con manicure de Rose apareció y se la quitó. Él se levantó y vino hasta mí. Cerré el paraguas y me estiré para abrazarlo, pero dio un paso hacia atrás, levantando las manos. Había manchas negras en las palmas.
"Manos grasosas," dijo en tono de disculpa.
"No me importa," dije y envolví mis brazos a su alrededor. Lo sujeté a mí, sintiéndolo contra mí. Sus brazos me rodearon, con las manos extendidas hacia afuera, lejos de mí.
"Hey, Bella," Emmett estaba sonriéndome desde el suelo del garaje. "Justo estaba diciéndole a Edward, chicos ustedes deben ir a jugar con nosotros. Tú sabes, Edward tiene que batear un home run (jonrón) en algún momento." Meneó sus cejas y supe que me había puesto roja.
"Discúlpame, amor." Edward agarró una herramienta desde el banco, se agachó junto al coche y lo tomó por debajo, por lo que su brazo estaba trabajando como un apoyo, al igual que Emmett. Con el otro brazo arrojó la herramienta sobre el auto, aterrizando con un fuerte ruido en la cabeza de Emmett.
"Hey," Emmett soltó el coche y puso ambas manos sobre su cara. "Fue sólo una broma." Gritó mientras se frotaba la nariz.
"Emmett, sólo levanta el coche." Sonó el tono no impresionado de Rosalie.
Emmett se acercó lentamente para sostener el auto de nuevo. Edward soltó su lado y se levantó. Volvió al banco y tomó un trapo. Con una par de movimientos rápidos eliminó la grasa de sus manos.
"Estás sola ahora, Rose," dijo al tiempo que ponía su brazo alrededor de mí y me guiaba fuera del garaje.
"¿Estás bien?" Preguntó, mirando a mi pecho. "Tu corazón está a apunto de salir."
"Um, estoy bien."
"¿Qué te dijo Alice?" Pude oír la preocupación en su voz.
"¿Vamos a dar un paseo?" Oí el temblor en mi voz. Sus ojos se oscurecieron y estrecharon.
Tomó el paraguas y lo sostuvo sobre nosotros mientras iniciaba el camino de regreso a la casa.
"Um, no. ¿Y si vamos al río?" No quería que alguien escuchara la conversación que estábamos a punto de tener.
Edward levantó una curiosa ceja, pero asintió. Cambiamos de dirección y fuimos detrás de la casa, dentro del bosque y hacia el sonido del agua corriendo. Carlisle y Esme venían a través de los árboles hacia nosotros, de la mano.
"¿Salen a caminar con este tiempo?" Carlisle preguntó curioso.
"Um, sí," dije torpemente. "Será corto."
"Bueno nos vemos pronto en casa, ¿entonces? No quieres pescar un resfriado, Bella." Esme sonrió.
Edward me dio una intencionada mirada y levantó una perfecta ceja.
"No, no lo quiero. Quiero decir, no será mucho tiempo." Me estaba sintiendo nerviosa a medida que dejamos a sus padres y nos escondíamos en el bosque.
Tomó menos de tiempo del que yo esperaba y de repente me di cuenta de que estábamos al borde del río. Me detuve. El agua corría rápidamente, estrellándose contra las rocas, debido al aguacero. Coincidía con la manera en la que me sentía. Los ojos de Edward estaban en los míos, extendió una mano y la puso en mi cadera, aún sosteniendo el paraguas sobre nosotros. Estaba esperando a que hablara, pero yo me quedé congelada. No sabía que decir.
"¿Bella?" Nunca fue bueno para esperar que hablara.
"Sólo…dame un minuto, por favor."
Podía oír su respiración, lentas y profundas respiraciones. Mi mente estaba en blanco, ¿qué digo?, ¿qué digo?
Y repentinamente todo el impacto de las noticias de Alice, y la enormidad que significaba para Edward me sorprendió. Una enorme sonrisa hizo erupción en mi cara.
"Bella, ¿qué es? Dime." Sus cejas se juntaron mientras yo asentía y tomaba una honda respiración.
"Tengo algunas noticias, Edward."
"¿Sí?" Sus ojos buscaron en los míos.
Noticias. Las noticias estaban calando hondo. Calando hondo y desbordando. Mi sonrisa se convirtió en una sonrisa abierta, mi sonrisa se convirtió en una carcajada. Una risa alegre.
"Bella, ¿por favor?" Estaba pidiendo ahora, con ojos desesperados. El paraguas comenzó a temblar, sólo un poco.
Extendí una mano y la puse sobre su rostro al tiempo que miraba profundamente a sus ojos.
"Edward, vas a ser padre."
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OMG!
Otro final de muerte, advertí que sería así. Bueno esto era algo presumible, pero habrá sorpresas, varias, a la espera de cómo se desarrolla este especial embarazo. Rennesme? No sé, ya verán en los próximos capítulos.
Muuuuchas gracias por sus lindos rws y a todo aquellos que agregan el fic a sus favs o alerts. Besos para ustedes!
Tengo también que dar una aclaración sobre la anterior recomendación. Sucede que el fic en inglés al parecer no existe en FF, sí está en español (incompleto) con el nombre de Cascada y Cianuro. Perdón a aquellos que no lo pudieron encontrar :(
Recomendación: Lessons in Forbidden Love de xsecretxkeepex, traducida al español por Bells Masen Cullen. En proceso. Edward es el profesor de Bella, son amigos pero esta amistad lleva al amor. La situación de profesor – alumna no les permite tener una relación. Sólo esperan que los 7 meses que faltan para terminar el curso pasen rápido. Es muy lindo, de eso que hacen suspirar, no es ese fic donde estos dos rompen las reglas y desatan la furia de su amor por toda la escuela. Nop, es más que eso. Son importantes la reputación de Edward como profesor y la situación escolar de Bella.
Muy bien, les subo el capítulo antes de que la ola llegue. Cariños a mis compatriotas que vuelven a pasar por esta angustia y a quienes viven en los países amenazados. Besos, bye.
