Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.
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"Sólo contén la respiración, amor."
Bajamos las escaleras de la casa de Charlie en procesión, Emmett y Jasper al frente, Carlisle y Alice detrás. Los brazos de Edward estaban firmemente sujetos a mi cintura y sabía que si me hubiera sostenido de esa manera hace tres días, me hubiera aplastado. Él estaba ansioso por sacarme de la casa y llevarme a la profundidad del bosque, lejos. Todos querían.
La pequeña cantidad de sangre que Edward me había dado cuando terminé mi transformación había disminuido el ardor en mi garganta, pero no sería suficiente como para mantenerme satisfecha por mucho tiempo.
El ardor era casi más que un cosquilleo ahora, pero el olor de Charlie sería más fuerte en el resto de la casa y Edward estaba preocupado porque podría ser suficiente para gatillar en mi un frenesí por el placer de la sangre. Había estado conteniendo la respiración desde que salí de mi habitación.
Mi mente había captado muchas cosas desde el momento en que Edward abrió la puerta del cuarto. Tan pronto como vi a los vampiros agrupados abajo cerca del baño, reaccioné, tensándome, el instinto me decía que ellos probablemente eran depredadores poderosos, potenciales competidores por la comida y el territorio. El paso de un segundo me tomó para decidir, que a pesar de que Emmett era el más grande y fuerte, Jasper era la amenaza más grande – sus muchas cicatrices de batalla, visibles a mis nuevos ojos, daban testimonio de su capacidad de lucha. Carlisle era claramente el líder, y muy fuerte, y Alice era rápida, fuerte y cautelosa.
Sin embrago, aunque mis instintos vampíricos me decían que tuviera cuidado, mis instintos humanos hicieron caso omiso de eso, y en tan solo un segundo más me calmé y le sonreí a mi familia, sabiendo que me amaban tanto como yo a ellos.
Nos movíamos rápidamente y aunque podía ver la curiosidad entre los ojos de todos había una conversación.
Carlisle sonriendo, diciéndome hola y que le gustaría hablar más tarde, cuando estuviera lista. Emmett sonreía y decía "¡Vaya, mírate!" y Alice molestó a su hermanos por no hacerme cambiar de ropa antes de salir de la habitación.
"Sinceramente, Edward. ¡Ella prácticamente está usando trapos!"
"A los leones de montaña no les importa, Alice."
Y allí estaba Jasper, quien me miraba con cuidado, evaluando mi estado de ánimo y sentimientos. Su experiencia con neófitos le hacía saber mejor que esperar de mí, pero él estaba claramente confundido.
"Ella parece estar muy…entera." Frunció el ceño y sonaba casi sospechoso mientras bajaba las escaleras para poder vigilar. "Debería estar mucho más errática y nerviosa que esto, incluso con la sangre que ya ha bebido."
Su comentario me molestó y él respondió inmediatamente a esa emoción. Rápidamente se inclinó en cuclillas, sus ojos oscureciéndose a medida que sacaba a Alice de detrás mí, obviamente midiendo el riesgo para ella. Emmett lo miró, viendo confusamente de Jasper a Edward y a mí.
Edward rodó los ojos, claramente leyendo los pensamientos de Jasper.
"Sí ella está molesta es probablemente es porque estás hablando de ella como si no estuviera aquí," dijo. Mi molestia desapareció y una sonrisa de labios cerrados apareció en mi cara a la vez que Jasper se enderezaba.
"Lo siento," murmuró, frunciendo el ceño.
A medida que avanzábamos por la casa comencé a empaparme los de recuerdos de las visitas de mi infancia y de los últimos dos años. Estas eran las escaleras en las que Edward me besó esa primera mañana. Ya abajo fuimos hasta la sala donde Zeke me había atacado. La ira brotó en mí, Jasper adoptó una nueva postura de defensa y Edward le hizo una seña, entendiendo exactamente lo que estaba sintiendo.
"Probablemente estás sintiendo los mismos de mi parte, también, justo ahora," murmuró sombríamente y Jasper sonrió como disculpa. Y luego noté que todo el daño se había ido, en la entrada y la sala, viéndose como si nada hubiera pasado.
"Esme reparó todo," explicó Edward, leyendo mi rostro. "Y ordenamos una pantalla plana nueva. Charlie puede volver en cuanto esté listo."
En la cocina mi ánimo se aligeró. Ahí fue cuando Edward y yo caímos sobre la espuma de jabón y sentimos a nuestro bebé moverse por primera vez – y Charlie supo que estaba embarazada. Solté una rápida risa con la boca cerrada por el recuerdo, pero sonó casi como un gruñido y todo mundo se congeló. Incluso Edward.
Abrí los ojos a lo ancho en una obvia expresión de ¿Qué? a la vez que ellos me miraban primero y luego a Jasper.
"Er, ella está bien. Está…¿feliz?" dijo con vacilación.
Asentí y el brazo de Edward se apretó a mí alrededor mientras dejaba salir un suspiro lento.
Y mientras todo esto estaba pasando también sabía que al lado estaban pasando un partido de futbol por televisión, un teléfono estaba sonando al cruzar la calle y que alguien estaba tocando Smoke on the Water – muy mal - en saxofón.
Nos quedamos amontonados en la puerta trasera. Todavía no había tomado aliento y no me molestaba sentirme vulnerable sin el sentido del olfato.
Edward se volvió hacia a mí, sus manso ligeramente apoyadas en mis caderas.
"Alice, ¿puedes salir a la calle y chequear, por favor?" Jasper pidió bajito y ella asintió, sonriéndome y deslizándose frente a nosotros.
"¡No puedo ver ningún problema, así que diviértete, Bella!" Me dio un guiño mientras se movía rápidamente por la sala. Un segundo después oí la puerta abrirse y cerrarse.
Podía sentir la ansiedad de Edward mientras veía mis ojos. Estaba nervioso, preocupado. Sus dedos aún estaban sobre mis caderas, apretándolos y soltándolos una y otra vez y no pensaba que fuera consciente de lo que estaba haciendo. Luego alzó una mano e hizo un lío total en su cabello, tirándolo, apretándolo en un puño. La acción era a la vez familiar y adorable, y una sorprendente sonrisa revoloteó en mis labios mientras él fijaba sus ojos en los míos.
"Bella, amor, vamos a abrir la puerta. La sangre que tomaste ya no será suficiente para mantenerte controlada si nos encontramos con una humano afuera, así que es importante que escuches lo que te digo ahora."
Arqueó las cejas, preguntando si entendía, y asentí. Su ansiedad comenzaba a alcanzarme – sólo un poco. Comencé a sentirme un poco nerviosa y por primera vez me di cuenta de que no tenía rítmicos golpes en mi pecho.
"Lo estás haciendo muy bien hasta ahora, mejor de lo que cualquiera hubiera esperado. Pero necesito que sigas conteniendo la respiración. No respires hasta que te lo diga." Sus dedos tocaron los míos. "Tomaré tu mano y vamos a correr en línea recta por el patio hacia los árboles y vamos a seguir corriendo hasta que estemos a una distancia segura. Profundizaremos en el Parque y podrás alimentarte correctamente." Hizo una pausa, exhaló, y pasó una mano sobre su cabello de nuevo. "Y después de eso, podemos ver a Abbey." Tomó mi mano con más fuerza y sentí mi cara estirarse en una sonrisa. Me devolvió la sonrisa. "¿Estás lista?"
Asentí.
Alice apareció en la ventana de la puerta, asintiendo y dándonos una señal con el pulgar hacia arriba. Emmett abrió la puerta y Jasper y él salieron al patio primero, continuando con su rol de guardias, presumiblemente para proteger a los inocentes vecinos de Charlie que eligieran vagar en el momento equivocado. Era divertido, como estar en una película de espías, con una misión secreta y una identidad secreta. Edward se veía gracioso, desconcertado ante la expresión de mi rostro pero sonreí y sacudí la cabeza. Después, traté de decirle con mis ojos. Él asintió, entendiendo, y luego salimos al patio.
El clima estaba nublado y húmedo. Me había acostumbrado en la casa pero ahora, afuera, un nuevo conjunto de sensaciones me abrumaron. El aire húmedo sobre la piel, los diferentes grados de color en la hierba, las hojas, las nubes – tonos que no sabía que existían. Y también, en muchos sentidos. Mi cabeza estaba yendo de un lado y otro, no sabía donde enfocar mi atención.
"Vamos, amor." Edward tiró de mí con urgencia. "¡Corre!"
Mis piernas supieron que hacer conmigo sin siquiera pensar en ello. Nunca había conocido tal velocidad, excepto en la espalda de Edward, y en esas veces comúnmente había cerrado los ojos y el peso del viento había sido roto por su cuerpo. Pero ahora, era yo.
Y yo era tan elegante. Estaba saltando sobre troncos y rocas, encantada con la manera en los podía desviar y saltar. Se sentía más como deslizarse que correr y la sensación era excitante, emocionante mientras esquivaba y zigzagueaba entre los árboles. Y aunque sabía que para los ojos humanos todo habría sido un borrón de marrón y verde, mis ojos vieron cada hoja, cada nudo en la madera.
En no mucho tiempo llegamos al Parque, cubriendo la distancia en cosas de minutos. Edward me observaba, no hacia donde él iba, pero eso estaba bien, podía entender como eso era posible. Íbamos hacia el oeste, podría decir, pero de pronto cambiamos de dirección, hacia el norte, en su lugar. Todavía tenía cogida mi mano y sus ojos eran cautelosos, como si quisiera relajarse y disfrutar de esto también, pero aún no estaba seguro de estarlo.
Pero yo lo estaba. Lo estaba disfrutando mucho. Estaba corriendo con Edward, realmente corriendo. Era increíble y me di cuenta de que me sentía cómoda con mi cuerpo, como si trabajara conmigo, no contra mí.
Una burbuja de alegría creció dentro de mí y yo estaba sonriendo, dejando que la sonrisa se convirtiera en una carcajada, y entonces reí.
"¡No, Bella!"
El agarre de Edward pasó a mi muñeca, tirándome y apretándome fuerte, mientras su otra mano tapaba firmemente mi nariz y boca. Peor fue demasiado tarde. Y los había olido.
Con la carcajada había tomado aire. Con el aire había recogido aromas. Con los aromas había sentido musgo, madera, hierba…y humanos.
Gruñí mientras me sacudía de Edward y mi cabeza giraba alrededor, tratando de encontrar la fuente. Y luego me liberé, volviendo por el camino en que habíamos venido, y luego cambiando de dirección bruscamente, hacia el este, mientras seguía el olor.
Me impulsaba entre los árboles, desesperada por llegar a la fuente de ese aroma. El veneno estaba fluyendo, mis dientes chasqueaban, quería…no, necesitaba esa sangre. Podía escuchar sus débiles latidos ahora y sabía que estaban a media milla de distancia. Eran tres, probablemente excursionistas. Incluso sabía que eran dos hombres y una mujer. Me gustaría estar allí en cosa de segundos y que mis labios pudieran probar ese dulce néctar.
Yo era rápida…pero Edward era más rápido. Gruñí por encima de mi hombro al avistarlo, mientras se me acercaba. Zigzagueé tratando de poner más distancia entre nosotros, pero era demasiado rápido, demasiado experimentado para eso. Sus poderosos brazos me tomaron por las caderas a la vez que me tiraba al suelo.
Peleamos en la tierra dura, dejando un profundo surco en el suelo, enviando terrones de tierra en todas direcciones hasta que nuestros cuerpos se detuvieron.
Pero tan rápido como era Edward, yo era más fuerte. Muy fuerte. Me tomó sólo un mínimo movimiento de mis piernas y lo había alejado, tumbándolo en el suelo para comenzar a correr de nuevo. Apenas un segundo después me atrapó de nuevo, todo el largo de su cuerpo cubrió le mío esta vez, dejándome en el suelo, con sus duras manos en mis muñecas.
"¡Bella, no! ¡NO!"
Su voz.
La voz.
La voz que me ayudó a pasar a través del infierno de mi transformación.
Me había salvado entonces.
Me estaba salvado ahora.
Me detuve. No estaba segura de cómo lo hice y estaba temblando violentamente por el esfuerzo, gruñendo y sacudiendo la cabeza como un animal adolorido mientras las dos caras de mi naturaleza luchaban. Sabía que con otro simple movimiento estaría fuera de su alcance y de camino a la sangre que me estaba llamando.
Pero no lo hice.
En vez, dejé de respirar.
Con la escancia humana cortada era paz de pensar y sentir, con mayor claridad – y lo que sentía era miedo y vergüenza.
Dejé que Edward me levantara. Mis ojos iban rápidamente a los suyos y luego cayeron de nuevo al ver la mirada de pura sorpresa en su rostro. Me tomó de la muñeca y salió corriendo, arrastrándome lejos, dentro del bosque y mantuve los ojos bajos. Una vez que su sorpresa hubiera desaparecido no quería ver la decepción que, estaba segura, sustituiría.
Casi había matado a un humano, a tres de ellos, y cuando finalmente nos detuvimos, tal vez a cincuenta kilómetros de distancia, todavía no podía enfrentar la cara de Edward. Tomé una respiración tentativa, luego otra, más profunda cuando me di cuenta de que el aire era puro.
"Bella, tú…,"
Le di la espalda y me alejé de él, no quería que me mirara. No quería ver o escuchar su decepción.
"Amor, por favor…,"
Me doblé, abrazándome, la sorpresa de lo que estuve cerca de hacer me golpeó duro. Mis palabras salieron apuradas, salpicadas de jadeos y sollozos secos al hablar contra el suelo.
"Yo quería matarlos. Era…todo en lo que podía pensar," jadeé desesperada y levanté la cabeza. Mi estomago estaba apretado, quería vomitar y estaba temblando de nuevo. "Y yo…te gruñí, y te…pateé…no puedo creer que haya hecho eso…yo…¿qué…me pasó?"
Le di una rápida mirada. Su expresión cambió, luchando entre diferentes emociones y no lo pude leer. Miré de nuevo, jadeando todavía. Dio un paso tentativo más cerca y habló con suavidad.
"Lo que pasa es que…eres un vampiro."
"Soy un MONSTRUO."
Edward se quedó inmóvil, con el rostro distorsionado en muchos niveles de dolor al gritarle. Me alejé, todavía jadeando, llorando y ahogándome. Podía verlo en la periferia de mi visión. Rápidamente calmó su expresión y su garganta se movió al tragar duro. Sus manos se abrían y cerraban a sus costados.
"Bella, no eres un monstruo." Habló con firmeza. "Tú…nosotros no somos monstruos." Y a pesar de mi angustia, noté la importancia de lo que acababa de decir. Mis jadeos se calmaron a pequeñas respiraciones.
"Lo que sentiste, lo que hiciste es natural. Pero eso no te hace un monstruo."
"¡Pero tú no lo haces! ¡Tu familia no lo hace!" Todo mi cuerpo temblaba y tomó otro paso cauteloso hacia mí.
"Hemos tenido mucho años de práctica, amor. Pero lo hemos hecho, sabes eso"
Otro paso más cerca. "Pero lo que no podemos hacer, es lo que tú hiciste hace poco, Bella."
Lo miré, y su expresión me sorprendió.
Sonreía ahora, los ojos llenos de admiración y asombro.
Y yo estaba confundida.
"Bella, ¡te detuviste!"
¿Qué? Fruncí el ceño a la vez que sus palabras salían rápidas y emocionadas de sus labios, empujando su cabello hacia atrás con ambas manos.
"¡Bella, eres increíble! No tengo idea de cómo te detuviste de esa manera. No lo sé en absoluto."
"¡Pero no me detuve!" Solté. "Tan pronto como lo olí no pude detenerme. Incluso ahora cuando pienso en eso me arde la garganta otra vez." Hice una pausa y me mordí el labio, mis manos trazaban la suave piel de mi garganta. "Todavía los quiero, ahora."
Él estaba tan cerca ahora como para tocarme. Alargó una mano vacilante, poniéndola en mi brazo cuando pudo ver que no me opondría. Sus dedos se movieron suavemente hasta rodear mi muñeca.
"Eso es natural. Es parte de lo que somos, pero…te detuviste."
Seguía diciendo eso.
"Solo porque me atrapaste." Me alejé, torciendo mi mano fuera de su agarre, y bajé la cabeza otra vez.
Se movió hasta que estuvo frente a mí y dobló las rodillas para dejar nuestros rostros al mismo nivel. Alejé la mía aún más. No podía mirarlo.
Muy lentamente sus manos tocaron mi barbilla y con una suave presión volvió mi rostro de nuevo al suyo. Aún estaba sonriendo, con dulces ojos. Dejó caer los dedos de mi barbilla y puso las manos en mis brazos. Lo dejé.
"Amor, tienes dos horas de vida. ¡Dos horas! Hay una buena probabilidad de que justo ahora seas la persona más fuerte del planeta y yo sabía tan pronto como te atrapé que cualquier intento de retención sería inútil a menos que tú quisieras detenerte." Se veía emocionado otra vez, sus ojos brillaban, sonriendo. "Y lo hiciste. Dejaste respirar y dejaste que te arrastrara lejos."
No sabía que decir. Parecía tan contento de tener que hacerle frente a su esposa y de arrastrarla por entre los árboles para evitar que matara a humanos inocentes. Negué con la cabeza.
