Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Todavía estábamos en el suelo. En la espuma.

Charlie continuó mirándonos, su rostro como un trueno, los brazos cruzados apretadamente contra su pecho.

Los brazos de Edward estaban a mi alrededor, mis manos en su cabello. En seguida, me sacó de su regazo y en un suave y fluido movimiento se puso de pie, tirándome gentilmente sobre mis pies. De alguna manera, sus brazos nunca dejaron mi cintura. Se situó delante de mi padre.

"Charlie, ¿por qué no pasamos a la sala y hablamos?" La voz de Edward fue ligera y calma, pero algo diferente había en ella.

Con Charlie, Edward siempre fue cortés y respetuoso, pero sólo estaba haciendo el papel de novio, muy consciente del rol de Charlie, como mi padre. Pero ahora Edward no era el novio. Era mi esposo, él iba a ser padre – era el protector y proveedor y le hablaba a Charlie como a cualquier otro hombre. El acto del novio había terminado.

Los ojos de Charlie se achicaron y creo que la respuesta de Edward le tomó por sorpresa. No habló, pero dio media vuelta y se encaminó a la sala.

"¿Por qué no escuchaste que venía?" susurré bajito en el oído de Edward.

"Estaba distraído." Miró a mi estómago, sonriendo, y me pregunté cómo podía estar tan tranquilo. "Vamos," tomó mi mano y seguimos a Charlie fuera de la cocina.

En el pasillo, Sue Clearwater se ponía su abrigo cerca de la puerta principal. Mi corazón se contrajo – me había olvidado de ella.

"Será mejor que me vaya. Te veré más tarde, Charlie." Su voz estaba aireada y parecía ansiosa por salir.

"Sí, eh, te veré más tarde." La voz de Charlie fue áspera. "Oh, y, eh, gracias por la comida." Le dio un rápido saludo y continuó a la sala.

"Adiós Bella, Edward." Nos miró rápidamente, antes de abrir la puerta y desaparecer.

Levanté una ceja, preguntando.

Edward se inclinó para susurrar. "Ella sabe que algo está pasando, pero no está segura de que es. Llamará a Charlie mañana para preguntar si todo está bien."

Asentí y respiré hondo cuando entramos a la sala de estar.

Charlie se lanzó en una silla, las manos apoyadas en puños en los brazos, sus ojos mirándonos. Edward se sentó conmigo en el sofá, con un brazo alrededor de mi cintura y la otra sosteniendo mi mano en su regazo.

"Entonces, ¿oí bien?" Charlie gruñó las palabras y ellas parecían tener una advertencia. Mi corazón se aceleró y Edward lo advirtió. Sus manos en mi cintura comenzaron a frotar con mayor dureza. Me miró y arqueó una ceja ligeramente. Todo lo que podía hacer era morder mi labio. Realmente no sabía que decir. ¿Tenía que decirle? Él tenía que saber, pero ¿no era demasiado pronto? Nunca creería que era un bebé de luna de miel. Edward se mantuvo mirándome, la pregunta aun en sus ojos. Me acomodé, le di una sonrisa rápida y apreté su mano, antes de darle la cara a mi padre. Cuadró sus hombros y se sentó derecho en su asiento.

"Sí, oíste bien, Charlie." Y no dejó de sonreír, no pudo evitarlo. "Estamos muy contentos de decirte que vamos a tener un bebé." Se detuvo un momento. "Vas a ser abuelo."

Charlie permaneció inmóvil. Entonces su mirada se dirigió a mi cintura, pero mi barriga estaba escondida bajo la camisa suelta. Debajo llevaba mis jeans de maternidad. (nt: aquí se refiere a preggy jeans, claramente termino proveniente de pregnant, son jeans con la pretina elástica, sin cierre ni botones, como los que Bella compra en la tienda de bebé, en el capítulo pasado.)

Mi pierna estaba balanceándose arriba y abajo con nerviosismo. Edward soltó mi mano y alcanzó mi rodilla, deteniéndola con suavidad. Como esa pierna se calmó, la otra siguió, hasta que Edward movió su mano para detenerla también. Charlie observó muy de cerca nuestros movimientos y no creía que sus ojos pudieran ser más duros. Su mirada siguió cada gesto de Edward, su mano en mi rodilla, la otra alrededor de mi cintura, empujándome más cerca. Mi mano descansando sobre el muslo de Edward. De pronto, a pesar de que Edward era mi esposo, sentía que deberíamos estar en lados opuestos de la habitación.

"Es esto…," Charlie comenzó, pero se detuvo y cerró los ojos. Se sentó en silencio, obviamente pensando, pero su rostro estaba comenzando a cambiar de color, pasando por todos los tonos de rojo. Podía escuchar su respiración cada vez más fuerte. Luego fijó su mirada en mí, mirando fijamente mis ojos.

"¿Papá?" Me preguntaba si iba a estar bien. Me retorcí un poco, luego se volvió hacia Edward, mirándolo.

"Sólo quiero saber una cosa." La voz de Charlie fue baja, casi peligrosa a la vez que se inclinaba hacia Edward. Tragué pero Edward encontró su mirada con calma.

"¿Mi hija tuvo que casarte contigo porque la dejaste embarazada?" gruñó la pregunta, haciendo hincapié en mi condición de hija.

"¡Papá, no!" Traté de ponerme de pie pero los brazos de Edward me mantuvieron en mi lugar. Charlie ni siquiera miró el esfuerzo, su mirada estaba aún clavada en Edward y sus nudillos apretados estaban blancos. De improviso, se levantó y miró a Edward.

"Dime, ¿se casó contigo porque tenía que hacerlo?" Sus palabras fueron un silbido furioso.

Mi corazón no iba a poder soportarlo, estaba segura de ello. La mano de Edward mantuvo su agarre en las mías, sus pulgares acariciando mi piel. Encontró los ojos de Charlie sin pestañar, luego, me soltó y se puso a su altura. Charlie tuvo que inclinar un poco su cabeza para no soltar su mirada.

"No, Charlie. Bella no se casó conmigo porque tuviera que hacerlo." La voz de Edward seguía tranquila y respetuosa, pero también era más fuerte y firme. "Ella es mi esposa porque ella eligió serlo. Nos casamos porque nos amamos y por todas las razones que te dimos la noche en pedimos tu bendición." El énfasis en sus palabas fue claro.

Charlie miraba a Edward cuidadosamente. Mi padre había empujado su mandíbula hacia delante, dando a su rostro una fiereza que no había visto antes, mientras seguía mirando a los ojos de Edward.

"Y Bella no estaba embarazada esa noche." El tono de Edward no dejaba lugar a dudas. O discusión.

Mantuvieron su posición un poco más. Mi corazón todavía estaba palpitante, y aunque la tensión estaba rodeando a Charlie, Edward se mantuvo en calma. Entonces, algo pareció pasar entre ellos y Charlie retrocedió un poco. Su respiración comenzó a calmarse, y la ira desaparecer de su cara. Hizo un gesto rápido y dio otro paso atrás antes de tirase en su silla y dirigirse a mí.

"¿Para cuándo esperas?" dijo bajito.

"Primavera," Edward dijo inmediatamente, tratando, por mi causa, mantener la farsa del bebé de luna de miel a la vez que volvía a su lugar junto a mí. "No tenemos una fecha exacta."

Charlie parecía sospechoso, pero asintió y mi corazón se contrajo.

Odiaba mentirle a mi padre, pero la verdad era difícil. Había tenido la esperanza de evitar esto con verdades a medias y escusas hasta que fuera tan feliz con lo del bebé como para preguntarse cuando fue concebido.

Y esta era una feliz noticia. Era una noticia excepcional – no era algo para ocultar y hacer de todo una mentira. Tomé una respiración profunda.

