Twilight pertenece a Stephenie Meyer y BloodLines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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Edward quería hacer las compras de Navidad, así que lo hicimos. El clima en Seattle era frío y glacial, las calles y tiendas estaban llenas, pero nos divertimos.
A diferencia de Alice, a Edward no le gustaba mucho recorrer y nuestras compras sólo tomaron un par de horas. Él era generoso y extravagante, el dinero no era un impedimento, y estaba claro que ya tenía una idea de que comprar antes de que incluso entráramos a la tienda. Su deleite venía en la selección final, elegir entre dos o tres artículos similares, decidir que características, color, potencia, antigüedad, amplificación, o que estilo sería el mejor.
Y también compramos decoraciones. Para el árbol. Tradicionales adornos en rojo, verde, dorado y plata. Luces doradas y tintineantes.
Y la guitarra.
Una que había visto en la vitrina de una tienda de música mientras caminábamos por la calle. La que me recordaba su foto de 1973. La que me hizo sonreír al recordar, y él me preguntó que estaba pensando, le comenté de su fotografía y le dije que me gustaría escucharlo tocar algún día. Era solo un comentario, un pensamiento al azar, una idea.
Diez minutos después, teníamos una guitarra. Iba en su espalda, sujeta por encima de su hombro mientras caminábamos.
"¿Y qué hay de ti?" dijo. "¿Hay algo que te gustaría o me dejarás sorprenderte?" Acercó su cabeza cuando yo comencé a negar. "Y no me digas que no me moleste, Bella, no me negarías la alegría de dar, ¿cierto?" Me dio esa media sonrisa y yo le entrecerré los ojos. Sabía que cuando se ponía de esa manera mis argumentos habituales caería en el acto.
"Calcetines."
Alzó las cejas.
"Necesito calcetines. Unos rojos estarían bien, muy festivos."
Entrecerró los ojos, igualándolos con los míos y creí que iba a hacer un comentario inteligente, o discutir conmigo, pero no lo hizo. Con el rostro tranquilo, asintió y sonrió.
"Está bien. Calcetines entonces. Vi unos rojos en Thriftway el otro día, podemos pasar de camino a casa. O puedo recogerlos la próxima semana, o incluso la víspera de Navidad. Tengo un montón de tiempo."
Sonrió y negué con la cabeza, sabiendo que en la suya, probablemente había un plan extravagante ya preparado y listo para su ejecución.
"¿Qué pasa, Bella?" Arqueó una ceja, mientras trataba de ocultar la sonrisa. "¿Estas decepcionada?"
Y por un momento pensé que sí lo estaría. Sí Edward sólo me comprara unos calcetines rojos en Thriftway, ¿cómo me sentiría? Pero luego pensé en el pato de oro sólido con ojos de zafiros. Él me había amenazado con eso hace sólo unos días.
"No, calcetines rojos está bien."
Estaba observando a una madre de ceño fruncido maniobrando con su cochecito en medio de la multitud cuando Edward se detuvo y tiró suavemente de mi mano. Sonreía mientras levantaba una ceja y asentía ligeramente hacía las puertas de una tienda. Miré por sobre él hacía los escaparates. Ah, El Palacio de los Juguetes. Reí y él sonrió, empujándome adentro.
Recorrió los pasillos, mirando juegos de trenes y sets de química, casas de muñecas y muñecas, juegos, autos a control remoto y animales de peluche.
Lo observé con asombro mientras examinaba de cerca un cohete Lego. Todavía era el mismo Edward que había amado, pero él era diferente. Siempre fue complejo, con muchas capas y cambios de ánimos, pero recientemente, desde nuestro matrimonio, y con el bebé en camino, un nuevo conjunto de capas se habían añadido. O descubierto. Estaba tan relajado, tan feliz. Tomé una reparación profunda y recordé la navidad anterior. Yo había estado catatónica y Edward acurrucado en un techo de algún lugar en Sudamérica, sintiéndose vacío, hueco, dejando que su miseria lo rodeara.
Las lágrimas que llegaban con demasiada facilidad en estos días comenzaron a picar en mis ojos. Respiré. Qué diferencia puede hacer un año.
Me estremecí levemente y aclaré mi garganta. "Um, creo que debería pasar un tiempo antes de que el bebé esté listo para eso, Edward."
"¿Hm? Oh, lo sé. Sólo estaba pensando…esto es increíble."
Estaba un poco sorprendida. "Nunca has visto un Lego antes, ¿verdad?"
"Sí, bueno, sé lo que es, pero nunca he completado uno." Dirigió su mirada a las cajas llenas de barcos piratas, castillos, aviones y rascacielos.
"Cuando era niño tuve bloques de construcción y me gustaba hacer torres y tratar de ver que tan altas podían llegar a ser, si podía usar todos los bloques. Y trataba de conectarlas con puentes hechos de papel periódico. Pero sí sufrían la mínima vibración o movimiento, todo se venía abajo y tenía que empezar de nuevo." Frunció el ceño y sus labios unieron en una apretada línea. "Muy frustrante."
Asentí. Entendía eso. "Pero esto," continuó. "Cuando realmente puedo pensar en esto…las posibilidades son casi infinitas. Y nada se cae."
Sonreí. "Sí, imagina las torres y puentes que podría construir si compras todas estas y agregas más piezas."
Dije en bromas, pero cuando vi sus ojos ensancharse y brillar, preferí no haberlo hecho.
"No, Edward, estaba bromeando." No estaba segura si me había escuchado. Miraba más reversos de cajas, viendo cuantos paneles contenían, cuantas piezas había en cada set. Sus ojos se estrecharon y supe lo que estaba haciendo – calculando. "Sólo bromeaba," repetí. "Y de todos modos, no tenemos espacio en el auto, no con todo lo demás." Golpeé el pie contra las bolsas que estaban en el suelo entre nosotros. Las miró, y luego a mí. Sonrió.
"Está bien, amor, sólo pensaba." Puso su brazo a mí alrededor y me acercó para besar sobre mi cabeza. "Vamos, vamos por tu almuerzo." Se inclinó y recogió las bolsas. Pero a medida que salíamos de la tienda se volvió y miró por sobre su hombro y le oí murmurar bajito para él. "Tal vez podría ordenar en línea, de todos modos."
Fuimos a la cafetería más cercana y me senté agradecida mientras Edward ordenaba nuestros paquetes y la guitarra. Mis piernas y espalda dolían y estaba encantada del escaso alivio que la dura silla me daba. Pedimos un sándwich de carne asada para cada uno, sabiendo que podría comerme ambos, y una vez que la camarera se había ido, habiéndole dado a Edward el respectivo numero de miradas significativas, me alcanzó por debajo de la mesa y llevó mi pie a su regazo, quitó el zapato y comenzó a frotar.
"¡Edward, estamos en un café!" Siseé y traté de quitar mi pie, pero por supuesto, no había posibilidad.
"Nadie puede ver bajo el mantel, Bella."
"Ese no es el punto."
"¿No lo disfrutas?"
"Bueno, sí, pero…,"
"¿Ofende a alguien?"
Miré alrededor.
"No. Sólo las típicas miradas de admiración de cada mujer en este lugar."
Resopló, algo raro. "No lo había notado, sabes eso, ¿no?"
Le sonreí. "Lo sé." Todavía era difícil de creer a veces, pero lo sabía.
Tenía la cabeza gacha, mirando sus manos, ocultas por el mantel a la vez que amasaba y acariciaba mis pies, pero podía ver la sonrisa en sus labios. Entonces la sonrisa comenzó a desaparecer y al tiempo que ladeaba mi cabeza para ver su expresión sus manos desaceleraron y, al fruncir el ceño, sus cejas se juntaron.
"¿Mis pies huelen?" Le di una pequeña sonrisa y levantó la mirada, ofreciéndome la más débil de las sonrisas. Luego miró debajo de nuevo, sus dedos reanudaron el masaje, poco a poco.
"No, bueno, al menos, no como tú crees." Pude ver su sonrisa ampliarse un poco. Pero luego cayó de nuevo.
Había aprendido en los últimos meses que si le daba espacio él me diría que le preocupaba – a su tiempo. Y estos tiempos se hacían cada vez más cortos, y más cortos, a la vez que aprendía a abrirse conmigo. Pero en este momento, creía que tenía una idea en su mente y decidí hablar antes de esperar.
"Estas recordando la Navidad pasada, ¿no?" Asintió apenas perceptiblemente.
"¿Cómo lo sabes?" Susurró las palabras aún con la cabeza gacha.
"Porque también estaba recordando, hace un rato, en la juguetería." Levantó la cabeza y me miró con ojos asustados y me pregunté a donde había ido ahora su mente. Me tensé un poco, pero continué hablando. "Estaba pensando que, es increíble la diferencia que puede hacer un año, ¿verdad?" Dije a la ligera, con la esperanza de traerlo de vuelta de donde estaba.
"Estoy tan…," comenzó, pero negué con la cabeza firmemente al arrepentimiento en sus ojos. No habría escusas.
Todavía era propenso a esos momentos en que oscuros pensamiento y recuerdos lo tomaban – era sólo Edward. Pero, recientemente, parecía ser capaz de vencerlos. Bajó los ojos otra vez y lo observé de cerca, dejándolo tener su momento. Suspiró y después de un rato, levantó el rostro y me sentí aliviada de ver el comienzo de una sonrisa. La torcida.
"Pero esta no es la Navidad pasada. Es ahora," dijo bajito. "Y ahora estoy haciendo las compras de Navidad con mi esposa embarazada"
Ahora su voz hablaba de alegría y satisfacción, tal vez, incluso con un poco de incredulidad. Su sonrisa se convirtió en una feliz sonrisa a la vez que yo retorcía los dedos de mis pie para que continuara.
Nuestros sándwiches llegaron y comí mientras Edward masajeaba mi otro pie.
"Vamos a tener un almuerzo de Navidad con Charlie y Sue," anuncié con la boca llena de carne asada y Edward asintió.
"¿Será pavo?" preguntó.
"Probablemente, Sue cocina." Tomé otro bocado. "Al menos no se sorprenderá si tus hábitos alimenticios parecen un poco extraños."
Se encogió de hombros. "Comeré probablemente," y sólo pude ver un ínfimo atisbo de desagrado cruzar su cara.
"¿Por qué?"
"A veces es más fácil. ¿Asumo que habrán papas asadas y salsa de carne?"
"Um, sí, eso hay por lo general."
Asintió. "Esconderé lo que pueda, pero algunos alimentos son más difíciles de esconder que otros. La salsa se escapa por las servilletas, las papas asadas son voluminosas."
"Oh." Hay tantas cosas que pensar cuando eres un vampiro y tienes una cena con la familia política. Obviamente, Sue entendería, por lo que este recurso sólo sería en beneficio de Charlie. A veces pensaba que sería más fácil si sólo le dijéramos la verdad, pero sabía que eso nunca sucedería.
"Podríamos decir que estás en una dieta especial. O que eres alérgico a las papas, o a la salsa."
"O sólo puedo comer y entonces no tendríamos nada de qué preocuparnos." Arqueó una ceja y sonrió.
"Pero tendrías que…tú sabes." Hice la acción de revolver las manos sobre mi estomago y se encogió de hombros.
"Es un pequeño precio a pagar por nuestra primera Navidad juntos," sonrió. "Muy pequeño."
Sería un interesante almuerzo de Navidad. La madre de hombres lobos sentándose a comer con un vampiro. Agité la cabeza sonriendo – si sólo Jake pudiera ver esto. Pero posiblemente él sabía. Todavía no había vuelto a casa, pero sin duda la palabra había pasado como un rumor lobuno.
Estaba comenzando mi segundo sándwich de carne asada cuando Edward volvió la cabeza hacia la ventana. Fue un movimiento rápido – uno de esos movimientos que servían para recordarme que él no era tan humano como parecía. Luego comenzó a sonreír a la vez que se levantaba y besaba mi mejilla.
"Volveré en un momento. No vayas a ninguna parte."
Y se fue.
A través del cristal de la ventana lo vi cruzar la calle. Vestía un abrigo negro, hasta la rodilla, propicio para el clima. Me gustaba la manera en que acentuaba su altura y la forma cuadrada de sus hombros. La división de atrás asimilaba una cola que se agitaba levemente mientras caminaba, moviéndose al compás de sus pasos, enfatizando la gracia del ritmo de su zancada. Las cabezas de las admiradoras se volvieron para ver y sonreí. Mío.
Frente a la cafetería había una tienda con un estandarte negro y que tenía escrito en plateado, Crystallier. Por lo que podía ver, se especializaban en artículos de cristal y tenían un enorme árbol de Navidad en la ventana frontal, brillando con cientos de adornos, todos capturando la luz y luciendo como diamantes. Vi a Edward entrar, y un momento después, una vendedora tomó una escalera y la puso junto al árbol. Ella subió y quitó un adorno de la parte superior antes de bajar y desaparecer de la vista. Tal vez diez minutos pasaron y luego Edward salió de la tienda, cruzó la calle y volvió a entrar a la cafetería.
Se sentó frente a mí y quitó el cabello de sus ojos. Estos brillaban como los adornos en el árbol de la ventana.
Levanté una ceja preguntando y esperé.
Se volvió tímido, pasándose la manos por el pelo por segunda vez y se encorvó un poco hacia delante.
"Compré algo."
Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una caja pequeña. Era negra, con Crystallier escrito en dorado. La empujó sobre la mesa hasta mí.
Quité la tapa. Había una bolsa plateada en el interior, con cuidado la saqué y puse su contenido en mi mano.
