Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
.
Habíamos estado celebrando. Sólo nosotros. Música suave llenaba la habitación y yo estaba en los brazos de Edward mientras la suave y armoniosa melodía nos rodeaba. Mi cabeza descansaba sobre su pecho, sonriendo, escuchando el profundo y contenido ronroneo a la vez que sus manos se movían sobre mi espalda desnuda, acariciando, amando.
El ronroneo se convirtió en palabras.
"Nunca dudaste ¿verdad?"
Suspiré. "En realidad no. Quiero decir, tuve algunas preocupaciones, pero siempre lo sentí…correcto. ¿Y tú? Dudar, si me entiendes."
Titubeó. "No dudar. Era más de lo que me gusta saber."
Bufé. "La mítica criatura necesita pruebas."
La sonrisa estaba en su voz. "La ironía no se me escapa, Bella." Sus manos me presionaron más cerca de él y me besó suavemente. "Vamos a decirles a los demás. Se han estado preguntando sobre la carta desde su llegada y puedo oírlos que no quieren escucharnos."
Carlisle y Esme se habían unido al resto de los Cullen en la sala de estar. Trataban de parecer casuales mientras bajábamos las escaleras – el brazo de Edward sujetando firmemente mi cintura. Mostró la carta.
"De Siobahn," sonrió a sus rostros expectantes. "Buenas noticias."
Y con esas dos palabras, la emoción estalló y todo fue risas, abrazos y preguntas a la vez que Carlisle hacía gestos para que nos reuniéramos alrededor de la mesa.
"¿La leerás, Edward?" preguntó, sonriendo, y todos guardaron silencio.
Querido Edward,
En primer lugar, nos gustaría felicitarte a ti a tu novia por su reciente matrimonio y por el inminente nacimiento de su hijo – ambos felices e inesperados acontecimientos.
Un murmullo de asentimientos recorrió la mesa. Edward me sonrió y le respondí. Definitivamente de acuerdo en eso.
Aunque no pudimos ayudar con la petición original de Carlisle sobre información acerca de uniones humano/vampiro, tenemos algo que ofrecer respecto a su búsqueda sobre humanos con inusuales características o habilidades.
Podía sentir la tensión rodeándonos. Todo el mundo parecía estar inclinándose un poco sobre la mesa.
En 1928 mientras viajábamos con Liam y Maggie, nos encontramos con un pequeño clan en Rusia. Nos dimos casi inmediatamente cuenta de que uno de ellos era diferente. Su latido, fue lo primero que nos alertó a medida que nos acercábamos, aunque su ritmo fuera más lento que el de un humano. Al principio, pensamos que habíamos llegado durante una comida, pero el olor de su sangre no nos apetecía del todo, a cualquiera. Luego descubrimos que, en realidad era un miembro del grupo.
Las cejas de Emmett se alzaron. "Whoa, no sería embarazoso, los invitados a comer el…"
Pero Edward vio como seguían sus pensamientos.
"Um, Emmett…," fue solo una pequeña entonación en su voz y Emmett se detuvo inmediatamente y se encogió de hombros.
"Sólo decía…sería vergonzoso."
"Oh, deja a Edward terminar." Rosalie codeó a su esposo en las costillas
Ahora las cejas de Edward se alzaron.
"Creo que esta es la primera vez que te oigo decir eso, Rose," sonrió y ella le dio una mueca a cambio.
"¡Aargh!" Alice comenzó a golpear sus delicados pies en el suelo. "¿Vas a decirnos el resto o no?"
"Perdón." Edward volvió a mirar la hoja.
Era un hombre joven e inteligente, pero sus sentidos, siendo más agudos que los de un humano, no eran como los de un vampiro. Era rápido, pero no a velocidad vampírica. Su fuerza era notable y mucho mayor que la de un humano. Sus ojos eran azules y era rubio, pero la sangre fluyendo en sus venas le daba color a su piel dura y lisa, como la de nuestra especie.
No hablamos mucho con él, era tímido, pero obviamente se sentía cómodo con el grupo. Esa vez nos preguntamos si tal vez, de alguna manera, su transformación había ido mal, pero no hicimos preguntas, habría parecido grosero.
"¿Qué pudo pasar?" Jasper preguntó y todos se volvieron hacia Carlisle. Le había preguntado lo mismo a Edward cuando lo habíamos leído arriba. Él no estaba seguro.
La frente de Carlisle se arrugó por concentración.
"No he oído hablar de que esto ocurra, pero supongo que todo es posible. Me imagino que para Siobahn, aquella vez, le habría parecido la única solución, sin embrago poco probable."
Todos asintieron en acuerdo y Edward continuó.
Cuando escuchamos de ti y de Carlisle nuevamente, pensamos de inmediato en este joven. Hemos honrado tu solicitud de ser discretos y evitar enviar sus noticias a oídos de Italia, contactando al clan en tu nombre. Ten por seguro que no te identificamos, ni a tu familia ni ubicación, y el grupo solicitó lo mismo a cambio. Por lo tanto, no puedo revelarte el nombre del joven, o cualquiera de los miembros del clan, ni su ubicación exacta. Al ofrecer esta garantía el líder del clan nos ha provisto de información que creemos responderá tus preguntas y ciertamente pondrán en orden tu mente.
"¿Irá al punto?" La uñas de Rosalie golpeaban con impaciencia la madera pulida.
Edward sonrió. "Casi, Rose."
El joven vive casi totalmente en el mundo humano ahora, volviendo con el grupo de vez en cuando, pero el líder confirmó que su madre era humana y su padre un vampiro.
Un suave suspiro recorrió la mesa. Vi a Esme tomar la mano de Carlisle.
Y estoy seguro de que estarás ansioso por saber que ella le dio a luz de forma natural y segura después de un embarazo de similar tipo y duración que el de un humano, aunque tal vez algo más corto. El bebé parecía humano en todos los aspectos, aunque su piel era un poco más fuerte y su ritmo cardiaco más lento. Fue bien alimentado y desde el pecho de su madre. La madre no sufrió efectos negativos a causa del embarazo, continuó viviendo una saludable vida humana y te digo que ella era muy anciana cuando murió.
Hubo un colectivo suspiro de alivio. Esme llevó sus manos al pecho, sonriendo. Alice sólo dio palmadas. Rosalie sonrió y fue cálida y genuina. Jasper y Emmett se dieron los cinco y la sonrisa de Carlisle se extendió por su rostro cuando se inclinó para dejar su mano sobre el hombro de Edward.
Edward volvió la vista hacia la hoja mientras la emoción y el alivio se hinchaba a nuestro alrededor.
"Ella lo dio a luz de forma natural y segura" Leyó de nuevo, bajito, para sí mismo esta vez. Él estaba sonriendo y su mano alcanzó la mía, sus ojos aun en las palabras.
"¿Hay más?" Esme preguntó y Edward asintió.
El líder del grupo nos dijo que le niño creció y se desarrolló a una velocidad humana normal hasta que alcanzó la madurez a los dieciocho años. Las características de vampiro estuvieron presentes en forma leve desde su nacimiento, desarrollándose y fortaleciéndose mientras crecía. Aunque es poco probable de que sea inmortal, el proceso de envejecimiento es lento para él. Nació alrededor de 1863, alcanzando la madurez dieciocho años más tarde, pero parecía de más de veinte cuando lo conocí en 1928. Creo que no se ve mucho mayor ahora.
"Una expectativa de vida de dos mil años," Jasper susurró. Edward había hecho los cálculos por mí escaleras arriba – mi aritmética mental no podían competir con un cerebro vampiro.
Curiosamente, es venenoso, aunque el olor de la sangre, humana o animal, le es poco atractiva y come alimentos humanos. Pero la ponzoña es débil y la exposición al torrente sanguíneo causa dolor y parálisis temporal en humanos y animales, pero no es letal.
El clan conoce a otro como él. Es una chica, en algún lugar de Hungría. No conozco de sus circunstancias, pero te puedo decir que ella tiene la misma mezcla de características humanas y vampíricas.
El líder no quiere revelar ningún detalle sobre los padres el chico o de cómo fue su nacimiento, pero me imagino que esa información no es necesaria para tu investigación.
Edward, esperamos haber sido útiles para ti y tu esposa y les deseamos mucha felicidad. Por favor, pasa nuestros saludos a Carlisle y esperamos algún día conocer a la nuevas incorporaciones de la familia.
Siobahn.
"Maravillosas noticias," Carlisle estaba sonriendo de forma tan radiante como Edward. Esme se puso de pie y vino a abrazarme, luego a Edward. Mi cara estaba empezando a doler por tanto sonreír pero no me importaba. Nuestro bebé no iba a tener los ojos rojos, o cuernos ni cualquiera de las otras horribles características representadas en los mitos y leyendas. No saldría desde mi cuerpo con afiladas garras y mi embarazo no me iba a matar.
"Sin duda, responde a muchas preguntas." Edward dejó escapar un suspiro y pasó la carta a Carlisle.
"Entonces, ¿el bebé nacerá en un hospital?" Alice preguntó repentinamente.
"Oh, er, no creo…yo…no sé. Um, ¿Carlisle…?" Miré hacia él.
"Eso es algo que podemos hablar en privado, más tarde si lo prefieres, ¿Bella?" Miré a Edward, quien estaba observándome. Esta fue mi llamada.
Negué. "No, estoy feliz de hablarlo aquí." Miré a Edward y él sonrió. Después de todo, la llegada del bebé nos afectaría a todos.
"Está bien. Bueno, he estado pensando en eso," dijo en voz baja, sonriéndome. "Ahora sabemos, gracias a esta carta y la visión de Alice, que estarás salvo, Bella, pero con tu consentimiento, creo que sería mejor si el bebé nazca aquí. Si tiene un ritmo cardiaco o color de piel poco común al momento de nacer podría plantear algunas preguntas incómodas en el hospital. Incluso si yo soy el obstetra, habría personal de enfermería involucrados." Parecía disculparse. "Pero la decisión es enteramente tuta, Bella. Después de todo es tu cuerpo. Pero puedo prometerte excelente atención, aquí en casa, si eso es lo que decides." Sonrió de nuevo.