"Pero fue sólo por tu voz, Edward. Oír tu voz me hizo parar y…por un segundo me hizo pensar en quien era, no en lo que era. Pero si no hubiera escuchado tu voz…" Me estremecí y alejé la mirada otra vez mientras otro horrible pensamiento se me ocurría. "¿Qué pasaba si era gente a la que conocía? ¿Y sí era…no sé…?" Busqué en mis erráticas memorias. "¿Jess? ¡O Mike!" Pensé en que ellos iban de excursión a veces.
Edward rió entre dientes, incorporándose. Se acercó tímidamente y me atrajo suavemente hacia él, envolviendo sus brazos a mí alrededor y frotando suavemente mi espalda mientras apoyaba mi cara en su pecho.
"Bella, Alice se vestiría en Wal-Mart antes de que Jessica salga de excursión, y si fuera Mike, bueno…" Se encogió de hombros. "Podría haberte dejado tener un humano."
Jadeé, alejándome de él. "¡Edward!"
"¡Ves, la idea te es repulsiva ahora!" Sonrió, pero fruncí el ceño cuando él se puso más serio. "Bella, si realmente los hubieses querido, mi voz no habría sido suficiente para detenerte."
Estaba a punto de discutir con él, pero de verdad, no tenía argumento. Así que en vez me quedé en silencio, absorbiéndolo todo. No podía negar el hecho de que había pasado – me había detenido.
"Entonces, ¿lo estoy haciendo bien, no?"
Rió y pareció aliviado y feliz. "Lo estás haciendo increíblemente bien, amor. No me esperaba que fuese así por…meses." Sonrió. "Pero tú nunca has hecho lo que yo espero."
Una sonrisa pequeña tiró de mi boca y justo cuando estaba a punto de hablar un nuevo aroma flotó en el aire.
Nuestras cabezas giraron hacia el norte.
"¿Hueles eso?" preguntó, con ojos brillantes y asentí. Era un rico olor almizclado, y el veneno comenzó a llenar mi boca. No era humano, pero era bueno.
"León de montaña," dijo.
Me sorprendió, ¿de verdad habíamos corrido tan lejos? Sabía que él normalmente necesitaba viajar más lejos por su comida favorita.
"¿Dónde estamos?" Miré a mí alrededor por una pista. Sabía exactamente en qué dirección habíamos venido, pero no estaba segura de donde estábamos.
"Canadá no está muy lejos," y sonrió por mi sorpresa. Luego sus ojos se volvieron muy suaves y cálidos. Me tendió una mano, y ladeó la cabeza a un lado.
"Bella, ¿puedo llevarte a cenar?"
El león de montaña estaba junto a un arroyo. Nos percibió antes de que nos viera y dio media vuelta, huyendo, raspando el suelo del bosque al buscar escapar de un depredador más fuerte y peligroso.
"Lo atraparás," Edward dijo con calma. "Sólo cierra los ojos, deja que tu instinto se haga cargo, amor."
Hice lo que me dijo y de pronto estaba corriendo de nuevo, persiguiéndolo. El veneno fluía y Edward corría conmigo, quedándose un poco atrás. No pasó mucho tiempo del todo hasta que tenía el animal a mi alcance y lo empujé a la tierra, lo agarré por el cuello, poniéndolo bajo mi cuerpo. Lo tomé por debajo y su mandíbula se rompió y tuve algo de pánico mientras pateaba y sacaba las garras.
Yo estaba gruñendo y podía oír el latido de la sangre por sus venas, su violento palpitar al bombear casi tan fuerte de lo que era capaz. La podía ver pulsando bajo la piel. Me retorcí hasta que estuve en una mejor posición, casi acostada a su lado, y comencé a bajar la boca. Sus patas delanteras las tenía bajo control, inmovilizadas bajo mí abrazo, pero sus garras traseras arañaban inútilmente mi piel, deslizándose sin encontrar resistencia, mientras golpeaba, empujaba y pautaba mi cuerpo a la vez que gruñía. Apenas lo notaba.
Edward se acercó y levanté la cabeza. Algo de instinto me dijo que me cuidara de él, pero me contuve – era Edward, lo que me significaba ningún daño. Sus ojos eran cautelosos al mirar los míos y se inclinó para agarrar las patas traseras del león, evitando que me envistieran. Volví a mirar a mi presa, bajé el rostro de nuevo hasta el punto palpitante bajo su piel…y mordí.
La sangré entró en mi boca a borbotones, sorprendiéndome, y escupí un poco antes de que el impulso inicial se suavizara y luego succioné, empujando el líquido dentro de mi boca.
Era mejor que la sangre que había tomado en la casa. Esta era más rica, más dulce y caliente y el ardor en mi garganta ya era suave. El animal se calmó rápidamente, Edward soltó sus patas y se alejó.
Bebí con dificultad, disfrutando del calor de la sangre llenando mi vientre. Después de unos pocos minutos el flujo disminuyó y tuve que succionar más fuerte para llevar la sangre hasta mi boca. Pero los músculos de mi cuello y mandíbula eran fuertes, y aunque sabía que estaba haciendo un esfuerzo mayor, no lo sentía de esa manera. El fluido se redujo al mínimo y el animal luego estuvo vacío. Lo empujé, sintiéndome algo satisfecha, pero no completamente aún.
"¿Cómo lo hice?" Pasé el dorso de mi mano por la boca. Edward estaba apoyado contra un árbol, con las manos en los bolsillos, mirándome de cerca.
"Lo hiciste muy bien," dijo, empujándose del tronco y viniendo más cerca. Noté que tenía los ojos oscuros. "¿Cómo sabe?"
"Bien. Mejor que el ciervo que tomé donde Charlie."
Asintió. "Es un carnívoro, siempre saben mejor." Se agachó junto a mí y sacó algo de cabello de mi rostro, sonriendo. Luego tomó mi mano, mirando los rastros de sangre en mi piel de cuando me limpié la boca.
Levantó la mano, pensé qué tal vez para besarla, pero en vez observó mi cara intensamente a la vez que abría los labios y pasaba la lengua lentamente sobre mi piel, lamiendo la sangre. Mis ojos se volvieron casi tan negros como los suyos, y si mi corazón estuviera vivo habría estado latiendo con fuerza. En su lugar, una energía zumbaba a través de mi cuerpo, haciéndolo cosquillear.
"Um, um, ¿Qué te pareció a ti?" Tragué fuerte. "¿Debí haber compartido?" No conocía la etiqueta, tal vez eso era lo que su acción estaba tratando de decirme. ¿Era dejarme todo el león de montaña para mí como aparar toda la comida de un buffet?
"No, normalmente no compartimos." Bajó la cabeza hasta mi mano de nuevo y esta vez la besó, sonriendo mientras lo hacía.
Y luego, un aroma fresco flotaba a nuestro alrededor.
"Más adentro hay más, ¿puedes olerlos?"
Asentí. Sonrió y se levantó, llevándome con él.
"Vamos, has esperado mucho tiempo para ver esto."
La anticipación de ver a Edward cazar era exitante. En realidad verlo a él hacerlo lo hacía increíble. Mis dedos excavaban profundamente en la tierra mientras me sentaba en una roca, mirando con asombro.
Él era tan elegante, como un bailarín. Levantó sin esfuerzo al león, abrazándolo por el cuello y lo llevó a tierra en movimientos ágiles y fluidos. El león se removió en la tierra, con las piernas dobladas bajo él, y Edward lo rodó a un costado, dándose a si mismo mayor acceso al cuello. Y si bien parte de mi cerebro estaba registrando toda la emoción y la belleza de sus movimientos, otra parte hacía un cuidadoso estudio de lo que hacía.
Gruñía mientras se arrodillaba, con una pierna estirada, sosteniendo las piernas traseras de su presa. Un brazo estaba alrededor de los hombros mientras el otro alejaba la cabeza de él, estirando el cuello, exhibiendo la palpitante arteria bajo la piel. El veneno llenaba mi boca y me di cuenta de que me lamía los labios. Una ola de calor me recorrió mientras Edward dejaba sus ojos en mí por sobre el cuerpo del animal y sus labios se curvaron, revelando una boca llena de dientes blancos y brillantes de veneno. Luego cerró los ojos y bajó la cabeza, rápidamente. El animal chilló, se resistió y estremeció, hasta quedar quieto mientras la boca de Edward presionaba firmemente sobre su garganta.
Los tendones del cuello de Edward fueron visibles, por el esfuerzo, sus hombros se movían rítmicamente y podía ver los poderosos músculos de su garganta tensar y soltar a la vez que chupaba, extrayendo sangre a través de sus labios, los que se movían a un ritmo regular contra el cuello del animal.
Él fue más silencioso que yo, y más rápido.
Un momento después se alejó y empujó el cadáver lejos. Su cara estaba limpia, sus manos también, se pudo de pie y vino a mía, sacudiéndose la suciedad de los pantalones.
"Eso fue increíble," dije y él sonrió.
"Gracias."
"Debo recordar eso con las piernas, para mantenerlo quieto."
"Ayuda."
Estaba a punto de decir algo, pero un olor nuevo, diferente, suave y delicado se enroscó en el aire.
"¿Qué es?"
"Venado, ¿estás llena?"
Negué y Edward me tendió la mano.
"Entonces, vamos por el postre."
Estuve finalmente satisfecha al empujar al tercer venado. Me levanté y me miré, cubierta de sangre, con la ropa desgarrada, realmente se veían como trapos ahora, y me pasé el dorso de la mano por la cara de nuevo.
"Soy un comedor sucio," dije, ofreciendo una débil sonrisa mientras Edward se acercaba, apenas con una arruga en su camisa.
Se sentó en el suelo con la espalda apoyada contra un árbol. Me paré, frente a él, pero mis ojos estaban en todas partes, lanzando miradas rápidas a las copas por encima de nosotros, a través de los árboles más lejanos, escuchando cada sonido, tomando cada olor, viendo cada destello de movimiento. Sabía que mi cabeza estaba yendo de un lado a otro mientras registraba cada nuevo estímulo, evaluando cada potencial amenaza.
"Soy la cosa más peligrosa aquí, ¿cierto?" No estaba segura de como eso me hacía sentir.
"Lo eres, sí."
"Incuso más que tú."
Estiró una mano para tomar la mía, tiradora suavemente.
"¿Siéntate conmigo?"
Con su toque mi nerviosismo se esfumó y me senté junto a él en un fuerte y busco movimiento. Sonrió e indicó su regazo con la cabeza. Sonreí de vuelta y me tendí acomodando mi cabeza en él. Me sentí más tranquila allí y sonreí de nuevo mientras trataba de quitar la basura restante de mi ropa. No quería dejarlo a él más sucio.
"Todos somos desprolijos al principio," dijo. "Serás más ordenada, pero para una primera comida, lo hiciste bien."
Bufé. "Sí, mírame." Ropa hecha jirones, el cabello una mezcla de ramas y hojas. "¿Todavía tengo sangre en la cara?"
"Sólo un poco." Lamió su dedo pulgar y limpió cerca de la comisura de mi boca al tiempo que yo rodaba los ojos y gemía.. "Amor, la primera vez que fui a cazar llegué a casa, bueno, llegué a casa casi desnudo, cubierto de sangre y mugre."
"¿De verdad?" Una interesante imagen se formó en mi cerebro vampiro. Una muy agradable e interesante imagen.
Se encogió de un hombro. "No completamente desnudo, pero los poco pedazos que quedaron no daban mucha cobertura."
"¿Por qué?" Lo que acababa de ver era tan elegante y gracioso.
"Fui demasiado ansioso. Comencé con un oso pardo, me dio batalla. Yo era fuerte, por supuesto, pero mis ropas fueron destrozadas."
"¿Carlisle estaba contigo?"
Hizo una mueca al recordarlo.
"Sí. Y eso fue lo peor de todo…estaba con Carlisle. Fue muy incómodo." Incluso ahora, casi noventa años después, podía sentir su vergüenza al recordar.
Pero, sonrió y comenzó a acariciar mi rostro y cabello, sacando algunas de las ramas, hojas y tozos de hierba.
Su toque era reconfortante, me hizo sentir segura y a salvo y, en combinación con la barriga llena, ayudaba a descansar y calmar mi mente. Él ya no se sentía como piedra, mi cabeza descansaba cómodamente en su regazo y sus dedos cálidos acariciaban mi frente, mientras la otra mano se posaba en mi estómago.
"Edward, hace un rato, cundo olí a esos humanos, ¿era así como se sentía cuando estabas cerca de mí?'"
"Sí."
"¿Pero peor porque mi sangre te llama?"
"Lo más probable."
Una ola de culpa y remordimiento se apoderó de mí. Sacudí la cabeza y empuñé mis manos frente a los ojos.
"Y yo te seguí provocando más, tratando de hacerte ir más allá…" Solté, aún sacudiendo la cabeza pero Edward le restó importancia. "No lo entendía."
"Yo sé que no, amor."
Abrí los ojos y miré los suyos. "Trataste de decirme, pero yo no quería escuchar. Lo siento mucho."
"No lo sientas. Yo participé en partes iguales."
Sonrió y continuó acariciando mi cara – con suaves dedos. Cerré los ojos.
"¿Qué estás pensando?" preguntó.
Arrugué el rostro al considerar. "Bien, ahora me siento un poco más estable. Al principio, todo era sólo…¡todo! Había tantas cosas y quería hacerlas encajar en el lugar correcto. Quien iba en donde, que recuerdo iba con que. Y tenia recuerdos viniendo, saliendo de la nada, aparecían, y recordaba cosas. Y todos los sonidos, todos los olores a mi alrededor. Es como si mi mente fuera de una cosa a otra sin conexión alguna. Todavía es así, pero se ha calmado un poco." Abrí los ojos para ver los suyos. "Pero no creía que me sentiría tan como mi misma, pero así es."
Sonrió. "Te lo dije." Tiró suavemente de una especialmente obstinada ramita en mi cabello.
"¿Puedo ver a Abbey ahora?"
"Pronto. Sólo date la oportunidad de calmarte un poco más"
Asentí. Buena idea. "¿La veías todos los días?"
"Todos los días, dos veces. Alguien la traía y yo le daba el almuerzo, la cena y le leía un cuento."
"Bien."
Mis ojos se cerraron mientras él acariciaba mi mejilla. La calidez de su mano en mi estómago ahora irradiaba a través de mi – era reconfortante y cómodo.
"¿Cómo está Charlie?" Pregunté de pronto.
"Él está bien, considerándolo todo."
"¿Él sabe, sobre…mí? Quiero decir, exactamente, ¿qué me está pasando? ¿Eso de que ahora soy un vampiro?"
"Sabe. Lo sabe todo."
Pasé saliva. "¿Y?"
"Y él está contento y agradecido que tenerte todavía…incluso si no puede verte por un tiempo."
"¿En serio?"
"En serio. Aunque, si hoy fue una indicación, no creo que pasará mucho tiempo antes de que lo veas de nuevo, en comparación a como habíamos pensando originalmente."
Yo no estaba segura de eso, así que no comenté. El incidente anterior todavía estaba demasiado fresco en mi mente.
"¿Está en La Push?"
Edward asintió. "Se queda con Billy y está tratando de averiguar cómo puede hacer arrastrar a Zeke y encerrarlo de por vida."
Me reí y Edward hizo lo mismo. "¿Puede hacer eso?"
"Bueno, a él le gustaría. Pero él aceptó el castigo de Zeke así como lo hicimos nosotros. No puede entrar en fase y no volverá a La Push, probablemente es lo mejor que podemos esperar." Pero lo sabía, del recuerdo de una conversación y solo a partir de mi conocimiento de Edward, todavía se entretenía con imágenes donde le arranca la cabeza a Zeke. "Sam se reunió con Carlisle hace unos días. Ya no hay tratado, los lobos se han disculpado sin condiciones…supongo que ahora solo somos una gran familia feliz." Sonrió, pero sus últimas palabras estuvieron enlazadas a un toque de amargura.
Me quedé pensando por un momento al recordar esa tarde, hace tres días.
"¿Charlie está bien con Billy, con los lobos y…vampiros, y todo, entonces?"
"Él parece estarlo. Estaba molesto de que Billy no le haya contado el secreto antes, sin embargo." Su bello rostro se arrugó. "Naturalmente, estaba muy angustiado cuando Esme y Carlisle le explicaron la situación completa sobre tu transformación y sobre el aneurisma. Estaba muy enojado al principio porque no te llevamos al hospital, pensaba que tal vez podrías ser aparentemente…salvad, por sobre todo luchó contra la idea de las visiones de Alice."
Solté un bufido. "¿Vampiros y hombres lobos? Sí, seguro, ¿por qué no? ¿Pero ver el futuro? ¡De ninguna manera!"
Edward se encogió. "Creo que él podía ver a los lobos, y a nosotros. Las visiones no son tan tangibles."
"Creo que más que eso es que le habría recordado a Renee." Edward levantó una ceja curiosa. "Hubo una época en que solía visitar a síquicos….Charlie lo desaprobaba."
"¿Y recuerdas eso?" Una esquina de su boca se alzó en una agradable sonrisa.
"Er, sí, recuerdo." Ni siquiera tuve que concentrarme. "Y tú no habías conversado de eso conmigo, tampoco."
