Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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"¿Podría tener frío?"
"Ella está envuelta en su pijamita y en una manta, no debe tener frío." Suspiré.
"¿No está muy caliente?"
"No, no lo creo." Sin embargo estiró una mano para tocar su mejilla.
Suspiré de nuevo y fue con un poco de molestia esta vez. Ajusté mi posición ligeramente, pero no me dio mucha comodidad en donde estaba, sentada en la mecedora, mientras Abbey gritaba y agitaba los brazos.
"Tal vez tiene hambre," Edward ofreció con esperanza.
"Traté de darle de comer hace media hora, y ella no estaba interesada, ¿recuerdas?" Sip, definitivamente más molesta. Habíamos tenido esta conversación tan a menudo últimamente, y sabía lo que venía después.
"¡Tal vez tiene gases!" Ah, su momento Eureka.
"Sí, bueno, hemos tratado que eructe y frotamos su vientre…y no sirvió de nada," dije con voz plana y presioné el talón de la mano en mi ojo. ¿Sus gritos eran más fuertes cada vez? No estaba segura mientras la abrazaba más cerca, mis oídos casi tapados por el sonido.
Los dedos de Edward estaban apretando, abriendo y cerrándose, sus muslos, y estaba en cuclillas frente a mí. Yo lo miré. Él miraba a Abbey y la angustia en su rostro era clara.
"¿Entonces…que más puede ser?" Su tono era desconcertado y se pasó los dedos por el cabello.
"No sé, Edward, no sé." Mis palabras estaban haciéndose cada vez más nítidas.
"A lo mejor es…,"
"¡Ella. Sólo. Llora!" Las palabras vinieron desde mi fatiga y frustración, las escupí. "Algunos bebés sólo lloran. Esa es su manera de instalarse en el nuevo entorno. ¡Carlisle ya nos dijo eso!"
Me miró, herido. "Lo sé, Sólo…," exhaló bruscamente. "¡No sé qué hacer!"
Su voz se quebró y luego su rostro se veía como el que puso cuando Jane lo torturó en Volterra. Mi ira se disipó y me sentí mal.
"Lo siento, Edward." Él esstaba tan frustrado y molesto como yo.
Pero al menos no estaba cansado.
"No lo sientas," movió sus manos para dejarlas sobre mis muslos, frotando suavemente. Le ofrecí una débil sonrisa y me la devolvió, luego su mirada junto al ceño fruncido volvieron a enfocarse en Abbey que seguía endureciéndose y arqueándose en mis brazos, el grito estridente y frenético llenando su habitación.
Mis ojos se quedaron en él. Estaba royendo fuertemente su labio inferior, y sus dientes pronto serían un muñón. Su familia tendía que drenarle la comida y traerle la sangre en un vaso alto con una sombrilla clavada. Tal vez con una rodaja de limón a un lado. ¿Qué sabor tendría?, me pregunté – león de montaña con una rodaja de limón. Mi muy cansado cerebro comenzó a divagar con extrañas imágenes, era casi como si estuviera cayendo en un estado de sueño.
Tendió sus brazos. "Aquí, déjame tratar un rato."
Mis divagaciones de detuvieron.
"¿Por qué?" Espeté. "¿Crees que estoy haciendo algo mal?"
Edward me miró como si lo hubiera golpeado. Retiró sus manos con rapidez.
"¡No! ¡Bella, no! Amor, estás haciendo un trabajo maravilloso. Sólo pensé…la has cargado por más de una hora y ahora…"
La ira y frustración explotaron, impulsados por la fatiga y la falta de experiencia.
"¡Porque estoy haciéndolo lo mejor que puedo, Edward! Y no sé qué más puedo hacer, ¿está bien?"
"Lo sé, lo sé, no quise decir…yo sólo quiero ayudar,"
Habló muy rápido, con ojos grandes y asustados, haciéndome llorar.
De nuevo.
Al instante sus brazos estuvieron a mí alrededor. Me levantó de la mecedora, aún sosteniendo a Abbey, y nos llevó a ambos al cuarto. Abbey continuó llorando, yo estaba llorando, y él se sentó en la cama conmigo en su regazo e hizo suaves ssshh, acariciándome la espalda y besando mi cabello. Al confortarme su ansiedad parecía disminuir y el tono tenso y en pánico desapareció de su voz.
"Estas haciendo un maravilloso trabajo, Bella," susurró. "Lo haces, amor. Y tienes razón, nadie está diciendo algo malo. Esto es lo que hacen los bebés, y ella no lo hará para siempre."
Pero ya se sentía como siempre.
Había sido así desde hace una semana.
Tenía catorce días de vida y por los primeros siete habíamos tenido una sonrisa en nuestras caras.
Comía, dormía, se acurrucaba. Nos deleitábamos con su éxtasis y felicidad en el nuevo mundo que habíamos creado, maravillados por la nueva vida que habíamos creado.
Pero, de improviso, después de una semana de felicidad, Abbey nos cambió las cosas.
Habría cada día un periodo donde ella lloraría. Y lloraría. Y lloraría.
Todos los días.
Podía darse por horas. A veces era por la mañana, pero por lo general era en la noche.
Su grito era un chillido desesperado y rasgaba por entre nosotros, mientras sus piernas se quedaban rígidas, la espalda arqueada y agitanba lo puños. Rompía el corazón.
Y cada vez, Edward estaba fuera de sí…porque, al parecerj no había nada que él pudiera hacer por ella. El fuerte vampiro estaba impotente, aplastado y roto por lo gritos de su pequeña hija, de la manera en que los Vulturi o un ejército de vampiros sádicos nunca podrían igualar.
Esto no era algo que podía resolver son una sonrisa deslumbrante o un abrazo cariñoso. O incluso una mirada de vampiro con un destello de sus dientes. O con dinero. No podía controlar esto, estaba más allá de su esfera de experiencia y conocimientos.
Estaba más allá de mí también, y me dolía tanto como a Edward verla de esa manera. Removía mi corazón cuando lo hacía, pero yo estaba acostumbrada a no ser capaz de arreglar las cosas inmediatamente, o de conseguirlas siempre a mi gusto. Sabía que habían cosas por las que tendría que esperar, por muy difícil que sea.
Cuando ella se ponía así, el ánimo de Edward cambiaba a uno ansioso y angustiado, como ahora, tirando y empujando sus cabellos, desesperado por ayudarla, por apaciguar, calmarla pacientemente, cuando se paseaba con ella, le cantaba bajito, o le tarareaba mientras se agitaba sus brazos.
Consultamos en nuestra vasta colección de libros de bebés técnicas para solucionarlo. Charlie dijo que Renee solía revotar mi coche cuando yo gritaba. Tratamos, con el Day Tripper y el Overlander, pero no funcionó.
Renne pensó que deberíamos tratar con la música de ballenas, y una noche, lo hicimos realidad.
Lloró más fuerte.
Sue sugirió que simplemente la dejáramos gritar, pero sabía que eso no iba a suceder. Esa filosofía no me cayó nada de bien y Edward se cortaría los brazos si dejara llorar a su hija sin consuelo.
Y cuando dormía yo trataba de dormir también, o nos movíamos por la casa como si caminábamos sobre cascaras de huevos, hablando en voz baja.
Habíamos comprado un extractor de leche, por lo que podía dejar en botellas parte de mi leche y Edward podía dársela de comer si ella se despertaba mientras yo dormía. Pero últimamente se sentía como si nunca hubiera dormido.
Pero ahora, estando sentada en el regazo de Edward, sollozando e hipando, con una bebé llorando en mis brazos, él puso sus labios suavemente en mi oído y habló. Su voz era cariñosa y amable, aunque firme y sabía que no tenía ningún argumento.
"Bella, voy a sacer a Abbey de la casa para que puedas dormir."
Comencé a sacudir la cabeza, a pesar de que era inútil. Su tono me lo dicía.
"Sí, lo haré. Necesitas dormir, amor."
A veces recurríamos a esto…Edward sacaba a Abbey de la casa sabiendo que se sentaría con Esme, Rosalie y Alice, tomando turnos para tratar de relajarla. Tratarían de hacer el trabajo que obviamente yo no era capaz de hacer. Y Emmett trataría de hacer muecas y sonidos hasta que Rosalie lo aleje y las ondas de calma de Jasper ayudarían un poco a Edward, pero Abbey probablemente seguiría llorando. Por alguna razón su don no parecía funcionar en ella.
"Qué está…pasando…en…su mente," jadeé en medio de respiraciones inestables.
"Lo mismo de siempre cuando hace esto," frunció el ceño. "Sólo una explosión de actividad, como una tormenta de nieve, o electricidad estática, pero fundiéndose."
Su mente no estaba completamente abierta para Edward – no sabíamos si alguna vez lo haría.
Asentí, Edward tomó a Abbey en sus brazos y yo me tendí en la cama. La mantuvo pegada a su cuerpo suavemente en el hueco de un brazo y levantó la cubierta con la mano libre. Hizo un gesto con la cabeza ligeramente, indicando que me metiera debajo. Luego la acomodó a mí alrededor.
"Son las 3 am," dijo mientras sus labios se presionaban suavemente en mi mejilla. "Voy a llevar una mamadera conmigo, nos quedaremos allí hasta que duermas algo y para su próxima comida." Me besó de nuevo.
Esa fue la segunda noche seguida. La segunda noche en que había tendido que llevársela para poder descansar.
"Van a pensar que soy un fracaso," murmuré entre sollozos y empujé las cubiertas sobre mi cabeza.
No lo sentí hacerlo, pero de repente las cubiertas no estaban, las retiró de mi cara.
"¿Qué dijiste?" Su voz era incrédula.
Sniff. "Sabes lo que dije. Tienes súper oído." Sniff.
"Bella," trasladó a Abbey al otro brazo y se sentó a mi lado. Tiré de nuevo de las tapas y él las alejó un poco. Se inclinó y habló cerca de mi oído, bajito, pero me las arreglé para escuchar por sobre los gritos de Abbey.
"Amor, no quiero volver a escuchar eso de nuevo. Nunca."
"Pero…,"
"No."
"Pero…,"
"No."
"Pero me siento un fracaso," escupí lo último y me cubrí con las tapas de nuevo.
"Bella," Edward gruño mi nombre, baja y profundamente, su frustración haciéndose escuchar.
Y Abbey dejó de llorar.
Alejé las mantas lentamente y me asomé. Ella estaba tendida, inerte en sus brazos, su cara lisa. Edward la estaba mirando, con los ojos redondos por la sorpresa. Todo estuvo en silencio por un momento, y luego sus piernas comenzaron a retorcerse, hizo una mueca y comenzó de nuevo.
Los ojos de Edward se cerraron y sus hombros cayeron derrotados mientras la abrazaba, frotando su espalda y haciendo más ssshh.
Me senté, mirando, repasando el pasado momento unas dos veces en mi mente.
Habíamos intentado de todo para tratar de resolverlo – todo lo que funcionaba en bebés humanos. Pero no era humana, no completamente. Ella también era mitad vampiro y de repente mi confundido cerebro privado de sueño tuvo un momento de claridad.
"Edward, gruñe de nuevo."
Su rostro estaba perplejo al verme por sobre la cabeza de Abbey. "¿Gruñe de nuevo…por favor?"
Comenzó a fruncir el ceño, pero me hizo caso y dio un suave gruñido. Los gritos de Abbey se redujeron un poco.
"De nuevo, más fuerte. Acuéstate con ella."
Me miró con curiosidad pero siguió mis instrucciones, probablemente dispuesto a hacer cualquier cosa que pudiera mantener sus lágrimas a rayas.
"Ahora, gruñe. Uno bueno."
Así lo hizo.
Fue rico, profundo y fuerte. Sus labios incluso dejaron al descubierto sus dientes. Y el llanto de Abbey se desaceleró y calló, su cuerpo se relajó y se quedó dormida.
¡Sí!
"Le gusta tu gruñido," reí, luego me tapé la boca con la mano, rápidamente. Pero ella no se movió y dejé que el alivio y la paz me recorrieran.
Edward me miró con incredulidad, luego a Abbey y luego a mí de nuevo.
"Debe ser lo vampiro en ella." Extendí mi mano y muy, muy suavemente acaricié su pequeño puño que estaba apretado, fuertemente, bajo su mentón. "O la vibración."
Edward suspiró profundamente. "Mientras funcione." Despues, poco dispuesto a moverse y a molestarla inclinó su barbilla hasta mí. Sonrió y se acercó, presionando su boca en la mía.
"Eres la persona más inteligente que conozco," susurró contra mis labios.
Sonreí y volví a caer sobre las almohadas. Creo que él podría haber dicho algo más, pero no podía estar segura – ya estaba dormida.
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Mi diario de recuerdos se estaba llenando rápidamente.
La llegada de Abbey trajo un montón de cambios y las dos primeras semanas fueron difíciles, pero también proporcionaron algunas de las imágenes y sonidos más hermosos que jamás haya visto u oído.
Verla bostezar y acurrucarse contra mí mientras la cargaba. La sensación de su pequeño cuerpo junto al mío, el pasar los labios sobre la cubierta sedosa de cabello corto y bronce de su cabecita.
Ver sus labios sobre mi piel al amamantarla. Su nariz ligeramente arrugada, y los sus pequeños sonidos nom nom nom.
Ver a Edward de pie en su habitación, usando a Snoopy y en pantalones de pijama azul, sosteniendo a Abbey en sus brazos mientras él le sonreía y murmuraba en voz baja, balanceándola suavemente a la luz de la luna que atravesaba la ventana. Ella se había retorcido un poco y gruñó.
"Ssshh, Papi está aquí." Él había susurrado, y ella se acomodó de nuevo, apretándose a él.
Sus palabras, su rostro…mi corazón se hinchó tanto que no sabía si mi cuerpo podría soportarlo.
O Edward con la bebé sobre su hombro mientras inspeccionaba el Vanquish cuando estuvo de vuelta de que lo limpiaran.
"Este es nuestro carro para ocasiones especiales," le había dicho mientras se sentaba en el asiento del pasajero. "Va muy rápido." Sus ojos se habían cerrado pero abrió la boca. Ella hipó y algo de leche se derramó pos sus labios hasta los asientos de cuero.
"Oh," Edward dijo, algo sorprendido y mirando la piscina de leche. Luego se encogió de hombros y con una esquina de su manta, la limpió.
Y Rosalie, toda amor y sonrisas mientras arrullaba a Abbey en sus brazos. Y Emmett, todo amor y sonrisa al ver a Rosalie. Y luego insistiendo en que era su turno para cargar a su sobrina. Y los balbuceos que él hacía cuando le hablaba en el propio lenguaje de Abbey.
Y Alice, cargando a Abbey mientras veían Vouge juntas.
"¿No es un poco joven?" Jasper había acariciado su cabeza cuando estaba dormida, tendida en los brazos de Alice.
"Nadie es muy joven para Vouge," Alice había contestado y besado a Abbey en la nariz.
Sip, mi diario se estaba llenando…rápido.
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"¿A qué hora llega Renee?" Esme preguntó, sonriéndole a Abbey en sus brazos.
"Su vuelo llega a Port Angeles a las cuatro," respondí, ajustando y enderezando mi blusa después de haberle dado de comer. Nos levantamos y fuimos desde el comedor a la sala de los Cullen.
Edward estaba tendido en el suelo con Emmett y Jasper, mirando el modelo de Lego que estaba construyendo, y sonrió. Por supuesto, Lego podía ser comprado en línea y él y sus hermanos estaban construyendo un complejo y detallado modelo de la Feria Mundial de 1939, de memoria, ¡y nada se caía!
Se puso de pie sin problemas, y vino a mí, tomando a Abbey de Esme, dejando un suave beso en mis labios.
"Ella necesita que la hagan eructar," dije y él asintió, tomando la toallita que traía conmigo y se acomodó en el sofá.
La cabeza de Abbey subía y bajaba levemente por encima del hombro de Edward a la vez que él suavemente frotaba y acariciaba su espalda. Sus ojos estaban cerrados y parecía muy relajada. Luego abrió los ojos un poco y su boca se abrió sutilmente para eructar, y una fina corriente de leche se derramó de sus labios y en la toalla en el hombro.
"¡Yay!" Dijeron Emmett y Jasper, en su habitual aprobación para cuando eructaba, y Edward sonrió.