Asentí. "Ya he tenido suficiente de hospitales, de todos modos. Creo que el bebé debe nacer aquí. En casa." Mi corazón se hinchó al decir esas palabras – en casa. Edward llevó mi mano a sus labios y la besó con suavidad.
Realmente no habíamos discutidos las opciones de parto, no había tenido mucho sentido hasta que supiéramos más sobre que esperar. Pero por como sonaba, parecía que un parto natural estaba entre las cartas. Después de todo, no hicieron una cesárea en 1863. Y si necesitaba una de esas, estaba segura que Carlisle sería…
Luego mis pensamientos se dispararon.
El saco amniótico…todo apuntaba a que era duro, como roca, como la piel de vampiro. Las ondas del ultrasonido apenas podían penetrarla, y la aguja se había doblado cuando Carlisle trató de tomar una muestra de líquido amniótico. Mi abdomen se contrajo sólo ante aquel recuerdo.
"Pero, Carlisle", mi voz sonaba clara, pero distante en mis oídos a la vez que los pensamientos giraban en mi cabeza. Todos me miraban. "¿Qué pasa si necesito una cesárea? El saco amniótico es duro."
La cabeza de Edward giró hacia Carlisle, quien tenía el rostro serio ahora.
"Bueno, ahora mismo no hay ninguna razón para pensar que una cesárea sería necesaria. Pero tenemos mucho tiempo para resolver que hacer en caso de que se tratase del caso."
Asentí, considerando sus palabras con cuidado.
"¿Esa sería una manera de sacar al bebé?"
"Vamos a empezar a buscar, Bella. No habrá solo un camino." Edward apretó mi mano. Tomé un respiro y recordé lo que me dijo una vez.
"Pero lo único que corta la piel de vampiro son los dientes de vampiro, ¿cierto?"
"Bueno, es lo mejor para realizar un corte, pero hay un par de otras posibilidades." El rostro de Edward estaba perplejo. Así que todos los demás, obviamente, se preguntaba a donde iba con esto. Sabía dónde iba – y no me gustaba. Traté de detenerme para no decirlo, pero fue demasiado tarde, las palabras salieron antes de que tuviera la oportunidad.
"No tendrían que morder el saco, ¿verdad? ¿Con sus dientes?"
Silencio.
Completo, total y absoluto.
Siete rostros de vampiros mirándome. Blancos rostros.
Bajé la mirada mientras el rubor comenzaba a aparecer en mi cara, deseando poder desaparecer. Era tan fuerte que sentía mi piel pinchar. Luego oí a Edward reírse a mi lado. Levanté la mirada y él estaba tratando, fuertemente, de ocultar la sonrisa que tocía sus labios. Entonces, Emmett se echó a reír. Y Carlisle. Alice, Jasper, Rosalie y Esme. Pero no era una risa despectiva, era natural. Finalmente, mi vergüenza se desvaneció y me uní a ellos.
"Bella, amor…," Edward arrugó su nariz mientras me llevaba a un apretado abrazo y besaba mi cabello. "¡Eso es…horrible!"
Estaba sentada sobre las grandes almohadas de plumas, con las piernas estiradas delante de mí. Edward recostó su cabeza sobre mi regazo, con sus manos sosteniendo la carta frente a su cara. Después de un momento la dejó y me miró, sonriendo.
"Su madre vivió. Ella lo dio a luz y vivió." Había leído esa línea una y otra vez. Para Edward, sólo ahora mi seguridad se había equiparado con la sonrisa que llevaba en la visión.
Suspiró feliz. Pasé mi mano a través de su cabello, suavemente haciendo círculos sobre su cuero cabelludo y cerró los ojos.
"Y él vive con facilidad con vampiros y humanos." Mis dedos trazaron con suavidad sus labios y los besó. Afuera el cielo estaba oscuro y bostecé. Después de que el alivio y la emoción que la carta de Siobahn me habían traído, me sentía agotada.
"¿Cansada, amor?"
"Mm, sí."
Se sentó, poniendo sus manos en mis caderas y empujándome hacia abajo. Cogí su mano y la dejé sobre mi vientre. Se tendió a mi lado y me acurruqué en él a la vez que otros bostezos iban y venían.
"¿Quieres dormir? Voy a apagar la lámpara."
"No, no todavía." Sonreí. No podría verle si estaba a oscuras. Cogí su mano y la posé sobre mi vientre. Acurrucó su rostro en mi cuello mientras su mano se movía bajo la camiseta para hacer círculos sobre la piel.
"¿Le escribirás a Siobahn agradeciéndole?"
"Sí, definitivamente. Lo haré esta noche mientras duermes."
"Dale las gracias de mi parte, también."
"Lo haré."
Volví a bostezar. "Me pregunto cómo fue la historia de sus padres."
Edward se encogió de hombros. "Nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero tal vez su situación fue como la nuestra." Sus ojos fueron muy suaves al tiempo que sonreí. "Se amaban."
Y por alguna razón, la mirada es sus ojos me hizo sonrojar profundamente, algo que no se le escapó. Bajamos la mirada, repentinamente tímidos. No podía explicar por qué.
"Su comentario sobre Italia, se refiera a los Volturi, ¿no es cierto?"
La mandíbula de Edward se tensó, podía ver los músculos apretarse bajo su piel. Y los ojos que hasta hace un momento eran tan suaves y tiernos, ahora eran duros.
"No quiero mentirte, Bella. Estoy seguro que te das cuenta de que bebé podría ser de gran interés para Aro y sus compinches."
Me estremecí un poco ante la idea y él me atrajo hacia sí, con fuerza.
"¿Qué crees que ellos harían?"
"No sé." Su voz fue oscura. "Pero es un punto silencioso… ellos nunca le encontraran" Había una finalidad en su tono.
"Pareces seguro de eso."
"Lo estoy." Se movió para sentarse. Me alcé en mis codos, mirándolo. Me observó por un momento, con ojos intensos, profundos, luego acunó mi mejilla en su mano. Su pulgar se deslizó suavemente por mi mejilla.
"Te lo prometo ahora, Bella. Los Volturi nunca serán una amenaza para ti, o nuestro bebé. Nunca."
La emoción en su voz y ojos era feroz. Y creí en él. Sabía, absolutamente y sin lugar a dudar, que él nunca permitiría que algo nos sucediera. Y me sentí enamorar de él nuevamente.
Se tendió después, descansando su cabeza contra mi vientre mientras sus brazos me envolvían. Dejó algunos suaves besos sobre la piel a la vez que jugaba su con cabello nuevamente. Me encantaba su pelo.
"Bella, sabes que sugerí que fuéramos a Seattle la próxima semana para ver muebles de bebé."
"Mm, ¿sí?"
"Iremos mañana."
Bambino Boutique tenía todo lo que un bebé podía necesitar. Todo. Y un montón de cosas que un bebé no necesitaba.
Estábamos de pie justo en la puerta de vidrio de la entrada y habíamos estado así por unos pocos minutos. Ninguno parecía saber qué camino tomar. Hacia el departamento de muebles y accesorios, o juguetes y libros, o tal vez a la sección de ropa y decoración.
"Um, ¿qué necesitamos?" Negué sin saber por dónde empezar.
"Bueno, ordenamos una cuna. Supongo que podríamos empezar con un colchón y mantas para eso." Edward obviamente estaba pensando con mayor claridad que yo.
"Muy bien, buena idea."
"Tal vez podemos echar un vistazo alrededor y tomamos algunas ideas. No tenemos que comprar todo hoy." Me tomo la mano. "Um, realmente, tal vez podríamos comenzar aquí…con los cochecitos." Rodé los ojos. Por supuesto, cualquier cosa con ruedas.
"Edward, esta tienda es muy cara." Volví la etiqueta con el precio mostrándole y de inmediato me pregunté por qué me había molestado en hacer el comentario.
"¿Lo es?" Sonrió y se encogió de hombros mirando los números mientras continuaba moviendo arriba y abajo el Promenade Pram, aparentemente testeando la absorción a un choque y comparándolo con su vecino el Day Tripper. Él estaba confirmando lo que pensé la noche en que ordenó el caballito de madera – él era una causa perdida. Y no creía que mi sonrisa pudiera ser más amplia. Amaba verlo tan feliz. Y parecía encantado con que no fuera a protestar. Soltó el coche y me envolvió en un fuerte abrazo.
"Seré bueno, amor, lo prometo."
Una vez que dejé de sentirme abrumada, comencé a divertirme y nuestra pila de compras en el mostrador creció. El cochecito, una silla de bebé para el auto, colchón y ropa de cuna. Había también algunas prendas de maternidad para mí desde la sección de madres. Los jeans más caros que alguna vez había comprado sin tener un cierre, pero la banda elástica cubría cómodamente mi pequeño bulto.
"¿Estas segura de que no necesitamos una bañera con surcos de diseño ergonométrico para apoyar pequeñas caderas?" Edward estaba leyendo la tarjeta de información de una bañera para bebés de cien mil dólares.
"No, no la necesitamos."
Frunció el ceño, como si no estuviera seguro pero después de un minuto asintió y tomé la básica bañera pastica azul y se la entregué. Esta costaba veintinueve con noventa y cinco.
"De acuerdo con Renne, era bañada en el lavabo del baño en las primeras semanas de mi vida y mis caderas están bien."
Se inclinó y susurró en mi oído. "Sí, lo están." Comencé a reír al tiempo que pasaba su nariz por mi mandíbula.
Y las carcajadas continuaron unos instantes más tarde cuando Edward vio el Out and About Baby (nt: Out and About Baby, una especie de mochila que permite cargar al bebé pegado al cuerpo, los conocen, ¿cierto?)
Se quedó allí, con los brazos extendidos, mientras pasaba las correas alrededor de su cintura y ajustaba la bolsa sobre su pecho y estómago. Ambos sabíamos que podría habérselas atado él mismo mucho más rápido, pero no se trataba de eso.
"¿Cómo se siente? ¿Algo incómodo?" Enseguida me di cuenta de la inutilidad de la pregunta. Los vampiros no se sienten incómodos. Me reí de mi misma a la vez que daba un paso atrás para admirar mi obra – y mi corazón saltó. Edward, radiante, con la mochila porta bebé.