"En marzo, papá. El bebé nacerá en marzo." Una vez que las palabras estuvieron afuera me sentí más fuerte, de alguna manera. "Y lo que dice Edward es verdad, no nos casamos porque tuviéramos que hacerlo, no casamos porque lo queríamos, y no estaba embarazada cuando nos comprometimos."

El agarre de Edward en mi mano se apretó mientras me deslizaba al borde de mi asiento. Le di una sonrisa temblorosa y me volví hacia mi padre, las palabras caían rápidamente al yo inclinarme hacia delante.

"Pero no importa cuando pasó, porque esté bebé es muy, muy querido. Y…no puedo decirte lo emocionados que estamos, papá." Charlie me miraba con la boca ligeramente abierta. Seguí hablando. "Sé que no te enteraste de la mejor manera, y lo siento por eso, no es como pensábamos decirte, pero nosotros estamos realmente muy emocionados." Tomé un respiro y me eché hacia atrás en mi asiento, terminando. Hubo un suave tirón en mi mano y miré a Edward. Estaba sonriéndome, amor y admiración en sus ojos. Luego se inclinó y me besó suavemente en los labios, su brazo alrededor de mi cintura empujándome más cerca de él.

Sentado frente a mí, Charlie parpadeó un par de veces, viéndonos, pasó la mano por su cara, pensando. Se hizo un pesado silencio. Y entonces, lo sentí, un cambio en la atmosfera, un cambio en la actitud de Charlie, y la mía. Algo había cambiado – aunque siempre iba a ser la hija de Charlie, ya no era más su niña. Volví la cabeza para mirar a Edward e hizo un gesto apenas imperceptible. También lo había sentido.

"Ambos son tan jóvenes," Charlie murmuró, casi para sí mismo. "¿Qué pasa con la universidad?"

"Se pospondrá por un tiempo," Edward dijo, rápidamente, reenfocándose en mi padre. "Con mi familia dispuestos y deseosos de ayudar, no hay razón por la que no podamos ir a la universidad, sólo un poco más tarde de lo previsto."

"Entonces, ¿tú familia sabe?"

"Sí, saben."

Charlie asintió, pasándose la mano por la cara. "Y están…,"

"Están encantados." La sonrisa de Edward fue cálida. "Es una maravillosa noticia después de todo."

Y con ese comentario, y la convicción en la voz de Edward, empujaron a Charlie.

"Er, sí. Sí, lo es." Se tomó un momento.

Se recostó en la silla y levantó sus manos, apoyándolas en la barbilla. Edward apretó mis manos, y aunque no me miró directamente, fue un guiño.

"¿Y puedes encargarte de los dos?"

"¡Papá!"

La mano de Edward apretó la mía. "Mi situación no ha cambiado desde la última vez que tuvimos esa conversación." No dio más detalles, pero lo miré, preguntándome qué conversación fue esa. Y cuando. "Bella y el bebé nunca tendrán que preocuparse de eso, te lo puedo asegurar." Edward le sonrió y Charlie también, sus pensamientos debieron estar en calma.

Esperamos. Luego esperamos un raro. Entonces esperamos un poco más. Y entonces…Charlie comenzó a sonreír.

"Abuelo, ¿eh?" La sonrisa se convirtió en un ceño fruncido. "Soy un poco joven para eso," murmuró. Pero la sonrisa estuvo de vuelta. "Bueno…supongo que la noticia es realmente genial. Um, felicidades."

El alivio recorrió todo mi cuerpo. No me había dado cuenta de que había apretado mi mandíbula y ahora me dolía un poco al extender mi boca en una amplia sonrisa.

Charlie se levantó, así que nosotros también lo hicimos. Estrechó la mano de Edward y me dio un abrazo. "Un bebé." Sacudió la cabeza. "Escucha, lo siento por…bueno…" Metió las manos en los bolsillos.

"Está bien, papá. Entendemos. También fue una sorpresa para nosotros." Los brazos de Edward alrededor de mi cintura me apretaron suavemente.

"¿Renne sabe?"

"No le hemos dicho aún."

Charlie comenzó a reír. "¡Me pregunto cómo se va a tomar eso de ser Abuela!"

Edward y yo reímos, pero internamente me encogí ante la posible reacción de Renne.

"Sue probablemente estará preocupada." Charlie se rascó la barbilla. "¿Puedo decirle, digo, ya sabes, si ella pregunta?" Tosió torpemente.

Edward sonrió. "Sí, por supuesto." Eso me sorprendió pero decidí ser guiada por él en esto. Le preguntaría más tarde. Eso y la conversación de él encargándose de mí.

Nos quedamos un poco más y Edward finalmente secó la cocina. Ambos me prohibieron la entrada hasta que el piso estuviera completamente seco y yo rodé lo ojos – los dos hombres más sobreprotectores en mi vida a solo una vuelta de tuerca.

"Bueno, eso estuvo bien." Me dejé hacer en el sofá. Habíamos llegado a casa en menos de tres minutos con la mano de Edward sobre mi vientre todo el camino.

"Sí, lo estuvo." Estaba tirado en el piso de la sala, su cabeza en mi regazo, esperando por otro pequeño golpe.

"Pero sabías que pasaría, ¿no? Lo podías ver en su mente."

Encogió un hombro. "Estaba sorprendido, al principio. Luego enojado, como viste. Estaba molesto de que te hubieras visto obligada a hacer algo que no querías hacer…como casarte a los dieciocho." Me sonrió, con la torcida, mi favorita. "Sabía que no era el caso, le hicimos saber eso a él."

Asentí con la cabeza, comprendiendo. Mi mano retorciendo su cabello, levantando sus mechones bronce y dejarlos caer entre mis dedos.

"Pero también lo forzó a realizar un cambio enorme en la forma en que te ve. Luchó un poco con eso y lo hará por un rato."

"Lo sé, sentí eso, también. ¿Pero está bien?"

"Él está bien. Cuando salíamos se preguntaba si tu caña Junior Fisherman aún está en su bote."

Había olvidado mi caña de pescar y reí a la vez que mis dedos jugaban con el cabello de Edward. Acomodó su cabeza en mi regazo.

"Sentimos a nuestro bebé." Él sonreía mientras se sentaba un poco, levantando la cabeza y poniendo sus manos sobre mi vientre.

Una risita se me escapó. "Lo sé."

Alzó la mirada hacia mí de repente. "¿Qué se siente?"

"Oh, um…algo como si alguien chasqueara sus dedos contra mí, fuerte, desde el interior."

Edward sonrió y siguió moviendo las manos lentamente, con ternura.

"¿Qué sientes tú?"

Se alejó con una sonrisa. "Como si alguien suavemente me golpea para llamar mi atención." Vio sus manos otra vez. "Y ciertamente lo consiguió," murmuró y yo reí.

Resopló y sacudió la cabeza.

"Bella, cuando…yo…esto…todo esto…y tú…eres simplemente increíble." Parecía realmente perdido en sus palabras, incapaz de expresarse, lo que era muy raro en él. Se dio cuenta y se rió de sí mismo. "No puedo ni formar una frase coherente."

"Estas manejado muy bien a Charlie."

"Así como tú." Oí el significado en sus palabras a la vez que se acercaba a acariciar mi mejilla y me sentí ruborizar.

"¿No te importa si le dice a Sue?"

"No." Se subió al sofá y se tendió de espalda, dejando su cabeza en mi regazo mientras sus piernas colgaban desde el brazo. Apoyé mi mano pobre el plano de su pecho y la cubrió con la suya.

"Entonces, ¿no crees que haya algún problema con los lobos?"