"Oh…hermoso."
Una estrella de cristal. Exquisita, llena de facetas, que reflejaban la luz, rebotando alrededor de la cafetería como un pequeño sol. El punto más alto estaba terminado en oro, su pequeño aro colgaba con una cinta blanca. La cinta tenía sujeta un pequeño disco ovalo de oro que tenía grabada una corta frase.
"Pueden grabar en el lugar," dijo a la vez que lo levantaba para ver lo que estaba escrito.
Bebé Cullen – Navidad 2006
En mi pecho, mi corazón se encogió y algunas lágrimas comenzaron a picar detrás de mis ojos – las lágrimas venían con tanta facilidad estos días. De manera intermitente, miré a Edward quien me daba una tímida media sonrisa. Encogió un hombro.
"Para el árbol. Sé que el bebé realmente no estará aquí, pero creo que debería tener parte de nuestra primera Navidad."
Asentí, pero no lo suficientemente valiente como para hablar.
"Pensé que, tal vez, cada Navidad podríamos comprar uno nuevo y agregarlo. Hacerlo como una tradición familia." La emoción en sus ojos casi me hace flaquear y tuve que apartar la mirada.
Tragué saliva antes de hablar.
"Un día necesitaremos un gran árbol si vamos a acumular más de mil," susurré.
Y se puso a reír luego y extendió sus manos para tomar las mías, llevándola hasta sus labios.
"Tendremos dos árboles, amor."
Y descubrí El Léxico. Una gran librería donde Edward vacilante y nervioso me dejó andar sola, mientras el llevaba nuestras bolsas al coche. Le prometí que estaría bien. Él había prometido encontrarme en las puertas de la entrada en veinte minutos.
Miré en los estrenos, los best sellers, y luego mi atención fue captada por un letrero que decía Libros Raros y Antiguos. Había una flecha…apuntando hacia arriba…a una escalera caracol, escondida en una esquina trasera de la tienda. Estudié la estrecha y torcida escalera y estuve segura que a Edward le daría un ataque. Pero quería ir a ver y Edward no tenía porque saber.
Fui muy cuidadosa, tomándome mi tiempo mientras me arrastraba torpemente escaleras arriba, feliz de que Edward no pudiera verme. Llegue al final, me tomé un momento para recuperar el aliento, y me dirigí a las vitrinas que contenían libros de tal rareza y valor que necesitaban estar bajo llave. Los libros estaba en pequeños stands separados detrás del vidrio, con tarjetas en el frente mostrando información sobre el título y el costo. Había una maravillosa primera edición de Jane Eyre, una de las primeras Aventuras de Huckleberry Finn, un título de Ernerst Hemingway…y luego lo vi.
La Isla del Tesoro.
Edición de 1911.
Mi corazón dio un vuelco. Esto sería el regalo de Navidad para Edward.
Cuando estuvimos en Chicago, Edward me había contado que La Isla del Tesoro había sido su libro favorito. Una gran aventura había dicho. Su madre se lo había leído. En 1911, él habría tenido diez – este libro probablemente se veía igual que el que había tenido.
Perfecto.
Costaba dos mil dólares.
El joven asistente de ventas, cuyo nombre en la etiqueta decía Graeme, salió de detrás del largo mostrados para ayudarme.
"¿La Isla del Tesoro?" confirmó mientras señalaba la caja, asintiendo. Abrió la cerradura de la puerta y la deslizó, sacando el libro, llevándolo de vuelta al mostrador donde lo posó sobre un suave paño.
"Es de 1911. En muy buen estado. Puede ver que tiene muy poco desgaste, sólo un pequeño rallado en las esquinas de la sobrecubierta."
Asentí, realmente no necesitaba saber todo eso, ya había tomado una decisión.
"El libro en si mismo está forrado en cuero y las paginas están bordeadas en oro. Hay un error de ortografía en la página treinta y cinco, la palabra peor está mal escrita, como pero. El error se repite de nuevo en la página sesenta y uno. El error fue corregido en las siguientes impresiones, lo que sólo le añade mayor valor a la rareza de este." (nt: En el original dice 'the word worse is misspelled as worst', y ambas palabras son traducidas como peor, no se me ocurrió mejor manera de mostrar el error, de todas formas es algo que siempre pasa el escribir peor.)
Asentí. "Me lo llevo. Con errores de ortografía y todo."
Graeme lo envolvió con cuidado en un papel libre de ácido mientras sacaba mi elegante tarjeta negra de crédito de mi cartera. Estaba a punto de gastar dos mil dólares del dinero de Edward…de nosotros…en un libro. Un libro. Seguramente podía bajar las escaleras y comprar una versión de bolsillo nueva del mismo libro por solo diez dólares. Excepto que no sería el mismo.
El libro fue comprado. Envuelto cuidadosamente y guardado con seguridad en el fondo de mi cartera al tiempo que me dirigía de nuevo a la escalera caracol. Con mucho cuidado comencé a descender por los peldaños de la curvatura. Subir había sido más fácil. Mi tamaño hacía que mi balance fuera diferente ahora y, mientras comenzaba mi camino hacia abajo, podía sentir mi vientre empujarme hacia delante. Tomé fuertemente el pasamanos, con ambas manos, lo que hacía difícil caminar. Bajé un escalón a la vez, muy lentamente. Llegué al final, sin aliento, pero sin accidentes.
"Hecho," murmuré para mí misma, y miré el reloj. "Y con tres minutos de sobra."
Me acerqué a la puerta principal y comencé a estudiar la exhibición de Esta fue la Noche Antes de Navidad y El Expreso Polar.
"Pareces estar de una sola pieza." Fuertes brazos se deslizaron a mí alrededor y levanté la mirada para ver los brillantes ojos de Edward en mí, mientras sonreía.
"Te lo dije." Sonreí de vuelta.
"Aunque tu corazón está un poco agitado, ¿estás bien?" Frunció el ceño ligeramente.
"Estoy bien." Aparté la vista rápidamente, comprobando si mis mejillas estaban probablemente rojas por mi reciente esfuerzo.
"¿Quieres seguir mirando o estás lista para partir?"
Tomé una profunda respiración. Comenzaba a sentir un dolor de cabeza y me sentía un poco acalorada también.
Me volví en sus brazos para responderle y lo vi mirando hacia la escalera caracol. Sus ojos se estrecharon ligeramente, luego me miró, y a continuación de nuevo hacia las escaleras.
"Bella, ¿qué…?" No terminó pero de alguna manera su rostro se puso un poco más pálido. Cerró los ojos y nunca terminó la pregunta. En su lugar, hizo otra. "¿Podemos ir a casa ahora, por favor?" Su voz estaba levemente tensa.
Asentí y tomé la mano que me ofrecía.
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Estaba durmiendo la siesta, cuando una mano fría tocó mi mejilla y sonreí a la vez que abría los ojos. Él estaba sonriendo también, cabello despeinado, descalzo, sentado sobre la almohada, con una pierna estirada y la otra doblada, su rodilla como apoyo a la guitarra que estaba en su regazo.
Tocaba bien, y tocó para mí todos los días, canciones que conocía y canciones que compuso mientras sus dedos pulsaban con suavidad y destreza las cuerdas. Era algo que siempre me relajaba cuando me sentía inquieta o irritable – y eso estaba ocurriendo con mayor frecuencia.
En los días después de nuestro viaje a Seattle, mi presión arterial había estado más irregular, subiendo como una espiral y bajando estrepitosamente. El patrón de exageradas oscilaciones no era del todo normal para un embarazo humano, por lo que, era claramente un rasgo de mi singular caso.
La medicación no ayudaba en nada y Carlisle prescribió periodos de descanso regulares todos los días y que no realizara actividades extenuantes. Todas ellas. Nada. Y eso incluía el sexo.
Y Edward se aseguró de mantenerme en eso. Había estado fuera de sí, por la preocupación, cuando de verdad me desmayé y ahora me observaba de cerca, apenas me permitía hacer algo por mí misma. No se me permitió, incluso, estirarme un poco para poner un adorno en el enorme árbol de Navidad que había traído a casa una tarde. Estaba relegada a las ramas inferiores y a la supervisión de como él ponía los adornos y luces. Comprendía las limitaciones y restricciones, y estaba de acuerdo con ellas. Desde luego, no quería arriesgar nada…pero era frustrante.
"Parecía un sueño interesante," sus palabras eran perezosas, como su sonrisa.
Rodé los ojos mientras trataba de sentarme. Su mano fue de mi mejilla a mi brazo, ayudándome.
"¿Qué dije esta vez?"
Sus labios se torcieron, tratando de no reírse. "Algo sobre un erizo y Edward compra un sombrero."
Resoplé y él rió entre dientes. "No tengo idea. Tal vez estabas comprando un sombrero para el erizo."
Asintió. "Tiene sentido," dijo. "¿Cómo te sientes?"
"Bien."
Sonreí y me estiré un poco, sin saber qué hacer. Afuera llovía y de improviso eso me molestó. Me sentía como su hubiera estado dentro por mucho tiempo. Mi relajado y feliz estado de ánimo inicial cambió y en vez me sentía irritada e inquieta.
Miré la pila de libros junto a la cama, y pasé los dedos por sus lomos, mientras Edward comenzaba a tocar de nuevo, la suave música giraba a mi alrededor.
Los había leído todos. Pero a medida que mis ojos se posaban en mi copia de Cumbres Borrascosas, resolví que era hora de que mi viejo amigo tuviera una salida. De nuevo. Había pasado un tiempo – no lo había leído desde antes de la boda.
Lo tomé de la pila suavemente, esperando que no lo notara y se burlara de mí. Me puse sobre mi costado, alejándome de él.
"¿En serio vas a leerlo de nuevo?"
Rodé los ojos. Aquí vamos. Le di la espalada.
"Es diferente esta vez."
Pude sentir la sonrisa, de verdad. "¿En serio? ¿Cathy sobrevivirá ahora? ¿Ella y Heathcliff se casan?"
Le mostré la lengua y él soltó una carcajada. "Bueno, no lo he leído como mujer casada antes, o como mujer embaraza. Eso probablemente cambiará toda mi percepción de la historia. Las decisiones de Cathy y sus reacciones hacia Heathcliff."
Arqueó una ceja y levanté mi nariz al aire e inhalé a la vez que volvía al libro.
"Se supone que no tengo que molestarme, Edward, ¿recuerdas?" Traté de esconder la sonrisa mientras él reía por lo bajo. A veces era demasiado difícil estar indignada con él.
Abrí la muy gastada tapa, no teniendo sentido tratar de ocultarme ahora, y rápidamente me moví para detener las tres hojas sueltas que siempre trataban de escapar. Había estado luchando por libertad desde hace un tiempo hasta ahora, pero mientras las ponía en su lugar, otras dos cayeron. Luego cinco o seis más. Entonces, todo el capítulo siete. Finalmente, estaba sosteniendo sólo la cubierta de papel mientras todas las páginas estaban esparcidas sobre mi regazo.
"Lo mataste." El susurró de Edward era incrédulo, sus ojos muy abiertos mientras miraba fijamente. "De verdad lo leíste hasta la muerte."
No podía hablar, pero me senté, viendo como la historia de Cathy y Heathcliff descansaba en piezas, como su amor, todo sobre el cobertor dorado.
"Oh." Comencé a recoger las páginas. "Tal vez pueda pegarlas…,"pero Edward puso una mano sobre la mía. Levanté la mirada y vi simpatía simulada en sus ojos.
"Bella, es tiempo de dejarlo ir, amor. Se ha ido." Sus labios se torcían mientras trataba de sofocar la risa que sabía tentaba detrás de ellos. Estuve a punto de hacer un comentario sarcástico, pero en su lugar dejé escapar un suspiro.
"Tienes razón. Se ha ido. Tuvo una buena y larga vida. Era de segunda mano cuando lo compré."
"Supongo que fue así," dijo a la vez que recogía las hojas y estiraba la mano para que le pasara la cubierta. Se la di. "¿Quieres decir adiós?" Sus ojos brillaban.
"No." Dije firmemente y él finalmente dio rienda suelta a su risa. Dejó la cama y desapareció por la puerta con los restos de mi libro y volvió un momento después.
Se acercó y comenzó a masajear mis hombros una vez sentada. Su toque era tierno, pero firme. Con sus increíbles dedos.
"¿Quieres hacer algo más? Podríamos jugar ajedrez," dijo.
"No, siempre ganas."
"¿Scrabble?"
"Lo mismo. Conoces más palabras que yo." Dejé escapar un suspiro inquieto. "Debo enviarle un mail a Renee, no me he comunicado con ella en unos días, probablemente esté frenética por noticias del bebé."
"Te traeré el laptop," comenzó a levantarse, pero lo detuve.
"No, iré al estudio. Quiero un cambio de escenario." Empujé mis piernas hacia un lado de la cama.
"Bueno, ten cuid…," comenzó, pero paró cuando vio mi cara.
"Sí, caminaré con cuidado al estudio, Edward, después de todo necesito hacer mi camino a través de la sala de estar y más allá del sofá. Es peligroso, pero creo que puedo hacerlo."
Fue lo suficientemente sensible como para parecer tímido. "Lo siento," susurró bajito pero estaba segura de que había una sonrisa tirando de las comisuras de su boca.
El estudio realmente era más de la gran habitación del área de la sala de estar. Contiene el escritorio de Edward, algunos estantes y un pequeño armario antiguo de madera con manijas de bronce. Obviamente, había estado ocupado, por que el, normalmente, limpio escritorio estaba cubierto con archivos y papeles, el computador enterrado debajo. Eché un vistazo a las hojas. Algunas impresiones sobre acciones, la última declaración bancaria. Aparté la mirada mientras retiraba el laptop – la figura de ocho cifras del balance bancario me hacía perder la cabeza.
