Disclaimer: Los personajes de JK no me pertenecen. Ésto es muy simple y sencillo de entender: si fuesen míos yo sería rica y no haría éstas cosas por amor a su arte. Fin.

Aclaración: Este fic participa en el reto: del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


II- Regulus Black

Le quemaba la piel.

Regulus Black delineó con su dedo índice la serpiente que atravesaba la calavera de su marca. Una marca que le ennegrecía el brazo y el alma al mismo tiempo, y que poco a poco se iba haciendo más visible y dolorosa.

Era lo que tenía que hacer.

Se lo dijo su madre. Su prima Bellatrix jamás se cansó de repetírselo. El mismísimo Señor Tenebroso también se encargó de recordárselo el día en que le hizo aquella marca. Y él… él utilizaba aquella frase como mantra. Se decía a sí mismo que, si la repetía una y otra vez, con convencimiento, aquellas dudas que tanto tiempo había estado reprimiendo desaparecerían.

Pero nunca lo hacían. Nunca se iban.

Apretó el puño de su brazo marcado, con fuerza, con rencor. Él no debía llevar aquella marca, ni encontrarse en aquel lugar, a la espera de encontrar a la familia muggle que le había sido encargada. Como si fuesen todos ganado y él el encargado del matadero. Él no debía estar ahí, no era su responsabilidad. A fin de cuentas, él solo era un segundón.

Recordaba la ilusión en sus ojos el día en que entró a Slytherin, y pasó a ser el primero ante los ojos de sus padres, todavía consternados ante el rojo y dorado que portaba en la túnica su primogénito. Regulus, a sus once años, creyó entrar en la casa de las serpientes como el mayor de los honores posibles. Ahora ya no lo tenía tan claro.

Era lo que tenía que hacer.

Se lo decía a sí mismo, una y otra vez. Una buena serpiente, había escuchado tantas veces repetir en su casa, debe llevar con orgullo sus colores y la pureza de su sangre. Y defenderlos, hasta el final.

Y si aquello significaba arriesgar la propia vida por la obsesión genocida de un tipo con lucidez cuestionable, comenzaba a añadir él mismo, entonces también.

Había visto y participado en matanzas, en torturas. Había visto alumnos de Hogwarts morir a manos de sus propios compañeros, a muggles perder la vida sin saber por qué se les estaba matando, a familias destrozadas. Y todo ¿Para qué? ¿Qué salía ganando de todo aquello? Ser una buena serpiente, se decía, como su prima Bellatrix le dijo en su momento para acabar de convencerlo.

Era lo que tenía que hacer.

Tenía las manos manchadas de sangre. A veces, en ciertos momentos, Regulus no podía sino maldecir a Sirius con todas sus fuerzas. Culpándolo por su rebeldía, por haberse marchado de casa. Odiándolo por haberse borrado de la familia y haberle pasado a él, el segundón, el testigo de mando, junto con todo el peso de las serpientes negras sobre sus espaldas. Sirius era libre y él tenía una marca. ¿Y todo por qué?

Porque era lo que tenía que hacer.

Pero culpar a su hermano no servía de nada. Por más que odiase admitirlo, él solo había sido lo suficientemente valiente para vivir su vida. Para cambiar el "tengo" por el "quiero".

Tapó la marca con su túnica, no quería verla. La familia muggle no tardaría en llegar, eran los padres de un antiguo alumno de Hogwarts, un sangresucia que trabajaba ahora para Dumbledore. Era una forma de demostrar que ellos estaban dispuestos a todos para lograr su causa. Que escondidos en las sombras, como buenas serpientes que eran, atacaban y acababan con el enemigo en cuestión de segundos.

Regulus se preguntó en aquel momento si lo que el resto de serpientes buscaba era lo mismo que buscaba él. Y se preguntó, más seriamente, qué era exactamente lo que él quería en la vida. Desde luego, de lo que estaba seguro, es que no deseaba seguir viendo suelos atestados de muertos. De miradas perdidas que ya jamás se encontrarían. Aquello, fuesen del bando que fuesen, tuviesen la sangre que tuviesen, simplemente le daba escalofríos.

Tal vez no era lo que tenía que hacer.

Tal vez era lo que ellos querían que hiciera.

En aquel instante, cuando volvió a sentir el antebrazo arderle, y pudo notar como el dolor dibujaba a la serpiente, se dijo a sí mismo que tal vez no debía dejar de ser una serpiente solo por querer tomar otro camino. Que, quizás, no tenía que demostrarle nada a su madre, ni a su familia, ni al Señor Oscuro, sino a sí mismo. Medir sus capacidades, cerciorarse de que, incluso un reptil, podía sobrepasar los límites de la astucia y combinarlo, quizás, con algo de valor.

El valor para asumir que, tal vez, no quería hacerlo.

Y en ese momento, Regulus Acturus Black, entendió que no todas las serpientes deben ser iguales, y que por diferentes no dejan de ser serpientes. Tal vez esas diferencias, le hiciesen a él una serpiente mejor, mucho mejor que las otras.

Entendió que ya no pensaba morir por aquello que tenía que hacer.

Ahora haría lo que quería hacer. Aunque ello le llevara la vida.

Si moría, al menos tendría la seguridad de que ser serpiente a su manera, por primera vez, habría valido la pena.


Bueno, le tenía ganas a Regulus, siempre ha sido un personaje al que me imagino increiblemente angst. Con mucha presión mental, muchos conflictos internos y quería escribir sobre él. Espero que no haya sido muy malo ésto xD