Torció un poco la boca al considerarlo. "No veo porque debería ser. Probablemente estén curiosos, lo que es de esperar, supongo." Encogió levemente un hombro. "Pero yo no he mordido a nadie."

Levantó mi mano para besarla, para luego, dejarla de nuevo sobre su pecho. "La universidad siempre será una opción. Como dije, vamos a tener mucho apoyo, si elegimos hacer eso. O bien, podría quedarme en casa con el bebé mientras tú sales."

"¿Qué?" ¿En serio? Por la expresión de sus ojos abiertos, yo diría que sí, lo era.

"Pero la universidad no sería divertido sin ti."

Su sonrisa fue muy cálida. "Es sólo una opción. Y yo podría tener la cena sobre la mesa todas las noches cuando llegues de clases." Reí y él también. "Pero, tienes razón, largos días separados no sería lo que yo quiero." Pero su comentario de la cena en la mesa me recordó una pregunta.

"¿Qué fue lo que dijiste, sobre encargarte de mí y de la última vez que tuviste esa conversación? ¿Qué conversación?"

Una lenta sonrisa tomó forma en sus labios.

"Mm, bueno, Charlie sabe que la familia Cullen es acomodada, pero la noche en que le dijimos que estábamos comprometidos, una de las cosas que estaba pensando era en cómo te iba a apoyar. En realidad no lo preguntó, pro yo quería dejar su mente tranquila para la próxima vez que lo viera, y tú estabas arriba, así que planteé el tema y le hable de las inversiones de mi herencia."

"Oh. ¿Y él estaba feliz con eso?"

Una sonrisa cursó en los labios de Edward.

"Sí, él…,"

"Está bien. Sólo preguntaba." Dije rápidamente, ansiosa por cerrar el tema. Se dio cuenta, por supuesto, y sus ojos se entrecerraron ligeramente mientras sonreía.

"Sabes que de verdad debes ver nuestra cuenta en el banco alguna vez, Bella. Es importante que ambos estemos involucrados en nuestros asuntos financieros."

Sonreí con nerviosismo a la vez que él se enderezaba para mirarme. "Y son nuestros asuntos financieros. No sólo míos."

Él siempre se refería a nuestra cuenta bancaria, nuestro dinero, pero todavía pensaba en eso como suyo, aun cuando haya firmado los papeles de una cuenta conjunta. A pesar de que había añadido mis escasos ahorros al pozo.

Así que solo sonreí y él me sacudió la cabeza. Luego extendió una mano y acarició a lo largo de mi mandíbula suavemente con sus dedos.

"¿Estás cansada, amor?"

"No, no mucho, ¿por qué?"

Sonrió. "Los otros están a punto de llegar a la casa. ¿Podemos decirle?"

Los Cullen estaban tan emocionados como nosotros. Todos querían sentir, incluso Jasper, y en un punto tenía al menos seis frías manos en mi barriga hasta que Edward suavemente me alejó del montón de vampiros. Y el bebé se movió solo una vez, aunque solo la mano de Esme lo sintió. Edward se veía decepcionado por habérselo perdido.

Y Carlisle tomó notas frescas para mi archivo.

"Esto confirma, dado el tamaño y la actividad, que si bien el embarazo está definitivamente progresando más rápidamente que el de un humano, aún sigue el mismo patrón de desarrollo." Su cabeza estaba inclinada sobre la carpeta mientras su mano volvía las páginas en un manchón casi invisible.

"Y eso es bueno, ¿verdad?" Pregunté y Carlisle sonrió.

"Eso es bueno, sí."

"¿Y ahora Charlie sabe? ¿Está emocionado?" Esme preguntó.

"Él sabe, y sí, está emocionado…ahora," sonreí y Esme se vio un poco confundida con mi énfasis.

"Estaba un poco preocupado, primero, por nuestra motivación para casarnos," respondió Edward y ella asintió, entendiendo.

"¿Debemos mencionar a Sue?" Le pregunté a Edward bajito, sabiendo que todos podían escuchar de todos modos. Edward miró a su familia, reunida en los sofás y sillas, encogió los hombros.

"Sue Clearwater estaba de visita donde Charlie. Sabe que algo está pasando, pero no sabe exactamente que es. Planea preguntarle a Charlie mañana. No creo que sea un problema."

Carlisle asintió. "Estoy de acuerdo, ninguna de las condiciones del tratado ha sido rota. Si ellos quieren saber que está pasando, vamos a decirle." Habló con confianza y sonreí, contenta de que compartiera la actitud relajada de Edward. Había estado preocupada de que la euforia de Edward pudiera estar segándolo de un problema real.

Comencé a bostezar, repentinamente cansada. Eso pasaba mucho en estos días – repentinas olas de cansancio me envolvían de la nada.

"Creo que puedo…," antes de que pudiera terminar la frase Edward me había tomado en brazos y se dirigía hacia las escaleras.

"Edward, puedo caminar."

Sonrió y me besó rápidamente. "Lo sé. Pero me gusta."

Me había quedado dormida con Edward enroscado a mí alrededor. Había estado esperando que el bebé tratara de llamar su atención de nuevo, pero parecía que él o ella se había ido a dormir también.

Cuando desperté, el sol era pálido en el cielo y yo estaba sola.

Me levanté de la cama, bostezando, y abrí la puerta. Me puse la bata mientras entraba al pasillo y miré hacia las escaleras. La casa parecía vacía.

Entonces lo oí.

La puerta principal de abrió de golpe y apenas un segundo después, Edward estaba saltando los escalones, de tres a la vez, pelo al viento y una sonrisa plasmada en su rostro.

Me levantó y me besó. Había manchas de pintura en su pelo y manos.

"Está terminado," susurró mientras sus labios se presionaban contra mi oreja. Estaba riendo, tanto su estado de ánimo como su aliento helado dejaban cosquillas en mi piel.

"¿Qué está terminado?"

"La habitación del bebé." Ahora estaba besando mi cuello. "La habitación está terminada. Ven y mírala."

Me llevó en sus brazos y comenzó a retroceder para bajar las escaleras, antes de detenerse de repente y desacelerar su ritmo.

"Lo siento," sonrió disculpándose.

Afuera él se movió con rapidez, pero suavemente a través de los arboles hasta la casa y pensé que me bajaría una vez estuviéramos adentro, pero no.

"Cierra los ojos," susurró. Sin que mis ojos me dijeran lo contrario, sin siquiera sentir que él se movía, pero un momento después cuando me dijo que mirara, estamos en la habitación del bebé.

"Oh, Edward. Es…sólo…¡wow! ¡Increíble!"

"¿De verdad?" Se veía tímido mientras me dejaba en el suelo.

"De verdad. ¿Lo hiciste esta noche?"

Sus brazos me rodearon. "Sí."

Era como si el prado hubiera sido trasladado al interior. Edward había recreado perfectamente los árboles, la hierba y flores, la pacífica atmosfera. Me acerqué a una de las paredes para examinarla más de cerca. Podía sentir lo nudos y remolinos en la madera, y la suavidad del polvo de los pétalos en las flores. Sacudí la cabeza incrédulamente. De alguna manera, había logrado también, capturar la sensación de luz y espacio, profundidad y distancia. Alcé la mirada hacia el suave azul con suaves nubes esparcidas y creí que el techo era el cielo. Era perfecto.

Y como si fuera el momento justo, el bebé dio su opinión.

"Ooh, rápido, Edward." Estaba al otro lado de la habitación con sus manos sobre mi vientre antes de que siquiera terminara las palabras. Ambos sentimos el pequeño golpe y luego perdí el aliento al volverme a ver el rostro de Edward.

