Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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"Estás amando esto, ¿no?" La irritación en mi voz era clara, pero Edward sólo sonrió.
"Cada segundo." La sonrisa creció a un nivel superior, convirtiéndose en una carcajada y sus ojos rebosaban de amor a la vez que yo negaba.
"Está bien. Pero no más inhala, inhala, exhala, ¿de acuerdo? Me siento lo suficientemente estúpida sin los efectos de sonido."
Estaba torpemente tumbada sobre un puf color café, con Edward de cuclillas frente a mí y nuestras manos sujetas por los antebrazos. Sus pulgares estaban acariciando mi piel. En el fondo corría el DVD de un parto natural. El único que él había comprado como parte de nuestra preparación.
El puf ayuda a sostener a la madre mientras ella usa la gravedad para reducir la tensión en su espalda y cuerpo.
Entonces, una vez más, en posición y…inhala, inhala, exhala.
Rodé los ojos.
¡Excelente! Ahora, vamos a intentar un enfoque más vertical.
Edward me ayudó a levantarme y seguimos las instrucciones de la partera. Enlacé mis dedos detrás de su cuello, sus manos en mis caderas, y dejamos un espacio entre nosotros mientras me mecía de un lado a otro. Edward se balanceaba conmigo, suavemente. Estaba disfrutando viendo el movimiento de su cuerpo y después de un minuto me acerqué un poco, arqueando un poco mi barriga, así podía presionarme contra él.
"Creo que me gusta esta posición," sonreí y presioné mi mejilla contra su pecho, bajando mis brazos para poder envolver su cintura. Sus brazos estaban a mi alrededor, sosteniéndome cerca y frotando mi espalda mientras un contenido ronroneo resonaba profundamente desde su interior.
"A mí también," dijo y sentí sus labios en mi cabello. "Pero no creo que ayudará a prepararte para el parto."
Me encogí de hombros, sólo disfrutando de su sensación. "Por lo que he oído, no hay nada que me pueda preparar para el parto."
Desde hace algunas semanas estaba siendo bombardeada con todas las horribles y sangrientas historias sobre nacimientos que Forks tenía para ofrecer.
Mi vientre era obvio ahora. Muy obvio. Estábamos en diciembre, y al tener cuatro meses parecía de seis o siete. La noticia se había expandido rápidamente, una vez un excitado Charlie compartió con algunos amigos, y los rumores se iniciaron a toda marcha. Pero una vez que la cuidad tuvo todos los deliciosos chismes de que Bella y Edward obviamente tuvieron que casarse, me había convirtiendo en un faro para las bien intencionadas palmadas en la barriga y las horrorosas historias de veinte horas de labor, fórceps, incontinencia y varices.
Sólo sucedía cuando estaba sola, por supuesto, porque Edward rápidamente se había convertido en un experto en desviar educadamente las caricias no deseadas y los comentarios de personas que veían mi barriga como una propiedad pública. Él siempre tenía un brazo sujeto firmemente alrededor de mi cintura mientras caminábamos, o se paraba detrás de mí, con los brazos cruzados sobre mi vientre. Pero eso probablemente no era necesario – el aura de protección y posesividad que irradiaba impedía que la mayoría de la gente se nos acercara o dijera mucho.
El DVD zumbaba de fondo, pero estaba feliz de descansar contra Edward, sus manos todavía frotando suavemente mi espalda. Yo seguí meciéndome en pequeños movimientos, esperando dar la impresión de que aún estaba practicando, más o menos. No creía que Edward se dejara engañar.
"¿De qué te ríes?" preguntó suavemente mientras yo reía bajito.
"Sólo pensaba en la forma en que consigues que la gente de marcha atrás cuando comienzan a tocarme la panza y a hablar como bebés."
"Oh."
Y reí un poco más.
"¿Y?"
"Y esa noche en el cine."
"Ah, sí." Pude oír la sonrisa en su voz al recordar, también.
"Tuviste un momento muy anti-Edward."
Y su sonrisa se convirtió en una carcajada. "No parecía importarte."
"No, no me importaba."
Aparte de los Cullen y Charlie, Ángela y Jessica fueron las únicas personas a las que les dijimos directamente. Los demás restantes se enteraron antes de que pudiéramos decirles en persona.
Y no hubo reales sorpresas – la reacción de nuestros amigos había sido la que esperábamos. Ángela estaba sorprendida, pero emocionada por nosotros y nunca puso en duda la razón de nuestro matrimonio a temprana edad. Jessica había estado positivamente mareada al pensar que nuestra boda había sido por apuro, y estaba feliz y ansiosa de difundir la noticia por todo el pueblo. Ella parecía feliz por nosotros, sin embargo, sabía que Edward no estaba revelando todo lo que ella pensaba
La primera vez que todos nos reunimos desde que la noticia del bebé se hiciera pública, fue una noche en el cine de Port Angeles.
"Ángela cree que te ves encantadora," Edward susurró en mi oído. Estábamos de pie en el hall, esperando mientras el grupo trataba de elegir entre horror o acción. "Y Jessica se pregunta si todavía estamos teniendo sexo."
Comencé a reír. Si tan solo ella supiera. Mm, realmente, tal vez no.
"Y Lauren piensa que quedaste embarazada a propósito para poder obligarme a casarme." Había un ligero tono en su voz y acaricié su brazo mientras él enroscaba un brazo alrededor de mi cintura.
"Los pensamientos de Newton parecer estar algo en calma, por fin." Luego suspiró. "A pesar de que también se preguntaba si aún teníamos sexo." Podía oír la frustración en su voz. "Pero él y los otros chicos están pensando más o menos lo mismo."
"¿Qué cosa?"
"Mejor tú que yo, Cullen." Rió entonces. "Todos son reacios a la idea de ser padres a los dieciocho."
Me encogí de hombros, podía entender eso. Probablemente sería la reacción de la mayoría de los chicos de dieciocho. "Y debo decir, que estoy de acuerdo con ellos," Edward agregó.
"¿Qué?" Levanté la cabeza para mirarlo. Sus ojos brillaban y había una sonrisa al asecho en sus labios.
"También prefiero ser yo." Me besó en el cabello a la vez que yo reía.
"Ya somos dos. Ahora ve a comprar las entradas, Edward." Rió de nuevo mientras caminaba para acercarse a Mike, Ben, Tyler y Eric en la cola.
Luego, como Ángela, Jessica y yo comenzamos a conversar, Lauren decidió unírsenos. No necesitaba leer mentes para saber lo ella estaba pensando. Apenas disfrazaba una sonrisa mientras me saludaba. Por la esquina de mi ojo vi la cabeza de Edward girar en nuestra dirección, obviamente en respuesta a sus pensamientos y sabiendo que sus oídos vampíricos podrían oír de cerca.
"Entonces, Bella, te ves cómo alguien que tiene más tiempo. ¿Ya tienes estrías?"
Las tenía. Varias. A pesar de que había utilizado las cremas y aceites especiales que Renne me había enviado. Las estrías estaban por debajo y a lo largo de mis costados, y Edward las besaba cada día y me decía que era hermosa.
"Sólo un par," me encogí.
"Probablemente aparecerán más," ella asintió, a sabiendas. "El estómago de mi prima parecía un mapa de ruta. Y a pesar de que el bebé es como de dos años, aún su estómago esta flojo, arrugado y lleno de líneas por todas partes." Arrugó la nariz. "De verdad espero que no te suceda, Bella." Su sonrisa era venenosa. Mi sonrisa en respuesta era débil. "Y pobre Edward, debe ser muy duro para él. Espero que eso no cambie algo entre ustedes."
Y de repente Edward estaba a mi lado y fue entonces cuando tuvo su momento anti-Edward.
Siempre había estado cómodo en demostrar su afecto en público, pero nunca así.
Deslizó las entradas en su bolsillo, luego me tocó con sus dedos y los pasó lentamente a lo largo de mi pómulo, hasta mi barbilla. Con suavidad sus dedos inclinaron mi cabeza un poco hacia atrás y llevó sus manos a mis mejillas, sosteniendo mi rostro ente sus manos. Acercó su boca a la mía, poco a poco.
"Realmente eres más y más hermosa, cada día, Bella," dijo bajito, pero lo suficientemente alto como para que lo demás oyeran, mientras sus labios tocaban los míos, rozando y acariciando, antes de que su boca finalmente cubriera la mía en un beso profundo. Mi corazón se aceleró y la sorpresa que sentí por su reacción desapareció a la vez que mi boca se movía con la suya y mis dedos llegaban hasta su cabello. Dejó caer sus manos desde mi cara y en su lugar envolvió mi cintura en ellas, llevándome más cerca mientras profundizaba el beso aún más. Inclinó su cuerpo sobre el mío, mis rodillas se doblaron mientras él me empujaba, sus fuertes brazos sosteniendo mi espalda. Mi corazón estaba desbocado.
