Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Forks, Julio de 2006

Fruncí el ceño frente a la pantalla del computador. Ya había leído el email varias veces, tratando de darle sentido, ligeramente irritado de que mis abogados ni siquiera se molestaran en adelantarse a mí. Obviamente había un error, ellos querían al Edward Masen equivocado, y aunque las palabras agitaban algo…no era un recuerdo, sólo un sentimiento de reconocimiento que estaba creciendo y comentaba a inquietarme.

Leí las palabras de nuevo.

Mis pies apenas rozaban la tierra mientras corría entre los árboles con el jodido correo apretado en mi mano. Se sentía pesado, como plomo.

Sólo me tomó unos minutos llegara al hospital y me aventé por entre las puertas, molestándome apenas en modificar el ritmo, mientras escaneaba los pensamiento a mi alrededor, buscando los de Carlisle. Estaba en su oficina, solo, y me encaminé por el pasillo, cerrando la puerta abierta sin siquiera molestarme en girar el pomo. Se balanceó hacia atrás y se cerró fuertemente, sacudiendo la pared.

Carlisle ya estaba de pie y de su expresión, de la detención de sus pensamientos, supe que mi rostro era algo para ver. "Edward, ¿qué es…no es Bella?"

Negué con la cabeza, el miedo y el pánico me habían robado el habla. No, el problema no era Bella, no todavía. Tendí la pieza de papel, mis dedos estaban temblando que casi era un borrón.

"¿Es verdad?" Mi susurro se quebró cuando Carlisle tomó el papel. Sus ojos recorrieron las palabras, sus pensamientos no me dijeron nada.

"¿Lo es?"

Ahora mis uñas se clavaban en mis manos, al apretar mis puños y las palabras de el email se repetían en mi cabeza.

breve compromiso…Lucy Catterall…un hijo, George…información…Edward Masen…

No estaba respirando, Carlisle estaba demorando demasiado tiempo para responder, Bella estaría pronto en casa, yo debería estar yendo de camino a la casa de Charlie, no estar aquí…

"¿Es verdad?" Había un tono en mi voz ahora.

Finalmente, Carlisle frunció el ceño y dejó salir un suspiro pesado.

"Yo…yo no sé," dijo en voz baja, me miró con confusión y dolor en sus ojos. "Edward, puede ser."

Sus palabras me sacudieron como un pesado golpe en el pecho. Mis piernas se doblaron, apoyé la espalda contra la pared y me dejé caer al suelo. Sacudí la cabeza lentamente, no.

"Edward…,"

"¿Cómo?" susurré. "¿Cómo?"

Carlisle salió de detrás del escritorio y se agachó delante de mí mientras yo miraba, congelado, un punto en la muralla. Mis pensamientos pasaban rápidamente en fragmentos, buscando uno entre cientos – Bella…si esto era verdad, entonces…oh, querido Dios…

"¿Qué recuerdas, Edward?"

Sacudí la cabeza lentamente, sin dejar de buscar.

"Nada. Nada." Murmuré. Luego cambié el foco de mi visión, y lo miré a él. Su mente estaba en blanco, sus ojos aún dolidos al mirarme. "Sólo…nada al principio, pensé que habían cometido un error, pero luego…el nombre me pareció familiar, como si lo hubiera escuchado antes, pero no sé quién es. Y eso me hace sentir ansioso…no sé por qué."

Las cejas de Carlisle se unieron por la concentración, mientras miraba de nuevo el papel.

"Dime, por favor," susurró.

Se pasó la mano por la cara y se sentó sobre sus talones.

"Edward, todo lo que sé es que antes de que tus padres murieran, un hombre llamado Albert Catterall fue al hospital. Pidió ver al médico encargado de tu caso y me reuní con él brevemente. Dijo que era un socio de negocios de tu padre, un amigo cercano de tu familia y que estaba preocupado por tu progreso, si era probable que te recuperaras."

Escuché atentamente mientras él recordaba. Quería encontrar algo en sus palabras que me hicieran recordar, que me hiciera notar que esto era un error – porque era lo que tenía que ser.

"Yo le dije que estabas muy enfermo, que la recuperación no era probable. Parecía resignado. No hizo más preguntas, no me dejó ningún mensaje para ti, sólo se fue."

"Albert Catterall," murmuré. El nombre me resultaba familiar también.

"Después de tu transformación, cuando decidiste proteger tu herencia, se hizo entender a la gente que todavía estabas vivo, pero que dejarías Chicago. Me contacté con la firma de abogados de tu padre y, porque él había ido a preguntar por ti, me puse en contacto con Albert Catterall. Él estaba planeando irse a Nueva York con su esposa e hija."

"¿El nombre de su hija?"

"Lucy."

Mi mundo se fue en espiral hacia lo desconocido.

"Entonces, ellos no buscan a la persona equivocada." Mi garganta estaba estrecha y mi voz ahogada. Inmediatamente, Carlisle extendió una mano para consolarme y la apoyó firmemente en mi hombro.

"No sé, Edward. Ellos te conocían, pero eso no quiere decir que seas el padr…"

"¡DETENTE!"

Me aparté de la pared rápidamente, lejos de la comodidad de Carlisle, lejos de la posibilidad de que eso fuera verdad. Me quedé ahora, de espaldas a él, con las manos tirando mi cabello.

"Por favor…detente."

Se hizo un silencio cuando Carlisle se pudo de pie y detuvo sus pensamientos.

"Ese no soy yo," siseé. "Ese no soy yo, yo nunca…," sacudí la cabeza, tratando de aclarar mis pensamientos. "¿Por qué no puedo RECORDAR?" Mis manos se estrellaron con fuerza sobre la superficie del escritorio y la madera crujió, lo bolígrafos rodaron por el piso y la foto de Esme cayó. Estaba respirando rápidamente y el veneno estaba fluyendo en mi boca, como si mi cuerpo se estuviera preparando para atacar.

"Edward, por favor…"

"Esto no puede estar pasando," murmuré. "Es un error. Me han confundido con otra persona." Me volví rápidamente para enfrentar a Carlisle. " que solo he amado a Bella…recordaría si hubiera estado con alguien antes." Me pasé ambas manos por el pelo de nuevo y comencé a caminar de un lado a otro, hablando rápidamente, tratando de darle sentido a lo que estaba pasando.

"Quiero decir, cuando yo tenía catorce años tuvimos una gallina, Jessie y yo pensamos que era bonita. Es un recuerdo muy vago, pero si puedo recordar algo tan pequeño como eso, entonces seguramente recordaría algo tan importante como estar enamorado de alguien y pedirle que se casara conmigo y…estar con ella. Y… ¿un hijo?"

La posibilidad de que pudiera tener un hijo no hacía nada de bien. Era lo que más quería darle a Bella y no podía – no podía soportar el pensamiento de que pude habérselo dado a alguien más. Eso era sólo…no. No.

Tragué algo de veneno y me paseé, sacudiendo la cabeza, hablando tanto conmigo mismo como con Carlisle.

"No es verdad. No creo que sea algo que hubiera hecho fuera del matrimonio. Esa no fue la forma en que me criaron." Tragué dos veces más. "Yo no haría eso."

Hubo silencio, ambos éramos dos piedras inmóviles.

"¿Quién era yo, Carlisle?"

Todo lo que decía sobre mi virtud, sobre esperar, y ahora.

Sé lo suficiente de quien eras, Edward, como para saber que esto no es todo lo que parece.

Quería correr, quería desconectar mi cerebro para así nunca tener que pensar en esto otra vez. Quería abrazar a Bella y decirle que la amaba.

Quería escuchar que ella me amaba.

"¿Qué quieres hacer?" La tranquila voz de Carlisle sonó después de un rato.

"No puedo hacerle daño." Mis palabras salieron duras y determinadas, y no respondieron la pregunta de Carlisle, pero era todo lo que podía decir, todo lo que podía pensar.

Me deslicé hacia el suelo, dejando mi espalda apoyada contra el escritorio.

"No puedo hacerle daño."

"Edward, yo…"

"¡Nada! ¡No voy a hacer nada!" Espeté.

¿Nada?

Levanté la cabeza y dejé escapar un largo suspiro. "Iré a casa y voy a enviar una respuesta diciéndoles que cometieron un error, que tiene a la persona equivocada. Eso será el final de todo esto. Como si nunca hubiera pasado."

"¿Sin saber a ciencia cierta si…?"

"Como. Si. Nunca. Hubiera. Pasado," repetí, esta vez con los dientes apretados.

Carlisle suspiró. "¿Y Bella?"

Me estremecí y cerré los ojos.

"Bella no tiene que saber."

Carlisle se quedó en silencio otra vez, en palabras y mente. Sabía que él estaría en desacuerdo con mi decisión, sin duda estaría decepcionado, pero no lo diría. Tal como se presentaba la situación entre los dos, su silencio lo decía todo.

"Le prometí a Bella que nunca la lastimaría de nuevo." Justifiqué mi decisión. Estaba tratando de protegerla. Luego suspiré. "No puedo perderla." Mi voz se quebró y oí el miedo en mi admisión. Estaba haciendo esto para proteger a Bella, pero, siendo la criatura egoísta que era, también estaba haciendo esto para protegerme.

Miré a Carlisle a los ojos. Estaban preocupados, pero podía ver compasión en ellos.

Negué con la cabeza vagamente. Ni siquiera podía pensar en lo que esto significaría para nosotros. Ella me había aceptado con tanta buena voluntad después de volver de Italia, me devolvió su confianza, creyó en mí. Gemí, y froté la base de mis manos fuertemente en mis ojos.

Hubo más silencio. Y luego el miedo y el pánico dieron paso a la ira y a un aplastante sentimiento de derrota y gruñí, golpeando el hombro contra la mesa dos veces, agrietando la madera.

"Lo sé, lo sé," espeté, con los dientes apretados. "La eternidad es mucho tiempo para vivir con un secreto como ese, lo sé."

"Estaría siempre entre ustedes, Edward, incluso si no se lo dices, lo recordarías, te preguntarías." Carlisle suspiró. "Te conozco, Edward, cambiaría como eres cuando estás con Bella."

Él tenía razón, pero no podía soportar la idea de enfrentarlo. Golpeé la mesa con el hombro de nuevo y luego doblé las rodillas, abrazándolas. Cerré los ojos.

"Estábamos tan cerca. Tan cerca." Solo seis semanas para hacer de Bella mi esposa. "¿Por qué nunca pensé que esto podría pasar, Carlisle? ¿Cómo fui lo suficientemente arrogante para pensar que podía tenerla, que yo podía tener una felicidad como esa?"

Bella te ama, Edward. Cualquiera sea la verdad, ella lo entenderá, creo en eso. No subestimes su amor por ti, hijo.

Asentí, más en reconocimiento de sus pensamiento que de acuerdo, y dejé salir un largo y pesado suspiro. Bella necesitaba saber. Pero no se lo diría ahora, no ahora.

"Necesito saber más, primero. Necesito saber cuál es la verdad…luego decidiré que hacer." Apoyé la cabeza contra el escritorio. "Si todo esto es un error no es necesario que ella sepa."

Carlisle asintió y dejé caer la cabeza hacia delante de nuevo, pasándome la mano por la cara, hablando a través de los dedos.

"El mensaje de los abogados decía que tenían documentos y papeles para apoyar…eso." Asentí hacia el papel arrugado que ahora yacía sobre el suelo. "Pueden enviármelos, pero hay un diario y el dueño no dejó especificado el cuidado que debían tener los abogados." No me atreví a usar el nombre de la mujer, eso haría parecerlo real, de alguna manera. "Pueden hacerme una copia y enviarla, pero…creo que necesito ir a Chicago, necesito ver…lugares. Necesito…,"

Necesitaba que esto no fuera cierto, pero de alguna manera sentía que todas las respuestas residían en la cuidad de mi vida humana, y no en las escaneadas y enviadas vía email o por correo.

"Necesito ir a Chicago."

Carlisle apretó mi hombro y sonrío débilmente. "Podría ayudar con los recuerdos."

"¿Visitar la escena del crimen?" La amargura en mi voz era evidente y él frunció el ceño.

"No, eso no es lo que quise decir."

"Lo sé, lo siento." Tomé una respiración rápida. "Pero creo que va a ser la única manera de que lo sepa con certeza."

"¿Quieres compañía? Puedo pedirle al Dr. Lewis que me cubra."

Mi primera reacción fue decir no, ya lo había perturbado suficiente.

"Sí, gracias, Carlisle."

Los recuerdos volvieron esa misma noche mientras nos dirigíamos a Chicago en la oscuridad. Había estado pinchando y explorando en mi subconsciente como si fuera una herida abierta y al final la sutura se abrió. Rápido y repentino, las imágenes, sonidos y sentimientos brotaron, inundando mi memoria y el volante se estremeció entre mis dedos a la vez que la sorpresa me destrozaba. Me salí de la carretera, abrí la puerta y salí del auto, sobre mis rodillas en el suelo mientras comenzaba a vomitar.

Yo no la había amado. Había tratado de detenerla, pero fui débil. Había cedido. Luego la había herido. La había herido tanto que hice que ella llorara.

Y la había dejado embarazada y soltera, dejando que otros tomaran mi responsabilidad.

Yo no era el hombre que había pensado que era.

Y nunca podría ser el hombre que yo quería ser…para Bella.

Bella.

En la oscuridad, en la tierra, al lado de la carretera, comencé a sollozar.

Yo siempre había sido un monstruo.

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▪▪▪/▪▪▪

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Chicago, Diciembre de 2007

Pasé el pulgar sobre la pintura, manchando de rosado las mejillas del Sombrerero Loco, coloreándolas, para darle la impresión de luz y vida. Di un paso atrás para mirar la muralla, frotando las manos en un tapo mientras mi ojos abarcaban todos los detalles – los bigotes de la Libre de Marzo y de Lirón, las flores en la tetera, la cinta en el cabello de Alicia, el borde del encaje del mantel.

"No está mal," murmuré mientras estudiaba mi trabajo cuidadosamente. Las pinceladas eran vagamente visibles en el azul de la corbata de lazo de la Libre de Marzo y me acerqué rápidamente, suavizándolas con los dedos. Luego me alejé de nuevo para mirar, pasándome la mano por el pelo, quitándolo de mis ojos.

"Mejor," asentí.

Satisfecho con que la habitación estuviera terminada me agaché para recoger los pinceles y las latas de pintura, justo cuando el teléfono vibró en mi bolsillo. Sonreí al ver el identificador de llamadas.

"Bella, amor" suspiré.

"Te extraño," su suave voz vino desde la línea y se fue directamente a mi corazón.

"Yo también te extraño." Nunca había dicho palabras tan verdaderas y tuve que recordarme por qué estaba haciendo esto.

Era una temprana mañana a inicio de diciembre. El concierto de navidad era en tres días y me había adelantado a Chicago, solo, para tener la casa lista para Bella y Abbey. Iba en contra de todo lo que me había dicho sobre alejarme de mi familia, pero esto era algo que necesitaba hacer.

Había recorrido un largo camino desde que había conocido a Bella, sabía eso. Ahora, apenas me reconocía a mi mismo como el chico en la sala de Biología hace casi tres años atrás. Pero a pesar de lo lejos que había llegado, yo todavía era, de alguna manera, un producto de mi tiempo humano y en mi época humana, cuando un hombre estaba casado, generalmente le proporcionaba un hogar a su esposa.

Y yo no había tenido esa oportunidad.

Nuestra primera casa había sido mi habitación. Ahora la cabaña era nuestro hogar, y éramos increíblemente felices allí. En ese lugar habíamos compartido muchas primicias y muchos momentos felices como para contarlos, pero había sido un generoso regalo de bodas y mi aporte había sido muy pequeño.

Pero esta casa, aquí, era algo mío para darle, mío para compartir con ella. Quería cruzar el umbral con ella en brazos y pasearla por todas las habitaciones. Quería darle un hogar…esta casa. Mi casa.

Y Bella había entendido. Así que ella me dio un beso de despedida, me acompañó a la salida y la extrañé a ella y a Abbey antes de que el Volvo saliera a la calzada. Ahora, un día y una noche después, la ansiaba como la droga que ella era para mí.