"Buena chica," murmuró y volvió su rostro para besarla en la mejilla. Ella arrugó la nariz y estornudó, Edward sonrió de nuevo. "Dios te bendiga," dijo en voz baja al ponerla de espalda entre sus brazos.
"Parece estar mucho más tranquila estos días," Esme me sonrió.
Asentí. Habíamos pasado cinco días en relativa paz. Ella todavía tenía sus momentos, pero nada como la semana de los gritos, como había sido llamada.
"Gracias a Bella," Edward me sonrió y volvió a envolver a Abbey en una manta. Bostezó y se acurrucó en él, la observó, y la expresión en su rostro era hermosa. De repente, se volvió y tenía los ojos curiosos.
"¿Querrá un pony?" preguntó.
"Er…no sé. ¿Por qué?" A veces no podía ver los saltos que su cerebro vampiro daba.
"A las niñas le gustan los ponies, ¿no?"
"A algunas. No sé. ¿Por qué preguntas?"
"Estaba pensando que podría ser difícil tener uno." Frunció el ceño, como si este fuera el mayor enigma o problema del mundo. "Los animales instintivamente nos evitan, es poco probable que lleguemos a mantener algún tipo de mascota."
Sentí mi cara extenderse en una sonrisa. Estaba tan desesperado por asegurarle una infancia normal y feliz.
"Ninguno de nosotros tuvo mascotas, Edward, y sobrevivimos."
"Yo tuve un pony," Rose dijo cuando bajaba las escaleras. "Dan un montón de trabajo." Se sentó al lado de Edward y estiró las manos.
"¿Puedo?" preguntó y Edward le entregó a Abbey. El rostro de Rose se ablandó y comenzó a arrullarla.
Edward se volvió hacia mí y tomó mi mano entre las suyas, elevándola para besar mi muñeca.
"Vi una casa de muñecas en el catálogo de Christie ayer," dijo y ahora sus ojos brillaban entusiastas. "Era Victoriana, de 1887, tres pisos, totalmente amoblada. Viene en una subasta la próxima semana y estaba pensando…," pero luego vaciló al ver mi cara. "Yo estaba pensando que sería completamente inadecuado para un niño pequeño. Muy delicado, muy frágil. Tendría que tratarla como pieza de museo y no sería justo para ella." Levantó una ceja, preguntando, y asentí.
"Bien pensado, Edward." Estaba aprendiendo.
Entonces, de repente quedó inmóvil y sus ojos se pusieron negros. Tensó la mano a mi alrededor. Había estado enfocada en él así que no me di cuenta de inmediato que los otros se había quedado inmóviles también. Alice frotó sus sienes, frunciendo el ceño.
"¿Qué está pasando?" Pregunté, odiando estar fuera del grupo.
"Quédate aquí, por favor." La voz de Edward era baja.
Mi corazón latió con fuerza a la vez que él se ponía en posición de caza y caminaba hacia la puerta cerrada de la entrada. Emmett y Jasper estaban junto a él y ya sabía que era lo que estaba pasando.
"¿Son los lobos?" Pregunté y Rosalie asintió.
Alice corrió hacia la ventana y abrió las cortinas.
"Oh," dijo, y se dio vuelta para enfrentarnos. "Es Jacob Black."
Sentí mi corazón detenerse. ¿Jacob? Ahora, ¿después de todos estos meses? Hubo un ruido sordo y suave proveniente de Edward, y sus labios descubrieron sus dientes.
"Edward, ¿está solo?" La voz de Esme mostraba nerviosismo.
Asintió con fuerza.
"Quiere ver a Bella…y a Abbey." Tenía la cabeza inclinada a un lado, obviamente, escuchando los pensamientos de Jake. A continuación, se estremeció y enderezó. Emmett y Jasper lo observaban con cuidado y al tiempo que él les asentía ellos se irguieron también, con rostros más relajados fueron guiados por el ánimo de Edward.
"Sólo quiere decir hola, y asegurarse de que estás bien," sus labios se adelgazaron un poco, y frunció el entrecejo ligeramente, pero su expresión era clara. "¿Te gustaría invitarlo? No creo que a alguien le importe." Hizo la oferta, pero su voz era firme y formal.
Yo estaba tratando de seguir sus cambios de ánimo y mi cabeza daba vueltas. Emmett y Jasper regresaron a la Feria Mundial, aunque tenía la impresión de que Emmett estaba murmurando algo. Esme sonrió y fue a la computadora. Rosalie rodó los ojos mientras sostenía a Abbey y Alice se sentó a su lado, con la cabeza inclinada y masajeando sus sienes.
"Oh, bueno…tal vez no. Creo que en el porche estaría bien." Podía escuchar el temblor en mi voz.
Edward asintió. "El porche, entonces," y abrió la puerta. "Rosalie, ¿podrías seguir cargando a Abbey por un rato más?" preguntó, tomó mi mano y me sonrió.
"¿Lista para decir hola?" preguntó y asentí con vacilación. Le dio a mi mano un apretón y salimos a la terraza de madera mientras Jacob se quedaba a los pies de la escala.
"Edward," dijo fríamente, asintió en reconocimiento.
"Jacob," Edward replicó. "Ha sido un tiempo."
"See."
Luego, se centró en mí y su rostro se iluminó. "¡Bells!"
Se veía igual. El cabello un poco más largo, pero aparte de eso todavía era Jacob. Pero era solo Jacob, mi amigo. La realización al verlo me sacudió. La atracción no estaba, no era más mi Jacob. Era bueno verlo, pero algo se había ido. Pasé saliva con fuerza e hice funcionar mi cabeza.
"Hola, Jake," mi voz sonaba un poco inestable.
"Hey, felicidades…a los dos," sus ojos fueron de Edward a mí. "Padres, ¿huh?"
"Sí, padres." Comenzaba a ser yo mismo ahora.
"Wow, bueno, te ves…bien."
Solté una fuerte risotada por su vacilación. "Cansada, Jake. Me veo cansada."
Sonrió y se encogió de hombros. "Tal vez un poco."
"Así que, ¿cuándo llegaste?"
Se encogió. "Hace un par de días. Después de escuchar que el bebé había nacido. Quería venir y ver como estabas."
Noté que le dio una rápida mirada a Edward.
"Bueno, estoy bien," sonreí.
"Sólo cansada, ¿huh?" sonrió y asentí.
"Um, ¿te gustaría verla?" Tan pronto como dije las palabras me pregunté cual sería la reacción de Edward. Pero me sorprendió cuando me empujó en un abrazo y besó el tope de mi cabeza.
"Um, está bien." Jake no se veía seguro para nada.
"La traeré," Edward dijo. "¿Te gustaría entrar y sentarte en el porche, Jacob?"
Jake vaciló, parecía sospechoso de la hospitalidad. Pero subió los escalones y se sentó en una de las sillas, mientras Edward desaparecía al interior. Me senté en la silla del lado.
"Así qué, estas tomando un riesgo al venir solo a la guarida de vampiros, ¿no?" Bromeé y él sonrió. Mi corazón se iba desacelerando a medida que volvía a caer en la vieja familiaridad.
"Sí, bueno, he oído que prácticamente estamos todos relacionados de todos modos."
Me quedé perpleja por un momento al darme cuenta.
"Oh, Charlie y Sue, sí."
"Sí," Jake rió entre dientes negando con la cabeza y miró hacia sus grandes pies desnudos.
"Entonces, ¿cómo te fue en Canadá?"
"Bien," no dio más detalles.
"¿Te vas a quedar?"
Se encogió de hombros. "Sólo voy a ver cómo van las cosas. Estoy de vuelta por ahora, de todos modos."
"Billy estará contento."
"Sí," sonrió. "Sí, está feliz."
Edward salió al porche, con Abbey en sus brazos. Me la trajo.
"Así que es…Abbey, ¿verdad?" Jacob preguntó, mirándome a la vez que Edward la ponía en mis brazos. Sus ojos estaban cerrados pero la boca hacía pequeños movimientos. "Sue nos ha dicho todo de ella."
"Sí, es Abbey Elizabeth Cullen."
Él asintió y luego sonrió al observarla. Estiró una mano tentativa para tocar sus dedos que se asomaban por encima de la manta. Miró a Edward quien tenía los ojos cerrados levemente y los abrió de nuevo, asintiendo. Jacob tocó sus dedos y sonrió. Luego retiró la mano con lentitud.
"Ella es linda. Tiene tu color de cabello," miró a Edward.
"Lo tiene," respondió, sonriendo, más tranquilo ahora. Luego se puso rígido y tomó una fuerte respiración y Jake murmuró un lo siento bajito. Edward apretó los labios y dio un asentimiento brusco con la cabeza y yo me preguntaba qué había pasado. Levanté la vista hacia él, pero su rostro estaba en blanco.
"Así que, um, ¿qué se siente, tener un hijo?" Jake se apresuró en preguntar.
"Oh, es genial, mucho trabajo, sin embargo. Pero ella vale la pena." Pude sentir una enorme y contagiosa sonrisa extenderse en mi cara mientras la miraba. Y luego Jake arrugó la cara y se alejó un poco.
"¿Qué es eso?" escupió.
"Eso," dijo Edward sonriendo ahora, "…es el llamado de la naturaleza." Levantó a Abbey de mis brazos. "Necesita un cambio de pañal." Y la llevó a la casa, sonriendo y diciendo La chica inteligente de Papi mientras Jacob se atragantaba.
"¿Siempre huele así?" preguntó, agitando su mano delante de la cara y no pude contener la risa. Para mí, el olor no era tan obvio, pero para los vampiros y lobos obviamente lo era.
"No, pero sucede mucho."
Y luego reí un poco más cuando oí la voz de Emmett desde el interior.
"¿Qué…de nuevo?"
Estaba sonriendo al volverme hacia Jake.
"¿Así que estás muy feliz, Bella? Te vez feliz…y cansada," dijo riendo.
"Lo estoy. Muy feliz. Y muy cansada."
Ambos sonreímos, luego el rostro de Jake se volvió más serio.
"Así que resulta que él podía darte todo, después de todo."
Asentí lentamente, temerosa de hacia donde la conversación estaba yendo. No sonaba amargado, o malicioso. Había sido sólo la declaración de un hecho.
"Él siempre pudo," dije suavemente. "Incluso sin Abbey…ella es un bono especial." Muy especial.
Asintió y sus ojos parpadearon hacia la casa un par de veces, consiente, supongo, de que los oídos de vampiro podían escuchar todo lo que dijéramos.
"¿Quieres dar un paseo?" Sentí que había más que quería decir, pero no aquí.
"¿Te dejará?" Indico con la cabeza a la casa.
Reí, sorprendida por la pregunta. "Por supuesto que lo hará." Pero luego me di cuenta, de que Jacob había estado ausente por casi un año, y él tenía razón, la última vez que nos había visto, Edward probablemente no me hubiera dejado ir a dar un paseo con él.
"Vamos," dije, poniéndome de pie.
Bajó las escaleras y fui a la puerta que estaba entre abierta, hablé a volumen normal.
"Edward, Jake y yo vamos a dar un paseo, volveremos pronto."
La puerta se abrió inmediatamente y apareció. Sus ojos estaban oscuros, noté, y su mandíbula tensa. Sus ojos fueron a Jacob y por un momento me pregunté si Jake había estado en lo correcto y yo me había equivocado.
"¿Estás segura?" preguntó bajito, estudiando mi cara con cuidado.
"Estoy segura…creo que él necesita hablar."
Estrechó los ojos y asintió antes de tomar una respiración profunda. "Sólo…Bella, ¿estaría bien si te pido que se quedaran cerca de la casa? ¿Por favor?"
"Claro," sonreí y me levanté para besarlo en los labios. "No estoy por hacer excursiones en el bosque, todavía."
"Te amo," dijo en voz baja, mirándome a los ojos a la vez que me dejaba caer.
"También te amo," sonreí. "Y Edward…,"
"¿Sí?"
Sonreí. "Tienes vomito de bebé en tu hombro."
Me devolvió la sonrisa. "Lo sé."
Seguí a Jake por la escalera. Tenía los hombros encorvados y sus puños estaban profundamente enterrados en los bolsillos de sus pantalones cortos.
"Él se ve más relajado," dijo.
"Lo está. Ahora las cosas son diferentes entre nosotros."
Lo eran. Todo había comenzado con esa carta, con Lucy y George, luego los cambios siguieron con la llegada de nuestro matrimonio y ahora con nuestra hija.
"¿Por qué?"
Dudé un momento, preguntándome si debería contarle sobre George, pero decidí no hacerlo. No había beneficio en decirle y de todos modos, era algo personal.
"La gente cambia," dije vagamente, encogiéndome de hombros.
"Pensé que un vampiro no lo hacía."
"Ellos pueden y lo hacen," sonreí. "Y también lo hacen los humanos."
Me dio una mirada que no supe leer. "Sí, tienes razón," dijo finalmente.
Y mientras caminábamos en silencio por el largo camino me di cuenta de la verdad de eso. La gente puede cambiar.
Había estado sorprendida y emocionada de ver a Jacob, dudando también al estar preocupada por la reacción de Edward. Y por cómo me había sentido.
Jacob Black era mi amigo, siempre lo sería, pero eso era todo lo que sentía por él ahora. Esa atracción por el se había ido.
Cuando Edward me dejó Jacob había llenado una parte del espacio que él dejó detrás. Era mi sol, llenando el frió y la oscuridad de mi vida con su luz, humor y calidez. Luego cuando Edward volvió, Jacob llenó un espacio diferente que Edward se negó a llenar – Jacob me daba libertar, me permitía tomar riesgos, mientras Edward era sobreprotector y controlador.
Pero ahora, las cosas habían cambiado. No sentía la necesidad de demostrar nada, pero más que eso, ya no pensaba en términos de se me permitiera hacer cosas. No necesitaba que Jacob me diera libertad. No solicitaba el consentimiento de Edward para hacer cosas. Y aunque Edward aún luchaba a veces, ya no trataba de controlarme.
Jacob se había llevado un pequeño pedazo de mi corazón cuando se fue, pero mi amor por Edward había cambiado y crecido desde entonces, y ese pequeño espacio había sido llenado desde un tiempo hasta ahora.
Tomé una respiración profunda mientras esta nueva realización se internaba y casi me pierdo lo que Jake dijo a continuación.
"Pensé mucho, mientras estaba afuera." Me enfoqué en él cuando hizo una pausa. "Me di cuenta…es importante tener buenos amigos," y me dio su sonrisa feliz. Luego se encogió de hombros, mirando el suelo. "Y si nosotros estábamos destinados a estar juntos, tú no seguirías estando con él, me habrías escogido. Y si yo me fuera a imprimar de ti eso ya habría pasado. Sé eso ahora."
Asentí lentamente, escuchando, mi corazón se encogió por él y tomó otra profunda respiración.
"Me merezco a alguien que esté bien por mí," dijo bajo, con cuidado y convicción.
"Sí, así es," dije.
"Y él…Edward…hubo un punto en julio pasado, cuando dijo que tendría que dejarte si me imprimaba de alguien más. En ese momento no lo podía imaginar, pero tenía razón. Y no sé como lo hubiera manejado si…bueno, si nosotros hubiéramos terminado como Leah y Sam." Tomó otra respiración profunda y me dio una sonrisa tonta. "Creo que ya pasé de ti, Bells. Lo siento, no eres tú, soy yo."
Reí y entrelacé mis dedos con los suyos. "¿Amigos?" dije.
Miró nuestras manos juntas y asintió. "Sí."
Seguimos caminando por la calzada. "Creo que afuera hay alguien para mí, lo sabré cuando ponga mis ojos en ella." Rió de nuevo.
"Podría ocurrir mañana," dije a la ligera.
"Sip. O puede ser dentro de veinte años." Rió entre dientes. "Lo bueno es que no me hago viejo."
Apreté su mano y sonrió. "Ya sabes, estuve a punto de volver y romperle la cabeza cuando oí que estabas embarazada."
"¡Jacob!"
"Bien," estaba a la defensiva. "Oí todas esas historias sobre raros bebés vampiros y de lo que le hacen a sus madres…sí, lo sé, cosas locas." Se rió un poco. "Abbey es realmente linda, Bella. Tiene tu nariz." Luego frunció el ceño. "Creo que pude haber molestado a Edward sin embargo."