Unos segundos más tarde se apartó y me devolvió a mi posición. Apoyé la cabeza contra su pecho, tratando de recobrar el aliento. Los brazos de Edward me rodearon con fuerza y apoyó su barbilla en mi cabeza. Movió una mano lentamente hacia abajo por el costado de mi cuerpo, dejándola descansar sobre mi vientre, donde hizo lentos y tiernos círculos – su otra mano llevó la mía a sus labios y besó mi anillo de bodas mientras le sonreía a mis ojos. Luego, se volvió hacia el pequeño grupo que nos rodeaba.
"¿Nos vamos ahora?" preguntó casualmente.
Lauren recogió su mandíbula del suelo y comenzó a caminar mientras Ángela se sonrojaba y me daba una sonrisa cómplice. Jessica iba a necesitar ayuda para enrollar su lengua. Mike, Eric, Tyler y Ben miraban atónitos.
"Supongo que vamos," Mike murmuró mientras seguía a los demás a través de las pesadas puerta de la sala cinco.
"¿Fue demasiado?" Edward susurró tímidamente mientras caminábamos dentro de la sala sosteniendo nuestras manos.
"No sé." Todavía estaba sin aliento. "¿Quisiste todo eso?"
"Cada palabra y cada caricia."
"Entonces no, no fue demasiado."
El recuerdo de esa noche, y lo que vino después, siempre me hace sonreír.
"Bella, ¿quieres probar en cuclillas?"
Eso rompió el romance.
"¿Qué?"
Estar en cuclillas en otra manera de permitir que la gravedad haga parte del trabajo por ti. Pero tendrás que practicar regularmente para fortalecer los músculos del muslo. Ahora intentemos.
Gemí. "He tenido suficiente por hoy."
"Pero, es importante, amor. Quiero que estés tan preparada como sea posible." Sus dedos estaban entre mis cabellos.
Pasé mi mano sobre su pecho y presioné mis labios contra su camisa, soplando aire caliente contra él.
"Mientras estés conmigo, estaré bien." Soplé más calor y su pecho se expandió bajo mis labios. Le oí suspirar.
"Pero, Bella…," su convicción se estaba debilitando.
"Sin peros. He tenido suficiente por hoy, y tú te vas de caza esta noche y no te voy a ver en dos días y yo estoy gastando nuestras últimas horas juntos de cuclillas en el suelo."
Mis manos subieron hasta su cabeza, enredándolas en su cabello e inclinó su rostro, dejando que sus labios acariciaran los míos. Mis brazos lo rodearon, abrazándolo tan fuerte como pude.
"Te extrañaré," susurró, su lengua perfilando mis labios.
"Mm, yo también." Arqueé mi cuello y él succionó suavemente, con cuidado, la piel de allí.
Lo estás haciendo muy bien.
¡Lo sé!
Ahora tratemos un poco más, pero esta vez con…CLIK.
Edward tiró el control sobre el sofá. Me miró a los ojos y levantó una ceja, su sonrisa torcida comenzando a aparecer en la equina de su boca.
"Baño." Asentí.
Y la sonrisa de Edward brilló, sus ojos se oscurecieron, a la vez que tomaba mi mano y me conducía por el pasillo.
A Edward le gustan los baños. Hice ese descubrimiento mientras estábamos en Isla Esme. Antes de nuestra luna de miel, tomar un baño era algo que él hacía por necesidad, simplemente por quitarse lo del día, o los restos de una cacería y sólo usaba la ducha. Pero tomar un baño…nosotros dos…le gustaba muchísimo.
La temperatura del agua significaba que podría estar conmigo, piel sobre piel, por más tiempo. Y otra cosa…puede contener la respiración bajo el agua indefinidamente. Reí mientras abría la puerta del baño. La casa finalmente estuvo terminada en octubre y sospechaba que, la razón por lo que la renovación demoró más de lo previsto por Esme, fue porque alguien, después de la luna de miel, requería una enorme tina en el cuarto de baño.
Edward abrió los grifos y los ajustó, luego dio un paso atrás para que yo pudiera chequear la temperatura del agua. Siempre pensaba que su piel de vampiro le da ría una falsa lectura del calor o frío.
"Perfecto," le sonreí mientras pasaba mi mano bajo el chorro y luego le tiré un poco de agua a la cara. Arrugó la nariz y entrecerró los ojos mientras se alejaba de la línea de fuego. Secó algunas gotas de su mejilla y sonrió.
"Vuelvo en un minuto," dijo y de pronto se fue y me quedé preguntándome donde estaba y que estaba haciendo. Esperé un momento, luego me encogí de hombros y me fui a nuestra habitación.
Me encantaba la habitación. Todo era azul y blanco, con puertas francesas que daban a un patio con piscina y arena de playa. Fue diseñada acorde a la habitación principal en Isla Esme y la luna estaba brillando, rebotando en el agua y rememorando nuestra noche de bodas. Un escalofrío de expectación fue a través de mi cuerpo mientras comenzaba a quitarme la ropa, hasta que me vi en el espejo.
No me parecía a lo que era en nuestra noche de bodas.
Ni siquiera lo parecía en esa noche en el cine. Puse mis labios en una crítica línea delgada. Esto era por lo que habían estado siendo tímida con Edward, viéndome completamente, el último tiempo. Mi vientre estaba grande y redondo, trazado con más líneas de estrías. Mi pechos eran más grandes, que era un buen cambio, excepto porque se veían y se sentían pesados y siempre estaban doloridos. Por lo menos mis tobillos no estaban hinchados…por el momento – pero estaba cambiando día a día. Suspiré mientras pellizcaba mis mejillas. Hoy estaba pálida. Ayer había estado abochornada. Mi presión arterial estaba en cualquier parte – arriba, abajo – a veces estaba mareada, tan baja, y a veces tenía dolores de cabeza cuando estaba muy elevada. Trataba desesperadamente de no contornearme al caminar, pero era más difícil cada día. Las piernas me dolían, pero por suerte, no tenía varices…aún.
Pero Edward amaba mi cuerpo de embarazada, me lo decía todos los días y lo demostraba en la forma en que me abrazaba y tocaba. Me dejó en claro que todavía me deseaba y hacíamos el amor frecuentemente y con pasión, aunque sí, él era un poco más cuidadoso. Pero últimamente me había estado escondiendo bajo las sabanas.
Oí el agua cortarse y me di cuenta que había regresado de lo que fuese que estuviera haciendo. Tratando de mantener mi confianza estable en su lugar me puse la bata y fui hacia el baño.
Velas.
En todas partes. Hacían un camino por el pasillo y cubrían el alfeizar de la ventana y un banco en el baño.
Pétalos de rosa.
El aroma se extendía con el vapor del agua caliente y llenaba el aire con un olor dulce y suave.
Edward.
Tímidamente de pie en el baño. Las mano profundamente en sus bolsillos mientras su cabello caía sobre sus ojos. Alzó una mano y pasó sus largos dedos a través de sus mechones, dejando al más descubierto de su hermoso rostro.
"Hola," su voz era tímida.
Mi corazón se derritió. "Esto es realmente hermoso, Edward. Gracias."
Sonrisa torcida, ojos suaves. "Es un placer."
Asentí y cabeceé hacia la tina.
"¿Las rosas…?"
"Del jardín de Esme. A ella no le importa."
Asentí. "No sabía que teníamos tantas velas."
"Quedaron de la boda."
"Ah."
Silencio, quietud. Timidez.
"Probablemente deberías…el agua se pondrá fría." Hizo un gesto hacia la bañera. "Quiero decir, si quieres…,"
Asentí. "Debería," y mis ojos cayeron nerviosos ala cinta de mi bata. Llevé la mirada de nuevo a Edward. "Pero entonces tú también deberías." No quería ser la única en mostrarse.
Inmediatamente, comenzó a desabrocharse la camisa. Lo miraba mientras trabajaba al empujar los botones, dejaba caer la camisa al encogerse de hombros y la arrojaba en un rincón. La luz de la luna que brillaba a través de la ventana revotó en su piel, acentuando las líneas y planos de su pecho perfecto y duro torso. Sus manos fueron hasta el inicio de sus pantalones, sus largos dedos resbalando el botón en el agujero.
Tomé una respiración profunda, era tan hermoso, y volví a mirar mis dedos jugando con la cinta de mi bata. Oí la cremallera de sus jeans, luego vi que se había detenido y lo miré de nuevo.
"¿Prefieres que me vaya mientras tú entras?" Sus manos seguían en su cierre, pero me miraba, preguntando con sus ojos. Me sentí diciendo sí, sí, por favor, déjame hasta que esté en el agua y cubierta con pétalos de rosa. Pero no lo hice. En su lugar le di una sonrisa temblorosa.
"No, está bien, quédate."
Empecé a desatar la bata y volví mi cuerpo un poco, lejos de él. Un segundo después él estaba detrás de mí, sus manos en la tela sobre mis hombros.