"Entonces, ¿cómo va la Triste Fiesta de Té?" preguntó.

"Acabo de terminar." Me preguntaba si ella podía escuchar el anhelo en mi voz. Hubo una pausa y sospeché que podía.

"No puedo esperar para verlo. ¿Cómo se ve?"

Eché otra miraba crítica a la pared y sonreí. "No está mal."

Ella soltó un bufido y una suave risita, y amé el sonido, dejando que me recorriera.

"Dices no está mal pero puedo oír la sonrisa en tu voz, Edward. Está increíble, ¿no?" Y yo podía oí la sonrisa en su voz.

Me encogí de hombros, sonriendo. "Estoy feliz con lo hecho." Me acerqué para quitar una mota de polvo que acababa de aterrizar en la nariz del Lirón.

"A ella le va a encantar, Edward."

Expandí mi sonrisa. "Espero que así sea."

Alice le había comprado a Abbey una copia de Alicia en el País de las Maravillas, y a pesar de que ella es demasiado pequeña para comprender o apreciar la historia, quedó cautivada por la imagen de la Triste Fiesta de Té, extendida en las páginas centrales. Ella la miraba, apuntaba y movía y Bella me sugirió recrear la imagen en la habitación de Abbey en Chicago – mi habitación de niño.

Escuché sonidos al otro lado del teléfono, seguido de una rápida y superficial respiración y la voz de Bella fue un susurro en el fondo.

"Di hola a papá."

Mi sonrisa competía con la del Gato de Cheshire.

"¿Abbey?"

"Papap."

Mi carcajada resonó por toda la casa, haciendo eco en las habitaciones vacías.

"¿Cómo está mi niña?" Mi ángel.

"¡Boon!"

"¿Boon?"

"¡Boon! ¡Boon!"

Mi mente comenzó a procesar lo que podía significar. ¿Cuchara? ¿Babuino, quizás? (nt: cuchara=spoon)

"¿Ha estado viendo en su libro de animales?"

"Es globo." La voz de Bella regresó. (nt: globo = ballon, en español no pegan mucho, pero esa es la intención en inglés)

"Ah." Por supuesto.

"Había un Santa fuera de Thrift Way regalando globos. Esme le trajo uno a casa y Emmett le dibujó tu cara en él."

Me eché a reír. "¿Era un buen retrato?" Solo podía imaginar. Emmett no era conocido por su habilidad artística.

"No, para nada, pero Abbey pensó que era maravilloso…hasta que estalló."

"Oh."

"Lo mordió."

"¡Oh! ¿Está bien?" Mi mano se tensó sobre el teléfono cuando me vi inundado con visiones de trozos de goma golpeando su cara o atrapado en su garganta.

"Tranquilo, está bien. Lloró un poco, de miedo al principio y después porque se dio cuenta de que no lo iba a tener de nuevo."

Estaba preocupado por el pensamiento de Abbey siendo infeliz o con miedo, incluso si era por un globo reventado.

"Dile que papi le tendrá diez globos esperando por ella cuando llegue aquí."

Hubo una pausa y Bella soltó un suspiro exasperado muy suave y casi no lo noté. Luego habló.

"Abbey, papi te dará un globo nuevo."

Rodé los ojos y casi podía oírla haciendo lo mismo al otro extremo.

"Bella…,"

"Un globo, Edward."

Reí bajito. Quizás diez eran muchos.

"Estás muy emocionado, ¿no?" dijo calurosamente y reí mientras me sentaba en el suelo, con las piernas cruzadas entre las latas de pintura.

"Sólo un poco," sonreí y ella comenzó a reír y cerré los ojos a la vez que el sonido me llenaba.

"Yo también," dijo. "No puedo esperar para estar allí."

Tampoco podía esperar para que ella estuviera aquí.

"¿Te sientes cómoda con lo del vuelo?" pregunté.

"Creo que sí. Voy a cazar de nuevo esta noche, solo para estar segura. Alice todavía no ve ningún problema."

Sólo había un pequeño rastro de temor en su voz y quería, más que nada, estar con ella, para ayudarla a pasar por eso.

"Sabes que estaría feliz de conducir de vuelta si así lo prefieres. No me tomó mucho tiempo, todavía estaríamos a tiempo para el concierto."

"Pero eso sería una tontería, hacerte ir y venir."

"Me gusta conducir."

"Lo sé," la oía sonriendo ahora. "Pero es algo que quiero hacer. Y no es un vuelo largo y tú estarás al final de él, esperándonos."

"Mañana, puerta dos a las 12:15, allí estaré."

Rió levemente. "¿Y cómo lo reconoceré, Sr. Cullen?"

Reí y estuve a punto de hacer una broma sobre llevar un clavel en el ojal, pero cuando abrí la boca vi mi reflejo en la ventana e hice una mueca. Luego me miré los dedos.

"Er, seré el hombre con pintura azul en el pelo."

No quedamos en silencio y luego volvimos a reír, justo cuando Abbey comenzó a gruñir.

"Ooh, hora del desayuno. Alguien quiere tostadas y huevos revueltos."

Suspiré en el teléfono. "Es mejor que vayas."

"Sí. ¿te llamo más tarde?"

"Si no te llamo primero."

Rió suavemente. "Te amo."

"Y yo a ti."

Y con un clic ella se había ido a preparar el desayuno de nuestra hija. Me quedé mirando el teléfono en mi mano, sin estar listo para terminar la conexión. Sonreí al imaginar a Bella sentando a Abbey en su silla, luego moviéndose por la cocina, hablado y cantándole mientras trataba de no hacer muecas por el olor a huevo sin cocer, y a Abbey golpeando la cuchara en la bandeja y cantando sola a su manera, con sus mejillas extendiéndose con sus risitas.

Bella probablemente estaba usando una de mis camisetas – la hacía sentirse más cerca de mí, me lo hacía contado la pasada noche cuando habíamos hablado. Se movería suavemente alrededor de sus muslos mientras ella trabajaba. Suspiré de nuevo y lentamente cerré el teléfono. Habría tiempo para eso más tarde…esta noche…cuando volviéramos a hablar después de dormir a Abbey.

Recogí lo que usé para pintar y comencé a bajar las escaleras, para guardarlos en el viejo cobertizo de madera que estaba en la esquina trasera del patio. Mis ojos hicieron un rápido análisis de las habitaciones recién pintadas, viendo los suaves, cálidos y neutrales colores que a Bella le gustaban, mientras iba hacia el cobertizo.

Apilé las latas de pintura medias llenas en los envejecidos estantes de madera y miré alrededor. No me habían permitido estar aquí cuando era pequeño y había parecido fascinante y misterioso como resultado. Pero el cobertizo perdió su mística pocos años después cuando comencé a hacer las tareas – no había nada de misterioso en pintar la reja, cortar el césped o apilar la leña.

Mis dedos rozaron con cariño la manija de metal oxidado, cuando cerraba la puerta detrás de mí y me acercaba al roble que estaba junto a la cerca de atrás.

Allí había tenido una casa en el árbol, podía ver las marcas en el tronco y un par de extraños fragmentos de madera podrida, donde mi padre había fijado la plataforma. Me gustaba subir allí y pasar tardes enteras leyendo – La Isla del Tesoro, Huckleberry Finn, Robin Hood. O a veces jugaba con mis amigos, tirábamos piedras encendidas con la honda, sólo para ver hacia donde iban. Habíamos quebrado más de una ventana y más de una vez mi trasero había sentido las consecuencias.

Sonreí y me fui al interior, asegurándome de que todas las ventanas estuvieran abiertas para que el aire frío de diciembre fluyera por la casa, con tal de diluir el olor de la pintura de secado rápido – no quería que Abbey respirara los vapores.

Había estado muy ocupado desde que había llegado la tarde anterior. Había estado pensando firmemente en el futuro, enfocado en nuestros planes para la casa, para Navidad, en el regalo que estaba planeando para Bella. Pero ahora que ya había pintado, había instalado las barreras de seguridad en las escaleras y había terminado las pocas reparaciones que se necesitaban hacer, había quedado sin nada que hacer, más que esperar a las camionetas que traerían los muebles antiguos que había dejado en un almacén por casi noventa años, y el nuevo mobiliario que Bella y yo habíamos elegido para llenar los espacios vacíos.

Tomé la mochila y saqué el iPod, lo enchufé y seleccioné la lista de reproducción Bella. Luego me tendí de espalda en medio de la sala vacía y respiré hondo. Cerré los ojos y dejé mi mente divagar.

Había dejado esta casa en una estrecha camilla de hospital, en 1918 y sólo había regresado dos veces. La primera vez fue con Carlisle, no mucho después de mi transformación. Había reunido unas pocas posiciones preciadas y arreglé que se almacenaran algunos muebles y que se dispusieran de los otros.

La segunda vez fue en 1927. La casa había estado vacía, entre inquilinos, y mi inspección había sido rápida y superficial, sin querer quedarme, sentir mucho la presencia de mis padres, sentir su decepción, su disgusto, por lo que me había convertido. Después de que me fuera mis propiedades fueron manejadas por mis abogados completamente. No fue hasta semanas después que dejé a Carlisle y me fui por mi cuenta.

Pero ahora todo era diferente y estaba disfrutando de la increíble vuelta que mi vida había tomado. Y realmente era una vida ahora. Mis padres amarían a Bella, adorarían a su nieta…y estarían orgullosos de mí.

Sabía eso.

Y ellos estarían encantados de que trajera a mi familia a casa para Navidad.

Los recuerdos de infantiles Navidades parpadearon en mi mente – algunas nítidas y claras, otras vagas y débiles. Decorar el árbol con mi mamá, mi padre ponía la estrella en la punta, el que se me permitiera desayunar en pijama la mañana de Navidad en lugar de vestirme primero. ¡El tren andando!

Y en un cercano día habría un nuevo árbol de Navidad en esta sala. Y lo decoraríamos juntos…mi familia y yo, con la estrella de cristal de Abbey en la cima. Y este año añadiríamos el cisne de cristal que le había comprado a Bella.

Bella.

Cuando Bella había entrado en mi vida, había agitado la humanidad que estaba encerrada dentro de mí. Ella me hizo sentir humano y por mucho tiempo eso había sido la cima para mí…sentirme humano. Pero ahora yo era más que eso.

Yo no era humano, y no importaba que fuera un vampiro…yo sólo era Edward. Y me había convertido en el hombre que una vez había esperado ser…yo era el hombre que quería ser.

Haber llegado a este punto no había resultado nada fácil, pero los tiempos oscuros me habían moldeado muy bien, y mi mente serpenteó a una dirección diferente.

"Le diste a ella una parte de ti que debería haber sido mía. Mía."

Incluso ahora el frío del recuerdo me calaba los huesos. Me había sentado al lado de ella en ese largo momento, y me había escuchado a mismo romperle el corazón lentamente, con una confesión a la vez.

Había considerado mentir.

Previo a ese día, cuando había regresado de Chicago, me había parado en su puerta, escuchando los latidos de su corazón en la habitación de arriba, mientras pasaba las páginas de un libro. Ella me estaba esperando. Tres veces había levantado la mano para golpear, y las tres veces me había detenido. Porque mientras yo estaba de pie allí, en la alfombra frente a su puerta, ella aun me amaba. Mientras estaba allí su corazón todavía estaba entero. La cuarta vez que levanté la mano casi había atravesado la puerta con el puño.

"Yo soy tuyo, Bella."

Ella tenía que saber eso. Necesitaba que ella lo supiera. Había tocado su mano, suavemente, tratando de demostrarle, tratando de poner todo mi amor en esa caricia de mis dedos en su piel. Yo era de ella.

"No."

Y ella se había apartado de mí.

Y de pronto esta consumido por la ira, y una roca al borde del claro, se llevó la peor parte de ella. Golpeé con mis puños el granito y la derrumbé e hice polvo mientras la ira salía de mí y se iba con ella.

Estaba enojado conmigo mismo, con Lucy, con Carlisle por no dejarme morir, porque en ese momento hubiera preferido eso. Enojado con mis abogados que me enviaron el email. Enojado con mis padres, con George, con su nieta. Enojado porque Renee se casó con Phil y Bella tuvo que encontrarse conmigo esa primera vez.

Y estaba enojado por lo que le estaba haciendo a Bella, enojado porque no podía consolarla. Enojado porque su corazón y mente habían sido contaminados con el imagen mía con otra persona. Yo estaba enfermo al pensar en las imágenes que probablemente vio en su cabeza.

Pero también estaba enojado por mí…porque esto me había pasado a , también.

La roca se convirtió en escombros y noté que ella había dejado de llorar. Me había volteado lentamente - ¿ahora me tendría miedo por sobre lo demás? Tenías los ojos hinchados y tristes y me había mirado como si me viera por primera vez. Sin duda veía el monstruo que realmente era, y ahora comprendía que siempre lo había sido.

Había debatido si debía hablar. Tal vez era mejor guardar silencio y dejar que se fuera, como estaba segura que haría…pero no podía dejar que pensara que todo había sido una mentira…que nosotros habíamos sido una mentira. No podía dejar que cargara la duda que sabía se estaría asentando en ella. No podía hacerle creer que alguien más había tenido mi corazón. Porque, humano o vampiro, no había tenido un corazón hasta que conocí a Bella.

"Soy tuyo, Bella. Con todo lo que soy, soy tuyo."

Tuve que hacerle entender.

"Hasta que el tiempo se detenga. Hasta que deje de existir. Yo. Soy. Tuyo."

Esos recuerdos todavía eran dolorosos, pero me arrestaban dentro de la oscuridad como una vez lo hicieron. Ahora, cuando la oscuridad daba señales me enfocaba en lo que tenía, no en lo mucho que había perdido. Me enfocaba en cómo me había dado la mano ese día y había dicho que me creía. O en el alivio que quemó mi cuerpo como el fuego cuando nuestras manos se tocaron.

Pensaba en el amor que hacía que se quedara, que al siguiente día se acurrucara en mi regazo mientras leíamos ese vil diario. Y ella me había consolado mientras se desarrollaba la terrible verdad. Me había tocado la mejilla cuando había tenido demasiada vergüenza como para mirarla. Cuando la rabia que habían dejado las acciones de Lucy implicaba que no pudiera confiar en mí para abrazar a Bella, ella me había abrazado, acariciado mi brazo, hasta la palma de mi mano. Amándome.

El teléfono vibro en mi bolsillo, sacándome de mis pensamiento y lo tomé con impaciencia, mejorando mi estado de ánimo, esperando que el nombre de Bella estuviera en el identificador.

"¿Alice?"

"No suenes tan decepcionado, Edward."

Sonreí un poco mientras ella pretendía sonar herida. "Estoy sorprendido, no decepcionado." Me senté.

"Mmm, seguro. De todos modos," su tono fue alegre. "Te llamaba para decirte que todo irá bien, no te preocupes, ella lo amará."

Mi mente trató comprender sobre que estaba hablando. Por lo general hablamos de uno a la vez.

"¿Quién va a amar que, Alice?"

Hubo un suspiro de exasperación. "Bella y su regalo de Navidad. A ella le encantará."

"Oh."

A veces su presunción era irritante por lo que consideré ser vago y distante con su comentario…pero había estado preocupado por lo que en vez le saqué la información.

"¿Puedes ver eso? ¿Es feliz?"

"Con el tiempo."

"¿Con el tiempo? Eso no suena…"

"Una vez que haya sobrepasado la impresión. No necesitas que te diga que ella se sorprenderá."

"No, yo…yo lo sé. Todo eso está asumido." Ya había hecho una mueca de dolor al pensar en su reacción inicial.

"Tomaste la decisión final ayer, ¿cierto?"

"Sí."

"Y vas a ver a los abogados hoy." Realmente lo había visto todo.

"Sí."

Rió. "Estoy muy contenta. Estabas yendo y viniendo con eso por semanas, tu indecisión prácticamente me estaba dándo dolor de cabeza."

"¿Por qué no lo dijiste antes? Podría habernos ayudado a los dos."

"¡Porque no te habías decidido todavía, no podía ver qué pasaba! Pero ahora todo está bien. Así que, ¿qué vas a hacer hoy?"

"¿Por qué no me lo dices, Alice?"

Sonrió. "Yo podría, pero te estaba dando la oportunidad de hacerlo."