Estaba irradiando alegría pura, sus ojos se llenaron de asombro, pero también de una profunda satisfacción, y llevé mi mano hacia de donde estaba cubriendo la suya, y acuné su rostro, mi pulgar recorriendo su piel. Volvió la cabeza y besó la palma antes de llevarme en un abrazo.

"¿Quiere traer el caballito de madera, ahora?" susurré.

Sus ojos se iluminaron. "Podemos, ¿cierto?"

Asentí.

"Y tu mecedera," agregó.

"Y la cuna estará aquí en unos días, y las cosas que compramos en Seattle…"

"Lo único que falta es el bebé," Edward rió.

"¿Qué vamos a hacer durante los próximos seis meses, mientras estamos esperando?"

"Cinco meses y medio." Pasó su nariz a lo largo de mi cuello y más abajo por mi hombro. "Y encontraremos algo que hacer," dijo suavemente haciéndome estremecer. Se alejó y desapareció hacia la sala de estar, volviendo en un vampírico segundo con mi mecedora.

"Um, ¿dónde?" preguntó, mirando alrededor.

"¿En la esquina tal vez?" Señalé la esquina opuesta a la puerta. Edward la dejó allí y ambos dimos un paso atrás y lo estudiamos. Una silla en una habitación vacía. Comenzamos a reír.

"Voy a buscar el caballito ahora, ¿me esperas aquí?"

Asentí y reí otra vez. "¿Dónde voy a ir?" Sonrió y me besó antes de desaparecer.

Me quedé allí en la habitación, mirando alrededor. Su trabajo era exquisito, no había otra palabra para describirlo. El minucioso detalle de las venas en cada hoja, el grano y los nudos de los árboles, las hojas individuales de la hierba. Noté que había una ardilla acurrucada en una de las ramas y sonreí. Él dejó su corazón y su alma en esto. No era solo una obra de arte, era una obra de amor. Lo sentía, rodeándome, y suspiré, preguntándome si mi corazón humano era capaz de contener esta inmensidad de sentimientos. Seguramente pronto iba a reventar.

Entonces, súbitamente, él estaba detrás de mí, balanceado sin esfuerzo el caballito de madera sus brazos.

"¿Bajo la ventana?" preguntó y asentí, sí.

Dimos un paso atrás para admirar. Ahora teníamos una silla y un caballito.

"Bueno, es un comienzo." Edward estaba sonriendo y yo también.

"Me gusta la ardilla," dije, señalándola.

"Gracias. Me gusta la rana."

"¿Qué rana?"

"Esa." Apuntó hacia abajo y sí, escondida entre las hojas de hierba había una rana.

"Oh, no la había visto." Mis ojos estaban recorriendo la obra, en la búsqueda de otros tesoros que pudo haber ocultado. "¿Hay algo más?"

"Sí, una lechuza." Tomó mi mano y caminamos hasta la pared opuesta a la puerta. Sentada en una rama, había una pequeña lechuza gris – marrón. Tan perfecta en sus detalles, podría haber sido real. Al igual que la ardilla y la rana – todas podrían ser reales.

"Y hay un ciervo, allí." Se trasladó hacia un área cercana a la ventana. Un ciervo joven se asomaba con timidez detrás de un árbol, su cabeza inclinada en un ángulo de tentativa curiosidad. Mi boca estaba abierta – era hermoso. ¿Y cómo no lo había visto? Supuse que como en un bosque real, tenías que buscar para ver lo que estaba allí.

"Creí que al bebé le gustaría observarlos." Se medió encogió de hombros y me sonrió.

"Al bebé le va a encantar." Esto era mucho mejor que los animales purpuras y naranjos con rostro de dibujos animados. "Pero podríamos mostrarle donde están los animales, están muy ocultos."

"Bueno, si el bebé tiene más desarrollados sus sentidos, como esperamos, es probable que pueda verlos sin mucha dificultad."

"Oh, claro, por supuesto." Asentí – no había pensado en eso.

Llevé mis brazos alrededor de su cuello.

"Te amo, Edward." Había tantas cosas que quería decir, pero no tenía palabras y te amo era lo mejor que se ocurría. Pero pareció entender – y yo sabía que él sentía lo mismo. Lo pude ver en sus ojos y sentir en sus manos sobre mí. Su amor era vibrante…y vivo. Apoyé la cabeza sobre su pecho y dejé que el flujo de sentimientos me recorriera. A ambos.

Después de un rato levanté la cabeza.

"¿Vamos a llamar a Renne?" pregunté. Ahora que Charlie sabía, era justo que ella supiera, también. Y yo quería decirle.

No nos molestamos con la historia del bebé de luna de miel. Simplemente de dije a Rene que íbamos a tener un bebé, para marzo, y que los dos estábamos muy emocionados. Edward podía oír desde el teléfono. Ella estaba sorprendida, aturdida y asustada. Contuve la respiración, esperando la explosión, el sermón de haber arruinado mi vida. La mano de Edward estaba apretada contra la mía y deseaba que pudiera leer su mente a través del teléfono. Entonces, de improviso, hubo un chillido de emoción y me dijo que ya sabía hace un montón de tiempo, y comenzó a hablar sobre yoga para bebés, vitaminas y música de ballenas para la sala de parto. Y al parecer ella había guardado algunas de mis cosas de bebé y prometió enviarlas de inmediato. La llamada terminó con la promesa de que el bebé la llamaría Renne, no abuela.

El paquete de mi madre llegó tres días después, junto con la cuna, las compras de Seattle…y lo lobos.

Me desperté y la cama estaba vacía a mi lado. Esta era la segunda vez en la semana y me pregunté qué era lo Edward estaba haciendo mientras yo dormía. Me puse la bata a la vez que caminaba por el pasillo, esperando ver si Edward llegaba corriendo por las escaleras con una nueva sorpresa. Pero no lo hizo.

Había grandes ventanas que daban del pasillo al jardín frontal y pude ver que algo ocurría allí. Me moví para echar un vistazo y me oí jadear.

Billy Black estaba en su silla de ruedas en el césped, Sam Ulley estaba a un lado, Seth Clearwater en el otro. Detrás de ellos, a corta distancia, había dos enormes lobos – uno gris y uno café. No los reconocí.

Carlisle y Edward estaban de pie en el césped, frente a ellos, y solo podía ver a Emmett y Jasper, con los brazos cruzados sobre el pecho, de pies detrás de ellos en los escalones del porche.

Me moví rápidamente, esperando bajar y ver que estaba sucediendo, pero Rosalie estaba allí, justo a mi lado, y abrió sus brazos para detenerme.

"Agh, ya debería estar acostumbrada con vampiros escurridizos", murmuré alejándome un paso de sus brazos. "¿Qué está pasando, Rose?" Traté de pasar de ella. Inútil, por supuesto.

"Espera, Bella, y te digo."

En ese momento apareció Alice, frotándose las sienes con sus dedos, frunciendo el ceño.

"No puedo ver nada, es como estar ciego. ¿Me pregunto si así se siente una migraña?"

Los lobos siempre la hacían sentir así, desorientada e incómoda con su segunda vista. Le tendí mi mano y ella sonrió. Pero todavía tenía una pregunta.

"Han oído lo del bebé, ¿cierto?"

Rosalie asintió mientras esperaba un momento para asegurarse que no iba a ir a ninguna parte.

"Charlie le dijo a Sue. Por supuesto, le contó a los lobos. Acaban de llegar para saber lo que se pueda, como esperábamos. Hasta el momento, todos en calma."

"¿Calma? No hay nada sin calma en esto. Tener un bebé no rompe con el tratado."

"Lo sé. Pero es inesperado y quieren estar seguros…," ahí sus ojos se nublaron con alguna emoción. No la pude identificar. "Quieren estar seguros de que el bebé no representa un riesgo para nadie." Había fuerza en su voz. Rosalie era igual de protectora con el bebé como nosotros.

