Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
.
El caballito de madera llegó una semana después, en medio del caos de los preparativos de último minuto para la boda. Tuve que admitirlo, era hermoso y pasé la mano sobre él, imaginando a nuestra hija o hijo sentado en la silla de montar roja. Miré a Edward, mientras limpiaba el envase y embalaje desechados, haciéndole un espacio en la esquina de su habitación. La sonrisa no había salido de su cara desde que la camioneta había llegado.
"Edward, ¿voy a llegar un día y te encontraré montando esta cosa?"
Se burló de mi broma. "Por supuesto que no, Bella."
Sonreí y volví a mirar el caballo de madera, pasando mis dedos por su melena, cuando le oí murmurar para sí mismo. "Oiré que vienes y me bajaré antes de que llegues."
Comencé a reír y levanté la mirada para verlo sonriéndome.
"No me sorprendería," dije y fui a sumergirme en sus brazos. Apoyó la barbilla sobre mi cabeza.
"Gracias," dijo en voz baja.
"¿Por aceptar el caballo?"
"Por todo. Sólo por…todo." Habló simplemente y sonreí, poniendo un beso sobre su pecho, dejando que mi aliento fluyera a través del algodón de su camisa, y así calentara su piel helada.
"Mm," suspiró y su mano bajó ligeramente por mi costado, para luego descansar en la parte baja de la espalda, mientras él mismo se apretaba contra mí. Levanté la cara y encontré su beso, mientras mis manos recorrían su espalda y cabello. Mis labios dejaron los suyos, descendiendo a su garganta y él inclinó la cabeza hacia atrás. Tuve que elevarme con los dedos de mis pies para alcanzarlo adecuadamente, pero empecé a perder el equilibrio. Inmediatamente, Edward me tomó en sus brazos y me llevó a la cama, donde se acostó a mi lado. Me empujó contra él y sus manos fueron por debajo de mi camisa y comenzó a deslizarlas sobre mis costillas. Mis manos estaban sobre él, arrastrándolas por su pecho y luego bajaron ligeramente, en busca de esos lugares alrededor de su cintura que lo hacían gemir. Sostuvo mis manos, al tiempo que las metía bajo sus pantalones, mis uñas arañando su piel.
Sus ojos miraron los míos, profundos y amorosos. Y disculpándose.
"Lo sé, hicimos un acuerdo." Sonreí débilmente y retiré mi mano.
"Lo siento, amor. Yo sólo…todavía no sabemos lo que está pasando y no quiero…," puse un dedo sobre sus labios.
"Está bien, Edward. Hicimos un acuerdo. Fue una decisión mutua. Es sólo que…," dejé mi pensamiento colgando.
El sonrió y me abrazó. "Lo sé. No quiero que paremos."
La noche en que discutimos por el caballito de madera, Edward había sugerido que podría ser prudente que no hiciéramos el amor otra vez, hasta que pudiéramos estar seguros de que no me pondría en riesgo dada mi condición, o la del bebé. Al principio rodé los ojos y me dispuse a protestar, pero luego pensé en ello. Había un montón de incógnitas con este embarazo. Por todos los cielos, todo era desconocido. Así que tal vez sería mejor esperar. Pero estaba resultado difícil – para los dos. Me di cuenta de que Edward discretamente se acomodó antes de bajarse de la cama. Mordí una sonrisa.
"Voy a llevar esta basura para abajo," murmuró mientras recogía la espuma y el cartón en sus brazos. Suspiré cuando lo vi salir de la habitación y me pregunté qué case de noche de bodas íbamos a tener. Hice una nota mental para empacar el tablero de Scrabble.
Un momento más tarde, Edward volvió sonriente.
"Bella, Carlisle tiene algo que mostrarnos." Me tomó la mano al bajar de la cama.
Edward dio un rápido toqué en la puerta de la oficina y entró, yendo yo detrás de él. Mi boca se abrió por sorpresa. Todavía era la oficina de Carlisle, pero ahora, a lo largo de una pared había una camilla y un…
"¿Esto es un equipo de ultrasonido?"
"Sí." Carlisle estaba de pie al otro lado de la habitación, sonriendo.
"Pero, ¿no están sólo en los hospitales?"
"Muchos médicos los arriendas para sus practicas, Bella. Eso es todo lo que Carlisle ha hecho. Es un contrato de arrendamiento, algo perfectamente normal de que un médico haga."
Edward estaba tratando de restarle importancia, noté. Él estaba esperando que lanzara un ataque sobre el dinero que había gastado Carlisle y el que reorganizara su propia oficina para que estuviera cómoda. Y pensé en hacer eso, por un momento.
"Pensé que sería más cómodo si hacíamos las cosas aquí." La voz de Carlisle era suave y tranquila. "Evitaríamos el chisme en la cuidad que se conseguiría si fueras al hospital. ¿Está bien para ti, Bella?"
Y por supuesto que lo estaba. Aparte de mi comodidad y el deseo de evitar el chisme en el pueblo, está clínica de fabricación casera era para proteger a los Cullen de la especulación y la exposición.
Hasta el momento, a pesar de las horas de investigación de Edward y Carlisle, todo lo que sabíamos acerca de la descendencia entre vampiros y humanos eran leyendas íncubos que hablaban de fetos creciendo a una velocidad alarmante y de niños que nacían fríos, sin corazón, ni sangre. Nadie creía en esas leyendas, pero todavía no sabíamos exactamente con qué estábamos tratando. Alice no había tenido más visiones, y la de Edward no daba una imagen clara del bebé.
"Pero, ¿tu oficina?"
"Es el lugar más lógico," sonrió Carlisle. "Supongo que podría haber sido en la habitación de Edward, pero creo que todo el espacio libre ha sido ocupado por un caballito de madera." Me guiñó un ojo mientras que Edward rodaba los ojos.
"Entonces," Carlisle cruzó la habitación y encendió un interruptor de la máquina. "¿Les gustaría echar un vistazo y ver si podemos ver algo?"
Sonreí, mordiéndome el labio inferior. Miré a Edward y él sonreía, también.
"Sí, por favor."
Unos minutos más tarde, después de beber la cantidad necesaria de agua, me subí al cómodo sofá de cuero – sin la fina cubierta de vinilo – y levanté mi camisa mientras Carlisle extendía el gel por todo mi estómago. Estaba frío y di un respingo.
"Normalmente, una semana sería demasiado pronto para detectar cualquier cosa, pero teniendo en cuenta el resultado positivo pasado un día, y esto…," se estiró sobre le escritorio y tomó un papel, entregándomelo. "Creo que podría valer la pena echar un vistazo ahora."
Edward se acercó y miró por encima de mi hombro. Era el informe de mi muestra de sangre del laboratorio de Port Angels. Se confirmaba el embarazo, dando un nivel de hormonas más o menos equivalente a seis semanas, y señalaba algunos factores que estaban inconclusos.
"Inconclusos." Susurré la palabra. Me sentía nerviosa y mi ritmo cardiaco aumentó.
"Eso es de esperarse, amor." La voz de Edward era muy suave mientras el dorso de sus dedos acariciaba mi mejilla. "No podemos saber todavía lo que yo voy a aportar."
Asentí. Carlisle ajustó un dial y tomó la sonda.
"¿Listos?"
La pantalla estaba oscura y borrosa. Nos quedamos en silencio, todos demasiado ansiosos como para hablar, mientras Carlisle movía la sonda sobre mi resbaladizo vientre. La pantalla no mostraba nada, nada de imágenes como lo había visto en ecografía de películas o televisión. Carlisle movió algunos botones más. La pantalla no cambiaba, seguía siendo negra, pero de repente, un nuevo sonido llenó la sala, gritos de asombro salieron de nosotros.
Un latido de corazón.
Era suave, revoloteando, pero su ritmo era rápido y fuerte. Fluyó y se extendió a nuestro alrededor, confirmando vida y el amor que lo creó. Tomé aliento y mi sonrisa no tenía fin.