Rodé los ojos. "Bueno, los muebles van a llegar, así que voy a ordenar eso. Está la reunión con los abogados, como sabes. Tengo que hacer la compra para Abbey y pensaba que podía ir a visitar la escuela de música."

"No podrías, lo harás."

Sacudí la cabeza, era molesta cuando se comportaba así.

"¿Por qué tan centrada en mí, hoy, Alice?"

Se quedó en silencio por un momento y al contestar su voz fue más suave.

"Porque creo que algo va a cambiar, Edward. Ahora sólo parpadea, no hay nada concreto, pero…algunas cosas están cambiando."

Inmediatamente, mi cuerpo se tensó, apreté tanto la mandíbula que cuando hablé lo hice entre dientes.

"¿Ahora eliges decirme esto? ¿Por teléfono, cuando estoy lejos de mi familia?"

"Edward…,"

"¿Qué clase de cambio?"

"No te asustes, no es nada malo, creo que las cosas van a ir en una nueva dirección."

"¿Qué cosas?" Debía abandonar toda esta idea de Chicago, ir al coche y conducir a Forks en estos momentos. "¿Qué nueva dirección?" Ya estaba de pie, con las llaves en la mano, listo.

Al otro lado del teléfono Alice suspiró. "No estoy segura exactamente, pero como sea, todo está bien, lo prometo. Sólo son destellos, pero todas las posibilidades estás feliz y sonriendo. Bella también."

"¿Abbey?"

"Ella está ahí, también. Difusa, por supuesto, como siempre, pero sé que está ahí. "

Relajé mis dedos sobre las llaves.

"¿Y es bueno? ¿Estás segura?"

"Absolutamente. Y si vienes a casa ahora, como estas considerando, vas a arruinar sea lo que sea que es, es lo que puedo decir." Hubo un momento de silencio. "Confía en mí, Edward. Esta vez, Chicago será bueno para ti y Bella."

Devolví las llaves al bolsillo y me pasé la mano por el pelo, tratando de calmar mi agitación.

"¿El vuelo de Bella?"

"Estará bien, Edward. Irá muy bien."

Asentí. "¿Está allí ahora?"

"Llevó a Abbey a visitar a Charlie."

Lo recordaba, lo había mencionado ayer cuando hablamos.

"Ooh, mejor me voy, tus muebles están a punto llegar y Jacob estará aquí pronto. Tengo que prepararme."

"¿Jacob?"

Alice rió por el teléfono,

"Sí, llamó a Bella hace un rato y le pidió ayuda y ella me lo pasó. Tiene una gran cita esta noche con una chica y quiere vestirse para impresionarla. A ella, obviamente, no le importa el olor."

Quedé completamente sorprendido. Él lo había mantenido en secreto. "¿Ha imprimado?"

"No, no lo ha hecho, pero realmente le gusta ella y parece que se llevan muy buen. Ella tiene un auto viejo y lo llevó al garaje donde él trabaja, queriendo reconstruirlo. Él ha estado trabajando en él, convirtiéndolo en un increíble pieza de mecánica."

Solté una carcajada. "Está enchulando su auto, ¿no?"

"¡Así parece!" Rió. "Entonces, ¿no hay danza de la victoria, Edward?"

Gemí y sacudí la cabeza.

"Fue una vez, Alice."

"Lo sé, pero fue tan poco propio de ti, fue genial."

Nunca iba a sobrevivir eso.

Había estado preocupado cuando Jacob había ido a ver a Bella poco después de que Abbey naciera. Sabía lo mucho que Bella me amaba, no veía a Jacob como la amenaza que una vez fue, pero no estaba completamente seguro de sus motivos y no quería que la dejara molesta. Fueron a dar un paseo, y yo estaba hablando con Rosalie, mientras ella cargaba a Abbey, tratando de no escuchar la conversación pero al mismo tiempo teniendo un oído en Bella en caso en que me necesitara. Habían estado fuera por unos minutos cuando lo oí decirlo.

Creo que ya pasé de ti, Bells. No eres tú, soy yo.

Mi sonrisa se extendió poco a poco, convirtiéndose en una enorme. Sentí que un peso había sido levantado desde mis hombros, porque sabía que era un peso que había dejado a Bella. Ella ya no tendría que llevar la culpa de ese amor. El perro finalmente ya nos dejaba tranquilos.

Y entonces estaba riendo, silbando 'sí', una y otra vez mientras hacia una elaborada danza de la victoria en medio de la sala, para gran disfrute de mi familia. Fue un momento totalmente adolescente, especialmente cuando Emmett bajó las escaleras.

"¡Woohoo, Edward!" Se echó a reír mientras saltaba a la mesa de café, dándome los cinco al aterrizar a mi lado y unirse a mis propios movimientos, cayendo sobre su espalda y mover las piernas en el aire antes de saltar de nuevo y girar sus caderas. Me reí con él y cuando dejé de bailar un momento después Emmett me dio una palmada en la espalda.

"Eso fue genial, hombre. Así que… ¿por qué estamos bailando?"

Sonreí al pensar en eso.

"No hay baile de la victoria hoy, Alice. Necesito a Emmett para eso, ¿recuerdas?"

Tuve que admitirlo, a mi pesar, estaba contento por Jacob Black. Y por Bella…ella quería verlo feliz.

Me volví a la ventana entonces, las camionetas con los muebles se acercaban como Alice había dicho.

"Las camionetas casi están aquí Alice."

"Está bien, es mejor que vayas. Te veré pronto."

"Nos vemos pronto. Y gracias por la llamada, te lo agradezco."

"Es un placer. Oh, ¿y Edward?"

"¿Sí?"

"Sé que quieres, pero no pongas el sofá bajo la ventana, se ve tan mal."

.

▪▪▪/▪▪▪

.

Los muebles estaban en su lugar, el sofá frente a la chimenea, no bajo la ventana. Los alimentos comprados y la cocina equipada para Abbey. La reunión con mis abogados habían ido bien, el regalo de Navidad para Bella estaba listo y esperaba que Alice estuviera en lo cierto sobre su reacción.

Ahora estaba de pie frente a la puerta roja de la Chicago South Side Music School con las manos enterradas en los bolsillos. Había debatido sobre esta visita, la naturaleza perceptiva de Rebecca me hacía desconfiar y a veces era incómodo, pero Bella me había convencido de ir.

"Ve a ver por ti mismo lo que el dinero del patrocinio ha hecho. A George le gustaría que lo hicieras."

Ella tenía razón, George lo querría.

Me quedé en la puerta un poco más. El nombre de la escuela estaba escrito en rojo y negro, con letras estilo grafiti.

Podía oír a Rebecca arriba en el segundo piso y me preocupaba como tomaría mi repentina e inesperada aparición.

"Simplemente comienza con un hola," murmuré las palabras que Bella había dicho ese primer día cuando me reuní con Rebecca y George. Abrí la puerta y entré.

El vestíbulo de entrada era pequeño y brillante. Un intrincado mural de cubiertas de álbumes famosos decoraba las murallas y las escaleras frente a mí, estaban pintadas de negro y blanco, como un teclado. No tenía la capacidad de Jasper, pero aquí había una energía brillante y positiva, la podía sentir. Arriba, los pensamientos de Rebecca se centraban en organizar partituras y en el último ensayo para el concierto.

Había un baño a la izquierda de la sala y parecía haber una pequeña oficina a la derecha. Eché un vistazo por la puerta. El escritorio estaba lleno de papeles, había cajas apiladas en el suelo, las estanterías eran una colección desordenada de libros y CDs. Había un gabinete con una pecera vacía en él. En el suelo, apoyado contra un estante, estaba una enorme foto enmarcada de George y me quedé congelado en mi lugar mientras lo veía.

Estaba mucho más joven, tal vez en los cuarenta. Estaba sentado en un piano, con los dedos en las teclas, y el rostro hacia la cámara, sonriendo. Sus ojos eran amables, de un color verde grisáceo, pero su cabello…había traspasado más que mi amor por la música. El cabello de George había sido del mismo color que el de Abbey. El mismo color que el del mío. Y yo estaba ahí, de nuevo, en sus mejillas y mandíbula.

Exhalé lentamente, sintiendo mi pecho vacío mientras me concentraba en el aire que dejaba mis pulmones y tomé unos tentativos pasos dentro de la oficina, en cuclillas, para estudiar la foto de cerca.

Toqué el vidrio con la fascinación de un niño viendo su reflejo por primera vez. ¿Así me habría visto si hubiera vivido hasta los cuarenta?

Mis ojos absorbieron cada detalle. Había una sombra de barba en su mandíbula y mis dedos tocaron la suavidad en mi cara mientras pensaba.

Pero de pronto mi atención fue tomada por los pasos de Rebecca cuando comenzó a bajar las escaleras. Me levanté y rápidamente fui al vestíbulo. Ella me vio cuando llegaba al final y se detuvo, a medio peldaño y su cara registraba la sorpresa que oía en sus pensamientos.

"¡Edward!"

"Hola, Rebecca." Sonreí, sin dientes, y estuve contento de que mi voz se mostrara confiada y relajada. Por lo menos, así sonaba en mis oídos.

Me miró por un momento. Su sorpresa inicial se transformó en curiosidad…y ella estaba feliz de verme. Luego meneó la cabeza, sonriendo.

"Me gustaría decir algo más original que que grata sorpresa, pero es todo lo que se me ocurre."

Luego vino directamente a mí, con la sonrisa amplia, y la mano extendida. Saqué la mía del bolsillo para tomar la de ella.

"Lindos guantes." Bajó los ojos y su mente fue directamente a la primera vez que nos vimos y cómo la temperatura de mi piel la había sorprendido. Hoy me había puesto los guantes a propósito. Iban con el clima apropiado, al menos.

"No sabía que estabas en Chicago. ¿Vas a estar aquí para el concierto?"

"Ese es el plan." Sonreí, relajándome un poco a medida que sus pensamientos se filtraban – parecía que yo le intrigaba como siempre, mis ojos todavía le eran extraños, pero ella estaba acostumbrada a mí, ahora.

"Estoy muy contenta. ¿Y Bella? ¿Está aquí también?"

"No todavía. He venido con anticipación para organizar unas cosas. Bella estará aquí en unos pocos días. Con Abbey."

"¡Excelente! Me encantaría volver a verla de nuevo, y conocer a tu pequeña. ¿Tienes fotos?"

Mi mano ya había llegado con impaciencia a mi cartera.

"Sólo un par." Ocho o diez. "¿Te gustaría verlas?"

Saqué la pequeña carpeta de plástico y se la entregué.

"Oh, Edward…ellas es hermosa."

"Sí, lo es." Rebecca sonrió un poco y yo también. Incluso yo podía escuchar el orgullo en mi voz.

"¿Y qué edad tiene ahora?"

Dudé por un momento. Físicamente, y por desarrollo, ella se parecía a un niño de alrededor doce meses.

"Casi diez meses."

Rebecca asintió. "Ella se ve muy confiada sobre sus pies." Era la foto donde Abbey estaba de pie sola en la cama de flores de Esme. "¿Cuándo comenzó a caminar?"

"Hace una semana." Era precoz, pero no inusual en niños humanos. Para un bebé vampiro-humano probablemente estaba a tiempo. Rebecca me echó una rápida mirada y luego de vuelta a la foto.

"¿Caminaste antes?"

"Yo…realmente no lo sé."

"Tal vez Bella sí."

La idea me hizo sonreír un poco.

"Tal vez."

"¿Ya dice palabras?" Sus ojos miraron los míos de nuevo y sonreí para tomar las fotos de nuevo.

"Unas pocas. Mami, papá, jugo." Solté una suave risa. "Globo."

"¡Globo!" Rió.

"Bueno, no le sale exactamente así, pero está cerca."

Míralo. Él simplemente la adora.

"Estás feliz, Edward."

"Mucho."

"Me alegro." Sonaba satisfecha.

Siempre parecía viejo para su edad, pero ahora se ve mucho más cómodo con sí mismo.

Su perspicaz pensamiento me tomó por sorpresa – estaba mucho más cómodo conmigo mismo.

"Entonces, ¿te gustaría ver la escuela, por eso viniste?"

"Er, sí. Si no es un inconveniente."

"Para nada. Me encantaría mostrártela, y saber qué piensas. Tu interés siempre es bien recibido."

Agitó un brazo alrededor, indicando el lugar donde estábamos.

"Bueno, esta es la gran entrada, como puedes ver. Mi oficina está allá, el baño por aquí. Toda la acción sucede arriba. Vamos."

Se encaminó por donde había llegado y la seguí. En el descanso, volvió la cabeza para verme.

Oh, él viene. Es curioso, no lo oí, es casi como si estuviera deslizándose por las escaleras.

"¿Alguna vez estudiaste baile, Edward?"

"Um, no."

Pretendí caer, tropezando con mi pie contra el siguiente escalón y luego me aseguré de hacer ruido con mis pies en cada escalón.

Mis pasos silenciosos cayeron en el olvido, sin embargo, y su mente fue un revoltijo de pensamientos, mientras me enseñaba los dos pequeños salones de estudio, ahora hablando rápido a la vez que su mente saltaba de un lado a otro. Todo lo que veía llevaba a una nueva idea, pensamiento o preocupación – Sombreros de santa para en concierto, una cuenta de la electricidad, un estudiante con la muñeca fracturada, el retrasado orden de las partituras y la posibilidad de que su marido haya atrapado el gato en la casa esta mañana.

"La última vez que estuviste aquí, estábamos indecisos entre este edificio y el otro a dos cuadras abajo, ¿recuerdas?"

Asentí. Ese viaje había sido pocas semanas después del funeral de George. Me había sorprendido y complacido el que Rebecca me hubiera pedido la opinión sobre los dos edificios. Esta había sido la mejor opción, pero la más cara.

"Bueno, el patrocinio que estamos recibiendo ha hecho una gran diferencia, como imaginarás, especialmente cuando la sumamos al financiamiento que recibimos de la ciudad. Nuestro número ha aumentado y ahora tengo dos profesores que trabajan aquí todas las tardes." Me encaminó hacia la puerta al final del pasillo. "Y hemos podido comprar algunos instrumentos. Esta es nuestra última adquisición," dijo con orgullo cuando entramos a al salón de práctica.

"Muy bonito." Pasé la mano por la superficie lisa y pulida del piano de media cola.

"Todavía tenemos el antiguo en buenas condiciones," lo señaló contra la pared. "Pero un nuevo piano marca Yamaha es algo muy bueno para nosotros."

"Creo que no sería un gran problema para nadie," dije y presioné una tecla con el dedo índice. La nota resonó alrededor de nosotros, sosteniéndose rica y fuerte, antes de adelgazarse y desaparecer suavemente.

Sonreí. "¿Puedo?"

Su rostro se iluminó.

"Oh, sí por favor. Me gustaría escucharte tocar algo."

Sonriendo, me senté y me quité los guantes, metiéndolos en mis bolsillos. Con un encogimiento de hombros me quité la chaqueta y dejé a mi lado en el taburete.

"¿Alguna solicitud?" Sonreí mientras descansaba mis dedos sobre las teclas y ella rió. Me sentía más a gusto ahora.

"Toca lo que tú quieras."

Asentí y comencé el concierto número tres de Rachmaninov. Era una pieza que siempre había disfrutado tocar y sabía que debía haber sido uno de los favoritos de George, el CD estaba en su mesita de noche en la casa de retiro.

Rebecca sonrió. Ah, Rach 3. Y él es bueno. De verdad, bueno en serio. ¡Y sin la música!

"Sé que has tocado desde niño, ¿pero estudiaste música también? Tú sabes, ¿la teoría, la técnica, no solo las clases?" Debe haber estudiado.

"Sí, por un tiempo." Hace mucho tiempo. No hay mucho que hacer cuando tu tiempo es ilimitado y no tienes a nadie con quien compartirlo.

Se apartó y se sentó en una de las sillas que estaban alineadas a lo largo de la pared y cerró los ojos.

Casi puede ser el Abuelo tocando…Y su pensamiento me hizo tropezar con las notas.

"George estaría complacido de saber que estás aquí," dijo de repente.