"Permíteme," susurró y sonrió. Esto era bueno – no me veía muy diferente de espaldas. Solté la cinta y me quitó la bata suavemente y la vi en el suelo un segundo después, junto a su camisa en una esquina.
Un frio dedo tocó en la base de mi cuello, haciendo un lento circulo sobre la piel y después aún más lento por mi espalda, terminando en la curva de mi trasero. Me estremecí, arqueando un poco la espalda, pero no me volteé. Oí el rozar de la mezclilla y vi sus pantalones unirse a la pila. Mi corazón comenzó a latir a un ritmo salvaje.
Su mano lentamente movió mi cabello a un lado y lo dejó con cuidado sobre mi hombro. Luego sus fríos labios presionaron contra la parte trasera de mi cuello, que aun hormigueaba por su dedo, y otro escalofrío me atravesó, cuando dejó que su lengua diera un pequeño toque en mi piel.
"¿Estas lista para entrar? Cerraré los ojos si quieres."
En su voz había una pequeña insinuación de algo.
Dolor.
Y mi corazón se encogió al golpearme la verdad – él se sentía rechazado por mi renuencia a dejar que viera todo de mí, como si no confiara en que él me amaba. No lo había pensado de esa manera, nunca había querido hacerle daño.
No dije nada, pero respiré hondo y me alejé, yendo hacia la ventana. Mordía mi labio cuando me di vuelta.
En la suave luz pude ver el sube y baja constante de su pecho. Luego su respiración se aceleró. Sus ojos estaban brillando.
Por un segundo luché contra la tentación de taparme de nuevo. Él era impresionante, perfecto. Adonis, y yo era Dumbo el elefante.
Me miró unos instantes, sus ojos recorriendo cada pulgada de mi cuerpo. Entonces se dio cuenta de que se había quedado mirándome y trato de dejarlo.
No pudo.
"Nunca has estado más hermosa," suspiró. "Verte de pié, allí, bajo la luz de la luna, con las velas, sólo tú, y tu vientre lleno con nuestro hijo." Su voz se quebró un poco en las últimas palabras.
Le sonreí, comenzado a relajarme. Negó sacudiendo la cabeza.
"Bella, eres gloriosa."
El amor en sus ojos, y en su voz me abrumaron y mi confianza estaba de regreso, con toda su fuerza.
Vino hasta mí, abrazándome y sosteniéndome con él. Nos quedamos así unos minutos, sólo abrazándonos uno al otro, piel con piel, sus dedos repasando suavemente mi espalda, hasta mi trasero.
"Entonces, ¿te me vas a unir?" pregunté con lo que yo esperaba era una sonrisa traviesa a la vez que me alejaba un poco.
"Sí, por favor," murmuró a la vez que sus labios comenzaron a besar mi hombro.
En uno de sus movimientos que detienen corazones me levantó en sus brazos y me besó mientras me llevaba al baño. Nos dejó en el agua caliente, sentándome entre sus piernas, mi espalda contra su pecho.
"Ahh," ambos suspiramos y comenzamos a reír mientras estirábamos nuestras piernas. Sus manos se ahuecaban en el agua y las vertía sobre mis hombros. Se sentía bien. Su piel fría se fue calentando y deslicé mi espalda de un lado a otro sobre su pecho, sacándole un gemido.
"Esto está bueno," dije bajito.
"Mm, muy bueno. Ha pasado mucho tiempo."
Suspiré. "Lo sé."
Nos quedamos en silencio por un momento, sus manos habían dejado de verter agua y estaban masajeando mis hombros. "De verdad no deberías ser tímida, Bella." Su voz era suave, aterciopelada.
Me encogí de hombros. "Me siento un poco…gorda y llena de grasa."
"Creo que eres hermosa. Y tu cuerpo es simplemente increíble." Besó mi cuello y suspiré.
"Tú siempre piensas que soy hermosa e increíble."
"Porque lo eres. ¿Realmente crees tan poco en mi opinión?" Bromeaba ahora.
Reí, sacudiendo mi cabeza.
"¿No crees que puedes estar sesgado?"
"No, en absoluto."
Reí de nuevo y apoyé la cabeza contra su hombro. Sus manos se movían hacia abajo, gentilmente acariciando mis pechos y viajando a trazar lentos círculos sobre los costados de mi barriga. La piel de allí siempre se sentía tirante y su toque era suave. Mi respiración era relajada y profunda.
"Te extrañé," susurró. Mis dedos acariciaron sus piernas, dejando que mis uñas crearan una sensación que obviamente disfrutaba porque terminó sus palabras con un siseo. Detrás de mí, abajo contra mi espalda, estaba la evidencia de cuanto le gustaba y sonreí. Me apreté contra él, y él gimió bajito a la vez que un estremecimiento lo traspasaba.
"También te extrañé." Dije.
Lo oí pasar saliva, fuerte. "Tal vez no voy. Iré a cazar en el parque por un par de horas." Sus manos se movían en mis brazos acariciando y amasando.
Negué. "No. Has estado haciendo esto por meses. Y Emmett y Jasper te matarán si lo pospones de nuevo." Estaban viajando más lejos en busca de leones de montaña y Emmett y Jasper deseaban pasar tiempo con su hermano. Torcí la cabeza para mirarlo, pasando mis dedos bajo las sombras purpuras que habían estado profundizándose bajo sus ojos oscuros.
"Necesitas carnívoros." Se medio encogió y llevó mis dedos hasta sus labios para besarlos. "Estaré bien, si eso es lo que te preocupa. Carlisle estará aquí. Y el bebé se está comportando."
Movió sus manos para dejarlas descansar en mi vientre.
"Te ha estado pateando mucho últimamente," su voz era tranquila.
"Sí."
"Y a veces duele."
Oh, se había dado cuenta. Me encogí de hombros. "A veces."
Sentí sus labios en mi cabello. "Te amo tanto," susurró.
Nos quedamos callados de nuevo, mis manos acariciando sus piernas, sus dedos habían bajado y estaban masajeando mis caderas. De vez en cuando dejaba un beso en mi hombro o cuello. A veces apretaba sus muslos a mi alrededor o enredaba nuestros pies.
"¿Qué harás mientras no esté? ¿Irás a ver a Charlie?"
"No, está ocupado con Sue mañana y luego irá de pesca con Billy el domingo."
Sentí a Edward gruñir. "Sue y Charlie se ven bien juntos," dijo en voz baja.
"Sí, así es." Estaba contenta de que mi padre no estuviera solo, y las últimas veces en que he compartido con Sue, ha sido fácil. A través de ella, los Quileutes y los Cullens recibían informes de unos a otros – y todo estaba bien. La amistad de Sue y Charlie era buena para todos, no solo para ellos.
"Entonces, ¿qué vas a hacer?" Sus manos se movían en largas caricias arriba y abajo a mis costados mientras estaba apoyada en él, inhalando la esencia floral en el vapor y disfrutando del agua caliente, y de un cálido Edward. Moví mis manos en el agua y algunos pétalos de rosas comenzaron a girar como si estuvieran en pequeños remolinos. A la luz de las velas todo era más lindo.
"No sé. Necesito más mantequilla de maní y helado, así que probablemente vaya a la tienda."
"¿Ya terminaste tu último tarro?" Su voz era incrédula.
"Mm ¿sí?" Mi antojo estaba convirtiéndose en adicción. Necesitaba un tazón cada mañana y antes de dormir. A veces, al almuerzo.
Rió.
"Y podría ir a Port Angeles con Alice."
"Hmm." Parecía dudoso de eso.
"¿Qué?"
"Ella ha estado recitando un montón de poesía francesa en su cabeza los últimos dos días y no creo que sea un nuevo pasatiempo."
"¿Crees que esté tramando algo?"
"No sé. No quiero pensar en ello," suspiró. "Dime que harás en Port Angeles."
M encogí. "Mi ropa ha comenzado a quedarme pequeña así que pensé que, um, podría comprar algunas nuevas. Tal vez un par de camisetas." Me removí un poco incomoda.
"¿Eso es todo lo que necesitas? ¿Un par de camisetas?"
Me encogí. "Tal vez algunos pantalones. No sé, no necesito mucho."
"¿Usará tu tarjeta de crédito?" Pude oír la sonrisa en su voz. Estaba jugando, y rodé mis ojos.
Aún dudaba en usar su dinero. Cuando compraba, eran cosas pequeñas, aquello que pudiera ser cubierto con mi aporte a la cuenta conjunta.
"Sí, probablemente. La he usado antes."
"Poco," murmuró y sonreí.
"Lo sé. Yo sólo…es…me das tanto y no te doy nada a cambio."
Hubo un profundo y exasperado suspiro detrás de mí.
"¿Nada? ¿Me das nada a cambio?" Sus manos frotaron, deliberadamente, sobre mi vientre.