"Se siente bien," estaba sonriendo al abrir la bolsa. "Así el bebé descansará justo aquí, y yo tendré las manos libres."
"Sí, ¿quieres una?" Sabía que la quería, y por la visión de su cara la Mochila Out and About Baby iba a ser sede permanente del bebé.
"Absolutamente," dijo, pasando las manos sobre la tela azul oscuro.
"Edward, ¿estás tratando de imaginarlo, cierto?" No pude detener la sonrisa en mi cara.
Me dio una sonrisa tímida. "Tal vez."
Me acerqué a él y pasé mis brazos alrededor de su cintura, abrazándolo fuerte. Frotó mi espalda con una mano y cogió la caja de otra, leyéndola. Casi inmediatamente, sentí la tensión.
"¿Qué es?"
"Diseñado para utilizar su calor corporal con tal de mantener al bebé caliente mientras él/ella se apoya cómodamente contra su pecho." Podía escuchar la decepción en su voz.
Negué. Estaba decidida a no permitir que sus emociones desaparecieran. "No, Edward. Vamos a añadir una manta más. O juntarla con una de esas camisas de lana de cordero. O agregar una botella de agua caliente. Hay muchas maneras de solucionarlo, ya verás."
Miré hacia arriba. Sus ojos dorados brillaban de nuevo, esa sonrisa torcida en sus labios – la emoción estaba de vuelta. "Sí, tienes razón. Hay un motón de soluciones."
Dejé sus brazos para tomar otro vistazo de él.
"De verdad te viene, tú sabes," dije y rió.
"¿Puedo ayudarte con eso? Necesitas una mano para ajustar las correas." Salté, sorprendida. Una asistente de ventas con largas uñas pintadas de rosa y cabello rubio liso se había acercado y no me había percatado. Pero creo que pudo haber sido parte del plan – sus ojos se paseaban sobre Edward apreciativamente a la vez que ella me ignoraba. Inmediatamente, Edward cerró la distancia entre nosotros y me llevó a sus brazos. Creí imaginar sus pensamientos.
"No, gracias." La voz de Edward era fría y llevó mi mano a sus labios, sus ojos fijos en los míos. "Mi esposa y yo lo estamos llevando muy bien." Y besó mi anillo de matrimonio, enfáticamente. La asistente, cuyo nombre según la etiqueta decía Mandy, dio una sonrisa forzada.
"Bueno, déjame saber si necesita ayuda. Cualquier cosa." Me dio una rápida e incrédula mirada y se alejó. Debió haber captado el mensaje, sin embargo, se volvió a mirar a Edward dos veces.
"Increíble," murmuré bajo mi aliento. Había sido así toda la mañana. Asistentes a la vuelta de cada esquina ofreciendo su ayuda. Otros compradores preguntando si Edward gustaría darles un consejo. Lo entendía a pesar de todo. Tan guapo como Edward normalmente era, ahora la alegría y el amor que irradiaba le hacía llamar la atención más que nunca. Su lado vampiro estaba bien y completamente apagado y las mujeres estaban rondando.
Se inclinó y me besó, dejándome sentir lo amaba que era.
"Mm." Recosté mi cabeza contra su pecho.
"Vamos," dijo pasando las manos por mi espalda. "Agreguemos la mochila a la pila y luego veamos los libros. El bebé tendrá los clásicos, El oso Pooh y El conejo Pedro." Me dio su sonrisa torcida y otro beso. Asentí, sonriendo de vuelta – siempre sabia como hacerme sentir mejor.
Y Edward mantuvo su promesa de comportarse. Casi.
Sólo la rompió al final de la salida, cuando decidió que necesitábamos un segundo cochecito.
El Overlander. Tenía tres ruedas con neumáticos como en el jeep de Emmett y suspensión diseñada para terreno peligroso.
"¿Qué hay del Day Tripper?" Ya estaba estacionado en el mostrador, esperando por nosotros. Me gustaba el Day Tripper. Tenía cuatro ruedas de tamaño normal y se veía como un cochecito normal. El Overlander parecía poder ir por diferentes terrenos.
"Bueno…," parecía torpe y no me miraba. "Tal vez podríamos comprar este y aun así quedarnos con el Day Tripper para ti."
"¿Uno para cada uno?"
Entonces me miró con una sonrisa esperanzada. "No veo por qué no." Y me di cuenta, él realmente no lo veía. Para nada.
Así creció la pila.
"¿Podríamos mirar en el departamento de decoración antes de irnos? ¿Sólo para ver?"
"Claro que sí. Vamos."
Caminamos a través de un arco rodeado por pequeños patos y conejos. Más allá había un enorme espacio en donde una docena de pequeñas muestras de habitaciones de bebé estaban. Otro arco en el otro extremo llevaba a otra habitación donde había muestras de papel mural, guardapolvos, lámparas, alfombras y cortinas.
"Wow. Esto es…increíble." Realmente lo era.
Miramos la primera habitación de bebé. Tenía paredes verde pálido con un tema de ositos de peluches en las cortinas, bordes y la alfombra del piso. La cuna y los muebles a juego eran blancos.
"¿Qué te parece?" preguntó.
Asentí. "Tal vez. ¿Te gustan los osos?"
"Leones de montaña, ¿recuerdas?" Levanté la mirada, sorprendida y lo vi sonriéndome.
"¡Edward!"
Rió y me llevó en un abrazo. "Los osos están bien. ¿O que tal el abecedario? ¿O…que piensas de la selva Amazónica?" Nuestros ojos viajaron hasta las dos siguientes habitaciones de muestra.
Asentí. "Tal vez."
"¿Granja de animales?"
"Mm, no, no lo creo. Extravagantes cerdos de colores y vacas no van conmigo." Dejé escapar un suspiro y me encogí de hombros mientras él reía. "No tiene que tener un tema, ¿verdad? Digo, podríamos pintar las paredes, poner los muebles y eso es todo, ¿no?"
"Podemos hacer eso. Podemos hacer lo que queramos, amor." Estaba frente a mi ahora, una mano en mi cadera, la otra poniendo un mechón de pelo detrás de mi oreja. Sonreí y traté de reprimir el bostezo que se estaba formando.
"Me siento como si hubiera tomado suficientes decisiones por un día." Sentía la energía salir de mí, y comenzar a sentirme cansada. Y hambrienta. Llevó mi mano a sus labios y me besó la palma.
"¿Quieres comer algo?"
"Sí, por favor."
Regresamos al mostrador para pagar. Mientras Edward entregaba su tarjeta de crédito y completaba el papeleo me acerqué a un conjunto de estantería azul pálido cercanas a la puerta de entrada. Las estanterías estaban vacías, salvo por un oso, sentado en la esquina del peldaño más alto. Era el original y clásico tipo de osos, con un hocico, pelo corto y ojos de botones negros que parecían tristes. Sus patas tenían círculos de cuero y una etiqueta con su nombre alrededor de su cuello decía Sr. Billington. En el tradicional estilo de oso de peluche gruñó cuando lo cogí, haciéndome sonreír.
"Conozco a alguien que sueña igual que tú," susurré, acariciando su piel. Triste mirada de oso.
"¿Has encontrado un amigo?" Edward estaba a mi lado, sosteniendo una bolsa con mi ropa de maternidad. Le di una sonrisa y rápidamente puse a Sr. Billington de vuelta en el estante.
"No, solo miraba." Me encogí, poniendo mis manos sobre las suyas mientras él miraba hacia los estantes. Besó el tope de mi cabeza a la vez que caminábamos hacia la puerta y nos dirigíamos a almorzar.
Le di una última mirada al Sr. Billington.
"Feliz Cumpleaños." La voz de Edward era suave en mi oído y sus labios aún más suaves sobre mi cuello. Pero aun así, me sentía tensa. Abrí un ojo, solo un poco, y miré. La habitación era la misma. Estantes, escritorio, sofá, cama. Caballito de madera. Sin grandes presentes, ni una pila de regalos. Nada de decoraciones, globos o serpentinas. Ni sonrientes vampiros esperando para estallar en una canción. Al menos, no en esta habitación.
"No te preocupes, amor, les hice prometer que no harían nada."
Suspiré, aliviada y me senté. Esperando que mi cumpleaños fuera ignorado. Había sido el centro de atención lo suficiente en estos días y no quería a absolutamente nadie que tratase de compensar la debacle del año pasado.
A mi lado, Edward usaba su camiseta de Snoopy que era en sí misma un regalo para mí. Me preguntaba su él lo sabía.
Cogió la bandeja que estaba esperando a los pies de la cama. Una humeante tasa de chocolate caliente, un palto con huevos revueltos – mmm, todavía los anhelaba, y mi más reciente obsesión…helado de vainilla con crema de maní revuelta en él. Crujiente crema de maní.
Le sonreí.
"Gracias." Me incliné y lo besé. Él era todo perfecta sonrisa y pelo desordenado cayendo sobre sus ojos topacio. Suspiré. En realidad, estar casada con Edward era como tener un cumpleaños todos los días. Un buen cumpleaños.
Me volví hacia la bandeja y algo misteriosamente había aparecido entre los huevos y el helado. Una caja plateada con azul y una cinta atada a su alrededor. Fruncí el ceño. ¿Cómo hizo eso?
"Edward, me acabas de decir…," puso un dedo sobre mis labios.
"Te dije que los demás prometieron no hacer nada. Yo no me estaba incluyendo en eso."
Fruncí el ceño de nuevo y él sonrió. Esa sonrisa malvada que siempre me convertía en gelatina.
"En realidad, no es para ti, Bella. En verdad es más para mí." Sonrisa malvada y su profunda y gruñona voz. Estaba usando todas las municiones esta mañana. Y yo caí.
Tiré de la cinta y levanté la brillante tapa plateada. Dentro había algo sedoso, suave y azul. Un profundo azul medianoche. Lo liberé de su nido en papel de seda y lo sostuve en alto.
"Edward, es hermoso."
Un negligé. Largo y elegante que tenía pequeñas mangas sueltas, delicadamente bordadas y el mismo bordado se repetía en el escote donde obviamente era de corte bajo. La tela suave y vaporosa caía suelta y libre debajo de la línea de mi busto, indubitablemente destinado a darle espacio a una llena y redondeada barriga. (nt: negligé, sería como una bata, salida de cama, muy delicada).