Sus palabras habían llegado sin aviso de pensamiento y su sentimiento me sorprendió. También había pensado que George estaría contento, pero oírlo decir a Rebecca era…bueno.

Me mordí el interior del labio y asentí ligeramente, haciéndole saber que la había oído, pero sin querer hablar. No estaba segura de que debería decir.

"Creo que ustedes dos se habrían llevado bien."

Asentí otra vez, mordiéndome más fuerte, recordando la noche en que le dije quien era, y que, era. Su aceptación, su confianza…su felicidad.

"No sé que me hace pensar eso, sólo lo hago. Simplemente hay…algo."

Se relajó en la silla, sonriendo suavemente. "Sé que he dicho esto antes, pero sus últimos días fueron muy felices, y tú fuiste parte de eso. Estaba muy contento de conocerte."

En su recuerdo vi la primera reunión entre nosotros. Luego otro recuerdo desconocido siguió y me concentré fuertemente en él. George estaba en una habitación diferente, en la nueva habitación con vista al jardín, y Rebecca le estaba contando sobre el patrocinio. A través de su memoria, puede ver la brillante alegría en sus ojos, el gesto con la cabeza y la casi sonrisa que fue la mejor que pudo lograr. Y luego él cerró sus ojos, todavía asintiendo con la cabeza, y vi las lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas.

Solté el interior de mi labio. "También estuve contento de reunirme con él."

Llegué la final del primer movimiento y me detuve, dejando las manos en mi regazo, con la mente y el corazón llenos por el recuerdo que acababa de ver, y de pronto me sentí abrumado por estar aquí. No se me escapaba que había tocado una de las piezas favoritas de mi bisnieta.

"¡Bravo! ¡Encore, enconre!" Rebeca sonrió, aplaudiendo. "¡Eso fue maravilloso, Edward!" (nt: Encore expresión que se usa en conciertos para pedir una nueva pieza; ¡otra, otra!)

Tomé una lenta y estabilizante respiración, y luego ubiqué mi cuerpo hacia ella a la vez que bajaba la cabeza en fingida seriedad. Luego me volví a las teclas, contento de enfocarme en el piano por un poco más, decidiéndome por algo más ligero esta vez.

Comencé a tocar una versión fuerte de Jingle Bell Rock.

Rebecca rió. "¡Eso es genial! ¡ Me vas a hacer cantar en un momento, y eso es algo que no quieres oír, así que ten cuidado!"

Sonreí y presioné las notas finales, justo cuando sonaba el teléfono en la oficina de abajo.

"Oh… ¡demonios! ¿Me disculpas, Edward?"

"Por supuesto."

"No te detengas, sin embargo. ¡Por favor sigue tocando!" gritó mientras desaparecía.

Toqué al azar mientras mis pensamientos vagaban y Rebecca luchaba con el proveedor de partituras en el teléfono de abajo.

Luego hubo un aluvión de nuevos pensamientos a la vez que la puerta principal se abría del golpe.

"¡Soy yo!" La voz de una chica gritó y se escuchó el sonido de pies corriendo por las escaleras y sus pensamientos ahora se enfocaban en el Vals del Minuto de Chopin, tocando con la mano izquierda en su mente una y otra vez.

Miré a la puerta cuando entró rápidamente, deteniéndose en el marco cuando me vio y dejó la mochila en el suelo. Yo obviamente era una enorme sorpresa. Y una desagradable.

Tenía quizás dieciséis años, y sus profundos ojos marrones eran grandes, y tuvo cuidado cuando me miró. Todos los pensamientos de Chopin desaparecieron.

"Hola," dije bajito y sonreí con mi sonrisa más amable, con los labios abiertos pero con el mínimo de dientes.

"Hola," dijo finalmente.

A ella no le gustaba que estuviera sentada en el piano. Comencé a levantarme cuando habló.

"¿Eres un nuevo profesor?"

"No, soy amigo de Rebecca."

"De acuerdo." Sus instintos fueron pateados pero no en el sentido de la mayoría de los humanos. Ella no tenía miedo, estaba a la defensiva.

"Soy Edward," sonreí de nuevo, con los labios cerrados esta vez. Me puse el abrigo, dejando en claro que no me iba a quedar, esperando que se sintiera más cómoda.

"Keisha," dijo tímidamente y estuve sorprendido de que me dijera su nombre.

"Encantado de conocerte, Keisha."

"Uh huh." Sus ojos iban de mí al piano y sólo deseaba que me terminara de ir.

"Bueno, ya me voy."

"Sí, está bien."

Comencé a caminar a la puerta y ella tomó la mochila, pasando por delante de mí con rapidez y se sentó en el banco. Ahora que estaba en el piano yo fui olvidado y ella tomó unas pocas profundas respiraciones y flexionó los dedos a la vez que fruncía el entrecejo al mirar el piano.

Tocaba unas piezas básicas para calentar mientras bajaba las escaleras y luego, al llegar abajo, el Vals del Minuto de Chopin comenzó. Y me detuve.

Era evidente que ella tenía talento. Había determinación en su forma de tocar, pero se las arreglaba para suavizarlo lo suficiente para darle a la música el calor y la luz que necesitaba, su mente estaba completamente absorta en lo que estaba creando.

Rebecca estaba saliendo de la oficina cuando llegué al final de las escaleras, sonriendo, y ella me indicó que entrara y tomara asiento.

"Lo siento," dijo y me senté en el escritorio. Al parecer había ganado la batalla, la nueva entrega de partituras estaría aquí mañana.

"No hay problema. Conocí a una de tus alumnas."

"Keisha…"

"Es muy buena,"

Rebeca suspiró. Ojalá pudiéramos hacer más por ella. "Sí, ella es muy buena. Su música es todo para ella. Está pensando en tomar una beca para el Conservatorio el próximo año."

"Me imagino que tiene una buena oportunidad," dije.

"Mm, no estoy segura de que lo vaya a hacer, a pesar de que debería."

Sus pensamientos se dispersaron de pronto y no pude leerlos.

"¿Por qué dices eso?"

Se inclinó hacia delante, cruzando los brazos sobre la mesa mientras tomaba un lápiz y comenzaba a golpearlo contra el calendario del escritorio.

"Durante los últimos veinte años hemos tenido tres estudiantes que han ganado la beca, y eso es increíble. Pero ahora la competencia por las becas en donde sea parece ser mucho más grande. No es suficiente ser bueno, ahora la teoría de la música lo acompaña y nosotros no profundizamos mucho en eso. Hay entrevistas y ensayos, además de que probablemente todos los otros solicitantes a la beca tiene un instrumento en casa para practicar, y la mayoría tuvo clases presenciales con regularidad con un profesor particular…puedo asegurarte que Keisha no tiene esos lujos. Eso es por lo que le doy la vista gorda a que ella se salte el último periodo los últimos días, para que así pueda venir aquí y tenga algo de práctica extra antes de que el resto de los chicos llegue."

Suspiró profundamente y se pasó la mano por el pelo, tirándolo, justo cuando alzaba mi mano para hacer lo mismo. Me detuve, un poco nervioso por nuestras reacciones en reflejo, y bajé la mano a mi regazo mientras Rebecca continuaba.

"Nuestro objetivo principal es exponer a estos niños a algo hermoso, a algo más que jingles comerciales o canciones de series de tv. El aprendizaje de un instrumento, incluso a un nivel básico, les da un sentido de logro y les enseña disciplina…si práctico entonces puedo hacer esto, puedo tocar esta canción. Hemos tenido estudiantes que han formados sus propias bandas y algunos han encontrado trabajo en la industria de la música, pero nosotros medimos el éxito por la forma en que un estudiante puede darle una vuelta a su vida, alejándose del crimen o de la delincuencia, o simplemente por pasar por encima de las circunstancias desarrollando la autodisciplina, el amor y el aprecio por la música, hacerla parte de sus vidas. Como trabajador social aquí, puedo decirte que hace una enorme diferencia, pero no estamos preparados para las grandes ligas."

Escuché con atención, y al mismo tiempo disfrutaba del talento de Keisha mientras su música flotaba alrededor del edificio. Era malo que un talento como ese se fuera a perder a causa de las circunstancias.

"¿Más dinero podría hacer la diferencia?"

Los ojos de Rebecca se estrecharon ligeramente y me miró detenidamente, haciendo que me moviera nervioso en el asiento. Volví el rostro, estudiando un volante de un club nocturno en el escritorio, sus pensamientos me pusieron en alerta.

Él dice eso como si él…no sé…

"El dinero siempre es útil, Edward, pero no siempre es la respuesta."

Tenía un buen punto y era uno con el que había tenido que hacer frente desde que había conocido a Bella. El dinero no siempre era la respuesta. Podía pagar la matrícula completa de Keisha, encubiertamente, por supuesto, pero no necesariamente le daría la preparación que necesitaba. Fingí estar interesado en el volante, mientras mi mente pasaba a través de las distintas opciones.

Financiar la beca solo para ellos, quizás, o financiar una nueva ala del Conservatorio a cambio de los lugares para los estudiantes. Dinero de nuevo – y aún así no significaría que ellos estuvieran preparados para lo que les esperaba.

"¿Hay otros estudiantes a lo que les gustaría tratar con una beca?" pregunté casualmente, quitando mis ojos del volante y viendo a Rebecca ahora.

"Tres o cuatro, sí. Son un poco más jóvenes, pero son talentosos y con ganas y de muchas maneras las ambiciones de Keisha han alentado las suyas."

Me apoyé en la silla, sin soltar el volante, moviéndolo hacia delante y atrás entre mis dedos.

"¿Sería posible generar un programa de estudio especial para los estudiantes? Tal vez podrían tener una rama independiente centrada en que ellos necesitan para que estén en una mejor posición para competir por la beca."

Rebecca asintió. "De hecho, he estado pensando en eso. Sería una buena cantidad de trabajo involucrado, panificarlo todo, especialmente porque no todos tocan el mismo instrumento." Suspiró y luego sonrió. "Pero estoy trabajando en ello. Me gustan los retos y no soy nada si no se ha decidido. Habrá un camino."

Le creí. Si hubiera una manera, Rebecca la encontraría. Era concentrada y apasionada y…yo estaba orgulloso de ella. De pronto me hubiera gustado poder decírselo.

"Sí hay algo que puedo hacer para ayudar…," dejé la oferta colgando, sincero en lo que había dicho pero no muy seguro de lo que podía hacer, aparte de poner dinero en ellos.

Él realmente lo dice en serio, puedo ver…es tan amable de él.

"Gracias, Edward, pero no creo que haya mucho que puedas hacer."

Asentí, lo sabía, pero me gustaría aumentar la cantidad del patrocinio, de todos modos.

Su atención se fue al volante en mis dedos.

"Ellos eran estudiantes nuestros, The Unsound," dijo con orgullo. "Hace cinco años. Son un poco…alternativo es la palabras, ¿no? Como sea, lo están haciendo bien, tocan en clubes de la cuidad. Deberías verlos mientras estés en la ciudad, creo que tocan esta noche, ¿cierto?" Se acercó para ver la fecha. "Oh…," me miró rápidamente y traté de ocultar mi sonrisa mientras sus pensamientos llegaban. "Probablemente eres demasiado joven para entrar." Luego meneó la cabeza y agitó la mano en un ademán. "A menos que tengas una identificación falsa, y si la tienes, no quiero saber." Que loco que pueda ser esposo y padre pero no puede entrar a un club.

Me quedé en silencio, eligiendo en su lugar solo sonreír mientras miraba de nuevo la pieza de papel brillante. The Unsound de hecho tocaba esta noche y tenía varias versiones de identificación. Tenía diecisiete, diecinueve, veintiuno, Cullen, Masen…elige tu opción.

"De todos modos, Edward, dime que has estado haciendo últimamente."

Ella escuchó, con genuino interés, mientras le decía verdades a medias y vagas. Bella y yo estábamos todavía viviendo con mi familia, ambos aplazamos la universidad hasta que Abbey sea algo mayor. Ninguno había decidido que estudiar o donde postular.

"No hay mucho que contar, realmente," terminé después de unos minutos. "Muy tranquilo, muy aburrido…pero no para mi, por supuesto."

Rebecca me sonrió, con los ojos y una cálida expresión. No hay nada aburrido en ti, Edward. Estaré muy interesada en ver a lo que la vida de lleva, jovencito.

"Probablemente me debería ir," dije y me levanté.

"Bueno, fue maravilloso verte, Edward, de verdad. Por favor trae a Bella y a Abbey cuando estén en la ciudad."

Sonreí forzadamente, sin querer mentir abiertamente, pero ella pareció reconocer mi reticencia.

"O tal vez te veré en el concierto. Voy a estar al frente de la Plaza, cerca del escenario, hacia la izquierda cerca de la entrada de los artistas.

Asentí. "Me imagino que probablemente me quedaré a tras, en caso de que Abbey se ponga inquieta y tengamos que irnos."

Ella asintió. "Oh, bueno, te voy a mantener al día con emails de todos modos."

Asentí y al a ir hacia la puerta, mis ojos cayeron en George al pasar al lado de su foto. Rebeca lo notó, por supuesto.

"He tenido la intención de ponerlo en el vestíbulo desde que nos mudamos…simplemente no lo he hecho todavía. Y he olvidado el martillo en casa. Pobre George, me siento culpable cada vez que lo que lo veo apoyado en el suelo."

Dudé por un segundo antes de hablar.

"Yo puedo ponerlo…si quieres."

"¿Sin martillo?"

Mis dedos podían poner clavos en la pared como si esta fuera mantequilla derretida. "El pisa papeles tiene una base plata, lo haría igual de bien." Hice un gesto con la cabeza hacia la pesada esfera de vidrio que estaba es su escritorio. "¿Tienes clavos?"

"Er, en realidad creo que sí." Comenzó a buscar en un cajón del escritorio y sacó una bolsa de plástico con clavos, tornillos y gomas para llaves. Me la entregó, sonriendo.

"Toma, debe haber algo entre todo eso."

Así que nos fuimos al pequeño vestíbulo y sostuve la foto de George contra la pared mientras Rebecca me decía…izquierda, derecha, arriba, ahora baja un poco.

"¡Perfecto!"

Tomó solo una flexión de mis dedos con el pisapapeles y los clavos estuvieron en su lugar y la foto fue colgada.

"Gracias, Edward. Él se ve mucho más feliz allá arriba."

Di un paso para atrás, sonriendole a George que sonreía de vuelta.

"Un gusto."

.

▪▪▪/▪▪▪

.

La última vez que había estado en un bar había sido en 1983. Por lo general no eran un lugar que me gustara, pero había valido la pena estar encorvado en un rincón tratando de ignorar los pensamientos sobre mi buen pedazo de culo mientras mujeres humanas, con los instintos embotados por el alcohol, trataban de acercarse a mí. Usualmente solo me tomaba un sobrenatural giro suave de mi cabeza con una penetrante mirada y ellas retrocedían.

The Unsonund, eran buenos, muy buenos. Eran rudos, temerarios y claramente habían sido influenciados por los inicios del punk, podía oír los acordes de The Clash y The Stranglers. Pero su música se basaba en el entrenamiento de la disciplina clásica y la habían recibido de George, dándole madurez, y sentí una sensación de vicioso orgullo por su presentación y la forma en que la audiencia les respondía. Ellos eran muy diferentes a Keisha y eso demostraba cuan amplio se había extendido el trabajo de George. Salí corriendo, todavía meneando la cabeza a los tiempos de la música mientras avanzaba por la calle.

Eran pasadas de las dos cuando regresé a casa. Me quité la chaqueta y la dejé caer en el sofá, cerré los ojos y suspiré profundamente. Había estado lejos de Bella por mucho tiempo.

Ella debería estar cazando ahora. La había llamado antes de que me fuera al club, para contarle de la escuela, de Rebecca y Keisha. Estuvo de acuerdo en que podríamos aumentar el monto del patrocinio, incluso si no ayudaba directamente con la situación de la beca. Y se echó a reír cuando le hablé de mis planes para la noche.

"¿Te van a dejar entrar?"

"Por supuesto. Nunca me han negado la entrada a ninguna parte. Todo está en la actitud."

Soltó una risita. "Y un carnet de identidad falso."

Rodé los ojos pero me reí bajito. "Sí, está bien, y una identificación falsa. Me gustaría que pudieras venir conmigo."