Las manos de Edward tomaron fuerte la mía, apretándola hasta casi el dolor. Pero no importaba. Apreté de vuelta. Inclinó la cabeza a la mía y besó mi mejilla muy suavemente.
"Un corazón que late," su susurro se rompió en la última palabra. Aparté la vista de la borrosa, negra pantalla y me volví hacía él. Su rostro estaba radiante. Simplemente radiante. Mordí mi labio y traté de contemplar la profundidad del amor que vi allí. No era demasiado difícil de hacer, era la misma mía, después de todo.
"Bueno, un latido de corazón y sangre que fluye. Una excelente señal." La voz aliviada de Carlisle rompió nuestro momento. Edward apoyó la cabeza en mi hombro y exhaló lentamente. Extendí una mano para acariciar su cabello y acarició más profundo en su cuello.
"Pero el saco amniótico es más espeso de lo usual." Edward levantó la cabeza al oír las palabras de Carlisle. Lo observamos mientras movía más botones. "No puedo obtener una imagen clara del bebé."
"¿Es eso un problema?"
"No, no lo creo, Bella. Creo que sólo significa que la piel del bebé probablemente sea similar a la piel de vampiro. Dura e impenetrable."
"Oh," asentí y miré a Edward, quien estaba mirando fijamente la pantalla. "Bueno, eso no es malo, ¿verdad?"
Inclinó la cabeza hacia un lado, con los ojos todavía en el cuadrado negro delante de nosotros. "No, no necesariamente. Supongo que si tiene que heredar algunas de mis características de vampiro, entonces mi pile es una de las mejores," se encogió de hombros.
Carlisle estaba girando diales y botones.
"Es como mirar a través de un video esmerilado en lugar de un vidrio transparente." Su ceño estaba fruncido. "Pero su miran aquí…," Edward y yo nos inclinamos hacia delante a la vez que Carlisle señalaba una pequeña área de la pantalla que era un poco más oscura que el resto. "Es él, o ella, allí."
No podía apartar los ojos de la pantalla, a pesar de que sólo veía una mancha negra. Por que la mancha negra era nuestro bebé.
"Lo siento, no puedo conseguir algo más claro para ustedes." Carlisle habló en voz baja.
Nos miramos por un momento. Edward lentamente extendió su mano y tocó la pantalla, pasando un vacilante dedo sobre la pequeña y oscura forma. Luego tomó un respiro y yo también lo hice. Reí cuando me di cuenta de que ninguno de nosotros había estado respirando. Me sonrió.
"Se parece a ti," dijo, abrí y cerré los ojos.
Le torcí la nariz. "Muy gracioso," pero mi voz salió ahogada. Extendió la mano, acunando mi cara, sus ojos tan tiernos que sentí mi corazón perder un latido. Carlisle salió de la habitación en silencio a la vez que los labios de Edward se encontraban con los míos.
Unos minutos después, Edward limpió el gel de mi vientre y Carlisle apagó la máquina.
"Por lo tanto, todas son buenas noticias," sonrió Carlisle. "El bebé tiene un saludable latido. Y Bella está en excelente estado de salud…creo que," llevó la máquina de nuevo a una esquina y se ocupó de los cables. "Creo que si hay algo que han estado evitando porque les preocupa causar daño, pueden dejar de lado esas inquietudes."
Me sonrojé con furia y miré a Edward.
Carlisle tomó mi expediente y lo estudió cuidadosamente mientras salía de la habitación, con una sonrisa muy entusiasta en los labios.
"¿Le dijiste algo?" pregunté.
"No."
"Entonces, ¿por qué dijo…eso?" Sacudí una mano vagamente en el aire.
Edward encogió un hombro y me dio una sonrisa de disculpa. "Él me conoce desde hace mucho tiempo."
Pero como fuera, la semana siguiente no nos dio la oportunidad de dejar nuestras preocupaciones de lado, especialmente porque Edward continuaba con la regla de nada de sexo en la casa de tu padre. Alice me llevó a Port Angels por velas. Ella envió a Edward con Jasper hasta Seattle para recoger las servilletas personalizadas con nuestras iniciales entrelazadas.
"No confío nada a la entrega por mensajería en este momento – no hay tiempo para reemplazos si algo sale mal."
"Pero, ¿no puedes ver si algo va a salir mal?" Edward planteó la pregunta mientras me sentaba con Alice a revisar otra última lista final. Odiaba dejarme.
Ella le lanzó una mirada y se encogió de hombros a la vez que tomaba las llaves de su coche mientras Jasper se reía entre dientes.
"Sabes que es mejor no discutir, Edward," dijo, siguiendo a su hermano por la puerta.
En medio de todo esto Esme, Alice y Rosalie nos daban sugerencias acerca de temas infantiles y esquemas de color. ¡Ni siquiera estaba segura de donde estaría la habitación para el bebé! Asumí que estaban planeando reorganizar alguna de las habitaciones.
Y entonces, Renne y Phill llegaron.
Fue bueno ver a mi madre y pasar tiempo con ella antes de la boda. Había extrañado su carácter alocado, y ella fue tan terriblemente perceptiva como siempre. Me saludó con un abrazo y una ceja levantada, diciéndome lo positivamente brillante que estaba. Edward me contó más tarde que sus pensamientos vagaron brevemente a la idea de que estuviera embarazada, pero los desterró tan pronto como la palabra Nanna cruzó por su mente.
Por lo tanto, nuestro tiempo a solas fue infrecuente y breve. Fue difícil, pero lo logré, porque por mucho que le deseara, lo quería con calma. Y mantener la distancia creó deliciosa anticipación para nuestra noche de boda, donde la espera valdría la pena. Ahora lo sabía desde la experiencia.
···/···
Estaba de pie en lo alto de la escalera de los Cullen, usando el hermoso vestido blanco que Alice había elegido para mí, apoyada en el brazo de Charlie. Mi corazón latía en mi pecho, la sangre golpeaba en mis oídos. Rosalie estaba tocando el Canon de Pachabel en el piano de Edward y todo el mundo me miraba.
Yo buscaba a Edward.
Tan pronto como mis ojos lo encontraron en la abarrotada habitación, mis nervios desaparecieron y no pude bajar la escalera con la suficiente rapidez. ¿Cómo es que había pensado que casarse será una mala idea?
Edward era un hombre alto, pero hoy se veía más alto que de costumbre. Con los hombros cuadrados, la cabeza en alto y orgullosa. Él estaba impresionante. Su traje oscuro, hermosamente cortado, los gemelos de jade, que su madre le había dado, ubicados en las mangas de su camisa. Tenía las manos abajo, entrelazadas delante de él.
Pero fue su sonrisa la que casi me hace desfallecer. Una sonrisa que era para mí. Sólo para mí. Demostraba euforia y alegría, su poder me abrumó y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Carlisle estaba detrás de él y le vi colocar una mano sobre el hombro de Edward. Silenciosa comunicación pasó entre ello, estuve segura, cuando va Edward levantar la barbilla un poco más alta, un poco más orgullosa.
Sus ojos nunca dejaron los míos y podía sentir el flujo de constante conexión entre nosotros, fuerte e inquebrantable, a la vez que bajaba las escaleras y avanzaba por el pasillo. Cuando Charlie, suavemente puso mi mano sobre la de Edward, sentí mi mundo caer en su lugar. Edward levantó mis manos y las besó muy suavemente, con los ojos brillantes, resplandeciendo con amor al tiempo que nos dábamos la vuelta y enfrentábamos al reverendo Weber.
La voz de Edward resonó fuerte y segura cuando dijo sus votos. Pero su promesa no fue sólo en palabras – la podía sentir en su toque, la podía ver en sus ojos – quemando en mi alma.
Mi propia voz tembló cuando dije mi promesa, tratando de transmitir la profundidad de mi amor y compromiso en tan sólo dos palabras – al decir sí quiero pude ver en los ojos de Edward que entendía.