"¿Qué riesgo? Ellos…oh, ya veo. Conocen los mitos sobre malvados bebés vampiros, ¿verdad?"

Ella asintió. "Y están preocupados de que estés en peligro, también."

"Entonces tengo que bajar, para que vean que estoy bien."

Sacudió la cabeza, al tiempo, Alice habló.

"No creo que Edward quiera Bella. No en este momento."

"No es decisión de Edward." Traté de sobrepasarlas pero ambas me alcanzaron para detenerme.

"No, no es su decisión," Rosalie habló firmemente. "Pero es su bebé, así como tuyo. No quiere poner a ninguno de los dos en peligro." Sonrió a la vez que sus ojos parpadeaban a mi vientre y sabía que ella tenía buenas intenciones. El bebé había sacado el lado más suave de Rosalie.

"Tiene razón, Bella." Alice sonreía débilmente mientras tomaba gentilmente mi mano en la suya.

Suspiré. No era solo por mí, lo consideraba ahora. Pero yo quería ayudar. Si ellos pudieran ver que estaba bien…

"Rosalie, ¿Edward está oyendo esta conversación, no?"

"Probablemente, sí."

"Así que él sabe que quiero bajar, pero no se apresura hasta aquí para detenerme."

Miró a Alice, luego ambas me miraron con los ojos entrecerrados.

"Tal vez pueda bajar y ver si es seguro ir al porche junto con Emmett y Jasper, para que Billy y Sam puedan verme."

Parecieron considerarlo por un momento. Luego Rosalie dejo caer su brazo desde el mío y Alice soltó mi mano.

"Está bien, pero deja que te ayuda con las escaleras."

"Rosalie, estoy embarazada, no invalida."

Me miró con incertidumbre. "Bueno, ten cuidado, entonces." Rodé mis ojos a la vez que me anudaba la bata.

Edward me esperaba al final de las escaleras, su rostro estaba ansioso, con ojos oscuros. Era consciente de que Rosalie y Alice estaban detrás de mí. Esme estaba mirando desde el salón, su rostro preocupado.

"Rosalie me dijo lo que está pasando," dije.

Asintió. "¿Hay algo que pueda hacer para convencerte de permanecer en el interior sin un argumento?" Sus ojos estaban suplicando.

"¿Hay algún peligro para mí o para el bebé si sólo salgo al porche con Jasper y Emmett? ¿Y así puedan ver que estoy bien?"

Parecía un poco sorprendido de mi respuesta, obviamente esperando más que una pelea.

"Bella, los dos lobos que han traído con ellos son jóvenes. Puedo ver en sus mentes, el gris, en particular, es imprevisible y volátil, incluso Sam desea no haberlo traído. Ya he sugerido que venga a verte en otra ocasión, sin la escolta…,"

"Pero si el más joven está nervioso, ¿no debería ver por sí mismo que nada está mal?" No lo estaba desafiando, le estaba preguntando, y en medio de su sorpresa pude ver que lo consideraba. "Sé que no dejarías que nada me pase, Edward."

Suspiró otra vez y se pasó la mano por la cara. Una mirada derrotada parpadeaba en sus ojos. "Está bien, pero por favor, ¿serás guiada por mí en esto?" Dobló un poco sus piernas para poder mirar directamente en mis ojos, suplicando, sus manos aferradas a mis brazos. Tenía una visión clara de su ansiedad y toqué su mejilla. Tomó aliento. "Si te digo que regreses adentro, irás adentro." Sus ojos se clavaron en los míos. "Y si no lo haces…lo haré por ti."

Su voz era grave, seria, y sus ojos duros y persistentes mientras me miraban fijamente. Me di cuenta de que mordía mi labio mientras asentía. Estaba buscando en mi rostro. "No correrás riesgos, Bella. Ninguno." Su mirada de trasladó a mi bulto.

"Te lo prometo, Edward. Te dejaré llevar esto."

Me estudió por un momento, luego su mirada se suavizó un poco. Dejó escapar un suspiro y una esquina de su boca se elevó levemente sugiriendo una sonrisa, pero contrajo su mandíbula de nuevo. Se enderezó y con un brazo firmemente enrollado alrededor de mi cintura, caminó conmigo hacia el porche.

Jasper y Emmett se hicieron a un lado para flanquearnos. Carlisle se quedó en el césped, pero se acercó. Podía ver la carta de Siobahn en su mano y fruncí el ceño. La carta tenía información que debía ser discreta y confidencial. Me preguntaba qué había sucedido que le hizo a él y a Edward sentir necesario mostrársela.

Noté que Emmett flexionó sus enormes brazos y se estiró para hacerse más alto. Y podía sentir lo músculos de Edward flexionar y apretarse contra mí. Me llevó tan cerca que casi era una parte de él, sus manos extendidas sobre mi vientre en un gesto claramente tanto posesivo como de protección. Por el rabillo del ojo lo vi elevar los hombros, tomar una respiración profunda e inflar el pecho. Luché contra una sonrisa – teníamos toda una exhibición aquí.

Billy, Sam y Seth aún estaban en su posición sobre el césped. La guardia lobuna estaba a buena distancia y Sam estaba en un ángulo que le permitía poder verlos a ellos y a nosotros. Tomé una respiración profunda.

"Hola, Billy, Sam. Hey Seth." Sonreí ampliamente, mostrándoles que estaba bien.

"Bella, felicitaciones." Billy me sonrió. "Te ves bien."

Sam asintió y Seth sonrió. "¡Hola, Bella!" Dijo con un pequeño gesto.

"¡Hola! Estoy bien, gracias Billy. Me siento bien. Entonces ¿qué hacen aquí tan temprano?" Mis ojos se posaron en los lobos que habían comenzado a acercarse un poco. Sentí la tensión recorrer a Edward. Un gruñido estaba retumbando en su interior, apenas conteniéndolo. Lo vi a la cara y me sorprendió ver su labio superior comenzar a curvarse sobre sus dientes, sólo un poco. Pasé saliva, fue raro verlo con esa cara. De repente, recuperó su expresión, y volví a mirar a Billy que continuó hablando. Un gesto de Sam envió a los lobos de nuevo a su lugar.

"Sue nos contó las nuevas, y luego recibí una llamada de Charlie, estaba muy emocionado. Justo estábamos llegando de…," Billy hizo una pausa y se encogió un poco. "Estoy aquí como amigo de tu padre, Bella. Charlie no conoce la historia completa, así que pensé que debía asegurar que realmente estuvieras bien," terminó con una sonrisa.

"Bueno, como puedes ver…," sin pensarlo avancé un paso hacia delante, pero Edward siseó.

"¡Bella!" Y sus brazos se cerraron a mí alrededor al tiempo que el lobo gris mostraba los dientes, bajaba la cabeza y fruñía suavemente. Junto a nosotros Emmett y Jasper se acercaron, Jasper murmuró algo que no entendí pero que le hizo hacer a Edward un pequeño movimiento de reconocimiento. Sam se dio la vuelta y tranquilizó a los lobos con una mirada y algunas palabras duras. Comprendí que la exhibición de músculos por parte de Edward no era sólo una pantalla. Su brazo era como un cable de acero a mí alrededor y me estaba empujando detrás de él, posicionándose por delante de mí, poco a poco.

"Eh, ¿Edward y Carlisle te explicaron todo?" Pregunté por encima del hombro de Edward. Los músculos de su espalda ondulaban bajo mis manos. Dejé mis ojos en un lobo por un largo momento antes de buscar de nuevo a Billy, preocupada por como interpretaría las acciones de Edward.

"Sí. Parece que todo va a estar bien." Billy asintió y sonrió.