"Sí, bueno esto trabaja para los dos lados, Edward. No hice este bebé sola."
Rió un poco y bajó la cabeza para susurrar en mi oído. "Lo sé."
Me acurruqué contra él y su voz se hizo más seria, mientras sus manos descachazaban en mis costillas, sus pulgares acariciaban suavemente.
"Bella, me has dado…todo. Me has dado a ti misma. Eso no puede competir con el dinero, amor."
Suspiré de nuevo. Debimos tener esta conversación en un bucle.
"Deseo que uses la cuenta, Bella."
"Está bien, la usaré."
"Mmm." No me creía.
"Te lo prometo. Cuando esté en Port Angeles mañana, compraré…," busqué en la habitación y en mi imaginación algo tremendamente extravagante. "¡Un pato de goma enchapado en oro!"
"¿Un pato de goma enchapado en oro?" Eso lo sorprendió. "Interesante." Sonreía ahora, lo sentía. "¿Te das cuenta que una placa de oro no se pega a la goma? Sólo se pega a otro metal."
Rodé los ojos. Sabía eso.
"Oro sólido, entonces."
"¿Un pato de goma de oro sólido?"
"No. Sólo un pato de oro sólido. No puede ser de oro sólido y goma, Edward." ¡Duh! ¡Punto para mí!
Estaba asintiendo, y su pecho contra mi espalda estaba vibrando en una risa contenida.
"Acepto la corrección. Pero dime, ¿esperas que flote? ¿o que chille?"
"No. Será puramente ornamental." Entonces una idea vino a mí. "Lo usaré para cubrir el agujero del drenaje y tendré el tapón de baño más caro del mundo." Asentía, satisfecha con mi inteligencia. "Ves, práctico y ornamental."
Rió con libertad y yo sonreí por el sonido. Sus brazos se apretaron a mí alrededor y besó mi cabeza.
"No creo que existan muchas posibilidades de encontrar uno en Port Angeles. A menos que una franquicia de Patos de Oro Sólido Para Ti haya abierto desde la última vez que estuve allí."
"Entonces supongo que no puedo comprar uno. Qué vergüenza, traté de gastar tu dinero, pero…o bueno."
Inclinó su rostro más cerca, sus manos acariciando suavemente mis brazos. "Sabes que puedo conseguir uno para ti," susurró. "Quizás con ojos de zafiro."
Todo mi cuerpo se tensó.
"No lo harías."
"Oh, lo haría. Y si no comienzas a usar nuestro dinero, lo haré." Su voz era divertida, baja en mi oído.
Me volví para mirarlo. Sus ojos eran malos, también su sonrisa. Entonces cambió su expresión, ojos muy abiertos, inocentes.
"¿Qué?" pretendió estar herido por la oscura mirada que le estaba dando. "Dijiste que querías uno." Luego se echó hacia atrás, sonrió y guiñó un ojo. "Sólo usa la cuenta, Bella."
Me di la vuelta. Lo haría. De verdad me él compraría un pato de oro sólido con ojos de zafiro para usar como tapón de baño.
"Está bien, usaré la cuenta."
"Gracias," besó mi cabello y pude oír la sonrisa de satisfacción.
Dejé escapar un largo suspiro y me apoyé contra él, molesta por que le había dado en la amenaza del pato. Pero él tenía un punto – necesitaba más que un par de camisetas y era estúpido no comprar lo que necesitaba por un orgullo fuera de lugar. Y de verdad, eso era lo que era. Muy bien, él ganó.
Me presioné más fuerte contra él y me meneé un poco. Jadeó y sonreí – ahora yo estaba siendo un poco petulante.
Nos quedamos en silencio, disfrutando del baño y de la paz, la suave luz y del calor. Y uno del otro – toques, besos, caricias. Maravilloso.
"Más cliente, por favor."
Estiró una de sus largas piernas y usos sus dedos del pie para abrir la llave.
"Mira tus pies," murmuró mientras el agua corría y levanté mis rodillas. En el izquierdo había quedado pegado un pétalo. Edward uso su pie para mezclar y agitar en agua y luego pasó sus dedos por mi pierna antes de llegar con ellos hasta la llave de nuevo.
"Me pregunto, cuando vuelva de la cacería…Bella, ¿vendrías conmigo a hacer las compras de Navidad?"
"¿Compras de Navidad?"
Lo sentí asentir. "Alice siempre hace todo en Navidad con un árbol y regalos y yo mayormente compro regalos en línea para cada uno. Pero esta será nuestra primera Navidad juntos y me guastaría ir de compras contigo. Correctamente."
Nunca había hecho mucho en Navidad, y la última Navidad fue la peor de todas porque Edward se había ido. Ladeé la cabeza para verlo a los ojos. Ah, estaba recordándolo también – esto era importante. Levanté una mano y la puse sobre su mejilla mientras sonreía.
"Me gustaría eso." Y me incliné para besar sus labios.
Sus manos recorrieron mis costillas, bajó por mis costados y mis muslos, con suaves caricias. Observé sus largos dedos masajear gentilmente mi carne.
"Me encantan tus manos," murmuré, más para mí misma que por nada. Inmediatamente sus dedos se detuvieron.
"¿En serio?"
"Mm, sí. ¿Nunca te lo dije?" Reanudó mi masaje, vacilante.
"Er, no."
"Son preciosas."
Podía sentirlo tensarse, sólo un poco y me preocupaba porque mi elogio le había hecho reaccionar de esa manera.
"A veces me preocupa que…," se detuvo y esperé, pero no dijo más. Me di vuelta completamente para poder ver su rostro claramente, el agua onduló y salpicó a nuestro alrededor. Mientras me movía sus manos me dejaron y las posó sobre sus muslos. Estaba mirando su mano derecha, flexionando sus dedos.
"¿Qué te preocupa a veces?" Todavía estaba entre sus piernas, pero ahora frente a él.
"El bebé será tan frágil. Incluso más que tú…" Alzó sus oscuros ojos hasta los míos y vi lo que estaba allí. Pensaba en su fuerza, sino que también en lo que había hecho hace mucho tiempo atrás en el pasado. Tiempos oscuros cuando sus manos fueron armas así como también lo fueron sus dientes. Comencé a sentir un dolor por él en mi corazón.
Tomé su mano derecha y la sostuve, delineé con un dedo su palma y cada uno de sus dedos a la vez que lo estudiaba cuidadosamente.
"Yo sé lo que estás manos han hecho, Edward. Sé de lo que son capaces." Todo su cuerpo se puso rígido, como piedra. "¿Quieres que te diga?"
"Yo, er…no…," pero no lo escuché. Continué.
"Estas manos han salvado mi vida, más de una vez. Me han tocado y abrazado. Me han hecho el amor hermosamente. Han limpiado mis lágrimas, me han hecho cosquillas y me han sujetado el cabello mientras estaba enferma." A través de su mano pude sentir que la tensión comenzaba a dejarlo un poquito y sonreí pero no lo miré aún. "Han cocinado para mí, masajeado mis tobillos hinchados y mis hombros cansados, tocan hermosa música y crean obras de arte. Me escriben notas de amor, lavan mi cabello y ensamblan una cuna de bebé." Sonreí al recuerdo de Edward, sentado en el suelo del cuarto de bebé, feliz y sonriendo mientras unía la cuna. Llevé su mano a mi boca y besé la palma. Luego tomé la izquierda e hice lo mismo. "Estas son manos suaves y amorosas." Las besé de nuevo, luego las dejé descansar contra mi pecho, sobre el latir de mi corazón. Levanté la mirada. "Tú eres la persona más dulce que conozco, Edward."
Sus ojos habían estado abatidos, pero ahora los levantó y a través de sus largas pestañas pude verlos brillar. Había una pequeña sonrisa torcida en sus labios. Se inclinó, todavía con sus manos en mi pecho, y me besó con dulzura.
"Gracias," susurró, apoyando su frente contra la mía.
"Es un placer."
Movió sus manos un poco hacia abajo, donde la suave onda de mis pechos comienza. Él sabía que tan cariñosas eran, y yo quería que entendiera como realmente suave era, lo mucho que quería que me tocara ahí. Dejé sus manos ir. Suspiró suavemente mientras sus dedos se movían vacilantes para masajear los lados de cada seno. Sus suaves caricias me hicieron gemir muy bajito y mi cabeza comenzó a caer hacia atrás en mis hombros a la vez que cerraba los ojos. Luego llevó sus pulgares para acariciar alrededor de la plenitud de cada pecho y mi gemido se hizo más fuerte. Mis manos comenzaron a apretar sus muslos y él mismos se acercó un poco más. Mis piernas estaban enganchadas con las suyas, y él me llevó con él, inclinando su cabeza para poder capturar un seno en su boca mientras el otro recibía la atención de sus talentosos dedos.