Intercambiamos anillos. Cuando deslicé la simple banda de platino en el dedo de Edward, observé su rostro, lleno de una felicidad que me dejó sin aliento. Y supe que él vio lo mismo en el mío, cuando me entregó mi anillo de oro liso. Nunca dejaría mi dedo.
Y luego fuimos declarados marido y mujer. Olvidando que había público, arrojé los brazos alrededor del cuello de Edward. Sus labios se encontraron con los míos y sus bazos rodearon mi cintura, tirando suavemente mi cuerpo contra el suyo mientras profundizaba el beso. Suspiré contra sus labios cuando deslizó su mano izquierda entre nosotros, a que llevaba el anillo de matrimonio, y la apoyaba sobre mi vientre. Nunca me había sentido tan completa en mi vida.
Me perdí en el beso y sólo reaccioné a mi entorno cuando él se alejó después de un momento.
"Tal ves deberíamos guardar algo para más tarde," susurró en mi oído. Sentí el sonrojo aparecer en mis mejillas mientras los aplausos comenzaban.
Luego hubo felicitaciones y abrazos de familiares y amigos, y fue allí cuando me di cuenta de todo el realmente hermoso trabajo de Alice. Había luces de colores fuera y velas encendidas en el interior. Jarrones de cristal, llenos de flores, adornando todas las superficies, provocando que la habitación oliera y se viera como un jardín en primavera. Era una obra de arte.
Hubo pastel y baile. Edward apenas se separaba de mí, su mano siempre en mi cintura, espalada o alrededor de la mía, pero cuando empezó la música, parecía que todos querían bailar con la novia. Edward parecía feliz observando desde la barra, mientras yo bailaba con mi padre, sus hermanos y Carlisle. Él incluso bailó con Renee y Esme. Pero cuando salí de los brazos de Emmett me encontré con que Tayler Crowley quería el próximo baile, sentí la tensión de Edward, incluso desde el otro lado de la habitación. Levanté la mirada y lo vi con ojos cautelosos observando cada uno de nuestros pasos, mientras Tayler me llevaba torpemente por la pista. Al igual que yo, no era un bailarín experto o gracioso y al primer tropiezo de sus pies con lo míos, Edward atravesó la pista y nos interrumpió cortésmente con una sonrisa. Fue lo más rápido que lo había visto moverse alrededor de humanos.
"¿Me disculpan si los interrumpo?" En realidad no tenia sentido el que preguntara, ya me tenía en sus brazos.
"Oh, sí, claro. Por supuesto." Tyler sonrió y se alejó, regresando con Ángela y Ben.
Sacudí la cabeza, pero sonreí, muy contenta de estar de vuelta en sus brazos. Él respondió con un media sonrisa y un encogimiento de hombros.
"Probablemente una reacción exagerada, lo sé."
"Probablemente." Al menos admitía. Recosté mi cabeza contra su pecho y suspiré. Bailar con Edward era fácil.
Su mano se movió lentamente por mi espalda y luego de vuelta hacia arriba otra vez, aún más lento. Golpeó el tope de mi cabeza con su nariz y levanté la cara para mirarlo. Sonrió
"Creo que no te he dicho todavía, como desgarradoramente hermosa estás esta noche," bajó el rostro, presionando sus labios suavemente contra los míos. Él quería un beso rápido, pero llevé mis manos a su cabello y lo sostuve allí. Nuestras bocas se movían lentamente, suavemente. Podía sentir el calor formándose en mi interior, y mi corazón comenzó a correr. Pensé que podría alejarse, consciente de que estábamos en una habitación llena de gente. Pero no lo hizo. Profundizó el beso, sosteniéndome apretadamente y no se detuvo hasta que me faltó el aire.
"No falta mucho, amor," susurró, pasando las manos por mi espalda de nuevo.
Suspiré y apoyé la cabeza en su pecho. No faltaba mucho ahora.
"¿Cuándo vas a decirme a dónde vamos?" La luna de miel era un secreto, sonrió.
"Cuando lleguemos allí."
Gemí y comenzamos a desplazarnos por el salón.
Me llevó a una isla.
Una isla tropical privada.
Frente a la costa de Brasil.
Una isla que Carlisle le compró a Esme como regalo.
Todavía estaba tratando de comprender todo mientas estaba bajo la ducha, dejando que el flujo de agua cayera sobre mi piel, ignorando lo músculos tensos de mi cuello y hombros. Pero a pesar de que mis músculos se estuvieran relajándose, mi picazón comenzó a acelerarse.
Llegamos por la noche, en una lancha rápida, después de dos vuelos aéreos. Edward me cargó a través de la arena y bajo el umbral de la hermosa casa que Esme había decorado con muy buen gusto. Era luminosa, fresca y reflejaba los colores de la isla y el mar. Edward terminó el largo tour en la suite principal, donde la característica principal era la enorme cama blanca, rodeada de un denso velo.
Me besó lentamente antes de dejarme en el suelo, manteniendo los brazos alrededor de mí.
"Um, imagino que te gustaría tener uno o dos momentos humanos. Fue un largo viaje." Podía sentir la anticipación chisporroteando entre nosotros. Asentí, sintiendo la emoción creciendo en mí. "Pero no te demores mucho," susurró, riendo entre dientes cuando escuchó a mi corazón saltar. Besó mi cuello ligeramente antes de darse la vuelta y dirigirse hacia las puertas francesa que llegaban hasta la playa.
Así que ahora cortaba el agua y me sacaba con una de las mullidas toallas blancas. Disfrutando a sensación del aire cálido y tropical de mi piel, entré al vestuario, fuera del baño – en el que Edward había puesto nuestras maletas. Sabía que Alice me había comprado un guardarropa totalmente nuevo para la luna de miel, y ahora mientras buscaba en la maleta comprendí que consistía principalmente en bikinis y lencería de encaje que apenas cubría. Sonreí mientras miraba el surtido de colores brillantes y en su lugar abría el pequeño bolso de mano que había traído conmigo en el avión. Metí la mano y saqué mi opción para mi noche de bodas.
Alice ya no podía verme, mi futuro había desaparecido por completo de su vista y esto la irritaba y preocupaba a Edward, pero en cierto modo sentía una sensación de libertad. Había algunas cosas que quería mantener en privado.
Había elegido un vestido de seda color marfil, liso y simple, con delicados tirantes y sin encajes. Lo deslicé por mi cabeza, decidiendo no preocuparme por la ropa interior a juego. El vestido tenía buen corte de modo que caía suavemente sobre mi figura sin quedar apretado – el corte en v en el cuello profundizaba de forma suave mostrando sólo un poco de escote. No enseñaba lo que estaba debajo, pero daba pistas y sugerencias en su lugar. Creí que a Edward le gustaría.
Rápidamente me sequé el pelo y lo acomodé lo mejor que pude. Sabía que le gustaba suelto, así que dejé que fluyera alrededor de mis hombros. Me miré en el espejo de cuerpo entero y sonreí mientras las mariposas aparecían.
Esta noche no sería nuestra primera vez, pero sería nuestra primera vez como marido y mujer y, conservaba un profundo significado por sí mismo. Esta noche sería la afirmación de los votos que nos hicimos el uno al otro. Respiré hondo y entré al dormitorio.
Las luces estaban apagadas, pero Edward había encendido velas que bañaban la luz de una encantadora luz suave y cálida. Las sábanas de la cama habían sido retiradas.
Él no estaba allí, pero su camisa estaba tirada sobre el respaldo de una silla en la esquina. Me acerqué a las puertas francesas miré hacia afuera. En las ramas de una palmera podía ver el resto de su ropa colgada, moviéndose ligeramente con la brisa. Mi corazón empezó a correr y miré hacia el agua. Él estaba allí, de pie, con el agua hasta la cintura, con las manos sobre la superficie. Su espalda desnuda era hermosa, fuerte. La luz de la luna le daba un brillo plateado a su piel y las gotas de agua brillaban en sus hombros y cabello. Tragué saliva y salí a la arena.
Sabía que me escucharía acercarme a la vez que mis pies se movían suavemente sobre el arena, pero no se volvió. Cuando me detuve cerca de la orilla del agua, habló.