Edward acarició mi frente con sus dedos. "Lo estás haciendo muy bien, Bella," sonrió.
Iba a sonreírle de vuelta, pero mi mente dio un salto y en lugar solté una pregunta.
"¿Qué le diremos a Renee?"
Edward suspiró y dejó caer la cabeza contra el tronco del árbol. La columna de su garganta estaba a la vista, expuesta, y un instinto profundo y primitivo me dijo que se estaba poniendo en una posición muy vulnerable. Una cosa tan simple, no lo habría pensado dos veces siendo humano, pero ahora noté la confianza que debía tener él en mí al exponerse de esa manera a un recién nacido. Y también me di cuenta de que el mismo instinto había despertado antes, en mi habitación, cuando había ladeado y acercado su cabeza para que pudiera ver la cicatriz de su transformación. Había visto su acción como algo elegante, físicamente hermoso, pero no había reconocido completamente porqué había sido. La profundidad de su confianza en mí era increíble. Era hermoso.
"¿Bella? ¿Estás bien?"
Me sorprendí. Había estado tan absorta en mi realización, en observar el movimiento de su garganta al hablar, que no había registrado lo que había dicho. Dejó caer la cabeza para verme, confuso.
"Lo siento, estaba un millón de millas de distancia. ¿Puedes decirlo de nuevo?"
"¿Estabas algo distraída?"
"Sí, lo estaba."
Arqueó una ceja preguntando.
"Edward, cuando me muestras la garganta así," arqué un poco mi cuello como demostración. "¿No te sientes…,?" No estaba segura de cómo expresarlo.
"¿Qué si me siento en peligro?"
Asentí y comencé a morderme el labio. Edward sonrió y tocó mi boca con los dedos.
"Igual antes," susurró antes de alejar su mano y responder mi pregunta. "Mi naturaleza vampírica me dice que no debería exponerme así a un recién nacido. Pero tú eres mi esposa, mi compañera…eres Bella, y eso anula todos mis otros instintos."
Sonreí. "Soy tu compañera." Me gustaba el sonido de eso.
"Sí," alejó algo de cabello de su frente, sonriendo. "Lo eres."
"¿Edward?"
"¿Sí?"
"Te amo."
Sonrió. "Lo sé. Es bueno, ¿no?"
Y recostó la cabeza contra el árbol de nuevo mientras yo reía.
"Sobre Renee," dijo. "Estaba diciendo que probablemente nos quedaremos solo con llamadas telefónicas e emails con Renee por un rato. Podemos echar a andar la historia de la universidad y enviarle fotos de Abbey. No creo que tangamos que preocuparnos por otra cosa mientras lo hagamos."
Asentí. "¿Me veo muy diferente?" No me había visto todavía y mi mano fue esta mi cara.
"No lo creo," sus ojos fueron muy cálidos y sonreí mientras sus dedos trazaban mis pómulos.
"Entonces Charlie sabe del asunto del cerebro, ¿pero no entiende que me habría convertido de todas maneras, incluso sin eso?" Mi mente había ido de nuevo a mi padre.
"No. Él cree que tu transformación fue sólo por algo necesario…y no puede ver alguna otra razón que le diga lo contrario."
Su miraba era honesta, sin remordimientos, y sentí de acuerdo.
"Pensé que tal vez, cuando volviéramos podrías llamarlo, decirle que estás bien. Dejarle saber que su casa está lista."
Sonreí. "Me gustaría eso."
Su mano todavía estaba en mi mejilla y volví mi rostro para besar su palma, mientras su pulgar acariciaba a lo largo del hueso de mi mejilla. Y un nuevo calor comenzó elevarse dentro de mí, una caliente energía comenzó a cosquillear y zumbar a través de mi cuerpo. Lo había sentido en mi antigua habitación, y de nuevo cuando él había lamido la sangre de mi mano, y cuando lo había visto cazar, pero cada vez fue dejado a un lado por otra necesidades más inmediatas, pero ahora estaba de vuelta y…creciendo.
Extendí una mano y la posé detrás de su cabeza, atrayéndolo a mí. Nuestros labios se encontraron y el calor se convirtió en fuego al correr por mi cuerpo y me gustó.
Lo deseaba, y estaba bastante segura de él me quería, aunque me estuviera dejando llevar el asunto, al contenerse un poco. Y me rompí.
Lo deseaba, pero quería ver a Abbey, y estaba muy segura de que si comenzábamos algo aquí no volveríamos a casa en el corto plazo.
Me alejé de sus labios – teníamos una eternidad, después de todo.
"¿Podemos ir a casa? ¿Puedo ver a Abbey ahora?"
Pasó los dedos por mis labios y me dio una sonrisa torcida.
"Sí."
Corrimos de nuevo y fue estimulante, emocionante y apasionante. Edward se mantuvo a mi lado, aunque sabía que podía superarme, y a pesar de la distancia que recorrimos, no pasó mucho antes de que nos acercáramos a la casa.
Pero a la vez que la cabaña entró a la vista me congelé y me miré.
"Abbey no me puede ver así."
Edward rió entre dientes. "Vamos a limpiarnos antes. Vamos."
Tan pronto como entré por la puerta me sentí como si nunca me hubiera ido. Tantos recuerdos, tanto amor, todo ahí, nítido y claro.
"Era humana la última vez que estuve aquí," murmuré mientras mi mano acariciaba el respaldo del sofá. Una de las mantas de Abbey estaba sobre en un sillón, algunos de sus libros de cuentos sobre la mesa de café.
"Eras Bella la última vez que estuviste aquí, y eres Bella ahora."
Asentí y sonreí. "Lo sé." Tomé una respiración profunda.
"Puedo olerla."
Los ojos de Edward se iluminaron, pero se mantuvieron cautelosos. "¿Y…?"
Tomé otro aliento, más profundo esta vez.
"Huele como Abbey," sonreí y él también, el alivio claramente escrito en su rostro. "El olor es fuerte, estuvo aquí hace un rato, pero…," olí de nuevo. "Nada."
"Bella," suspiró y se acercó para tenerme en sus brazos. "Es como esperábamos." Sus labios se presionaron suavemente los míos antes de alejarse y caminar, sonriendo, hacia al baño. "¿Ducha o tina?" preguntó.
"Ducha, estoy apurada."
Edward me dejó a solas mientras me desvestía y limpiaba. Mis músculos recordaban como de bien se sentía el agua caliente y suspiré al entrar bajo el chorro. Me lavé rápidamente y me lavé el cabello con champú. A través de la corriente de agua podía oír la voz de Alice.
"Confía en mí, Edward, ella es una talla más pequeña ahora, como era antes de quedar embarazada, necesitará esos."
Ropas. Reconocía a Alice al pensar en eso. Más recuerdos vinieron – probablemente había un viaje relámpago a Port Angeles después de que dejáramos la casa de Charlie.
Sonreí al cerrar la llave. Mis dedos se cerraron a su alrededor pero mi nueva fuerza todavía me era ajena, y la arranqué con la mano.
"¡Oh!" Obviamente tendré que tener más cuidado.
"¿Bella?" La voz ansiosa de Edward. Rodé los ojos. Incluso ahora, cuando era indestructible, todavía se preocupaba por mí.
"Estoy bien," dije, corté el agua y salí, envolviéndome con la toalla. Puse la llave en el lavabo por mientras y comencé a secarme.
Oí la conversación continuar – Alice preguntado sobre mi primera cacería, Edward explicando mi casi accidente y como me había recompuesto. Sonreí al sonido de orgullo y asombro en su voz, mientras me inclinaba para secarme las piernas. Alice estaba sorprendida también. Y molesta.
"¿Cómo no veo que eso viene?" La oí murmurar antes de que llamara a la puerta del baño. "Bella, tengo algo de ropa nueva para ti, ¿quieres que te las traiga?"
"No, no, saldré."
Apreté la toalla a mí alrededor y abrí la puerta.
"Estás increíble," me sonrió. "Incluso con el cabello mojado."
"¿Lo soy? No me he mirado todavía."
Abrió la boca en shock. "No puedo creer que mi hermano no te mostrara tu reflejo cuando despertaste," y le dio una mirada a Edward a la vez que él se encogía de hombros. "¿Pero no te miraste en el espejo del baño?"
También me encogí de hombros y negué.
"Simplemente no pensé en ello. Estoy entusiasmada por ver a Abbey y nunca he sido mucho de espejos, de todas maneras. ¿Verdad?" Lo chequeé con Edward quien me sonrió.
"No, para nada," dijo. Noté que sus ojos me recorrieron rápidamente en una mirada muy apreciativa que reconocí bien. Se dio cuenta y bajó la cabeza, avergonzado por ser descubierto. Sonreí y Alice rodó los ojos.
"Cuando ustedes dos hayan terminado…,"
Me tomó del brazo y me llevó a la habitación. La guitarra estaba en su lugar, mis libros también. Estaba en casa. De alguna manera se sentía como si nada hubiera pasado.
"Ahí," señaló unas blusas y pantalones, una falda, sobre la cama. "Podemos conseguir más, estas son solo un comienzo."
Síp, como si nada hubiera pasado.
"Está bien, gracias."
Edward estaba de pie en la puerta, observando, con una sonrisa en el rostro y preocupación en los ojos al tiempo que Alice me ponía frente al espejo.
"¡Ahora…mira!"
La mujer que veía era impresionante y hermosa, podía ver eso, pero los ojos me sorprendieron y jadeé por eso más que por la imagen completa. Edward dio un paso adelante, apoyando una mano en la parte baja de mi espalda, comprendiendo.
"Van a desaparecer, amor," dijo suavemente. "El color comenzará a perder algo de su fuerza en un mes más o menos."
"¿En cuánto tiempo serán como los tuyos?"
"Todos son diferentes, pero en un año."
Asentí. "¿Asustará a Abbey? ¿Debería usar gafas de sol?"
Compartió una mirada rápida con Alice.
"Ella se dará cuenta, tal vez…la sobresate, pero sabrá que eres tú, amor." Sabía que él creía eso, yo esperaba que tuviera razón.
Aparte de los ojos, mi cabello era del mismo color, pero parecía ser más grueso, más brillante, con más ondas. Mi piel era más clara, luminosa y suave como seda, pero mis rasgos parecieron mejorar, en lugar de cambiar. Todavía podía ver la forma de mis ojos y boca. Mi nariz estaba un poco diferente, tal vez mis pómulos más definidos, pero todavía tenía la forma de corazón de mi cara.
Alice estaba saltando en las puntas de sus pies.
"Ves, estas hermosa, deslumbrante," alabó y sonreí mientras el recuerdo de un dibujo venía a mi mente. Mis ojos fueron a la cómoda donde estaba, doblado con cuidado, en lo que sabía era la caja de cosas especiales de Edward. Mis ojos se encontraron con los de Edward.
"Lo sé, Alice. Siempre lo he sido."
Podía oír el corazón de Abbey y olía su aroma mientras nos acercábamos a la casa. Apuré el paso y Edward aceleró conmigo, su pulgar acariciando la piel de mi mano.
Emmett y Jasper estaban a los pies de la escala. Carlisle, Alice y Esme en los peldaños de en medio y Rosalie estaba arriba, delante de la puerta, con Abbey en sus brazos.
Hice un sonido, parte ahogado, parte jadeo cuando la vi. Estaba en su enterito de conejitos, masticando un juego de llaves de plástico. Era consciente de la postura de Jasper, de su expresión, de cómo me vigilaba constantemente, pero no le di importancia.
"Está bien, Jasper." La voz de Edward era sonriente. "El olor de Abbey en la cabaña no la afectó." Y todos parecieron relajarse visiblemente a la vez que me acercaba, subiendo los peldaños hasta estar delante de Rosalie.
"Te extrañó," Rosalie dijo bajito y asentí. La había extrañado, también.
"¿Abbey?" Hablé en voz baja y sonreí. "Abbey, es mami."
Podía ver cada pestaña, cada mechón de su ralo cabello bronce. Hace poco había tomado una botella de leche, lo podía oler en ella y oír en el gorgoteo de su barriga.
Me miró con el ceño fruncido y tragué, aterrorizada de que pudiera llorar y enterrar la cabeza en el cuello de Rosalie para estar cómoda. No sabría qué hacer si eso pasaba. Por la esquina del ojo vi a Jasper avanzar unos pasos hacia mí. Tomé una respiración profunda, dejé ir la ansiedad y él retrocedió de nuevo.
"¿Abbey?"
Ella me estaba estudiando, me acerqué con cuidado y toqué su mejilla, como siempre lo había hecho, asegurándome de ajustar el movimiento para así no lastimarla. No era tan delicada como un bebé humano, pero no tan irrompible como un vampiro. Vi que algo se registró en sus ojos, luego dilató las fosas nasales, como había visto hacer a Edward algunas veces, y luego sonrió.
"¡Mah!" Se estiró hacia mí y solté un sollozo.
"Con cuidado, amor," Edward estaba detrás de mí. Cuidadosamente, la tomé en mis brazos y la abracé.
Dejé besos sobre su cabeza y le acaricié la mejilla. Esme aplaudió y también lo hico Alice. Rosalie sonrió y no estaba muy segura de lo que hacían los demás, porque estaba demasiado ocupada mirando a mi hermosa hija.
Pero sentí los brazos de Edward rodearnos a ambas.
"¿Viste sus fosas nasales? Como nosotros." Sonaba emocionado. "Reconoció tu olor y cuando la tocaste, lo vi en su mente, ella hizo la conexión con el tú humano."
"Tenías razón," susurré, mirando la hermosa criatura en mis brazos mientras ella dejaba caer sus laves y tiraba mi cabello, y suspiré por el perfecto momento en que estaba envuelta y por estar con las dos personas que más amaba.
Me senté en el sofá de la sala de los Cullen. Sostuve a Abbey en mi regazo, apretándola contra mí, mientras los demás me daban detalles de sus últimos tres días – la siesta que había tomado, los juguetes con los que había jugado, los libros que le habían leído. Como ella fue llevada donde Charlie dos veces al día para visitarme con Edward. Las canciones de cuna con Rosalie, los arrumacos matutinos de Esme y Carlisle. Los paseos al aire libre con Alice y Jasper. Y ver Mary Poppins con Emmett – otra vez.
Edward estaba sentado a mi lado. Tenía un brazo firmemente puesto sobre mis hombros, teniéndome cerca, mientras jugaba con los pies de Abbey. Una vez que estuve actualizada sobre Abbey, él estuvo ansioso por contarles a todos en detalle mi primera cacería. Explicó sobre los humanos que estuve cerca de descuartizar en mi sed de sangre mientras se enderezaba, luego se ponía de pie, demostrando como lo había dejado alejarme. Su sorpresa y asombro que me avergonzaban.
"Nunca he encontrado a un recién nacido tan controlado," Jasper sacudía la cabeza. "No sé como…sigo esperando por el arrebato."
Alcé la vista de inmediato. ¿Podía salirme de control? ¿Era hoy solo un golpe de suerte y mañana sería un recién nacido hambriento que debía ser custodiado cada segundo?
"No creo que tenga algún arrebato," Carlisle dijo. "Todos nosotros hemos sido convertidos de improviso, sin previo aviso. No sabíamos lo que nos estaba pasando y sobre todo nos despertamos con extraños en un lugar desconocido." Todos asintieron, con rostros serios. "Bella se ha preparado mucho y ha despertado en el corazón de su familia, en su entorno habitual…parece que no ha tenido que hacer el mismo ajuste que el resto hicimos."
"No me gustaría encontrarme con otro humano en un tiempo cercano," hablé antes de que lo llevaran demasiado lejos.
"Por supuesto," Carlisle sonrió. "Pero aún así, el hecho de que seas capaz de tenerte del todo después de solo un par de horas…eso es increíble, Bella. Eso no tiene antecedentes en mi experiencia y en la Jasper. Edward no habría sido capaz de hacerlo."
Edward me lanzó una mirada de te lo dije y rodé los ojos. Volvió a sentarse conmigo, esta vez con la cabeza apoyada en mi hombro e inhaló profundamente, obviamente disfrutando de mi olor sin el ardor.
"En sus primeras semanas me mantuvo muy ocupado," Carlisle continuó a la vez que sacudía la cabeza por los recuerdos y yo estaba curiosa.
"Tendrás que decirme todo eso en algún momento." Y Carlisle asintió, sonriendo.
"Cuando tengas un par de días libres," dijo riendo.
Edward gruñó y bajó la cabeza. "No lo hice tan mal," murmuró.
Pasé mi mano a través de su cabello y él acercó su cabeza para mirarme, con los ojos brillantes por entre las pestañas mientras sonreía.
"Tal vez debería contarte yo mismo. Carlisle tiende a exagerar."
Todos rieron, Abbey dio unas palmaditas por el alegre sonido y más de mi vergüenza y tensión desaparecieron. Esta era mi familia…y ellos lo entendían.
Y luego Edward se puso de pie otra vez y re-recreó mi primera caería. Usó palabras como elegante, suave, potente, y me sentí avergonzada de nuevo. Nadie antes había usado alguna vez esas palabras para describirme.
"Pero me sostuviste las patas del león," interrumpí.
Hizo una pausa y torció un poco los labios. "Er, no tenía que hacerlo," dijo, tímidamente. "En realidad lo estabas haciendo bien sin eso."
"¿Entonces…?"