Recordé ese momento entre ellos en el porche. "Sí, ¿Qué pasó ahí?"
"Bueno, cuando dije que tenía ese cabello, no lo sé, eso sólo confirmó que ella era de él y, tú sabes, nadie pensaba que los vampiros pudieran tener bebés y sólo pensé…," se detuvo y golpeó el suelo con un pie.
"¿Qué fue exactamente lo que pensaste, Jacob?" Noté que estaba conteniendo la respiración mientras esperaba su respuesta.
Suspiró. "Hey, Chupasangre…de verdad eres el padre."
Cerré los ojos fuertemente y dejé caer su mano.
"Oh, Jacob." Podía imaginar lo que habría molestado a Edward.
"Sí, lo siento. Pero sólo apareció en mi mente. Me sorprendió que te dejara salir a caminar conmigo."
Yo también lo estaba. Mi vampiro realmente había recorrido un largo camino. Le negué.
"Me sorprende que no te arranque la cabeza."
"Sí, lo sé. Lo siento."
Dejé salir un aliento pesado. "Vamos a limitarnos a hablar de otra cosa, ¿está bien?" Murmuré y seguí caminando.
Me dijo un poco sobre sus viajes, y yo le conté de la boda, un poco sobre Isla Esme y otro poco sobre estar embarazada.
Se echó a reír y sacudió la cabeza. "Así que no podías ponerte los calcetines, ¿huh?"
"No, Edward lo hacía por mí."
Rió de nuevo, luego su risa murió y se puso serio.
"¿Quiere decir que no quieres convertirte ahora?"
Suspiré. "No, todavía quiero ser transformada. Sólo que no sé cuándo. No quiero que la mayoría de la niñez de Abbey sea un recuerdo borroso, pero no quiero ser un recién nacido y tener que alejarme de ella."
"¿Pero su olor no te afecta?"
"Bueno, estamos asumiendo que no, pero los recién nacidos son tan impredecibles, no estamos completamente seguros de cómo será mi reacción con ella."
"¿Pero te irás de Forks cuando suceda?"
"Supongo que sí. Salvo que el tratado se levante y no creo que eso suceda."
"No," dijo firmemente. "Eso no sucederá."
Asentí lentamente. Yo pensaba que no.
Me sentí cansada, de repente, y no solo porqué hubiera caminado mucho. Siempre me sentía de esa manera cuando pensaba en mi transformación.
"Tengo que volver. Mi mamá viene y tenemos que ir a recogerla."
"Seguro."
Dimos la vuelta y regresamos. Mis pasos comenzaron a arrastrarse un poco, probablemente efecto de mi falta de sueño.
"¿Quieres que te cargue?" Jacob preguntó.
"No, está bien."
"Por lo menos toma mi mano," dijo y la tomé. Se hizo un poco más fácil, siendo remolcada.
A medida que nos acercábamos la puerta se abrió y Edward bajó los escalones, yendo firmemente hacia nosotros. Traté de leer su ánimo y estuve contenta de verlo sonreír. Tal vez había un poco de alivio en esa sonrisa, también. Luego comprendí, él habría leído los pensamientos de Jacob, probablemente algo de nuestra discusión. Sabría que ahora la atracción se había ido de ambos lados.
"¿Terminaron su paseo?" Preguntó cortésmente y asentí. Me atrajo a él y besó sobre mi cabeza. Me di cuenta de que su agarre en mi era un poco más estrecho que el habitual.
"Supongo que nos veremos, Bella, y felicitaciones de nuevo."
"Gracias, Jake," sonreí y cuando me devolvió la sonrisa esta fue cálida, genuina y amistosa.
"¿Así que llevas un informe favorable?" Edward preguntó, encarnando las cejas en cuestionamiento, con un ligero tono en su voz y yo lo miré con curiosidad.
"¿Informe?"
Me volví para mirar a Jake, curiosa. Se veía un poco avergonzado y le dio a Edward el más corto de los asentimientos y luego algo hizo clic.
"¿Por eso viniste? ¿Para ver si Abbey pasaba algún tipo de prueba?" Podía sentir mi indignación aumentar.
"No, bueno, no sólo por eso. Iba a venir a verte y…," comenzó vacilante y me sorprendí cuando Edward lo defendió.
"No seas tan duro con él, Bella. Estaba esperando que los lobos quisieran confirmar que Abbey era todo lo que dijimos que sería. Jacob le sugirió a Sam que fuera él el que viniera…ya que venía a verte, de todas formas."
Jacob lo miró fijamente, odiando la invasión en su mente.
"Pero Sue les habría contado." Todavía me sentía enojada, protectora – mi hija no tenía que probarle nada a nadie.
"Sue no es miembro de la manada, amor." Edward pasó su mano reconfortante por mi espalda. "Y hay otros lobos que son más supersticiosos que Sam o Seth o incluso que tú, Jacob…¿me equivoco?"
Jake dejó escapar un suspiro. "Iba a venir de todas maneras, Bells, lo iba a hacer." Sus ojos estaban implorando al observarme. Pero luego miró a Edward y endureció la mirada. "Pero él tiene razón, algunos de los lobos más nuevos quieren un está bien más 'oficial' que sólo la palabra de Sue."
"¿Zeke?" Edward preguntó lacónicamente y Jake asintió.
"Mayormente. Todavía es un poco salvaje, aunque está cada vez mejor. Sam está poniéndolo en línea, pero está tomando un tiempo." Jake pareció dudar entonces y Edward se endureció ligeramente.
"Jacob cree que sería mejor si nosotros, bueno, tú y Abbey, se quedan lejos de La Push…hasta que Zeke esté un poco menos inestable."
"No hay problema," dije rápidamente, aún sintiéndome herida porque él llevara un informe de Abbey. Di un paso adelante y le apunté en el pecho y él tomó un asustado paso hacia atrás. Fue sólo la sorpresa de ir hasta él, la fuerza de mi pinchazo era completamente inútil – él era casi tan sólido como Edward.
"Y tú les dirás que ella es perfecta…,"
Pinchazo, paso,
"…y hermosa…,"
Pinchazo, paso,
"y sólo…perfecta."
Pinchazo.
Lágrimas de rabia se acumularon y las alejé.
Pude ver por el rabillo del ojo que Edward estaba plenamente sonriendo mientras Jacob asentía con vehemencia.
"Lo haré, Bella. Lo prometo, les diré lo hermosa y perfecta que ella es…," luego sonrió. "Y que tiene tu nariz y que deja olores realmente malos." Me guiñó un ojo y, de repente, a pesar de que quería estar enojada con él, me sentí sonreír.
Edward me rodeó con sus brazos y me abrazó fuerte.
"Gracias, Jake," murmuré y él sonrió de nuevo, dejando escapar un suspiro.
"Claro. Bien, supongo que te veré, Bella." Luego vaciló un poco antes de inclinarse para darme un rápido beso en la mejilla.
"Te estás poniendo muy juguetón, Perro," Edward dijo rudo, pero había humor en sus ojos y Jacob rió.
"Nah, tú te estás poniendo suave, Sanguijuela."
Aceleró hacia los árboles, pero su paso vaciló un poco y giró la cabeza levemente cuando Edward siseó suavemente bajo su sonrisa.
"Nunca."
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▪▪▪/▪▪▪
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La Mochila Out and About Baby hizo su estreno oficial en Port Angeles.
Era dos horas después de la visita sorpresa de Jacob y estaba contenta de ver que no estaba sufriendo los sentimientos de confusión o culpa que solía tener cuando lo veía. Ahora, estaba disfrutando de la libertad de ser sólo amigos. Tomé un gran, fresco, aliento, mirando alrededor y me di cuenta de que esta era también la primera salida apropiada desde que Abbey había nacido.
Nos detuvimos en el estacionamiento cercano al muelle, todavía había algo de tiempo antes de que el vuelo de Renee llegara. Yo estaba cargando a Abbey, cubriéndola del tiempo gris y ventoso. Ella estaba cómoda en su enterito y su gorrito a rallas estaba firmemente sujeto a su cabeza. Sabía que el viento no le molestaba tanto como a los demás niños, pero aún así…
"Entonces," dijo Edward mientras sacaba la mochila del asiento trasero. "¿Quieres usarla…o lo hago yo?"
Pude ver que estaba tratando de ser casual al respecto, pero sabía lo ansioso que estaba. Había estado esperando este momento desde el día en que se la había probado en la Boutique Bambino.
Aguanté una sonrisa mientras él miraba la mochila en sus manos.
"Um, ¿a ti te gustaría?" Pregunté, sabiendo muy bien la respuesta.
"Sí," dijo inmediatamente y yo reí. Me miró, con un destello de sorpresa en sus ojos. "A menos, claro, ¿tú quieres?" Y luego cuando reí de nuevo, él también lo hizo. "Que obvio, ¿huh?"
"Sólo un poco. Me toca a mí la próxima vez, ¿está bien?"
Asintió. "Lo prometo, a ti toca la próxima."
Ella se acomodó a gusto y debido a su baja temperatura corporal, las barreras de la mochila y la ropa fueron suficientes para aislarla de la fría piel de Edward y no tuvimos necesidad de capas extras como pensamos originalmente. Eso hizo a Edward muy feliz y mi corazón tartamudeó un poco cuando lo vi acariciarla suavemente mientras ella se acurrucaba contra su pecho. Su profunda satisfacción se mostró en la sonrisa que escapó de sus perfectos labios y en el suspiro silenciosos que dejó salir luego. Juntamos nuestras manos y caminamos por el muelle. Vi a Abbey, tranquila, durmiendo felizmente, sus brazos sueltos y relajados al lado de la mochila.
"Tiene dedos largos como tú," dije bajito. Edward sonrió pero no dijo nada. "¿Le vas a enseñar piano?"
Asintió. "Sí. Si ella quiere."
Sonreí ante la imagen de Edward y una Abbey más mayor, tal vez de siete u ocho, sentados uno al lado del otro en el piano de cola.
"¿Comenzarás con Palitos Chinos?" (nt: Chopsticks, nombre original, vals para piano, compuesta por Arthur de Lulli)
Torció una esquina de su boca. "Probablemente."
Su pulgar hacía círculos sobre mi piel. El dedo índice de su otra mano estaba unido firmemente al diminuto puño de Abbey.
"Esto es lo de tener las manos libres," le sonreí, recodando la lista de beneficios impresa en la caja de la mochila.
"No puedo pensar en un mejor lugar para que estén, amor," y levantó mi mano a sus labios.
Entramos al muelle y caminamos por encima del agua. El cielo estaba nublado, pero el clima estaba seco y el viento formaba ondas y agitaba pequeñas olas en el agua, dándole vida a su aburrida y gris superficie.
"Estaba pensando," dejó caer mi mano y en su lugar envolvió su brazo en mi cintura. Enrollé los míos alrededor de la suya. Nuestro ritmo era lento, perezoso y relajado. Los piececitos de Abbey se alanceaban ligeramente con el movimiento del cuerpo de Edward. "Estaba pensando que cuando esté más grande le gustaría tener un columpio."
"¿Mm?"
Un columpio. No había duda de que había visto algún caro set en internet o en un catalogo. Algo con columpios y toboganes, argollas, carruseles y luces intermitentes, diseñado por la NASA. Esperé por los detalles.
"Estaba pensando…que yo lo podría hacer. Tú sabes, un neumático viejo en una cuerda, o tal vez con un asiento de madera, o algo así. ¿Qué piensas?"
Sonreí, sorprendida, y apreté mi brazo a su alrededor. "Creo que es una gran idea. Le va a encantar."
Devolvió la sonrisa, su sonrisa torcida, y acercó su rostro para besarme.
Las cabezas siempre se volvían para mirar a Edward. Admiración, miradas que lo comían con los ojos lo seguían a dondequiera que fuera. Pero ahora, mientras caminábamos a través del aeropuerto con un bebé atado a su pecho, las mujeres estaban prácticamente cayendo desmayadas. Una realmente caminó desde su lugar. Él ni siquiera lo notó. Su atención estaba siembre en Abbey o en mi. Me permití una sonrisa extremadamente satisfactoria. Mío, mío, ambos míos.
"Ahora recuerdo, no es Abuela, es sólo Renee, ¿está bien?"
Edward asintió.
"Y ni siquiera te refieras a ella por ser abuela."
"Entiendo," su manos masajearon detrás de mi cuello, a la vez que observamos el avión aterrizar.
"¡Bella!" Renee se lanzó encima de mí y me abrazó fuerte, casi me tira de espaldas. La mano de Edward, firme en mi espalda, me detuvo al instante.
"¡Mamá!" La había extraño y de improviso se sentía bien tener a mi madre conmigo, incluso si ella iba a quedarse tres días.
"¡Edward, felicidades!" Sonrió, pero se detuvo de abrasarlo cuando su atención se centró en la mochila.
"¡Oh, mira!" Jadeó, el rostro cerca y a nivel de pecho de Edward mientras inspeccionaba a Abbey.
Era un poco difícil ver la cara de Abbey, acurrucada como estaba en la mochila. Levantó el borde de su gorro. "Ella tiene tu color de cabello, Edward," dijo. "Y Bella, solías tener exactamente el mismo ceño fruncido cuando eras bebé."
"¿Ceño fruncido?" Miré por encima del hombro de mi madre hacia la mochila. Mi bebé no tenía el ceño fruncido.
"Creo que su cabeza está un poco aplastada por estar en la bolsa," Edward dijo suavemente, guiñándome.
"Oh, ¿eso crees?" Renee se enderezó y reposicionó la toalla sobre su hombro. "Definitivamente se parece al ceño de Bella para mí. Siempre estaba frunciendo el ceño cuando bebé. Siempre tan seria," suspiró.
Miré a mis pies – por alguna razón me sentía un poco picada. El brazo de Edward encontró mi cintura.
"Abbey," su voz era terciopelo, "di hola a la abuela."
Renee se alojó en una casa de huéspedes en el pueblo porque no quería molestarnos. Al principio me sentí un poco decepcionada, pero después de unas horas de visita con ella en la cabaña me alegré.
Le encantó la habitación de Abbey, pero se mantuvo sugiriendo que cambiáramos los muebles de acuerdo a los principios del Feng Shui. Y pensó que Edward debía añadir un arcoíris y un unicornio al mural.
"Y tal vez unas hadas, escondidas en la hierba." Su rostro estaba brillante, entusiasta al mirarnos. "¿Qué piensan?"
La cara de Edward era complaciente.
"Es algo a considerar," dijo suavemente.
A ella le encantaba cargar a Abbey, pero tendió a balancearla sueltamente en un brazo mientras usaba el otro para gesticular violentamente mientras hablaba.
Fue a la cocina en un momento y vi a Edward en el borde de su asiento, con los labios firmemente entre sus dientes, los ojos desorbitados y las manos extendidas como si fuera a atrapar un balón. Renee estaba obviamente, hablando sobre mi infancia y explicaba cómo una vez me había dejado caer.
A esas palabras Edward, en un movimiento fluido y continuo, se deslizó en su asiento, sobre sus rodillas, se acercó y tomó a Abbey suavemente del brazo de Renee. Él estaba de pie con ella apretándola fuertemente contra su pecho antes de que Renee lo hubiera notado.
"¡Oh!" se sorprendió.
"Cambio de pañal," dijo rápidamente, antes de desaparecer en la habitación de Abbey.
Estuvo cargando a Abbey de nuevo más tarde mientras yo doblaba ropa. Edward estaba trabajando en su computadora en el estudio, pero sabía que, a pesar de sus esfuerzos por dejarme a solas con mi madre, él estaba al tanto de todo lo que estaba pasando en la sala de estar.
"Ooh, alguien no está contenta," Renee dijo a la vez que Abbey comenzaba a quejarse y llorar. La bajó de su hombro para mirarla.
"Bella, ¿esto es un sarpullidlo en su cara?"
La repentina aparición de Edward detrás de mí la sobresaltó mientras yo me inclinaba para mirar.
"Um, no mamá, es el patrón de tu collar. Las cuentas se estuvieron presionando contra su cara." Traté de mantener alejada la frustración de mi voz.