"El agua es muy cálida. Me preguntaba si te gustaría tomar un baño de medianoche conmigo."
Luego se volvió lentamente, y abrió los ojos, viéndome.
"Me gustaría, pero no puedo nadar con esto." Hablé bajito, y pasé la mano lentamente por un lado del vestido.
"Er, no. No puedes."
No estaba segura de qué hacer. ¿Debía ir y ponerme un bikini? Pero a medida que él tomaba una lenta respiración a la visión de mi mano moviéndose sobre mi cuerpo, una oleada cálida se impulsó a través de mí y de repente supe lo que quería hacer. Sólo esperaba que pudiera hacer que se viera bien.
La cálida brisa era suave y podía sentirla agitando la seda de la camisola, moldeándose levemente contra las curvas de mi cuerpo. Divisé el movimiento de la garanta de Edward al tragar. Duro.
"Te ves muy hermosa."Su voz era grave y profunda. La ola cálida se convirtió en una quemadura.
Sonreí y muy lentamente levanté mi mano y empujé un delicado tirante de seda en mi hombro.
Los ojos de Edward se entrecerraron, flexionando los dedos en la superficie del agua. Me quedé quieta, mi corazón latía con fuerza. Luego, después de un momento, levanté la otra mano y, aún más lentamente, deslicé el tirante faltante, esta vez dejando mis dedos rozar mi piel. El vestido cayó ligeramente, los tirantes colgando de mis brazos, el escote reveló un poco más de mis pechos, poniendo un poco más de ellos a la vista. La lengua de Edward pasó por encima de sus labios y levantó una mano, pasándola a través de su pelo mojado.
Con cuidado, tratando de no mostrarme torpe, saqué un brazo fuera del tirante, y luego repetí el mismo movimiento con el otro brazo. El vestido cayó un poco más abajo. Ahora mis pechos apenas lo sostenían. El más mínimo movimiento y caería. Sólo el suave momento de mi espalda y lo haría caer.
Edward estaba paralizado.
Y me arqueé.
El vestido se deslizó hacía abajo, revelando mis senos y estómago, pero se detuvo en mis caderas y se quedó allí, sueltamente. No había sido parte del plan, pero lo haría funcionar para mí. Para Edward.
Vi, y le oí, tomar una respiración profunda y dejarla escapar lentamente. Su mano se aferró más fuerte en su pelo. Sonreí y puse los dedos en mi caderas, listos para empujar la seda eñ resto del camino hacia abajo.
"Espera."
Mis dedos se detuvieron mientras me preguntaba por qué quería que me detuviera. Tomó aliento y su voz fue áspera al hablar.
"Yo quiero hacer eso."
Y Edward salió del mar.
Había visto a Edward desnudo dos veces antes. Ese día perfecto en el prado, tendido sobre la manta junto a mí, y luego la mañana siguiente en su habitación, mientras yacía en su cama.
Pero nunca así.
Vino hacia mí, el agua ondulando lejos de su cuerpo con el poder de cada paso, y si antes había pensado que era hermoso, ahora sabía la verdad.
Él era magnífico.
La quemadura que había estado pulsando a través de mí se convirtió en fuego. Mi corazón golpeaba en mi pecho mientras él se acercaba a mí a través del arena, mi piel hormigueando al observando, viendo la forma en que los músculos de su cuerpo se movían y flexionaban mientras caminaba. Sus ojos estaban oscuros y su mandíbula apretada al momento justo de detenerse en frente de mí. Su respiración era rápida, pero sus manos fueron lentas mientras las levantaba para situarlas gentilmente en mi rostro. Por un largo rato se quedó mirando mis ojos, los suyos brillando en deseo. Y amor. Luego acercó su cabeza a la mía. Parecía tomar una eternidad que nuestros labios se tocaran. Cerré los ojos y por primera vez me di cuenta de su cercanía, la carga entre nosotros se intensificó a medida que se acercaba. Entonces sentí su frío aliento extenderse sobre mí, su olor me rodeó. Y, por último, sus labios tocaron los míos, presionando con ternura suavemente a medida que se movían lentamente, dándome su amor. Y a la vez que le devolvía el beso, separando mis labios para él, sus manos dejaron mis mejillas y bajaron suavemente por mis brazos, dejando fuego a su paso, finalmente entrelazó sus dedos con los míos.
Por un rato estuvimos así, cogidos de la mano y besándonos a la luz de la luna. Mi pulgar se movía sobre la banda de metal en su dedo y mi corazón brincó. Luego, lentamente, se soltó y sus dedos fueron hasta mis costillas, moviéndolas suavemente sobre mi piel, trazando espirales con sus pulgares, yendo más abajo, hasta que por fin estuvieron descansando sobre la seda que apenas colgaba de mis caderas. Poco a poco, se dejó caer sobre sus rodillas, manteniendo los dedos en su lugar, mirándome a través de sus largas pestañas. Sonreí y pasé mi mano por su pelo, mis dedos sobre sus labios. Me devolvió la sonrisa, besando mi mano. Luego, muy lentamente, Edward empujó la seda hacia abajo, sus manos guiándola suavemente sobre mis caderas y muslos, hasta finalmente soltarla y dejarla caer en un suave y brillante charco en el arena.
Suspiró y sus dedos acariciaron detrás de mis piernas. Con movimientos largos, arriba y abajo, apenas tocando mi piel. Sus ojos nunca dejaron los míos.
Mis ojos se cerraron y me sostuve de sus hombros mientras sus manos viajaban hacia arriba y sobre la curva de mi trasero. Mis dedos jugaron con suavidad en su pelo mientras trataba de calmar mi respiración.
Entonces Edward se puso de pie, pero sus manos se quedaron en otra parte. Desde la parta baja de mi espalda las llevó alrededor de mis costillas. Abrí los ojos y miré sus manos, ya que continuaron ligeramente, suavemente a mis pechos, donde la ternura de sus caricias me hizo gemir. Dejé ir mi cabeza hacia atrás y mis manos se apretaron en él a la vez que acercaba su rostro al mío y me besaba, lenta y profundamente.
Sus brazos fueron a mí alrededor entonces, presionándome en él, y mi cuerpo se encendió cuando sentí la fuerza de su deseo contra mí.
Su rostro se retiró un poco y me miró con ojos intensos y profundos. Levantó las manos y las colocó suavemente en mis mejillas, sus pulgares acariciaron suavemente mi piel, apoyando la frente contra la mía.
"Amar, honrar y valorar," suspiró. "Todos los días de mi vida."
Él me levantó en sus brazos y me llevó de vuelta a la casa.
La luz del sol entraba a raudales a través de la enorme extensión de vidrio que conformaban las ventanas del dormitorio. Abrí los ojos y vi los primas del arco iris bailando en el pecho de Edward, donde mi cabeza descansaba. Sonreí y levanté la cara para mirar la suya. Él estaba sonriendo también.
"Buenos días," dijo en voz baja y deslizó el dorso de sus dedos sobre mi mejilla.
"Mm, sí lo son." Sonrió y juego mordisqueé juguetonamente su piel debajo de mí. Él tomó un aliento y reí mientras hacía la cabeza hacía atrás. Sus dedos jugaban en mi pelo.
"¿Cómo te sientes?" Preguntó en voz baja.
Los recuerdos de la noche anterior flotaron en mi mente. Cada suave toque. La increíble ternura con que su cuerpo se movía con el mío. El amor, declarado en susurros, gemidos y suspiros. Sonreí y cerré los ojos.
"Perfecto."
Un gruñido suave y satisfecho retumbó a través de su pecho y vibró en mi mejilla. Entonces, su mano que estaba descansando en mi espalda, se movió lentamente hasta que encontró mi panza. Miré hacia arriba y levantó una ceja.
"Ambos estamos perfectos. Puedes poner tus preocupaciones a un lado, Edward."
Sonrió y me miró un poco petulante. "Nunca nadamos."
"Siempre se puede nadar esta noche…o ¿ahora?"