Metí el pequeño ordenador bajo el brazo y me encaminé hacia el dormitorio.
"Has vuelto," sonrió a la vez que subía torpemente a la cama, sus manos, como siempre, soportándome.
"No quería desordenar el escritorio. Escribiré aquí."
Sus labios formaron una línea delgada.
"Bella, sabes que puedes apartar las cosas, o iré a limpiarlo ahora si quieres…si prefieres estar ahí."
"No, es tu espacio, no muevas las cosas por mí."
"Es nuestro espacio," dijo en voz baja pero firme.
"Estoy feliz, aquí contigo, de todos modos." Le sonreí y él se inclinó a besar mi frente.
De repente, alejó un poco su cabeza, inclinándola a un lado.
"Llegó el correo," dijo. "Rose acaba de llegar de la oficina de correos." Se levantó y se dirigió a la puerta.
"No, yo iré. Necesito el ejercicio."
Estuvo a punto de objetar, pude verlo en su rostro. Así que me removí en la cama, caminé pasándolo y llegué a la puerta de enfrente. Me sostuve de la manilla y del marco de la puerta con cuidado mientras metía mis pies en las botas de goma que dejaba allí.
"No tiene sentido discutir, ¿verdad?" dijo rotundamente.
"Nop." Tomé le paraguas del perchero.
"Por favor, ten cuid…,"
Se detuvo cuando vio mi cara. Hombre sensible.
Me las arreglé para llegar a la casa, recoger el correo, tener una conversación con Rose y Emmett y estar de vuelta en la cabaña sin incidentes. Edward sonrió cuando me abrió la puerta de enfrente.
"¿Qué tenemos?" preguntó mientras me sentaba en el sofá. Sonreí, feliz, y sintiéndome más entusiasta gracias a mi breve paseo al aire libre. Se arrodilló para sacarme las botas.
"Hay un Madre y Bebé de este mes," sacudí la cabeza. Alice había hecho la suscripción por mí pero estaba segura de que Edward había leído más que yo. La dejé a mi lado en el sofá. "¿Y hay un vistoso sobre para ti de algún concesionario de automóviles de lujo en Italia?" Fue una pregunta y le levanté una ceja. Se levantó del piso y sólo me dio una rápida mirada mientras iba a dejar mis botas de vuelta a la puerta.
"Debeoestar en su lista de correos," murmuré.
"Mm, sí, claro."
Volvió y se dejó caer a mi lado, desplomándose sobre los cojines a la vez que descansaba su cabeza en mi brazo y me miraba.
"No me deslumbres, Edward." Traté de hablar firmemente pero él me estaba mirando a través de sus pestañas, con esa sonrisa. Y luego…guiñó un ojo, y la resistencia fue inútil. Seguramente lo dejaría comprar diez coches italianos de lujo. Noté que tenía la boca ligeramente abierta y la cerré rápidamente. Me estremecí un poco, aclarando mi garganta. Tomó el sobre de mi mano y la dejó a su lado sin mirarlo.
"Um, y tienes un envío de Rebecca." Era uno de esos sobre pequeños y acolchados – una esquina había sido abierta un poco en el camino. Era curioso. Rebecca ocasionalmente le enviaba emails a Edward, actualizaciones de la escuela de música, pero no había mandado nada antes por correo.
"Debe ser el CD de la actuación que los estudiantes hicieron en el concierto de Navidad en la cuidad," dijo.
Ahora recordaba, Rebeca le había dicho por email de eso hace unas semanas.
"¿Piensas mucho en George?" Pregunté mientras él volvía el sobre para abrirlo. Sus dedos se detuvieron justo debajo de la solapa.
"A veces." Dijo con cuidado. Su cabeza estaba apoyada en mi brazo y levantó la mirada para verme, sus ojos eran cautelosos. Le sonreí, haciéndole saber que estaba bien.
"También pienso en él, a veces. Y en esa noche en que irrumpimos en su habitación."
Edward rió. "Esa fue una noche interesante."
Y repentinamente, de la nada, hice otra pregunta. Una que incluso me sorprendió.
Durante las últimas semanas había comenzado a estar un poco más emocional sobre…las cosas. Cualquiera. Todo. Comprobar que habíamos quedado sin leche podría hacerme llegar a las lágrimas. Y súbitamente, por alguna razón, mientras miraba la escritura a mano de Rebecca en el sobre, y pensar en George, una gran cantidad de otros recuerdos vinieron a mí. Y los recuerdos trajeron compañía; pensamientos sobre – emocionales e irracionales.
"¿Alguna vez piensas en ella?"
"¿En Rebecca?"
"No. Lucy."
Edward parecía como si lo hubiera abofeteado. Abrió los ojos de golpe y lo mismo su boca. Comencé a morderme el labio.
"Yo sólo…no importa." Murmuré.
Se incorporó lentamente y me miró directamente a los ojos.
"No, no pienso en ella." Su voz fue baja y clara, asentí. Pero los pensamientos irracionales demandaban atención y continué hablando.
"Sólo pensaba, ya sabes, tal vez te hubiera gustado tener esta experiencia con George."
Los ojos de Edward se entrecerraron, inclinó la cabeza hacia el lado un poco y habló con cautela.
"¿A qué experiencia te refieres, exactamente?"
"Um, tú sabes, elegir nombres, hacer la habitación del bebé, sentir las pataditas."
Estaba tratando de sonar ligera es eso, pero las lágrimas ardían detrás de mis ojos. Los estúpidos pensamientos continuaban empujando. Tragué duro y pude sentir la angustia y la confusión de Edward.
"No." Su respuesta fue inmediata. Sin indecisión, sin pausa para reflexionar.
"¿No, en absoluto?" Sorbí. ¿Por qué estaba haciendo esto?
Cambió de posición, sentándose sobre sus piernas mientras me enfrentaba. Se sacó el cabello de los ojos a la vez que me estudiaba con cautela por un momento antes de contestar.
"No, para nada." Su voz era suave, pero firme.
Luego bajó la mirada a sus manos en su regazo. "A veces, al principio, me preguntaba cómo había sido George de bebé, y como fue de niño mientras crecía, pero eso ya lo sabemos."
Asentí, sonriendo, me había preguntado lo mismo en el pasado. Alcanzó mi mano, tomándola en la suya y besándola. "Pero tener esa experiencia con él, significaría que no te tendría a ti, y que nosotros no la tendríamos ahora." Besó mi mano de nuevo, cerrando los ojos mientras se quedaba más tiempo en mi piel esta vez. "Nunca desearía algo que cambiaría mi ahora," susurró.
Abrió los ojos mientras se acercaba a acariciar mi mejilla, sus ojos llenos de amor pero sus cejas se juntaban en su frente. "Bella, amor, ¿de dónde viene esto?"
Tomé una respiración profunda y temblorosa.
"Yo…yo no sé." De verdad no sabía. Las palabras sólo comenzaban a derramarse por mi boca sin esperarme para confirmarlas antes. "Creo que por las escritura de Rebecca en el sobre, y recordar a George, y luego comenzar a recordar otras cosas y…comencé a tener ideas estúpidas."
"¿Qué ideas?"
Tomé un gran aliento. Las ideas eran, de hecho, muy estúpidas. Lo sabía. Pero estaban golpeando en mi cabeza demandando que las dejara salir. Alejé algunas lágrimas.
"Que, no importa como veas las cosas, ella fue la primera persona en darte un hijo y…tal vez me miras a mí y te preguntas como se veía ella cuando estaba embarazada de…tu hijo. Y es posible que tú sientas…" Entonces me detuve.
La boca torcida de Edward y su incredulidad se apoderaron de su rostro. Podía sentir la tensión en su expresión y en las duras líneas de su mandíbula. Bajé los ojos pero pude oír su respiración, respiraciones lentas y pesadas, tal vez tratando de clamarse. Su mano dejó mi mejilla y lo oí tragar al tiempo que se levantaba del sofá y se ponía de rodillas delante de mí. Tomó mis manos en las suyas. Levanté la mirada y el dolor en sus ojos era casi insoportable.
"No, no me he preguntado eso. Ni una vez. Ni siquiera ahora que lo dices."
Asentí. Creí en él. "Te amo, Bella. Tú eres mi primer y único amor."
"Lo sé, lo siento," susurré y sorbí. "Sólo ignórame, Edward. Estoy siendo estúpida."
Volví la cabeza a un lado pero él levantó su mano de nuevo y suavemente tocó mi barbilla, volviendo mi rostro de nuevo. Su mirada era intensa, mientras sus ojos se mantenían en los míos, y no pude apartar la mirada. No me dejó.
"Bella, dijiste que ella me dio un hijo." Respiró hondo y pasó saliva. "Y ese día en el claro, dijiste que le di a ella algo que debería haber sido tuyo."
Bajé la cabeza. Recordando. "No quise decir…sé lo que realmente sucedió, lo sé…" pero él me interrumpió.
"Eso nunca fue una donación, Bella. Yo no le di nada y ella no me dio nada a mí." Y me sorprendí cuando su ojos se endurecieron y su voz tuvo un rastro de amargura. "Ella lo tomó de mi, Bella." Sus palabras fueron casi un siseo.
Tomé aliento profundamente al darme cuenta de como lo había forzado a que recordara el horrible recuerdo de aquella noche. "Lo siento," dije, y no solo por sacar a relucir esto.
"Eres la única persona a la que me he entregado, Bella. Eres la única persona con la he estado."
"Lo sé."
"Tienes mi corazón, mi mente, mi…alma." Dudó en esa palabra y esperé por la renuncia que no vino. "Y tienes mi cuerpo. Te lo doy a ti, son tuyos."
Respiré. "Lo sé, Edward. Lo sé. De verdad. Creo que estoy un poco…emocional. Lo siento mucho."
Él sonrió y pasó su mano por mi cabello, se levantó y vino a sentarse a mi lado.
"Mi corazón y mi mente están llenas de amor por ti, Bella, y para nuestro bebé…ni siquiera puedo ponerlo en palabras." Dejó escapar un profundo suspiro. "Prométeme, amor, nunca pensarás de nuevo en eso."
"Lo prometo," suspiré mientras me apoyaba en él.
Nos sentamos así durante un rato, en silencio, Edward sosteniéndome cerca, sus manos acariciando mi vientre mientras mis sollozos se tranquilizaban y detenían.
"Bella," dijo bajito mientras yo escondía mi cabeza bajo su barbilla. "¿Cuántas personas saben que yo, um, que yo gimo, cuando me acarician debajo del ombligo?"
Sentí la sonrisa formarse en mi labios.
"Sólo yo."
"¿Y cuántas personas han oído ese gemido?"
La sonrisa se hizo más grande.
"Sólo yo."
"¿Y quién sabe que mi pezón derecho es más sensible que el izquierdo, o que la sensación de uñas sobre mi espalda baja me haber sisear?"
"Yo."
"Dime, ¿Qué pasa cuando dientes me muerden…aquí, Bella?" Tomó mis manos y la puso en el interior de su muslo, apretando con fuerza en ese lugar. Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido. "O una lengua haciendo remolinos calientes en mi garganta." Demostró en la mía.
Reí. "Gimes, y a veces siseas."
"Mm, sí," susurró contra mi piel. "Y los jadeos y gemidos, los gruñidos y rugidos cuando estoy haciendo el amor, ¿quién los oye?"
"Yo los oigo."
Dejó caer su cabeza contra mi hombro y me acarició suavemente. "¿Y quién me sostiene cuando mi cuerpo tiembla después?" Susurró.
"Yo." Susurré de vuelta.
Se puso derecho y miró mi rostro, sonriendo. "Bella, ¿con quién descubrí todo esto? ¿Quién estuvo conmigo la primera vez, y las otras veces?"
"Yo."
"¿Y quién es la única persona a la que le he pedido ser mi esposa?" Levantó mi mano y besó mi anillo de bodas.
"Yo," sonreí y las lágrimas comenzaron a picar otra vez. Parpadeé con fuerza.
"¿Quién me llena de deseo de tal manera que a veces no puedo caminar en línea recta?" Volvió mi mano y besó el interior de mi muñeca.
Reí más fuerte esta vez. Realmente no sabía de eso. Moví la cabeza para poder ver su rostro.
"Um, ¿soy yo?"
"Sí," dijo sonriendo.
"Nunca me he dado cuenta de eso."
"Lo oculto muy bien. De lo contrario sería muy vergonzoso."
"Oh." El rubor recorrió mi piel a la vez que volví a meterme bajo su barbilla. Y él rió bajito. Sentí la vibración a través de su pecho y garganta, lo que me hizo sonreír
Luego hundió el rostro en mi cabello y su voz fue más baja, más tímida, cuando habló.
"Y cuando las barras del armazón de la cama están quebradas o dobladas, las almohadas rasgadas y destrozadas, o las sábanas desgarradas. ¿Quién lo ve y lo entiende?"
Levanté el rostro de nuevo para así poder ver el suyo – ver el amor, y la timidez, que rebozaban allí. Tomé su cara entre mis manos.
"Yo."
Levó sus labios a los míos, luego. "Sólo tú," susurró. "Todo esto, sólo tú. Siempre." Y su lengua tocó y probó antes de besarme profundamente. Cuando me faltó el aire se alejó con suavidad, pasó su nariz a lo largo de la mía, una mano sobre mi corazón, sintiendo el pálpito. Sin sudas, una pequeña parte de su cerebro vampiro estaba monitoreando mi presión arterial en ese momento.