"Mmm…" Pasé la lengua por mis labios, queriendo acercarme más a él, pero mi barriga estaba en medio, los dos teníamos que inclinarnos un poco para llegar al otro. Acercó su cabeza y atrapó mis labios en su boca, moviendo su lengua sobre la mía, acariciando, reclamando. Mis manos comenzaron a avanzar hacia arriba por sus muslos y su respiración se hizo más desigual. Traté de acomodarme, queriendo un ángulo que me permitiera estar más cerca y Edward inclinó su cabeza para comenzar a besar mi cuello, chupando muy ligeramente la piel. Mi cabeza calló hacia atrás dándole más acceso y mantuvo una mano en mi espalda, sujetándome, mientras la otra dejó mi pecho y tomó un poco de agua, dejándola caer en mi garganta. Mis ojos revolotearon – sabía lo que venía, lo había hecho antes. Y me encantaba.
Suavemente, retiró su cabeza hacia atrás y hacia un lado, y movió su mano permitiendo que una fina corriente de agua corriera suavemente por un lado de mi cuello. Luego, se acercó, dejó que su lengua lamiera el agua que corría sobre el pulso del latido en mi garganta. A veces largas pasadas, a veces ligeras caricias, la acción, combinada con la sensación del agua caliente y su fría lengua, me hizo jadear, temblar y gemir. Mis dedos se clavaron en sus muslos.
Suspiré cuando dejó caer sus manos y levantó su rostro hasta el mío mientras sonreía y ponía una suave beso en la punta de mi nariz, antes de bajar sus labios hasta mi hombro. Trate de presionarme contra él tanto como pude pero cada vez era más difícil mover mi cuerpo en estos días.
"¿Edward?" Susurré, sin aliento, dejando que las uñas de mis dedos se arrastraran por la parte interna de sus muslos, haciéndolo gemir.
"¿Uhh, mm?"
"Se va a poner más difícil hacer el amor, con lo grande que estoy, ¿no crees?" Mis dedos llegaron hasta ese lugar por debajo de su ombligo. Ese que era tan sensible. Ese que, cuando lo tocaba, lo hacía gemir.
Mis uñas comenzaron a arañar ligeramente la piel, enredándose a través de la suave mancha de pelo allí, y soltó un suspiro tembloroso. Quitó sus manos de mí y en su lugar se apoderó de los lados de la tina a la vez que sus caderas se sacudían ligeramente y su cabeza caía hacia atrás. Mi cuerpo se levantaba y bajaba con el movimiento de sus muslos bajo los míos.
Y entonces…él gimió.
El suave sonido de placer que amaba escapó de sus labios. Estaba respirando con dificultad y mordiéndose los labios mientras rodaba su cabeza hacia un lado, con los ojos cerrados. Sonreí mientras lentamente extendía una mano para cubrir la mía, deteniendo mis dedos. Levantó la cabeza enfrentándome y pasó la lengua sobre sus labios mientras lentamente abría los ojos y me miraba a través de sus pesados parpados.
Conocía esa mirada y mi pulso se incrementó a un nivel superior.
"¿Mucho?" Soltó una rápida y distraída carcajada, todavía espirando con dificultad. Había llevado mi mano hasta su pecho mientras se acercaba un poco acomodándose ligeramente para así poder recostar su rostro dentro del hueco de mi cuello, envolviéndome en sus brazos. "Um, sólo toma un poco más de maniobras, eso es todo. Estoy seguro de que lo podemos manejar." Podía sentirlo sonreír contra mi piel al tiempo que repasaba su hombro con mi mano. "Siempre que estés cómoda, así será."
"Mmm…," sus labios estaban detrás de mí garganta, una mano detrás de mí mientras la otra serpentea de nuevo en mis pechos, antes de ir debajo de mis costillas.
"Y hay otras cosas que podemos hacer, y tratar," su voz vibró contra mi miel.
"¿A…hay?" Jadeé.
"Mm, sí." Sus dedos lentamente descienden, por debajo de mi vientre y más allá. "Muchas cosas."
Luego suavemente nos reposicionó de manera que él estaba entre mis muslos ahora y manteniendo sus ojos en los míos, comenzó hundir su rostro en el agua. Frunció sus labios y sopló en la superficie, generando un efecto dominó y enviando algunos pétalos de rosa como si fuesen velas.
"Y puedo ser muy creativo, Bella."
La casa parecía vacía mientras caminaba hacia la cocina a la mañana siguiente. Edward había ido a cazar, pero obviamente había estado ocupado mientras dormía. Había una docena de frascos de mantequilla de maní en el mostrador y cuando abrí el congelador estaba lleno de tarros de helado. Mi corazón se hinchó. Debió haber conducido hasta Seattle y de vuelta durante la noche – nada estaría abierto en Forks o Port Angeles.
Caminé con un cuenco lleno de mi adicción mientras me dirigía hacia la habitación del bebé.
"No falta mucho," sonreí, acariciando mi panza y fui recompensada con un pequeño golpe. Mi sonrisa creció.
El cuarto estaba completo y listo. La cuna estaba ensamblada y en posición, el caballito de madera y la mecedora estaban en su lugar. Había un simple juego de cajoneras blancas, y una pequeña librería, llena de libros y juguetes que habíamos comprado. Era perfecto. Y luego me di cuenta de que Edward había estado trabajando allí, también.
"¿Cuándo hizo esto?" Murmuré mientras me adentraba en el cuarto.
Mariposas. Había añadido mariposas. Eran tres, en un árbol cerca de la ventana, pareciendo como si ellas sólo hubieran volado y aterrizado. Una tenía alas azules, muy abiertas, posada en una hoja. En una rama más arriba estaba una mariposa amarilla, sus alas extendidas y cerradas, mientras reposaba. Y más arriba una mariposa con marcas negras y anaranjadas se encontraba en pleno vuelo.
"Hermoso," murmuré, acercándome para tocarlas. Casi podía sentir el terciopelo de sus alas. Suspiré y el bebé pateó de nuevo. "Tu papi te ama mucho, ya sabes," susurré.
Dio otra patada. Lo sabía.
▪▪▪/▪▪▪
"¿Bella?"
"M shavob diefhtesh"
"¿Qué?"
"Dije, me estoy lavando los dientes."
"Oh, cierto."
"¿Qué pasa Alice?" Dejé mi cepillo de dientes en el soporte y me sequé la boca. Ella me vio horrorizada cuando me volví hacia ella correctamente.
"¿Por qué no estás usando lo que compraste en Port Angeles ayer? Esa camisa verde de seda se te veía genial."
"Sólo estoy dando una vuelta por aquí, no hay razón para usar algo nuevo." Pasé mi mano por mi camiseta y pantalones cómodos.
Rodó los ojos. "Siempre hay una razón para usar algo nuevo. Ve y póntela."
Estreche mis ojos. "¿Por qué?" Recordé la poesía francesa. Estaba tratando desesperadamente parecer casual, pero una sonrisa acechó en sus labios y el brillo en sus ojos la traicionó.
"No hay razón. Pero una vez que estés correctamente vestida, hay algo en casa que quiero que veas."
"¿Qué es?" Ahora fruncí el ceño.
"Sólo es algo para el bebé." Se fue por la puerta principal incluso antes de que me diera cuenta de que había dejado el baño. Pero oí su voz retornar entre los árboles.
"¡Y usa los pantalones negros!"
Veinte minutos más tarde, pasaba por las escaleras frontales de la casa de los Cullen y por la puerta de enfrente. Estaba usando la camisa verde – que se veía bien – y los pantalones negros.
Estaba preparada para que Alice hubiera comprado algún juguete extravagante, o un pieza de mueblería infantil pero no estaba preparada para…
"¡Sorpresa!"
Un baby shower.
Luche por reprimir el gemido que estaba peleando, fuertemente, por salir. Pegué una sonrisa en mi cara y observé todo lo que estaba dentro.
Había cintas de seda rosas y azules esparcidas por la sala de estar. Globos perlados de sutiles diferentes colores de rosa y azul adornando el mobiliario, las escaleras, puertas y ventanas. Nada de normales serpentinas o globos de goma para este baby shower. Floreros de cristal sosteniendo flores rosadas y blancas estaban en la mesa del comedor, la mesa de café, el manto de la chimenea y en el borde de cada peldaño de la escalera. Alice bailó hasta mi lugar, su rostro brillante de emoción. "Es difícil encontrar flores azules," susurró al ver mi mirada.
Sobre el piano de Edward estaban apilados los regalos. Esme y Rosalie se unieron a Ángela y Jessica, que parecía razonablemente relajada – era su tercera vez en la casa de los Cullen, después de todo.
Pero también estaba Sue Clearwater.
Sonreía, pero parecía incomoda y traté de ocultar mi sorpresa al encontrarla aquí.
Comprendí que todo el mundo estaba esperando que hiciera algo, pero estaba un poco abrumada. Los segundos se arrastraban mientras trataba de captarlo todo. Un baby shower. Sue estaba aquí. Todo el mundo me estaba mirando, todavía esperando una respuesta – un positiva probablemente.