Sonreí, aliviada. "Eso es verdad. Todo va a estar bien." Hablé con firmeza. ¿Oíste eso, lobo peleonero?

La sonrisa de Billy se ensanchó. "Y me alegro de que estés bien, Bella. Sue nos dijo que te veías bien, sólo quería estar seguro."

"Aprecio eso, Billy." Mantuve mi sonrisa. "Entonces, um, ¿cómo están las cosas?" quería mantener esto lo más amistoso posible.

"Las cosas van bien. Jacob podría venir pronto a casa." El rostro de Billy se iluminó y mi corazón se contrajo a la vez que los músculos de Edward se contraían aún más.

"Estaba interesado en saber de tu bebé" Sam dijo en voz baja.

Ah, eso es cierto, los poderes telepáticos entre lobos podían cubrir cientos de kilómetros. Incluso en las profundidades de Canadá, donde Jake andaba, habría escuchado las nuevas. Eso me tocó un poco. Extrañaba a mi amigo, no lo había visto durante cuatro meses y nuestra separación no había sido feliz. Me preguntaba que le haría este nuevo desenlace. Sí volvía, ¿querría verme? ¿me gustaría verlo? Sí, pero no si existía algún riesgo para el bebé o Edward, decidí.

"Bueno, nos aseguraremos que sepa que todo está bien, ¿no?"

Sam asintió. "Lo haré."

"Bueno, ya es hora de irnos. Siento haberte despertado, Bella." Billy destrabó las ruedas de su silla.

"Adiós, Bella." Seth dio un guiño de nuevo y se lo devolví al tiempo que Edward me llevaba al interior.

"¿Vienes arriba?" pregunté.

"En un momento." Sus ojos estaban brillantes y oscuros. Sí fuera humano, creería que era adrenalina la que está bombeando. "Sólo voy a terminar aquí."

"Bien, y luego me explicaras todo lo que sucedió antes de que bajara." Levanté una ceja y él me dio su expresión de no sé de qué me estás hablando. Levanté una segunda ceja. Suspiró.

"Sí, está bien. Pero, ¿me haces el favor de subir las escaleras, ahora?"

Le di un rápido beso en los labios y asentí.

"Ten cuidado en las escaleras."

Me aseguré de que escuchara mi gemido.

Los lobos habían desaparecido y Edward se tendió en la cama a mi lado. "Así que…dime. Sé que hay algo más que felicitarnos y chequear que estoy bien." Él estaba agitado y distraído, quería saber por qué.

Acurrucó su cabeza en mi cuello y dejó escapar un suspiro.

"Bella, ¿si te digo que todo está bien, lo dejas pasar?"

"No. Y no hacemos las cosas de esa manera, ¿recuerdas?"

Suspiró otra vez. "Lo sé," dijo y rodó sobre su espalda, entrelazando los dedos detrás de su cabeza, mirando al techo, donde un fino rayo de sol serpenteaba. Había algo más en todo esto.

"Sue le dijo a Billy que estabas embarazada tan pronto como lo oyó de Charlie. Y, al igual que nuestro primer pensamiento cuando nos enteramos, no creía que una vampiro pudiera ser padre de una niño…,"

"Quieres decir, como tu primer pensamiento," lo interrumpí con una sonrisa y un codazo en las costillas mientras me sentaba para ver su mejor cara.

Sonrió. "Punto a considerar. Sin embargo, algunos de ellos asumieron que si estabas embarazada, entonces tal vez lo mitos y leyendas eran ciertas, y tu estaban llevando…," hizo una pausa, sus labios de adelgazaron y frunció el ceño. Terminé la frase por él.

"Tal vez yo estaba llevando un monstruo."

Asintió. Estiré una mano, dejando sobre su pecho, sonriéndole y animándolo. Después de un momento continuó.

"En cierto modo, puedo entender eso. Como ya dije, fue mi primera suposición, también. Y su primera preocupación fuiste tú, que estabas en peligro, a pesar de que Sue le había dicho que te veías bien y parecías feliz." Tomó aliento y los tendones de su cuello y mandíbula se estiraron al tensarse. Continué acariciando con mis dedos su pecho, moviendo mi mano hasta deslizarla por debajo de su camisa para poder sentir su piel. Así él podría sentir la mía

"Estoy feliz."

Parecía un poco más calmado, dejó salir un suspiro y siguió hablando. "Y su siguiente preocupación era que el bebé pudiera ser un riesgo para la seguridad humana."

"Como en los mitos."

Asintió. "Como en los mitos. Billy y Sam sólo querían saber la verdad y cuales eran nuestros planes, como nosotros esperábamos que hicieran. Pero, algunos otros…" pausó y cerró los ojos un momento. "Algunos de los otros exigían acción. Creían que el tratado había sido roto."

No entendía. "¿Por qué? ¿El tratado no trata sobre matar humanos y no crear nuevos vampiros?"

Abrió los ojos y me miró. Estaba enojado, y todo su rostro había cambiado. Su mandíbula, los planos de las mejillas, se habían vuelto más agudos, más duros. Sus fosas nasales un poco más abiertas y las palabras salieron a través de sus dientes apretados.

"Ellos pensaron que deliberadamente te había embarazado con mi maldita semilla, que estaba creando un nuevo vampiro, y que de buena gana iba a permitir que murieras en el proceso. Aparentemente, había marcado dos ítems en mi búsqueda de crear un nuevo ejército."

Estaba sorprendida y enojada. Mi aliento era audible y podía sentir la furia recorrerlo. Noté que sus manos ya no estaban detrás de su cabeza, si no que estaban agarradas del marco de hierro de la cama – podía ver la barra doblarse ligeramente. Sus ojos estaban casi negros. Pero había algo más también, detrás de su ira. Edward estaba herido.

"¿Cómo…quién? Dijiste que no fue Billy o Sam. ¿Ni Seth?"

"No, tampoco Seth. Era sólo curiosidad, como esperábamos. Pero lo otros…¿sabías que ahora hay más lobos? Y ellos…," se detuvo. "Sam necesitaba presentarme sus inquietudes, para así poder llevar de vuelta la prueba de que estaban equivocados."

"Pero, ¿Cómo pudieron siquiera…,?"Me detuve echando humos. Mi propia ira no iba a ayudarlo. En vez me acosté a su lado y me acurruqué en su costado.

"Oh, Edward…amor."

Era la primera vez que había usado un apodo cariñoso, la única que él me decía a menudo. Volvió su cara rápidamente hacia mí, sorprendido, y de pronto, la ira comenzó a desaparecer de sus ojos. Su cuerpo se relajó, sólo un poco, y sonrió suavemente mientras continuaba repasando lánguidamente su pecho.

"Pero ellos sabrán la verdad, ¿no es cierto?"

Asintió a la vez que miraba de nuevo al techo. Soltó la barra de la cama y bajó su brazo, dejándolo sobre mi mano en su pecho.

"Sabrán la verdad, ahora, sí. Aunque el lobo gris, Zeke, no quería ser convencido. Estaba buscando una pelea, lo pude ver en los pensamientos de Sam, que podría ser un problema. Estaba buscando una manera de tratar con él."

Asentí. "Por lo tanto, Sam se encargará de Zeke y sólo debemos permanecer lejos de La Push."Dije con simpleza y me dio otra suave sonrisa. "Todo saldrá bien, Edward."

Él asintió y suspiró. "Creo que las camisetas ayudaron un poco."

¿Camisetas?

"¿Qué camisetas?"

Una pequeña sonrisa. "¿No las viste? Emmett estaba usando su camiseta del Tío Más Grande del Mundo. Hizo elevar algunas cejas en nuestro visitantes."