Se retiró un poco y ladeó la cabeza, sonriéndome.
"¿Sabes cuantos bebés he cargado, Bella?"
"Um, no, no puedo imaginar que sean muchos, sin embargo."
Río entre dientes. "Ninguno. Nuestro bebé será el primero."
Me acurruqué más en él.
"¿Y que bebé es el primer bebé al que he sentido sus pataditas?"
"El nuestro."
"La única vez que he oído las palabras Vas a ser padre, ¿quién las dijo?"
"Yo."
Me besó suavemente.
"Tú," dijo, apoyando su frente en la mía. Sus labios rozaron el contorno de mi boca a la vez que cerraba los ojos. Mi corazón se llenó de amor y felicidad mientras mi lengua trazaba suavemente sus labios, haciéndolo suspirar.
Y entonces, justo cuando las cosas comenzaban a ponerse interesantes, mi estómago gruñó. Edward se detuvo y me sonrió. Suspiró otra vez.
"Hora del almuerzo," dijo y se levantó del sofá.
"¿Qué hay en el paquete?" Estaba bien ahora. Tenía muchos alucinantes primeros bajo mi haber, nadie o nada se puede comparar conmigo. Los pensamientos irracionales de habían ido del todo.
"¿Quieres abrirlo mientras te consigo algo para comer?" caminó hacia la puerta.
"Pero está dirigida a ti."
"Teniendo en cuenta lo que acabamos de discutir, debes saber que no tengo secretos, amor," su voz venía de la cocina.
"¿Ni siquiera sobre autos italianos de lujo?" Murmuré bajo mi aliento.
"¡Oí eso!" Lo oí reír y rodé los ojos. Súper oído de vampiro.
Abrí el sobre. En el interior había un CD, como Edward había predicho.
"Síp. CD." Dije a volumen normal, sabiendo que me oiría. Pero había algo más.
Una caja pequeña. Terciopelo azul oscuro, desteñido y polvoriento. Tenía una nota pegada.
Querido Edward,
Aquí está el CD cómo había prometido. Estoy muy orgullosa de lo que los estudiantes han conseguido y espero que lo disfrutes escuchando. Como siempre, tu interés en la escuela es apreciado.
He incluido otro pequeño artículo que descubrí ordenando las cosas de George. Pensé que debía enviártelo, tal vez a Bella podría gustarle.
Espero que estén bien y que disfruten su primera Navidad como marido y mujer.
Mis mejores deseos,
Rebecca.
Tenía curiosidad y abrí la tapa.
Yacía sobre un pequeño cojín de satín azul hielo pálido. La fina banda de oro era rosácea en oro color rosa, como pensaba que se llamaba. Tenía una gran y cremosa perla central, con otras pequeñas rodeándola, siendo estas más blancas y menos cremosas. Lo reconocí de inmediato, por la descripción en su diario, y por la foto. Sentí mi corazón contraerse un poco y tragué duro. Luego alcé los ojos lentamente. Edward estaba parado en la puerta, con el rostro en blanco.
"Me pregunté si querías palta (aguacate) en tu ensalada. Sé que a veces no te gusta."
Habló con vacilación y sus ojos no estaban en mí, sino en la caja en mis manos. Lentamente, con cuidado, comenzó a acercarse, casi como si tuviera miedo de acercarse. Se subió al sofá y se arrodilló a mi lado con cautela.
"Este era su anillo de compromiso, ¿no?" Mi voz fue tranquila. Estaba tan contenta de haber tenido nuestra conversación antes de haber abierto el sobre.
"Um, yo creo. Yo…sólo lo sé por el diario, no de mis recuerdos. No se lo di a ella."
Asentí y guardamos silencio.
Me quedé mirando el anillo. Nunca me han gustado las perlas.
Miré a Edward y sus ojos eran intensos, enfocados en mí. Extendió lentamente una mano y tomó el anillo del pequeño cojín. Lo sostuvo entre sus dedos pulgar e índice, y lo mantuvo en alto frente a mí, mirando profundamente mis ojos y me pregunte qué estaba haciendo. Luego rodó el anillo, haciéndolo caer en la palma de su mano. Con sus ojos aún en mi, cerró su mano en un puño mientras unía la otra a la mía. Pude ver que no hizo ningún esfuerzo real, sólo un suave movimiento de flexión, pero cuando abrió la mano sólo había polvo.
Tomó la caja de terciopelo y vertió el polvo en él, cerró la tapa y luego cerró su puño alrededor.
Polvo de nuevo.
En seguida se levantó y salió de la habitación. Un segundo después oí la descarga del retrete y una amplia sonrisa apareció en mi cara a la vez que la risa comenzaba a burbujear dentro de mí.
Cuando Edward volvió su rostro seguía siendo cauteloso, pero sonrió un poco, se sentó a mi lado y tomó mi rostro entre sus manos. Acercó sus labios a los míos y me besó lentamente, profundamente.
"Mi primer y único amor," susurró.
Se subió a sus rodillas y su cuerpo se presionó suavemente contra mi panza mientras él mismo se inclinaba sobre mí, empujándome hacia él mientras continuaba el beso. Y el bebé se movió, dejándonos a los dos sentir. Edward no se detuvo, sus labios todavía se movían sobre los míos con esa intensidad que hace detener corazones, pero él bajó una mano hacia mi vientre, acariciando y respondiendo al pequeño golpe del bebé.
Este hombre no me dejaba ninguna duda acerca de sus sentimientos.
Pero se apartó de improviso cuando mi corazón comenzó a acelerarse y rodé mis ojos. Estúpida presión arterial.
Se sentó de nuevo y puso sus brazos a mí alrededor, abrazándome, mirando mis ojos profundamente.
"¿Qué?" preguntó mientras yo comenzaba a reír.
"Estaba pensando…apuesto a que esta es la primera vez que usas el inodoro en casi cien años."
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Edward era como un niño en, bueno, en la mañana de Navidad.
"Feliz Navidad, amor." Su rostro sonriente fue lo primero que vi al abrir los ojos. Mm, muy feliz Navidad.
"Aquí," dijo y puso un pequeño paquete envuelto en papel dorado, sobre mi vientre. Me moví, me alcé a una posición sentada y lo tomé. Era suave, un poco más grande que mi mano. Abrí el papel.
"Calcetines," reí.
"Rojos. Muy festivos." Su rostro estaba serio pero podía oír la sonrisa en su voz cuando me citó. Él incluso dejó la etiqueta de Thriftway.
"Gracias," dije y lo besé. Traté de ponérmelos pero fue imposible.
"Déjame," dijo. Un segundo después lo dos vimos cuando retorcía mis pies rojos.
"Muy lindos," dije y lo besé de nuevo. Escondió su rostro en el hueco de mi cuello y suspiré mientras se retiraba para sonreírme.
"Tengo algo más para ti, ven y mira."
"Edward, tú no…,"
"Ssh," puso un dedo sobre mis labios y sonreí.
Rodé fuera de la cama con un poco de ayuda, y me tomó de la mano a medida que avanzábamos a través de la sala de estar con su enorme árbol. El sol de la mañana resplandecía en la estrella de cristal que Edward había colgado orgullosamente en lo alto del árbol y diamantes de luz danzaban en toda la habitación. Estaba admirando el efecto cuando Edward tiró de mi mano y me llevó al estudio.
"Oh, Edward. ¿Es para mí?" Mi reticencia automática a recibir regalos comenzó a desvanecerse.
Bajo la ventana, al lado del escritorio de Edward, había un segundo escritorio. Un hermoso escritorio pequeño para escribir, claramente antiguo. Me acerqué para darle una buena mirada. Era de madera color oro, con una tapa con bisagras, dentro forrado en cuero verde, revelando el espacio de debajo. En la parte superior, por detrás, tenía unos pequeños cajones y casilleros. El cuero verde estaba bordeado con un delicado patrón dorado que estaba un poco desgastado en algunos lugares.
"Es hermoso."
"Fue de mi madre."
Me volteé, tanto como podía girar, y lo miré. Estaba sonriendo con dulzura, tímidamente. "Mi padre se lo dio como regalo de bodas, ya era antiguo entonces."
"¿De su madre?"
Asintió. "La recuerdo sentada, trabajando en las cuentas de la casa."
"¿Dónde estaba?"
"En un almacén. Vendí o regalé muchos de los muebles de la casa de mis padres, pero algunos me los quedé. Este es uno." Luego se encogió de hombros. "Pensé que te podría gustar tener tu propio espacio."
"Oh, Edward. Gracias." Toqué el pequeñísimo mango de uno de los cajones de madera. "¿Puedo?"
"Por supuesto. Es tuyo."
La sonrisa en su rostro era casi un regalo, como lo era el escritorio, mientras él se apoyaba contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados, observándome.
Con emoción comencé a abrí todos los cajones, investigando en los casilleros, en los cajones más grandes de abajo, en todos los rincones y grietas. Dentro del escritorio encontré una copia nueva de Cumbres Borrascosas, con una cinta roja alrededor. Alcé la mirada para verlo.
"Iba a comprarte una primera edición, incluso había rastreado una. Luego concluí que su delicada condición no soportaría tu voraz apetito."
Reí y fui hasta él, tiré mis brazos alrededor de su cuello.
"Muchas gracias."
"De nada. Es un placer verte disfrutar de tus regalos." Se inclinó y me besó. Mi presión arterial se había mantenido estable durante diez días hasta ahora, por lo que Carlisle me había declarado en forma y sana, y aunque todavía tenía que tomas las cosas con calma, estábamos regresando a nuestras actividades normales lentamente. Me abrazó y dejó que su lengua trazara mis labios ligeramente.
"Tengo algo para ti, también." Susurré.
"Esto es suficiente," suspiró y sus manos me tomaron con más fuerza y reí.
"No…,"
"¿No?" Alzó las cejas.
Reí de nuevo y tomé sus manos de donde estaban sobre mis caderas – o lo que quedaba de ellas.
"Ven y mira."
Caminamos de la mano hasta el sofá. Hice que Edward se sentara y saqué un paquete torpemente envuelto de debajo del árbol.
"Aquí," lo dejé en su regazo.
"Gracias," sonrió y comenzó a abrirlo. Nunca antes lo había visto abrir un regalo y me hizo sonreír al ver que era un destripador; sus largos dedos rasgaron el papel y lo dejó caer al suelo. El papel cayó y comenzó a reír mientras sostenía el cinturón de herramientas.
"¡Por fin!" dijo y me abrazó. "Gracias."
"De nada. Pero no es todo."
Inclinó la cabeza mientras recogía el pequeño paquete, mejor envuelto, y se lo entregaba. Rompió el envoltorio y se quedó mirando el volumen en sus manos mientras yo me sentaba a su lado. Estaba muy tranquilo al principio, pero luego una enorme sonrisa se extendió en su rostro rápidamente.
"La Isla del Tesoro," susurró y sus dedos acariciaron la cubierta con suavidad.
"Um, no es la primera edición, pero es la de 1911. No sé pero creo que podría ser la que tenías cuando eras niño. Dijiste que era tu libro favorito, y pensé que podría gustarte leerlo otra vez, tal vez leérselo al bebé, cuando esté más grande. Sólo…,"
Estaba divagando cuando el bajó el libro y me llevó a su regazo, extendiendo sus piernas para alojarme cómodamente.
"¿Te gusta?" Jadeé cuando me besó.
"Me encanta," susurró. "Es exactamente igual al libro que tenía. El mapa, las letras," lo tomó de nuevo y miró debajo de la cubierta. "El cuero del mismo color, también."
"¿Sabias de las faltas de ortografía?"
Quedó perplejo y le expliqué lo de peor y pero.
"No recuerdo si tenía errores, pero eso lo haría muy raro."
"Lo es, al parecer."
Luego una extraña expresión cruzó su rostro y sonrió.
"Bella, usaste nuestra cuenta bancaria de nuevo, ¿verdad?"
"Um, ¿sí?"
Y soltó una risotada a medida que se inclinaba y me besaba. "Gracias, amor, por eso, también. Incluso si gastas dinero en mí."
Reí y entonces descubrí que necesitaba un momento humano – con urgencia.
"Mm, baño," murmuré mientras Edward me ayudaba a ponerme de pie.
No pude contener la risa cuando volví. Edward estaba sentado en el sofá, un brazo descansando detrás de su cabeza, las piernas extendidas a lo largo de los cojines, con una enorme sonrisa en su rostro mientras sostenía el libro en su mano libre. Obviamente se había unido al joven Jim y Long John Silver en la Isla Esqueleto y estaba disfrutando enormemente.
"Edward, no puedes empezar a leer ahora."
"¿Por qué no?" La sonrisa torcida y él mirándome con cara de niño negando una reprimenda.
"Porque Alice ha decorado la casa como el mundo de las maravillas en invierno y si no estamos allí pronto para apreciarlo e intercambiar regalos, ella estará aquí en nuestra búsqueda. Y luego tenemos el almuerzo con Charlie y Sue."
Gruñó y comenzó a sentarse. "Está bien. Pero después de las Navidades con la familia Cullen y Swan, volveremos aquí, tú y yo. Vas a tu escritorio, leemos nuestros libros, te toco guitarra, y luego te doy tu verdadero regalo."
"Mi verdadero…¿qué?"
Se levantó del sofá y llegó hasta mí. Sus ojos ardían en lo míos mientras extendía una mano, ubicando sus manos en mis caderas de nuevo, sus pulgares haciendo círculos…muy lentamente.