Ambas cejas subieron en este momento. "¿Antes del desayuno?"
Asentí y me puse en una posición sentada. La sábana estaba enredada alrededor de nosotros sueltamente.
"¿Por qué no?"
"Porque entonces no será un baño a medianoche." Se sentó y me besó suavemente antes de tirarse de nuevo en las almohadas, sonriendo. Le respondí rodando los ojos y él rió.
"¿Cuánto tiempo podemos quedarnos aquí?" No estaba segura de si me refería a la cama o a la isla.
Yacía ahora con los brazos detrás de la cabeza, el pecho desnudo, mirándome con sus ojos ámbar, cabello bronce cayendo sobre su frente. Estaba bastante segura de que de trataba de la cama.
"Bueno, me gustaría que no quedáramos indefinidamente, pero, dada la evolución reciente…," estiró una mano y la puso sobre mi barriga con suavidad. "Creo que probablemente es mejor si limitamos nuestro tiempo a dos semanas."
Fruncí el ceño. "¿No podemos quedarnos más tiempo? Estoy bien…perfecto. Genial." Sonreí y lo abracé, de alguna manera pensaba que demostraría lo bien que me sentía y le haría cambiar de opinión. Dejó que sus ojos me apreciaran y sonrió con timidez.
"Oh, yo sé eso," dijo.
Pero luego se puso más serio. "No quiero estar muy lejos de la atención médica por mucho tiempo." Extendió una mano a mí y me llevó hacia abajo con él a las almohadas. "Sé que a visión de Alice muestra un resultado feliz, pero todavía no sé como progrese este embarazo. No sé lo que significará para ti." Su voz se había vuelto calma y se acomodó detrás de mí, abrazándome a él con fuerza. Acaricié sus manos entrelazadas alrededor de mi cintura.
"Tú sabes que todo estará bien, Edward." Mi voz era suave y lo sentí asentir detrás de mí.
"Ya lo sé."
Suaves besos se repartieron detrás de mi cuello y sentí el ahora familiar calor comenzar a viajar a través de mí. Apreté mi cuello al suyo.
"Casi no venimos aquí," murmuró mientras sus labios se mantenían ocupados en mi piel.
"¿En serio?"
Lo sentí asentir otra vez. "Pensaba que esto era muy arriesgado, demasiado lejos de ayuda si tú la necesitabas. En vez íbamos a pasar dos castas semanas en Canadá."
¿Qué? ¿Dijo Canadá, y casto? Supe que mis cejas se habían disparado en mi frente.
"¿Qué te hizo cambiar de opinión?"
"Carlisle." Sus labios continuaron en su misión. "Él me convenció de que fueras fuerte y de que estabas sana, y el bebé también, y así fue como lo conversamos, y que sería seguro traerte aquí por un tiempo." Ahora su lengua se había unido a sus labios, chupando la piel debajo de mi oreja. "Y su comentario el día de la ecografía…"
"¿Sí?"
"Dejarme saber que sería seguro amarte de la forma en que quiera."
Mi corazón se derritió a este punto. Debía recordar comprarle a Carlisle un regalo de agradecimiento.
"Así que en lugar de Canadá, estamos teniendo dos semanas no castas en una isla tropical." Sus besos comenzaron a ir por encima de mi hombro y su mano comenzó a vagar.
"Me alegro de que lo escucharas."
"También lo estoy." Se acomodó sobre mí para poder llegar a mis labios…justo cuando mi estómago decidió hacerse oír.
Edward se rió entre dientes mientras yo gemía. Me dio un beso más y se bajó de la cama, subiendo unos shorts cargo y se dirigió a la cocina.
Pero mi cuerpo comenzó a cambiar. A mediados de la segunda semana me cansaba con facilidad y nuestras exploraciones en la isla, a sus bosques y cascadas, fueron cada vez más cortas. Pronto, nos fuimos quedando más y más en la casa. Y desarrollé un feroz deseo por los huevos – Edward tuvo que ir a tierra firme por más. También había empezado a sentir mucho calor, no sólo debido al clima tropical, sino que desde dentro. No era desagradable, sólo…caluroso.
Una mañana me desperté sintiéndome más caliente de lo habitual. Me di vuelta en busca de Edward, pero el se había ido. Entonces recordé. Había salido la noche anterior para ir a cazar al continente, con la esperanza de estar de vuelta antes de que yo despertara. Sabía lo nervioso que se ponía con eso de dejarme.
El sol estaba asomándose en el cielo – estaría de vuelta pronto. Sonreí y me comencé a levantar, pero mi cabeza empezó a girar. Entonces, una ola de náuseas me golpeó y corrí al baño.
Y ahí fue donde Edward me encontró mañas tarde. No le había oído llegar. Lo reconocí de inmediato cuando sus dedos fríos y suaves me alejaron el pelo de la cara mientras y me inclinaba sobre la taza del baño, a la vez que la otra mano la frotaba lentamente sobre mi espalda. Cuando terminé me senté sobre mis talones y Edward me llevó suavemente contra su pecho mientras estaba sentado en el suelo detrás de mí. Incliné mi cabeza sobre su hombro.
"¿Náuseas mañaneras?" Su voz era suave.
Asentí lentamente. "Supongo que sí."
"Lo siento."
"¿Por qué?"
"No quiero que te enfermes."
Intenté una sonrisa y traté de levantarme. "Todo esto es parte."
Edward me ayudo a ponerme en pie y comencé a lavarme los dientes.
"Túú essst…"
Él sonrió. "En inglés, por favor."
Escupí y me enjuagué. "Dije, que tenías sed. Necesitas comer, Edward. Y hablando de comer…"
Edward levantó una ceja. "¿Huevos?"
"Sí, por favor."
Rió y se volvió para dirigirse a la cocina. Agarré un elástico de la encimera y comencé a tirar mi pelo en una coleta alta. Mucho más fresco. Llevaba mi ropa interior y una camiseta suelta sin mangas, la cual se levantó exponiendo mi cintura mientras anudaba mi pelo. La tiré hacia abajo y me volví para seguir a Edward. Pero él no se había movido. Todavía estaba de pie en la puerta, con los ojos anchos y la boca ligeramente abierta.
"¿Qué?"
"Bella…mira."
Sus ojos estaban clavados en mi vientre. Sacó las manos de los bolsillos y se acercó a mí lentamente, con cuidado, como si me fuera a exaltar y correría si se movía demasiado rápido.
Me miré mientras alzaba mi camiseta un poco y tentativamente apoyaba sus manos sobre mi vientre. Las mantuvo en ese lugar por un momento y luego las movió lentamente hacia arriba y hacia abajo sobre la piel. Alzó los ojos a mí y estos estaban brillando.
"Siente." Me tomó la mano y la puso sobre mi vientre, entonces la moví lentamente hacia arriba y hacia abajo.
Di un grito ahogado. Había un bulto. Bueno, no exactamente un bulto, sin embargo, más bien una onda suave, pero estaba ahí.
"Ya no es una mancha," le susurré.
"No," sonrió Edward. "No lo es."
Se puso de rodillas y apretó su rostro contra mí.
"¿Hola?" dijo bajito y reí al sentirlo apretar sus labios contra mi piel.
Se convirtió en nuestra rutina por las mañanas. Me levantaba, me sentía mareada y terminaba con la cabeza en el inodoro, mientras que Edward me tomaba la mano, mi pelo, o me frotaba la espalda.
"Tu esencia está cambiando," dijo al tercer día de estar tirados en el piso del baño.
"¿Cómo?"
Se encogió de hombros. "Ahora es un poco más concentrada. Más potente."
Fruncí el ceño. Eso era malo. "¿Eso hará que te sea difícil estar cerca de mí?"
"Nada puede hacer que sea difícil estar cerca de ti, Bella."
"Sabes lo que quiero decir." Rodé los ojos, girando entre sus piernas para mirarlo. Me acarició la mejilla con un dedo, luego movió la mano, empujando mi pelo detrás mi hombro. Se acercó y pasó la nariz por mi cuello, sobre el pulso golpeado detrás mi piel y a lo largo de mi mandíbula, inhalando profundamente.