Suspiró, encogiéndose de hombros y empujando sus mansos más dentro de los bolsillos. Sus palabras salieron rápidamente.
"No podía soportar verlo darte zarpazos." Se encogió de nuevo y me miró. "Viejos hábitos y todo eso…,"
Rosalie rodó los ojos, mientras Alice reía.
"Hey, Rosie, ¿por qué no me ayudaste así en mi primera cacería?" Emmett parecía herido.
"¿En serio? El lío que estabas dejando con ese oso…yo no iba a ir cerca de eso." Alisó su cabello con la mano y luego suspiró profundamente mientras él fruncía el ceño.
"La próxima vez, Emmett. Voy a sujetarte el oso la próxima vez."
Y hubo otra ronda de carcajadas.
"¿Entonces nos mudaremos a Alaska?" Emmett miró de Edward a Carlisle y se hizo silencio en la sala mientras todos miraban de Edward a Alice.
"No veo que suceda," Alice dijo. "Nos veo aquí, a todos."
Edward asintió. "No creo que haya alguna necesidad de ir a Alaska, ahora," miró hacia Carlisle. "El tratado ya no es un problema. Charlie sabe todo, podemos hacer correr la historia de Edward y Bella van a la Universidad y deberemos quedarnos fuera de vista, igual que Rose y Emmett hicieron después de la graduación."
Todos parecían estar de acuerdo con eso y yo estaba entusiasmada con la idea de quedarme, pero también estaba preocupada.
"Pero, ¿soy…segura? Quiero decir, los humanos viene a casa a veces." Recordé las camionetas de reparto trayendo los muebles de la habitación de Abbey y otros varios artículos que los Cullen ordenaban.
"Bella, ¿cómo está tu sed ahora?" Carlisle estaba sonriendo. Mi mano fue automáticamente a mi garganta.
"Oh, bien, um, está allí cuando lo pienso. Es como un cosquilleo suave, áspero, como cuando comienza a doler la garganta."
"Al igual que el resto," Carlisle asintió. "¿Y cuando no estás pensando en eso?"
"Um, supongo que realmente no lo noto. Desde que cacé de todos modos."
Carlisle se inclinó hacia delante en su silla, con ojos cálidos en los míos.
"Bella, creo que eres segura. Creo que si alguien está siempre contigo, si cazas con frecuencia, y Edward te lleva al Parquee cuando cualquier visitante sea esperado, entonces no debería ser un problema," dijo simplemente.
"Y por lo que he visto, y lo que Edward nos ha dicho, creo que estarás lista para mezclarte con humanos en dos o tres meses." Jasper me miraba especulativamente.
No estaba segura de eso, pero sonreí de todos modos.
"Parece que nos quedamos," Edward sonrió y vino a sentarse a mi lado, mirándome a los ojos. Luego su guiño cambió a una suave sonrisa y sus ojos se nublaron de profunda emoción. Fruncí el ceño un poco, al no ser capaz de leerlo. Incliné la cabeza preguntando y el sacudió la suya, entonces miró hacia otro lado, tragando saliva. Respiró hondo y volvió a mirarme, ahora con la expresión clara, bajó la cabeza y le mostró la lengua a Abbey. Ella frunció el ceño y trató de alcanzarla pero la metió rápidamente, haciendo que saltara y luego riera. Pasé la mano sobre su cabeza y me incliné para dejar un suave beso en su cabello. Nuestro milagroso bebé. Estaba contenta de que de que no tuviera que dejar su habitación prado tan pronto.
Era consciente de que todo el mundo nos miraba y me acomodé en mi asiento, sintiéndome incómoda, mientras Carlisle y Jasper continuaban discutiendo mi progreso. Luego Edward miró a Emmett y asintió levemente.
Emmett se puso de pie, con los puños al aire.
"¡Reto histórico Lego!" bramó y hubo un gemido colectivo alrededor de la sala mientras él sacaba dos enormes cajas de plástico de debajo de la escalera. Nos dio una rápida mirada, un quiño rápido y una sonrisa y lo entendí – estaba alejando la atención de nosotros. Le devolví una sonrisa agradecida.
"En honor a Bella, al convertirse en vampiro, digo que construyamos el Instituto de Forks…¡donde todo comenzó!"
Jasper miró interesado y sacó la tapa de una caja a la vez que Emmett retiraba la tapa de la otra.
"Vamos," le sonreí a Edward, empujando su pie con el mío. "Me gustaría ver esto."
"¿Lo recuerdas?" Y sonrió cuando asentí.
"Sólo llega a terminarla, no como la última vez."
"Ah, lo recuerdas," hizo una mueca y levanté una ceja en reconocimiento. Abbey aplaudió de nuevo y Edward se arrastró por la alfombra, gruñéndole por encima del hombro para entretenerla mientras él iba y ella se reía de él. Un papi divertido.
Edward, Emmett y Jasper tomaron una pila de bloques cada uno y Alice se levantó para darles la partida.
"¡Listos…ya!"
Este era un nuevo juego que habían inventado y lo recordaba muy bien.
Cada uno de ellos tenía que construir el mismo lugar conocido, ya sea por experiencia o imágenes, y el ganador era el primero en completar la estructura con todo detalle de precisión. Algunas estructuras incluían todas piezas de cada set que tenía – y tenían varios sets. Desde castillos medievales a submarinos, Star Wars y la policía espacial.
Habían construido la Torre Eiffel, las pirámides, las Casa Blanca y el Taj Mahal. Lo más difícil sin embargo, había sido el último, la Casa de la Ópera de Sydney – todas esos partes puntiagudas en el techo y las no suficientes partes punteadas alrededor. Casi hubo una pelea ese día. Había sacado a Abbey de la habitación para que no viera a su padre luchando con su tío Jasper por un pequeño bloque blanco. Y la lucha terminó cuando Emmett trató de robarle las piezas puntudas de la casa de la opera de Edward para usarla en la suya.
A Carlisle le tomó veinte minutos remover el pequeño astronauta de Lego desde la oreja de Emmett. Edward nunca se disculpó.
Estaba riendo por esos recuerdos mientras los veía ahora, todos fuertemente concentrados en su tarea. Cuando los veía antes, sus manos habían sido un borrón invisible. Pero ahora veía cada movimiento claramente. También sabía que Emmett tenía tres piezas del montón de Jasper, y que Edward había utilizado doscientos veinte bloques.
Miré alrededor, viendo con nuevos ojos. Había una ligera decoloración en la alfombra junto a la mesa del comedor. Obviamente alguien había derramado algo y limpiado, pero como humano no había sido capaz de verlo. Las cortinas de la izquierda en la ventana estaban con un poco más de polvo que las de la derecha. El taburete del piano de Edward estaba sin brillo en la superficie, pero ahora podía ver que la superficie estaba un poco más opaca a un lado – claramente Edward se sentaba ligeramente hacia la izquierda cuando tocaba. Había la huella de una mano en la ventana de la puerta principal. La misma huella de mano en el vidrio de la pantalla plana. Podía ver, por el tamaño y la forma, que probablemente era de Emmett.
Y en todo ese tiempo supe que cada pocos segundos Edward levantaba la mirada, chequeándome.
La siguiente vez que lo hizo dejé mis ojos en los suyos. Sonrió y volvió al juego.
Él estaba recostado sobre su estómago, estirado, apoyado sobre los codo mientras construía, moviendo los dedos con experticia, y tanto como estaba disfrutando al ver sus manos, estaba disfrutando aún más del resto de él. Su extensión, la manera en como su cabello le caía un poco sobre la cara, como fruncía el rostro por la concentración, la curva de su cuello y el fluir de su espalda, desde los hombros hasta su trasero, y luego sus largas piernas. Él era un hombre hermoso, y no solo por fuera. Me preguntaba como yo había tenido tanta suerte.
Sus ojos me miraron de nuevo y al ver mi expresión arqueó una ceja y en la comisura de su boca apareció una sonrisa un tanto sorprendida y un poco petulante. Bajé la cabeza, contenta de que ya no pudiera sonrojarme. Jasper debió sentir mi estado de ánimo, porque sus manos vacilaron y nos dio una rápida mirada. Rodó los ojos y volvió a su tarea.
"¡Listo!" Emmett alzó las manos al aire en señal de victoria. "¡Esta es mi primera victoria!"
"¿Dónde está el asta de la bandera?" Jasper cuestionó.
Emmett estuvo en pánico por un segundo, luego una sonrisa de suficiencia cruzó por su cara.
"Esta es la escuela después de que el asta cayera por una tormenta en ese tiempo."
"No puedes hacer eso." Jasper negó con la cabeza firmemente. "Tiene que ser actual. ¡Podría haberlo dejado la mía a medio terminar y decir que era la escuela con tres meses de construcción!"
Emmett se encogió de hombros, aún satisfecho. "Pudiste hacerlo, Jasper, pero no lo hiciste."
Mi risa resonó mientras Jasper gruñía. "Vamos de nuevo. Esta vez es la Gran Muralla China."
Él y Emmett desmantelaron rápidamente sus escuelas y comenzaron a repartir.
"Vamos, Edward," Emmett estaba impaciente y desintegró el modelo de Edward con una única flexión de su mano.
"Creo que pasaré esta vez de la Gran Muralla China," Edward dijo, poniéndose de pie, mirándome. "Voy a participar la próxima vez."
Los demás dijeron adiós, yendo a abrazarme de nuevo una vez de pie, cargando a Abbey cerca. Estaba sorprendida por la fluida forma en que mi cuerpo se movía sin que ni siquiera lo intentara. Emmett no estaba prestando atención. Ya estaba repartiendo las piezas de Edward, listo para empezar. Jasper levantó la mirada, sus ojos me encontraron antes de asentir con una sonrisa.
"Si me necesitan…," dejó la oferta abierta y Edward sonrió al responder.
"No lo haremos," y sus brazos rodearon mi cintura al guiarme a la puerta.
"Adiós Edward," dijo Alice alegre.
"Te veo más tarde," dijo vagamente sobre su hombro, pero sus ojos estaban en mí.
Se sentía bien estar en casa, en la cabaña, solo nosotros tres. Abbey estaba sentada en la alfombra, rodeada de sus bloques de madera y masticando su libro ABC, mientras nos sentábamos a su lado. Habíamos estado construyendo, como ella había visto hacer a su papá.
"Estoy sorprendida de lo normal que se siente aquí. ¿Eso es, um, normal?" Estaba recostada sobre mis manos, con las piernas estiradas delante de mí. Edward estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la alfombra frente a mí. Rió y pude oír el alivio en el sonido. "Tengo miedo de despertar mañana y haber olvidado todos mi recuerdos y ser más como un recién nacido regular. Oh, excepto a que no despertaré mañana, ¿cierto? Porque no dormiré esta noche."
El pensamiento me sacudió un poco. "No puedo dejar de pensar en eso."
Edward estaba sentado con las piernas cruzadas frente a mí.
"Lo sé. Pero después de un tiempo lo harás." Me estaba viendo muy de cerca.
"Todo se ve tan…familiar. Y no sólo es porque lo reconozco, sino que lo siento. Como si nada hubiera cambiado. ¿Tiene sentido eso?"
Asintió lentamente.
"¿Es por lo que Carlisle dijo? ¿Por qué estoy en mi entorno habitual?"
"Probablemente."
Y luego Abbey le lanzó el libro. Lo esquivó con rapidez, sin mirar, y la tomó por debajo de los brazos. Se dejó caer sobre la espalda y la sentó sobre su abdomen, sosteniendo sus manos mientras la hacía saltar, provocando que riera.
"¿Te hubiera gustado haber tenido tiempo para tener otro bebé?"
La pregunta salió de la nada, ni siquiera había sido un pensamiento consciente y estaba segura de que me veía tan sorprendida como Edward estaba. Abbey había sido una maravillosa sorpresa, pero dado mi plan de convertirme, realmente nunca había considerado la idea de tener más niños. Supuse que en algún lugar de mi subconsciente, sin embargo, me había preocupado de eso por Edward.
Ladeó la cabeza ligeramente, con sus ojos en los míos.
"Nunca me atreví a desear el bebé que tenemos," dijo y bajó la mirada a Abbey. Él había dejado de moverse y ella estaba revotando en él, tratando de comenzar de nuevo. Él soltó una de sus manos y alcanzó la pila de bloques. Escogió el verde y lo puso en sus dedos, distrayéndola para así poder hablar. Cuando lo hizo su voz era tierna y sus ojos fueron suaves, mientras se sentaba un poco apoyándose en los codos y mirándome por encima de la cabeza de nuestra hija.
"Nunca esperé encontrar el amor. Y cuando lo hice, cuando pasó, cuando te encontré, nunca creí que me pudieras amar. Pero lo hiciste. Y luego, te casaste conmigo, y tuvimos una hija." Se mordió el labio, moviendo la cabeza como si todavía no pudiera creer eso. "Tú y Abbey son más de lo que nunca pensé que tendría. No deseo nada más." Acarició la mejilla de Abbey y susurró… "He tenido mi parte justa de milagros."
Pero luego volvió su cabeza hacia mí bruscamente.
"¿Y tú? ¿te habría gustado tener otro?" Parecía molesto ante la idea de haberme dejado con las ganas. Sacudí la cabeza, sonriendo.
"Estoy muy feliz con lo que tengo."
Podía verlo buscando algo en mi cara, esperando estar seguro, y no solo sobre el bebé. Luego se relajó.
"No puedo creer que ya estés de vuelta," susurró de pronto, tan bajo que oídos humanos no lo habrían escuchado. Y parecía que no debería haber escuchado, incluso ahora, porque una mirada de realización apareció en su rostro y se vio avergonzado.
"¿Qué quieres decir?"
Hizo una mueca suave. "Sólo eso, no nos espera a nosotros aquí, así, tan pronto después de tu transformación."
"Comprendo eso, todo me lo han dicho. ¿Qué esperabas, sin embargo?" Nadie había dio específico.
Se encogió de hombros. "Es diferente para todos," dijo vagamente.
"Dime, Edward."
Comenzó a sonreír. "No eres tan voluble como estimaba que fueras. O errática, o defensiva."
"¿Así fuiste tú?"
"Sí, lo fui. Pero tú no. Estas enfocada, tú, ¿recuerdas una vez, hace mucho, que te dije que tenía instintos humanos, enterrados, pero tú los estabas revelando de nuevo?"
Asentí. Lo recordaba y eso me alegraba.
"Buen, es como si ti nunca los hubieras enterrado. Todavía están ahí, tú estás aquí. Pensé que tomaría más tiempo, eso es todo."
"¿Edward?"
"¿Sí?"
"¿Acabas de usar la palabras estimar?" (nt: usa la palabra skittish, que en español no tiene la traducción de una palabra estrictamente antigua, así que supongo que estimar puede servir)
Se quedó perplejo por un momento y luego resopló. "La usé, sí."
"Esa es una palabras muy antigua."
"Soy un vampiro muy viejo."
Reí y luego Abbey lanzó su bloque a la nariz de Edward. Rebotó y cayó al suelo.
"¿Qué fue eso?" Le sonrió a ella. Tomó el bloque y los escondió detrás de él.
"¿Dónde está?" Él estaba usando su voz de papá, una poco más suave, más ligera, que su tono habitual de voz. Esa me hacía derretir.
La mano libre de Edward sujetaba a Abbey mientras ella giraba alrededor, tratando de encontrar el bloque. Lo trajo de vuelta a su vista, suspiró exageradamente y ella aplaudió. Edward comenzó a dejarla revotar de nuevo, haciéndola reír.
"Estaba pensando," dijo mientras revotaba, "Podríamos conseguir una de esas mochilas para cargarla. Ahora es demasiado grande para la bolsa." Sabía que estaba un poco triste por eso.
"Podemos," dije. "Tal vez podríamos buscar algo en línea más tarde." Pensé que lo haría feliz y yo estaba más ansiosa que lo normal. Me sonrió.
"He visto unos muy buenos en el sitio Bug-a-Lug. La Escape tiene reposa cabeza y para descansar los pies, pero la Metro tiene acolchado extra y un asiento ajustable para cuando esté más grande."
Se detuvo y me miró. "Edward, ¿estuviste viendo en línea durante mi transformación?"
Estaba bromeando pero rápidamente noté que mis palabras lo hirieron. Dejó de hacer rebotar y me miró, sorprendido.
"¡No! No, solo te dejaba cuando alguien traía a Abbey y esa persona se sentaba contigo mientras yo le daba de comer. Y aún así, cada segundo estaba pendiente de ti. Nunca hubiera…,"
Me arrastré por la alfombra y me acosté a su lado, inclinándome para besar su mejilla y dejó suavemente a Abbey sobre la alfombra entre nosotros, dejando una mano sobre su espalda mientras él se acomodaba sobre su costado para verme. Pasé mi mano sobre su cabello mientras ella tomaba uno de sus bloques, llevándose el azul a la boca para masticarlo.
"Está bien, Edward, estaba bromeando," rodé los ojos para enfatizarle el punto. "Sé que no habrías hecho eso."
"Oh…bueno." Todavía se veía un poco molesto, sin embargo.
"Solo me preguntaba, ¿Cuándo investigaste todo eso?" Abbey me ofreció el bloque verde par que masticara y lo puse en mi boca, haciendo sonidos nom nom y ella rió.