"Um, ¿hola?" Di un vago saludo.
"¡Te ves muy sorprendida!" Jessica sonrió.
"Sí, lo estoy. Realmente. Um, creo que puedo necesitar un vaso de agua." Lancé una mirada a Alice y ella me siguió a la cocina.
"¿Así que este es el porqué de la poesía francesa?" Le pregunté cuando pensé que estábamos fuera del alcance del oído.
"Te dijo de eso, ¿verdad?"
"Sí."
Se encogió de hombros. "Nunca me habría dejado seguir adelante, de lo contrario."
"Me pregunto por qué, ¿Alice?" Le di una mirada significativa, el solo rió y me envolvió en sus brazos.
"Sólo disfruta, Bella. ¡No puedes tener un bebé sin un baby shower!"
Me hubiera gustado probar.
"¿Y Sue?"
"Un gesto de buena voluntad," sonríó. "Lo sé, estas sorprendida también. Ella oyó a Charlie hablar de la reunión y de echo ella preguntó si podía venir. Ella está aquí como su novia, no como Quileute, pero cuenta con el apoyo de los lobos."
Me preocupé. ¿Los lobos la apoyaron para venir aquí?
"Um, ¿tiene escolta?"
"Seth la trajo, y volverá a recogerla, pero aparte de eso, no." Arrugó la frente. "Pero no creo que Seth esté muy lejos, no tengo definición de nuevo." Frunció el ceño y frotó sus cienes.
Mi corazón aún no se calmaba cuando recordé otra cosa que Alice había dicho.
"¿Mi padre sabía de esto? ¿Y no trató de detenerte?" Traidor.
"No. De verdad creo que le hubiera gustado venir también." Alice sonreía de nuevo.
Estaba cerca de estar en desacuerdo con su declaración, pero luego pensé en lo emocionado que estaba con el bebé, y comprendí que probablemente tenía razón. El bebé ya tenía su propia caña y carrete Junior Fisherman.
"¿Cómo lo supo?"
"Le pedí una foto tuya de bebé para poder ampliar y poner en la pared."
Fui rápidamente a la puerta y mis ojos se precipitaron por toda la sala con urgencia, buscando. Me sentí aliviada al ver nada de eso.
"Bueno, al menos no te dio una." Me volvía a ella.
"Oh, no, me ofreció muchas. Pero, bueno, no eran muy halagadoras, para ser honestos. Pensé que podría ser amable olvidar esa idea."
"Wow, gracias, Alice."
"¡De nada!" Burbujeaba felicidad, obviamente obviando el sarcasmo.
Podía sentir el comienzo de un dolor de cabeza – eso significaba que mi presión arterial probablemente estaba comenzando a subir.
Había sido engañada para asistir a un baby shower en contra de mi voluntad y acababa de descubrir que mi padre sabía de él. ¡Mi padre era un encubridor de baby shawers! Y ahora los lobos querían mostrar su apoyo al bebé medio vampiro, medio humano. Era como estar en un universo paralelo. Necesitaba un momento. Tomé unas cuantas respiraciones y bebí de un trago el vaso de agua que Alice me tendió.
"¿Estas lista para volver? Creo que la conversación está muriendo." Alice estaba mirando por la puerta a la sala de estar.
¿Estaba lista? No.
"Dame un minuto, Alice."
Tuve una charla conmigo misma. Son solo un par de horas y habrá terminado. Son solo tus amigos y familia. Están felices contigo, sólo quieren demostrarlo…y entonces mientras más pensaba en eso, una sonrisa comenzó a formarse en mis labios. Una genuina. Mucha gente estaba contenta con este bebé, todos ellos querían celebrarlo. Mi papá, mi nueva familia Cullen, Sue, incluso los lobos. Si Alice lo había planeado así o no, entendí que esta reunión era en realidad más que sólo un baby shower. Reí, ahora sorprendida, a Alice le había tomado mucho tiempo armar algo.
"Muy bien, estoy lista."
Regresé a la sala. Tenían una amable y tranquila conversación alrededor del piano.
"Gracias a todos, esto está genial." Sonreí.
Esme me abrazó.
"Espero que no te importe mucho, Bella," susurró disculpándose en mi oído.
"No, para nada," dije con sinceridad y ella sonrió.
"Sabes cómo es ella," Rosalie sonrió.
"Lo sé."
Luego me volví a Sue. "Muchas gracias por venir," dije y sonrió gustosa, pareciera que había logrado estar un poco más relajada en los últimos minutos.
"De nada, Bella. Tengo ordenes de llevarle un poco de pastel a Charlie," soltó una carcajada y yo también lo hice.
"¡Aquí, abre el mío primero, Bella!" Jessica puso una caja de brillantes colores en mis manos.
"¡No!" Alice tomó la caja y la dejó de nuevo sobre el piano. "Primero están los juegos."
"¿Juegos?" Oh no. No juegos, ni siquiera por la paz entre lobos y vampiros. Mi recién descubiertos sentimientos de felicidad se desinflaron rápidamente.
"Sí, juegos." Alice sacó una lista de…alguna parte. "Si todo el mundo se sienta, por favor."
Rodé los ojos.
"Como dije…" Rosalie susurró en mi oído al pasar a mi lado, "…sabes como es."
Me senté en el sofá con Jessica y Ángela mientras Esme, Rosalie y Sue en las sillas. Alice había reunido los lugares alrededor de la mesa de café de mármol que estaba cubierta con un paño para cubrir las sorpresas debajo. Solté un pequeño gemido interno y traté de imaginar que misterios estaban debajo de la seda.
Tuvimos que adivinar cuantos alfileres de gancho habían en un frasco, quien era la más rápida en poner el pañal a una muñeca, y ordenar una lista de artículos infantiles desde el menos al más caro. Gané ese gracias a mi experiencia en Boutique Bambino.
Fue interesante ver como Sue se relajaba y comenzaba a disfrutar, incluso ganando el juego del pañal y me di cuenta de que ella era probablemente la única de nosotras que realmente había puesto un pañal a un bebé. Y Esme y Rosalie empataron en el del alfiler supongo – visión de vampiro por supuesto. Ángela y Jessica sólo reían y parecían divertirse.
"¿Sabes lo que esperan?" Jessica preguntó mientras Alice entregaba los costosos chocolates con forma de cochecitos y chupetes.
"Um, no. Decidimos esperar para saber." Chupé mi cochecito de chocolate. Delicioso, pero no podía compartir con el helado y la crema de maní.
"Probablemente una buena idea. ¡Mi tía pensó que iba a tener una niña, pero tuvo un niño, y fue horrible, porque todo era rosado! La habitación, la ropa, todo." Extendió las manos en un gesto que abarcaba todo y asintió con seriedad.
"Wow, debió haber sido una sorpresa," Ángela dijo.
"Lo fue, y especialmente después de que la tuvo, no podía creer que se hubieran equivocado con el sexo. Estuvo en labor por veintiséis horas y al final el doctor tuvo que…,"
"Bella, ¿han pensado en algún nombre?" Sue cortó a Jessica y le di una sonrisa de gratitud.
"Tenemos algunas ideas, pero nada decidido aún. Probablemente algo tradicional."
Asintió, sonriendo me, pero Jessica parecía como si quisiera continuar su historia y abrió la boca de nuevo. "Y de todos modos…,"
"Aquí, prueba un chupete," Rosalie se puso de pie rápidamente y empujó un chocolate en la boca de Jess.
Volví mi cabeza, tratando de ocultar la risa sorprendida que estaba a punto de estallar. Desde bufidos, risitas y tosecitas oí a mi alrededor, no estaba sola.
"Oh, um, gracias," murmuró a través del chocolate, obviamente sorprendida, con enormes ojos, pero comió de todos modos. Su historia no continuó después de todo.
Esme trajo bocadillos y bebidas sin alcohol con pequeños paraguas azules y rosados. Y entonces Alice declaró que era hora de los regalos. Trajo los regalos desde el piano y los apiló en la mesa de café, frente a mí.
"Um, ¿yo primero?" Jessica miró inquisitivamente a Alice, quien se limitó a sonreír y asentir.
Quité el papel, al tiempo que Jessica me decía que podía devolverlo o cambiarlo si no me gustaba o si ya tenía uno.
"Oh, Jess, wow. Gracias. Y no, no tengo uno." Estaba segura de que no lo tenía, porque no sabía que era.
"Qué bueno. No me pude resistir," burbujeó.
"Mm, gracias."
"Wow, Bella, un Jirafa Bebé en un pastel de toallas, eso es genial." Alice estaba sonriendo y asintiendo con intención. (nt: Giraffe baby towel cake, no sé si lo anterior es una traducción correcta, son varias toallas y pañitos atados y enroscados que dan forma a una jirafa sentada en un pastel, bueno, luego lo describen.)