"No, no es difícil," dijo en voz baja, sonriendo.
Suspiré.
"¿Aún me querrás cuando esté gorda y tenga los tobillos hinchados?"
"No puedo esperar hasta que estés gorda y tengas los tobillos hinchados." Besó mi cuello y me reí. Le creí.
Sabía que cada noche, mientras dormía, Edward pasaba parte del tiempo en su laptop tratando de encontrar una pista sobre mi inusual embarazo. En Forks, Carlisle estaba haciendo lo mismo. Él se había conectado con los Clanes Denali e Irlandés, peo sólo conocían las mismas terribles leyendas íncubos a las que ya estamos familiarizados.
Me desperté una noche para ver a Edward sentado a los pies de la cama, delante de la laptop de nuevo, y que con la luz de su pantalla emitiera un suave brillo en la cara. Se volvió hacia mí lentamente.
"Lo siento, ¿te he despertado?" Se movió en la cama hasta quedar junto a mí.
"No lo ceo. Tengo calor." Pasó la mano por mi frente y hacia abajo sobe mi mejilla. Su piel helada se sentía bien y me apoyé en su palma. Me llevó más cerca, levantando mi camiseta y presionando mi espalda desnuda contra su pecho, dándome el completo beneficio de su sistema de refrigeración incorporado.
"¿Encontraste algo?" Mi voz era somnolienta, besó mi pelo.
"No, sigo buscando." Sopó su aliento detrás de mi cuello.
Cuando comencé a dejarme llevar por el sueño, mi mente vagó a la noche en que me había atrapado en el computador, googleándolo. Y en la noche en que lo encontré buscando el caballito de madera. Una sonrisa adormilada se asomó en mis labios. Entonces, como mis pensamientos quedaron retumbando en mi estado de semi-consciencia, una nueva idea surgió, empujando para quedar al frente de mi cerebro. Abrí los ojos y miré por la ventana hacia la playa, como si estar mirando un punto fijo, me ayudaría a consolidar a idea. Lo hizo.
"Edward estás buscando casos de humanos que se aparean con vampiros, ¿verdad?"
"Mm."
"¿Y Carlisle le ha preguntado a los Denali y a los Irlandeses si ello saben de algún vampiro que se haya emparejado con un humano?"
"Sí."
"¿Y si lo estamos viendo desde el lado equivocado?"
Me volví para verlo. Tenía una ceja levantada y una media sonrisa en los labios.
"¿Lado equivocado?" Hubo una sonrisa en su voz.
"Sí, el lado equivocado." Estaba totalmente despierta y me senté. "Tal vez deberíamos estar buscando descendencia."
Frunció el ceño, sus cejas se unieron un poco más, pero se levantó.
"Adelante."
Tomé un respiro y recogí mis pensamientos. Un vez más.
"Tal vez hay historias de niños que tiene, no sé, súper fuerza o velocidad, o le color de sus ojos es inusual. Y la gente piensa que es un capricho de la naturaleza…," se encogió mientras lo decía. "Pero en realidad, es porque son mitad vampiro, mitad humano."
Edward no se movió. Conocía esa mirada – estaba procesándolo. Esperé.
Después de un momento parpadeó dos veces.
"Bella…"
"¿Sí?"
"Tú eres la persona más inteligente que conozco." Me besó duro, luego, se levantó y agarró su teléfono.
"¿Qué estás haciando?"
"Voy a llamar a Carlisle. Voy a decirle que hemos estado viendo todo mal."
···/···
Al principio parecía extraño estar de vuelta en Forks, pasando del calor sofocante de la isla al nublado otoñal de la pequeña cuidad. Pero estaba en casa, y el clima más frío ayudó con mi nueva temperatura interna. Y estaba con Edward. Estaba feliz.
Carlisle estuvo de acuerdo con mi teoría sobre la investigación, por lo que él y Edward cambiaron la dirección de sus investigaciones. Una vez más habían contactado a los clanes de Denali e Irlanda, esperando que, tal vez, este nuevo punto de vista pudiera traer algunas respuestas. Pero hasta ahora, nada.
Me senté en un taburete en la cocina de los Cullen mientras Edward montaba una máquina de chocolate caliente en la isla. Una pequeño aumento de concentración apareció entre sus cejas mientras ensamblaba una tubería de acero inoxidable en la otra. Se deslizaron juntas sin esfuerzo bajo la fácil guía de sus dedos y sonrió.
"Creo que voy a ser capaz de replicar el chocolate caliente de Le Café muy de cerca, si no exactamente. Este es el mismo equipo que utilizan."
Asentí y miré los dos grandes contenedores de cacao que estaba sobre el mesón, aún en su envase de plástico con las etiquetas de importación y aduana adjuntas.
"¿Y el cacao?"
"Es de Holanda. Es lo mejor que pude encontrar."
Asentí otra vez. Estaba demasiado aturdida para decir o hacer mucho desde que la camioneta había llegado media hora antes.
"Tú sabes, Edward, hubiera sido más barato y más fácil comprar un paquete de chocolate caliente en polvo en Thrift Way." Se volvió hacia mí y levantó una ceja. "O tal vez no," murmuré.
"No me preocuparía por eso, Bella." Rosalie se unió a nosotros. "Esta es la opción más barata."
La miré, perpleja.
"Rose." La voz de Edward tenía un tono de advertencia, pero ella sólo de dio una sonrisa mientras se inclinaba y me susurraba al oído, sabiendo que él aún le oiría.
"Era esto o iba a comprar una franquicia de Le Café y la instalaba en Forks." Ella se sentó en un taburete frente a mí. Mi cabeza se volvió hacia Edward. Su rostro estaba blanco, una más cara, dando nada a entender.
"Edward, tú…," me detuve. Iba a preguntarle si realmente había considerado comprar la franquicia de un café sólo para tenerme chocolate caliente. Decidí que no quería saber.
Sacudí la cabeza y miré de nuevo la máquina de lujo, toda brillante y plateada – al igual que su Volvo. Comencé a sonreí.
La compra de una máquina de chocolate caliente era ridícula, pero él me amaba y estaba dentro de sus medios el hacerlo. Si realmente pensaba en ello, yo haría lo mismo por él si se invirtiera la situación. Por Edward, no había nada que yo no haría, y supuse que incluía aceptar sus regalos – incluso si eran caros e innecesarios.
"Esto es maravilloso, Edward. Gracias."
Una sonrisa iluminó su rostro mientras atornillaba la boquilla en su lugar.
"De nada." Luego sonrió al oír mi ritmo cardiaco amentar, en la forma que siempre lo hacía cuando veía esa sonrisa.
"¿Qué piensas sobre conejos y zanahorias?" Alice bailó en la cocina y puso un catálogo en la isla mientras sacaba el taburete a mi lado.
"Conejos…¿qué?"
Rosalie tomó el catálogo, lo puso frente a ella y lo miró.
"No está mal," dijo, asintiendo con la cabeza. "Es mejor que la suite Ángel."
Rodé los ojos. Ahora entendía.
Habíamos llegado a casa desde Isla Esme hace sólo dos días y había estado detrás de nosotros desde entonces con el tema del cuarto del bebé.
Como regalo, Esme estaba restaurando una casa de piedra abandonada para nosotros, en el bosque, detrás de la casa de los Cullen y como parte de la renovación, ahora, la adición del cuarto del bebé.
Alice tenía una carpeta llena de catálogos con muebles para bebé, impresiones de sitios webs y mientras de pintura. Sólo llevaba un mes de embarazo, pensábamos que probablemente quedarían al menos seis meses por delante, no deberíamos tener prisa, pero esto no era una carrera contra el tiempo – esto era una carrera contra Alice. Si no tomábamos una decisión pronto, ella seguiría adelante sin nosotros y terminaríamos con la Suite Ángel. Me estremecí al recordar las fotografías que me había mostrado el día anterior. Una cuna blanca con terminaciones muy altas, ricamente decoradas con tallado y volantes de seda cayendo por debajo y esparciéndose con elegancia en el suelo – a la espera de que tropezara con ellas. Venía con una cómoda con cajones y cortinas a juego. Era horrible.