"Oh, lo siento," soltó una risita incómoda, lanzó una mirada confusa a Edward mientras me pasaba a Abbey. Froté suavemente sobre las débiles marcas color rosa, sobre su mejilla, se calmó y acurrucó en mi.
"Está bien," le susurré a Edward, quien estaba mirando sobre mi hombro. "Ella está bien."
Asintió, sus labios unidos en una delgada línea.
"Creo que estoy fuera de práctica con esas cosas," dijo Renee y al recordar mi niñez me había preguntado si ella alguna vez estuvo en práctica. Renee me amaba hasta la muerte, habría caminado por entre el fuego por mí, pero ella nunca fue muy…consiente.
"No creo que yo sea la cosa más peligrosa en tu mundo, después de todo, Bella."
Acabábamos de subir a la cama y Edward se enroscó a mí alrededor. Reí suavemente, luego bostecé mientras sus dedos acariciaron con ligereza a lo largo de mis brazos y sus labios acariciaban mi nuca.
"Para mí está claro que soy muy afortunada de tenerlos a todos." Sus brazos se apretaron a mí alrededor. "Me pregunto si alguna vez tú llegarías a tener diecisiete."
Reí de nuevo. "Renee no es tan mala. Es vaga, y su mente nunca está donde debería estar, pero está llena de amor y afecto."
"Y granos."
"Y granos," reí. "Tendrá que tener más cuidado, sin embargo. La sorprendiste un par de veces hoy."
"Lo sé," suspiró. "Y para alguien tan vago e inocente como ella, tuvo momentos de gran claridad. La atrapé un par de veces preguntándose que había diferente en mí."
"¿Un poco cómo Rebecca?"
"Mm, un poco. Voy a tener que tropezar con la alfombra del salón o comer plátano, o algo…que me haga parecer más humano."
Me reí y él se carcajeó detrás de mí, llevándome más cerca de él y besando mi cuello otra vez. Suspiré.
"Creo que tenemos un largo par de días por venir."
Renee había descubierto que su idea para un retrato profesional de ella con Abbey y yo, bajo un árbol al lado de un arroyo con rocas cubiertas de musgo era de verdad muy, muy caro. Por lo que había venido a Forks armada con su cámara y una de sus mejores ideas.
Quería tomarme fotos con Abbey en todos los lugares en donde Charlie le había tomado fotos conmigo, diecinueve años atrás.
Había traído con ella las fotos originales y estaban dispuestas sobre nuestra mesa de café en la sala de estar. Los tres estábamos de rodillas estudiándolas.
"Eras muy linda," sonrió Edward. Estaba fascinado con mis imágenes de bebé.
Había una en que estábamos en el banco del jardín del patio de Charlie, por delante de la chimenea, sentados en el porche, junto a la ventana de mi antigua habitación.
"Habían otras que tomamos en First Beach, abajo en La Push, pero Charlie las tiene." Entonces sus ojos se iluminaron al mismo tiempo que Edward se tensaba a mi lado, en clara respuesta a sus pensamientos. Su mano se aferró al borde de la mesa, pero la apartó bruscamente cuando su pulgar comenzó a astillar la madera. Cambió de posición suavemente para cubrir los daños con su codo, pasando sus manos alrededor de su cuello. Apretó la mandíbula y sabía que algo terribles estaba a punto de salir de la boca de Renee.
"¡Oh, Bella! Ya sé, porqué no tomo las copias de Charlie y mañana podríamos llevar a Abbey a La Push por el día, bajamos a First Beach y…,"
Edward interrumpió su movimiento. Su voz fue suave y tranquila, y destrabó la mandíbula y los rígidos dedos que estaban tomando mi pierna bajo la mesa.
"Renee, hay un arrollo no muy lejos de aquí, justo entre los árboles detrás de la casa de mis padres. Podemos tomarte fotos con Bella y Abbey allí, sentadas bajo los árboles. Incluso hay algunas rocas con musgos." La sonrisa deslumbrante hizo aparición. "Seré el fotógrafo."
Edward había aprendido que, como con un niño, la distracción y redirección funcionaba bien con Renee.
Ella sonrió.
"Eso suena perfecto. Entonces, voy a conseguir las copias de esas viejas, y tomaremos las nuevas versiones y luego las fotos en el arroyo, también." Asentía con vehemencia y pude ver en sus ojos que estaba planeando todo, hasta la última pose, con La Push ahora olvidada. "Las pondré en un álbum y se verá genial. No creo que a Charlie le importe si pedimos prestada la casa durante media hora mañana."
Sentí la tensión dejar a Edward y apreté su mano sobre mi pierna.
"Siempre y cuando no reorganices sus muebles," bromeé.
Debería haber mantenido la boca cerrada. La idea claramente no se le había ocurrido hasta que lo dije. Sus ojos se iluminaron y casi podía ver las ruedas girando en su mente.
"No, mamá."
Ella se encogió de hombros y Edward sonrió y se alejó.
"¿Tienes alguna foto de bebé, Edward?" preguntó de improviso. "Podríamos ponerlas también en el álbum."
"No," simplemente sonrió. "No tengo ninguna."
Volvió a mirar abajo mi imagen sobre el regazo de Renee y sonrió de nuevo, tocándola con un dedo.
El comentario de Edward me dejó pensando. Tenía la foto de sus padres, pero seguramente habría tenido otras fotos. Fotos familiares de los tres juntos.
Él estaba en la cocina cuando volví de dejar a Renee donde Charlie. Ella estaba cenando con él y Sue. Fue idea de Renee – ella no podía ver cómo podría ser incómodo y Charlie no supo como decirle no. Sería una noche interesante.
Tomé un crouton de la ensaladera y Edward me empujó suavemente con el hombro, sonriendo. "No saques. No está lista todavía."
Sonreí y traté de trepar en el banco contiguo a donde él estaba trabajando. Puso un fuerte brazo alrededor de mi cintura y me levantó.
"Gracias."
"De nada. ¿Esta noche quieres palta?"
"Mm, sí por favor. Ya sabes, puedo hacer mi propia comida, Edward, no tienes que hacerlo."
"Sé que no," se inclinó para un beso. Luego llenó un vaso con agua y me lo entregó. Rodé los ojos y él simplemente levantó una ceja. "Está bien, lo sé, las madres lactantes necesitan estar hidratadas." Tomé un trago. "Edward, ¿tus padres no tenían fotos familiares?"
El cuchillo tenía a falta de definición, un movimiento a la velocidad del rayo mientras lo deslizaba por un tomate, pero ahora se detuvo, inmóvil, repentinamente.
"Um," inclinó la cabeza hacia un hombro y apretó los labios, como si estuviera tratando de decidir algo. Luego puso el cuchillo en la tabla de cortar y ubicó sus manos, con las palmas hacia abajo, sobre el banco. Pensé que tal vez no debí haber dicho nada.
"Habían otras fotos," dijo bajito, bajando la mirada a sus manos. "No muchas, las fotografías no eran tan comunes como lo son ahora, obviamente. Eran cuatro, yo estaba en ellas. Pero las destruí."
Eso fue completamente inesperado.
Rápidamente, traté de componer mi cara con tal de no demostrar sorpresa. No sabía si lo había logrado o no y no estaba muy segura de que decir, así que decidí no decir nada.
Se apartó del banco y se apoyó en el de atrás, cruzando los brazos sobre el pecho. Sus piernas estaban estiradas, cruzadas por los tobillos – obviamente una postura de protección. Me sonrió y sus ojos tenían esa mirada cautelosa, como si estuviera preocupado por como yo iba a reaccionar. Pero él sabía que no debía ocultar nada – ya no hacíamos eso.
"Fue durante mi periodo de rebeldía," dijo, lentamente, mirándome con atención, dándome la oportunidad de decirle que no quería oír más. Pero con un gesto amable de mi cabeza continuó.
"Yo estaba muy enojado. Con Carlisle por convertirme y con mis padres por morir y dejarme." Miró hacia abajo y luego a sus pies, con los brazos aún apretados fuertemente sobre su pecho. "Y luego estaba enojado conmigo mismo, por haber cedido con el monstro y aprovecharme de los humanos, sin importar como lo justificara."
Me quedé en silencio. Era increíblemente raro que hablara de ese tiempo de su existencia. Mantuvo la cabeza gacha mientras seguía hablando.
"Cuando volví con Carlisle estaba muy avergonzado. Me dio la bienvenida con los brazos abiertos, por supuesto, así es Carlisle, pero me sentía tan lejos de la persona que había sido, de la persona que se suponía debía ser…no quedaba nada más de Edward Masen." Alzó el rostro y me miró, con la expresión aún cautelosa. "Yo no merecía ser hijo de mis padres."
Asentí lentamente, encontrando su mirada, clara y directa, mostrándole que había entendido.
"Así que destruiste tus fotografías." Susurré.
Asintió. "Excepto por la de mis padres juntos. No iba a quemar esa."
"¿Las quemaste?" Eso era realmente…oscuro.
Asintió, ahora con ojos tristes y apretó los brazos sobre su pecho, como si se estuviera abrazando así mismo. "Muy dramático, teatral, muy…simbólico." Se encogió después. "Ahora sé lo suficiente de sicología para entender lo que estaba pasando allí. Por supuesto que lo lamenté más tarde. Y ahora aún más." Miró las fotos de Abbey que estaban sujetas en la nevera con imanes.
Salté del banquillo y crucé los pasos hacia donde él estaba. Apreté mis brazos a su alrededor tan fuerte como pude y apoyé mi cabeza en su pecho. Me envolvió con sus brazos, descruzó los tobillos y abrió las piernas, dejando que me acercara a él. Sentí su mejilla contra mis cabellos mientras él se aferraba a mí, apretado. Y su abrazo, el suspiro lento que dejó escapar, me dijo cuanto su nueva familia era una tabla de salvación. Lo abracé durante unos minutos, dejando que sintiera todo lo amado que era, y que merecía, mientras la pasta burbujeaba allá en la estufa.
Y entonces, un pensamiento indeseado pasó por mi mente. ¿Así que eso significaba que la única foto de Edward humano que existía era la foto del compromiso con Lucy? Me estremecí mentalmente.
"Tomaremos nuevas fotos familiares," dije firmemente y me apretó más fuerte. "Muchas."
La visita de Renee pasó con rapidez y estábamos de vuelta en el estacionamiento del aeropuerto de Port Angeles. Edward había sido el fotógrafo, nos habíamos tomados fotos en rocas musgosas, y ella estaba feliz.
"Eres una madre maravillosa, Bella," Renee me empujó a un cálido abrazo. Ella se volvió a mirar a Edward, al otro lado del auto, dejando a Abbey en el cochecito. Estaba en cuclillas, metiendo una manta. Él estaba sonriendo, moviendo los labios, pero su voz también baja como para oír.
"Y él es un maravilloso padre, tan involucrado."
Sonreí. Sí, Edward estaba involucrado.
"Y tú y Edward tiene suerte de tenerse. Hay algo…ustedes dos encajan de alguna manera…pero ya te lo he dicho antes. Charlie y yo, nos amábamos, pero éramos muy diferentes." Rió luego y tuvo unos de sus momentos de claridad. "Charlie y yo no podíamos funcionar juntos, y no creo que tú y Edward puedan hacerlo separados."
Sí, estaba en lo cierto, y lo habíamos descubierto de la manera más dura.
"Y Abbey tiene suerte de tenerlos a ustedes." Me abrazó y fue bueno sentir sus brazos amorosos a mí alrededor. Le di la bienvenida a su calidez, a sus palabras, y la abracé fuerte. Después me susurró en voz baja en el oído. "Asegúrate de conseguir tu control de natalidad antes de que tú y Edward vuelvan a tener…,"
"¡Mamá!"
"Sólo estoy…,"
"Mamá, vas a perder el avión." Me solté de su abrazo y salimos del terminal. Estaba segura de que podía escuchar a Edward riéndose de mí.
Mi cara todavía estaba roja cuando el avión de Renee despegó y regresábamos al coche.
"Pudiste haberme ayudado antes," murmuré mientras empujaba el coche. Era el Overlander, el cochecito de Edward, y todavía no estaba convencida de que era más cómodo para empujar que el Day Tripper.
"¿Sobre el intento de charla de chicas de Renee?"
"Sí," saqué un mechón de cabello de mis ojos y lo alejé de nuevo. "Sabías lo que ella estaba pensando. Pudiste crear una distracción o algo."
Rió entre dientes. "Iba a hacerlo pero creo que tu intento de distracción fue suficiente. Se detuvo."
Había estado caminando con las manos en los bolsillos, pero las sacó y las pasó por mi cintura. Me detuve y acercó su rostro, apoyando su la frente contra la mía.
"Si te hace sentir mejor, Carlisle también tuvo esa conversación conmigo."
"¿Él qué?" ¿Por qué todos estaban tan interesados en nuestra vida sexual? "¿Cuando?"
"Hace unos días."
"¿Por qué no me lo dijiste?"
Se retiró un poco y metió el mismo mechón de cabello suelto detrás de mi oreja. Ladeó la cabeza ligeramente a un lado. "Porque es demasiado pronto y no quiero que te sientas presionada por nada. Yo estaba esperando que las cosas volvieran un poco…más a la normalidad." Sus manos encontraron la parte baja de mi espalda y las movió en suaves y relajantes círculos.
Bufé. "Edward, creo que todo es normal ahora." Le eché un vistazo a Abbey y él rió.
"Probablemente."
Puso una mano en el cochecito, llevó el otro brazo alrededor de mis hombros y comenzamos a caminar de nuevo.
"Entonces, ¿qué dijo Carlisle?" Hice una mueca, avergonzada.
"No mucho. No discutimos muchos detalles. Me preguntó si habíamos pensado sobre algo de anticoncepción y le dije que era un poco pronto para hablar de ello, pero que me parecía mejor usar un método de barrera. Él estuvo de acuerdo. Eso fue todo."
"¿Dices condones?"
"Sí."
Hice una mueca de nuevo. "¿No son muy difíciles de usar? ¿Y poco románticos?" No tenía experiencia, estaba familiarizada a historias de patio de escuela y a películas malas.
"No si sabes que estás haciendo, en realidad son muy sencillos. Nunca tuve problemas."
¿Qué dijo? Sabía que no podía ser como sonaba, pero la expresión de mi cara aún así le hizo reír y desordenarme el cabello con su mano.
"Muchas escuelas secundarias tienen un montón de clases de educación sexual, amor."
Oh, por supuesto. Sabía eso. Pero luego comencé a carcajearme.
"¿Qué?" preguntó, sonriéndome.
"Sólo estaba imaginando a Edward Cullen comprando condones."
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Conseguimos unos de esos álbumes para bebés. Registramos el peso de Abbey, longitud, color de ojos, color de cabello – todas cosas normales de un bebé. Los vampiros no necesitaban esas cosas, pero era para ella, para cuando fuera mayor…y para mí, después de ser convertida. Así podría recordar.
Carlisle chequeaba la altura, peso y reflejos de Abbey todos los días.
Se estaba desarrollando bien y normalmente, aunque en algunas áreas estaba adelantada a la secuencia humana, pero no tanto como para llamar la atención.
Ahora, con ocho semanas, era aproximadamente del tamaño de un bebé de diez semanas. Cómodamente agarraba el sonajero, lo agitaba a su alrededor y podía fijar la mirada en algo o alguien y seguirlo fácilmente. Estaba más alerta y consciente que un humano de ocho semanas.
De los vagos destellos de su mente, Edward sabía que estaba absorbiendo todo, ya haciendo simples asociaciones entre las cosas. Podía ver que ella reconocía a su familia y cuando oía la voz desde otra habitación, veía el rostro de esa persona en su mente antes de verla. Pero su mente no estaba completamente abierta a Edward y sus pensamientos se desvanecían, como en una televisión con mala recepción.
Su piel todavía es suave y aterciopelada como la de un recién nacido, pero nos dimos cuenta de que los chupetes no duraban mucho – su veneno, débil como suponía, comienza a disolver la goma después de un par de día.
Y sonríe mucho.
Su primera sonrisa fue en el prado. La describí con cuidado en mi diario de recuerdos y en su álbum de bebé.