"Yo también. Me necesitas para mantener alejadas a las mujeres." Hubo un pequeño tonito en su voz y sentí un zumbido de electricidad recorrerme. Nunca había querido ponerla celosa pero tenía que admitirlo, a veces la Bella posesiva era atractivo.

"Sólo tú, amor. Siempre, sólo tú."

"Lo sé."

Saqué mi teléfono del bolsillo, con ganas de escuchar su voz una vez más – tal vez podría alcanzarla entre búsquedas. Pero me detuve. Todavía era nueva en esta vida, seguía perfeccionado su estilo y técnica de caza, ella necesitaba ningún tipo de distracciones. Suspiré y guardé el teléfono y en vez de llamar me levanté y tomé mi mochila. En el fondo estaba mi camiseta de Snoopy doblada con cuidado alrededor de mi copia de la Isla del Tesoro y las tomé, sonriendo.

Bella me había comprado la camiseta con algo de diversión, pero había tomado un mayor significado. No sólo que me la había dado ella, siempre sería especial por esa razón, pero también por la primera vez que me la puse. Con un encogimiento de hombros me quité la camisa que llevaba y me puse la de Snoopy. La alisé por sobre mi pecho mientras recordaba.

Me había excitado. Verla bailando, ver sus movimientos tan fluidos, con confianza. No la había visto así antes y me preguntaba si ella hacia eso a menudo. Había salido para comprarle un chocolate caliente y ella no me había oído entrar, el sonido de la lluvia golpeando la ventana habría ahogado cualquier sonido que yo hiciera. Sabía que tenía que haberle hecho saber que estaba ahí, pero no podía hablar, estaba tan paralizado. Luego, ella dio la vuelta y me pilló mirándola y su rubor fue tan profundo y rico que mi excitación creció. Me moví un poco, ajustando lo suficiente mi posición como para que no se diera cuenta. Había llegado a ser muy bueno en eso. Pero fui incapaz de apartar la mirada, y el veneno llenó mi boca y tragué saliva cuando se acercó a mí, con los ojos brillantes, determinada y llena de confianza.

Ella era tan hermosa.

Se detuvo para recoger una toalla al final de la cama, luego tomó el vaso de mi mano, lo dejó en la mesa y ahí me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

Mi primera reacción fue decirle que se detuviera, que no tenía que hacer esto, que no tenía frío…pero otra parte de mi lo quería. Lo quería muchísimo. Esto era lo que las personas hacían por alguien que amaban.

Dejarla amarte.

Habíamos hablado de compartir más de nosotros mismos. Y de verdad, esto, dejar que ella cuidara de mí, era tanto compartir como físico.

Y aunque no tenía frío, me estremecí cuando deslizó la toalla sobre mí. Fue la experiencia más sensual de mi larga vida y me dejé disfrutar. Ella fue dulce, suave, lenta, tierna, frotándome con suavidad, deteniéndose para dejar que sus dedos paseasen ligeramente sobre mi piel, dejándola jugar con los hoyuelos en mi espalda baja. Nunca creí haberme sentido tan…amado.

Pensé que probablemente me sentiría avergonzado por los suaves sonidos que estaba haciendo, por los gemidos y jadeos, pero no lo hice. Me estremecí de placer, queriendo que nunca se detuviera. Y luego cuando terminó en la cintura de mis pantalones, sabía lo tenía que hacer.

Ella dudó y le tendí una mano, poniendo mi mano sobre la suya haciéndole saber. Me preocupaba que ella tratara de ir más lejos, pero no lo hizo. Recordé sus palabras en el auto camino aquí, nunca parezco excitarte. Si ella sólo supiera…y ese era el punto, ella no sabía, nunca la había dejado saber.

La besé luego, arrastrando mis labios sobre su mandíbula, y creció mi excitación. Mis labios estaban hambrientos, y no fui tierno ni suave, como ella lo había sido conmigo. Luego la acerqué a mi cuerpo y por primera vez le dejé sentir como ella me afectaba. Y no se alejó con disgusto, y no insistió más, solo se dejó sentir, me dejó dame a ella y eso fue…intenso y poderoso. Yo estaba temblando por la realización de lo que estaba haciendo, con la sensación de estar apretado contra su calor, con el placer – yo nunca había…nunca había sentido esto. Podía oír su sangre golpeando debajo de la fina capa de su piel, podía sentir su calor y sabía que se iría a sus mejillas, cuello y probablemente a su pecho…

El gruñido se elevó en mí y me alejé, tratando de enfocarme en el sonido de la lluvia, y no en el sonido de su pulso. Me tomó un momento para volver a centrarme mientras sus dedos me acariciaban la nuca. Me preguntaba si ella sabía que eso me tranquilizaba.

"Ahora ya lo sabes," dije y por un momento me preocupó su reacción. ¿Había sido mucho? Pero ella sonrió, me dijo que me amaba y mi corazón se disparó. Se acercó de nuevo.

"Yo…no ahora, amor."

"Lo siento."

"No lo sientas," acerqué mis labios a su oído, esperando que el tono de mi voz no le dejara ninguna duda. "…porque yo no lo hago."

La besé de nuevo, lentamente, y le recordé que no dejara que su chocolate caliente se enfriara mientras yo recogía algo de ropa y me iba al baño.

Me metí en la ducha y abrí el grifo del agua fría. Me puse bajo el choro, con la cara levantada y las manos apoyadas contra los azulejos, a la espera que el flujo helado calmara el deseo, la necesidad y la angustia. Empuñé las manos. La calma era lo único que podía esperar – nada podría alejar el dolor por completo, un sinnúmero de duchas frías me habían enseñado eso. Al igual que el ardor en mi garganta, era parte de amar a Bella.

Pero esta vez sabía que iba tomar más tiempo que la calma llegara, y apoyé la cabeza contra las baldosas entre mis manos. A pesar del agua fría, todavía podía sentir su calor cuando me había presionado contra ella, sintiéndola contra mí por primera vez. Había estado tan consciente de que había solo unas finas capas de tejido entre nosotros.

Gemí fuerte, luego lo detuve rápidamente, mordiéndome el labio, fuerte. Miré instintivamente hacia la puerta, esperando que Bella no me hubiera oído por sobre el chorro de agua. Oírme gemir cuando estábamos juntos era una cosa, pero oírme gemir cuando estaba solo en la ducha era algo diferente. Odiaría pensar lo que le haría a ella.

Gradualmente mi cuerpo se relajó y yo…me sentí satisfecho conmigo mismo.

Le había mostrado más de mi mismo a Bella, le había hecho saber lo que me hacía, y no me había visto superado por la ser de su sangre, no la había herido, ella no había salido corriendo y gritando, ella se había acercada por más.

Y había sido increíble.

Ahora, la felicidad se precipitaba a través de mí. Tal vez nosotros podíamos hacer esto sin que Bella se convirtiera en víctima. Si tomábamos las cosas con cuidado, despacio, como ahora, podíamos hacer esto.

De repente, todo parecía posible.

Había pensado muchas veces en Bella y yo juntos. Mi fantasía era completa y activa a pesar de que muchas veces me hacía sentir culpable. Pero discutía conmigo mismo que era preparación para progresar en nuestra relación, para nuestra luna de miel. Y mientras eso era verdad, la realidad era que también me gustaba, aunque no me había dado el gusto desde que había llegado ese email.

Mis escenarios no siempre implicaban sexo, a menudo solo se trataba de tocar y explorar. Como sería sentir la suave plenitud de sus pechos en mis manos. Como se sentirían sus manos en mí…tocándome.

Me preguntaba si tal vez podría compartir de eso con Bella, decirle las cosas que sueño que hagamos. Tal vez…podría preguntarle si existían cosas que a ella le gustaría tratar. Sabía que probablemente sería buena idea discutirlo, pero no sabía si yo era lo suficientemente valiente. Me preocupaba que ella me rechazara, que si sabía lo que yo pensaba, saldría corriendo…

Y luego comencé a reír. ¿Por qué siempre pensaba que Bella saldría corriendo y llorando?

Porque Lucy lo había hecho, por eso.

El errante e indeseado pensamiento salió de la nada, sorprendiéndome, haciendo alusión a algo mucho más profundo. Quería ignorarlo, tratar de alejarlo, pero un instinto me decía que no era una buena idea. Así que me senté en el suelo y dejé que el que el chorro de agua me cubriera mientras comenzaba a quitar las capas de mi pasado.

Esa noche en la habitación de Lucy yo había sido joven, inexperto y me había abrumado la situación y la sensación. Y hasta que leí ese diario había pensado que la había herido, tomando ventaja de sus sentimientos, que le causé dolor y la hice llorar. Ella me había querido y cuando accedí, al parecer, mi acciones la hirieron, rechazaron y repelido. Y me había sentido avergonzado.

Me daba cuenta ahora, mientras el agua se estrellaba contra mí y me sacudía por debajo de su pulso, abrazando mis rodillas a mi pecho, que esos recuerdos no habían sido olvidados, habían sido bloqueadas por mi subconsciente, junto con la vergüenza y mi propio disgusto por lo que había hecho, y los había traído conmigo a mi vida de vampiro.

Y esa experiencia, esos recuerdos, se habían colado en mis sentimientos por muchas cosas.

Suspiré y lamí el agua que caía sobre mis labios.

Bella me que deseaba mucho, parecía tener altas expectativas respecto a cómo sería nuestra unión física. Pero ¿y si mi valoración subconsciente era correcta y yo era un desastre en la cama? ¿Y si no podía cumplir con esas expectativas, sí decepcionaba a Bella? ¿y si me faltaba finura, era demasiado rudo, y no podía reconocer lo que su cuerpo quería o necesitaba? Había estado esperando tanto tiempo que todas esas posibilidades terminarían antes de que comenzaran. Sólo la idea me llenaba de mortificación y negué con la cabeza. ¿Y si no podía llevarla a su clímax?

Me pasé las manos por el pelo, tirándolo con fuerza.

Bella se merecía el éxtasis, la felicidad, la pasión, no la torpe intromisión de un chico sin experiencia.

Miré mi cuerpo desnudo.

Deseaba tanto darle placer.

Bella.

Amaba a Bella. Bella me amaba.

Ella me amaba.

¿Y si iba con dudas, y si yo era torpe o demasiado tosco, si terminaba demasiado rápido para la primera vez, ella me daría la espalda, me dejaría? ¿Cambiaría la manera en que ella se sentía conmigo?

"No."

Sacudí la cabeza, sonriendo un poco ahora.

Conociendo a Bella, ella me mostraría exactamente lo que quería, y me molestaría hasta que lo hiciera bien. Y aprenderíamos juntos.

"Juntos."

Enterré la cabeza entre mis manos y respiré con dificultad, mientras me daba cuenta de que esa experiencia humana había contaminado la forma en cómo me sentía con mi cuerpo, el sexo, y conmigo. Pero ahora, conociendo la verdad detrás de la motivación de Lucy y de sus lágrimas, sabiendo lo mucho que Bella aun me amaba, a sabiendas la clase de hombre que era George… no tenía nada de qué avergonzarme. Podía dejar que todo se fuera.

Y sabía que lo que pasara entre nosotros sería hermoso…porque nosotros lo éramos.

Me senté allí dejando que el flujo de agua cayera sobre mí, dejando que este nuevo conocimiento se hundiera y asentara. Y cuando me puse de pie, unos momentos después, y saqué la cabeza debajo de la corriente, fue como un ahogado saliendo a la superficie. Era un hombre nuevo, un hombre diferente. Me sentí más ligero de lo que había estado en mucho tiempo.

Corté el agua y salí, alcanzando una toalla. Me sequé rápidamente, Bella estaría preguntándose qué me estaba tomando tanto tiempo. Me puse los pantalones de pijama y luego tomé la camiseta de Snoopy. Sonreí al preguntarme si ella sabía cuando significaba para mí.

La camiseta que ella me había visto usar en esa vieja foto tenía un Snoopy durmiendo en el techo de la casa de perro. Pero este Snoopy estaba feliz y sonriendo, bailando con los brazos abiertos y con la cabeza hacia atrás. Las dos camisetas eran analogías perfectas de mi vida.

En 1973 vagaba por los días y las noches, como dormido, a pesar de que dormir era imposible. Pero ahora, desde que encontré a Bella, estaba como Snoopy haciendo su baile feliz. Yo estaba vivo, despierto, feliz. Su regalo significaba más de lo que ella comprendería.

La pasé por mi cabeza y la alisé sobre mi pecho. Me miré en el espejo…Snoopy y yo…ambos sonriendo. Abrí la puerta del baño y fui a reunirme con Bella.

Sonreí al recordar esa noche. Luego hice algo que no había hecho desde 1915 – tomé La Isla del Tesoro y me dirigí afuera a lo que quedaba de mi casa en el árbol.

El aeropuerto estaba atestado por la congestión humada provocada en temporada de vacaciones mientras me dirigía hacia la puerta dos. De pie con toda mi altura, mirando a través de la multitud, las vi, mi esposa e hija.

Bella estaba radiante, me saludó y mi corazón casi late a causa de esa sonrisa tan hermosa, y que era mía, para mí. Lo ojos de Abbey estaba muy abiertos, su expresión levemente sorprendida mientras iba sentada sobre la cadera de su madre, fijándose en la actividad que la rodeaba. Bella inclinó la cabeza hacia la de Abbey, señaló y pude ver las palabras en sus labios.

"¡Allí está papi! ¡Miro que trajo!"

Me apreté contra la multitud, incapaz de esperar los treinta segundos que les tomaría llegar hasta mí.

Detrás de ellos un portero estaba empujando un carro con bolsos y fruncí el ceño cuando vi que sus ojos se centraban en el trasero de Bella. Sentí un sordo gruñido en mi garganta cuando escuché sus pensamientos.

Si me muevo un poco me rozaré contra ella, solo pensará que es 'porque la gente me empujó.' Sí, voy a avanzar y dejar que mi brazo…

Me moví a través de la aglomeración humana más rápido de lo que debería, más allá de la barrera, impulsado por una posesividad que se había hecho más fuerte en casi tres días de separación. Si él pensaba que iba a tocar a mi esposa…

Si hago que me tropiezo puedo caer un poco sobre ella, tal vez sentir su…whoa, ¿de dónde salió él? ¡Mierda! ¡Mierda!

Comenzó a retroceder con rapidez.

"¡Edward!"

Bella tiró su brazo libre a mí alrededor, la fuerza de eso casi me hace tropezar cuando la atrapé a ella y a Abbey en un apretado abrazo contra mi pecho. Por encima del hombro de Bella mi cara de vampiro fulminó al portero que dio la vuelta y tropezó mientras trataba de desaparecer entre la multitud.

"Bella," suspiré, con el rostro enterrado en su cabello, llevando su esencia a lo profundo de mis pulmones.

"Abbey," me volví hacia mi hija y bese sus mejillas dos veces y la levanté de los brazos de Bella. La abracé, pero Abbey no estaba interesada en mí, ella estaba mirando el globo que flotaba justo detrás de mi cabeza.

"¡Boon!" Sonrió y trató de alcanzarlo.

"Es para ti," dije y froté mi mejilla contra su cabeza. "Pero no muerdas este, ¿está bien?" Tomé la cuerda y la envolví alrededor de su gordita muñeca, atándole el poni color rosa y plata. Agitó su brazo arriba y abajo con una sonrisa mientras lo veía revotar por encima de ella.

"Lo siento, no te traje uno," me burlé de Bella, poniéndola a mi lado con tal de tener a mis dos chicas en mis brazos.

"¿Y por qué no?" bromeó de vuelta y reí.

"Porque me tienes a mí," murmuré bajo y suave en su pelo, usando la voz que sabia le causaba escalofríos y me deleité cuando los sentí.

Bajé mis labios, acariciando los suyos y suspiró. Luego me miró, sonrió y dijo tres palabras que me dejaron sin aliento.

"Llévanos a casa."

A casa.

Las estaba llevando a mi casa familiar.

Posé mi mano en el muslo de Bella y ella la cubrió con su mano mientras nos alejábamos del aeropuerto. En el asiento trasero Abbey estaba tratando de morder el globo.