Edward suspiró. "Cuatro noches atrás, mientras dormías. Iba a contarte al día siguiente y te mostraría la página web. Pero no tuve la oportunidad antes de ir a cazar y cuando volví…," su voz se apagó.
Acaricié su hombro con mi cabeza.
"Así que dime ahora. Estoy aquí."
Se movió, acercándose un poco más y puso suavemente una mano sobre mi cadera.
"Sí, estás aquí," y su sonrisa fue tan hermosa que mi cuerpo estaba temblando una vez más.
Así que me tendí ahí, de lado, mientras él se recostaba en el suyo y comparaba las características de la Escape versus la Metro mientras nuestra hija jugaba con los bloques entre nosotros. Los dos sabíamos que podíamos haber ido a la computadora y mirar, pero esto era mejor.
Escuchaba mientras Edward me explicaba las ventajas del gortex sobre el nylon. Que la Escape tenía un bolsillo aislado para mantener las bebidas frías. De vez en cuando él levantaba la mano y alejaba algún cabello de mi rostro, o sólo acariciaba mi mejilla. A veces dejaba descansar su mano sobre mi cadera otra vez, dando un suave apretón. Y yo quitaba el cabello de sus ojos, dejándome ver su brillo dorado, o pasaba mis dedos a lo largo de su mandíbula, o los dejaba sobre su brazo.
Fue un suave acercamiento, un reconexión que ambos necesitábamos. Solo una conversación en voz baja, caricias suaves, siendo una familia.
"Al final creo que la Escape es la mejor mochila para cargarla, pero la Metro tiene un mejor rango de color."
"¿Mm? ¿Cómo cual?"
"Bueno, ambas vienen en rojo, azul y gris. Pero la Metro también viene en rosado y morado en dos tonos, o en limón con celeste."
"¿Rosado y morado?"
Se encogió de hombros, sonriendo con su sonrisa torcida y reí. "¿Realmente usarías una mochila rosa y morado?" Pregunté.
Lo consideró por un momento.
"Mm, tal vez no." Y ambos nos echamos a reír. "No me malinterpretes, me siento suficientemente cómo para hacerlo. Sólo que no sé si podría manejar la reacción de Emmett, sería molesto con bastante rapidez."
"¡Oh! ¿Puedes imaginarlo?"
"Sí, eso sería un problema." Y comenzamos a reír de nuevo. "¿Pero con qué color crees que Abbey se vería más linda? Quiero decir, la reacción de Emmett realmente no importa, si es algo que a ella le gustaría."
La miró, con ojos en llenos de amor, mientras ella trataba de poner un bloque sobre otro. Cayó y ella frunció el ceño. Edward tomó el ofensivo bloque, se lo devolvió y sonrió a la vez que ella lo tomaba y trataba de nuevo, con la cara llena de determinación. Él deslizó un segundo bloque, alineándolo al lado del primero para hacer una plataforma más grande para que construyera su torre. Ella puso el bloque en el tope y se quedó en su lugar esta vez y sonrió, mirando a Edward. Él puso su cara de sorpresa y ella soltó una pequeña carcajada.
"No creo que a Abbey le importe," dijo en voz baja y pasé mi mano a través de su cabello y su frente. Amaba a este hombre. Usaría rosado y morado por su hija si pensaba que a ella le gustaba. Me sonreí – él probablemente se pondría alas de hadas si la hacía feliz y estaba segura, que en algún momento, me gustaría ver que eso suceda.
Mientras escuchaba y hablaba con Edward también estaba completamente consiente de cada movimiento de Abbey, por lo que casi sin pensarlo noté un trozo de comida seca en el bloque amarillo que se había llevado a la boca. Suavemente se lo cambié por el rojo, levanté el codo y tiré el amarillo hacia la cocina. Voló pasando por la puerta, una curva y chocó en el lava platos sin mucho ruido.
Miré a Edward, emocionada, y él estaba contento por mí.
"¿Viste eso? No sé cómo, pero sabía cuanta fuerza usar y qué ángulo de giro dar. Sin siquiera pensarlo, sólo sabía."
"Muy impresionante," dijo, alzó las cejas y sonrió.
Tomé otro bloque y lo hice de nuevo. También resonó en el fregadero y me puse a reír. Abbey también.
"Trata tú," dije. Trató. Su bloque pasó por la esquina, pero lo oímos pegar en el lava platos y revotar en el piso.
"¡Ah, ha! ¡De hecho le pegaste a algo!" Levanté un puño, luego bajé el brazo rápidamente. "No fallaste a propósito, ¿no?" Escaneé su rostro, pero solo encontré indignación.
"No fallé, Bella. Estoy tendido en un ángulo distinto al tuyo, mi trayectoria no es la misma, sería físicamente imposible para mí apuntarle con el bloque al fregadero desde aquí."
"Entonces, ¿por qué lo intéstate?"
"Porque me lo pediste."
Sí, claro.
"Bueno, deja sentarme ahí y hacerlo."
Sacudió la cabeza.
"Mejor que no, a Abbey no le quedarán bloques."
Rodé los ojos y luego ambos comenzamos a reír a la vez que Edward dejaba caer la cabeza sobre el hombro. "Puedo ver que tenemos un nuevo competidor en la familia." Oía la sonrisa en su voz.
"¡Mah!" Abbey estiró sus manos hacía mi y suavemente la puse encima mío.
"¿Es hora de abrazar?" Sonreí a la vez que ella se frotaba contra mi cuello y la mano de Edward acariciaba su espalda. Nos tendimos ahí, los tres sobre la alfombra de la sala, disfrutando el momento. Un momento que ahora era parte de la eternidad.
Unos minutos más tarde oí la pancita de Abbey rugir y supe que pronto se pondría gruñona.
"Hora de la cena," dije.
"La haré," Edward se puso de pie, listo salir de la habitación, pero lo detuve.
"No, déjame."
Edward se sentó en un banco de la cocina, cargándola mientras yo sacaba una calabaza de la despensa.
Abbey estaba tratando de meter sus dedos en la boca de Edward, pero cada vez que ella se acercaba él cerraba sus labios y alejaba su cabeza, burlándose de ella. Ella apartaba la mano y él abría la boca de nuevo hasta que sus dedos estuvieran cerca, para luego cerrarla de golpe. Ella estaba riendo, con la mente distraída de su hambriento estómago.
Me pasé la lengua por los dientes y me estremecí ligeramente al pensar en que sus pequeños dedos estuvieran en contacto con los bordes afilados. Sentí un golpe de preocupación recorrerme. De pronto tuve una idea de cómo Edward debió haberse sentido conmigo…antes.
"Ten cuidado." Murmuré rápidamente, con la necesidad decirlo pero también medio esperando que no escuchara. Corté un trozo de calabaza y el cuchillo se deslizó con rapidez, como si fuera mantequilla.
"Bella, ¿acabas de decir…?"
Ahí viene.
"Sí." Puse los trozos en un recipiente y agregué un poco de agua.
No dijo nada más, pero aún así se me quedó mirando, sosteniendo una mano de Abbey en la suya. Sabía que no lo iba a dejar pasar. Rodé los ojos y puse el bowl en el microondas y presioné comenzar. Yo siempre había sido imprudente con su boca, dientes y lengua, pero ahora…
"Ella está tratando de meter los dedos en tu boca. Sé que el veneno no le hará daño, pero…," me encogí de hombros.
"¿Pero?"
Suspiré. "Está bien, tus dientes son afilados. Me ha llevado más de dos años entenderlo, lo sé."
Sonreía ahora.
"Sí. Son afilados." Y para hacer hincapié en el hecho juntó los dientes fuertemente, en un sonido que hizo saltar a Abbey, al sorprenderla, y luego sonrió cuando él le besó la mejilla. "Y estoy teniendo cuidado."
"Sé que lo haces, lo siento." Sonreí y él devolvió la sonrisa.
"Estas comenzando a entender, ¿no?" Ahora hablaba en voz baja, sin bromear.
"Entendía antes…sólo que no me gustaba."
"No, quiero decir. Realmente lo entendías. Porqué siempre fui muy…prudente. Ahora comprendes el riesgo, ¿no?"
Asentí mientras sacaba el recipiente desde el microondas y comencé a machacar los trozos con un tenedor. Él tenía razón. Había sentido sus dientes deslizarse a través de mi piel, había sentido a los míos atravesar los músculos y tendones del cuello de un león de montaña. Había arrancado la llave del baño, y para reforzar el punto, el tenedor de metal que tenía en la mano comenzaba a doblarse, aparentemente sin que haya ejercido alguna presión.
Miré a Edward.
"Aprecio el riesgo. También aprecio tu esfuerzo. Nunca…," mi garganta se comenzó a apretar y empecé a parpadear, tratando instintivamente retener lágrimas invisibles.
Se deslizó suavemente a lo largo del banco y puso su brazo libre sobre mi hombro, acercándome, mientras Abbey jugaba con su cabello.
"¿Cómo lo hacías?" Me sorbí la nariz, aunque estuviera seca.
Me beso sobre la cabeza. "Con mucho cuidado."
Abbey comenzó a gruñir e inmediatamente dirigí de nuevo mi atención a su cena. Terminé de hacer el puré de calabaza, y lo revolví con la cuchara en su cuenco rosa con hadas. Estaba contenta de que no tener que pensar dos veces en todo el proceso. Con los tenedores doblados y la súper fuerza de lado, preparar la comida de Abbey había sido algo natural y me quedé feliz con eso.
Olía repugnante, sin embargo, y sabía que Edward estaba tratando de no reírse de la mueca que tenía en mi cara a la vez que él dejaba a Abbey en su silla alta y le ponía el babero en el cuello.
Acerqué una silla y llevé con la cuchara el primer bocado a su boca. Edward estaba sentado frente a mí en la mesa.
Abbey comió con avidez, disfrutando de cada bocado, mientras jugábamos el jueguito del avión. Cuando cerca de la mitad del puré de calabaza se había ido ella comenzó a pedir la cuchara.
Por supuesto, esta era una cosa nueva, ¿no? Ella quería darme de comer. Había comido puré de manzana la mañana en que todo cambió. Y Edward había comido…sí, recordaba, ¡Edward había comido puré de banana! Sonreí, y luego mi rostro decayó. Él me había advertido que esto sucedería. Mi turno había llegado. Tragué saliva y suspiré. Si Edward podía hacerlo…
Me incliné sabiendo que sus ojos estaban puestos en mí, podía sentir la sonrisa que estaba tratando, no con muchas ganas, de ocultar. Estaba apoyado en su codo sobre la mesa, su cabeza descansaba en su mano, la cual estaba convenientemente cubriendo su boca. Sus ojos brillaban.
Abrí la boca y Abbey estaba encantada mientras trataba de meter la pegajosa cuchara llena de puré.
Se sentía y sabía peor que el barro y traté de sonreír a pesar de la mueca en mis labios. Mientras tanto Edward estaba tratando de sofocar su risa, pero sus hombros temblaban y rodé los ojos.
Me preguntaba cómo iba a tratar de tragar esto – y luego decidí que no tenía que hacerlo.
"Mmm," alcé las cejas, asintiendo, sonriéndole a Abbey, ella estaba encantada. Aún teniendo la calabaza en mi boca limpié su barbilla con el babero. Luego alargué una mano a la mesa detrás de mí y tomé una servilleta de papel y pretendí limpiarme la boca también. Abbey aplaudió y la risa de Edward se detuvo y entrecerró los ojos al darse cuenta de lo que había hecho.
"¡No!" Jadeó.
Mientras pasaba la servilleta sobre mi barbilla volví la cabeza y escupí la calabaza en ella y la tiré a la basura.
"Rico," sonreí, volviéndome a Abbey, quien ahora estaba feliz tratando de alimentase por sí misma.
"Tú…," Edward estaba apuntando a la papelera, y me miraba con grandes ojos. "¡Eso no es justo! He estado comiendo puré…de todo por días."
Me encogí de hombros e hice eco de las anteriores palabras de Emmett.
"Pudiste haber lo hecho también, Edward…pero no lo hiciste."
Comencé a reír por el ceño fruncido en su rostro. Se veía como si no supiera que hacer, o cómo reaccionar. Se pasó una mano por el cabello mientras sacudía la cabeza.
"¿Por qué no pensé en eso?" murmuró para sí mismo.
Pero luego su ceño se relajó – primero una esquina de su boca se torció, y se levantó. Luego la otra esquina se alzó. Y entonces, resopló al tratar de no reírse. Y ese resoplido, tan raro de él, me hizo reír aún más fuerte.
Abbey estaba emocionada por todo esto y comenzó a reír. Hundió el puño en su plato y esparció calabaza por los aires. La mayoría aterrizó en un lado de mi cara, algunas en mi cabello, otros en mis pestañas, el resto salpicó la pared y la mesa y ahora el que más fuerte reía era Edward. Se había inclinado sobre la mesa, con la cabeza apoyada sobre sus brazos cruzados, golpeando con la mano abierta la mesa, mientras su cuerpo se estremecía. La risa viniendo de él hubiera sido maravillosa de escuchar…en cualquier otra circunstancia.
Decidí no hacerle caso a la vez que alcanzaba un paño, con los labios fruncidos, tratando de mantener mi dignidad intacta. Podía ser una criatura mítica súper fuerte y de exquisita belleza, pero ahora mismo eso no significaba nada especial. En este momento era la madre de Abbey, limpiando el puré de calabaza de la pared antes de que se endureciera y tuviera que rasparla con un cuchillo – o con las uñas de un dedo de vampiro.
Una cálida sensación de satisfacción y pertenencia se apoderó de mí. Todo se había asentado en su lugar.
Llamé a Charlie mientras Edward le daba a Abbey su baño. Podía oír las salpicaduras y risitas procedentes del final del pasillo. A veces, el chillido del patito de goma.
Charlie estaba sorprendido, aliviado y feliz de saber de mí, incluso si mi voz sonaba diferente.
"¿Así que estás bien, Bella?"
"Estoy bien, papá. De verdad."
"¿Sí? Bien, Bien. Um, Esme y Carlisle me han dicho todo. Yo…sí, todo."
"¿Y estás bien con eso?"
Hubo una ligera pausa.
"Siempre y cuando seas feliz y estés a salvo y, er, viva. Eso es lo que importa, Bells."
Estaba asintiendo, aunque sabía que no podía verme.
"Sabes sobre Edward y, um, su lectura de mentes, ¿entonces?"
"Excepto tú, me dijeron."
"Er, sí." Así que él lo sabía todo. Hice una mueca, imaginando como él se sentiría sobre alguien invadiendo la privacidad de sus pensamiento. Me sorprendí cuando soltó una risa oscura.
"Él de verdad debe amarte. La mayoría de los novios no habrían durado si hubieran sabido lo que estaba pensando a veces."
"Oh. ¿En serio?" ¿Eso era malo? "¿Pero ahora…?" Ahora ellos habían tenido una buena relación, y me preocupaba que eso fuera a cambiar, ahora que Edward me había hecho unos de los muertos vivientes.
Charlie suspiró profundamente.
"Él te trajo de vuelta a mí."
No dijo nada más, pero entendí. Tenía un nudo en la garganta pero sabía que no se movería de ahí – no tenía lágrimas. Lo tragué.
"¿Así que, ya has, er, comido?" Se aclaró la garganta torpemente y sonreí.
"Papá, está bien, no tienes que…,"
"Está bien, bueno." Me interrumpió, obviamente agradecido de no tener que oír de eso.
Estaba contándole la historia de Edward y Bella van a la Universidad, cuando Edward entró a la sala de estar. Abbey estaba en sus brazos, con el cabello húmedo y alzado en todas direcciones. El color bronce, en desordenados mechones, ella era hija de su padre y sonreí.
Edward se sentó en un sofá, con Abbey en su regazo. Tenía la toalla de animales ahí y estaba apuntándolos, diciendo sus nombres y haciendo sus sonidos.
Con mis nuevas habilidades vampíricas podía escucharlo con facilidad y seguir hablando con Charlie.
"Elefante," Edward dijo e hizo un sonido como de trompeta mientras le decía a Charlie que su casa estaba arreglada y lista para ser habitada de nuevo.
"León." Por supuesto Edward hizo un perfecto gruñido que terminó en un rugido que hizo reír a Abbey mientras Charlie me decía que Billy dijo que Jacob decía hola y que quería visitarme pronto. Mientras tanto, Edward apuntaba al siguiente animal en la toalla.
"Jirafa. Um…," y me miró confundido. Me encogí de hombros, tampoco sabía.
"Er, papá, ¿qué sonido hace una jirafa?"
"¿Las jirafas? No sé. ¿Hacen algún sonido?"
Levanté las cejas mirando a Edward, sabiendo que había oído la conversación de Charlie.
"Deben hacer," dijo, frunciendo el ceño, y volvió a mirar la toalla. "Tal vez gruñen." Hizo un sonido ronco y yo medio bufé y medio reí al teléfono.
"¿Bells?"
"Perdón, papá."
"¿Es eso una…cosa de vampiros, ese sonido?" Fue la primera vez que había utilizado la palabra y apenas tuvo problemas con ella, noté. Era una buena señal.
"No. Me estoy riendo de Edward. Está tratando de gruñir como una jirafa para Abbey."