Había sido un día soleado y estaba en sus cuatro meses. La habíamos tendido en la manta a la vez que nos estirábamos cada uno a su lado. Edward estaba observándola como si recién hubiera descubierto algún extraño y precioso tesoro, luego él inclinó la cabeza. Pensé que él iba a darle sus delicados besos sobre la frente, pero en vez levantó su camisetita y sopló, fuerte y ruidoso, sobre su estómago. Y su sonrisa volvió e hizo un sonido sofocado. Yo estaba convencida de que se estaba riendo.
El diario estaba casi lleno. Iba a necesitar uno nuevo pronto…si no me convertía.
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Las fotos de Renee llegaron.
"Hizo un gran trabajo," dije.
"Pareces sorprendida," Edward estaba tumbado en el sofá con la cabeza en mi regazo, mientras sostenía el álbum para que los dos pudiéramos ver. Mis dedos estaban jugando con su cabello, levantándolo y dejándolo caer, haciéndolo ver más desordenado de lo que solía estar.
"Estoy sorprendida. No es sobre el buen aspecto, sino porque ella realmente se puso en una tarea y logró que terminarla. Pensé que íbamos a tener estas fotos cuando Abbey tuviera seis o algo así."
Rió y dio vuelta la página. Había copias de las viejas fotos mías con Renee en un ángulo artístico al lado de mis nuevas fotos con Abbey. Y luego estaban varias páginas de las tres en el arroyo – encaramadas en las rocas, sentadas en la hierba, yo cargando a Abbey, Renee cargando a Abbey. Tenía también algunas encantadoras tomas que Renee había tomado de Edward, Abbey y yo.
"Puedo ver algunas similitudes entre Abbey y tú de bebé," dijo después de un momento. "Y creo que sus ojos van a ser café, como los tuyos." Me miró, sonriendo al hablar.
"Creí que podrían ser verdes," dije. "Como eran los tuyos."
"No sé qué parte de mi ADN humano tiene ella. No sé cuanto tenga yo. Pero definitivamente tendrá tus ojos."
Se veía muy seguro de ello y sonreí.
Tendía mis ojos. Mis ojos humanos. Parte de mi humanidad viviría en ella.
"No quiero olvidar estos momentos con ella, Edward." Mi voz vaciló un poco. "Escribo en mi diario todos los días, pero…tengo miedo de no recordar todo."
Se incorporó rápidamente, sin problemas, bajando el álbum para tomar mi rostro en sus manos. Sus ojos ámbar miraron los míos y sus pulgares se movieron sobre mis mejillas.
"No lo olvidarás, amor. Mantendrás todos tus recuerdos."
"Pero se volverán borrosos."
"No. Los mantendré nítidos y claros. Se quedan así si los trabajas."
"Pero hay tantas cosas que recordar, no puede caber cada día, cada sonrisa en mi cerebro."
"No en un cerebro humano, pero podrás en un cerebro vampiro." Bajó las manos hasta mis hombros y miró profundamente mis ojos. Había convicción y certeza en su voz cuando habló.
"Leerás a velocidad vampírica, por lo que te tomará unos poco minutos leer tu diario cada día y después de unos meses los recuerdos se fijarán. Y vamos a mirar las fotos, y yo voy a contarte sobre todo. Las cosas que hacíamos. Sobre la noche en que ella nació, sobre la primera vez que la llevamos al prado y cómo sonreía."
Asentí. "Y te recordaré sobre las canciones que le cantabas, esa sobre la manta de osos de peluche, y la canción de Los Wombles. Y sobre como sentiste su piel la primera vez que la cargaste, o la sensación de la primera vez que la amamantaste."
"No quiero olvidar todo eso," susurré y una lágrima cayó por mi mejilla.
"Oh, Bella, no lo harás, amor." Me llevó a su regazo y me acunó allí, escondida bajo su barbilla. "Recordarás, y te las recordaré cada día. Y así lo hará ella, cada vez que la mires."
Asentí vagamente y siguió hablando mientras una mano acariciaba mi mejilla y la otra me sujetaba.
"Sobre todo, cuando nos vayamos, nos alejaremos de nuestra familia y amigos, de todo lo que es familiar. Pero aún los tendrás y eso hará una gran diferencia."
"Me alejaré de Charlie," dije en voz baja y él me abrazó más fuerte.
"Lo sé," suspiró.
"¿Cómo sabré cual es el momento adecuado? Y, ¿cómo voy a decir adiós?" Mi corazón se torció al pensar en cuanto Charlie adoraba a Abbey. "Debimos habernos ido después de la boda y nunca decirle a alguien sobre el bebé. Va a ser muy duro alejarla de él." Mi respiración se estaba poniendo inestable mientras trataba de no llorar.
Froté las manos en mis ojos. "Me gustaría que alguien pudiera tomar esa decisión por mí," murmuré para mí misma, pero sabía que él me oía, sabía que él respondería y sabía cuál sería la respuesta.
"Sólo tú puedes tomar esa decisión, amor."
Síp, lo sabía.
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▪▪▪/▪▪▪
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Edward abrió la puerta del pasajero y me ayudó a salir del auto. En el tiempo que me tomó para enderezar mi blusa y ponerme la chaqueta, él abrió la puerta trasera, dejó la bolsa de pañales con gracia sobre su hombro y tomó a Abbey de su asiento de seguridad en sus brazos. Puso su brazo alrededor de mis hombros, besó el tope de mi cabeza y en entramos a la cafetería.
La Universidad llegaba a su fin por el verano y mis amigos habían comenzado a regresar a Forks. Jessica estaba planeando una fiesta de verano para toda nuestra clase graduada, pero Ángela había organizado un pequeño almuerzo para que nuestros amigos pudieran conocer a Abbey.
"¡Oh, mira! ¡Es tan pequeña!" Jess se levantó de la mesa y corrió hacia nosotros mientras entrabamos.
"¡Hola, Abbey!" arrulló. "¿Puedo cargarla?"
"Déjalos pasar por la puerta, Jess," Ángela rodó los ojos y le dirigí una mirada de agradecimiento. "Felicidades, Bella," me abrazó. "Y Edward," sonrió tímidamente y la sonrisa que devolvió Edward fue cálida. Miró de cerca a Abbey. "Ella es hermosa," dijo y tuve que estar de acuerdo.
Nos sentamos y me di cuenta de que Mike y Eric se veían incómodos, ya que solo dijeron hola, con los ojos enfocados en Abbey. Ben se veía curioso, una leve sonrisa en su rostro al mirarla.
"¿Ella, ya sabes, va a llorar?" Mike sonaba casi nervioso.
"Todo depende," Edward dijo vagamente, ni siquiera lo miró mientras jugaba con los pies de Abbey. Llevaba calcetines leones purpuras.
Estaba sentada en el hueco de su brazo, mirando hacia arriba a la lámpara colgante sobre su cabeza. Parpadeó un par de veces y luego dio un gran bostezo.
"Aww," Jess se abrazó, sonriendo. "Entonces, ¿qué se siente tener un bebé?" soltó.
"Es genial. Trabajo duro a veces, pero mayormente es genial." Dejé ir eso. No creo que pudiera explicar la profundidad y complejidad de sentimientos a Jessica. Ángela tal vez, pero no Jess.
"¿Es verdad que tú la recibiste, Edward?" Ángela preguntó, sonriendo. Todos sabían, por supuesto. Charlie orgullosamente le había dicho a todos que su yerno había recibido a su nieta en casa, sin ayuda.
"Sí," Edward sonrió y su mano libre apretó mi pierna debajo de la mesa.
Mike y Eric se veían asqueados – no había otra manera de describirlo.
"¿Cómo fue eso?" Eric hacía muecas y estaba bastante segura de que de verdad no quería saber la respuesta, mientras Mike se distraía con el salero.
"Terrorífico y hermoso." Edward secundó su respuesta con una sonrisa. Su mano libre le dio a mi pierna otro apretón y a la vez Abbey estornudó. La miró, fingiendo sorpresa, con los ojos y boca abierta. Ella le sonrió y agitó un poco sus manos. Le devolvió la sonrisa y besó su frente.
"¡Qué lindo!" Jess aplaudió. "¿Cómo sabías que hacer, Edward?" estaba ansiosa por los detalles, lo pude ver.
"Videos de preparación para el parto," dijo suavemente. Mejor no hablar de sus dos títulos médicos.
"Y, ¿qué pasó?" Se volvió hacia mi entonces. "¿Es como en televisión?"
"Er…,"
"Porqué no ordenamos." Edward tomó uno de los menús desde la pila en el centro de la mesa y por un momento toda conversación sobre el bebé murió mientras todos consideraban las opciones para el almuerzo y si deberíamos compartir unos nachos gigantes o pedirlos cada uno.
Edward soltó un frustrado y lento gemido que pensé no debería escuchar. Era un sonido particular que conocía como gemido de Mike Newton y levanté el menú un poco y susurré.
"¿Mike?"
Edward asintió.
"¿Sexo?"
Dudó y luego dio una breve inclinación con la cabeza y al principio sonreí y le apreté el brazo para confortarlo, sintiendo los firmes músculos bajo la delgada tela de su camisa. Pero entonces mi sonrisa se desvaneció. No sabía lo que en concreto estaba pensando Mike, pero esta vez…puede que tuviera razón.
¿Estábamos teniendo sexo?
No.
Estábamos muy cariñosos. Había un montón de abrazos, besos y cariños, pero no sentía la necesidad de nada más ahora mismo…y la idea que algo más me hacía sentir un poco nerviosa. Sabía que estábamos bien para seguir adelante, sabía que había una caja de condones en la mesita de noche de Edward. También sabía que era común que las mujeres se sintieran de esa manera después de tener un bebé, yo sólo esperaba que no fuera a dudar mucho tiempo.
Edward nunca dijo nada. Nunca hizo nada que me hiciera sentir presionada. Era paciente, claramente dejándome dar el primer movimiento, a pesar de que hace dos noches había probado las aguas.
Se había acurrucado a mi lado en la cama, empujando mi espalda contra su pecho y sus dedos repasaban lentamente mis brazos, como siempre hacía. Luego, después de uno pocos circuitos desde la muñeca hasta el hombro, descansó sus dedos con mucho cuidado sobre mi cadera, haciendo unos pequeños círculos sobre mis pantalones cortos. Se sentía bien y suspiré. Sus dedos subieron un poco y le sentí vacilar antes de que deslizara la punta de dos dedos bajo mi top, tocando muy ligeramente la piel desnuda de mi estómago, cerca de la cadera.
Me tensé. Supo inmediatamente que me sentía incómoda y sus dedos se fueron a acariciar mi brazo de nuevo.
Me volví hacia él. "Edward, lo siento…,"
Puso un dedo sobre mis labios y sonrió. "No, amor, lo siento. No debí haber…,"
Me dio la vuelta, empujándome contra su pecho de nuevo y besó mi cabello.
"Cuando estés lista, amor."
"Pero…sé que ha pasado un tiempo…,"
Y se él apoyó en un codo para poder mirarme por encima de mi cara. Sus ojos estaban felices, sonriendo. "Bella, ¿cuánto tiempo me esperaste?" Estaba tan cerca que su cabello caía sobre mis ojos.
Reí y luego bromeé al darle el punto.
"Bueno, espero que no me tome tanto tiempo."
Se recostó detrás de mí.
"No importa si demoras, Bella. ¿Recuerdas lo que me dijiste en el prado ese primer día?" Y me abrazó con fuerza y besó mi nuca. "Esto es suficiente."
Edward se dio cuenta de cuales eran mis pensamientos – estaba viendo como me mordía el labio, con la mirada en blanco en el menú. Lo miré. Su boca se curvó en una media sonrisa y me guiñó un ojo. Luego rodó los ojos ligeramente y dejé escapar una risita. Él rió y pasó su brazo alrededor de mi hombro, descansando su cabeza contra la mía y viéndose para todo el mundo como si estuviéramos estudiando muy seriamente el menú. Y a pesar de la frialdad de su cuerpo, podía sentir el calor y el amor en su tacto y sabía lo que estaba diciendo – esto es suficiente.
Nuestras comidas llegaron y la conversación giró en torno a la universidad y el empleo y fue bueno tener noticias de todos.
Ángela estaba disfrutando de la antropología. Eric y Ben estaban haciendo ciencia del medio ambiente pero les resultaba difícil. Mike y Jessica estaban en la misma universidad, su relación comenzando de nuevo. Él estaba haciéndolo bien con gestión deportiva, y ella se sentía interesada por periodismo – podía ver su trabajo en un diario algún día.
"Ya sabes, te ves muy bien, Bella," murmuró con la boca llena de nachos. "Te vez igual que antes."
Me sonrojé un poco. Me veía bien, pero mi estómago estaba más suelto ahora, y más redondeado. Dudaba si alguna vez iba a volver a estar firme. Y todavía tenía líneas, a pesar de que las estrías estaban comenzando a desaparecer. Todos mis pantalones eran nuevos. Y una talla más grande.
"Gracias, Jess."
"Y Abbey se ve bien," agregó.
Lo estaba. Estaba en los brazos de Edward bebiendo se su mamadera, mirando hacia la lámpara colgante de nuevo. A Edward el encantaba alimentarla, la sonrisa en su rostro era la prueba, pero también era la excusa conveniente para que él no comiera. "Voy a comer del plato de Bella," había dicho y nadie se dio cuenta realmente de que ocasionalmente solo tomaba un tozo de mi ensalada o que la dejaba dentro de su servilleta.
"Realmente no parece muy difícil, tener un bebé." Jess continuó. Mis ojos se abrieron un poco ante su comentario y traté de hacerlo parecer interés en vez de sorpresa.
Se volvió a Mike, que estaba a su lado. "Quiero decir, si Edward pudo recibirla por sí mismo, y Bella se ve igual, y Abbey solo duerme y come. ¿Qué tan difícil puede ser?" Suspiró y esbozó una sonrisa viciosa en dirección a Abbey. "¡Ooh, creo que me gustaría tener uno ahora!"
Mike escupió su refresco sobre la mesa.
"Lo siento," murmuró, con la cara roja, mientras secaba la humedad.
"Quiero decir, ustedes chicos los están manejando, bien y…"
"Jess, ¿ya tienes una lista de canciones para la fiesta?" Mike se le interpuso.
"¿Mm? Oh, no todavía, no. ¿No es linda, Mike?"
"Sí, linda. ¿Eric, has conseguido algo esa música genial, verdad?"
"Claro," asintió Eric, obviamente contento de estar fuera del tema del bebé. "Tengo el nuevo…"
Abbey escogió ese momento para alejarse de la mamadera y comenzar a llorar. Sus rasgos rosados y suaves se transformaron en un rojo y enojado ceño fruncido y los sonidos de succión se convirtieron en un grito furioso.
Jess saltó, mostrando sorpresa en su rostro por el repentino y dramático cambio del temperamento de Abbey.
En una rutina bien practicada tomé la toalla de la bolsa de pañales y la puse sobre mi hombro. Edward me entregó a Abbey y la sostuve, frotando su espalda mientras ella continuaba gritando. Me volví en mi asiento para que Edward pudiera ver su rostro. Palmeé y froté por tal vez un minuto mientras lloraba.
"¿Estamos cerca?" Pregunté. Ahora tenía un familiar patrón de dolor por gases y siempre abría los ojos, justo antes de eructar.
"Mm, no todavía," Edward susurró. "Oh, espera…ahí va, ojos abiertos."
Y luego…
"Brrrup."
Y paz.
"Buena chica," oí a Edward, en voz baja, detrás de mí.
"¿Hace mucho eso?" Jess preguntó, cautelosa ahora.
"Sí," sonreí y di vuelta a Abbey para sentarla en mis brazos. "Mucho. Pero tuvimos suerte esta vez, el llanto no duró mucho. A veces puede estar quince o veinte minutos así si tiene una burbuja de aire atrapada."
"Oh, ¿en serio?"
"Uh huh." Abbey se retorció y frunció el ceño. Cogí la toalla de mi hombro y la sostuve frente a ella. "No creo que hayamos terminado todavía, sin embargo." Se retorció de nuevo, gruñó un poco, y luego Abbey vomitó un poco de leche a la vez que llenaba su pañal. La vista del vómito y el sonido y olor de los pañales hizo a Jess palidecer.
En otra rutina bien practicada, Edward arrugó la toalla sucia en mis manos. Gentilmente limpió la cara de Abbey y su mano donde algo de leche había caído. Enrolló la toalla, saco una bolsa plástica zip-loc desde la bolsa de pañales y empujó la toalla dentro.