"Oh, si, una jirafa pastel…"
"Jirafa Bebé en un pastel de toallas." Alice destacó. Y entonces lo miré de más cerca. Por supuesto. Eran toallas de bebé trenzadas y atadas formando una jirafa sentada en un pastel. ¿Quién hubieran pensado en esto? Jessica estaba sonriendo mientras detallaba cada una de las partes.
"¡El cuello y el cuerpo están hechos de un toalla, el pastel es una manta de bebé, y la cabeza es un pañito para bañar, y las piernitas son baberos!"
Sonreí. Individualmente, cada cosa sería muy útil. "Es genial, Jess. Gracias." Sonrió orgullosa de sí misma mientras tomaba el siguiente paquete.
De repente, Esme, Rosalie y Alice miraron hacia la puerta, cada una en un rápido movimiento de su cabeza. Miré en la misma dirección, obviamente algo estaba pasando afuera. Detrás de mi, Jessica estaba hablando con Ángela, quien estaba dándole vueltas a la jirafa de toalla. No parecían comprender que pasaba. Pero Sue sí, me miró antes de ver hacia la puerta, también.
Luego, muy casualmente, Esme se levantó y cruzó la habitación. Alice estaba inquieta, nerviosa.
"No está escuchando, ¿cierto?" Esme murmuró mientras pasaba frente a ella en dirección a la puerta. Alice negó y Rosalie rodó los ojos. Pero antes de que Esme llegara cerca de la puerta se oyó un profundo gruñido salvaje y pasos estrellándose en el porche. Jessica y Ángela levantaron la mirada, sorprendidas. Jessica bajó su tarta, Sue salió de su asiento y la silla se estrelló contra la pared al tiempo que la puerta se abría, casi saliendo de sus goznes.
Edward apareció, cabello al viento, ojos brillantes, mostrando los dientes, encorvando los hombros a la vez que se inclinaba para atacar. Estaba espantoso y jadeé cuando lo observé. Inmediatamente sus ojos me encontraron, junto a mi latido, y cruzó la habitación para plantarse con firmeza frente a mí. El marco de la puerta se sacudió al tiempo que Emmett y Jasper se empujaban, juntos y agazapados, listos para saltar. Apenas un segundo había pasado desde que se había abierto la puerta.
Todos se congelaron y guardaron silencio. Los ojos de Edward saltaban de entre Sue y yo, sus fosas nasales dilatadas, y rápidamente comprendí lo que había pasado.
Sue vivía con hombres lobos, llevaba su olor en ella. Y Seth estaba en algún lugar cercano. Los Cullen habían olido lobos y pensaron que estábamos siendo atacados.
En un suave movimiento, ni siquiera perceptible, Edward se enderezó, al igual que sus hermanos. Apenas un segundo había pasado. Pude ver el destello en sus ojos mientras rápidamente procesaba los pensamiento de los demás.
"¡Boo! ¡Sólo pensamos en caer en la fiesta!" Emmett bromeó, salvando el momento, a la vez que se sentaba casualmente en el brazo de la silla de Rosalie. Jasper quedó de pie al lado de Alice.
Entonces Ángela y Jessica comenzaron a reír y Sue regresó a su asiento.
"No asustaron," Jess rió nerviosa.
"Ese era el plan," Emmett sonrió y le giñó un ojo a Edward.
La postura de Edward cambió por completo, relajándose en donde estaba ahora. Tomó su mano en la mía, sonriéndome al tiempo que levantaba una ceja e inclinaba su cabeza ligeramente hacia Alice y la escena que nos rodeaba, claramente preguntando si yo estaba bien con todo.
Sonreí. "Bienvenido a mi baby shower sorpresa."
Mi corazón estaba regresando lentamente a la normalidad. Todo había sucedido muy rápido, dos segundos de pánico en la fiesta. Me preocupaba cuanto Ángela y Jessica realmente habían captado.
"Han vuelto temprano," Alice estaba tratando de sonar alegre a pesar de su evidente molestia por su inesperado regreso.
"Sí, bueno, Edward estaba ansioso por que volviéramos a casa."
Edward rodó los ojos. "No estaba ansioso, Emmett."
"Sí, estabas," Jasper murmuró bajito, con una pequeña sonrisa tirando de la esquina de su boca mientras se apoyaba en la chimenea.
Edward negó. "Bueno, espero que nuestra repentina aparición no haya interrumpido las cosas," sonrió disculpándose con los invitados. Jess y Ángela le aseguraron que no había problema, pero Alice frunció el ceño, diciendo lo contrario.
"Es increíble verlos a todos…," miró deliberadamente a Sue y ella sonrió, "…pero ahora, si me perdonan, me gustaría secuestrar al invitado de honor por unos minutos." Y me tomó sin esfuerzo en sus brazos y caminó conmigo a la cocina. Podía oír las risas de Ángela y Jessica y los maullidos y silbidos de Emmett mientras escondía mi rostro contra su cuello.
Pateó la puerta de la cocina cerrándola detrás de él y me sentó en la mesa de granito, situándose entre mis piernas. Apoyó sus manos en mis muslos, tocándome a través de la tela de mis pantalones, y mirándome a los ojos. Lo que vi allí me hizo contener el aliento.
"Te extrañé mucho," su voz era áspera mientras sus labios se estrellaban con los míos como si hubiera estado ausente dos años en vez de dos días. Tiré mis brazos alrededor de él y lo besé de vuelta con el mismo entusiasmo. Su boca era implacable y le di la bienvenida. Dos daís era demasiado tiempo.
Se alejó para que pudiera respirar. "¿Y tú estás bien?" Sus ojos buscaban en mi cara.
"Sí, estoy bien. ¿Y tú?" Acuné su mejilla en mi mano y cerró los ojos y suspiró, volviendo su rostro en mi palma e inhalando profundamente.
"Estoy bien. ¿Y el bebé?" Abrió los ojos y sus manos fueron a mi vientre, moviéndolas lentamente, con amor sobre mi panza.
"El bebé está bien." Asentí, sonriendo, mirando su mano. "Le gustaron las mariposas." Agregué. "A ambos," Aszó los ojos y me dio una sonrisa torcida.
"¿Las encontraste?"
"Sí. Y también me gustaron el helado y la mantequilla de maní. Gracias."
"De nada. A los dos."
Pasé mis brazos alrededor de su cuello y lo abracé con fuerza. Sus brazos me rodearon, frotando mi espalda.
"Entonces, al parecer Alice esperó hasta que saliera para saltar," murmuró, frunciendo el ceño a la vez que lanzaba una rápida mirada por la puerta de la cocina, probablemente escuchando el pensamiento de Alice en la sala de estar. "Bella, lo juro, si hubiera sabido habría…,"
"Está bien, Edward. De verdad." Toqué su cara de nuevo.
"¿De verdad?" Parecía sorprendido, con las cejas arriba. "¿En serio?"
Luego cuando asentí, sonrió – emocionado ahora y rodé los ojos cuando me di cuenta. Por su puesto que estaría entusiasmado con un baby shower. Probablemente iría hasta la luna con tal de unirse.
"Quiero decir, creo que ha estado bien. Especialmente con Sue y los lobos y todo. ¿Sabías que ella está aquí con su apoyo?"
Asintió. "Me dijo tan pronto como llegamos."
¿Llegada?
"Sí, esa fue una llegada, Edward."
Se encogió de hombros. Sin disculpas.
"Pensaste que estábamos bajo el ataque de los lobos, ¿verdad?"
Él no respondió de inmediato, pero apoyó su frente con la mía, mirándome a los ojos.
"Se me pasó por la mente, sí."
Solté un bufido. Hizo más que eso.
"¿No oíste a Alice y Esme? Yo sabía lo que hacían, tu sabes, pensando en ti." Pensaba en el críptico comentario de Esme, no está escuchando, ¿verdad?
"Puede que no lo haya escuchado. Estaba más concentrado en el olor. Igual que todos." Cerró los ojos y suspiró bajito mientras mis dedos acariciaban detrás de su cuello. "Pero tan pronto como entré por la puerta, pude ver y oír, que no había peligro."
"Fue Sue, ¿no? El olor a lobo."
Asintió. "Era leve, pero estaba allí." Separó su frente de la mía y acarició mi hombro.
"¿Crees que pudiste haber sobrereaccionado?"
"No." La convicción en esa única palabra me sorprendió, y él levantó la cabeza para poner mirarme a los ojos. "Te lo he dicho antes, Bella, no quiero arriesgar a ninguno de los dos. Y el olor constituía un riesgo."
Supuse que podía ver su punto.
"Creo que asustaste de muerte a la pobre Sue."
"Lo sé. Pero ella entiende. Me aseguraré de disculparme adecuadamente."
Volvió a acariciar detrás de mí cuello, empujando mi camisa a un lado con su nariz para poder sentir mi piel.