"Te daré una pista," cerró los ojos mientras su rostro bajaba, sus labios acariciaron suavemente mi mandíbula. "Implica a mí y mi camiseta de Snoopy."
Mi corazón tartamudeó. Tal vez el maravilloso mundo de invierno podría esperar.
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Enero fue frío, pero yo tenía calor. La temperatura de mi cuerpo parecía seguir subiendo pero ya no estaba enferma y no tenía fiebre. Parecía ser otra única característica de mi particular embarazo.
El tiempo parecía ir más despacio. Carlisle me revisaba todos los días – la presión arterial estaba bajo mucho control, los niveles de azúcar en la sangre estaban bien, pero estaba variando constantemente y mi estomago estaba más duro ahora, exactamente como una roca, haciéndome sentir muy, muy, incomoda. Por supuesto las noches eran las peores, tratando de dormir. El bebé podía ponerse muy activo cada vez que me acostaba y por mucho que guste sentir sus movimientos, a veces deseaba que sólo se detuviera y me dejara poder dormir.
"Bella, ¿estás bien, amor?" Los fríos dedos de Edward acariciaron mi hombro en una noche particularmente incómoda.
"Tengo calor." Luché por sentarme entre mis almohadas de apoyo – una entre mis rodillas para evitar que mis caderas doliera, la especial que se extiende bajo mi vientre y que Edward me compró, y la de mi espalda que me apoyaba y quitaba los dolores allí. Edward me ayudó, sosteniendo mi espalda y empujándome suavemente por el codo para poder estar derecha. Comencé a tirar de la enorme camiseta que usaba. "Tengo calor. Sólo quiero…urgh." No podía tirarla hacia arriba y sobre mi cabeza.
"¿Quieres que te ayude?"
Solté un exagerado suspiro y dejé caer mis brazos inertes a mis costados. Mi cabeza cayó entre mis hombros.
"Sólo quítamela, Edward. Por favor."
Me volví a mirarlo y dudó por un momento. Luego extendió una mano y suavemente tomó un poco de la tela de enfrente de la camiseta y la rompió, como si fuera un pañuelo de papel. Sentí que la abría y saqué mis brazos libres.
"Ah, eso está mejor." Tiré la camiseta arruinada al piso y luego traté de encontrar la forma más fácil de acostarme de nuevo.
"¿Te gustaría…?"
"Sí, por favor."
Una vez más, Edward me sostuvo y me ayudo a acostarme. Reorganizó las almohadas entre mis rodillas y bajo mi vientre.
"No, la de la espalda no. Quiero sentirte detrás de mí."
La almohada fue apartada a los pies de la cama y Edward se presionó contra mi espalda.
"¿Mejor?"
"Mm, mucho. Eres más fresco para empezar. Además, te amo."
"También, te amo." Oí la sonrisa en su voz al tiempo que besó mi hombro suavemente y sus dedos recorrían con dulzura arriba y abajo en mi brazo.
A pesar de mi enorme barriga y de mis frecuentes tobillos hinchados, Edward todavía parecía encontrarme deseable. Y había demostrado que era, en efecto, muy creativo a la hora de tener intimidad en torno a un vientre como el mío. También sabía cuando no estaba de humor.
Me acurruqué en él, disfrutando el frío y la única sensación de él. Pero todavía me sentía incomoda y nerviosa. Mis piernas estaban inquietas y no podía dejarlas inmóviles. Y a pesar de todas las almohadas, mis caderas dolían.
"¿Amor?"
"Necesito darme la vuelta."
"Te ayudaré."
Y un sollozo salió de la nada. Lágrimas completamente irracionales e injustificadas comenzaron a caer por mis mejillas.
"¿Bella?" Estaba preocupado ahora. Lo oía en como sonaba mi nombre.
"Ni siquiera puedo darme vuelta sin una operación militar. Podía dar una voltereta sin pensarlo y ahora…necesito que me muevas…y almohadas, y, y…todo duele…,"
Sus brazos fueron a mi alrededor y no dijo una palabra. Él simplemente me abrazó, acariciando mi espalda.
Entonces las pataditas comenzaron y Edward descansó la mano sobre mi vientre e hizo suaves sonidos de ssh, como si eso calmara al bebé. Las patadas se calmaron y mis lágrimas ralentizaron mientras Edward me ayudaba a volver a mi posición anterior. Tomé mi almohada para el contorno del vientre y la dejé caer a mi lado. Pateé la almohada que tenía entre mis rodillas, moviéndola a un lado para poder cambiar la posición de mis piernas antes de ponerla en su lugar. Moví mis hombros a un lado, apoyando las manos sobre el colchón y descendí lentamente, aunque el peso de mi panza me empujaba. Puse mi almohada de contorno bajo mi vientre, tomando un rato dejarla en la posición adecuada, mientras Edward ponía la otra almohada entre mis rodillas.
"¿Me quieres detrás de ti otra vez?"
"Sí, por favor."
Se acostó y se presionó contra mi de nuevo. Estaba agotada y frustrada pero la frialdad de su piel y su tacto suave comenzaron a calmarme. En pocos minutos estaba cerca de dormirme. Luego, abrí los ojos de golpe y un gemido de frustración escapó de mis labios. Un gruñido que a cualquier vampiro haría sentir orgulloso.
"Bella, amor, que…,"
"Necesito ir al baño," dije entre dientes apretados. Pateé la almohada lejos de mis rodillas con golpes enojados de mis piernas.
Edward era un hombre inteligente. No dijo nada. Simplemente me ofreció su brazo como apoyo. Lo tomé y me empujé hacia arriba, empujando mi almohada para la panza a un lado y sacando los pies de la cama hasta el piso. Una vez de pie, me tomó un momento conseguir el balance mientras Edward se arrodillaba detrás de mi en la cama, esperando para recogerme si era necesario. Después de un segundo estaba contorneándome hacia el baño.
En cuanto llegué a la puerta de la habitación me detuve y miré hacia atrás. Edward estaba sentado en el centro de la cama, hermoso, desnudo, cabello cayéndole sobre los ojos, con el rostro lleno de amor a la vez que me sonreía. Y en ese momento me di cuenta de que estaba allí, enorme, desnuda y necesitando ir al baño, y que yo era, sin dudas, la mujer más hermosa del planeta. Le sonreí de vuelta e hice mi camino zigzagueando por la habitación. Más o menos.
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Si enero fue lento, entonces febrero se arrastraba. Como un niño una semana antes de su cumpleaños, todo era una cuenta atrás para el evento principal.
La antigua habitación de Edward en la casa principal estaba preparada y lista. Ordenamos una cama nueva para la cabaña y la cama original fue dejada atrás. Ahí era donde planeaba dar a luz.
Teníamos un tanque de oxigeno en la esquina, al lado de un carro plateado con cajones y una tapa – sabía que tenía instrumentos médicos, pero no quería verlos. También sabía que Carlisle había adquirido bolsas de sangre que estaban almacenadas en un pequeño refrigerador nuevo en el cuarto de baño. Había toallas, sábanas y un suministro de batas de hospital para mí. Lo que usara después de dar a luz se quemaría, así que sería fácil usar batas de hospital.
Había también una cuna de hospital de plástico transparente con ruedas, para el bebé. Estaba segura de que Carlisle estaba ordenado todo este equipamiento para una sala de maternidad o lo había pedido especialmente. Nuestro propio suministro de mantas de bebé y ropa estaban ya puesto en la cuna.
Todo lo que necesitábamos era el bebé.
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"¿El Vanquish? ¿Vamos a ir en el Vanquish?"
"Es mi auto para ocasiones especiales, y esta es una ocasión especial."
"Es demasiado bajo, nunca entraré."
"Pero lo asientos son muy cómodos, y hacerte entrar no será un problema."
Rodó los ojos muy deliberadamente mientras sonreía y me tomaba en sus brazos.
"¿No has aprendido nada todavía, Bella?"
La puerta ya estaba abierta y él se inclinó con facilidad y me deslizó en el asiento del pasajero. Ya lo había ajustado de modo que estaba sentada a cómoda distancia del tablero.
En un segundo de vampiro él estaba sentado en el asiento del copiloto a mi lado y el motor estaba ronroneando mientras salíamos del garaje.
Era once de marzo.
El bebé llegaría el dieciséis.
Alice había tenido una visión a fines de febrero. No estaba yo en ella, ni siquiera Edward, pero si Carlisle. Lo vio recibir una llamada telefónica en el trabajo, pidiéndole que volviera a casa con urgencia. La fecha en el calendario del escritorio decía dieciséis de marzo.
Así que los Cullen habían salido por unos pocos días. Estaban cazando en preparación para el parto sino que también para darnos real tiempo a solas. Estarían de vuelta el catorce cuando Edward estaría tomando unas pocas horas en el parque para cazar. Ni vampiros salvajes podrían llevárselo lejos, ni más tiempo, que eso.
"¿Todavía no vas a decirme a donde vamos?"
Estaba conduciendo a las afueras de la cuidad, rumbo a Port Angeles con una bolsa de picnic en la parte posterior. Tenía la esperanza de que no fuéramos tan lejos. Mis niveles de comodidad estaba en cero y la idea de estar en un auto, o en la misma posición, por mucho tiempo no me era atractiva.
"Bueno, Port Angeles tiene Sinfonía en el Parque esta tarde. Pensé que te gustaría ir." Sonrió. "Una especie de última salida, mientras somos sólo nosotros."
Pude ver la emoción en su rostro. Emparejaba el mío.
"Sólo cinco días más hasta que podremos decirle hola por primera vez." Unió y llevó nuestras manos desde la consola a mi panza y reí.
"¿Por primera vez? Edward, has estado diciendo hola todos los días desde septiembre." Comenzó a reír. "Hola, y, este es papi, y, te amo."
"Lo sé, pero también lo haces."
Ambos sonreímos y levantó la mano que sostenía y la besó suavemente. Suspiré y me acomodé en el asiento.
Port Angeles, no estaba tan lejos, no del modo en que Edward conducía, a pesar de que estaba haciéndolo más lento en estos días. Me preguntaba que asientos habrían. Esperaba que no hubiera hamacas en el parque. Mis ojos se posaron de nuevo en la bolsa del picnic. ¿Una manta en el piso? Por favor, no una manta en el piso.
Tenían un escenario montado cerca del agua. La gran superficie de césped de enfrente ya estaba llena y los asientos obviamente los debía llevar uno – había un mar de hamacas, mantas de picnic y sillas de camping. Me preguntaba cómo me sentaría mientras Edward se abría paso entre la multitud, tomando mi mano y guiándome con cuidado, con nada más que la bolsa de picnic sobre su hombro.
"Este parece ser un buen lugar." Era a un costado del parque, hacia el frente, dando una buena vista del escenario y en un ángulo que evitaba tener demasiada gente delante de nosotros.
Me detuve mientras Edward se quitaba la bolsa y la abría. Sacó una manta que tendió en el suelo y gemí internamente. Siempre fue tan atento, ¿cómo no pudo pensar...? oh, espera…hay más.
"¿Qué es eso?"
"Una silla de aire." Sonrió, divertido por mi expresión de desconcierto. "Es como un puff, se supone que son muy cómodas."
Era de vinilo azul y Edward levantó las cejas y rodó los ojos en una especie de aquí vamos al hecho de poner la pequeña válvula en sus labios y comenzar a soplar. Reí. Ambos sabíamos que podía inflar la cosa con un par de rápidas respiraciones, pero por supuesto, tenía que hacerlo a un ritmo humano. Hizo el show de inhalar y soplar mientras yo reía y me carcajeaba. Casi lo podía ver con la cara roja.
Cuando terminó bajó la silla al suelo, tomó otra manta de la bolsa y la arrojó encima como una tapa. Al sentarse en la silla de aire quedaba un poco más abajo que en el brazo de un sillón común, del tipo de las tumbonas que la gente usa en las piscinas, pero con más contención, y mientras él me ayudaba a sentarme, descubrí que era, de hecho, muy cómoda.
"¿Dónde encontraste esto?"
"En tu revista Madre y Bebé. Está diseñada con la comodidad que una futura madre piensa que debe tener," citó en fingida seriedad y reí.
Luego Edward se estiró en la manta a mis pies y apoyó su cabeza contra mis piernas mientras la orquesta subía al escenario.
La música era maravillosa, las notas subían y bajaban a nuestro alrededor, rodeándonos y elevándonos. Cerré los ojos y me dejé llevar, disfrutando de ir y venir, de los altos y bajos.
Los dedos de Edward acariciaron suavemente por detrás de mis piernas, a veces tocando con la orquesta, tocando las notas en mi pierna. Masajeó mis pies mientras mis dedos jugaban con sus cabellos y de vez en cuando miraba hacia arriba y me sonreía. A veces decía sin sonido te amo y dejaba un suave beso en mi rodilla.
Y el bebé parecía disfrutar de la música, también. Pateó y se movió y a veces Edward recostaba su cabeza en mi regazo para poder sentir.
Y él me había traído comida. Quesos, fruta y sándwich de mantequilla de maní. Un festín.
El tiempo pasó muy rápido, y no podía creer que habían pasado dos horas cuando la orquesta terminó. La multitud comenzó a dispersarse y Edward me ayudo a salir de la silla de aire. Abrió la válvula y comenzó a sacar el aire, el vinilo azul comenzó a encogerse y se redujo mientras sus brazos la apretaban.