"No tienen mudadores aquí," dijo mirando alrededor. "Voy a cambiarla en el auto." Estiró los brazos para tomarla. (nt: mudadores así se les dice en Chile a espacios en los baños o habitaciones independientes que tiene una mesa, lavamanos y otros utensilios para cambiar pañales y limpiar al bebé.)
"¿En tu auto?" Eric estaba horrorizado. "¿En el Volvo?"
"¿Dónde más iba a hacerlo?"
"Pero tiene asientos de cuero," Eric casi gimió y Ben rodó los ojos.
"Quédate aquí, Bella. Edward, te voy a abrir la puerta." Ben se levantó y fue a la puerta, manteniéndola abierta.
Edward me sonrió y Abbey se escondió cómodamente en su brazo.
"Vamos Abbey," dijo, sonriendo mientras ella daba otro gran bostezo. "Ven con papi y te limpiaré un poco." Cogió el bolso de pañales en un hombro, dando las gracias a Ben mientras lo hacía.
Jessica retomó la conversación sobre la fiesta.
"Entonces, ¿quieres ir?" Edward preguntó.
"¿Dónde?"
"A la fiesta de Jessica."
Yo estaba sentada en el sofá, acariciando a Abbey en mi regazo, pasando mis labios sobre su cabello, soplando ruiditos ocasionalmente en su mejilla. Edward estaba sentado con las piernas cruzadas frente a mí, entreteniéndola con una nueva gama de muecas. Era un maestro en ello. Al parecer parecía gustarle la mejor cara de vampiro gruñón. Eso generó más sonrisas que entrecerraban sus ojos, hacían asomar su lengüita o, mi favorita personal, un pucherito con el ceño fruncido. A veces soplaba suavemente frente a su cara y ella parpadeaba y sonreía.
Cuando no le respondí levantó la mirada y me miró mal entrecerrando los ojos y rió.
"¿Eres tú el mismo chico que estaba sentado a mi lado mi primer día en Bilogía?"
"No," rió entre dientes. "Absolutamente no." Y se apartó el cabello de los ojos.
"Entonces, ¿quieres ir?"
Se inclinó para besar en pie derecho de Abbey y rió cuando ella lo apartó, los dedos de su pie se atraparon en su nariz. Ella rió también.
"Nunca me han interesado mucho las fiestas, sabes eso." Dije. "Y tendríamos que dejarla en casa." Sólo el pensamiento generaba un nudo en mi estómago.
"Lo sé," suspiró Edward, con el ceño fruncido. "Pero ella estará en muy buenas manos, y sería bueno para ti tener un cambio de rutina."
Lo miré. Sus ojos eran suaves, como su sonrisa.
"¿Y si soy muy aburrida?"
"¡No!" Abrió los ojos de par en par. "No, eso nunca pasará. Pero tienes diecinueve, las fiestas son algo normal y ya que tu vida ha tomado un camino diferente, probablemente es buena idea tener diecinueve de nuevo, a veces, si surge la posibilidad." Estaba sonriendo de nuevo.
Asentí. "Tal vez."
"Y es sólo en el pueblo, en la casa de sus padres, ¿no?"
"Sí."
"Nos podemos quedar sólo un par de horas, decir hola…mostrar algunas fotos de Abbey."
Y repentinamente una sonrisa apareció en mi cara. "No tienes remedio, Edward."
"Lo sé."
"Está bien, vamos a ir. Es una fiesta de los sesentas, ¿te enteraste de esa parte? Está muy comprometida con lo de la música del tema." Odiaba las fiestas temáticas.
Él asintió y suspiró, dolorosamente. "Sí."
"Entonces, creo que la gasa en tu armario va a salir ahora, ¿no?" Me gustaba molestar a Edward.
"Ya te lo he dicho, no tengo gasas." Su exasperación era clara y reí. "De todos modos, lo sesentas, ¿verdad? ¿No específicamente hippy?"
"Sí…¿entooonces?"
"Entooonces…todo el mundo imagina cosas hippy cuando piensa en los sesentas. Podía usar un traje oscuro, camisa blanca y corbata estrecha, y aun así estar en el tema."
"No te atrevas. Si me tengo que vestir como una hija de las flores, tú también."
Rodó los ojos y gimió a la vez que Abbey comenzaba a bostezar. Levantó sus pequeños puños y frotó sus ojos.
"Hora de dormir, papi va ha hacer caras más divertidas mañana," dije, besándola al levantarla. Edward se puso a mi lado, besando la frente de Abbey y me dirigía a su habitación.
"Bella, espera amor," estaba mirando hacia la puerta. Respiró hondo, se volvió hacia mí y extendió las manos a Abbey.
"Yo la arropo. Alice viene a verte."
Ella entró por la puerta armada con una bolsa de traje y un grande y pesado álbum de fotos.
"Acabo de ver que van a la fiesta de Jessica. Necesitarán mi ayuda." Dejó hacer el álbum sobre el sofá y levantó la bolsa de traje.
"Edward tiene razón, hay más en lo sesentas que sólo hippies." ¿Había oído eso? "Ustedes no tienen que verse como hijos de la flores." Ella estaba toda entusiasmada mientras abría la bolsa. "Esto es de mi archivo de la moda."
"¿Tu archivo de la moda?"
"Por supuesto. Una selección de artículos de todos los años. Tengo algunas piezas de gran valor – Chanel, Cradin, Mary Quant. Es como una colección de arte." Nunca lo había visto de esa manera, pero supuse que tenía razón. "Ahora creo que este te hará verte bien." Sacó el vestido y lo levantó con rostro emocionado. "Bueno, ¿qué te parece? Es de los sesentas, pero es look mod."
Asentí, sin entender lo que significaba y ella me rodó los ojos.
"Es la interpretación de Yves St Lauren de los rectángulos de Pier Mondrian," dijo triunfante.
Todavía no sabía lo que significaba eso, pero me pareció caro. El vestido me resultaba familiar. Había visto algunos similares en revistas y películas. Era corto, recto y simple, sin mangas. Rayas negras lo dividían en rectángulos mayormente blancos, con un gran rectángulo rojo al frente, un rectángulo azul más pequeño cerca del hombro y uno amarillo delgado en el borde inferior.
Lo alzó a mi lado y entrecerró sus dorados ojos. Sabía que estaba calculando los ajustes y dio un rápido movimiento de aprobación y puso de vuelta el vestido en la bolsa.
"¿Alice, vas a ir también? Toda la clase está invitada."
"Lo sé. Pero no iré, prefiero mucho más ser la niñera de Abbey," sonrió.
"Ahora, para Edward," estuvo de vuelta en su trabajo al sentarse en el sofá y abrir el álbum de fotos. Acarició el lugar a su lado y me senté. "Guardé dos trajes que él usaba en los sesentas. No le gustaban mucho así que usará el que tú le elijas."
Las fotos de Alice me dejaron fascinada. "No sabías que las tuvieras," dije.
Parecía como que si los Cullen fueran a fiestas de disfraces cada día del año. Trajes a rayas, faldas plato, sombreros, guantes, mini faldas, hombreras, vestidos acinturados, chaquetas de cuero, polainas, jeans desgastados.
"Los vampiros realmente no necesitan de imágenes para recordar cosas, a menos que quieras demostrar algo a alguien que no estuvo allí para ver." Ladeó la cabeza y frunció el ceño. "¿Tiene sentido?"
"Er, sí, creo que sí."
Se encogió de hombros. "Pero me gustan las fotos."
Recordé las que ella nos había tomado a Edward y a mí en el baile y en la boda. Y en mi desastroso cumpleaños número dieciocho.
"Ahora, mira, ¿dime qué piensas?" señaló una imagen. "No puedo ver lo que usará hasta que te decidas."
Jadeé un poco. Era Edward, vistiendo una camisa blanca suelta de gasa con cuello en v bajo junto con un par de ajustados jeans que se ensanchaban a los pies. Me reí. ¡Así que tuvo gasa después de todo!
Y su cabello estaba diferente. Cepillado hacia adelante, algo más recto, más largo cayendo cerca de su cara y de alguna manera hacía ver sus pómulos más definidos.
Estaba de pie junto a Jasper, quien estaba vestido de manera similar, en el porche de una casa que no reconocí. No estaba sonriendo.
"O este otro." Volteó la página y mi corazón dio un vuelco.
"¿Qué está usando?" Jadeé.
"Es una chaqueta Nehru. Siempre se veía bien con esa."
¿Bien? Él estaba…las palabras me faltaban. Estaba…impresionante.
La chaqueta era larga, hasta mitad de muslo. Su corte recto y estiloso destacaba sus hombros y las perfectas líneas de su cuerpo. La tela se veía de un rico azul profundo y purpura diseño en cachemir. Tenía botones dorados, pero no tenía solapas y el cuello no era plano, si no que se levantaba alrededor de su cuello en una banda estrecha. La usaba con pantalones blancos. De nuevo, su cabello estaba peinado hacia delante, de nuevo, sus pómulos destacaban. Una vez más, no sonreía.
"¿Y?" Alice solicitó.
"Este," dije apuntando a la chaqueta Nehru y Alice asintió.
"Buena elección," dijo y mi mirada se posó en otra foto de la página siguiente.
"¿Qué está pasando aquí, Alice?"
"Oh, esa es de cuando el primer video juego casero salió. Emmett acababa de comprar Space Invaders. ¿Lo conoces?"
"He oído de él."
"Bueno, lo había llevado a casa y le preguntó a Edward si quería jugar con él, a ver quien obtenía el puntaje más alto."
La foto los mostraba en un sofá frente al televisor. Emmett estaba en el borde de su asiento, con la boca y los ojos abiertos en estado de shock, el control a medio caer mientras sus manos estaban agarrando su cabello. Edward estaba de pie en el sofá a su lado. Bien, de pie probablemente no era la palabra adecuada. Edward estaba en medio de un salto en el sofá junto a él, con la mano empuñada, golpeando al aire, el rostro emocionado, claramente riendo a carcajadas. Su otra mano balanceaba el control alrededor de su cabeza, al estilo lazo.
"Edward ganó," Alice dijo, innecesariamente.
"Sí, lo supuse. Es una gran foto." Sonreí.
"¿Quieres una copia?"
Asentí, sonriendo.
Luego el germen de una idea comenzó a crearse en mi mente. Se formó, creció y también lo hizo la sonrisa en mi rostro. Y luego la cabeza de Alice giró hacia mí, con los ojos brillantes.
"¡Es una idea maravillosa, Bella!" movió la boca, apuntando hacia la habitación de Abbey y luego poniendo un dedo en su boca. "Jasper te ayudará." Los exagerados movimientos de sus labios en silencio hicieron las palabras claras. Todavía estaba sonriendo al volver a mirar de nuevo la foto de Edward saltando de un sofá en el año 1978. Sí, era una idea maravillosa – si era posible.
Yo estaba lista. Vestida, con el maquillaje hecho, el cabello peinado hacia atrás. Y estaba usando unas brillantes botas rojas hasta la rodilla. Alice se había ido cinco minutos antes y suspiré al mirar el espejo. En realidad no me veía tan mal. Sólo…diferente. No había visto a Edward aún y me preguntaba cómo se vería en su chaqueta Nehru.
Lo oía dar las instrucciones a Esme mientras salía de nuestra habitación.
"Bella la alimentó hace solo media hora, así que incluso podríamos estar en casa antes de que necesite su próxima comida. Pero aquí está la botella por si acaso."
Esme me sonrió por encima del hombro de Edward al tomar a Abbey, y la botella, de él. Abbey estaba sonriendo y haciendo burbujas. Su mano estaba tomando el cabello de Esme.
"Ella va a estar bien, Edward. Puede quedarse toda la noche, si quieren."
Sabía que él le diría algo en respuesta, pero no lo permití.
"Le gusta jugar antes de dormir," dije y me uní a ellos. Acaricié la mejilla de Abbey y luego la besé.
"Sabrás cuando está cansada, comienza a bostezar y a agitar los brazos," Edward asintió.
"Y comienza a hacer pequeños gruñidos," dije.
"Muy bien, vamos a vigilar por bostezos, agitación y gruñidos. Estoy segura de que lo vamos a conseguir." La sonrisa de Esme era cálida, divertida y no reímos.
"Sé que lo harás," Edward dijo, sonriendo.
"Ahora, voy a llevar a esta jovencita a la casa, Rosalie ya ordenó la antigua habitación para ella y Alice tiene los cuentos elegidos."
Ah, sí, la ultima adición en la casa de los Cullen – una segunda habitación para el bebé. Nuestra antigua habitación tenía su propia cuna y suplemento de juguetes, libros de cuentos, pañales y mudas de ropa, listas y a la espera de una ocasión como esta. "Y Emmett arrendó Mary Poppins."
La sonrisa y el ceño fruncido estaban luchando por su lugar en mi cara.
"¿Él no se da cuenta de que ella es demasiado pequeña para entender las películas, no?"
Edward sonrió. "Lo hace, amor, sólo que con Abbey tiene la escusa para poder cantar junto a Julie Andrews."
"Edward," Esme frunció el ceño pero pude ver la sonrisa curvando sus labios. "Sólo está entusiasmado con ser niñera." Luego su sonrisa apareció completamente y nos sonrió con alegría. "Ya estamos. Ahora vayan y pasen un buen rato."
Los dos nos inclinamos para besar a Abbey y casi nos golpeamos en la cabeza. Gorgoteó, obviamente divertida con nuestras payasadas. Lo intentamos de nuevo, esta vez con éxito, y ella desapareció por la puerta en los amorosos brazos de Esme.
Edward se volvió hacia mí y comprendí que de verdad no nos habíamos mirado. Di un paso atrás para tener una buena vista.
"Wow, Edward…te vez, wow."
Necesitaba un momento para apreciarlo. Síp, guapísimo no lo cubría.
"Yo podría decir lo mismo," dijo y sus ojos me apreciaron al recorrer mi cuero. "Estás usando botas rojas," dijo y se enfoco en mis pies.
"Er, sí," Apunté un dedo del píe.
"Me gustan," y su voz me hizo temblar un poco y erizó mi piel. Lo notó, por supuesto, y ladeo la cabeza con curiosidad.
"Estamos solos," dijo de pronto, bajito.
"Se siente raro, ¿no?"
Sonrió con suavidad. "Sí."
Recordé al instante ese día en Biología, cuando apagaron las luces y vimos una película. La electricidad que fluía entre nosotros, y cómo lo hacía ahora.
Se acercó lentamente y puso sus manos en mis caderas en un movimiento dudoso y vigilado. Se detuvo un momento, sus dedos descansando ligeramente sobre mí, midiendo mi reacción. Todavía estaba, dejando la esquina de mi boca curvarse en un sonrisa, preguntándome a donde iba con esto y enfocándome en el despertar de sensaciones en mi cuerpo. Dio un pequeño paso al mismo tiempo en que me llevaba más cerca por tal vez una pulgada. Ahora tenía una sensación de caliente hormigueo en mi piel y entreabrí la boca al comenzar a respirar más rápido.
Estaba el más pequeño de los espacios entre nosotros y cerré los ojos y sentí los labios de Edward sobre mi…frente.
Abrí los ojos de golpe. ¿Mi frente? El cálido cosquilleo comenzó a desvanecerse, pero me di cuenta de que dejó sus labios sobre mi piel una fracción más de lo normal.
Se alejó lentamente.
"Vamos," sonaba reacio. "Vamos a llegar tarde."
La electricidad estuvo de vuelta cuando nos sentamos, en silencio, en el auto a oscuras. Estaba consciente de que me estaba mirando por el rabillo del ojo mientras yo miraba fijamente hacia delante. A veces, su mirada caía en mis piernas…viendo como le gustaba las botas. Sus dedos se flexionaban sobre el volante y de vez en cuando levantaba la mano, dudaba, y la volvía a bajar, como si no pudiera decidir si tocarme o no. Después de dos o tres intentos fallidos tomó mi mano, llevándola a descansar en la consola entre nosotros. No había nada raro en eso, pero su pulgar estaba acariciando suavemente la parte interna de mi muñeca. No me había tocado ahí por un tiempo y la sensación envió una oleada caliente a través de mi brazo que desembocó en todo mi cuerpo.