"¿Dónde lo conseguiste? ¿Alice lo eligió?" Me levanté de la cama y lo sostuve frente a mí, en contraste con la camiseta sin mangas y los pantalones cortos que estaba usando. Edward había estado sonriendo con aprobación pero ahora su rostro había caído un poco.
"En realidad, yo lo elegí." Parecía herido.
"Lo siento." Hice una mueca. "Es sólo que por lo general es Alice…sabes lo que quiero decir." Lo esperé mientras mordía mi labio. Pero él sonrió.
"Sé lo que quieres decir. Pero esta elección fue todo mía," susurró y parecía melancólico al mirarme, la sonrisa todavía en su rostro. "Lo vi en uno de los catálogos que han estado tirados por todas parte. Pensé que se vería hermoso en ti."
Me balanceé un poco y observé la falda flotar. Me di cuenta de que Edward estaba mirando también.
Yo no era muy a la moda, por lo general me vestía por comodidad, y estos años con Alice me han hecho más reacia. Pero por alguna razón, empezaba a gustarme la idea de dormir bien. Y a Edward ciertamente le gustaba.
Recordé la primera noche en que Edward se había quedado conmigo, bueno, la primera noche en que sabía que lo hacía. Lamenté no tener el pijama de Victoria´s Secret que Renee me había comprado – el que había dejado en Pheonix, todavía con las etiquetas puestas.
Y estaba el vestido que había elegido para la noche de bodas – me había sentido hermosa en él.
Sus ojos brillaban.
"¿Me lo pruebo ahora?"
Inhaló profunda y lentamente. "No creo que eso sea una buena idea." Sus ojos estaban cada vez más oscuros, observé.
"¿Por qué?" Había un poquito de burla en mi voz.
Extendió una mano y me llevó con él. "Porque si te lo poner ahora, entonces no vamos a salir de esta habitación en todo el día y yo estaba planeando llevarte a Port Angels a almorzar. Y estamos invitados a cenar donde Charlie más tarde."
Reí mientras me abrazaba. Sentía su respiración ir cada vez más rápido.
"Pero tal vez," susurró en mi oído. "Lo usarás para mi esta noche." La punta de su fría lengua recorrió la forma de mi oreja. "La familia saldrá esta noche. Toda la noche."
Un escalofría me recorrió al escuchar la forma en que lo dijo.
"Y además…" habló más bajo, sus labios rozaban mi piel y contuve la respiración, esperando las siguientes palabras. "Si esperas más por tu huevos estos estarán fríos."
Gemí y le puse mala cara cuando me alejó, riendo entre dientes. Pero tenía razón. Estaba siempre hambrienta.
Estaba a la mitad de mis huevos y helado cuando caí en cuenta. Había un oso sentado sobre el caballito de madera.
"¡Sr. Billington!" Sorprendida casi doy vuelta toda la bandea sobre Edward, quien la tomó con cuidado y la puso al final de la cama donde suponía él creía era más seguro. Bajé de la cama y tomé el oso, escuchándolo gruñir.
"¿Cómo? Sólo lo vimos ayer."
Edward se encogió de hombros, sonriendo, con los ojos brillando. Probablemente había hecho los arreglos con la tienda y había conducido a Seattle y regresado en medio de la noche. O había pagado una fortuna por entrega por mensajería rápida. De cualquier manera, decidí dejarlo pasar.
"Ustedes parecen tener una conexión," Edward dijo bajito y yo reí. Ahora cuando miré los ojos del Sr. Billington no me parecieron tristes.
"Así que…," se bajó de la cama y vino hasta mí, sus ojos centrados en los míos. Con lentitud tomó al Sr. Billington de mis manos y lo sentó nuevamente sobre el caballito de madera. Luego sus brazos me rodearon y presionó su cuerpo contra el mío. "…feliz cumpleaños, Bella." Sus labios comenzaron a moverse a lo largo de mi mandíbula y bajaron por mi garganta y me arqueé a él.
"¿Terminaste tu desayuno?" murmuró contra mi piel.
"Unh hmmm," las sensaciones moviéndose en mí me hacían difícil el hablar, así que asentí en su lugar.
"Bien." Y me cogió en sus brazos y me llevó a la cama. Lentamente, se sostuvo sobre mí y me dejó contra las almohadas, besándome ligeramente al hacerlo. Luego, con mucho cuidado, se puso de rodillas sobre mí, cada una de sus rodillas plantadas firmemente a ambos lados de mis muslos. Y hubo silencio, sólo el sonido de mi corazón golpeando, tratando de liberarse de la jaula de mis costillas mientras él se inclinaba hacia delante, apoyando las palmas sobre el colchón al lado de mis hombros.
"¿Edward? Pensé que habías dicho…,"
"¿Quieres que me detenga? Lo haré si quieres."
Deslizó la punta de su nariz sobre la mía, y a continuación, rozó sus labios en mi boca.
"No. No te detengas."
"¿Y si te canto Cumpleaños Feliz?"
"Um…, no, eso no es...no…"
"¿No?" Sus labios se perdieron en mi barbilla y mi garganta. "Pensé que era tradicional."
"Ung…, no…tiene…que serlo."
"Oh." Él estaba sonriendo – podía sentir su boca curvada contra la piel de mi pecho. "¿Qué pasa si digo que me gustaría hacerlo?"
"Um, bueno…supongo…," no pude terminar, su lengua se unió a la fiesta y ahora se movía hacia el sur.
"Yo…oh…,"
Se sentó, aun a horcajadas sobre mis pernas, soportando completamente su propio peso, y alcanzó la camiseta de Snoopy por detrás, tirándola por su cabeza y dejándola caer al suelo.
"Feliz cumpleaños a ti…" Pronunció las palabras, bajito en un profundo susurro. Estiró su mano, sus largos dedos se curvaron en el borde de mi camiseta. Levantó una ceja y asentí a la vez que mi respiración se agitaba. Un segundo después se había ido. Ahora él realmente podía ver los latidos de mi corazón. Sus dedos se deslizaron sobe mis costillas y subieron, dando vueltas en mis pechos. Su toque apenas se sentía, como un susurro sobre mi piel y gemí.
"Feliz cumpleaños a ti…" Otro profundo susurro. Quitó sus manos de mis pechos y en un movimiento fluido, sus pantalones azules de pijama se habían ido. Y era todo Edward, sobre sus rodillas, encima de mí. Labios sonrientes, ojos también. Cabello sobre su rostro. Y luego, alzo una mano y la paso a través de los hilos cobre, alejándolos de sus ojos. Creí que mi corazón se iba a detener.
"Feliz cumpleaños, querida Bella…" Sus manos volvieron a bajar y sus dedos recorrieron el interior de la cintura de mi pijama. Contuve la respiración. Inclinó la cabeza hacia un lado un poco, preguntando. Mordí mi labio y él sonrió. Poco a poco, lentamente, con sus ojos en los míos, comenzó a bajarlos, sus dedos dejando un rastro de fuego en mi piel en donde tocaban. Pasé saliva, con fuerza. Luego, como broche de oro, desaparecieron y sus ojos brillaban al tiempo que acercaba aún más cerca su rostro al mío. Manteniendo fija nuestra mirada.
"Feliz Cumpleaños a ti." Sus labios tocaron los míos.
Mmmm, el mejor cumpleaños. Y ni siquiera eran las ocho todavía.
Hip, hip, hurra.
Estaba sentada, con las piernas cruzadas, en mi vieja cama en la casa de Charlie con una pila de CDs en un lado y un montón de libros por el otro.
Finalmente dejamos la casa y el almuerzo estuvo delicioso. Me llevó otra vez a La Bella Italia, el restaurante donde comimos la primera noche. Y luego caminamos bajo el agua, observando los botes, antes de regresar a Forks. Llegamos temprano donde Charlie así que podría ordenar algunas de mis cosas.
Había llevado muy poco a la habitación de Edward. Más que nada ropa y algunos libros favoritos. Ahora, como la casa estaba cerca de ser terminada había empezado a llevarme más cosas, hacia las estanterías en la sala de estar.
"¿Quieres este?"
De alguna manera, Edward logró verse guapísimo solo apoyado contra mi escritorio. Sostenía mi libro de trigonometría, sonriendo con su media sonrisa.
"Difícilmente." Dije. La sonrisa se convirtió en una carcajada y lo arrojó sobre la pila de descartes en el piso.
"¿Qué pasa con este?"
"¿Cálculo? ¡No!" Esta vez él rió y se le unió al libro de trigonometría.
"No estas planeando llevarte el computador, ¿verdad?"
"¿Qué está mal con mi computador?" Ahora estaba indignada, pero Edward sólo levantó una escéptica ceja. "Está bien, la computadora se queda."
Él sonrió de nuevo y traté de ignorarlo, enfocándome en su lugar en el CD en mi mano.
"¿Y este?" La equina de su boca se curvó.
"Me gustaría consérvalo. Razones sentimentales."
Él asintió y dejó mi libro de Bilogía cuidadosamente sobre la pila de quedarse. "También me quedé con el mío," murmuró bajito. Sonreí para mis adentros.
Continué con mi selección, preguntándome porqué había comprado estos CDs. Al rato me di cuenta de que Edward estaba muy quieto. Y callado. Lo miré. Sostenía un libro en su mano, mirando fijamente la portada. Esperé un momento y él habló.
"¿Cuándo conseguiste esto?" Lo mostró. Los Hábitos de una Buena Sociedad. Una Guía de Modales y Etiqueta para Señoritas y Caballeros.
Lo había olvidado, no había pensado en ello por meses.
"Oh, ¿dónde lo encontraste?"
Sus ojos indicaron el espacio entre el escritorio y la pared. "Debió haber caído."
Asentí. Se acercó con lentitud a la cama y se sentó. Moví las pilas a suelo para hacerle más espacio.
"Entonces, ¿cuándo conseguiste esto, Bella? No sabía que estuvieras interesada en la etiqueta social de los principios del siglo XX." Miraba la fecha de la publicación en la portada. 1912. Su voz no tenía ningún tono en particular.