Alice le quitó el catálogo a Rosalie y lo puso delante de mí.
"Aquí," dijo señalándolo.
La Cuna Zanahoria y Conejo. Tenía un dosel, muy alto, llena de volantes en el borde. Las terminaciones estaban decoradas con dibujos ornamentales de conejos en un campo de zanahorias y de nuevo había un volante en la base. ¿Era mejor que la suite Ángel? No estaba segura.
"Um, no sé, Alice." Esto realmente, de verdad, no era mi estilo, pero ella estaba tan emocionada.
Edward miró la imagen.
"No, Alice."
"¿Cómo la puedes descarta tan rápidamente, Edward? ¡Apenas miraste!"
"Mira el dosel." Señaló la página. "La cuan recargaría completamente la habitación."
Alice torció la boca, pensando. "Puede que tengas razón." Ella pasó la página. "¿Qué piensas de esto?"
"Me gusta." Rosalie se inclinó sobre el mostrador, mirando.
La Cuna Trineo. Tenía los extremos enrollados, como un trineo de dos extremos, tenía menos tallados, pero todavía tenía volantes de seda. Fruncí el ceño y Edward estaba sacudiendo la cabeza mientras si esfuerzo sus dedos pasaban a través del plástico de envoltura en las latas de cacao.
"No te preocupes, encontraremos algo." Alice parecía determinada mientras avanzaba unas cuantas páginas más, señalando de nuevo.
"Alice, es redonda."
"¡Ya lo sé!" Sus ojos estaban brillando. "Es diferente, ¿no? Está diseñada para darle al bebé una visión completa de su entorno. ¿No?"
"No."
Ella se encogió de hombros y volvió la página, su cara sse iluminó. "¡Esta es mi favorita!"
Mi boca se abrió.
"¿Es un carruaje?" Sí, lo era. La Princesa Hada era una cuna rosa pálido con forma de carruaje llena de ruedas sin movimiento.
"¡Sí! Y si es un niño…" cambió a la página siguiente, triunfante.
"¿El Coche?" (nt: sería la versión masculina del carruaje de princesa hada.)
Ella asintió con entusiasmo y luego, vio mi cara. "¿Demasiado?"
"Um, creo que sí."
Empezó a pasar las páginas rápidamente entonces. "Tal vez si vemos algo más sencillo," murmuró.
Le rodé los ojos a Edward y me guiñó un ojos a la vez que ponía un brazo a mi alrededor, llevándome cerca. Me volví hacia Alice, todavía buscando en el catálogo. Mientras las páginas pasaban algo me llamó la atención.
"Espera, vuelve." Mi mano rápidamente la detuvo.
Era simple. Blanca, tamaño y formas normales y sin volantes, ni imágenes. Había algunos modestos dibujos en los finos y delicados extremos. Miré el nombre debajo.
"La Cuna Canción de Cuna," leí en voz baja (nt: The Lullaby Crib.)
Edward se fue de mi lado para estar de pie detrás de mí y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura. Volví la cabeza para mirarlo y él me sonrió.
"Es perfecta," dijo bajito y sentí sus labios contra mi pelo.
Sonreí y me volví a Alice, a la vez que sus brazos me apretaban suavemente.
"Queremos esta."
Pensé que Alice podría protestar que no era fantasía o suficientemente diferente, pero tomó la pluma que estaba enganchada en la cubierta delantera y dibujó un circulo alrededor de la imagen.
"Voy a ordenarla ahora," se ocupó de todo. "¿O te gustaría ver coches primero? Y…" (nt: con coche me refiero a carritos para bebés, no se como se llaman en otro país.)
"En realidad, Alice…" las manos de Edward se frotaron sobre mi vientre mientras hablaba. "Hay una excelente tienda en Seattle. Estaba pensado que Bella y yo podríamos ir la próxima semana para echar un vistazo. Sólo nosotros dos." Me miró con ojos brillantes.
Mi boca se extendió en una sonrisa y me volví a mirar a Alice que estaba, obviamente, a punto de decir algo. Pero luego cerró la boca a la vez que saltaba del taburete y se dirigía a la computadora.
"Edward, ¿cómo sabes que hay una excelente tienda en Seattle?" Sus manos se detuvieron y me volví en sus brazos para mirarlo. "Estas investigando más que sólo sobre mitos de vampiros, ¿verdad?" Sonrió mientras se encogía de hombros. Levantó la mano y metió un mechón de pelo detrás de mi oreja la vez que inclinaba la cabeza hacia un lado, sus ojos dorados fusionados con los míos.
"¿Qué puedo decir, Bella?" Suspiró mientras me daba su sonrisa torcida y bajaba la cara para suspirar en mi oído. "Estoy emocionado."
Mi sonrisa se convirtió en risas, pasé mis brazos alrededor de su cuello y lo abracé. Fuerte.
"Yo también," respondí bajito y me apretó un poco más.
Me aparté, comencé a bostezar y traté de reprimirlo.
"¿Cansada?" Sus manos comenzaron a masajear mis costillas y accediendo hasta mis hombros.
"Mm, sí." No tenía sentido negarlo.
"¿Por qué no vas arriba y te llevo un chocolate caliente?" No creo que me tome demasiado tiempo hace funcionar la máquina.
"Mm, no, creo que voy sentarme en la sala de estar y leeré." Le sonreí.
"Entonces te lo llevaré," susurró y ,e besó.
Me bajé del taburete.
"Hey, ¡Bella! ¿Puedo tocar?" Emmett entró por la puerta y estiró sus manos, levantando las cejas como pregunta.
"Claro," le sonreí.
Me quedé quieta mientras él muy suavemente ponía sus manos sobre mi vientre, sintiendo el pequeño bulto en él.
A mi lado, era consiente de que los ojos de Edward se estrecharon al enfocar las manos de Emmett.
"Wow." Emmett retiró sus mansos, sonriendo. "Hey mira lo que conseguí hoy."
Abrió su camisa y me eché a reír mientras Edward sonreía y rodaba los ojos. Rosalie se limitó a sacudir la cabeza y sonreír.
"El Tío Más Grande del Mundo, ¿eh?"
"¡Por supuesto! Y tengo una para Jasper, también. ¿Dónde está?"
"Se llevó el Porsche para conseguir neumáticos nuevos." Rosalie sacudió la cabeza al tiempo que Emmett se dirigía a la sala de estar. "Nunca he conocido a alguien que deje los neumáticos como Alice lo hace. A excepción de ti, Edward."
Le lanzó una mirada y él respondió con una ceja levantada.
"Eso fue hace mucho tiempo, Rose. Pregúntale a Bella, ella te dirá cómo me mantengo en el límite de velocidad estos días."
"¡Guh!" Casi me atraganté mientras Emmett volvía, sosteniendo una camiseta gris idéntica con una impresión en negro. Bueno, casi idéntica.
"El Segundo Tío Más Grande del Mundo. Mm." Reí mientras los abrazaba. "Están geniales, Emmett."
Unos minutos más tarde subió sobre el respaldo del sofá y se deslizó a mi lado, sosteniendo una taza humeante en la mano.
"Aquí, prueba esto." Me tendió la taza.
La tomé y soplé suavemente la superficie antes de tomar un sorbo. Él me miraba expectante.
"¿Está bueno?"
Apreté los labios, fingiendo considerarlo. "Mm, no. No lo está."
"¿No?" Sus cejas se alzaron por la sorpresa, luego se vinieron abajo, frunciendo el ceño. "Debo tener mal la relación leche agua," murmuró. "O tal vez no fue suficiente azúcar." Extendió la mano para tomar la taza. "Voy a internarlo de nuevo."
Reí, la dejé fuera de su alcancé y la mirada sorprendida volvió.
"¿Bella?"