"No." Bella alejó el globo de la boca de Abbey. "Si lo muerdes, se va a… ¡boom!" Movió sus manos, imitando una explosión. Abbey la observó y vi un difuso destello de sus pensamientos. Un globo rojo con un el dibujo de una cara básica con cejas de demente. Me reí bajito.

Bella se dio vuelta en su asiento y puso su mano sobre la mía de nuevo.

"¿Cómo estuvo el vuelo?" Pregunté. Se veía compuesta y esperaba que no hubiera sido demasiado incomodo para ella.

"Estuvo bien. Los olores se concentran muy bien. Un par de veces contuve la respiración por un rato, solo para conseguir un descanso." Alzó la mano para frotarse los ojos. "Y sentí mis lentes contactos disolverse así que tuve que levantarme y cambiármelos a mitad de camino." Entonces se echó a reír y sacudió la cabeza.

"¿Qué?" Pregunté, riendo también aunque todavía no sabía qué era lo gracioso.

"Tratar de cambiar los lentes de contacto en un baño de avión, mientras una niña está tirando todas las hojas de papel fuera del dispensador y presiona el botón de la descarga una y otra vez."

Estaba riendo de nuevo. "Ojala hubiera estado allí para ayudar," dije.

"¿A quién? ¿A mí o a Abbey?" bromeó.

"Estoy seguro que si hubiera estado allí hubiera ayudado a Abbey a sacar más toallas de papel."

Rió y me apretó los dedos. "En realidad, no creo eso, ella lo hizo muy bien por su cuenta."

Llevé su mano a mis labios. "Estoy muy orgulloso de ti."

Soltó un bufido. "Me siento un poco como un niño que va a viajar en bus solo por primera vez." Le sonreí por la analogía. "Excepto que el niño no querría drenas a los pasajeros hasta dejarlos secos," dijo en voz baja.

Su comentario me preocupó.

"¿Así te sentiste?" Me estaba regañando a mí mismo, ahora. Si ella había sufrido, quizás había sido demasiado pronto, debería haber ido de vuelta a Forks para traerlas. No debería haberla dejado pasar por algo tan grande sola, incluso si ella había insistido en ello y Alice no había visto ninguna dificultad. Aún no me había respondido y ahora tenía el ceño fruncido.

"¿Bella?"

"¿Mm?"

Rodé los ojos. De alguna manera todavía podía perderse en sus pensamientos, incluso ahora.

"¿Así te sentiste? ¿Estabas sedienta en el avión?"

"Oh, no. Solo fue extraño."

"Extraño, ¿cómo?" Yo había estado infinidad de veces peligrosamente sediento y nunca lo he descrito la experiencia como extraña.

"Bueno…," traté de ser paciente. Después de momento ella frunció el ceño e inclinó la cabeza a un lado, caso como si estuviera tratando de explicárselo a sí misma. "Es sólo que soy una criatura sobrenatural con una gran resistencia y los sentidos agudizados que es un predador poderoso, y yo estaba luchando con una niña por el papel higiénico en el baño." Se encogió de hombros. "Fue extraño. Y divertido." Comenzó a reír y deje hacer mis hombros de alivio.

"¿Entonces no te sentías incomoda?"

"No."

"Que bueno." Llevé su mano a mis labios de nuevo. "Nunca he querido que te sientas incomoda."

"Lo sé." Llevó nuestras manos de vuelta a su rostro y con sus labios rozaron mis nudillos.

¡BANG!

Pequeños y delicados fragmentos color rosa y plata flotaron a nuestro alrededor.

"¡Oh, Abbey!" Bella suspiró y me orillé inmediatamente. Abbey estaba sentada atónita, con ojos enormes, su labio inferior temblaba ligeramente y el lazo del globo colgaba de su muñeca.

"Boon," dijo bajito y yo la tenía fuera de su asiento y en mi regazo antes de que su primera lágrima cayera.

"Ssh, Abbey, cariño, está bien."

Ella sorbió y luego comenzó a llorar en serio. La abracé con más fuerza, frotándole la espalda con mi mano, mientras Bella le acariciaba el cabello.

"¡Boon! ¡Boon!" lloró.

"No te preocupes, cariño. Te vamos a dar otro," murmuré en voz baja tratando de no encontrarme con la mirada de Bella.

"¿Edward?"

"¿Mm?"

Hubo un pesado silencio entre nosotros a pesar de los sollozos de Abbey que llenaban el coche.

"Edward, ¿hay más globos en la casa?" La frustración coloreó sus palabras y me encogí de hombros, sabiendo que sería inútil negarlo. Iba a ver la verdad muy pronto de todas formas.

"Sí."

Apretó los labios. "¿Cuantos?"

"Uno o dos."

"Es uno, o son dos."

"Once."

"On…, Edward, sé que son solo globos, pero…las estas consintiendo."

Luego miré directamente a Bella, con el corazón completamente abierto. Sí, me dijiste que le comprara un globo. Sí, le he comprado once. Sí. Soy una causa perdida, lo sé. Pero es así como soy, y siempre seré una causa perdida a lo que mi esposa e hija se refieren.

Hubo una conversación silenciosa entre nosotros mientras cargaba a Abbey, y Bella continuaba acariciando su cabello. Por fin sonrió.

"Te das cuenta de que los ha mordido todos a la hora de la siesta."

En realidad, no lo había considerado, pero asentí.

"Y no puedes seguir comprándole más."

"Lo sé."

Y luego Bella sonrió. "Pero hoy es un día especial, ¿cierto?"

Ella lo comprendió.

Asentí. "Sí."

Y luego movió su mano desde la cabeza de Abbey a mi mejilla, donde su pulgar acarició mi piel. Dejé que mi rostro se apoyara en su mano, girándolo lentamente para besar su palma.

"Tenemos suerte de tenerte," susurró y creí que mi corazón iba a explotar.

Abbey estaba sujeta a su silla, ahora bostezando, con los ojos pesados. El reproductor de CD estaba encendido, las canciones de Winnie de Pooh reemplazaron a The Violent Femmes, y Bella estaba buscando en su bolso el vaso para el jugo. Se volvió y se lo tendió a Abbey quien lo rechazó y en vez se metió el pulgar en la boca, un signo seguro de que quería dormir. Mientras Bella devolvía el vaso a su bolso algo me llamó la atención. Comencé a reír.

"¿Qué es eso?"

Bella rodó los ojos. "Adivina."

"¿Club de lectura de Renee?"

"Síp."

El ultimo pasatiempo de hobby. Estaba disfrutando de su Club de Lectura y estaba tan entusiasmada que el enviaba los libros a Bella tan pronto como ella los terminaba, con la idea de que podrían discutirlos y criticarlos vía email. Hasta ahora habían sido un predecible asesino misterioso y un thriller futurista.

Me alegraba que Bella no cortara por completo la comunicación con su madre, pero no estaba seguro de como se resolvería finalmente la situación con Renee. Había aprendido, sin embargo, que no podía controlarlo todo y que había algunas cosas que tenía que tomarlas día a día…y ésta era una.

Renee pensaba que estábamos en Alaska y como alguien que amaba el calor y el sol era poco probable que se invite a si misma al norte. Así que habían frecuentes emails, enviábamos regularmente fotos de Abbey y la situación funcionaba, por ahora.

"¿Qué te envió esta vez?"

Bella sacó el libro del bolso.

"Pétalos sobre la nieve. Esta particularmente emocionada con este, porque el nombre del héroe es Lord Edward."

Me eché a reír. "¿Y cómo es Lord Edward?"

"Es un completo sinvergüenza que desea a la hermosa Amelia, y quiere desflorarla en su enorme cama son dosel en su castillo."

"¿Es bueno?"

"No, para nada. Escucha esto…,"

Pasó algunas páginas y continuó en voz baja.

"Amelia estaba nerviosa, su pecho subía y bajaba por sus alientos de anticipación y deseo. Lord Edward pasó con determinación un dedo sobre la piel expuesta por sobre el borde del encaje de su corsé. 'Hermosa', susurró, su voz ronca goteaba una promesa y miró a los ojos de zafiro de Amelia."

Y aquí bella comenzó a reír.

"No te detengas ahora, amor. Me tienes al borde del asiento," sonreí.

Se mordió el labio, tratando de detener su risa antes de continuar.

"'Amelia, quiero rendir culto al altar de tus montículos de perfil.'"

Mi cuerpo temblaba junto al de Bella, nuestras carcajadas llenaban el auto.

"Eso es realmente terrible," le dije, y Bella asintió.

"Lo sé. Es así todo lo que sigue. No sé qué decirle a Renee."

"Le gustó a ella."

"Cree que es romántico."

"¿Y tú qué crees?"

Se rió y golpeó con fuerza mi hombro. "No, en absoluto. Pero lo leí. Gracias a dios por la lectura a velocidad vampírica, solo me tomó diez minutos en el avión." Sacudió la cabeza. "Honestamente, creo que podría hacerlo mejor yo mismo."

"Estoy seguro de eso."

Bella guardó el libro y callaron nuestras risas. Ahora la estaba leyendo mucho mejor, pero su mente continuaba cerrada para mí y sus sueños ya no eran una puerta de entrada a sus pensamiento, siempre estaba dispuesto para las otras formas de ver el funcionamiento de su mente.

"¿Qué escribes?"

Se encogió de hombros. "No sé. Se supone que es mejor si escribir sobre algo que conoces, ¿no?" Hizo una pausa y mi curiosidad iba en aumento, observando atentamente como sus cejas se juntaban un poco y fruncía los labios en concentración. Que labios tan bellos. Luego sonrió y pude ver la inspiración en sus ojos.

"Me gustaría escribir sobre una chica normal en un pequeño pueblo que se enamora de un vampiro hermoso que lo conoce en la clase de biología. Excepto que él no tiene colmillos y que brilla a la luz del sol. Y él se enamora de ella, también." Me miró, con una hermosa sonrisa en los labios. Me incliné y la besé suavemente.

"Nunca se vendería," susurré y me alejé de nuevo. "Y nunca serias tan sencilla."

"Lo sé," respiró, aun con los ojos cerrados por nuestro beso y me preguntaba si ella estaba de acuerdo conmigo en no ser sencilla, o en que su libro no se vendería. Luego abrió los parpados. "¿Por qué no se vendería?" Ah, estaba de acuerdo en no sería tan poco elaborada y sonreí, complacido.

"Porque la mayoría de la gente tendría dificultades para aceptar vampiros sin colmillos, que no duermen en ataúdes o que no se queman al sol."

Se encogió de hombros. "No lo sé, creo que lo comprarían." Se volvió hacia mí, con un brillo sugerente en los ojos. "Funcionó para mí."

Reí y apreté su mano. "Lo sé, pero nunca serás como la mayoría de la gente. Y eso podría molestar a los Volturi."

"Es cierto," dijo, mirando al frente y temblando ligeramente. "¿Deben tener las fotos por ahora, cierto?" preguntó bajito.

"Estoy seguro, amor."

"¿Bella?"

La estaba viendo con cuidado, su rostro se volvió hacia la ventana, y su dedo retorció algunos mechones. De pronto se vino a mí.

"¿Es normal que no respondan? No me refiero a una nota de agradecimiento, solo, tu sabes…vimos las fotos, podemos ver que Bella es vampiro, han mantenido tu parte del trato, no los molestaremos."

Suspiré y me encogí de hombros. La verdad era que no lo sabía. Nunca había tenido que demostrar la transformación de una persona antes, no conocía el protocolo.

Habíamos viajado a Alaska, en pocas palabras – dos semanas después de la transformación de Bella. Alice y Jasper se nos unieron para cuidar de Abbey mientras le tomaba fotos a Bella en la nieve con su piel blanca y los ojos rojos – una prueba para los Volturi de que en efecto se había convertido, y para apoyar nuestra historias de que estábamos viviendo en el norte. Me encargue de las fotos por horas, asegurándome de que no había nada que pudiera implicar la existencia de Abbey – incluso un cabello suelto podría ser exposición. Habíamos comprado ropa nueva para la ocasión, así que no había riesgo de que ojos de vampiros encontraran manchas de saliva de bebé o huellas de manos.

Levanté la mano de Bella y con mis labios la besé. Me sonrió suavemente.

"No sé si vayan a responder, puede que no lo hagan. Pero, como sabes, el tiempo significa algo muy distinto para ellos. Podría pasar dentro de cinco años o más antes de que ellos envían una confirmación de que lo recibieron y eso se vería como una respuesta para ellos."

"Supongo." Sonrió y apreté su mano.

"Y Alice los está vigilando." Le recordé- "Así que, ¿que nota le darás a Lord Edward y a Amelia?" Estaba ansioso por recuperar su estado de ánimo más ligero. Y el mío.

Se puso a reír de nuevo. "Creo que se merecen dos estrellas," dijo y bajó la cabeza como si estuviera sonrojada, dejando caer su cabello como una cortina alrededor de su cara. Era una acción que siempre obtenía una respuesta de mí. Tragué saliva y me moví un poco en mi asiento.

"¿Dos estrellas?"

"Una por cada montículo," carcajeó.

.

▪▪▪/▪▪▪

.

Estaba lloviendo ligeramente cuando nos detuvimos ante el número cuarenta y siete.

"Aquí estamos," dije y Bella sonrió.

"Está como lo recordaba," dijo, obviamente contenta de que su recuerdo humano todavía fuera claro. Me hacia feliz también.

"¿Estas lista para ver el interior? Y no solo será una rápida inspección del dueño, lo prometo." La observé para ver su reacción.

Se vio perpleja por un momento y luego su rostro rompió en una carcajada.

"Querías que hiciera eso, ¿no? El día que vinimos a verla."

Asentí, sonriendo.

"Y no lo harías."

"No."

Rió de nuevo. "Bueno, he esperado lo suficiente, estoy muy lista a ver el interior, ahora."

Un momento después estaba e pie en la puerta, tomando a Bella en mis brazos mientras ella sujetaba a Abbey.

"¡Edward! ¿qué estás…?"

"Ssh." La besé. "Déjame tener mi momento."

Empujé la puerta suavemente con el pie a la vez que tomaba aire y llevaba a Bella debajo del umbral.

"Oh, Edward." Bella soltó una mano del agarre de Abbey y la pasó por mi cuello, abrazándome fuerte. Luego se deslizó elegantemente fuera de mi alcance y extrañé el contacto inmediatamente. De pie, miró alrededor todavía con Abbey en su cadera.

Se alejó, viendo el salón, y mis brazos se sintieron vacios sin ella y me pasé fuertemente una mano por el cabello mientas la otra golpeaba nerviosamente mi pierna. Quería tomarla de la mano, ver su rostro, ver su expresión – quería saber si le gustaba lo que veía. Si ella podía ser feliz aquí.

Sabía que tenía que darle un momento para asimilarlo todo, pero no sabía si podía esperar.

Me acerqué a ella y ella se volvió hacia mí, quizás sintiendo mi agitación. Sus labios se curvaron en una sonrisa emocionada.

"Muéstrame," dijo y tomó mi mano.

Comenzamos abajo y la llevé por todas las habitaciones, así como había imaginado que sería. Aunque en mi imaginación habíamos caminado lentamente, observándolo todo mientras yo señalaba los pequeños detalles históricos…la puerta de atrás estilo establo, las elaboradas cornisas, la despensa, el cristal ornamentado con machas de la ventana en el rellano. Pero mi entusiasmo se hizo cargo y por el contrario, nos movimos rápidamente mientras le daba un consecuente comentario sobre la obviedad.

"Esta es la sala de estar…el comedor…aquí está la cocina…el estudio, o la habitación extra ahora…y el vestíbulo que ya has visto." Bella estaba riendo y yo también. Abbey que estaba sentada sobre la cadera de Bella, fruncía el ceño, mirándonos como si nos hubiéramos vuelto locos.

Desaceleré y acerqué a Bella suavemente.

"¿Te gusta?" Busqué en sus ojos, su rostro, esperando.

"Me encanta,"

Sabía que la sonrisa en mi rostro probablemente se veía estúpida, no me importaba. Sentía mi pecho expandirse de orgullo y felicidad.

"¿Vamos arriba? Hay tres habitaciones y el baño y luego hay dos habitaciones en el ático encima."