Me estaba mordiendo el labio y respirando rápidamente cuando Edward se volvió hacia mí. Tragó al mirarme a los ojos y su voz hizo que mis entrañan se derritieran cuando habló.
"Estamos aquí."
¿Qué?
"¿Qué?"
"Estamos a aquí en la fiesta de Jessica."
"Oh. Oh, claro. Sí."
Mantuvo la mirada un poco más, pareciendo indeciso sobre algo, luego sonrió antes de salir y abrirme la puerta. Me preocupaba cuanto tiempo tendríamos que quedarnos antes de poder irnos sin ser groseros.
La música de Jimi Hendrix estaba fuerte, había lámparas de lava sobre la mesa y el gabinete e incluso tenían pufs.
"Inhala, inhala, exhala," susurró Edward y reí.
Su mano se posó firmemente en la parte baja de mi espalda a medida que avanzábamos a través de la multitud en la gran sala de estar y podía sentir el calor de su toque a pesar de que su mano estuviera fría. Una vez se deslizó poco a poco y muy ligeramente rozando la cueva de mi trasero. Él estaba mirando para otro lado, como si ni siquiera supiera lo que estaba ocurriendo, y por alguna razón lo hizo más excitante.
Jessica se veía más como una gitana que como un hippy. Era toda faldas anchas, cuentas, pulseras y pañuelos.
"¿Te gusta mi símbolo de la paz?" rió, señalando el dibujo en su mejilla.
"Un, sí."
"La fiesta va bien, ¿no?" Burbujeó.
"Groovy," Edward sonrió, ella rió y se fue bailando.
"Es al revés," murmuró al alejarme de la demostración de kung fu a la manera de Eric.
"¿Qué cosa?"
"Su símbolo de la paz."
"¿Qué tiene, entonces?"
"Tiene la insignia de Mercedez Benz en la mejilla."
Simplemente no era mi tipo de fiesta. La música estaba demasiado fuerte como para hablar. El incienso estaba muy potente. Alguien había puesto una película de artes marciales con el volumen bajo y Eric y Tyler estaban copiando los movimientos, haciendo que peleaban entre si y gritaban.
"¿Podemos irnos?" Dije. Habíamos estado allí como una hora.
Estaba frotándome las sienes y Edward asintió, con el rostro ansioso. Me guiaba hacia la puerta cuando Eric dio un salto y aterrizó sobre un puf. Estalló, él tropezó y cayó sobre la mesa de café en medio de una nube de pequeñas bolas de espuma, rompiendo una de las lámparas de lava y una estatua de porcelana de palomas en un árbol de cerezo.
"¡No! ¡Mi mamá ama estas palomas!" Jessica gritó, uniendo las piezas rotas mientras el aceite verde lima goteaba sobre la alfombra crema contigua.
Sollozó a la vez que Eric se disculpaba frenéticamente y Mike tomó un paño desde el sofá y trató de limpiar la lava, pero sólo se untó más. Luego Lauren irrumpió.
"¡Ese es mi poncho!" gritó, agarrando el montón de tela de las manos de Mike y accidentalmente tirar una segunda lámpara de lava. Se estrelló, también, y la alfombra se convirtió en un lienzo de arte sicodélico en lava y las quejas de Jess se hicieron más fuertes.
"Creo que la fiesta terminó, de todas maneras," Edward murmuró al encaminarnos hacia el aire fresco y tranquilo.
"¿Estás bien?"
Asentí, mi cabeza se estaba aclarando. "Creo que sólo fue el ruido y el olor. No soy muy buena para ser una adolescente."
Edward rió entre dientes y alzó las manos desde el volante para acariciar mi cabello.
"Mm, se siente bien."
Podía sentir un suave retorno de la electricidad que hubo antes entre nosotros. Creo que él también. Su mano bajó de mi cabeza para acariciar mi nuca. Suaves caricias, apenas existentes.
Llevé la mano a su muslo, apoyando la palma allí, apretando suavemente.
Su dedo índice comenzó a hacer círculos en mi cuello, yendo por un lado, bajando por el hombro y luego de vuelta otra vez. Hizo el circuito varias veces, y cada vez mi respiración se hacía más rápida, mi corazón latía más rápido, y mi mano le apretaba la pierna más fuerte.
Para el quinto circuito estaba casi jadeando y él me miraba, no al camino. Me sentí valiente y levanté mi mano, moviéndola por su muslo hasta apretar suavemente entre sus piernas.
Sonreí y me mordí el labio, levantando una ceja, esperaba, sugerentemente.
"¿Ahora?" su voz era incrédula y asentí.
El auto estuvo fuera de la carretera y aparcado entre los arboles antes de que hubiera tenido tiempo de pestañear.
Paró el motor y se volvió por lo que estaba enfrentándome, un brazo apoyado en el volante y el otro en su asiento. Mirándome a los ojos.
"¿En serio? ¿Ahora mismo?"
"Sí."
"No quieres…," hizo un gesto vago en dirección a la casa.
Se me quedó mirando.
Y de repente yo me puse tímida. "Pero si tú no quieres…" alejé el rostro e instantáneamente sus dedos bajo mi barbilla lo volvieron para mirarlo.
"¡No! Quiero decir…sí. No, digo…," se detuvo por un segundo y la sorpresa brillante en sus ojos desapareció, mezclándose con deseo. "Te deseo," dijo en voz baja. La sonrisa volvió a mi cara. "Pero no puedo…"
La sonrisa decayó.
"Aquí no, en el auto a un lado de la carretera. Bella, no es lo suficientemente bueno, yo nunca podía tomarte…"
"Está bien, es lo suficientemente bueno, tómame," y me lancé sobre él y uní mis labios a los suyos.
"Pero Bella, es…," su voz fue ahogada por mi boca. "No era así como lo había planeado…iba a haber sábanas de seda y velas." Él no sabía dónde poner las manos, estaba en conflicto, sin saber qué hacer.
"No las necesito," apresuré las palabras. "Te necesito y esta es una experiencia humana y adolescente que quiero. ¿Por favor?"
Me alejé un poco para mirar sus ojos. Estaban muy oscuros, y pude ver la lucha del deseo contra el romanticismo y la caballerosidad. El caballero estaba luchando con el adolescente lleno de lujuria.
Con el solo paso de mi lengua sobre mi labio inferior…y el adolescente ganó. Y luego Edward Cullen gruñó tres palabras que nunca esperé de él.
"Asiento trasero. Ahora."
La necesidad repentina de su voz hizo que me recorriera una ola de calor, pero cuando iba a pasar por encima de los asientos me congelé. Y Edward también.
La silla de Abbey.
Nos miramos uno al otro por un instante y luego Edward desabrochó la silla y la dejó en el asiento del conductor en movimientos tan rápidos que eran un borrón. Me levantó y acostó suavemente sobre el cuero.
Todo era brazos y piernas en el espacio confiando. Mi boca caliente sobre la suya helada. Me golpeé la cabeza contra la puerta dos veces y él me empujaba y deslizaba hacia abajo, dejos de ella.
La chaqueta Nehru se veía bien, pero era una pesadilla para sacarla. Tella rígida, demasiados botones. Después de algunas torpezas de mi parte los largos dedos de Edward tomaron los frontales y los tiró. La tela rota y los botones cayeron.
"Tu chaqueta…," murmuré.
"Nunca me gustó." Y enterró su rostro en mi cuello.
Después se sentó y gemí a la vista de él. Pecho y hombros perfectos, su cuerpo moviéndose por la respiración pesada, ojos oscuros, labios entreabiertos, sentado sobre mí.
Había sido un larguísimo tiempo.
"Te amo, Bella," su voz era áspera, casi ronca.
"Te amo."
Y volvió a bajar, sus labios chocaron contra los míos, y podía sentir lo mucho que me deseaba…y entonces se detuvo.
"¿Qué? No…," ¡No me vengas con todo el Sr. Darcy ahora!
Gimió, no un gemido feliz, y rodó hasta el suelo, sus manos en el cabello, labios entre sus dientes, ojos apretados, casi como si estuviera adolorido.
"¿Edward?"
Sus manos continuaron aferrándose a su cabello pero abrió los ojos y me miró, triste, frustrado.
"Condón," susurró.
"Oh."
Quitó las manos de su cabello y dejó caer la cabeza contra la puerta. Lo golpeó suavemente un par de veces.
"Bien, ¿Qué tan rápido podemos llegar a casa?"
Muy rápido, como vi después.
Fue casi como la noche en que entré en parto. El auto paró en el césped, la hierba y el barro volaron. Yo estaba afuera y en los brazos de Edward a la vez que de una patada cerraba la puerta y se dirigía por entre los árboles a la cabaña.
Dentro me dejó en el dormitorio y no nos movimos, mirándonos uno al otro. De pronto, la frenética urgencia del auto se había ido, pero la electricidad todavía crepitaba entre nosotros, mesclada ahora con anticipación. Y nervios.
"Hola," susurró tímidamente, con la sonrisa torcida en su lugar y haciéndome derretir deliciosa y completamente.
"Hola," susurré de vuelta.
Miró a su alrededor – peluches de juguete sobre la cama y el piso, libros de cuentos en la mesita de noche.
"Todavía no hay velas y sábanas de sedas."
"La próxima vez," susurré.
Silencio.
Su pecho desnudo se expandió al respirar una honda y estabilizante respiración. Tomé un respiro por mi cuenta. Lentamente, cerró la distancia entre nosotros, pasando un dedo muy ligeramente por mi muñeca.
"Te he echado de menos," suspiró. El dedo hizo círculos sobre mi muñeca y subió lentamente por mi brazo. Sus ojos se quedaron en los míos y su toque dejó fuego en mi piel.
"He pensado en esto," dijo en voz baja mientras su dedo se movía a mi hombro.
De repente estaba detrás de mí.
"Sobre nosotros," su dedo tocó la cremallera en la espalda del vestido y me mordí el labio al asentir, sí.
"Sobre nosotros juntos de nuevo." Su dedo trazó la piel de mi espina y bajó la cremallera. Me estremecí y los rectángulos fueron un charco a mis pies.
"Quiero hacerte el amor lentamente, en nuestra cama, Bella." Deslizó el sujetador de mi cuerpo, sus labios besaron y succionaron suavemente en mi hombro y cuello. Cerré los ojos, mi mente se había ido.
"Y en el baño." Se ubicó frente a mí y sobre sus rodillas, besando el suave montículo de mi nuevo estómago, su lengua trazando la nueva geografía de mi ombligo, mientras sus dedos temblorosos resbalaban mis bragas, sobre las botas rojas, y las quitó. Gimió suavemente y el sonido puso fuego en mi pulso. Enredé mis dedos en la seda de su cabello.
"Y afuera de noche, sobre una manta, bajo las estrellas." Chupó en el interior de mi muslo y luego me levantó, doblando mis rodillas. Me llevó hasta la cama y me dejó allí, desnuda pero con las botas, bajo su mirada.
Sonrió y yo reí, un sonido un poco nervioso.
"¿Y en el Volvo?" bromeé.
Sus ojos estaban en los míos, sus manos en su cintura mientras desasía la hebilla del cinturón y lo pasaba por la pretina, tirándolo y dejándolo caer al suelo.
"En el Volvo," asintió, bajando la cremallera del pantalón lentamente y empujando la tela de sus caderas. Cayeron y los pateó.
Jadeé. Habían pasado tres meses. Era como si su belleza me golpeara por primera vez de nuevo y perdí la cabeza.
"De verdad, ¿el Volvo?" Dije ahogada.
Asintió. "Está en la lista, ahora," sonrió.
"Um, ¿qué más está en la lista?"
"Un montón de cosas." No creía que fuera posible, pero sus ojos se oscurecieron aún más y mi aliento se atoró en la garganta.
"¿Dime?"
"Preferiría mostrártelas."
Y luego se subió a la cama, sobre mi cuerpo mientras trazaba las líneas onduladas de mis pechos, mis costillas, mi estómago y más allá. Las caricias de sus dedos, las promesas de su tacto, me hicieron gemir y arquear, mi placer equiparando la necesidad que mostraba en sus ojos.
Se tendió a mi lado y me tomó en sus brazos. Trazó mi boca con sus dedos al hablar y pude sentir el temblor de mis labios contra su piel.
"Esta noche, vamos a comenzar en la habitación, Bella," susurró. "Vamos a conocernos de nuevo." Y luego me besó, profunda y lentamente. Exploró, en la búsqueda de nuevos lugares de placer y sensación en este cuerpo que había cambiado y madurado, sus labios siguieron el patrón de sus dedos, haciéndome jadear, gemir y apretar las sábanas.
En seguida cambió de posición y lo miré.
Abrió los labios un poco y la punta de su lengua sólo tocó su labio inferior. Se estiró hasta la mesita de noche y sacó algo del cajón. Y de improviso, estaba tímido, sosteniendo el pequeño paquete de papel aluminio y reí.
Yo estaba respirando con dificultad al observarlo. Me miró, levantó las cejas y asentí. Comenzó a abrirlo, pero se detuvo. Me miró de nuevo, ahora a través del cabello que caía sobre sus ojos.
"Sé que estas cosas no te parecen muy románticas…," no había atisbo de disculpa en su tono a la vez que levantaba una mano y apartaba los mechones para que así pudiera ver la luz en sus ojos. "Pero pueden haber otras maneras, Bella."
Mi corazón se detuvo y asentí, preguntándome que había planeado. Le moví un poco y me di cuenta de que aún llevaba las botas. Me retorcí, tratando desesperadamente de sacármelas para así poder continuar con el romance, pero su mano en mi muslo me detuvo. Su sonrisa era tímida al mirarme a través de sus pestañas.
"Bella, me pregunto…," pasó saliva. "¿Quieres dejarte puestas las botas por mí, por favor amor?"
Estaba tímida cuando fuimos a la casa a la mañana siguiente. Mi sonrojo estaba en su lugar antes de que incluso pasáramos puerta de enfrente, Edward con un reconfortante brazo rodeándome con fuerza.
"¡Así que cómo les fue en la fiesta niños!" Emmett resonó cuando entramos. Él estaba tendido en el suelo junto a Jasper, construyendo lo que parecía ser una versión Lego de la Aguja Espacial de Seattle.
"Bien," dijo Edward simplemente.
Alice estaba cargando a Abbey, nos dirigimos directamente a ella y la tomé de sus brazos. Edward se inclinó para besarle la frente. La acurruqué, sentí como si hubieran pasado años desde que la había cargado.
"Hola, ¿cómo está mi niña?" Y me dio una pegajosa sonrisa y unió sus manos en la forma torpe en que lo hacía.
Nos sentamos en el sofá. Después de unos mimos se la pasé a Edward que la sentó en sus rodillas, su mano libre sostuvo la mía sobre su muslo.
"¿Cómo estuvo?" Pregunté.
"Estuvo perfecta," Rosalie sonrió.
"Bebió toda su leche, y se comió la mayoría de su puré de calabaza," Alice trató de no poner cara, pero no pudo evitarlo. Abbey había comenzado con los sólidos.
"Y tuvimos cuentos y canciones…," Rosalie agregó.
"Y Mary Poppins," Jasper rió.
"¿Vio algo?" Pregunté, riendo y Edward estaba sonriendo, ya escuchando la respuesta en los pensamientos de alguien.
"No, pero Emmett sí," Jasper continuó.
Emmett le lanzó una pieza de Lego a Jasper, que la atrapó limpiamente.
"Gracias. Estaba buscando esta pieza." Volvió al modelo, cantando bajo el aliento Chim Chimeny.
Emmett frunció el ceño y volvió su atención de nuevo a nosotros. "Así que, ¿qué hicieron ustedes dos?" Movió las cejas y el rubor azotó mi piel, pero yo no lo iba a dejar pasarme por encima.
"Toda la noche, Emmett," le respondí simplemente y eso seguro le quitó el viento a sus velas.
"Oh, está bien." Ahora parecía avergonzado y confundido, y se volvió hacia su Aguja Espacial.
Edward estaba claramente sorprendido, pero estaba sonriéndome.
"¿Quieren ayudarnos?" Jasper preguntó y movió una pieza de Lego en el aire.