"Ah, cierto," pude oír la risa en la voz de Charlie. "Bueno, mejor me voy, Bells, parece que están ocupados ahí. ¿Te llamaré pronto, sí?"
"Claro, papá. Hablaremos pronto. Y Edward te llevará a Abbey de visita."
"¿Sí? Eso estaría bien. Y, er, estoy contento de que estés bien, incluso si…sí, estoy feliz de que estés bien."
"Yo también. Gracias, papá."
Colgué, aliviada por la reacción de Charlie sobre mí. De versad, mi padre era un hombre increíble. Luego me volteé para mirar a mi esposo e hija. Edward estaba tratando con diferentes sonidos y gruñidos.
"Tal vez solo sigue con el mono," dije y él asintió.
"Mono," apuntó al pequeño animalito morado en la tela de la toalla. Luego retrajo los labios a la vez que doblaba un brazo y se rascaba. "¡Ooooh ooooh oooooh oooooh ahhhh ahhhh ahhhh ahhhh!"
Yo casi me doblaba de la risa mientras Abbey le daba una mirada incrédula – casi le alzó una ceja, y Edward suspiró.
"Tal vez debería seguir con el león," dijo frotando la toalla sobre el cabello mojado de ella. "Sé que estoy haciendo rugidos y gruñidos."
Traté de recordar a las jirafas cuando había ido de paseo al zoológico de niña. Los recuerdos estaban ahí, pero un poco borrosos.
"Recuerdo haber visto una jirafa cuando era niña, pero no recuerdo haber oído algo."
"Entonces me llevas una. Nunca he visto una jirafa."
Estaba sorprendida. "¿Nunca has estado en un zoológico?"
"Cuando era niño, pero no creo que hubieran jirafas. Había un elefante, sin embargo."
"¿Pero no has estado en un zoológico desde entonces?"
"No."
Él podía ver que no entendía.
"Supongo que pensé que en algún momento durante los últimos noventa años más o menos habías visitado uno."
Sacudió la cabeza. "Los animales nos tienen pánico. Eso llamaría mucho la atención."
"Oh."
Nunca podríamos llevar a Abbey al zoológico. Sentía sus ojos en mí. Levanté la mirada y vi por su expresión que él entendía. Sus ojos estaban un poco tristes.
"Tal vez las salidas al zoológico pueden ser algo que el Abuelo Charlie puede hacer," dijo bajito.
Asentí y me tendió la mano, la nueva calidez de su tacto me seguía sorprendiendo, pero era bienvenida.
"Amor, hay algunas cosas que no vamos a ser capaces de hacer con ella. Ni zoológicos, ni veranos en la playa, ni paseos en pony, ni mascotas…,"
Asentí. "Lo sé."
No me había molestado antes, meses atrás le había dicho que ella no necesitaba mascotas o ponies, y eso no me molestaba ahora. Era sólo…sólo comprenderlo, los pequeños detalles que significaban ser vampiro.
"Pero puede hacer esas cosas con Charlie. Y hay muchas otras cosas que podemos hacer. Que nosotros haremos. Ella no se perderá de nada." Ahora sus ojos eran intensos, y su voz firme. Sonreí. Le creía.
Abracé a Abbey en la mecedora de su habitación mientras leía Winnie de Pooh. Ella se reía conmigo en el poema de Tiddly Pom pero ya se había quedado dormida para cuando Eyeore encuentra una nueva casa. La acomodé en su cuna, acaricié su mejilla y sentí la especial paz que el estar con ella me traía. Y me tomé un momento para disfrutar de cada detalle del mural que Edward había pintado en la pared. No encontré nada nuevo, pero ahora podía ver cada pincelada, todas las manchas que suavizó de un tono a otro, cada pequeño y casi invisible punto que creaba la apariencia de la textura de las plumas y la piel. El trabajo que había hecho era asombroso.
Y mis ojos volvieron a la más nueva adición que había descubierto hace tres días atrás. Su 'tallado' en el árbol…Edward ama a Bella. De pronto, extrañé el hecho de que mi corazón no pudiera dar un golpe más, pero el sentimiento fluía igualmente a través de mí.
El ardor había regresado. No en el sentido de la sed, sino del que significa deseo. Mis sentimientos por Edward seguían siendo fuertes, sabía eso. Quizás más fuerte que antes. Las llamas se habían avivado y apagado durante todo el día, pero las hice a un lado – el momento no había sido el correcto o hubieron otras prioridades, como cazar, y ver a Abbey de nuevo, acostumbrarme a ella. Si todavía siguiera siendo humano, ahora sería perfecto, con ella durmiendo y la noche para nosotros. Pero no era humana, y las historias de casas demolidas de Rose y Emmett flotaban en mi mente. No, no ahora. No con Abbey durmiendo en la habitación de al lado.
Respiré hondo y retraje el ardor, de nuevo. Ya llegaría el momento. Tenía que ser paciente. Tomé otra respiración y me encaminé al estudio – había decidido que era un buen momento para mirar en mi diario de recuerdos.
Edward estaba cerrando su sesión en su laptop cuando entré a la habitación.
"¿La acostaste?" preguntó.
"Sip, acomodada."
Pasé mi mano por la aplicación en cuero del escritorio antes de abrir un cajón.
"El escritorio de tu madre," susurré, haciendo saber que recordaba.
Me sonrió y extendió una mano para que rozar sus dedos sobre los míos.
"Tuyo," dijo,
Encontré el diario con facilidad y fui con él hasta el sofá, junto con un poco de papel en blanco y un lápiz.
Edward se levantó de su escritorio y me siguió. Me senté y él parecía un poco vacilante, mirando al libro forrado en cuero verde en mi mano. Me había dicho una vez, que los recuerdos eran algo personal.
Le sonreí. "¿Quieres sentarte conmigo?"
No tuve que preguntar dos veces. En un movimiento de vampiro estuvo a mi lado y entonces de alguna manera, un momento más tarde, estaba tendido, con la cabeza sobre mi regazo, encarándome sonriente. Reí y eso lo hizo feliz.
"¿Cómo voy a escribir?" Pregunté. "Tu cabeza está donde el papel debería estar."
"Pensé que solo ibas a leer." Comenzó a sentarse, pero le empujé hacia debajo de nuevo y sonrió de nuevo. "¿Qué estás escribiendo?"
"Mi diario está lleno pero pensé que podría terminarlo con mi último recuerdo humano." Apoyé el papel sobre el brazo del sofá y comencé a escribir. "Hmph, mi forma de escribir siguen siendo garabatos," murmuré. "Pensé que sería bueno hacerlo ahora, como tú."
Edward rió y movió la cabeza para poder ver. "Es mejor de lo que era," dijo y me guiñó un ojo. Pensé en indignarme ante su comentario, pero en realidad estaba bien, y solo era irritante.
"Entonces, ¿cuál es tu último recuerdo humano?"
Rodé los ojos. ¿Necesitaba preguntar? Miré hacia abajo y vi su rostro tímido y cauteloso. Sí, aparentemente, recordaba.
Aparté el cabello de su frente, y acaricié su piel con los dedos.
"A ti…diciéndome para siempre."
Sonrió, con esa hermosa sonrisa torcida, y luego se acomodó más en mi regazo.
"¿Cuál fue la tuya?" Pregunté, ahora curiosa.
"¿Mi último recuerdo humano?"
"Uh huh."
"Una jarra de porcelana azul y una taza de metal."
"Oh."
"¿Qué?"
"No sé, simplemente no es lo que me esperaba."
Me miró a la cara. "Estaban al lado de mi cama en el hospital."
"Oh, por supuesto." Parecía obvio ahora.
"No recuerdo mucho de mi tiempo ahí, todos son sólo recuerdos vagos de fiebre, ruidos y olores. Recuerdo a Carlisle diciéndome cuando mis padres murieron." Apreté su hombro y él volvió la cabeza para besar mis dedos. "Pero las enfermeras eran amables, y me servían agua de la jarra azul en la taza de metal. Esas cosas estaban en un baúl al lado de la cama." Es lo último que recuerdo haber visto.
"¿Nada sobre Carlisle llevándote a su casa?"
"No, estaba demasiado ido para recordar eso. Realmente, es una maravilla que mi transformación arregló todo, me sentía tan mal por ese entonces."
Un escalofrío me recorrió.
"¿Bella?"
Sacudí la cabeza. "Solo era una idea… si Carlisle lo hubiera hecho demasiado tarde. No te tendría."
Sonrió gentilmente. "Entonces supongo que no habrías conocido nada diferente."
"Sí, habría sido. Recuerdo lo que era mi vida antes de conocerte. No estaba mal, en absoluto, pero no lo era todo, ahora sé eso. Te estaba esperando."
Sus ojos se suavizaron por mis palabras.
"Y yo por ti," susurró y estiró una mano para tocarme la cara. La caricia vino con un pulso de electricidad y me mordí el labio. Lo deseaba en estos momentos, en el sofá, o en el suelo, no me importaba. Por el repentino destello de sus ojos estaba segura de que él lo quería también. Pero Abbey…
Me aclaré la garganta y abrí el diario.
"¿Debería leer en voz alta? ¿o para mí misma? ¿Qué funciona mejor?"
"Haz lo que te sea cómodo. Dudo que haya mucho que necesites recordar, sin embargo, parece que has recordado mucho ya."
Mis ojos recorrieron las páginas rápidamente.
"Huh, tres invitaciones para el Baile de Primavera, había olvidado eso." Resoplé y Edward gruñó. "¿Te molesta?"
"Más de lo que nunca sabrás."
Le acaricié el cabello, pasando los dedos sobre su cuero cabelludo, cerró los ojos e hizo un ruido extraño.
"Edward, ¿estás…estás ronroneando?"
Abrió los ojos lentamente. "Um, ¿sí?"
Reí. "Nunca habías hecho eso antes."
"Sí lo hacía. Cada vez que tocas mi nuca o juegas con mi pelo o rascas mi cuero cabelludo. Todas esas cosas me hacen ronronear."
"Pero… ¿Cómo no las oí antes?"
"Probablemente era demasiado bajo para oídos humanos."
Lo pensé por un momento.
"Recuerdo sentir un ruido a veces"
"Mm, eso sería, entonces." Tomó mi mano y la puso sobre su pecho y ronroneó otra vez. Sí, ese era el ruido.
"Bueno, me alegro poder escucharlo ahora, también." Y entonces me pregunté…"¿Hay otros sonidos he haces y que no he oído?"
Soltó una risa rápida. "No, no creo eso. Soy un libro abierto." Me sonrió y le sonreí a él. Luego su sonrisa vaciló. "Pero eso no siempre fue así," susurró y sus ojos suaves sostuvieron los míos por un largo momento, mirándome desde su lugar en mi regazo. Le acaricié la cabeza. No ronroneó esta vez pero seguí acariciando, moviendo mis dedos para recorrer sus cejas, sabiendo que había algo que quería decir, esperé a que me dijera.
Sus ojos se quedaron en mí, a pesar de que se movían un poco debido a mi tacto. Y luego respiró hondo y se sentó, cruzó las piernas debajo de él y me enfrentó.
"Amor, he estado haciendo todo bajo una suposición desde que terminaste tu transformación, pero no debo asumir, debo estar seguro…por nosotros." Hizo una pausa y me pregunté hacia a donde iba. Sus ojos eran graves y el movimiento en su garganta me decía que estaba nervioso. Luego respiró fuerte.
"Bella, aparte de Snoopy, ¿Qué más recuerdas de Chicago?"
Oh, Edward.
Puse el diario y el lápiz en el suelo y llevé mis brazos a un abrazo. Besé el lado de su cuello.
"Visitamos a tu hijo," le susurré contra su piel. "George. Me acuerdo de todo." Lo bueno y lo doloroso.
Se alejó lentamente para poder verme. Sus ojos eran cautelosos al observar mi cara. Sonreí y le aparté el cabello de los ojos.
"Está bien, Edward, en serio."
Pero él todavía estaba inseguro, me di cuenta de eso.
"Te diré lo que recuerdo, ¿está bien?" Sonreí, pero no me respondió. Levanté sus manos y las sostuve en la mía, pasando mis dedos sobre su piel. Ahora la pregunta era saber que necesitaba él para estar seguro.
"Recuerdo que todo lo que supiste de George, lo aprendiste conmigo. Recuerdo el diario y como me consolaste cuando lloré. La primera vez que te juntaste con él , estabas conmigo, y cuando te despediste de él estabas conmigo. Recuerdo lo bueno, amable y nervioso estabas la noche en que subimos a su habitación. Recuerdo tu epifanía, el chocolate caliente, la lluvia, y como me enseñaste como te sentías." Sonreí. "Y Snoopy con los pantalones azul de pijama. Sé que toda la experiencia completa nos hizo más fuertes y más abiertos el uno con el otro y que tan diferentes somos a causa de eso. Recuerdo como tú y George se rieron de tu cabello y de lo emocionado que quedaste de saber que él había heredado tu amor por la música. Y sé lo orgulloso que estabas por su escuela de música, y que nosotros ayudamos en eso ahora. Y creo que lo que más recuerdo es la forma en cómo le dijiste adiós, como metiste su manta, le besaste en la frente y dijiste 'buenas noches'. Supe entonces, que si alguna vez hubieras tenido la oportunidad, habrías sido un padre maravilloso, porque eres un hombre muy bueno, Edward."
Hice una pausa. Aun me estaba mirando, inmóvil ahora.
"¿Lo recuerdo bien?" En realidad no era una pregunta, porque sabía que lo hacía. Me preguntaba si él estaba de acuerdo conmigo.
Le tomó un momento, pero finalmente respondió.
"Sí."
Luego se derrumbó sobre mí, exhalando fuerte, enterró la cabeza en mi estómago y fue maravilloso porque nunca había podido hacerlo antes – no así. Pasé mis brazos alrededor de él, tratando de no apretar mucho, a la vez que el alivio lo recorría y gimió.
"Eso se siente tan bien," suspiró. Apreté un poco más fuerte.
"¿Creíste que no recordaba?"
Se encogió de hombros en mi regazo. "No estaba seguro. Asumí, cuando mencionaste a Snoopy, que habías recordado, pero no sabía cuando, exactamente. Deberías tener algunas cosas bloqueadas."
"Si no recordaba, ¿me habrías dicho?"
Alzó la cabeza.
"Por supuesto. Nunca te lo hubiera escondido…pero la idea de hacerte atravesar por ese dolor de nuevo, fue agónico." Hundió su cabeza de nuevo y comenzó a dejar besos por todo mi estómago, mientras yo enredaba mis manos en su cabello, riendo. Era más difícil mantener el ardor bajo control, mi cuerpo estaba temblando de nuevo.
"¿Crees que habría reaccionado de otra manera?"
"Yo, yo no creo," levantó la cabeza para mirarme otra vez. "No hay garantías con estas cosas. Podrías no haber sentido lo mismo."
Me incliné hacia delante y besé su frente.
"Es una parte importante de nosotros, y mucho bien vino de eso, como para sentirme diferente."
Él asintió lentamente pero de nuevo sus ojos eran cautelosos de nuevo.
"¿Qué?" pregunté.
"Bella, ya que estamos tratando las, er, las partes más ásperas de nuestra relación…" tragó, ansioso de nuevo. "¿Qué recuerdas acerca de tú cumpleaños dieciocho?" dijo en voz baja.
Sentí un tirón familiar en mi pecho, pero no era fuerte, ya no. Ahora comprendía.
Pasé mis dedos a lo largo de su mandíbula y sobre sus labios a la vez que sonreía a sus ojos.
"Lo hiciste porque me amas."
Estaba a punto de darle un beso, pero el repentino sonido de pasos me detuvo. Levanté la cabeza, mirando rápidamente hacia la puerta, el instinto me puso en estado de alerta.
"Está bien, es Alice," Edward se quejó y reconocí el sonido entonces. Un ritmo ligero y danzarín, sí, era Alice.
Edward y yo rodamos los ojos y luego nos echamos a reír.
"Entra, Alice," dijo, ambos nos sentamos y un momento después la puerta se abrió.
"Hola," dijo alegremente y entró con una pila de revistas. "Pensé que les gustaría tener un tiempo a solas."
De alguna manera el comentario no emparejaba sus acciones. "¿Así que quisiste unírtenos? Ya estábamos solos."
Ella rió al sentarse entre nosotros y esparció las revistas sobre la mesa de café.
"Me quedaré con Abbey," sonrió y tomó la última edición de la revista Vouge, agitando las hojas. "Tómense su tiempo. No despertará hasta las 7:23 de la mañana"
¡Oh! Ahora lo tengo.
Miré a Edward, que se veía un poco tímido, pero sus ojos brillaron al tenderme una ansiosa mano. La tomé, pasando por encima de las piernas de Alice al avanzar hacia la puerta.
"Um, adiós," le dije torpemente pero no levantó la vista, solo agitó su mano en nuestra dirección mientras se concentraba en un abrigo de leopardo.
El aire nocturno era fresco, estremeció mi piel pero no hacía frío.
"Um, ¿qué quieres hacer?" Edward preguntó, con ojos bajos, y podría jurar, parecía de diecisiete y prácticamente estaba arrastrando los pies sobre la tierra.
Sabía que él quería esto tanto como yo, que lo había retrasado también, pero no porque el tiempo no fuera el correcto – me estaba dejando llevar el control.
"Corramos," dije y me fui sin esperarlo.