Solté una rápida carcajada. "¿En serio? ¿Se la puso especialmente?"

"No, él ya la estaba usando. Jasper llevaba la suya, también, sólo que él tachó El Segundo más Grande y escribió Favorito con marcador permanente. Él y Emmett se peleaban por tener atención cuando los lobos llegaron. Ellos estuvieron un poco…sorprendidos. "

Reí y me dio una débil sonrisa antes de suspirar con pesadez y girar sobre su costado, amoldándose a mí. Envolví mis brazos a su alrededor y recostó su cabeza contra mi pecho, escuchando mi corazón. Lo abracé, acariciando su nuca y dejando suaves besos en su mejilla, frente y cabello, diciéndole que lo amaba. Poco a poco, sentí la tensión abandonarlo, la ira y el dolor desvaneciéndose.

Nos quedamos así por un rato, hasta que creí que era tiempo de algo más feliz.

"Edward, he estado pensando en algo."

"¿Mm?" Estaba acurrucado en mis brazos, abrazándome.

"¿Qué piensas de Basil, para un niño?"

Levantó la cabeza y miró mi rostro, sorprendido. Eso desvió su atención de los lobos.

"¿Basil?" Ahora fruncía el ceño. Esas perfectas cejas estaban elevándose juntas y alisé la arruga que se había formado con mi dedo. "Er, Bella…no es en serio, ¿verdad?"

Me encogí de hombros. "Bien, no Basil. ¿Qué piensas de Marmaduke? ¿O Bertha, para una niña?"

Esa sonrisa torcida comenzó a aparecer, la luz volvía a sus ojos. Mi corazón dio un pequeño salto.

"¿Bertha?"

Asentí, sonriendo, y de repente, él me devolvió la sonrisa, con ojos brillantes.

"Sí, está bien. Me gusta Bertha. Bien, entonces nos quedamos con eso." Se tendió sobre su espalda, sonriendo.

"¿Qué? ¡No!" Estaba riendo a la vez que tomaba una almohada y le golpeaba la cabeza. Levantó los brazos para desviar los golpes, y trató de hablar a través de su propia risa. Rodó sobre la cama, tratando de alejarse de mí, porque después de todo, yo era una amenaza.

"Y creo que deberíamos considerar Crispian para un chico, O tal vez Algernon. Oh, ya sé Bella, ¿que piensas de Crispian Algernon Cullen? Yo creo que suena bien, ¿no crees?"

Amaba verlo así, feliz y juguetón, y ahora me reía tan fuerte que casi caí de la cama. La mano de Edward me alcanzó y sostuvo, llevándome a su regazo. Besó el tope de mi cabeza.

"Edward, no le pondremos al bebé Crispian o Algernon."

"¿No?"

"¡No!"

Lentamente tranquilizó sus carcajadas. . "Bueno, ¿Cómo quieres que se llame él, o ella?" Sus brazos estaban a mi alrededor, sus manos descansando sobre mi vientre. Incliné mi cabeza contra su hombro.

"Bueno, tengo algunas ideas."

"¿Quieres compartirlas?"

"No son nada extravagantes. Me gustan los clásicos."

"Bella…," su voz fue severa y torcí la cabeza para mirarlo. Su rostro era serio, pero sus ojos brillaban a través de sus oscuras pestañas y había un pequeño atisbo de sonrisa en sus labios. "Amor, no le pondremos al bebé Mr. Darcy."

Una carcajada surgió desde mi pecho. "Entonces ¿Qué piensa de Heathcliff?"

Gimió una risa y revolvió mi cabello con su mano.

"No. No Heathcliff. Y tampoco Mr. Bingley, o Romeo…,"

"Vale, vale, lo tengo," sonreí. "Pero probablemente deberíamos hacer una lista en algún momento."

"Ya tengo una," dijo con timidez.

"La tienes, ¿dónde?" mis ojos volaron a su escritorio pero él golpeo un dedo en su sien.

"Oh. Bien vamos, cuéntame." Me acomodé un poco más en su regazo, pero me volví para quedar de lado y poder ver su rostro. Sus ojos se suavizaron y su timidez pareció aumentar.

"Supongo, siendo algo producto de mi época, también me gustan mayormente los clásicos."

"¿Mm…?"

Bajó la mirada y parecía incierto. "Pueden ser anticuados, pero me gustan Charlotte y Susannah."

Asentí, sonriendo. "Los dos son nombres encantadores, Edward."

Miró hacia arriba, empujando mi pelo hacia atrás y me dio una rápida sonrisa. "Y Grace y Emma. Tal vez Sophia."

"Me gustan esos, también. Y Elizabeth." Añadí el nombre de su madre a la lista y su sonrisa fue suave.

"Y Elizabeth," dijo en voz baja.

"¿Estás pensando que será una niña?" No había nombres para niños en su lista.

"No, no necesariamente. Estaré contento con lo que sea que recibamos. Tengo una lista para chicos, también."

Levanté una mano y toqué su sien. "Dime."

Otro aliento. "Más clásicos, me temo." Asentí para que continuara. "William, Alexander, Angus." Se encogió. "¿No están muy pasados de moda?"

"No, en absoluto." Sonreí. "Pero dijiste la mayoría eran clásicos. ¿Hay otros en tu lista?"

Se movió algo torpe. "Bueno, me gusta Zoe, para una chica. Es griego, significa vida."

Sonreí. Veía como le gustaba ese.

"Pero podría ser un poco…raro, no sé." Se encogió de nuevo. "Nunca he tenido que ponerle nombre a alguien. No me gustaría que mi decisión sea responsable de cualquier burla en el patio de la escuela."

Mi corazón se hinchó por el hombre que me sostenía. Cómo es que había pensado que era un monstruo, nunca sabría. Llevé mis dedos a su cara y acaricié su mejilla.

"No creo que sea demasiado raro." Le di una pequeña sonrisa. "Me sorprende, sin embargo, que pienses en ese. Estuviste en los sesenta y setentas, habían nombres más raros que esos."

Sonrió. "Ocasionalmente me encontraba con Moonbeam o Starshine, sí."

"¿Y no están en tu lista?" Abrí los ojos con fingida sorpresa.

"No, no están," rió. "A pesar de que había un nombre que me gustaba…," se detuvo un momento. "Patchouli."

"Pat…¿qué?"

"Patcholi, para una niña."

"¿Quieres decir como el aceite, o incienso?"

"Estaba pensando más en la flor." Sus dedos estaban jugando con la pils expuesta de mi rodilla y no me miraba. Tímido otra vez.

"Oh. La flor." Wow, me había sorprendido. Tal vez había algo de hippie en Edward después de todo.

"¿Estás seguro que no tienes gasas o collares escondidos en tu armario?" Bromeé y rió entre dientes. (nt: por collares me refiero a loverbeads, collares de cuentas de colores muy usados por los hippies, no creo que tengan una traducción directa al español)

"No, no tengo ninguna. Te lo prometo."

Repetí el nombre un par de veces en mi cabeza – Patchouli. Era lindo. "¿Quieres agregarlo a la lista?"

Torció sus labios mientras pensaba. "No creo. Al igual que Zoe, podría ser muy raro. Es sólo un nombre que escuché una vez y me gustó."

Sonrió y bajó nuevamente la mirada, sus largos dedos comenzaron a jugar con la cinta de mi bata. "Entonces, ¿Qué hay en tu lista, Bella?"

Me acurruqué en él y sus labios dejaron un pequeño beso sobre mi sien.

"Bueno, me gustan los nombres que has mencionado, pero también me gusta Edward." Lo observé, viendo su reacción. Parecía curioso, sus cejas se juntaron un poco.

"¿Dices, llamarlo así por mí, si fuera niño?"