"En un rato, quiero decir hola primero," Edward respondió. Tomó la mano de Abbey y señaló cada uno de sus dedos, contando, de uno a cinco. Ella tenía el ceño fruncido, centrada en sus acciones, estudiándolas seriamente al parecer y no pude dejar de reír por su expresión.
"Supongo que Abbey querrá ir a fiestas un día," Alice dijo y todos la miraron.
"Oh, yo…um." Edward se vio confuso por un momento y luego miró a Abbey. Ella dejó ir sus dedos y lo estaba mirando, agarrándole el pelo.
"Creo que llegaremos a un trato para ese tipo de cosas cuando llegue el momento," dijo con cuidado después de un momento. Me miró, inseguro, solicitando mi confirmación y asentí.
Rosalie le dio una sonrisa sorprendentemente cariñosa.
"Supongo que tendrán todo ese tipo de cosas con las que tratar, si quieren que tenga una vida tan normal como sea posible."
Y comencé a reírme ante de la idea de Edward tratando con novios.
"¿Qué?" Me sonrió, curioso.
"Sólo me preguntaba qué haríamos cuando sea adolescente si encontramos a algún chico subiendo por la ventana de su habitación para verla dormir."
La sonrisa desapareció de su rostro y sus ojos se endurecieron con algo que solo pude reconocer como amenaza. Su mandíbula, los planos de su cara, todo tomó esa apariencia que no es de un vampiro, si no de un padre. Y por el repentino silencio en la habitación, miré y vi a Emmett y Jasper con una expresión similar en sus rostros. Rosalie estaba rodando los ojos y Alice estaba sonriendo a la vez que negaba.
Volví a mirar a Edward. Tragó saliva y luego sus ojos se calmaron cuando me miró. Habló, y su tono fue formal y muy correcto.
"Bueno, si él ama a Abbey tanto como yo te amo, entonces no me importaría si la visita. Pero le pediría mantener horas regulares y que entrara por la puerta principal."
Ah, bienvenido a 1918.
Rosalie soltó un bufido, un sonido inusual para ella.
"Seguro, Edward, esa es una respuesta muy buena. Ahora dinos cual realmente fue tu primera reacción."
Bajó los ojos y se veía un poco avergonzado. Se quedó en silencio por un momento y luego se encogió de hombros.
"Sería muy rápido, no sentiría nada."
Levantó la mirada hacia mi rostro conmocionado por entre sus pestañas, pero luego sus ojos se emocionaron con una comprensión repentina. Habló rápidamente.
"Pero tú no lo notarías, oiría sus pensamientos antes de que incluso este cerca de la casa, y mucho menos en su habitación. E incluso si visita correctamente, oiría cada pensamiento, cada idea, cada plan." Tenía un brillo en sus ojos ahora.
"Y yo conocería su estado de ánimo y sus sentimientos," Jasper dijo feroz, sorprendiéndome.
Emmett no dijo nada, pero noté que sus nudillos aparecían en su puño mientras daba su apoyo.
Me incliné y besé a Edward suavemente. Y sentí lastima por el pobre chico que alguna vez se enamore de mi hija.
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Era 20 de Junio…cumpleaños de Edward.
Abbey estaba haciendo sofocados ruiditos en su habitación y Edward se desenroscó de mí alrededor y se fue para traerla. Tan pronto como salió de la habitación, metí la mano en mi mesita de noche y tomé su regalo.
"¿Qué es esto?" Preguntó y la dejó con nosotros, acurrucándola y mirando al álbum de fotos en la cama. El álbum que Renee había hecho. Nuestro álbum de fotos familiar.
"Echa un vistazo." Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido y me miró, con una ceja levantada, curioso. Se arrodilló en la cama y tomé a Abbey en mis brazos.
"Hola," le sonreí y fui recompensada con su sonrisa pegajosa y agitó sus puños emocionados cuando levanté mi camiseta y ella comenzó con avidez su desayudo.
Edward estaba sentado a mi lado, mirando con una sonrisa, con el álbum de fotos en sus manos. Después de un momento su mirada fue del rostro de Abbey al mío. Tenía su media sonrisa y que siempre sería una de las cosas más hermosas en mi mundo. Me besó suavemente, luego abrió el álbum.
"Entonces, ¿qué está pasando con esto?" preguntó, pero no dije nada. En su lugar, esperé.
Dio vuelta la cubierta y luego…se congeló.
Había reorganizado las fotos. Ahora en la primera página había una foto mía de bebé con Renee y Charlie, una de Edward y mía con Abbey, y una foto de Edward…de bebé con sus padres.
Estaba hecho una piedra, una estatua. Luego movió los labios – sólo sus labios. Su voz estaba ronca.
"¿Cómo?"
Pero no respondí su pregunta.
"Sigue adelante. Hay una más."
Volvió la página – sus dedos temblaban y luego sus ojos se abrieron enormes y jadeó suave, pero lo oí.
Edward y su padre en un juego de beisbol. Estaban en las gradas, la boca de Edward estaba abierta, obviamente gritando a algo. Su padre estaba con el mismo rostro feliz, gritando, con su brazo alrededor de los hombros de Edward. Los dos llevaban sombreros – el de Edward era una boina, su padre usaba un Fedora (n/t: Fedora es un sombrero típico de hombre o caballero, como el de Al Capone)
"¿Cómo?" sus labios se movieron, pero esta vez no salió ningún sonido.
"Jasper me ayudó. Pensamos que, aunque los fotógrafos que tomaron fotos a tu familia todavía estaban en el negocio, era poco probable que tuvieran copias. Así que en vez comenzamos con el Chicago Daily News. Solían tener fotógrafos que salían y tomaban fotos a gente haciendo cosas normales y los habrían puesto en el papel"
Asintió.
"Bueno, tienen un enorme archivo de fotos y puedes pedir replicas. Sólo tienes que hacer una búsqueda por nombre. Hicimos la búsqueda y tu nombre apareció. Bueno, el nombre de tu padre."
Estaba paralizado y me quedé en silencio por un momento, dejándolo asimilar. Tomé la pequeña manito de Abbey, la levanté para besarla y observarlo.
"Las fotos tenían títulos en los periódicos, pero los títulos no vienen con las copias." Señalé la imagen. "Esta era de un juego de beisbol en 1911, ¿cierto?"
Asintió ligeramente. "Primer juego de la temporada," dijo bajito. "Tengo el recuerdo del juego, no sabía que había una foto."
Sonreí. "Vimos el título en el archivo en línea, decía…El prominente abogado de la cuidad, Edward Masen, asiste al primer juego de pelota de la temporada con su hijo, Edward Jr," Lo recordé para poder decírselo.
Una pequeña sonrisa tiró de sus labios.
"Y esta otra," volví la página. "Esta es de 1902. Dice…," traté de recordar. "Edward y Elizabeth Masen disfrutan de un picnic de primavera en el parque junto a hijo Edward Jr."
Sus dedos trazaron las imágenes con ternura mientras sonreía.
"Feliz cumpleaños, Edward."
Se movió luego. Su cabeza me buscó y se me quedó mirando.
"Sé que los vampiros no tienen cumpleaños…," me encogí de hombros, dejando la frase inconclusa.
Luego sus ojos adquirieron calidez y su rostro se relajó en una sonrisa.
"Gracias, Bella," dijo en voz baja. Se inclinó y me besó, estiró la mano para tocar mi cara mientras me miraba fijamente a los ojos…y luego su voz se quebró al hablar. "Muchísimas gracias."
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Subrayé la última palabra con un gesto. Había escrito hasta el final de la última línea de la última página. Mi diario estaba lleno y mi próxima entrada sería en hojas sueltas.
Retrocedí por las hojas, buscando entradas al azar.
La sensación de tocar la mejilla de Abbey a la vez que miraba mis ojos, sonriendo…había estado segura de que estaba diciendo te amo.
Edward leyéndole a Abbey. Winnie de Pooh y él había hecho todas las voces, Pooh, Piglet, Cristopher, Robil, Owl. Me gustaba mucho cuando hacía a Eyeore.
Esme y Carlisle jugando a esconderse con su nieta. No estaba segura de quien se había divertido más.
Salpicando agua cuando estaba en su baño. Viéndola pateando con sus piernas el pato de goma y reír cuando dejaba caer agua en su cabello.
Edward tocando guitarra. Haciendo canciones para ellas sobre un ratón en busca de una casa. O mi favorita, el gato que se convirtió en murciélago. A veces él dejaba la guitarra y hacía las acciones. Su gato-murciélago aleteando siempre nos hacía reír.
Y bailar. A veces poníamos música y Edward cargaba a Abbey y bailaba lentamente por la habitación. Luego la bajaba y venía por mí.
"Es el turno de mamá," decía y me llevaba a sus brazos, antes de que tuviera la oportunidad de protestar, y me hacía girar alrededor del lugar. Y Abbey nos miraba, sonriendo.
Abbey viendo un juego de los Mariners con Charlie. Él la tenía en brazos, comentando cada carrera, cada atrapada, cada falta. Ella bostezó y se quedó dormida y la sonrisa de mi padre había sido impecable.
Y el piano. Edward tocando Mozart con Abbey observándolo desde su sillita mecedora. Le había estado explicando las notas, los cambios de ritmo y tuve la sensación de que las clases no comenzarían con Palitos Chinos después de todo.
Mostrarle a Abbey todos los animales ocultos en las paredes de su cuarto. El búho, el ciervo, la rana.
"Pensé que íbamos a dejar que ella los encontrara," le dije a Edward y él me había arrugado la nariz, sonriendo.
"Sólo le doy ventaja," dijo. "Puedo agregar más."
Oí a Abbey revolviéndose después de su siesta así que deslicé el diario de vuelta al cajón del escritorio y fui a verla. Estaba sentada, esperándome y cuando aparecí me sonrió, mostrándome su nuevo diente.
Era nueve de agosto. Ella tenía casi cinco meses y yo estaba casi de veinte.
¡Veinte!
"Hola, Abbey," sonreí, la saqué de la cuna y la abracé. "¿Dormiste bien?" Se acurrucó contra mí y sentí la paz y la alegría que siempre me rodeaba cuando la abrazaba. Besé su cabello. Estaba más grueso ahora.
"Mah," dijo y sonreí.
"Sí, Mami está aquí."
"Pah,"
"Papi está cazando. Estará pronto en casa. Pero pensé que podríamos ir a visitar al abuelo Charlie y darle una sorpresa, ¿qué te parece? Hoy llega su nueva pantalla plana, podría dejarnos verla."
Ella sonrió y babeó, lo tomé como un sí.
Me volví para sacarla de la habitación cuando algo llamó mi atención. Edward había añadido algo. Algo pequeño. Llegué hasta el lugar para ver de más cerca y sonreí cuando vi lo que era. En uno de los troncos de árboles, como su hubiera sido tallado en la corteza, habían cuatro palabras.
Edward
ama a
Bella
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La camioneta de Sue estaba estacionada frente a la casa de Charlie. La puerta de enfrente estaba abierta y podía oír la voz de mi papá desde el interior.
"¡Cuidado con la pintura!"
Crucé la entrada y entre a la sala.
"Hola papá, ¿qué está pasando?"
"Ah, ¡mis niñas!" Sacó a Abbey de mis brazos. "Hola," dijo y besó su mejilla. Aplaudió y sonrió. "¡Hey tiene un diente!"
"Sí, lo tiene." No más amamantarla ahora. La combinación de veneno y dientes lo hizo muy arriesgado. Ya había sido mordida una vez.
"Entonces, ¿qué está pasando aquí? ¿Dónde está la pantalla plana nueva?"
Charlie señaló una caja apoyada contra la pared. "Billy está llevándose la vieja."
"Oh, buena idea."
Me adelanté un paso en la entrada a la sala de estar. La vieja pantalla estaba en la mitad de la pared. Por detrás, una gran mano estaba curvada sobre el borde superior, sosteniéndola todavía. Un par de familiares piernas aparecieron por debajo, apoyando el peso. ¡Jake!
"Sí," dijo Charlie, comenzando a seguirme. "Jake y Zeke la están sacando, sin dañar mi puntura," y aunque la ultima parte la dijo en voz alta, yo estaba concentrada en la primera parte.
"¿Zeke?"
"Sí. Acaba de salir para buscar unas herramientas en el cobertizo."
"Creo que mejor me voy, papá." Fui a tomar a Abbey, justo cuando Jake levantó la vista de detrás de la pantalla.
"¡Bells!" estaba sorprendido y no feliz de verme, eso estaba claro. Y luego Sue llegó de la cocina, con los ojos muy abiertos y el rostro nervioso cuando me vio.
"Lo sé, me voy," murmuré, asintiendo hacia ella, pero mis ojos se fijaron más allá de ella, a la puerta trasera abierta.
"Acabas de llegar," Charlie alejó a Abbey de mi alcance, con el ceño fruncido, decepcionado.
"Papá, tengo que irme." Mi tono fue fuerte a la vez que trataba de llegar a la puerta de enfrente, llevando a Charlie conmigo y tirando a Abbey de sus brazos.
Era consciente de que Jake se estaba moviendo con nosotros, Sue también, Charlie todavía tenía un férreo control en Abbey y yo estaba tratando de no hacerlo sospechar.
"Papá, por favor, yo…,"
Y de pronto una enorme sombra apareció en la sala. Zeke estaba de pie en la puerta principal.
"No tenías el desatornillador del tamaño adecuado, así que tomé este de la camioneta."
Fácilmente igual de grande que Jake, estaba ya comenzando a temblar teniendo los ojos fijos en Abbey, quien estaba empezando a inquietarse y gimotear en los brazos de Charlie. Pude ver a Zeke tratando desesperadamente de controlarse, pero no estaba funcionando. Me puse frente a Charlie y Abbey, gritándole a mi papá que corriera con ella, a la vez que Jake salía disparado hacia delante, intentando ponerse entre Zeke y yo.
Él lo hizo sólo con un segundo de retraso.
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Hooola! ¿alguien por ahí? Muy bien, respiren profundamente, inhalen, exhalen, lo están haciendo muy bien…Ok, ¿Qué les pareció el cap? ¿Eterno, demasiado tierno, lleno de detalles, cómico…? Tiene un montón de cositas lindas, y para reírse (Edward comprando condones o como un hormonal sufriendo por no tenerlos a la mano jeje). Y ahora este final de cap que nos deja en el con la incertidumbre del desenlace…ya lo verán en el próximo.
Ahora viene la disculpa…Como leyeron el cap es muy extenso (21 mil palabras) y además con varias palabras complejas de bebés y moda que ni conocía. Además, volví a clases, trabajo, cosas extras por hacer me han quitado un poco el tiempo. Pero me entienden, ¿cierto? Cada vez que demore más de un mes en actualizar, pondré una nota en mi perfil dando las explicaciones, para que se pasen por ahí si creen que la he abandonado jejeje. Para el próximo creo que también me retrasaré un poco, me voy de viaje a otro país del continente por lo que ni miraré el pc en ese tiempo. Tal vez me dé una vueltecita por Isla Esme.
Recomendación: Decisiones Incorrectas, por betzacosta. Supongo que muchos la conocen y la han leído, pero sí de todas formas hay alguien que no, pues vaya, no se lo pierda. Bella es una estudiante de artes que está (o cree estar) enamorada del esposo de su prima, su única familia y apoyo. Conoce a Edward, medio hermano de su amor, él se compromete a ayudarla y le proponer que viva con él. Pasa el tiempo y la intimidad da sus frutos. Ya el resto lo leen ustedes. La cosa es que Bella es muuuy indecisa y trata de no hacerle daño a nadie, pero en esos intentos se daña a sí misma y las pocas personas que tiene cerca. A pesar de que muchos aman a este Edward, a mí, en lo personal, me deja un poco contrariada, tal vez es el OoC, pero no invalida la historia, al final es una percepción personal. La primera parte ha terminado, pero la autora promete la continuación, por el mismo link, dentro de unas semanas.
Muchísimas gracias por sus rws, alerts y favs, a quienes preguntaban por mi tardanza y leyeron The Vow (OS traducción). Besos y cariños para todos ustedes.
Muy bien, este cap da inicio a la recta final, quedan dos cap más de fic, y dos cap POV Edward con su visión. Ténganme un poquito de paciencia y disfruten. Y por favor obvien todos los numerosos errores que puedan hayar.
Cariños :)