"Lo compré el día en que me dijiste de George."
Su frente se arrugó al fruncir el ceño.
"¿Por qué?"
Tomé un respiro y comencé.
"Esa mañana en el claro, después de que tú…bueno, después de todo…te fuiste a cazar y yo fui a Port Angels." Su rostro se inclinó hacia mí, curioso, frunciendo el ceño. Nunca le había contado lo que había hecho después de que lo hubiera dejado en el claro ese día. No había una razón para no hacerlo, sólo no lo había hecho. No habíamos hablado mucho acerca de ese día en particular.
"Pensé que te habías ido a casa."
"Lo hice, pero no me quedé mucho tiempo allí. Necesitaba un poco de espacio, y distancia. Y tiempo para pensar." Controlé mi voz pero aun así se estremeció levemente y alejé la mirada. A pesar de que habíamos superado la cuestión del pasado de Edward y George, esa mañana en el claro nunca sería un buen recuerdo.
Posé mi mano en su brazo, queriendo esa conexión entre nosotros. "Observé los barcos pensé las cosas y comencé a sentirme un poco mejor. Y luego caminé y miré en una librería por un rato y lo encontré en la sección de usados." Me encogí de hombros. "Fue publicado cuando eras un niño."
Él asintió.
"Y pensé que podría, no sé…ayudarme a entender mejor las cosas. Entenderte mejor, y como te había sentido sobre…esas cosas. Creí que podría ayudar."
Tragó saliva y vi sus ojos, al enfocarse en el libro, tristes. Dejó escapar un fuerte suspiro y sacudió la cabeza como si tratara de borrar algún pensamiento desagradable. Así fue probablemente. Luego se volvió hacia mí. Ahora sus ojos estaban negros. Cuando habló, su voz era incrédula.
"Bella, ¿me estás diciendo que el día en que te dije, la cosa que posiblemente te ha dañado más de lo que podría decirte, el día en que rompí tu corazón y casi destruyó…lo nuestro…fuiste y compraste un libro para poder entenderme mejor? ¿Para poder ayudarme?"
Las últimas palabras fueron dichas entre dientes. Sus ojos estaban desenfocados ahora, parecían casi enojados.
"Yo…no sé si lo pensé así en ese momento, pero supongo que sí. Sabía que todavía quería que estuviéramos juntos, pero al principio no sabía cómo. Sólo quería encontrar una manera de arreglar las cosas, para meditarlas, creí que podría ser el primer paso."
Me miró de nuevo, moviendo entre las manos. Comencé a morderme el labio. Sabía lo que estaba haciendo - estaba tendiendo uno de sus momentos Yo no soy digno. Era cierto que estaban ocurriendo cada vez menos en los últimos meses, pero la tendencia todavía existía. A veces lo pillaba mirándome, y lo había visto en su rostro, solo fugazmente, por un segundo. Pero por cómo se veía ahora, este era uno grande.
Abruptamente, se levantó y se fue a la cama, apoyando las manos a cada lado del marco. Suspiró profundamente, con la cabeza gacha.
Me bajé de la cama y me dirigí a él lentamente. Él sabía que iba. Cuando estuve a su lado apoyé mi mano sobre su brazo. Cerró los ojos, con el rostro abatido, y los tendones de su cuello y mandíbula tensos.
A continuación moví mi mano y la dejé sobre su corazón. "A pesar de que dolía, Edward, nunca dudé de ti. Sé lo que hay aquí." Acaricie con mi mano, presionando sobre su corazón. "Sé quién está aquí. Siempre lo sé. Yo solo quería ayudar. Ayudarnos. Probablemente estaba siendo egoísta, de verdad. Sé que no hay vida para mi sin ti, ya lo ves."
Soltó un largo suspiro y pareció estremecerse.
"Si me hubieras entregado el anillo o le hubieras lanzado piedras a las ventanas del Volvo, habrías estado tratando de entenderme."
"Bueno, nunca te iba a devolver el anillo, y no se me ocurrió romper el Volvo. Pero tratar de entender…sí..."
Sacudió su cabeza, pero aún sin mirarme. Tal vez debería haber mentido sobre el libro, decir que lo compré por interés cuando empezamos a salir. Decirle que era un hobby secreto de Charlie. Pero creo que somos más fuertes que eso.
Después de unos minutos levantó la cara pero no me miró. Miró por la ventana en lugar, con los brazos aun apoyados en el marco. Lentamente retiré mi mano de su corazón, el mío estaba empezando a experimentar una sensación de caída.
¿Qué pasaba con mis cumpleaños y Edward Cullen?
Luego se volvió a mí y habló. Sus ojos me sorprendieron – parecía determinado. Pero determinado a qué, no lo sabía. Su voz fue firme y fuerte al hablar.
"Bella, siempre he sabido que no te merezco y nunca…" Mi corazón se retorció. El discurso indigno. "Y eso nunca me ha quedado más claro que justo en este momento. Nunca." Mi cabeza se sentía tan pesada. Toda la energía de mi cuerpo me abandonó.
"Pero no puedo decir la alegría que siento porque, a pesar de todo lo que te dije ese día, no sólo me amaste lo suficiente como para quédate conmigo, si no que…haces esto." Su voz se quebró y señaló el libro.
Mi rostro se inclinó al de él, sorprendida. ¡Él estaba bien! Mi corazón comenzó a girar por el alivio. Sus ojos eran abrumadores – llenos de intenso y fuerte amor.
"No puedo creer que un amor tan poderoso sea para mí. No debería ser para mí. Pero lo es…y lo tomaré," susurró.
El alivio me recorrió y una sola lágrima escapó de mi ojo.
"Bella, amor…," se acercó y secó la humedad de mi cara.
Despaché su preocupación con un gesto de mi mano. "Feliz," me atoré y él sonrió estrechándome en sus brazos.
Nos sentamos en la cama y él me llevó a su regazo. Nos quedamos en silencio, inmóviles, mirando el cielo ponerse oscuro afuera. De vez en cuando había un beso en alguna parte – mi mejilla, mis labios, mi cabello. Mis dedos acariciaban suavemente a lo largo de su brazo, trazando círculos en la palma de su mano.
Después de un rato, tomó el libro y comenzó a pasar las hojas.
"Entonces, ¿Qué piensas?" preguntó bajito mientras sus ojos escaneaban las páginas.
Dejé escapar un suspiro, recordando lo que había leído esa noche. "Bueno, todo parecía tan…sobreimpuesto. Digo, esposos y esposas no deben mostrar afecto en público, no besar en los labios a menos que estés casado, no hablar con alguien a menos que haya sido presentado oficialmente por otra persona. Era antinatural."
Asintió. "Sí, lo era. Aunque no estoy seguro de mucho fuera así a puertas cerradas."
Pasó las últimas páginas y lo sostuvo encima de la pila de descartes, con una ceja alzada como pregunta. Asentí firmemente con mi cabeza y sonrió al tirarlo sobre el libro de cálculo y trigonometría.
Me acurruqué a su lado.
"No vamos a educar al bebé como la gente lo hacía en ese entonces, ¿verdad?" Estaba pensando en el capítulo sobre los niños. La creencia de que ellos debían ser vistos y no escuchados, que demostrar a niño el amor y afecto debilitarían su carácter y que la dura disciplina lo fortalecerían.
"No, no así." Me llevó más cerca. "Habran muchos abrazos."
Me acomodé y él pasó la mano sobre mi vientre. "Pero ¿supongo que habrán reglas sobre la hora de dormir y comer vegetales?" Parecía inseguro y sonreí.
"Sí, hora de dormir y vegetales."
Asintió, con el rostro serio, como si estuviera trabajando en un rompecabezas. "Pero también tendrá helado y chocolate."
"Sí. A veces." Comencé a reírme porque él parecía más entusiasta en estas cosas y sabía que el niño probablemente tendría helado de chocolate para la cena si eso quería. Tendría que mantener eso bajo control – ya que tendrá a su padre envuelto en su dedo meñique. Sonreí al pensar en el caballito de madera.
"¿Tus padres fueron estrictos?"
Lo consideró por un momento. "Sí, pero no tan estrictos como muchos padres que encontrabas en esa época, o como en el libro se recomienda. Fueron cariñosos y amorosos, pero había reglas y yo conocía mi lugar. Mayormente hice lo que me dijeron."
"¿Mayormente?"
Sonrió. "Era un humano."
Apoyé la cabeza en su hombro y puse mi mano sobre la suya, sobre el lugar en que descansaba en mi vientre.
"Estás creciendo." Habló en voz baja y pude sentir la sonrisa en su voz. Movió su rostro para besar a lo largo de mi cuello.
"Eres muy hermosa, Bella."
Estaba a punto de decir algo, pero sus labios cubrieron los míos y mis palabras se perdieron. No tendimos de espalda contra las almohadas y sus manos comenzaron a moverse bajo mi camiseta, acariciando la piel con suavidad.
Bajó su cabeza y besó mi barriga.
"¿Quieres decirle a Charlie esta noche?"
Repentinamente sentí evaporarse la cálida felicidad.
"¿Esta noche? ¿No es muy pronto?" Levábamos casados sólo dos semanas y media. Si se suponía que sería un bebé de luna de miel, nosotros no podríamos saberlo.
"Pronto va a ser difícil ocultarlo, pero supongo que tienes razón. Incluso si nos basamos en la fecha real de concepción probablemente no sabríamos aún." Me sonrió. "Esperaremos un poco más."
Me sentí un poco más aliviada. Estaba preocupada por la reacción de Charlie. Pero sabía que tendría que saberlo, y cuando la noticia sea incorporada por él, y si no pensaba mucho en las fechas, él estaría emocionado de ser abuelo. Cuando el bebé sea mayor, ellos probablemente irían a pescar, como intentó hacer conmigo, con la excepción que siempre caía al agua. Entonces una nube cubrió esa visión. ¿Podría estar en Forks para eso? Eso sería en por lo menos cinco o seis años más – Edward todavía se vería de diecisiete. ¿Sería todavía humana?
"Edward, ¿igual tendríamos que alejarnos, no es así? No vas a envejecer."