Podía oír a Edward detrás de mí. El sonido de su risa era hermoso. Era alegre, feliz, emocionada, y creo que nunca lo habría escuchado reír así antes. Ni cuando estaba cubierta de puré de calabaza.
Corrió a mi lado, luego me avanzó por un poco, y dio la vuelta para mirarme, con una amplia sonrisa mientras corría de espalda.
Mi pelo ondeaba detrás de mí, mi ropa se pegaba contra mí por la velocidad. Estaba oscuro, pero eso no era problema para mis nuevos ojos. Rocas, troncos, no eran nada. Salté por encima de ellos con facilidad.
Edward comenzó a correr de frente y zigzagueó al avanzar, entrando y saliendo de entre los árboles, riendo, sobrepasando piedras y rocas, para saltar de nuevo. A veces daba volteretas hacia atrás, otras veces rodaba hacia delante. Nunca antes lo había visto hacer esas cosas y lo observé, fascinada.
Corrió hacia delante y desapareció por un momento. Seguí corriendo, buscándolo con los ojos.
"¿Edward?"
Oí suaves sonidos sobre mí y luego jadeé al verlo caer de un árbol frente a mí. Rió y me sujetó antes de que chocara contra él.
"¿Cómo hiciste eso?" Levanté la vista hacia el árbol.
"¡Fácil, mira!"
Él obviamente estaba haciendo alarde al correr unos pocos pasos, impulsarse desde la tierra y tomar la rama más baja. Se alzó a si mismo desde la rama y luego subió hasta la superior y la de más arriba hasta que estuvo en la copa.
"Inténtalo," dijo hacia abajo.
Así que lo hice.
Copié sus movimientos con exactitud, sin esforzarme, y un segundo después, estaba a su lado, sentada en las ramas más latas.
"Increíble, simplemente…increíble." Mis ojos podían ver a kilómetros de distancia, cada copa de árbol, cada hoja, todas brillando a la luz de la luna. Salté un poco donde estaba sentada sintiendo como la rama se curvaba y oscilaba, y luego me detuve.
"¿Se romperá?"
"No," pero su brazo alrededor de mi cintura me sostuvo firmemente contra él.
"Está bien, no me voy a caer," le dije, pero se encogió de hombros.
"Lo sé," sonrió, dándome un suave apretón. Luego me empujó suavemente con sus hombros, pretendiendo que me empujaba. Una costumbre humana se hizo presente, jadeé y me afirmé de él y rió. La rama comenzó a doblarse y a agitarse por el movimiento y entonces Edward comenzó a saltar arriba y abajo, haciéndolo peor.
"¡Detente, nos vamos a caer¡" Sabía que no importaba, que no saldríamos heridos, pero algunos hábitos son difíciles de romper, al parecer.
"¡Tú me dijiste que no nos caeríamos!"
"¡Argh!" Lo empujé, pero estaba riendo.
Estaba muy juguetón, lo amaba cuando era así. "Nunca te he visto subir arboles antes. O hacer saltos mortales desde rocas." Ambos habíamos dejado rebotar y empujarnos.
"Bueno, no sería tan divertido si no pudieras unirte. Y no creo que te gustaría que lo hiciera contigo en la espalda."
Probablemente no.
"¿Qué más hiciste cuando no estaba?"
Se encogió de hombros. "No mucho. Cazar, escuchar música. Extrañarte, en su mayoría."
Reí entre dientes. "Eres tan suave, Edward."
Me dio una sonrisa aun más cursi. "Lo sé." Se pasó la mano libre por el cabello. "Pero es verdad. Siempre te extraño cuando no estamos juntos."
Yo también siempre lo extrañaba.
Yo estaba tomando profundas respiraciones. Podía saborear el aire. Su sabor me hablaba de lluvia, y electricidad. Una tormenta se avecinaba.
El brazo de Edward estaba apretado a mí alrededor, sus dedos presionaban ligeramente, acariciando con suavidad. Era una caricia suave, pero podía sentir la sugerencia y la promesa que contenía. Mi respiración comenzó a agitarse. Sonreí para mí - ¿así que todavía esto pasaba, huh? A pesar de ser un muerto viviente, Edward me dejaba sin aliento.
No estaba tan oscuro aquí, por encima de la gruesa cubierta de la arboleda. La luz de la luna brillaba a nuestro alrededor y en la distancia podía ver pequeños puntos de luz desde la cabaña.
"Hey, Edward…,"
"¿Sí, Bella?"
Reí un poco. "Puedo ver la casa desde aquí."
Edward resopló y luego comenzó a reír, haciéndome reír también.
Y luego dejó ir cuidadosamente mi cintura y se dejó caer al suelo. Aterrizó sin problemas, en silencio y me miró expectante.
"Solo déjate caer hacia delante. Te voy a atrapar si quieres."
"Pero te voy a aplastar."
"Solo un poco."
Saqué la lengua y él me la sacó de vuelta y reí de nuevo.
"No te preocupes, puedo hacerlo." Dije, acomodándome en la rama.
Mm, subir fue tan divertido y fácil como Edward lo hizo ver. Pero saltar – mis instintos humanos me decían que no era una buena idea. Pero ya no era humana y Edward estaba esperando y no quería que él tuviera que atraparme. Me impulse hacia delante con precaución y entonces me dejé caer.
Llegué sin problemas, pero hecha un ovillo, con las piernas dobladas debajo de mi torpemente.
"¡Ow!" grité y de inmediato Edward estaba a mi lado.
"¡Bella!" Se agachó, y me tomó en sus manos con urgencia, sorprendido y confuso, obviamente. Levanté la cabeza y le sonreí.
"¡Te tengo!" Guiñé un ojo y me levanté de un salto, corriendo entre los arboles una vez más, riendo. Reí aun más fuerte cuando escuché el gruñido detrás de mí. "¡Bellaaah!"
Edward era sigiloso, y lo sentí pasarme antes de verlo y me pregunté cual sería su venganza.
"Estás frunciendo el ceño. ¿Qué estás pensando?" pregunté.
Era fácil hablar mientras corríamos, tan fácil como charlar en la mesa de la cena.
"Me pregunto cómo me vas a hacer pagar por mi pequeño truco."
Alzó las cejas. "Ya se me ocurrirá algo. Pero voy a esperar hasta que creas que me olvidado de todo…y luego voy a saltar."
Y entonces saltó sobre mí y los dos reímos cuando me desvié perfectamente para evitarlo.
"Eres un vampiro, Edward. Sé que no lo olvidarás."
"Entonces sabrás que estoy esperando mi momento. Eso es aún peor. Esperar, sin saber cuándo te voy a golpear." Desapareció detrás de un árbol a mi izquierda y volvió a aparecer de un árbol a mi derecha, con cara de vampiro en su lugar.
"Eso pudo haber funcionado cuando era humana, Edward, pero te vi pasar de tras de mí hacia otro árbol."
"Entonces voy a tener que disimular."
Mm, sospechaba que podría hacerlo, también.
Estaba corriendo de espaldas de nuevo, todavía mirándome, con una enorme sonrisa en su rostro. Me reí con él.
"¿Qué estás haciendo?"
"Estoy disfrutando de la vista."
Rodé los ojos y ahora él empezó a reír.
"¿A dónde vamos?" preguntó después de un momento, cambiando de posición y corriendo a mi lado.
"¿No adivinas?"
"No soy un lector de mentes," sonrío. "Pero está bien, voy a adivinar. ¿Al prado?"
Sonreí. "Sí."
Sonrió, también.
"¿Qué vamos a hacer cuando lleguemos allí?" Levantó una malvada ceja y esa energía comenzó a crepitar a mí alrededor de nuevo.
"No sé, yo pensaba que habían algunas cosas que querías probar, ahora que no soy tan frágil." Me sorprendí de mi misma por mi atrevimiento y creo que él también se sorprendió. Sus pies parecieron tambalearse un poco pero se estabilizó rápidamente. Fue tan sutil el hecho que solo otro vampiro lo hubiera notado y me cuestionaba si hubo otras veces en el pasado donde mis ojos humanos no lo vieron.
Como humano me habría sido difícil encontrar el prado sin una brújula o un mapa e incluso así el éxito era dudoso. Pero ahora, como vampiro, sabía exactamente dónde encontrarlo. Y estábamos casi allí. Ambos disminuimos la velocidad hasta caminar. Edward tomó mi mano, apretándola más fuerte que de cuando era humana, sus dedos presionaban y soltaban los míos – era un clásico Edward nervioso.
"¿Entonces vas a decirme?" pregunté.
Me detuve y él me abrazó a la vez que me estiraba para besar su mandíbula. Volvió la cabeza y tomó mis labios, suavemente al principio, luego, cuando respondí, más fuerte. Mucho más fuerte.
Su mano dejó la mía y se enredó en mi cabello, tirándolo, provocando que mi cabeza fuera hacia atrás para así poder dar una fiesta de besos, pellicos y mordiscos en mi cuello. Esto era tan nuevo, la acción, la posición, sus dientes. Las sensaciones me hicieron gemir. Su otra mano estaba en mi espalda, empujándome más cerca de él, aplastando mis senos contra su pecho. Mis manos empuñaban su pelo, tirándolo y retorciéndolo mientras mi cuello se convertía en su patio de recreo.
"¿Decirte qué?" murmuró en mi contra.
"Las cosas que quieres hacer."
Se apartó para mirarme, la esquina de su boza se alzó en una sonrisa malvada. Luego llevó de nuevo sus labios a los míos, con hambre, devorando.
"Hay muchas cosas," respiraba fuertemente mientras trataba de hablar y besar al mismo tiempo. Yo estaba besándolo con urgentemente, esperando a que me dijera que tantas cosas eran. O mejor aún, que me las mostrara.
Esperé, pero nunca habló y me comencé a preguntar, mientras él arqueaba su cuello y pasaba mi lengua a lo largo de su mandíbula, si estaba siendo tímido.
"¿Quieres…," traté de imaginar algo extraño y vampírico. "¿Quieres balancearte entre los arboles?" Reí, era una broma, pero dada la escalada que habíamos hecho hace poco, no me parecía imposible. Jadeé cuando su lengua encontró el hueco de mi garganta. Sin embargo, cuando todavía no hablaba, y de hecho disminuyó sus atenciones, me pregunté si algo andaba mal.
"¿Edward?"
Alzó sus ojos hasta los míos lentamente y su rostro tenía una suave expresión de anhelo.
"Quiero que me abraces."
Fue casi un suspiro y por medio segundo no estuve segura de a qué se refería. Siempre lo abrazaba, rara vez no estábamos en los brazos del otro. Pero de pronto, el significado calló en su lugar.
Por supuesto. A pesar de lo fuerte que lo abrazaba cuando hacíamos el amor, siempre habría parecido casi como algo más que un ligero toque para él, una suave caricia. Su comentario en el sofá un poco antes, eso se siente tan bien, ahora, tomaba un nuevo significado. Sabía lo maravilloso que se sentía cuando él me abrazaba tan fuerte como podía – él había estado perdiéndose eso.
"Te abrazaré," susurré.
Sonrió con su sonrisa torcida. "Y quiero ser capaz de abrazarte, también. Realmente abrazarte y seguir sosteniéndote…," pasó saliva, sus ojos se volvieron más intensos y su voz tembló un poco. "Y no tener que dejarte…cuando yo llegue."
Sus palabras me hicieron arder.
"Lo haré, Edward."
"Lo sé."
Cosas tan simples. Él quería cosas tan simples.
Luego rió y su energía cambió un poco.
"Pero hay otras cosas, también."
Empezó a alejarse de mí, lentamente. Habíamos estado en el borde del claro y ahora lo seguía mientras caminaba de espaldas hacia el claro. La luz de la luna llenaba el espacio, bañándolo con su suave resplandor.
"Amarte de la forma en que quiero, de la forma en que debes ser amada…completamente, sin miedo ni vacilación."
Asentí, y un escalofrío de anticipación me recorrió. Sí, yo quería eso también – para los dos.
Continuó moviéndose, sonriendo, ahora casi rodeándome, y recordé que había dicho que el amor vampiro era primitivo y rudo. Se sentía de esa manera ahora, casi como si yo fuera su presa. Asentí de nuevo, siguiéndolo a mediad que avanzaba. Sus ojos eran fieros, estaban negros, aunque sólo habíamos cazado en la mañana.
"Realmente nunca me he dejado llevar antes, Bella…nunca…no sé qué esperar." Era casi un desafío.
Mi respiración comenzó a ir muy rápido, quedando casi sin aliento.
"Vamos descubrirlo juntos," dije.
"Sé que va a ser diferente," dijo. "Esto será una pareja reclamando a su compañero, ¿estás lista para eso, Bella?" Arqueó una ceja.
Y antes de que pudiera contestar alzó las manos y se quitó la camiseta, dejándola en el suelo. La luz de la luna danzaba sobre las líneas y planos de su cuerpo, su pecho moviéndose hondo y duro por las pesadas respiraciones, y mi voz fue un susurró.
"Estoy lista."
Cerró la distancia entre nosotros, sin tocarme, pero mi cuerpo podía sentirlo. Yo estaba temblando, esperando por él, pero recordando mi nueva fuerza, traté de frenarme un poco.
"Seré amable," dije.
Inclinó la cabeza, pasó la lengua por mi oreja y susurró.
"No lo seas."
Y luego su boca se estrelló contra la mía.
Sus manos estaban de vuelta en mi cabello, sosteniendo mi cara contra la suya, y era como si no pudiera besarme con suficiente profundidad. Mis manos estaban en su nuca, atrayéndolo más cerca, aplastándolo contra mí. Y luego se alejó y llevó su rostro a mi cuello, haciendo a un lado el cuello de mi blusa. En un rápido y vampírico movimiento, la blusa se había ido. Mi sostén siguiéndola.
Gimió, cayó de rodillas y enterró la cabeza en mi estómago, luego la alzó para apoyarla contra mis pechos. Mientras mis manos tomaban su cabello y arañaban su espalda sus dientes rozaron y mordieron a la vez que su boca jugaba primero con un pecho, y luego con el otro. Un profundo gemido salió como gruñido desde mi garganta, mis rodillas se doblaron y él me atrapó, tendiéndome sobre la hierba, cubriendo su cuerpo con el mío y la sensación de su pecho sobre mí era la gloria.
Fui vagamente consciente de que mis pantalones eran removidos de mis piernas. Cayeron en un montón junto a mi blusa, mientras Edward se sentaba, a horcajadas sobre mí.
"Déjame," lo alcancé, tomé la cintura de sus pantalones y se los arranqué…y Edward echó su cabeza hacia atrás, siseando. Me senté y lo empujé ligeramente, presionándolo contra la tierra, y vi una sonrisa de deliciosa sorpresa y anticipación aparecer en sus labios cuando mis intenciones se hicieron claras.
Lo exploré, con mis nuevos sentidos, viendo los detalles que no había visto antes, redescubriéndolo con el tacto y el gusto. Y a la vez que mi boca lo buscaba, y lo reclamaba, su cuerpo se retorció con un placer que nunca antes se había permitido. Su cabeza cayó hacia atrás mientras gemía y gruñía, profundo y gutural, y el sonido era hermoso. Sus dedos retorcían mi cabello, jalando y tirando.
"Sí, oh, Bella sí…por favor," él estaba casi sollozando, levantó la cabeza y me miró con sus ojos oscuros y salvajes. Pero de improviso se alejó, temblando y sacudiéndose, me tomó y me hizo rodar debajo de él. Se arrastró por mi cuerpo, lentamente, con los ojos ardiendo, un lento gruñido retumbó desde lo profundo de él.
"Todavía no," dijo, respondiendo a la pregunta en mis ojos. "Primero quiero estar contigo…así." Y yo gruñí, intenso y profundo, mientras él me tomaba.
Nunca había conocido nada igual. Nunca había visto a Edward así. Él era poderoso, impecable y posesivo. Y si cada movimiento me estaba reclamando, si cada golpe me estaba diciendo tu eres mía, también estaba diciéndome…yo soy tuyo. Esto era amor sin miedo, sin vacilación, sin restricciones ni limitaciones – era puro y perfecto. Era pleno. Gruñí su nombre mientras me agarraba de él, rodeándolo con mis brazos y piernas, trayéndolo más cerca, abrazándolo apretado, acercándolo aún más, más profundo de lo que él había estado antes. Comenzó a temblar de nuevo y dejó caer la cabeza sobre mi hombro con un gemido…
"Bella…síííí."
Amor, éxtasis, alivio, todo en una simple palabra.
Mi nuevo cuerpo, mis nuevas sensaciones, todo fue amplificado e intensificado. Podía sentirlo, realmente sentirlo…la flexión y la relajación de cada músculo. Me agarró con fuerza, como si nunca me fuera de dejar ir, sus manos extendidas anchas y duras en mi espalda y alrededor de mi cadera, mientras tomaba de mí más de lo que jamás había conocido antes, llevándome a lo alto hasta que exploté, arqueé y aferré, gritando su nombre y que lo amaba. Sus ojos eran fuego salvaje y oscuro, al observar cómo me deshacía. Él estaba cautivado por el regalo que me había dado…pero sus besos, tiernos sobre mis hombros, garganta y pechos, me decían que era un regalo para él, también.