Un niño pequeño corrió entre nosotros, riendo, seguido por otro chico. La cabeza de Edward giró y se apresuró a nosotros apartándose del camino del primer niño, pero el segundo niño tropezó mientras lo pasaba, chocó conmigo y comencé a caer. Me tambaleé y estiré una mano, una reacción automática, para detenerme. Inmediatamente, la mano de Edward me sujetó, deteniendo mi caída, y suavemente me alejó mientras el niño salía corriendo, diciendo un rápido lo siento mientras se iba. Sentí una punzada en el costado e hice una mueca mientras frotaba sobre la parte baja de mi espalda.
"¿Estás bien?" La mano de Edward cubrió la mía a la vez que una expresión preocupada cruzaba su rostro. Sus ojos estudiaron mi rosto. Me di cuenta de que su mandíbula estaba tensa.
"Sí. Creo que me desgarré un músculo."
Frunció el ceño y sacudió la cabeza. "Debiste dejar que te sujetara. Sabes que no te dejaría caer."
"Lo sé. Fue una reacción automática."
Suspiró y asintió, apoyando su frente contra la mía mientras su mano frotaba sobre el punto que dolía en mi costado.
"Estoy bien, de verdad," dije en medio de un bostezo. "Pero estoy cansada."
Tiró la bolsa de picnic sobre su hombro, me levantó en sus brazos y me llevó de vuelta al auto.
Mis ojos pesaban mientras nos dirigíamos a casa. Era el crepúsculo y algunas gotas de lluvia salpicaban el parabrisas. Había sido una hermosa tarde y la música seguí sonando en mi cabeza como el pulgar de Edward acariciaba mi mano. Él estaba tatareando una de las piezas y todo estaba tranquilo y relajado. Tenía la intención de quedarme dormida en el auto y despertarme en la mañana, renovada, en mi cama, sin más agitaciones. Sip, ese era mi plan.
El fuerte pero pequeño pinchazo me tomó por sorpresa. Fue por debajo y enfrente de mi vientre. Un pinchazo, una pequeña presión. Sólo uno. Vino y se fue tan rápido que por un momento me pregunté si de verdad lo había sentido. Entonces la cabeza de Edward se giró hacia mí, su rostro confuso, y sus fosas nasales se dilataron ligeramente.
"¿Qué?" Pregunté. Y luego lo sentí…un calor húmedo entre mis muslos. Abrí la boca y el rubor se apoderó de mi cara.
"¿Me mojé?"
No, no era así. Entonces…¿qué?
¿Oh?
¡Oh!
No. No aquí. No ahora.
No en los asientos de cuero del Vanquish.
Miré mi regazo, donde una mancha oscura poco a poco se extendía en la tela de mis jeans. A la vez que la realización se dejaba caer me volví a mirar a Edward. También estaba mirando. Y la perfecta y angular mandíbula cayó suelta por el shock. Alzó sus ojos ámbar a los míos y parpadeó dos veces.
A continuación, la aguja del velocímetro subió a la vez que el pie de Edward bajaba.
El resto del viaje no tuvo definición mientras Edward aceleraba hacia casa. No vi el camino. En cambio vi la oscuridad expandirse sobre mi regazo y me preocupé por el cuero. No tenía dolor todavía y me preguntaba si realmente había comenzado a romper aguas. Realmente no podía registrar que estaba pasando, era como si estuviera viendo todo desde la distancia. Una extraña sensación de clama se apoderado de mí.
Ninguno de los dos habló, y mientras Edward trataba de aparentar serenidad sus manos, apretando liberando la mía, contaba otra historia. Pero podía ver la esquina de su boca elevarse en una pequeña sonrisa.
Dejó el coche a los pies de los escalones del porche, haciendo que la hierba y el barro volasen. De alguna manera yo estaba en sus brazos y escaleras arriba, en su antigua habitación antes de lo que hubiera tenido tiempo de parpadear dos veces.
Desaceleró, una vez que estuvo en la habitación y me dejó en la cama, con mucho cuidado. Subió y se sentó frente a mí, sus manos acunando mi rostro, mirándome fijamente.
"Nuestro bebé ya viene," dijo en voz baja.
Asentí.
"¿Estás bien?"
Asentí de nuevo. "Nada duele. No me siento diferente. Yo…yo creo que me gustaría salir de estar ropas."
Abrió los ojos a su ancho de repente. "Por supuesto. Lo siento. Aquí." Se acercó a la mesa plateada y tomó una de las batas de hospital. "¿Estás bien?"
"Podría tener una ducha."
"¿Quieres que te ayude?" Ahora estaba nervioso, distraído, y comenzó a pasar las manos por su pelo.
"No. No, estaré bien. En verdad, tal vez sólo necesito una mano para salir de la cama."
Estuvo a mi lado en un segundo, ayudándome a ponerme de pie y a contornearme al baño.
Hasta el momento no me sentía deferente. Y el líquido parecía haberse detenido. No estaba segura de que iba a pasar después, o porqué me sentía así de tranquila.
Me desnudé y me metí bajo el chorro de agua. Pasé la mano por encima de mi vientre, mi piel se sentía como seda sobre piedra.
"Nuestro bebé ya viene." Dije las palabras para mi misma, bajito, tratando de inundarme de ello. "Nuestro bebé ya viene."
Y parecía que la visión de Alice se había equivocado. Reí mientras me preguntaba como tomaría la noticia. Carlisle no iba a recibir una llamada en el trabajo, él estaba en medio de la nada, de caza.
Mi sonrisa de detuvo.
Carlisle no estaba aquí. Sólo éramos Edward y yo. Lentamente, la realidad tomó peso. Nuestro bebé estaba llegando y Carlisle no estaba aquí. De repente, un sollozo miedoso escapó de mis labios.
Edward apareció por la puerta antes de que pudiera tomar la próxima respiración.
"¿Bella?"
El pánico en sus ojos igualaba el mío.
"Edward…," abrió la puerta de la ducha y entró conmigo, bajo en agua, envolviéndome en sus brazos mientras cerraba los grifos.
"¿Qué es? ¿Tienes dolor?" Bajó una mano a mi vientre, que se veía un poco más duro, y comenzó a tocar por rodas partes. Los sollozos continuaban y usó ambas manos, sus dedos moviéndose frenéticamente sobre mi piel.
"Bella…," sus voz estaba angustiada. Comencé a temblar y ahora él tenía miedo. "Bella…yo, dime…,"
"Edward, ¿y si…estoy en labor…por cinco días? ¿Hasta el dieciséis?" Mi respiración me hizo hipar entre sollozos.
Se vio sorprendido. Me miró por un momento, obviamente procesando lo que acababa de decir. Luego una sonrisa apareció en su rostro.
"No. No, amor. Eso no va a pasar."
"Pero…la visión de Alice."
Cogió una toalla desde la barra y la envolvió a mi alrededor. Sus ropas mojadas estaban aferrándose a él, el cabello cayéndole sobre sus hombros.
"Las visiones de Alice pueden cambiar. Ese golpe que casi te bota en el parque, claramente aceleró las cosas. No estarás en labor por cinco días, amor." Me abrazó, frotando mis brazos fuertemente con la toalla.
Pero aún así estaba preocupada. Todas esas horrorosas historias volvían a mí. ¿Esa sería yo un día? Detener a una joven futura madre en la calle y decirle que estuve en labor por cinco días. Sin un doctor. Y sin la esperanza de una cesárea.
"¿Cómo…tú…sabes que…no pasará?" Los sollozos realmente estaban interfiriendo con mi discurso. Dobló un poco sus rodillas, poniendo su cara a mi nivel, sus manos descansando sobre mis hombros.
"Porque yo no lo permitiré," dijo suavemente, mirando tiernamente mis ojos.
Y repentinamente, creí en él. Mis sollozos comenzaron a clamarse y mi respiración se normalizó.
"Vamos, amor." Me levantó en sus brazos y me llevó de vuelta a la cama, donde me sentó contra las almohadas que ya había arreglado con cuidado.
Parecía más tranquilo ahora, también. Sus ojos brillaban y estaban emocionados en vez de asustados. Era como si mi preocupación lo hubiera enfocado. Sus manos frotaban cuidadosamente la toalla por mi cuerpo, secando con suavidad el agua en mi piel.
"Deberíamos llamar a Carlisle, de todas maneras," respiré.
"Ya lo hice. Inmediatamente después de que entraras al baño."
"¿Y está viniendo, verdad?"
Edward frunció el ceño levemente a la vez que movía la toalla sobre mis piernas, una a la vez.
"Tuve que dejarle un mensaje. Generalmente no llevamos nuestro teléfonos con nosotros cuando cazamos."
"Oh, ¿por qué?"
Sorbí mientras él retiraba la toalla y se acercaba al closet.
"Es muy fácil de perderlos durante la…bueno, es muy fácil de perder. Él revisará su teléfono tan pronto como esté de regreso."
"¿Volver donde? ¿Al auto?" Sorbí de nuevo. Sabía que en las largas cacerías, los Cullen estacionaban el coche en algún lugar y no volvían hasta él, una vez que la caza terminara varios días después.
"No, no al auto. Tenemos mochilas con nuestras cosas…chaquetas, teléfonos, carteras, y las dejamos en algún lugar cercano. Debajo de un árbol o en una roca. La revisará entre idas y vueltas."
Me guiñó un ojo y mis cellas se alzaron por la sorpresa de su frase.
"Oh, um, eso tiene sentido, supongo."
Abrió la puerta del armario y sacó una de sus viejas camisetas y un par de pantalones de chándal que no había llevado a la cabaña.
"La bata de hospital parece rígida, creo que estarías más cómoda en esto." Me tendió la camiseta y la siguió con su sonrisa torcida.
La tomé y la acerqué a mi cara, inhalando profundamente. Olía a él.
"Sí."
Dejé caer la toalla al suelo y Edward me ayudó a pasar la camiseta por mi cabeza. La tiró hacia abajo por encima de mi panza y me tendí sobre las almohadas.
Luego Edward cogió una toalla del carro y comenzó a desnudarse. Tiró su ropa mojada al baño y se secó, frotando con rudeza la toalla en su cabeza y dejando su cabello apuntando en todas direcciones. Se puso los pantalones y subió a la cama para sentarse con las piernas cruzadas, frente a mí. Suspiró mientras me miraba a los ojos y el amor en ellos estaba desbordándose. Alzó una mano para acariciar mi mejilla, sus dedos trazaron el largo de mi pómulo y bajó hasta mi barbilla. Luego, sus manos tomaron las mías.
"Te amo," susurró y noté un leve temblor en sus labios.
"También, te amo."
"Vas a tener a nuestro bebé."
Respiré hondo y traté de dar una sonrisa temblorosa. Si, de verdad ya iba a tener un bebé. Íbamos a ser una familia.
"¿Cómo te sientes?"
"Nada diferente, hasta el momento. Sólo…un poco asustada. Pero creo que también estoy comenzando a sentirme emocionada ahora."
Mi corazón comenzó a latir más rápido y no creía que fuera a disminuir en el corto plazo.
Sonrió y apretó mis manos.
"Yo también."
"¿Qué? ¿Asustado y emocionado?"
Asintió. "Asustado y emocionado."
Nos sonreímos.
"Entonces, ¿qué pasa ahora?" pregunté.
"Bueno, supongo que esperar."
"¿Por quién? ¿A Carlisle o el bebé?" le di una sonrisa débil y sonrió.
"Al que llegue primero," respondió. "Pero espero que sea Carlisle." Sus labios se torcieron un poco y pude ver un atisbo de nervios en sus ojos.
Mi corazón se aceleró un poco, ante una nueva ola de nervios. "¿Qué pasa si no?"
Suspiró y frunció el ceño, mirando nuestras manos donde sus pulgares estaban acariciando suavemente mi piel.
"Podemos ir al hospital."
Negué. "Esa no es la primera opción."
Asintió ligeramente y tragó, fuertemente, aún mirando nuestras manos. Sus pulgares repasaban mis anillos ahora, rodándolos en mi dedo.
"Bueno, en eso caso…se como recibir un bebé. Conozco la mecánica del parto y la de un recién nacido…,"
"Bueno, ¿lo puedes recibir?"
Levantó la cabeza y miró mis ojos. Estos estaban decididos, pero podía ver los nervios mientras asentía lentamente.
"Sí."
Resonó un trueno y la lluvia cayó cada vez más pesada contra la pared de vidrio. Salté un poco, sorprendida por aquél violento sonido que llenó la habitación tranquila, y traté de girarme para mirar alrededor. La cama enfrentaba la habitación, frente a la puerta, pero Edward bajó y la corrió, en un suave movimiento, dejándola ahora frente a la ventana. Subió de nuevo a la cama y le indiqué que se sentara detrás de mí.
Vimos el cielo oscurecerse y un rayo a la distancia mientras me inclinaba contra sus piernas, inclinada ligeramente en mi costado, y apoyé mi cabeza contra su hombro.
"Hm," me removí un poco.
"¿Qué es?"
"Sólo un poco adolorida."
"¿Aquí?" movió sus manos en mi espalda baja.
"Sí, ¿cómo sabes?"
"Las primeras etapas del parto," dijo bajito, besó el tope de mi cabeza y suspiró. "Está comenzando."
"Mm, ya pasó ahora."
"Probablemente hará eso por un rato."
Pero dejó su mano allí, mientras la otra descansaba en mi vientre mientras veíamos la lluvia caer. No quedamos callados y pensé que cada uno estaba tratando de absorber lo que estaba pasando. Estábamos cambiando. Pronto, no seríamos sólo nosotros. El dolor en mi espalda iba y venía, en un suave patrón de dolor. Traté de no pensar en lo que se me venía por delante.