"Podríamos. Siempre ha sido uno de mis nombres favoritos."

Lo consideró por un minuto. "Eso era lo que se hacía, en mi época. Nombrar a un hijo con el de su padre."

Asentí. Sabía que su padre se llamaba Edward también.

"Tu nombre se convierte en parte de lo que eres, Bella…De hacho, creo que bueno que una persona tenga su propio nombre. Prefiero no usar Edward."

"Oh, está bien. Bueno, ¿tal vez como segundo nombre?"

Sonrió y recorrió con su dedo desde el inicio de mi cabello hasta mi mejilla. "Tal vez". Besó rápidamente mis labios. "Dime más de tu lista."

"Bien, me gusta Sara, Paul…," hice una pausa. "Y Masen."

Alzó las cejas. "¿Masen?"

Asentí, mordiéndome el labio. "Para un niño. Sé que no es común para un primer nombre, pero ahora mucha gente usa los apellidos como primer nombre. Es solo un pensamiento, algo a considerar."

Me besó con mucha ternura. "Definitivamente es algo a considerar." Y apoyó su frente contra la mía.

Me besó un poco más antes de bajar y trazar círculos en mi hombro con sus labios. Su mano había deslizado la bata hacia un lado.

"O podemos poner el nombre de un lugar muy especial para nosotros." Murmuré mientras sus fríos labios dejaban una estala de fuego en mi piel.

Rió entre dientes, el sonido vibró contra mí. "¿Quieres llamar al bebé Prado?"

Reí. "No, no pardo."

"¿Laboratorio de Bilogía 3?" Levantó su cabeza y me miró, una ceja alzada.

"¡No!"

"¿Volvo…?"

Estábamos riendo de nuevo, justo a la vez que el bebé daba un golpecito.

"Ooh…" me senté rápidamente en el regazo de Edward y golpeé mi hombro con su dura mandíbula. "¡Ow!" Eso iba a dejar un moretón.

"¡Bella!"

"Bien, bien, estoy bien."

Rápidamente tomé su mano que frotaba mi hombro y la presioné fuertemente contra mi vientre. Y, efectivamente, sí, otro golpe. Los ojos de Edward se fundieron en los míos.

"¿Sabes lo que eso significa, Edward?"

"¿Qué?"

"Creo que al bebé de verdad le gusta Volvo."

Se echó a reír. "Podría ser peor."

"¿Crees eso?"

Asintió. "Podría haber pateado con Bertha."

Todavía estaba riendo cuando de pronto Edward miró hacia la puerta.

"Entra, Alice," dijo a volumen normal y se volvió a mí y rápidamente acomodó la bata a la vez que la puerta se habría. Alice entró sonriente, llevando un paquete de papel café.

"¿Está todo bien?" preguntó, refiriéndose asumí, al anterior estado de ánimo de Edward.

"Sí, todo está bien," Edward respondió y se volvió a mí, desordenando mi cabello de nuevo. "Mi esposa siempre hace que todo sea mejor."

Le rodé los ojos y sonrió. "Pero es verdad, lo haces," susurró mientras besaba mi oreja.

"Esto llegó para ti, Bella." Alice se sentó en la cama sin esperar respuesta.

Abrí el paquete. "¡Mantas de bebé!" Había dos. Ambas blancas, pero una tenía conejos azules y la otra patitos amarillos. Había una nota escondida en el interior y la leí.

Querida Bella,

Estoy tan feliz por ti y Edward. No pude recuperar muchas cosas de bebé como había pensado, sólo estas dos mantas. Son especiales, sin embargo. Charlie y yo las compramos el día en que me enteré de que venías. También guardé a Lumpy, tu camello de peluche, pero las polillas lo encontraron y perdió una oreja y una joroba, lo siento. Incluí un par de cosas que podrían ser útiles. No puedo esperar para verte, cariño,

Con amor, Mamá.

Me pregunté qué otras cosas podrían ser a la vez que me volvía para mirar a Edward. Él estaba mirando a Alice. Alice estaba mirando los patitos amarillos.

"Bella…," Edward me enfrentó y sonreía. "Esta es la manta de la visión de Alice."

Mi boca se abrió. "¿En serio?"

Asintió. "Con la que estaba cargando al bebé en su habitación."

"Tiene razón." Alice había terminado de examinar la pequeña manta. "Es la misma."

Sonreí y la tomé para verla más de cerca.

"Me gustaría ver tu visión, Alice," dije bajito mientras mi dedo repasaba uno de los patos.

"Vas a ver la escena real, pronto, amor," Edward dijo al tiempo que se inclinaba y besaba sobre mi cabeza. "¿Qué más te envió?" Buscó en el empaque y sacó un libro.

"Canto para el parto," me miró, levantando una ceja antes de tomar el siguiente. Un CD. "Canto de Ballenas para la Sala de Partos."

Me encogí de hombros. "Renne." ¿Qué más podía decir?

"¿Vas a poner música de sonidos de ballenas mientras estás teniendo al bebé?" Alice me miró confundida.

Sacudí la cabeza. "No lo he planeado."

"Oh, no sé, amor, podría valer la pena el intento. Podría tocar piano y podríamos cantar juntos." Los ojos de Edward brillaban a la vez que reía.

"¡Ooh!" Alice saltó de la cama y dio una palmaditas. "¡Ya está aquí!" gritó mientras corría fuera de la habitación.

"¿Qué es?" Edward parecía emocionado también cuando le pregunté.

"Una camioneta de reparto viene por la calle. Parece que la cuna está llegando." Ladeó la cabeza un poco. "Ahora hay una segunda camioneta, probablemente son las cosas que compramos en Seattle."

"¡Oh!" También estaba emocionada ahora.

Tiró de mi mano. "Vamos Sra Cullen, es tiempo de que su esposo multitarea arme una cuna." (nt: con multitarea hago referencia con la expresión handyman, sin traducción directa. Esto sería un hombre que hace de todo en casa, electricista, carpintero, gasfíter, pintor de brocha gorda, etc. No encontré mejor traducción.)

No podría esperar para ver eso. Nos bajamos de la cama y me llevó en un cálido abrazo.

"Bella," susurró mientras besaba a lo largo de mi mandíbula.

"Mmm, Edward…,"

"Nunca me compraste el cinturón de herramientas, amor."

.

.

.

Bien! Esta vez no demoré tanto….

Ok, que les pareció este cap? Yo creo que no puedes llamar a tu hija Patchouli, es que estaba pensando Edward? En fin, como creen que se llamará el baby? A ver si el achuntan (no participan quienes leyeron el original, no sean tramposas, jeje). Y no encuentran extremadamente tierno lo emocionados que estaban cuando la habitación estuvo terminada…ahh son unos monos.

Muchas gracias a quienes dejan sus rws, y por sobre todo, porque esta semana me sorprendió por la cantidad, a quienes agregan el fic a sus favs y alerts. De verdad las adoro!

Recomendación: Innocent Sins de knicnort3, y su traducción (Pecados inocentes) realizada por andri88, donde leí la mayor parte de la historia. Bella está en el instituto y es violada cuando va de regreso a casa y de esto resulta embarazada. 9 años después se reencuentra con Edward, un extraño compañero de su tiempo en secundaria. Sin saber cómo se enamoran y se dan cuenta de que algo los une. Algo muy fuerte. No les digo más porque TIENEN que leerlo. Tiene mucho de superación y perdón. También de comprender que ciertos actos no son consecuencia de malas voluntades propias, si no ajenas. Muy lindo…

Ok, me voy, les aviso que creo que el bebé nace en el prox cap. No me maten si demoro mucho…

Besos, Blueskys.

Maestro chasquilla sería la versión chilena para handyman, expresión utilizada en el original)