"Lo sé. Me hiciste un plano cuando estábamos ordenando los muebles."

"Oh…"

Y luego Bella me guiñó un ojo y pasó un brazo por mi cintura.

"Me encanta verte tan emocionado." Me besó suavemente y luego se alejó. "Y yo también estoy emocionada. Vamos, muéstrame lo de arriba."

Sonreí de nuevo y cuando comencé a caminar Abbey se acercó a mí.

"Papá."

La tomé desde Bella e instantáneamente apoyó la cabeza en el hueco de mi cuello y bostezó.

"¿Día pesado, pequeña?" Murmuré bajito y comenzamos a subir. La sensación de su pequeño cuerpo acurrucado contra mí, tan confiada, me daba una terrible sensación de alegría y paz y eso me calmó un poco. "Vamos y veamos tu habitación," dije, frotándole la espalda suavemente. Se quedó acurrucada, con los parpados caídos, pero eso cambió tan pronto como nos detuvimos en su puerta.

"¡Boon!" Alzó la cabeza y se retorció para que la dejaran en el suelo.

Reí cuando la puse en el suelo. Me había asegurado de que las cuerdas tuvieran el largo suficiente para que ellas las pudiera alcanzar y casi si cae por el entusiasmo de tomarlos. Estaba seguro de que la alegría en su rostro se reflejaba en el mío. Entonces vio el mural en la pared cerca de la cuna.

Se detuvo y abrió su pequeña boca.

"¡Conejito!" gritó y gateó para ver de más cerca.

El brazo de Bella se deslizó alrededor de mi cintura y la acerqué a mí con fuerza, pasando mi mano por su espalda para acariciarle el cuello.

"Oh, Edward. ¡Es realmente increíble! ¡Sólo…wow! ¡El detalle!"

"Gracias." Tenía la sonrisa de estúpido de nuevo pero no le di importancia mientras veía a Abbey tocar la imagen, riendo. Pero luego abrió la boca para lamer el pastel en el centro de la mesa.

"Abbey, no," dije, pero ella me ignoró. Solté la mano de Bella y crucé la habitación rápidamente, para acuclillarme al lado de Abbey y alejarla suavemente de la pared.

"No pases la lengua por pintura, cariño, es guácala." Nunca había pensado en que una palabra como guácala tendría lugar en mi vocabulario. (nt: la palabra es yukky, sin traducción y guácala es una palabra que usamos en Chile (y en otros países) para referirse a cosas asquerosas)

Me miró, claramente debatiendo la posibilidad de intentarlo de nuevo o no. Traté de leer su mente, pero como la mayoría de las veces, sólo era una suave estática. Comenzó a inclinarse de nuevo, con la lengua afuera.

"No," dije de nuevo, bajando mi voz en una octava y usando un tono firme. Era la tercera vez que había tenido que hablar con ella de esa manera, todas en las últimas dos semanas, y me ponía tenso cada vez. Me miró una vez más y le sostuve la mirada preguntándome por un instante cual de los dos la bajaría primero. Y unos pocos segundos después Abbey decidió que o estaba siendo serio, y sonrió cuando volvió a estudiar la pintura.

"¡Conejito!"

"Sí, conejito. Y Alicia, y el Sombrerero Loco. ¿Ves al Lirón?" Los apunté y ella aplaudió.

Pasé mi mano sobre su cabeza y dejé escapar un largo suspiro mientras me levantaba.

"Bien hecho, papá," Bella me abrazó y solté una breve carcajada.

"Esta vez, de todos modos. No sabían cuál de los dos iba a ceder primero. ¿No te da la impresión de ella será una jovencita muy determinada?"

"Quizás. Pero creo que este es solo el comportamiento normal de un niño, te está poniendo a prueba."

"Hmm." Tal vez, pero si ella tenía algo de los genes obstinados y decididos de su madre, me podía imaginar cómo podría ser el futuro.

"¿La pintura no es toxica, cierto?" Pella preguntó de repente.

"Sí, pero no creo que debamos dejar que pase la lengua por las paredes."

"No, por supuesto que no."

Y luego Bella se puso a reír.

"¿Qué?"

"Solo pensaba en como nuestras conversaciones han cambiado."

Reí también y deslicé mi mano por su cintura, dejando que se moviera en círculos en la parte baja de su espalda. Tarareó suavemente y se inclinó hacia mí mientras miraba a Abbey jugar con los globos y conversaba con los otros invitados a la fiesta triste de té.

"Esta fue una maravillosa idea, Edward." Miró alrededor con una sonrisa casi serena.

No estaba muy seguro sobre que se refería y debió haber sido obvio en mi expresión cuando la miré.

"¿Qué idea? ¿El mural, los globos?"

"Venir aquí."

"Oh. Bueno, esa fue idea tuya, no mía."

Casi me reí cuando vi la mirada confusa en su rostro.

"No, así fue. Lo sugeriste en el prado esa primera mañana…,"

"Lo sé, pero probablemente no lo habría sugerido si tu no me hubieras metido la idea en mi cabeza."

Pude ver que estaba concentrada.

"¿Cuándo yo…,?"

Tomé su mano. "¿Siéntate conmigo?"

Asintió y salimos a un lado de la habitación. Me senté contra la pared y Bella se sentó entre mis piernas, con la espalada pegada a mi pecho. Envolví mis brazos alrededor de ella y besé sus hombros.

"Ese día, cuando vinimos a conocer a George, te mostré mi casa. Nos quedamos afuera y te conté como solía balancearme en la puerta y te señalé la ventana de mi habitación."

"Recuerdo eso, pero todavía no veo…,"

"Y dijiste que era una casa hermosa. Querías volver a verla antes de que nos fuéramos y lo hicimos y fue ahí cuando me preguntaste su alguna vez viviríamos aquí."

Ella estaba en silencio y de pronto se volvió hacia mí, sonriendo.

"Lo recuerdo."

Volví la cabeza y la besé sobre su cabeza. "¿Ves? Fue tu idea."

"Bueno, fue una buena idea, no importa de quien. Pero también recuerdo que te sorprendiste cuando lo dije."

"Así fue."

Se acurrucó y apreté mis brazos a su alrededor, amando la sensación de tenerla tan cerca de mí.

"¿Por qué?"

"Bueno, hasta ese momento nunca había pensado en vivir aquí de nuevo. La había financiado para mantenerla, y aunque tenía algún vínculo sentimental y era como eslabón de lo que había sido, era un enorme recordatorio de lo que había perdido. No había puesto los pies aquí desde 1927."

"Eso fue cuando…,"

"Sí."

Ella llevó mis manos a sus labios y besó mis palmas – una pequeña acción que significaba mucho. Fue un momento antes de que pudiera continuar.

"Pero cuando me preguntaste eso, si podíamos vivir aquí, de pronto parecía posible. Podía ver que la casa no sería un recordatorio de lo que había perdido, sino de lo que había ganado. Y es porque traerte aquí significa mucho para mí. A esta casa." Alcé una mano, moviendo su cabello a un lado, por su hombro y besé detrás de su cuello. Se quejó bajito y alejé mis labios un poco. "Y también significaba que seguías viendo un futuro juntos." Me moví de nuevo y la besé de nuevo.

"¡Ya lo sabías!" Podía decir que me estaba rodando los ojos y reí.

"Lo sé, pero cada pequeña confirmación era como oro."

Me alejé sonriendo y ella apoyó su cabeza en mi hombro. Nos quedamos en silencio. Abbey todavía estaba fascinada con el mural y los globos. Yo estaba encantado con mi familia.

La tarde pasó con Abbey investigando en cada habitación con un puñado de globos mientras Bella y yo la seguíamos.

Bella me hacía muchas preguntas sobre mi niñez, algunas las podía contestar pero muchas, no.

"No, no recuerdo haberme deslizado por el pasamanos y no creo que lo hubiera hecho. La aplicación al final habría sido un problema."

Hizo una mueca, al entender. "Verdad. Peor apuesto a que querías."

Rodé los ojos pero ella estaba en lo cierto – probablemente hubiera querido hacerlo.

"¿Dónde te sentabas en la mesa del comedor?"

"Un, aquí." Me moví para estar de pie detrás de una silla que estaba entre otras dos a un lado de la mesa. El comedor era el original que había mantenido guardado y el recuerdo era claro. "Mi mamá se sentaba a mi lado…," hice una seña a mi derecha. "Y mi padre se sentaba frente a ella."

"¿No se sentaba en la cabecera?"

"No, creo que eso habría sido una imagen típica de la época, que el hombre de la casa se sentara en la cabecera de la mesa. A menos que fuera en una cena con invitados, mi padre se sentaba a la cabeza entonces."

"Entonces, tú…"

¡BANG!

"¡Oh Abbey!" Bella rodó los ojos. "Esos ya son dos…"

"Y quedan diez más."

.

▪▪▪/▪▪▪

.

"¿Crees que podríamos quedarnos aquí otra veces?"

Estábamos sentados en la mesa de la cocina un poco más tarde mientras yo trataba de ayudar a Abbey a darse de comer en su nueva silla elevada. La mayoría parecía haber ido a ninguna parte menos a su boca cuando le di la última cucharada en una tortuosa pista de aterrizaje.

"Aaah, ¡rico!" Exclamé mientras su boca se cerraba alrededor de la cuchara. Encontré sus ojos, haciéndola reír, y me salpicó con el esponjoso puré de papas. Suspiré y tomé la toalla que Bella me ofreció. Realmente ya debería haber aprendido.

"Bueno, podemos quedarnos aquí lo que queramos. No quiero alquilar la casa de nuevo. ¿Tienes algo en mente?"

Asintió con algo de timidez e inmediatamente estuve intrigado por saber lo que estaba pensando. Me acerqué y paso un dedo ligeramente a lo largo de su mandíbula.

"¿Cuéntame?"

Asintió de nuevo mientras limpiaba la cara y manos de Abbey y luego limpió la bandeja. Sacó algunas piezas del rompecabezas y bloques de la bolsa de bebé y las puso en la bandeja de Abbey para que jugara. Entonces se sentó y sus cejas al fruncirse case se unían.

A pesar de lo hermoso que era ver a Bella mientras se movía, incluso en las tareas más rutinarias que parecían una poesía, mi curiosidad estaba en su apogeo, y yo solo quería escuchar lo que tenía que decir. Pero me senté con paciencia, esperando, sabiendo que me hablaría cuando estuviera lista. No creía que pudiera oír mis pies golpeado contra la pata de la silla. Después un momento habló.

"He pensando un montón en los últimos dos días…sobre el futuro."

Yo estaba más que curioso. Estaba intrigado, fascinado por saber. Y un poco nervioso si era honesto conmigo mismo. Hemos tenido vagas conversaciones sobre el futuro hasta el momento y la conversación con Alice apareció en mi mente. Un cambió se acerca…pero era bueno, me recordé. Alice había dicho que era bueno.

"¿Me dirás?" dije en voz baja.

Asintió y respiró hondo.

"¿Sabes que no quiero hacer la secundaria de nuevo?"

Asentí. Me lo había dejado muy claro. No mas secundaria, nunca más. No tenia ningún problema con eso, tampoco me gustaba repetir la escuela. Pero ella solo había sido vampiro por cuatro meses, y todavía no podía ver que en algún momento, eso podría ser necesario de nuevo.

"Y, quiero ir a la Universidad, pero no quiero solo aprender cosas y no usarlas."

Asentí de nuevo, entendiendo la sensación, también, y tratando de dar un salto para ver a donde iba con eso.

Se inclinó y alejó el cabello de mis ojos antes de continuar. Atrapé su mano y besé sus dedos, haciéndola sonreír.

"Bueno, he hecho algunas investigaciones en los últimos días, y creo que me gustaría estudiar Literatura en Inglés."

Ella me había sorprendido. Levanté una ceja y sonreí.

"¿Literatura en Inglés?"

"Pareces sorprendido."

"No, si, no…quiero decir, había pensado que sería algo que te convendría, en lo que serias buena y disfrutaras. Pero nunca haces lo que yo espero, así que asumí que dirías algo completamente…inesperado."

"Así que he sido predecible por una vez."

"No. Fuiste impredecible una vez más, solo por ser predecible."

Frunció el ceño y sus labios repitieron en silencio mis palabras.

"Ya sabes, incluso mi cerebro de vampiro está teniendo problemas con eso, Edward," rió y la abracé. "Pero creo que sé lo que significa. Entonces, ¿crees que sea una buena idea?"

"Es una gran idea, amor. ¿Sabes dónde te gustaría estudiar?" Me gustaba que ella quisiera ir a la universidad y mi mente ya estaba clasificando las opciones y probabilidades cuando hice la pregunta.

"Mm, creo que sí."

"Adelante."

"Bueno, no me quiero ir de Forks aun, y no quiero estar en clases todos los días, lejos de Abbey y de ti," dijo con mucho énfasis, sonreí y besé la punta de su nariz. Sonrió de vuelta. "Así que busqué estudios a larga distancia. Hay unas pocas universidades que tiene esa opción…una de ellas es la de Chicago."

Me estaba observando de cerca y podía sentir el entusiasmo crecer en mí, pero no quería derramarla justo ahora, a la espera de oír como iba exactamente su plan.

"Pero tendría que venir y asistir a tres residencias cada año y estaba esperando que tal vez…,"

"Podríamos quedarnos aquí." Terminé la frase por ella, apenas dejando que las palabras salgan a través de mi sonrisa. "Bella, eso es…sí, por supuesto que nos quedaremos aquí."

Estiré la mano y la traje hasta mi regazo, apretando mis brazos a su alrededor y ella me devolvió el brazo.

"Y tal vez haya algo que puedas hacer también," dijo, "Podemos estudiar juntos."

Me eché a reír, contento por su entusiasmo y por su idea.

"Tal vez, sin duda lo voy a ver."

La besé a lo largo de la mandíbula y sus manos se apretaron a mí alrededor, enterrándome sus dedos.

"¿Qué te gustaría hace cuando consigas tu título?"

"¿Hm? Oh, um…," rió. "Me estas distrayendo."

Sonreí y acaricié detrás de su oreja con la nariz. "¿Crees que es una distracción? Puedo hacerlo mejor que eso." Susurré.

"¿Mm? Me mostrarás más tarde cuando…"

"¡Mamá!"

Abbey decidió que estaba aburrida con los bloques y las piezas de rompecabezas y las dejó caer bruscamente al suelo.

"Tubby, Tubby."

Bella suspiró y se levantó de la silla mientras yo recogía los juguetes. "Hora de los Tubby," dijo.

"¿Has traído eso?" Pregunté mientras las seguía a la sala.

"Sip, aquí."

Tomé el DVD que Bella sacó de su bolso y lo puse en ene nuevo sistema de reproducción que había instalado justo esta mañana. Bella sentó a Abbey en el suelo y nosotros nos acomodamos en el viejo sofá de cuero. Presioné play en el control remoto y Abbey aplaudió cuando Los Teletubbies comenzaron.

"¡Tubby!"

"¿Cuántas veces hemos visto esto?" pregunté, pasando mi brazo por sobre los hombros de Bella. Se sentó sobre sus piernas y se apoyó en mí.

"Cerca de catorce."

"¿Solo eso? ¿Aprender acaso algo de eso?"

Bella se encogió de hombros. "No sé, creo que debe ser todo el color y los movimientos. Sea lo que sea, le gusta."

"Así parece. ¿Y supuestamente son extraterrestres?"

"Ya m es preguntado por eso antes…no sé."

"¿Sabemos por qué el de morado lleva una cartera?"

"No, solo la usa."

Asentí. "¿Crees que solo tienen un canal en sus pequeños televisores en sus barrigas, o están conectados al cable?"

"Edward, siempre haces esto. ¿Estás tratando de ser irritante?"

"Sí."

"¿Por qué?"

"Eso me distrae de la banalidad del programa."

"Entonces ve a hacer algo más." Su férreo control en mi mano desmentía sus palabras.

"¿Cómo qué?"

"No sé. Eres un vampiro, piensa en algo."

"Puedo pensar en algunas cosas…ninguna es apropiada para este momento."

"Hmph."

"Como sea, me gusta estar contigo y con Abbey." Besé su mejilla y me acomodé en el sofá, apoyando mi cabeza en su hombro y estirando las piernas, acomodándolas con cuidado sobre la nueva mesa de café.