"¿Sabes qué día es mañana?" dijo después de un tiempo.
Sonreí, la importancia de ese día no se me había olvidado.
"Va a ser dos años desde que me llevaste al prado por primera vez."
"Lo recuerdas."
"Por supuesto. Fue uno de los mejores días de su vida."
"Mío también." Movió los brazos así que ahora me rodeaban en un abrazo. A través de mi camiseta, la frescura de su piel desnuda se sentía bien. Mi piel estaba caliente y enrojecida cada segundo.
Y luego Edward comenzó a reírse entre dientes.
"Esa vez, hace dos años, me estaba preparando para una cita. Tenía miedo, también."
El dolor sordo parecía intensificarse un poco y me moví. Edward acarició mis brazos.
"Estabas preocupado por si podrías terminar matándome, verdad"
Suspiró profundamente. "Mm, si." Luego besó mi cabeza.
"Pero no lo hiciste. Me besaste en su lugar." Mi corazón se detuvo al recuerdo.
"Sí," dijo con ternura. "Realmente te besé." La alegría en su voz era clara y sonreí.
"Lo hiciste. Y yo casi te ataco."
"Sí." Sus manos tomaron las mías y besó nuestros dedos. "Tú de verdad, um…me sorprendiste."
"Lo siento."
"No lo sientas. Una vez que el shock desapareció, tu reacción me…fue placentera."
Sonreí un poco. "¿Placentera?"
"Muy placentera. A pesar de que aún era algo peligroso que lo hicieras."
Rodé los ojos. Él nunca fue un peligro para mí.
"¿Planeaste besarme ese día?"
"No, yo…no sabía cual era mi verdadero plan. Quería pasar tiempo contigo, yo…"hizo una pausa de nuevo y le oí suspirar bajito. "Quería que me conocieras. Por supuesto, la idea me aterrorizaba, también."
"¿Por qué?"
"Sabes por qué."
"Sí, pero dime otra vez. Estoy buscando distracciones, aquí." El dolor en mi espalda que iba y venía, en oleadas, comenzó a volverse un poco más fuerte que el anterior. Levanté la mirada y le di una sonrisa rápida y él me devolvió la sonrisa.
"Tenía miedo de que si me conocías, hubieras huido gritando. Y yo estaba complicado entre el deseo de que te fueras y…sólo desearte." Sus labios encontraron mi cabello y sentí el suave besó que dejó allí. "Ese día resultó mejor que cualquier cosa que hubiera previsto."
"Mm, estoy de acuerdo."
Rió bajito. "Los humanos hablan sobre la sensación de mariposas en el estómago cuando estas nervioso o emocionado…aún tengo esa sensación cada vez que pienso en ese beso."
"¿De verdad? ¿Piensas mucho en eso?"
"Todos los días."
"¿Y todavía sientes mariposas?" Creí que era solo yo.
"Sí, fue la experiencia más increíble de mi existencia…hasta ese momento. Han sido añadidos unos nuevos desde entonces, pero aún está allí. Todo el mundo recuerda su primer beso, ¿no?"
Asentí y sonrió mientras continuaba.
"Y los sentimientos que lo acompañan. La anticipación, la expectativa, y luego el beso en sí mismo. Cuando mis labios tocaron los tuyos, por primera vez,…me había preguntado cómo sería besarte, nunca pensé que sería capaz. Y cuando lo hice, fue muchísimo más." Hablaba en voz baja, casi para sí mismo. "Fue como…fue como una sacudida que atravesó mi corazón. Mi corazón estaba muerto, pero cuando nuestros labios se tocaron…sabía exactamente donde estaba mi corazón. No estaba latiendo, pero podía sentirlo. Y cuando me besaste de vuelta, si se puede llamar así," estaba sonriendo de nuevo. "No puedo explicar…lo más cercano que puedo describir es que me sentía vivo. Me hiciste sentir humano. Me hiciste sentir."
Levanté nuestras manos unidas, besé el reverso de las suyas y su sonrisa fue cálida y tierna.
"Y luego estaba muy emocionado, y feliz…y curioso."
"¿Curioso de qué?"
Me sorprendió cuando bajó la cabeza un poco y parecía tímido.
"Mm…de que si lo había hecho correctamente."
Bufé.
"Pero me confirmaste con bastante rapidez que había logrado hacerlo bien." Me guiñó un ojo y reí, pero luego me removí y jadeé suavemente mientras el dolor disparaba un poco más agudo esta vez.
"¿Estás bien?" Cambió su postura, estaba instantáneamente tenso.
"Um huh, este era un poco más fuerte. ¿Cuánto tiempo dura esto, que crees?"
"Es difícil de decir. Podría ser más tiempo, me temo." Parecía culposo y movió sus manos para acariciar mis brazos. Se sentía bien.
Y hasta ahora, las cosas no habían sido tan malas. Podía manejar esto. El dolor se había desvanecido casi por completo y tomé un respiro, dejando a mi mente vagar a esa primera noche.
"Te quedaste conmigo esa noche," dije después de un momento.
"Y dijiste que me amabas mientras dormías."
"Y tú dijiste que era tu vida."
"Lo eres." Sentí sus labios contra mi cabello de nuevo. "Y te besé de nuevo a la mañana siguiente."
"Y me hiciste desmayar."
"No hagas eso, nunca más." Casi parecía decepcionado pero pude oír la sonrisa en su voz.
"Esa noche, básicamente, te pregunté su alguna vez podríamos tener sexo."
Rió entre dientes. "Oh, cómo no recordar eso. Ciertamente removiste cosas en mi cuando preguntaste eso."
"¿Por qué?"
"Sólo el pensamiento de que realmente me quisieras de esa manera. No tengo palabras para como me hizo sentir."
"Pero, dijiste que no."
"Bueno, sólo te había besado…sólo estaba tratado de mantener el ritmo."
Comencé a reír y él también lo hizo.
"Sí, seguro Edward."
Se encogió de hombros después. "En ese momento nunca lo creí posible," dijo simplemente.
"Y mira lo equivocado que estabas." Enredé mis dedos en los suyos y froté nuestras manos sobre mi vientre.
"Muy equivocado," dijo sonriendo.
"¿Pero querías?"
"Sabes que sí, Bella."
"Fuiste críptico. Me dijiste que no eras humano, pero que eras un hombre."
"Entendiste lo que quise decir, sin embargo."
"Supongo que sí."
Se inclinó hacia delante, sus labios cerca de mi oído, y susurró.
"Te deseaba Isabella, Mucho."
Me sorprendió el uso de mi nombre completo, pero de alguna manera de dio más peso a sus palabras. Una sonrisa de suficiencia apareció en mi cara.
"Pero ni siquiera podía dejarme pensar en eso, o imaginarlo…no entonces. Mis palabras podrían haber sido un poco…vagas, pero no habría sido prudente de mi parte dar más voz a lo que estaba sintiendo." Sentí que apoyó su barbilla sobre mi cabeza. "Y no habría sido muy caballeroso."
Solté un bufido, el rió y luego el dolor se hizo más fuerte, más tenso y esta vez me dejó sin aliento.
"¿Bella?"
"Mm, este duele."
Sus manos frotaron mi espalda. "¿Aquí?"
"Um, no. Es en el frente esta vez, hacia abajo. Pero se ha ido de nuevo."
Tomé unas cuantas respiraciones y de repente me di cuenta del cambio de Edward. Sabía que estaba nervioso, ambos lo estábamos, pero tensó todo su cuerpo y tuve la sensación de que quería decir algo.
"El refrigerador del baño…,"
Me pregunté a donde iba. "Carlisle guardó sangre allí, por si a caso, ¿verdad?"
Le oí tragar.
"Hay algo más, Bella."
Levanté la cabeza desde mi lugar en su pecho y lo miré. Sus ojos estaban serios.
"Hay una jeringa con mi veneno allí."
Realmente no lo esperaba y él lo podía ver en mi cara. Sus labios se torcieron y tragó de nuevo.
"Bella, si algo sale mal, que no pasará, pero…si lo hace, y tú estás en peligro de morir…," cerró los ojos y respiró hondo antes de tragar de nuevo. ",…me gustaría convertirte." Abrió sus angustiados ojos para buscar mi cara. "Por favor, dime que eso sería tu deseo también. Necesito saber si tengo tu consentimiento para convertirte, si siento que es necesario…para salvarte." Se quedo callado luego, mirándome fijamente, sus ojos buscando en los míos.
Estaba un poco aturdida y me tomó un momento poder responder. A cada segundo la ansiedad de Edward se incrementaba hasta que la pude sentir rodar en ondas desde él. Me concentré y me sacudí.
"Sí, por supuesto. También desearía eso."
Respiró muy hondo y cerró los ojos.
"Gracias," susurró a la vez que dejaba caer su cabeza para apoyarla en mi hombro.
"Pero deberías saber que eso es lo que quiero."
Levantó la cabeza. "Lo sé, pero necesitaba estar seguro. Especialmente porque…," enterró su rostro en mi hombro de nuevo.
"¿Especialmente por qué?" Hice otra mueca mientras otro dolor pinchaba y Edward se hizo hacia atrás, instintivamente para frotar mi espalda y vientre, al mismo tiempo.
"No puedo perderte, Bella." Eso fue todo lo que dijo.
"¿Qué pasa con el bebé?"
Dejó escapar un fuerte suspiro. "Me gustaría sacar al bebé, en primer lugar." Su rostro estaba serio. "Seremos una familia, Bella. Seremos tres."
Asentí y apoyé mi espalda en él.
"¿Por qué no sólo me muerdes?"
"Me gustaría morderte también. Pero inyectar veneno directamente al corazón, esperanzadoramente haría que la transformación fuera más rápida. Estoy teorizando que el dolor duraría menos tiempo."
"¿Dijiste en mi corazón?"
"Sí."
"Pero…,"
"No creo que notes alguna molestia. Sería muy rápido y…rápidamente enmascarado por otras sensaciones."
"Oh." Pensé en lo que extraña que era esta conversación. "¿Cómo recolectaste el veneno?"
"Por supuesto que querías saber eso," río un poco y supe que su estado de ánimo había mejorado. "Llené un vaso con veneno y luego lo vacié en una jeringa."
"Sí, pero ¿Cómo obtuviste el veneno de ti?"
"Se acumula en la boca al recibir ciertos estímulos. Un poco como cuando se te hace agua la boca, cuando tienes hambre."
"Entonces, ¿cómo…,?" me cortó.
Soltó un suspiro. "Hace dos noches, mientras dormías, tomé un vaso y salí al bosque detrás de la cabaña. Me senté bajo un árbol y pensé en cosas de vampiros. No me tomó mucho para llenar el vaso. " Dijo rápidamente, como si quisiera terminar de una vez.
"¿Qué cosas de vampiros? ¿Por qué tuviste que salir?"
Hice una mueca mientras otra ola de dolor me golpeaba y luego desaparecía. Cada vez que pasaba sentía la tensión de Edward. Frotó sus manos en mí.
"Pensé en la caza, en leones de montaña, sobre asechar, perseguir y beber. Dejé que mis instintos se hicieran cargo lo suficiente para producir el veneno, pero no como para buscar comida."
"¿Y afuera?"
"Por pura medida de seguridad. Nunca quisiera estar cerca de ti mientras estoy pensando así."
Asentí comprendiendo. Y luego el siguiente dolor me dejó sin aliento y jadeé.
"¿Amor?"
"Mm, uno malo."
Y sentí ligeramente húmedo entre mis muslos nuevamente, pero no como en el auto.
El auto.
"Oh, Edward, lo siento tanto por el auto." Dije al tiempo que el dolor desaparecía un poco. Moví la cabeza para verlo, y él estaba ciertamente desconcertado.
"¿Qué quieres decir?"
"Ya sabes, cuando comencé a romper aguas."
Abrió muchos los ojos y quedó boquiabierto.
"Tú no…no es enserio, Bella. Por favor, dime que no es enserio."
"Bueno, sólo es que, sé que es especial y probablemente ahora lo arruiné…,"
"¡No!" Dijo casi con brusquedad. "¿Cómo crees que voy a estar preocupado por el coche?"
"Yo…yo sé, pero…,"
"No. No hay peros. Eres mi esposa, este es nuestro hijo…," pasó sus manos por mi barriga. "¿Qué crees que es más importante?" Su voz era incrédula ahora.
"¿Podrás limpiarlo? ¿O tendrás que deshacerte de él?"
Cerró los ojos y sacudió la cabeza. Luego abrió los ojos y me miró, de cerca.
"Bella, amor, si no dejas de preocuparte por el auto, te voy a llevar abajo y te dejaré dar a luz en él."
Arrugué la nariz y comencé a reír, él también lo hizo.
Sí, me reía ahora, pero en unos pocos minutos no me importaría si un elefante daba a luz en el Vanquish.
De alguna manera me sentí más pesada. Y comencé a sentirme inquieta. El dolor intermitente en mi espalda, ahora era contante, ya no se desvanecía. Y era más fuerte. "Creo que quiero otra ducha. Quiero sentir sobre mí el agua."
Edward no dijo nada, pero me ayudó a salir de la cama y me contorneé hacia el baño.
"¿Quieres que entre contigo?"
"No, sólo…no, voy a estar bien."
El agua caliente se sentía bien en mi espalda mientras apoyaba las palmas de mis manos en las frías baldosas, con la frente apoyada entre ellas. El dolor en mi espalda era muy fuerte y estaba teniendo dolores en el frente y por debajo. Uno particularmente fuerte me hizo gritar. Inmediatamente, Edward estaba en la puerta.