"Te ves bien. ¿Compraste esto en Port Angeles?" Sus dedos estaban tocando la seda.
"Mm,…sí. He comprado un montón…er, usé la…tarjeta de crédito." Soltó un pequeño sonido de suspiro cada vez que sus labios se separaban de mi piel y su nariz tocaba más profundamente, sus manos me llevaban más cerca, como si no pudiera acercarse lo suficiente.
"Edward, estabas ansioso, ¿no?"
"Mm, tal vez…sólo un poco."
Llevé mis dedos a su cabello, masajeando su cuero cabelludo. Gimió ligeramente y bajó un poco más su cabeza para hacerlo más fácil para mí. Luego levantó su rostro y capturó mis labios es un largo beso. Cuando se alejó sus ojos estaban cerrados y suavemente pasó su nariz a lo largo de la mía, deteniéndose para darme un beso más en los labios. Sonreí, pero me removí un poco – el mesón se comenzaba a sentir duro. Lo notó e inmediatamente me levantó y me dejó de pie sobre en suelo aún en sus brazos.
"Lo siento, estaba incomodo," murmuró, frunciendo el ceño mientras una mano masajeaba mi trasero.
"Está bien, Edward." Valía la pena solo por el masaje. Recosté mi cabeza contra su pecho. "Um, pero probablemente deberíamos volver ahora."
Sus ojos se iluminaron y sonrió. "¿Volver a nuestro baby shower?"
Reí y asentí. Sip, él estaba emocionado.
Volvimos a la fiesta al tiempo que Emmett estaba mostrando como se escapó de un oso grizzlly cuando estaba en su viaje de excursión.
"¡Oh!" Me volví a Edward. "¿Viste algunos leones de montaña?"
"Unos pocos," sonrió, mostrando sus perfectos dientes blancos. Y pude ver por el leve rubor en sus mejillas que había comido bien. Las sombras purpuras se habían ido.
Enrolló su brazo a mi alrededor, cuando vio el regalo de Jess sobre la mesa de café. Se inclinó y lo recogió. Abrí la boca para explicar, pero él la abrió primero.
"Una Jirafa Bebé en un pastel de toallas," dijo a la vez que lo daba vuelta en sus manos.
Mi boca se abrió y le sacudí la cabeza.
"¿Qué?"
"Lees demasiadas revistas de bebés, Edward."
Edward estaba deseoso de ayudarme a abrir el resto de los regalos. El libro de cuentos para la hora de dormir de Ángela, era genial, pero tuvimos que explicar el regalo de Sue a Emmett – toda razón detrás de necesitar una bolsa de pañales para salir era mucho para él.
"¿Quieres decir que tienes que cambiarlo más de una vez al día?"
Así que después de la explicación, Jasper desafió a Emmett y a Edward a poner un pañal a una muñeca. Que no terminó bien. Nunca me había dado cuenta de lo competitivos que eran los tres mientras se inclinaban sobre la mesa de café, lado a lado, mientras Alice ponía el cronometro. Se empujaron y pegaron codazos mientras todos reían y Esme intentaba regañarlos. Cuando Emmett parecía estar haciendo progresos, Jasper tomó su muñeca y la arrojó por la habitación. Pero Rosalie la tomó con rapidez y se la lanzó de nuevo a su marido.
Edward ganó, pues él había estado estudiando libros de bebé por semanas. La muñeca de Jasper lo usaba en el cuello. Y la de Emmett, bueno…
"Está genial, Emmett, si el bebé quiere ir a una fiesta en toga." Edward reía al ver a Emmett intentarlo de nuevo.
"Puedo hacer esto," murmuraba. Pero no, no podía. Su segundo intento parecía un mini luchado de sumo.
"Tal vez no deberíamos dejarlo estar cerca del bebé," le susurré a Edward cuando se sentó de nuevo conmigo.
"¡Oí eso!" Emmett dijo desde el otro lado de la habitación.
Reí mientras Edward sacaba su desordenado cabello de sus ojos y se dejaba caer en el sofá, recostando su cabeza en mi hombro. Besé el tope de su cabeza, justo el bebé pateó y tomé su mano para hacerle saber.
"Ah, hola," dijo bajito, inclinando la cabeza hacia mi vientre, sonriendo. Frotó sobre el lugar donde el bebé había pateado, sus ojos eran suaves y cálidos, sentí mi corazón saltar.
Quería estar a solas con él, y era claro que él también quería eso. Nuestros ojos se encontraron por encima de mi barriga y luego los suyos parpadearon rápidamente en dirección a nuestra casa, volviendo enseguida a mí y levantando una ceja como pregunta. Me mordí el labio al sonreí y comencé a asentir, pero justo cuando Edward comenzó a levantarse, se detuvo. Suspiró profundamente y se recostó de nuevo en el sofá, tomando mi mano entre las suyas.
"¿Qué?" Dije sin voz y él asintió hacia la puerta principal.
Un segundo después hubo un suave toque y Seth entró y preguntó si Sue estaba lista para irse. Por supuesto, él estaba emocionado de ver a Edward y tenía ganas de charlar, así que nos quedamos.
Y luego Charlie, de regreso de pesca, llamó al celular de Sue, para preguntar cómo había ido el baby shower, y Alice le invitó. Llegó cinco minutos después.
"Espero que no te importe mucho la fiesta, Bells," dijo con tono de disculpa mientras me abrazaba. Pude ver a Sue observándonos, sonriendo.
"No, para nada, papá." Le devolví el abrazo.
Y fue seguido por Carlisle poco después, de vuelta del hospital, cuyo rostro, ansioso al principio, se compuso inmediatamente tan pronto como vio al feliz y risueño grupo en su sala de estar.
Alice estaba en su modo fiesta y Edward rodó los ojos mientras ella explicaba otro juego. Sentado a mi lado él presionó su pierna firmemente contra la mía y supe que estaba cada vez más ansioso porque estuviéramos solos. Una mano comenzó a trazar dibujos en mi muslo y la otra la había llevado bajo mi camisa, acariciando en mi baja espalda.
"¿Los baby showers siempre duran tanto tiempo?" preguntó en voz baja.
"No sé. Nunca antes he estado en uno."
Alice, obviamente, oyó y nos disparó una mirada mientras abría la boca para hablar.
"Todos vamos a tomar el nombre de la madre y del padre, y trataremos de hacer un nuevo nombre para el bebé al combinarlos," dijo riendo y aplaudiendo.
El juego trajo nuevas rondas de risas. El ganador fue Bellward, de Jasper, pero creo que podría haber habido un conflicto e intereses ahí, al ser Alice el juez. La creación de Ángela Edella era más lindo. Habían también Belleda, Warbell y el esfuerzo de Seth – Edisa de Edward e Isabella. Rosalie confiscó la contribución de Emmett – no quería saber por qué.
"Creo que le baby shower resulto ser algo bueno," dije. De hecho la fiesta aún no había terminado, Emmett y Jasper estaban haciendo su propia versión del libro de juegos para baby showers de Alice, pero nosotros finalmente nos fugamos. Se suponía que iba por un vaso de agua y Edward aparentemente estaba estacionando el auto en el garaje. Pero en realidad, no podriamos a engañar a alguien.
"Fue algo muy bueno, sí," Edward sonrió. "Incluso si la invitada de honor se escabulle."
"Mm, y me recuerda, Edward…¿por qué estoy escabulléndome?" Mi sonrisa descarada se convirtió en un grito de sombro cuando me tomó en sus brazos y comenzó a andar entre los árboles.
"Porque, Bella, tu esposo ha estado ausente por dos días casando…," me estremecí cuando sus labios alcanzaron mi oído ",…y realmente necesita un baño."
.
.
.
Bien…no nace el bebé, pero hay baby shower, sé que en el cap pasado dije que nacía el bebé, me equivoqué, lo siento… Y lamento la demora…no hay mucho que decir. También disculpen por los errores, que son muchos esta vez, pero la traducción no quería salir…me costó mucho terminar.
Gracias a quienes dejan sus comentarios, ahora son poquito :(, y a quienes agregan el fic a favs y alerts.
Recomendación: A Thousand Leaves de Bella Sunshine, en inglés y terminado. Bella es amiga de la familia Cullen, pero nunca se ha llevado bien con Edward. Un día al llegar a casa, Bella encuentra a Edward con sangre en sus manos y con el cuerpo sin vida de Renee. Edward es declarado culpable. Tiempo después, Bella visita a Edward en prisión y comienzan a descubrir el secreto tras la muerte de su madre. De romance tiene poco, pero si está bien escrito y es realmente un buen puzzle policial…no de esos que aburren. Es interesante por el hecho de que Edward pasa casi todo el fic en la cárcel, y su vida allí es muy triste. De verdad se los recomiendo.
Muy bien, ya vamos en el cap 17, nos quedan pocos para el final…a ver si se animan…