"Lo sé. Pero creo que podríamos darle a Charlie un par de años por lo menos. Y siempre puedes visitarlo sin mí. No creo que a Charlie le importaría eso. Y lo mismo con Renee."
"No quiero estar lejos de ti."
"No lo haría. Vendría contigo también, solo que ellos no lo sabrían."
"No quiero ocultarte."
"Bella, es parte de lo que tenemos que hacer a veces." Acarició mi mejilla. "Por supuesto, que es más difícil cuando estas encendiendo a tus seres queridos."
"¿Y cuándo me convierta?" Aun no sabía cuándo sería, pero no quería envejecer mientras mi esposo se queda eternamente joven. Comencé a perder la cabeza por tantos pensamientos.
Mi diario se llenaba con rapidez. Sabía que tenía que trabajar para mantener mis recuerdos, pero no quería que la vida con mi bebé fuera un recuerdo borroso, lo quería claro y nítido. Recuerdos de vampiro. Pero no podía ser un vampiro recién nacido alrededor de mi propio recién nacido, ¿verdad? Tendría que estar lejos y no extrañarlo. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en las almohadas.
"Bella, amor…sé que hay muchas cosas que considerar pero ahora tenemos una buena idea de lo que tenemos por delante, encontraremos un camino." Sonrió. "Charlie y Renee van a conocer a sus nietos."
¿Había oído bien? Abrí los ojos, sabiendo que claramente mostraban mi incredulidad.
"Edward, ¿me estás diciendo que todo estará bien? ¿Qué podemos hacer esto?"
"Er, ¿sí?"
Negué con la cabeza y sonreí.
"Nunca pensé que nuestros papeles se invertirían y yo sería la preocupada y tú el que me diría que haremos que funcione."
Rió entre dientes y se sentó, cruzando las piernas frente a mí.
"Yo tampoco." Inclinó la cabeza a un lado y sonrió. "Las cosas parecen…diferentes, para mí, ahora."
Edward era diferente. Esa primera noche en Chicago, cuando el mismo había compartido conmigo un poco. Y la noche siguiente, cuando dijo que haríamos el amor y seria hermoso. No había ningún temor o preocupación detrás de sus palabras, solo la creencia de que sería hermoso. Y él había estado tan bien. Había sido más que hermoso, la primera y cada vez.
Y ahora, con el bebé, había permitido que su alegría anulara la preocupación, incluso antes de que recibiera la carta de Siobahn. Y con el libro de etiqueta, aceptando que prefiero amar y comprender en vez de enojarme con él. Y ahora me estaba diciendo que íbamos a hacer las cosas funcionar.
"Me has cambiando, Bella. Me tomó un tiempo, pero supongo que estaba trabajando contra un centenar de años de culpa y oscuridad."
"¿Así que este es el nuevo Edward sin preocupaciones?"
Me eché a reír. "No creo que eso vaya a suceder." Acarició mi mejilla. "Todavía me preocupo por ti. Y siempre lo haré. Y pronto, voy a tener la suerte de tener a alguien más de quien preocuparme." Frotó mi vientre otra vez y su mano se deslizó bajo mi camiseta, subiendo un poco más cada vez. Apreté los labios contra su cuello y chupé la piel. Él siseó y sus manos rozaron sobre mis pechos. Me estremecí, arqueándome a él. Pero de improviso, se detuvo, miró hacia la ventana.
"¿Qué va mal?"
"Nada está mal." Se levantó de la cama y me levantó con él. "Vamos, chica de cumpleaños…eso tendrá que ser para más tarde. Casa de Charlie."
La cena con Charlie fue bien. Mi papá ordenó pizza para que nadie tuviera que cocinar y Edward de alguna manera hacía parecer que hubiera comido su parte. Y los Cullen habían mantenido prácticamente su promesa. Cuando volvimos a casa estaban todos a fuera, pero había un enorme jarrón con flores y una torta que me esperaba en la sala de estar.
"No podían dejarlo pasar sin considerarlo, amor." Los brazos de Edward estaban a mí alrededor mientras susurraba en mi oído. Sólo sonreí. "¿Por que no llevo tu caja de libros a la casa y mientras hago eso, tal vez podrías ocuparte con el regado de cumpleaños que te di?" Su nariz se deslizaba a lo largo de mi cuello.
"Mm, ¿Qué, abrazar al Sr. Billington y hacerlo gruñir?" Bromeé.
Rió. "¿Qué te parece abrazar al Sr. Cullen y hacerlo gruñir?"
Mi corazón casi se estrelló contra mi pecho.
"Uh huh, está bien." Mi voz fue un chillido y se rió mientras se iba. "No quiero esperar mucho." Se dirigió hacia la puerta y yo me apresuré escaleras arribas. Me preguntaba si la bata azul iba a durar el tiempo suficiente para usarla una vez más.
Estaba clasifícanos mi caja de libros en el salón de la casa. Esa habitación estaba terminada, pintada y los muebles que Esme y Alice cuidadosamente habían escogido comenzaron a llegar. Era una mezcla de eléctrica conformidad que me atraía y, con suerte, no serían demasiado caros.
A lo largo de una pared se encontraban las estanterías que llegaban hasta el techo para dejar nuestra colección de libros combinados. Empezamos a mudarnos y los estantes estaban hasta la mitad.
"Bueno, al menos esta sala está empezando a parecerse a una casa." Esme apareció en la camisa suelta, que siempre llevaba cuando estaba trabajando en sus proyectos.
"Es hermoso, Esme. Nunca seremos capaces de agradecerte lo suficiente." Asintió a mi agradecimiento y sonrió.
"Tú y Edward tendrán su espacio," dijo. "Debería estar terminada en las próximas semanas," estaba mirando alrededor. "Pero, la plomería y la electricidad moderna no aparecerán en un día, por desgracia."
Aunque el resto de la casa era, bueno, una casa de campo, la cocina y el baño eran elegantes y modernos con lo último en aplicaciones y equipos. Y de alguna manera, Esme había hecho el trabajo y las dos habitaciones no parecían fuera de lugar con las vigas a la vista y suelos de madera.
"Estará listo antes de que el bebé nazca. ¿Has pensado en algo para la habitación del bebé?"
"Un poco, pero no hemos tomado una decisión."
Ella asintió, sonriendo. "Hay un montón de tiempo." Cruzó la habitación y se sentó frente a mí en el cómodo sillón de cuero. Un par de ellos enmarcaban la chimenea de piedra.
"Bella, una chica normal recurriría a su madre en busca de ayuda o consejo por su embarazo. Sé que no soy tu madre, pero yo te siento como mi hija y si hay algo que quieras hablar, o en que pueda ayudarles, espero te sientas libre de venir a mí. Me doy cuenta de que debería ser el papel de Renee, pero aunque decidas decirle, e incluso después de eso, por favor, considera que estoy aquí si me quieres." Se detuvo y me dio esa sonrisa cálida, amorosa que demostraba su posición como la madre de la familia Cullen. "Sé que ha pasado mucho tiempo desde mi propio embarazo, pero es mi recuerdo más claro de cuando era humana. Todos los día lo recuerdo."
Sus ojos parecían lejanos en la memoria, ahora su sonrisa era triste.
"Gracias, Esme. Lo haré." Mi voz la trajo de regreso, sonrió y asintió con más intensidad. Luego se puso de pie y también yo. Se acercó y puso sus manos en mis brazos.
"Has traído tanta alegría, Bella, no sólo a Edward, si no que a todos nosotros." Besó mi mejilla. "Gracias."
Pasé saliva, las lágrimas aparecieron peligrosamente. Nunca parecían muy lejanas en estos días y las cosas más simples las hacían aparecer, pero las palabras de Esme me tocaron profundamente y estaba luchando contra la sensación de llorar. Pareció entender y cambió de tema rápidamente.
"No dejes que Edward se adueñe de todos los estantes, si lo dejas." Habló con una sonrisa mientras le daba a mi mano un apretón para después desaparecer hacia la casa principal.
Me limpie la nariz con la manga, tomé algunas respiraciones profundas y comencé a poner más libros en las estanterías. Los libros de Edward estaban mezclados. Volúmenes de cuero y tela de cien años junto a los libros de bolsillo de tapa dura y moderna. Había ordenado la ficción alfabéticamente por título. Los de no – ficción parecían estar agrupados por tema – filosofía, ciencia, arte, historia, biografía, religión. Tomé aire cuando vi la siguiente categoría – libros de autos. Los había visto antes, pero nunca pensé en ellos. Con certeza nunca los miré.
Pasé el dedo por el lome de Los Cien Automóviles de Lujo del Futuro y lo saqué de la repisa para mirar lo que Edward, sin duda, planeaba estar conduciendo en los próximos años. A medida que lo hojeaba, un pedazo de papel flotó de entre las páginas y cayó al suelo. Estaba doblado por la mitad y al recogerlo pude ver que era un bosquejo. Recordé el dibujo de Lyttleton Harbour en la pared se su habitación y me emocionó ver otra pieza de su arte. Pero a medida que desdoblaba el papel, no podía creer lo que veía, y un fuerte grito, dejó mis labios.
Era una joven.
Una hermosa joven.
Era la mujer más impresionante y hermosa que jamás había visto.
Rosalie y Tanya palidecían frente a ella.
El boceto solo mostraba la cabeza y los hombros, con el pelo retirado de su rostro sueltamente. Su belleza no era glamorosa, o evidente. Era simple, casi de otro mundo. Había una suavidad sobre sus rasgos, pero algo cálido y apasionado en la expresión de sus ojos, la forma en que la sonrisa se dibujaba en sus labios. Incluso la pequeña onda de sus pestañas y la curva de su oreja eran hermosas.
Pero era más que eso. Tal era el talento de Edward que era como si hubiera mirado profundamente en su alma y capturado su belleza. Había compasión, calidez, amor.
Quitaba el aliento. De infarto.
Las lágrimas corrían por mis mejillas y apenas podía hablar.
Comprendí que había estado conteniendo la respiración, cuando mi cabeza comenzó a girar. Respiré lentamente, pero no podía apartar los ojos de la imagen. Un ruido suave vino desde la puerta y levanté la mirada, todavía choqueada con mi descubrimiento. Edward se quedó con las manos en los bolsillos y los hombros encorvados. Parecía preocupado, sin saber – casi nervioso.