"No esta bueno, Edward…está mucho mejor."
Entrecerró los ojos, tomó con cuidado la taza de mi mano y la puso sobre la mesa de café. ¿Qué estaba haciendo?
"¿Edward?"
Se inclinó y me agarró, tumbándome muy suavemente sobre el sofá, sonriendo haciendo un pellizco juguetón en mi garganta, sin tocarla. Abrí la boca, sorprendida, luego comencñe a reír.
"Está bien, vale, ya sé, me lo has dicho antes…eres un monstruo muy aterrador. No debo molestarte."
Me sentó, sin dejar de sonreír. "Muy bien. Me alegro de que lo dejáramos en claro," y me llevó con suavidad a su regazo con una mano mientras que empujaba hacia atrás mi pelo con la otra.
"¿Puedo terminar mi chocolate ahora?"
Edward sonrió a la vez que se estiraba para tomar mi taza y me la entregó. Cambié de posición, así que estaba sentada a su lado y tomó mis piernas hasta que los pies estuvieran descansando sobre su regazo. Me quitó los zapatos y sus manos frías comenzaron a masajear mis pies, haciendo círculos suaves sobre la piel y presionando suavemente los músculos.
"Trato hecho. La Cuna Canción de Cuna estará aquí dentro de diez días." Alice estaba sonriéndonos desde la pantalla del ordenador.
"¿Diez días? ¿Dónde la vamos a poner?" Tuve visiones de la habitación de Edward repleta de muebles para bebés.
"Está bien, Bella. Viene desmontada en una caja. Cuando la habitación para el bebé esté terminada, Edward puede armarla como lo hizo con la máquina de chocolate."
Edward sonrió. "Estoy convirtiéndome en un tipo de personal de mantenimiento para la casa, ¿no?"
"Te compraré un cinturón con herramientas." Le sonreí y él rió.
"Bella, mientras estoy en la computadora, hay algunos encantadores temas infantiles que realmente debes ver." Me di cuenta por el tono de Alice que ella no estaba cerca de terminar con nosotros todavía. "Hay un tema submarino, animales de selva…niños como animales."
"Alice…," la voz de Edward fue amable pero firme.
"Pero…"
"Alice," giró para mirarla. "Tuviste la boda," se volvió hacia a mí. "Esto es nuestro."
Una ola cálida me traspasó por las palabras de Edward y le guiñé un ojo por sobre la taza mientras se me ocurría una idea.
"Alice, creo que voy a necesitar ropa nueva pronto," froté una mano sobre mi barriga. "¿Crees que puedes…?" No alcancé a terminar la frase cuando se decepción dio paso a un chillido de placer y se enfocaba en el teclado.
Edward se inclinó hacia mí. "Definitivamente, la persona más inteligente que conozco," susurró mientras sus labios tocaban suavemente los míos. Súbitamente, se echó hacia atrás y miró hacia la puerta principal.
"Jasper tiene algo para nosotros."
"Me detuve en la oficina de correos," Jasper anunció casualmente cuando entró. Los Cullen se reunieron alrededor y Alice tomó su catálogo de Vouge y desapareció escaleras arriba con Jasper, mientras Emmett y su revista GameZone regresaban a la cocina junto a Rosalie. Edward volvió al sofá con un grueso sobre color crema, y se sentó a mi lado.
"Es del clan de Irlanda," dijo en voz baja. No se movió para abrirlo, sino que apenas lo miró en sus manos. Mi corazón empezó a correr a la vez que me daba cuenta de lo que esto probablemente era. Noticias. Información. Información que podría decirnos algo sobre nuestro bebé – sobre este embarazo. Me di cuenta de que Edward estaba moviendo los dientes adelante y atrás sobre su labio, mordiéndolo.
Edward había estado buscando información, necesitaba saber si la realidad de nuestra situación se correspondería con la felicidad de la visión de Alice. La visión de él sonriente, cargando un bebé. La visión que él pedía que le mostrara una y otra vez, todos los días.
Me di cuenta entonces de que habíamos estado viviendo en una pequeña y feliz bebé – burbuja, todo basando en esa visión. Habíamos centrado toda nuestra emoción, nuestra felicidad y planes en eso. Era importante, pero era sólo una parte muy pequeña de la imagen. No nos decía que futuro podría tener nuestro bebé, ni el mío. Todas las pequeñas inquietudes y preocupaciones que habían estado bailando alrededor del borde de nuestra felicidad de repente pasaron al frente y al centro. Sólo esperaba que nuestra bebé – burbuja no estuviera a punto de estallar.
Puse mi mano en el brazo de Edward y lo apreté. Él m miró, y sus ojos estaban asustados mientras me dedicaba una sonrisa temblorosa y asentía.
Con un solo agraciado tirón de su dedo abrió el sobre y sacó dos hojas cremas. Sostuvo la carta por lo que ambos podríamos ver, pero las muchas filas de apretada escritura curvada eran difíciles de leer y yo no podía entender muchas palabras.
Rusia, transformación, mal, sano, murió, humano, ayuda.
"De Siobahn," murmuró Edward antes de apretar los labios en una línea dura. Sus ojos se entrecerraron mientras examinaba las páginas rápidamente. Ahora mi corazón corría a la vez que trataba con más palabras sin éxito. Un segundo después, las hojas cayeron de los dedos de Edward y flotaron hacia el suelo. Su rostro estaba tranquilo, quieto, sus ojos, mirando los documentos a sus pies. Mi corazón galopaba en mi pecho, mientras él se inclinaba hacia delante y pasaba las dos manos por su cabello.
"¿Edward?"
De repente, me atrajo hacia él y estrelló sus labios contra los míos. La intensidad me sorprendió y me quedé sin aliento. Él se alejó y suspiró, acariciando mi rostro mientras miraba mis ojos. Los suyos brillaban, jubilosos. "Bella, amor…son buenas noticias…maravillosas noticias." Me abrazó de nuevo antes de bajarse del sofá para poder sentarse en el suelo y descansar su cabeza en mi regazo, suspirando mientras su rostro acariciaba mi vientre. Mi cabeza daba vueltas, tanto por su beso y sus palabras.
"Qu…es…," tartamudeé, sin saber que preguntar primero. "¡Dime!"
Pero en vez levantó la cabeza, con ojos brillantes, y me besó de nuevo.
Y todas las respuestas que necesitaba estaban allí. En ese beso.
Alivio y alegría fluyeron de él a mí. La tensión que había estado subyacente a su felicidad se había ido.
Se separó un momento después y apoyó su frente contra la mía.
"Entonces, ¿me vas a dar los detalles?" Yo estaba sin aliento.
Él asintió. "Lo haré."
Se puso de pie y me levantó en su brazos mientras soplaba suavemente contra mi oído.
"Arriba."
.
.
.
Muy bien, terminado, después de mucho tiempo. Este cap estuvo listo el sábado pasado, pero al subirlo el formato cambió así que tuve que escribirlo tooooodooo de nuevo. Y como ven es un cap extenso… Siento haber demorado tanto…
Bien, que les pareció? Mi parte favorita fue cuando me hice una imagen mental de Edward desnudo saliendo del agua, así todo brillantes…ahhhh… Espero sus comentario!
Recomendación: This is My Wish, de ericastwilight. Bella tiene un hijo, Riley, que padece de una enfermedad terminal. Años atrás conocieron al famoso actor Edward Cullen, de lo cual nació una linda amistar, y otras cosas. Hoy, al pequeño le quedan pocos meses de vidas, y Bella se ve obligada a busca a un maltraído Edward, con tal de cumplir el deseo de su hijo. Tener un padre. Ya van 10 capítulos, son algo cortos, pero muy lindos. En inglés. Lo más lindo es la relación entre Riley y Edward. Gracias Fa, por decirme de este fic. Besos para ti.
Llegamos a los 180 rws, superamos los 200? Háganme feliz!
Okis, cariños lectoras, bye.
PD: No se fijen en los errores, no revisé el texto, con tal de subírselos pronto.