Sus brazos me levantaron, sus piernas me rodearon y me senté en su regazo. Me acercó a él, aplastando nuestro pechos, y el mayor contacto nos hiso gemir y gruñir a ambos al tiempo que su amor me alimentaba y sus labios temblaban contra mi cuello a la vez que gemía y susurraba mi nombre entre mordiscos y besos.
Pero de pronto, entre la bruma urgente del deseo y la necesidad, todo parecía ir más despacio. Y él se alejó, sus ojos me decían algo nuevo.
Los últimos vestigios de cien años de restricciones estaban a punto de caer. Esta última barrera entre nosotros, el miedo de Edward, su control, estaba a punto de desmoronarse, dejándolo abierto y vulnerable. Él nunca había estado tan expuesto antes.
Sus ojos me lo estaban diciendo y entendí.
Lo abracé incluso más fuerte.
"Te tengo, Edward. Te amo."
Y se dejó ir.
Se vino dentro de mí con todo lo que nunca había sido capaz de darme antes. Se aferró a mí y a mis brazos acercándome a él. Luego se arqueó, alejándose de mí, con el cuello y los hombros tensos, con la cabeza hacia atrás, gritando mi nombre, y su amor, su arrojo, abandono y libertad, era la cosa más hermosa que jamás había visto.
Sus ojos me encontraron de nuevo, y en ellos pude ver la impresionante profundidad de su amor, de su sorpresa y asombro. Y con un tembloroso gemido, se estremeció una vez más y colapsó, temblando en mis brazos.
Y sus manos nunca me dejaron.
Nos recostamos a la luz de la luna, nuestros cuerpos entrelazados. De vez en cuando besaba mi cabello, mi mejilla, mi oreja. Murmuró lo mucho que me amaba y le dije lo mismo. E hicimos el amor. Una vez más. Y otra vez. Y de nuevo. Incluso cuando vino la tormenta.
Supe cuando se acercaba el amanecer. La temperatura cambió imperceptiblemente antes de que el cielo comenzara a aclarar.
Estábamos enroscados uno alrededor del otro. En paz, contenidos. Cerré los ojos, dando rienda suelta a mis otros sentidos. Oír el movimiento de los escarabajos en la hierba, sentir el aire en mi piel. No la brisa, solo el aire, moviéndose sobre mi piel en una manera que lo humanos no sentirían.
Respiré profundamente, con lentitud, dejando que el aire llenase mis pulmones de aromas dulces y almizclados. Flores silvestres, hierbas, animales.
"¿Qué estás pensando?" preguntó, su nariz trazó suavemente mi oreja antes de que sus labios tocaran mi piel en un beso dulce.
"No estoy pensando. En realidad no. Sólo estoy sintiendo todo. Estoy…disfrutando."
Pasó la nariz por mi mandíbula. "Es bueno disfrutar," dijo.
La temperatura se hizo más cálida en una fracción de grado, mi piel desnuda podía sentirlo.
Edward comenzó a cantar en voz baja y recordé que él había hecho eso nuestra primera vez en el prado. Pero no lo había escuchado entonces, su voz era demasiada baja para el oído humano. Había tendido que decirme.
"Tienes una hermosa voz," murmuré, casi dormida, aunque estaba lejos de eso.
"Gracias."
"Cantas cuando estas contento, sabía eso. Sólo que no podía escucharlo." Rió bajito. "Pero ahora lo haré."
Nos quedamos en silencio de nuevo, dejé que mis dedos dibujaran espirales sobre su espalda baja. Gimió y lo sentí responder.
"¿Más?" rió, con su voz baja, haciendo que sonara como terciopelo con solo una palabra. Reí. Amaba el sonido de su voz.
"Habla conmigo."
"¿Hablar? ¿Quieres hablar?" El terciopelo apenas dio lugar a un rastro de decepción.
Asentí, sonriendo. Solamente quería escucharlo con los ojos cerrados.
"Entonces te sugiero que dejes de hacer lo que estás haciendo, amor…" su susurro era ronco, tentador. "O obtendrás solamente incoherencias de mí parte."
Abrí los ojos por una rendija y lo encontré mirándome, y mezclado con el deseo, vi una imagen de pura paz y alegría en su rostro como nunca había visto antes. Había sido una buena noche.
Sonreí y aplané mi mano contra él, deteniendo mis movimientos. Tomó una relajante respiración y cerré los ojos de nuevo.
"¿Sobre qué te gustaría hablar? ¿Puedo compararte con un día de verano? ¿O tendré que recitar pasajes de Cumbres Borrascosas? ¿Quieres que cite a Heathcliff?"
Reí y luego él también. "No. Quiero oír a Edward. Dime cualquier cosa…no sé, um, dime que había en tus emails cuando los revisaste ayer por la noche. He estado ausente del mundo durante tres días."
Su mano estaba acariciando mi cadera y muslo, en perezosos círculos, y por mis palabras se acercó suavemente y besó la cicatriz en mi cuello. Me hizo sonreír.
"Mis email," suspiró. "Muy bien…vamos a ver, el contrato de arriendo de la casa en Chicago vence en octubre y los inquilinos no lo renovarán."
"Oh, ¿en serio? ¿Vas a tener que buscar nuevos, entonces?"
Lo sentí encogerse de hombros. "En algún momento, supongo. Y Audi está estrenando un nuevo modelo deportivo, el R8 Syder, muy veloz."
Sonreí. "Ya tienes dos autos, Edward. ¿Cuántos quieres?"
"Tres."
Me reí fuerte y sentí su cuerpo temblar por su risa silenciosa. "De verdad, estoy en su lista de alerta, eso es todo. No voy a comprar uno."
"No todavía, de todos modos, ¿no?"
Sentí mover su cabeza contra mí en una suave sacudida, sus labios se curvaron en una sonrisa contra mi cuello. "Me conoces muy bien, amor." Besó mi hombro. "Y eso me va muy bien."
Sus dedos pasaron por sobre mi estómago, bajó por mis caderas, descendiendo lentamente. "¿Ahora puedo dejar de hablar?" Comenzó a mordisquear mi cuello y supe que nunca me cansaría de ello. Con Edward nunca me cansaría de nada.
"Mm, solo un poco más," dije y sus labios hicieron un mohín sobre mi piel. "Estoy disfrutando oírte, realmente escucharte. A ti. A todo. ¿Había algo más?"
"Mm, había. Rebecca dice que los estudiantes han sido seleccionados para tocar en el concierto de Navidad de la cuidad, de nuevo este año."
Abrí los ojos y lo vi sonriendo, con el cabello cayendo sobre su frente y ojos.
"Eso es fantástico, Edward." Apreté mis brazos a su alrededor y solté aire suavemente sobre su cara, moviendo algunos mechones en el camino. Parpadeó y sonrió ampliamente. "Los organizadores deben estar interesados, solo es agosto."
"Su actuación fue muy popular el año pasado," dijo. "Y me imagino que es importante comenzar a organizar prontamente esas cosas."
"Supongo que sí." Me acurruqué contra él. Estaba tan orgullosa de que apoyara el trabajo de George, ayudar a continuar todo lo bueno que su hijo había comenzado. "Edward, ¿te gustaría ir al concierto?"
Su cuerpo se tensó levemente por apenas un segundo. Luego se relajó y cuando respondió estuve satisfecha por su honestidad.
"Me gustaría, sí, pero no si te hace sentir incómoda."
"Bueno, es en cuatro meses, por lo que todos dicen podría ser segura para entonces."
Sonrió. "No dudo en absoluto de que estarás lista para eso. Pero no era lo que quería decir." Encogió un hombro torpemente y de pronto entendí a lo que quería llegar.
"Me gustaría ir, Edward." Puse mis manos a ambos lados de su cara. "Estoy orgullosa de la escuela, también, y estoy orgullosa de lo que estás haciendo. Me gustaría verlos tocar."
Y Edward sonrió, y me rodeó con sus brazos fuertemente.
"¡Oh! ¡Pero mis ojos todavía serán rojos! ¡Rebecca sabrá que soy diferente!"
"Rebecca no tiene que saber que vamos a estar ahí. En cuanto a tus ojos, puedes usar lentes de contacto."
Arrugué la cara.
"¿Qué?" preguntó. "¿No te gusta la idea de los lentes de contacto?"
Negué. "No, no me gusta. Sólo la idea de ponerlos sobre mis ojos…," me estremecí y él rió.
"No has cambiado en nada," besó mi cabeza y susurró. "Gracias, Dios."
Me acomodé contra él y su barbilla descansó sobre mi cabeza.
"¿Nos quedaremos en el mismo hotel de la ultima vez? Me gustó y esa habitación tenía mucho espacio para Abbey."
"Mm, podemos."
"Siento un pero por venir."
Rió suavemente.
"Podemos quedarnos ahí, o…no tengo que encontrar nuevos arrendatarios. Podemos quedarnos en mis casa, si quieres."
¿Estaba bromeando?
"¿Podríamos hacer eso?" Me acomodé para poder ver su rostro.
"Sí." Sus ojos estaban brillando.
"Oh, me gustaría, Edward. ¡Me gustaría muchísimo!"
"En realidad, amor…tal vez podríamos quedarnos un poco más después del concierto." Ahora estaba algo indeciso. "Quizás, si te es agradable, podríamos quedarnos para Navidad."
Me miró a la cara y aún mi corazón parecía hincharse por el deseo, y la esperanza en sus ojos.
"Es sólo una idea, pero es una casa grande, con mucho espacio, podemos invitar a Charlie, y a Sue por supuesto, y al resto de la familia. Abbey puede quedarse en mi antigua habitación."
"Podríamos hacer de la primera gran Navidad de Abbey una tradición familiar de Navidad."
En su casa familiar, donde había tenido tantas Navidades felices de niño. Acuné su rostro en mis manos y lo besé con ternura, comprendiendo exactamente lo mucho que significaría para él, y también para mí. Mi felicidad estaba rebozando y reí.
"Eso suena perfecto, Edward."
Sonrió. "Sí, así es."
Y luego rodó sobre su espalda, dejándome sobre él, su sonrisa se hizo más grande y se echó a reír en un sonido lleno de alegría.
"Sí alguien me hubiera dicho hace dos años atrás que ahora estaría en este punto, habría pensado que estaba locos."
Alzó una mano para jugar con mi pelo, la otra estaba dando largas caricias sobre mi espalda.
"Bella, cuando estábamos recién casados, me encantaba la idea de no tuvieras que irte a casa de nuevo. Tu casa está conmigo y cada vez que la realización me golpeaba sentía que iba a explotar de felicidad. Y ahora saber lo lejos que hemos llegado juntos, tener Abbey, el ser una familia, y saber que ahora te tendré para siempre, que nunca nos separaremos, que nunca te perderé o que nunca te dejaré. Para siempre. Es demasiada felicidad."
Repartí besos sobre su pecho y él suspiró.
"Te amo, Bella," dijo simplemente. "Te amo y te adoro."
Sonreí y alcé la cabeza hasta sus labios. Lentamente, fui bajando con mis labios hasta que siguieron por la suave huella de cabello que tenía en la parte baja de su pecho. Él gimió, con los ojos cerrados, su expresión mostraba la felicidad que estaba sintiendo.
Sus manos acariciaron lentamente mis costados, tratando de sentir las curvas de los costados de mis pechos. Me reí y llevé mi cara hasta la suya.
"Te amo, también," susurré. "¿Y Edward?"
"¿Mm?" Sus ojos se abrieron y uso una mano para empujar suavemente el cabello fuera de mi cara mientras lo miraba.
"Puedes dejar de hablar."
"Abbey se despertará dentro de poco," murmuré. "Quiero estar allí cuando despierte."
Edward asintió y me besó, desenrolladlos de mí con lentitud y comenzó a buscar con la mirada nuestras ropas que habían quedado esparcidas por el césped. Pero un segundo después su rostro se alzó hacia el cielo pálido y gris.
"¿Qué es?"
Levantó un dedo, pidiendo que esperara. Otro segundo después se puso de pie, tirando de mí con suavidad, aún con los ojos fijos en el cielo.
"¿Edward?" Estaba empezando a reírme de su extraño comportamiento. "Qué pasa."
"Sígueme," dijo, sin dejar de mirar hacia arriba.
Caminamos una corta distancia hacia el lado norte del prado.
"Aquí," dijo, de pie todavía, frente a mí y sosteniendo mis manos.
"Me siento como un humano de nuevo, sin entender que está pasando contigo."
"Esto vendrá con la experiencia," dijo y todavía no estaba segura de lo que quería decir. Luego sus manos se tensaron sobre las mías. "Aquí viene."
Alzó completamente la cara al cielo, justo cuando las nubes se abrieron lo suficiente para que un rayo de suave luz de mañana se filtrara entre ellas. Bajó sus ojos a los míos.
"Mira, Bella," dijo bajito.
Y bajé la mirada hacía el arcoíris que revotaba sobre mi piel.
Jadeé y retiré suavemente mis manos de las suyas, dándolas vuelta, mirando los diamante luminosos que bailaban en mis brazos, pecho, pies y piernas. Volví la cabeza, mirando mis hombro y sí, incluso mi trasero desnudo. Edward rió al ver que revisaba mi culo brillante.
"Increíble," suspiré, me volví hacia él y dejé mis manos en las suyas. Lo miré, brillante y resplandeciente por la luz. "Hermoso," levanté las manos y las pasé por sobre su pecho, por su cara.
Sus ojos eran suaves y cálidos, llenos de amor al mirarme fijamente.
"Hermosa," susurró y me tomó en sus brazos, y sus labios encontraron los míos. "Hermosa."
Recordé la primera vez que lo había visto brillar. Había sido aquí. Nos habíamos declarado. El hermoso, fuerte vampiro y, la normal, débil humana.
"Huh, supongo que ya no soy una oveja."
Lo miré a los ojos – ellos cuestionaban ahora, queriendo más detalles.
"¿Recuerdas? El primer día que vinimos aquí. Dijiste que el león se había enamorado de la oveja. Supongo que ya no soy una oveja, ¿lo soy?"
"Nunca lo fuiste, Bella." Sus manos acariciaban mi piel, satín sobre seda. "Siempre fuiste el león. Yo era la oveja."
Lo miré fijamente, tratando de entenderlo lo que acababa de decir. Sonrió y me atrajo aún más, envolviéndome entre sus fuertes brazos.
"Pero…,"
"Siempre he estado a tu merced, Bella." Besó el tope de mi cabeza. "Desde la primera vez que te vi."
Luego me acunó en sus brazos, besó mis labios y suspiró.
Me acurruqué contra su pecho, pensando en sus palabras, y con una sonrisa de sorpresa en mis labios. Siempre pensó que él era el débil, y yo siempre creí…
Pasé mis dedos por su mejilla, presionando con suavidad para que me mirara. "No más leones, no más ovejas, sólo Edward y Bella a partir de ahora ¿está bien?" Sonreí.
Besó mi frente. "Solo Bella y Edward. Para siempre."
"Para siempre."
Sonrió, brillante e impresionante, sus ojos inundados con el amor y la alegría que yo también sentía.
"Vamos, amor, vámonos a casa." Comenzó a guiarme por entre las flores silvestres. "Tenemos a alguien esperando por nosotros."
FIN
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Y este es el capítulo de final de Blood Lines. A veces pienso que así debería haber terminado BD, con ellos disfrutando de su vida familiar y sin los temores para un futuro. En vez tenemos un BigO por parte de Edward y a Bella admirando su culo brillante. Esos sí que son vampiros ;)
Costó pero se pudo!
Muchas gracias a quienes han seguido el fic, ya sea manifestándose con sus rws o que leen desde las sombras y agregan el fic a sus favs. El saber que alguien lee mi trabajo (la traducción claro está) es muy gratificante. De verdad :)
Próximamente (no sé que tan pronto) subiré los epílogos EPOV que están bien lindos también. Ya saben a todos nos gustan los EPOV's, ¿o no?
Recomendación: Let It Be de Luchy Rct, en español, de 11 caps y termiando. Tras la muerte de su madre, Bella se va a vivir con su padre, quien se ha vuelto a casar. Su madrastra es odiosa, su padre ha cambiado (quizás no) y su hermanastro la mira de manera extraña y para finalmente acosarla. Todo es como el inicio de la saga, ella es la nueva, la clase de biología y todo eso. Este es un fic más o menos viejito, por eso lo destaco, te lleva a cuando estabas completamente obsesionada con TW y te sentías parte de su historia. Muy lindo y triste a la vez.
Y les dejo la que subí con la primera parte.
Recomendación: Entre los Dos y la Luna, de It Is Your Butterlfly, en español y con 7 caps. Esta historia es contada en tiempo presente, donde Bella y Edward, ya casados, son secuestrados y torturados por unos rusos, mientras que con flashbacks se cuenta la historia de cómo, ella un programadora de softwares y él un agente, se conocen, se enamoran y llegan los problemas. La tortura es bien tratada, no muy grafica, pero si te deja saber, y sentir, lo mal que lo están pasando. Con los recuerdos, pueden conocer más de sus personalidades. Tiene algunas, muy pocas, falencias en la escritura, pero sin duda es una historia que promete, principalmente porque innova en el fandom en español.
Okis, me voy (mi jefa, que está mi lado, está hablando con unos gringos y ni sabe que estoy terminando de traducir esto jeje!)