"¿Bella, amor? ¿Puedo entrar?" La preocupación en su voz era palpable.
Asentí, pero me di cuenta de que no lo vería. Tendría que hablar a pesar que sintiera que sería demasiado esfuerzo en este momento.
"Sí."
Abrió la puerta y Edward entró pero no volví la cabeza para mirarlo. Estaba enfocada en el nuevo dolor que comenzaba bajo y hacía su camino a través de mi cuerpo. Se sentí como si estuviera siendo apretada, fuertemente, desde el interior, y por un momento me fue imposible tomar aire.
Fui consciente de que Edward había abierto de puerta de cristal de la ducha.
"Sólo dime qué hacer." Dijo en voz baja.
Levanté la cabeza de los azulejos y lo miré.
"¿Abrázame?"
En un segundo vampiro se había sacado los pantalones y se me unió bajo el agua. Y, al igual que como habíamos visto en el DVD, llevé mis manos a su cuello y comencé a mecerme. Y ayudaba. Un poco. Cada vez que venía un dolor, mordía mis labios y apretaba las manos en puños.
"Bella, yo… yo sé que duele, amor. Por favor, no trates de ocultarlo."
Asentí. "Está bien, pero prométeme que no te asustarás."
"Lo prometo."
Así que dejé escapar el gemido que había estado reprimiendo. Las manos de Edward me rodearon y comenzó a frotar mi espalda con dulzura. Apoyé la cabeza contra su pecho, pero después de unos minutos mis piernas comenzaron a doblarse.
Sin decir una palabra, Edward abrió la puerta de la ducha y estiró el brazo para tomar una toalla de la barra. La dejó caer en el suelo a sus pies, luego me ayudó a ponerme de rodillas sobre ella, mientras se arrodillaba frente a mí.
"¿Mejor?" preguntó y asentí, al apoyarme en su regazo y pecho, con sus manos aun frotando.
Bajé una mano para tocar mi vientre, se sentía tan apretado. Y luego, repentinamente, mientras mis dedos se movían sobre mi piel, la dureza dejó que se hundieran. La superficie, dura como roca, se arrugó y mi vientre se sintió como gelatina.
"¡Edward!" Entré en pánico y puso sus manos en mí inmediatamente. Palpó todo mi vientre, luego comenzó a sonreír.
"Se está disolviendo," dijo. "¡Por eso es que has estado tan acalorada, tu cuerpo necesita la temperatura para disolver el saco amniótico, así es como funciona!" Se echó a reír y pude escuchar su alivio.
"Entonces no morderás mi estomago, ¿huh?"
"No, no morderé."
"Y si necesito una cesárea, ¿puedes hacerla, verdad?"
"Er, si. Pero espero que no sea necesario."
Asentí, sintiéndome mejor, a pesar de los dolores.
Y un momento después, un espeso y nebuloso líquido salió de mi cuerpo…y luego la diversión realmente comenzó.
Caminé, me senté a horcajadas en una silla, traté de balancearme en cuatro patas. No quería que me tocaran. Edward se sentó con las piernas cruzadas en el centro de la cama, vistiendo solo unos pantalones de chándal, pasándose las manos por el cabello constantemente y de vez en cuando se mordía un dedo, cuando creía que no lo veía. A veces se acostaba sobre su espalda, apretaba las manos sobre sus ojos. Gimió de acuerdo a como mis molestias aumentaban.
Mientras tanto, yo rondaba por la habitación en busca de alivio.
Nada se sentía bien y había intentado todo, a excepción de la bolsa de frijoles. Odiaba la bolsa de frijoles. Me negaba a tenerla en la habitación. Me hacía sentir incómoda, torpe y estúpida.
"Quiero la bolsa de frijoles"
"¿Tú, las quieres?"
"Sí, por favor."
Edward la sacó del armario y un momento después me incliné sobre ella y Edward se arrodilló a mi lado, frotándome la espalda.
"¿Está bien?"
"Sí."
La bolsa de frijoles servía. Era mucho más cómoda y solté un pequeño suspiro mientras recostaba la cara contra su fría superficie. Me quedé así por un rato, con las frías manos de Edward en mi espalda.
"Bella, tal vez debería ver cómo vas progresando," dijo gentilmente mientras gemía contra el vinilo café.
"¿Qué?"
"Yo…um, necesito examinarte, amor."
Entrecerré los ojos. Esto sería romántico.
"¿Me tengo que mover?"
"Necesito que estés en un ángulo diferente, pero no te preocupes, yo te levanto."
Me alzó con cuidado y me dejó en la cama.
"Está bien, sólo voy a ver cuánto…," dijo y vi desaparecer su cabeza entre mis piernas.
Dolió e hice una mueca.
"Lo siento mucho," sus ojos mostraban dolor cuando levantó la cabeza para mirarme.
"Está bien," murmuré. "Entonces ¿cuánto va?" gemí a la vez que otro dolor se apoderaba de mi. No traté de soportarlo, este me derrotó y estuve sorprendida de que después de cada contracción mi corazón y pulmones siguieran funcionando.
Estiré una mano y Edward la tomó, dejándome apretarla hasta que ms propios dedos casi se quebraran.
"Lo estás haciendo muy bien." Parecía orgulloso y eso me molestó. "No creo que tome mucho más."
"¿Cuánto tiempo ha pasado ya?"
"No pienses en eso ahora, Bella, es prob…,"
"¡Cuánto!"
"Cuatro horas."
"Gracias. ¿Puedo volver a la bolsa de frijoles?"
El dolor se intensificó, cada vez más fuerte, viniendo con más rapidez. Edward se paseaba mientras yo gemía. Probablemente iba a quedar sin cabello por las veces que lo había tirado y agarrado. Y de pronto lo quería a mi lado. Tomé sus manos en cada contracción y él empujaba mi cabello hacia atrás y susurraba que amaba, hasta que le dije, cortésmente, que dejara de hablar
Quería examinarme de nuevo, pero esta vez levantó la bolsa de frijol junto conmigo y nos puso sobre la cama.
"Estás cerca," dijo, dando un paso atrás, dando la vuelta para estar a mi lado y tomarme la mano. Yo jadeaba y él me apartaba el cabello de mi resbaladiza y húmeda frente.
Y luego, tenía este nuevo dolor, la triturante compresión dio paso a algo más. A veces intenso, quemante, retorciendo, partiéndome. Era consciente de la voz de Edward pero yo no escuchaba sus palabras.
Porque en ese momento, mientras un nuevo dolor me tomaba, deseé nunca haber puesto mis ojos en Edward Cullen.
Y pude haberlo dicho.
Las palabras se deslizaban de mis labios, pero no podía estar segura de cuales era, mi mente, mi cuerpo estaban en estado de sitio.
Y luego el dolor disminuyó, retrocediendo, todavía insinuante de volver, pero fui yo de nuevo, más o menos.
Y a través de la bruma del dolor desvanecido me enfoqué en Edward, porque de repente, su expresión me preocupó. Tenía los ojos muy abiertos, boquiabierto, en un silencioso grito de asombro mientras miraba entre mis piernas. Levantó la mirada y le correspondí.
"¿Qué? ¿Qué está pasando?"
Fue como si no me hubiera escuchado.
"¡Edward!" De alguna manera pude decir su nombre a través de mis dientes apretados mientras mi aliento entraba en pequeños jadeos.
Todavía no había respuesta. Sólo la imagen boquiabierta. Yo no estaba de humor y pude sentir esa sensación de fuego comenzar a regresar.
"¡Edward! ¡No puedes quedarte mirándome de esa manera y no decirme que está pasando!"
Parpadeó dos veces y se estremeció. Luego levantó la mirada para observarme.
"Puedo ver…," comenzó, pero su voz falló y miró hacia abajo de nuevo. "La cabeza está coronando." Comenzó a sonreír. "Nuestro bebé tiene cabello."
¿Cabello?
"¿Qué color?" Inhalar se estaba haciendo cada vez más difícil. Podía sentir otra contracción venir y combinarse con el fuego que estaba quemando de nuevo.
"No sé…oscuro."
Y luego me golpeó. Ardiendo. Estirando. Rompiendo. Dolor. Oí a Edward diciendo que pujara y lo hice. Él tenía una mano entre mis piernas, la otra unida a la mía.
Luego, los ojos de Edward se estrecharon, dejó ir mi mano ya que ambas estaban ocupadas. Estaba murmurando algo pero no podía oírle. Me dejé caer contra las almohadas y cerré los ojos. No quería seguir con esto, cambié de opinión. Cuando tuviera energía, le diría eso.
Pero su voz fue más fuerte esta vez. Tal vez debería escuchar. Abrí los ojos.
"Creo que con uno más, Bella." Estaba radiante. "La cabeza está afuera."
"No creo que pueda."
Extendió una mano y la tomó.
"Sólo uno más, amor, te lo prometo." Sus ojos me sorprendieron, la emoción era fuerte pero no podía entenderla. No en este momento.
Y luego, mientras la siguiente contracción comenzaba, empujé la cabeza hacia delante, tomé aliento y usé todos los músculos que tenía, desde mi cuero cabelludo hasta los pies.
Tuve alivio, mi cuerpo se sintió relajado, más ligero, y el dolor se había ido. Me dejé caer sobre las almohadas y respiré hondo. Vi a Edward, inclinado. No podía ver su rostro, sus manos trabajaban rápido.
"¿Todo está bien? ¿Qué tuvimos?" pregunté y mi voz sonaba débil. Supuse que el bebé estaba afuera, eso era lo que sentía. Pero no podía oír nada. Levanté la cabeza para ver. ¿Tuvimos un hijo o una niña?
"¿Edward? ¿Qué está pasando?"
Entonces lo oí.
Un suave gritito.
Jadeé, cayeron lágrimas al oír ese sonido.
Edward se enderezó y contuve la respiración. El amor, la alegría brillaban desde él. No había otra manera de describirlo. Resplandecía. La sonrisa en su rostro hablaba de amor, alegría y milagros. Se quedó mirando el pequeño bulto en sus brazos. Luego levantó su mirada a la mía y mi corazón se expandió y mis lágrimas comenzaron a extenderse debido a lo que vi. El asombro y la felicidad eran tan profundos, tan poderosos, que era realmente impresionante. Su voz se quebró al hablar.
"Oh, Bella…ella es hermosa."
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Hola!
Y sip, habemus baby! Con toda la descripción de Bella, no dan ganar de embarazarse, por muy peculiar que sea el de ella. Y Edward se pasó de tierno esta vez. De verdad no dan ganas de tener un bebé en casa y sin una epidural…fue muy chistosa esa parte de 'no haber puesto mis ojos en Edward Cullen,' jajaja, pobre Bella :(
Varias personas me han dicho que pensaban que esta historia sería la continuación de Eclipse, y casi una copia de BD. En cierta manera lo puedo ver así, pero tiene tantas cosas distintas, desde la formulación del embarazo, los cambios que se producen en la mentalidad de los personajes. Este fic, y la autora, creo yo, hacen algo que Meyer no hizo: profundizar en lo sentimientos y razonamientos de Edward. Aquí se describen y comprenden, a pesar de ser un POV Bella. Bueno…además de que rebosa en ternura y nos da muchas imágenes mentales de Edward en poca ropa :D
Hoy exijo un REVIEW de mis lectoras, me esforcé muchísimo en este cap, traduje como enferma y terminé las más de 17.000 palabras de este archivo. Ya vieron lo largo que está este cap. Y además les traje una recomendación que está para morirse, especial para quienes les gustan los fic tiernuchos y con un Edward definitivamente inocente…
Gracias a quienes dejaron comentarios en el capitulo pasado y a quienes se unen en la lectura. Los adoro!
Recomendación: In Your World, de solostintwilight. En ingles, con 22 capítulos ya. Bella escapa de Forks, de los abuso de Jake y de la poca confianza de Charlie. Toma un bus que, por un accidente, la deja en un pueblito de Iowa. Allí Carlisle, un miembro de la comunidad Amish local, le ofrece su hogar para hospedarse y escapar de su pasado. Pasa a ser una persona más de la familia, teniendo una fuerte conexión con Edward, sobrino huérfano de Esme. Bella por él, y por ayudarlo en su dolor, decide dejar a su familia, la tecnología, la luz eléctrica y todas las comodidades del mundo exterior, e integrarse a esta religión. El problema es que Jake la busca y la encontrará. Además el obispo del lugar, ni muchos de la comunidad, no tiene real afecto por la inserción de una afuerina en su modo de vida. Les podría contar mucho más, de la aventura de Edward en el internet, de sus escapadas en el heno del granero, sudor por el esfuerzo de trabajar la tierra…un montón de otras situaciones…Las invito a leer y a suspirar. Ah! Y por supuesto con altura de miras, se trata de una rama muy conservadora del cristianismo y su forma de vida es particular. (Está en mis fav, para que no lo busquen :D)…Y acabo de descubrir que ya tiene traducción en español, por SherlyMina. Puxa, me la ganó! (en buena jeje)
Bien, ojalá me alegren mucho el día, rebosando mi bandeja de entrada, y para que sepan el fic tiene 22 capítulos y dos capítulos de POV Edward, acerca de la historia. Para que se animen y me den amor.
Otra cosa, no sé si me nota mucho mi vocablo poco extendido, típico de un chileno, además de ocupar las palabras que aquí se usan, y no sé si son correctamente neutrales para habla hispana (por ej: carro – auto). Hasta el momento he tenido buenas críticas, pero me gustaría saber si cometo muchos errores, además de los ortográficos o de tipeo XD.
Ahora sip. Au Revoir!