"¿Incluso si estamos viendo algo banal?"

"Aún así," acurruqué mi cabeza en su cuello. "Antes dijiste que no querías ir a la universidad y no usar lo que aprendiste."

"Mm, sí."

Incliné la cabeza, mirándola a través de mis pestañas, preguntándome si me había perdonado por ser molesto. Le di la sonrisa torcida que amaba y, al parecer, si, ya había sido perdonado. Me besó la cabeza.

"Estas ronroneando, Edward."

"Lo sé." La acaricié de nuevo. "Entonces, ¿sabes que te gustaría hacer con tu carrera?"

Tomó un respiro y dejé que sus dedos acariciaran mi mano que estaba sobre su muslo.

"Tenía algunas ideas vagas antes y después leer los libros del club de lectura de Renee se ha ocurrido algo."

"¿Mm?" ¿Quería escribir novelas baratas?

"Eso, solo pensaba como esas historias podrían ser mejoradas, particularmente Pétalos sobre la nieve. Quiero decir, aparte del horrible y florido lenguaje…,"

"Montículos de marfil. Debo recordar hacer culto al altar de los tuyos, más tarde, amor."

Me miró un poco sorprendida. Sonreí y le guiñé un ojo, provocando que soltara un pequeño jadeo. Sentí un familiar flujo de energía recorrerme cuando me devolvió la sonrisa.

"Como estaba diciendo," se acomodó un poco contra mí y apretó sus dedos alrededor de los mío. "Aparte del lenguaje florido, el ritmo era muy inconsistente. En algunas partes divagaba y en otras se apresuraba. Había un personaje que no servía para nasa, y te seguías preguntando que debía estar por alguna razón, pero no."

Creía que veía a donde iba.

"¿Estas pensando en editar?" La miré de nuevo y ella asintió, con incertidumbre en los ojos.

"¿Qué piensas? Digo, me he interiorizado y es algo que puedo hacer mayormente desde casa, por lo que no habría mucho involucrado en mantener una fachada humana en mi oficina todos los días ni nada. Y podría estar contigo y con Abbey. Incluso podría ser independiente, trabajar para diferentes editoriales de manuscrito en manuscrito."

Apenas se había detenido para respirar, y sus ojos buscaban en mi rostro pistas de mi opinión.

"¿Así que…?" preguntó con nerviosismo.

Le sonreí. Ella de verdad había hecho un trabajo largo con esto.

"Bella, es genial. Funciona en todos los niveles, amor."

"¿De verdad? Yo no sé, cuando te lo digo todo suena tan fácil, lógico y práctico, pero, ¿lo es?

"Puede ser, amor." Acuné su mejilla en mi mano, pasando el pulgar por sobre la seda que era su piel. "Solo se necesita un poco de pensamiento, organización y planeamiento. Una vez que sepas que quieres hacer. Mira a Carlisle. Y sabes que Esme ha trabajado de vez en cuando en sus diseños." Sonrió ampliamente. "Y creo que esto tendrá algún efecto. Tal vez vamos a comenzar a dejar de tomar en cuenta la escuela secundaria, tratando de hacer otras cosas." Volví a pensar en mi conversación con Alice. Un cambió se avecinaba.

"Estoy sorprendido de que no lo hayan hecho antes."

Me encogí de hombros. "Verse como un adolescente es limitante. Esa es parte de la razón por la que no seguí para nada en mi carrera de medicina."

"Asumí que era la sangre."

Sacudí la cabeza, preguntándome cómo era posible que no hubiéramos tenido esta conversación antes.

"No del todo. La sangre sería sin duda un factor si estaba tratando a pacientes, pero no hubiera importado si estaba en la investigación."

"¿Por qué no lo hiciste?"

"Podría, pero me veo muy joven. Plantea muchas preguntas, llama demasiado la atención."

Los Teletubbies terminaron y Abbey se dio la vuelta, arrestándose para llegar a mi regazo.

"Papá," bostezó, acomodándose en mí.

"te extrañó," Bella dijo suavemente mientras acariciaba el cabello de Abbey.

"La extrañé también." Dejé un beso sobre su aveza y bostezó de nuevo a la vez que Bella se ponía de pie.

"Voy a bañarla, y luego a la cama."

Así que le canté del tema de Los Teletubbies a Abbey mientras escuchaba a Bella llenar la bañera de arriba.

Estaba contento con las decisiones de Bella. Había aceptado tan bien su nuevo estilo de vida, pero en el fondo de mi mente, había estado preocupado por cómo iba a lidiar con la falta de rumbo con un tiempo sin fin y las limitadas oportunidades presentes para nuestra especie. No debería haberme preocupado, sin embargo. Debería haber sabido que ella encontraría algo. Y ahora que había tomado una dirección a lo que podía adaptarse por un considerable tiempo, podía pensar en mi dirección y en como lo haríamos funcionar para el otro. Me preguntaba si realmente yo podía graduarme por última vez de la escuela secundaria. Esperaba que así fuera.

Abbey estaba bañada y lista para la cama. Los globos estaban atados y a resguardo en el dormitorio de repuesto – había uno a la izquierda, ahora. La dejé en la cuna y Bella la tapó con la manta mientras Abbey nos miraba con ojos somnolientos. Me incliné sobre ella, presionando mis labios en su frente y ella dio un profundo bostezo. Luego di un paso atrás para ver a Bella cantar suavemente mientras los parpados de Abbey revoloteaban y luego se cerraban, su pequeña boca se abrió cuando se quedó dormida.

Mi hija, durmiendo en mi antigua habitación. Mi esposa, cantándole. ¿Había un hombre con más suerte o más feliz que yo? No, no lo creía.

Salimos de la habitación, cerrando la puerta detrás de nosotros. En el pasillo mi mano alcanzó a atrapar la de Bella, pero ella se apartó.

"Porque no bajas," susurró. "Iré en un minuto."

Me quedé perplejo y un poco decepcionado. Había estado esperando nuestro tiempo a solas por toda la tarde. Bueno, si era honesto conmigo mismo, había estado esperándolo durante tres días. Realmente esperándolo. Y teniéndola de vuelta conmigo, los toques suaves, los mimos, habían incrementado el calor de mi deseo. Lo que había sido un fuego lento por tres días estaba punto de estallar, ahora.

"No me mires así," rió. Mi decepción era obviamente demostrada a lo que Bella se acercó de puntillas y me besó. "Ahora sé de donde Abbey sacó su cara de mal humor," susurró y se alejó un paso. Rápidamente, puse mis manos en sus caderas, sostenidilla contra mí.

"Solo quiero cambiarme esta ropa, eso es todo," dijo, sonriendo.

Me encogí de hombros. "Puedo ayudarte." Me incliné para mordisquear su oreja.

"Oh, mmmm…no necesito ayuda."

"Puedo sólo mirar." Dejé que una mano se deslizara bajo la curva de su trasero y ella suspiró, presionados contra mí. Ella podía sentir mi respuesta y sonreí cuando la oí gemir suavemente.

Luego tomó aliento y retrocedió un poco, quitándose el cabello de los ojos, obviamente tratando de reenfocar sus pensamientos.

"Um, sí, estaba pensando que tal vez podrías hacer fuego en la chimenea. Mientras estas haciendo eso, yo me cambio, ¿está bien?"

"¿Quieres un buen fuego?" Al instante pude ver las posibilidades y estaba agradecido de que hubiéramos elegido una alfombra gruesa.

"Eso quiero. Así podemos acurrucarnos frente a él."

Arqueé una ceja. "¿Solo acurrucarse?"

Se echó a reír. "Solo hazlo, Edward." Y me apartó con firmeza y desapareció en nuestra habitación.

Estaba solo, en la sala, tratando de recuperar el aliento y pasándome la mano por el cabello mientras trataba de ajustarme más cómodamente con lo otro.

Un fuego.

Eso implicaba leña.

No tenía nada de leña.

Bajé las escaleras de tres en tres, con la mente corriendo. Podía quebrar una rama del árbol de roble. No, la madera no estaría lo suficientemente seca.

"Piensa Cullen, ella quiere fuego."

La nueva mesa de café era de madera. Sí, se quemaría buen y podría comprar otra fácilmente. Pero eso no le simpatizaría a Bella y le pondría freno a las cosas. No quería ponerle freno a las cosas.

Y luego la inspiración vino a mí.

El cobertizo.

Salí corriendo, a través de patio hasta el cobertizo y en mi apuro rompí la manija de la puerta. La miré en la palma de mi mano y me encogí de hombros – la arreglaría luego.

El cobertizo estaba lleno de estantes de madera y no los necesitábamos todos. Comencé a sacarle los costados. Con cuatro estaría bien. Espera, teníamos toda la noche por delante. Saqué cuatro más, dejando solo la que tenia los artículos de pintura y los cargué de vuelta a la casa.

Fósforos.

Me precipité a la cocina, deteniéndome justo antes de estrellarme con el nuevo refrigerador, mi entusiasmo me hacia menos suave de lo habitual. Tomé los fósforos de la despensa, escuchando ahora los sonidos del piso de arriba. La suave respiración de Abbey, y el sonido del crujir de la seda.

Por favor que sea la camisola azul.

Gemí y su risa se filtró por las escaleras. Me habías escuchado. No importaba – ella sabía lo que me hacía.

Me apresuré a volver a la sala de estar y construí mi fuego, aplastan do uno de los maderos para hacer astillas y quebré los otros para ponerlos alrededor. La madera se inflamó fácilmente y me apoyé en mis talones a ver como tomaba fuerza.

La Bella humana había amado la chimenea en la cabaña. La Bella vampiro no sentía el frío, pero como yo, le daba la bienvenida a la sensación de calor sobre su piel. Y a ambos nos gustaba el ambiente que le daba a una sala…o a una tarde.

Feliz de que el fuego no necesitara más atención me alejé y me senté en el sillón de cuero cerca de las llamas, viéndolas parpadear y saltar.

"El fuego está listo," dije suavemente.

No respondió, pero la oí comenzar a bajar por las escaleras…Bella se acercaba a mí y tomo mi cuerpo estaba en alerta, cada partícula enfocada en el sonido de sus pasos, su respiración, su aroma mientras se movía a través del aire.

"Bella…," suspiré. Apareció en la entrada de la sala de estar, y querido Seños, era la camisola azul.

Era seda líquida fluyendo y ondeando sobre su cuerpo mientras ella se movía lentamente, tan deliberadamente lento, dándome más tiempo para apreciarla…para saborearla.

"¡Maldita sea!" Bajé rápidamente la mirada al reposabrazos, donde mis dedos habían traspasado el cuero, hasta la armazón de madera.

"¿Edward?"

"Er, nada." Apoyé el codo estratégicamente sobre el daño y esperaba que ella no lo hubiera notado. Sin embargo, alzó las cejas y la sonrisa en sus labios me dijo que lo sabía. Mi necesidad por ella ahora era realmente dolorosa.

Tomé aliento para tratar de calmarme. Habíamos hecho el amor todos los días desde que ella se había convertido. Estos últimos tres días habían sido…difíciles.

A veces éramos rudos y primarios, otras veces suaves y tiernos. Esta noche quería tomar las cosas con calma. Quería besar cada pulgada de su piel, quería mostrarle lenta y deliberadamente mi adoración y amor por su cuerpo.

Se arrodilló frente a mí, con las manos en mis rodillas, separándolas ligeramente mientras comenzaba a frotar y masajear mis muslos por sobre la mezclilla. Su toque se sentía caliente y era como si ondas de electricidad rasgaran mi cuerpo. Si seguí a sí mis panes por ir lento y suave se irían por la ventana.

Me moví y alejé sus manos.

"¿No?" se veía confusa y me deslicé de mi asiento para estar los dos de rodillas.

"Me gustaría hacer esto lentamente, amor." Llevé sus manos a mi boca y las besé, manteniendo mis ojos en ella. "¿Si estás de acuerdo con eso?"

"Oh." Comprendió y sonrió con esa hermosa sonrisa, esa que sólo yo veía cuando estábamos juntos y así. Volvió la cabeza hacia un lado y llevé mis labios a su cuello, besando y chupando, tirando de su piel suavemente con mi boca y la oí gemir por la sensación.

Mientras mis labios se movían en su cuello y garganta, mis manos subieron a deslizar las cintas azules en sus hombros, mis dedos acariciaron su piel.

"Edward…,"

"¿Mm?"

Sus manos fueron a mis hombros y alejó la camisa de mi cuerpo.

"Ahh," suspiró y pasó las uñas suavemente sobre mi pecho. Me estremecí y contuve el aliento. Ir lento iba a ser difícil.

Me incliné hacia delante y la retuve entre mis brazos, haciendo que ambos nos tendiéramos en la alfombra. Su piel brillaba a la luz de las llamas, sus ojos estaban oscuros, con nostalgia y sin duda reflejando los mías. Deslicé la seda por su piel, bajando por su cuerpo y piernas, mis ojos bebieron de la exquisita belleza que era mi esposa, reposando desnuda, para mí.

"Bella…,"

"¿Mm?" Me sonreía, tocando mi cara, mientras me ayudaba a quitarme los pantalones con sus pies.

Le besé la palma de la mano y luego bajé la cabeza para hacer camino con mis labios entre sus pechos, sonriendo a los pequeños sonidos que ella hacía. Ella no estaba lo suficientemente cerca y me acerqué, apoyando mi cuerpo a lo largo del suyo.

"Mmmm, hmm… ¿lentamente?"

Sus ojos estaba cerrados pero sentía mi dilema, mi cuerpo estaba claramente en conflicto con mis palabras. Sería difícil alejarme, pero quería saborear la experiencia con ella…hacerle el amor aquí, en esta casa por primera vez.

"Sí, lentamente." Pasé mi lengua sobre sus pechos, gimiendo al sentirla, y mi cuerpo estaba listo para seguir adelante y sólo tomarla.

Siseó, con la espalda ligeramente arqueada por sobre la alfombra.

"Te extrañé tanto," susurró. "Y hoy, estar juntos pero tener que esperar…,"

Gemí. Cerré los ojos y mi cuerpo comenzó a temblar de necesidad por ella. Ansiaba no solo la necesidad de esta con ella, o dentro de ella, sino también el sentimiento de realización y pertenencia que venía con esto.

Mientras sentía sus dedos iniciar un camino a lo largo de mi espina, la sensación me hizo preguntarme si lento iba a ser una opción después de todo. Tragué saliva y respiré hondo, justo cuando su mano pasó entre nosotros y me tomó. Contuve el aliento fuertemente, mi cuerpo tembló de placer.

Los ojos de Bella encontraron los míos y una mirada de comprensión pasó entre nosotros.

"Te amo," susurré, mientras ella me rodeaba y mi cabeza cayó sobre su hombro y gemí a la vez que ella me abrazaba con fuerza.

"Te amo, Edward. Bienvenido a casa."

.

.

.

Hola! Ha pasado un tiempito.

Aquí el primer epilogo en pensamientos y diálogos de Edward. Lo disfrutaron, ¿no? Queda solo la segunda parte y Blood Lines habrá terminado.

Vuelvo a dar las gracias a quienes dejan sus comentarios, y ponen en alert, favs al fic (y a mi tb XD)

Les invito a pasarse por mi nueva traducción: Distractions, también de Windchymes, que ya lleva 2 capítulos. Aquí les dejo un pequeño resumen:

Bella está sumida en su depresión a causa de la partida de Edward, y empecinada en mejorar, cuando encuentra los regalos de su cumpleaños 18. Iluminada, comprende que Edward la ama y el por qué su partida. Haciéndose consciente del sufrimiento de ambos, comienza la difícil tarea de buscar y encontrar a su vampiro. En el proceso aprende muchísimo más de Edward, por medio de sus recuerdos, al entender claramente lo que él le había querido decir y de los pequeños descubrimientos que realiza. Tendrá ayuda y conocerá a las Denali en el camino. Les aconsejo tener pañuelitos a la mano y un montón de suspiros de repuesto. Les dejo invitados!

Te ha gustado el cap? Ya sabes cómo hacérmelo saber ;)

PD: No se fijen en los errores de ortografía, quería subir y no revisé completo el cap