En un comienzo era incapaz de hablar, y él no dijo nada tampoco, pero me miraba con cuidado. Después de un momento encontré mi voz. Le tendí el papel.
"¿Realmente así es como me ves?"
Todas las veces que me había dicho lo guapa que era, que yo no me veía con claridad.
No tenía ni idea…
Dio unos pasos, tentativamente en la habitación.
"La verdad, no. No lo es." Dio otro paso. "Mis habilidades en el dibujo no son suficientes para hacerte verdadera justicia."
Las lágrimas siguieron cayendo de mis ojos y él se acercó completamente. El papel temblaba en mi mano.
"El dibujo es una buena aproximación, pero solo toca tu verdadera belleza. Y, es solo una dimensión," dijo, con cuidado tomó el dibujo entre sus dedos y lo miró.
Con mi mano limpié mi cara. Todas las veces en que me sentía pequeña y simple a su lado. Todas las veces en que me había sentido indigna. Todas las veces en que la gente había lanzado miradas de admiración a él, y confundidas a mí. Todas las veces en que mujeres hermosas habían tratado de coquetear con él, en frente de mí. Donde quiera que iba, tiendas, restaurantes, incluso caminando en la calle. Él nunca me miraría como a ellas, a cualquiera, me había sentido como si aún tuviera menos de lo que me merecía.
Pero ahora, viendo esto, no me había hecho la idea de lo mucho que eclipsé a todas. Ni una, en absoluto.
Hubo ocasiones, como el día de la boda, donde había estado satisfecha con mi apariencia, pero que se debía principalmente a Alice, la magia del maquillaje y un vestido de novia de buen corte.
Las lágrimas comenzaron a caer más rápido.
"¿Cuándo fue que…,?" Respiré, en lugar de terminar la frase.
"El día de nuestro picnic en el pardo, cuando llegamos y estabas mirando a tu alrededor. Dijiste que nunca lo habías visto tan hermoso y la mirada en tu rostro…estabas…indescriptible." Se encogió de hombros. "Pero siempre lo estás." Traté de sonreír, pero se perdió en algún lugar de mi asombro y resulto una mueca.
"Ese fue el día en que hicimos el amor por primera vez."
"Sí." Su sonrisa fue tierna. "Fue un día especial y, mientras estabas dormida esa noche, traté de dibujar la forma en que te habías visto por la mañana." Miró de nuevo el dibujo. "Esto fue lo mejor que pude hacer."
Aún estaba quieta, abrumada.
"¿Te importa demasiado…que te dibuje?" Dejó el papel en el brazo de la silla y se acercó. Estaba de pie frente a mí ahora, y aunque no había espacio entre nosotros, no nos tocábamos. "Sé que te dije una vez que no lo haría porque no sabía si te gustaría. Lo siento." Extendió una mano vacilante, con ojos cuidadosos. "Solo dibujé este."
"No me importa," susurré y sentí la tensión abandonarlo y sonrió. Miré en sus ojos y sorbí. Mi nariz estaba goteando y mis ojos rojos. "Edward, soy hermosa."
Rió y me llevó a sus brazos. "Sí, lo eres."
Yo era hermosa.
Bostecé mientras me acurrucaba más profundamente en la cama, sonriendo.
"¿Edward?"
"¿Mm?" No estaba dormido pero parecía estarlo como si pudiera. Mi sonrisa se amplió. Me gustaba cuando era así – adormilado y acogedor mientras se acurrucaba contra mi costado. Besé su cabello.
"¿Por qué ocultaste mi dibujo en un libro de autos?" Había sido demasiado tímida para dejarlo enmarcarlo, pero ahora estaba a salvo en su caja de cosas especiales.
"Pensé que sería el único lugar en que nunca vería. Pero como de costumbre, hiciste lo que no esperaba."
Reí, mis dedos aun repasando sus hebras.
"He estado pensando en el cuarto del bebé. Creo que sé cómo me gustaría decorarlo."
"Mm, ¿cómo?" Apoyó la cabeza sobre su mano, con una impresionante sonrisa en sus perfectos labios. Perdí la concentración por un segundo.
"¿Mm? Oh, claro. Bueno, pensé que tal vez podrías pintar un mural en las paredes."
Sus cejas de alzaron. Ambas.
"Podrías hacer eso, ¿verdad? Quiero decir, obviamente tienes la habilidad. Y sería tan especial. Único."
Asintió lentamente. "¿Cuál sería el motivo?"
Sonreí y tracé sus labios con mi dedo.
"El prado."
"¿El prado?"
"Uh huh. Es nuestro lugar favorito, es hermoso y haría la habitación muy relajada para él."
"¿Él?" Levantó una ceja.
"O ella."
Edward se dejó caer sobre las almohadas, con los ojos enfocados en el pensamiento.
"¿Qué te parece?"
Una lenta sonrisa se formó en sus labios. "Nunca antes he hecho nada en una escala tan grande."
"¿Pero?"
Se acercó y me besó.
"Creo que es una idea maravillosa."
No tiene sentido tratar de sorprender a un vampiro.
"Bella, no deberías estar aquí." Apenas había pasado de la puerta.
"¿Por qué no?" Sabía el porqué.
Se dio la vuelta para mirarme a la vez que rodaba los ojos. "Gases de pintura. No es sano para ninguno de los dos. Lo sabes."
Alejó el bote de pintura y vino detrás de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí, frotando las manos sobre mi vientre.
"Sólo quería echar una mirada rápida, y la ventana está abierta."
A tres día de haberle pedido a Edward pintar el mural y se había arrojado a la tarea. Había pasado el día siguiente en el estudiando muestras de pinturas para seleccionar los colores correctos. Al otro día compró todos los materiales y preparó el habiente. Y ahora, la pared norte se comenzaba a parecer al prado. Cuando las otras tres estuvieran listas, sería impresionante.
Había recreado perfectamente las suaves hiervas, las flores moradas y amarillas, y luego, como si estuvieran distantes, los altos árboles que definen nuestro espacio favorito.
"Pensé en que podría pintar el techo como el cielo y tener el efecto completo. ¿Qué piensas?"
Mi sonrisa reflejó mi entusiasmo mientras torcía la cabeza para verlo. "Suena genial." Y sonrió antes de besarme.
Salí de sus brazos y me fui a la sala de estar, y él me siguió. Los vapores eran cada vez más.
"Voy a traer la mecedora de donde Charlie. Podemos ponerla aquí por ahora y luego moverla a la habitación del bebé cuando esté terminada."
"Dame un minuto para ir a limpiarme y voy contigo."
"Está bien, puedo hacerlo, no es pesada."
Levantó una ceja, haciéndome saber lo que pensaba de esa idea.
"Está bien, voy a esperar a que estés limpio." Me besó en la frente y luego tomó mi mano al caminar de regreso a la casa principal.
"Estaba pensando en quedarme a cenar, también."
Edward asintió. "Está bien, nos quedaremos."
Planeé cenar con Charlie dos o tres veces por semana. De esa manera podría estar seguro de que estaba teniendo algunas comidas decentes, especialmente si hacíe suficiente para que tenga sobras para la siguiente noche.
Nos detuvimos en el garaje de los Cullen.
"¿Cabrá la silla en el Volvo?" dije dudosa.
"No. Iremos en el jeep de Emmett."
"No podemos. Saldrá con Rosalie."
Edward solo se encogió de hombros. "Sé dónde guarda las llaves."
Hice una mueca algo incomoda por usar el jeep sin permiso.
"¿Podemos hacer eso? ¿No le importará que lo usemos sin preguntar?"
"Probablemente." Y volvió su rostro y así no podría ver su sonrisa de satisfacción. Le sacudí la cabeza en negación.
"Edward, ¿cuántos años tienes?"
Sus ojos se fijaron en los míos, llenos en el recuerdo de una tensa conversación una noche, casi dos años atrás. Una esquina de su boca se curvó en una sonrisa.
"Ya te he dicho antes, Bella…diecisiete."
Y le devolví la sonrisa al pensar en él tomando el coche de su hermano sin preguntar. En cierto modo, Edward siempre tendrá diecisiete.
Charlie se alegró de vernos. Supervisó la mudanza de la mecedora por parte de Edward desde el piso de arriba mientras yo preparaba la cena. Charlie quedó impresionado con el jeep y la conversación, todo lo que se puede llamar una conversación con mi papá, trató por un tiempo sobre autos mientras comíamos. Me di cuenta de que, a pesar de como buena era la habilidad de esconder la comida en la servilleta y moverla en el plato, Edward realmente masticó un par de bocados de espaguetis y albóndigas. Apreté su rodilla bajo la mesa. No había duda de que tomaría un paseo más tarde, mientras estaba durmiendo.
La conversación finalmente dejó los coches justo cuando comenzábamos a limpiar la mesa. Yo estaba recogiendo los platos y Charlie se preparó para dirigirse a la sala de estar, y una tarde de deportes de televisión, cuando Edward se tensó a mi lado.
"¿Qué?" Dije sin voz, pero el negó. Podía ver los músculos tensos de su cuello. Estaba a punto de preguntar de nuevo, pero repentinamente tuve mi respuesta. Llamaron a la puerta. El que estaba al otro lado estaba obviamente poniéndolo incómodo. Comencé a caminar hacia el pasillo, para abrirla, pero él me apartó.
"Deja que Charlie atienda," susurró en mi oído.
Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido. "Edward, ¿qué es…?"
"Adelante," oí el sonido tímido y torpe de la voz de Charlie. Él apareció un segundo más tarde en la puerta de la cocina con Sue Clearwater. Llevaba un plato cubierto con algo que olía delicioso. Lasaña, pensé. Ella estaba sonriendo, pero cuando vio a Edward su rostro se convirtió en piedra.
No había visto a nadie de La Push desde la boda, cuando Sue junto a Seth y Billy fueron como invitados. Sabía que ella solo fue como apoyo para Billy, y que Billy únicamente había ido porque era amigo de mi padre. Seth solo estaba feliz y apoyaba nuestro matrimonio. Me di cuenta de que mordía mi labio.
"Hola," dijo secamente, y luego hizo lo que parecía un esfuerzo gigante para poder sonreír de nuevo.
"Hola," Edward fue educado.
"Hola, Sue," tomé la mano de Edward y la apreté.
Sue se volvió a Charlie. "Pensé que podría traerte algo para cenar, pero veo que llegué un poco tarde."
"Oh, bien, gracias." ¿Mi papá realmente estaba sonrojado? "Puedo ponerlo en la nevera y comerlo mañana por la noche." Estaba asintiendo mientras tomaba el plato y caminaba hacia la nevera. Sue se aclaró la garganta.
"Fue una hermosa boda," ella dijo.
"Gracias. Oh, y gracias por venir," sonreí y Sue asintió. "Fue bueno verte a ti, a Billy y a Serh, allí."
"Lo apreciamos mucho," añadió Edward y la sinceridad en su voz fue clara, como el significado. Después de un momento Sue sonrió de nuevo y esta vez hubo algo de calor genuino.
"Gracias. Lo pasamos muy bien."
Hubo un silencio mientras todos estábamos alrededor de la mesa de la cocina. Charlie miraba el reloj en la pared.
"Papá, ¿por qué no vas con Sue a la sala de estar y Edward y yo limpiamos?"
Charlie asintió torpemente y se trasladó a la sala. Sue nos sonrió de nuevo y le siguió. Un momento después oí la televisión y dejé escapar un suspiro.
"Bueno, eso fue difícil." Edward estaba detrás de mí mientras fui hacia el fregadero y daba el agua.
"Sí, no estuvo mal." Agregué detergente y revolví el agua, creando burbujas.
Besó mi cuello. "Pero Sue Clearwater es una mujer inteligente. Sabe que si quiere pasar tiempo con Charlie, eso nos va a involucrar a veces, o más específicamente, a mí."
Incliné la cabeza contra su hombro. "¿Has leído eso de sus pensamientos?"
"Más o menos." Sus manos se quedaron sobre mi vientre que había empezado a sentir un poco más tirante el último par de días así como el bultito comenzaba a crecer. Su toque se sentía bien y suspiré cuando cerré la llave.
"Bueno, me alegro de que quiera pasar tiempo con mi papá. No quiero preocuparme mucho por él."
"¿Así que no te molesta que la nueva novia de tu padre esté asociada con hombres lobos?" Podía oír la burla en la voz de Edward y le lancé un puñado de espuma.
Él volvió su cabeza hacia atrás y me soltó, sonriendo mientras se limpiaba las burbujas de su cuello y hombro, donde habían dejado manchas de humedad en su camisa. Algunas no lo alcanzaron y aterrizaron en el suelo.
"¿Bella? ¿Qué crees que estás haciendo?" Levantó una ceja y su expresión casi me hace derretir.
Traté de parecer casual y solo encogí un hombro mientras cogía un plato y comenzaba a lavarlo. Edward tomó un paño de cocina y tomó el plato limpio que le di, lo secó y dejó sobre la mesa. Toda la escena parecía muy doméstica y…humana. Pero yo estaba en guardia. Estaba segura de que iba a vengarse en algún momento.
Y no tuve que esperar mucho tiempo. Al tomar otro plato mojó su dedo en algunas burbujas residuales y luego acarició mi cuello.
"Argh, euw, ¡Edward!"
Se echó a reír. Así que recogí algunas burbujas más del fregadero y las esparcí en su rostro. Muy suavemente, tomó mi muñera, deteniéndome. La ceja otra vez, desafiándome. Una sonrisa maliciosa apareció en mi cara al darme cuenta de mi ventaja. Él no ha sido humano en mucho tiempo. Y probablemente no lavó los platos cuando lo era. Probablemente no conoce los puntos más finos de los juegos de lavado.
Sostuvo mi mano entre nosotros, mis dedos llenos de burbujas, goteando lentamente sobre el piso. Puse mis labios juntos y me levanté sobre los dedos de mis pies, como si fuera a besarlo. Pero en cambio sacudí las burbujas fuera de mi mano, fuerte y rápido, y aterrizaron en una salpicadura mojada en su rostro.
Me soltó rápida e instintivamente dando un paso atrás. Reí y sus ojos se entrecerraron mientras una sonrisa, incluso peor que la mía, se formó en sus labios.
"Bella…,"estaba usando su voz más baja. La gruñona. Se limpió la cara con el paño de cocina y dio un paso hacia mí y yo di una atrás, sonriendo con el corazón acelerado. Pero el suelo estaba mojado y para alguien quien apenas puede caminar en línea recta cuando va hacia delante, hacia atrás presenta un conjunto de problemas diferentes. Mis pies se deslizaron en la espuma y tropecé.
"¡Bella!" Los brazos de Edward estuvieron a mí alrededor en un instante, deteniéndome en el aire. "¿Estás bien?" Sus ojos estaban muy abiertos, buscando los míos.
"Estoy bien, Edward. Me atrapaste."
"¿Está todo bien ahí?" Charlie llamó desde la sala de estar.
"Todo bien, papá. Vamos es un minuto." Observé nuestra posición y me reí. Mis pies estaban suspendidos fuera de la tierra mientras Edward me sostenía en sus garras de hierro.
"Puedes bajarme ahora."
Me sentó en una de las sillas y se puse de pie, con las manos en las caderas, mirando el lugar. "Voy a limpiar esto ¿Dónde tiene Charlie la mopa?"
"Justo allí." Me puse de pie y di un paso hacia el estrecho armario de las escobas detrás de la puerta y mis pies de nuevo resbalaron, pero esta vez no fue solo un tropiezo.
"Aarghgrrrrrr." El gruñido de Edward fue fuerte y se lanzó de nuevo, a capturarme antes de que golpeara la cabeza contra la mesa, pero resbalé por el piso. Nos detuvimos en un ruido sordo, Edward de espalda en el suelo, y yo, encima de él, con las piernas entrelazadas.
"¿é..í?" Habló con dientes apretados, ojos brillantes, casi enojado. Pero sus manos frotaron mi espalda confortablemente. Estaba respirando con dificultad debido al miedo de caer y Edward cerró los ojos y respiró.
"¿Estás bien?" Abrió los ojos. Estaban oscuros, preocupados.
"Sí, creo que sí."
"¿Estás segura?"
"Mm, sí. Estoy segura. Sólo un poco sorprendida. Nada se siente…adolorido."
Cerró de nuevo los ojos y levantó la cabeza del piso para poder descansar su frente contra la mía.
Y justo cuando lo hacía, el bebé pateó.
Un pequeño pero fuerte golpe desde lo más profundo de mi vientre.
Mis ojos se abrieron a lo ancho.
Mi respiración se detuvo.
Mi corazón tartamudeó, dio un vuelco y luego aceleró.
"Edward," susurré.
Y sabía, por la mirada en su rostro, nuestros cuerpos apretados…él lo sintió también.
"¿Bella?"
"Edward, yo…"
"¿Eso era…?"
"Yo creo que sí."
"Oh. ¿En serio?"
Y entonces sucedió de nuevo. Otro fuerte, pequeño golpe.
Los ojos se Edward se abrieron aún más.
"Oh…Bella." Su voz se quebró y vi como el impacto se transformó en temor.
Y de repente, Edward se movió, sentándose y empujándome con rapidez sobre sus piernas, un brazo alrededor de mí fuertemente, mientras su mano descansaba sobre mi vientre. La movió alrededor, arriba y abajo, de un lado al otro, tratando de sentir algo.
"¿Pasará de nuevo?"
"No sé. Yo…supongo que sí."
Y entonces…el golpe…vino otra vez.
"¡Oh!" Saltamos al mismo tiempo, luego nos miramos y reímos.
"Bella…" Los ojos de Edward se derritieron en los míos. "Te amo." Y me besó, suavemente. "Ese es nuestro bebé," susurró, deslizando sus labios sobre los míos.
"Lo sé," reí mientras su boca bajaba a mi garganta.
Me miró nuevamente y suspiró. "Nuestro bebé."
Mi corazón vibraba. Mis manos en su cabello húmedo mientras me besaba, sentados en el suelo de la cocina de mi padre, mojado con espuma y burbujas. Luego Edward se detuvo y miró por la puerta. Me di vuelta y vi a mi padre de pie, con el ceño fruncido hacia nosotros.
"¿Qué bebé?"
.
.
.
Mm, no sé por dónde empezar. ¿Comento el capítulo o me deshago en disculpas?
Bueno lo primero: Wow, no hubo necesidad de decirle a Charlie, lo descubrió solito…Ah, este cap me encanta tiene de todo. La carta por una parte y lo aclaratoria de esta. Todos los lindos momentos de la parejita, solo queda suspirar.
Lo segundo: Lo siento, de verdad, nunca pensé demorar tanto. Pasó de todo que me impedía traducir. Pruebas, estudio, la muerte de mi PC, lo eterno de este cap. Si no saben son 14 mil palabras…espero lo entiendan. En mi perfil dejé un mensaje explicando el retraso. Espero no demorar tanto para el próximo, no tendré clases ni pruebas en dos semanas más o menos (cosas de demandas estudiantiles, si eres chilena me vas a entender), así que espero ponerle empeño con lo que viene.
En fin gracias por sus rrs, poner la historia en sus favs y alerts. Pasamos los 200 rrs. Son geniales! Ahora me hacen feliz y llegamos a 220, 230?
Recomendación: There Will Be Blood de johnnyboy7. En inglés, M y completo. Edward es el príncipe de la mafia italiana en Chicago. Bella una chica de 18 años que llega a la universidad. Se conocen y Edward se empecina en hacerla suya, con tal de sacarse el capricho. La cosa es que Bella le sale difícil y cuando al fin consigue acostarse con ella se da cuenta de que necesita más. Es un tortuoso camino el que recorren tratando de cambiar a Edward y evitando los peligros de estar involucrados en la mafia. En final es cuuuuatico (como decimos aquí). Tiene una secuela There Will Be Freedom, ya va en el cap 14. Otro fic recomendado por Fa! Por fin lo leí, tanto que me molestaste!
Bueno, los dejo, y nuevamente lo siento! No me odien tanto.
Besos…
CAPITULO EDITADO
