Capítulo 3: Intentando dialogar

Comencé a palpar nerviosamente la pared en búsqueda del interruptor, fue entonces cuando me fijé en el pequeño resplandor que se filtraba por debajo de la puerta que correspondía a la entrada de la estancia que había al final del pasillo a mano derecha, el baño. Que tonta que soy, pensé, si hace un momento lo he visto entrar; definitivamente me dejaba dominar demasiado rápido por los nervios.

—¿Sasuke-kun, sigues ahí?—pregunté para asegurarme mientras me aproximaba al lugar recorriendo el oscuro corredor, mi voz había adquirido un leve tono de extrañeza y ni yo sabía el porqué.

—Veo que ya estás mejor.—Me sorprendió por la espalda provocando que yo me sobresaltara un poco.

Decidí no girarme, necesitaba explicaciones y la mejor manera de tratar con semejante Uchiha era hacerlo con frialdad y mano dura, al igual que él.

—¿Qué está pasando?—interrogué directamente mostrando severidad en la voz.

—No tengo un porqué contestarte dos veces a esa pregunta—respondió secamente.

Finalizadas sus palabras aprecié iluminación detrás de mi procedente del salón, dicha estancia era la que se encontraba entre el baño y el recibidor. En frente de ésta residía la pequeña cocina y delante del baño estaba la habitación de invitados que normalmente ejercía como estudio. El pasillo, aparte de conectar las diversas estancias, también las separaba, permitiendo el paso y el acceso. Supuse que era Sasuke el que la había encendido; la casa no era muy grande, así que para un ninja cómo él, trasladarse por las estancias era como un juego de niños, lo podía hacer en cuestión de segundos.

—Tú tampoco has cambiado—comenté manteniéndome de espaldas sin dirigirle ni tan siquiera una mirada, al parecer no tenía intenciones de dar explicaciones, cosa que acabaría enfureciéndome.

Abrí la puerta del baño bruscamente y apagué la luz del lavabo, no estaba para derrochar electricidad dejando las luces encendidas cuando no había nadie en esa habitación. Al darme media vuelta, me lo encontré justo delante de mis narices, pero... ¿no estaba en el salón?

En fin, cualquiera lo entendía. Suspiré profundamente bajando la mirada, me maldije en aquel instante, no debería de haberlo hecho. Me sonrojé instantáneamente sin poder evitarlo, ¿cómo no me había fijado en su nuevo atuendo compuesto por una toalla cuidadosamente colocada de manera que no resbalara cintura abajo? Mi primera reacción fue liarme a voces, pero... para qué engañarnos. Ni la toalla que permitía la visualización completa de aquel perfecto torso por dónde se deslizaban algunas gotitas de agua procedentes de su húmeda cabellera rebelde; ni sus veinte años, le sentaban nada mal, sino más bien todo lo contrario; así que me pensé mejor mis palabras.

—¿Y..y.. tu ropa?—formulé desinteresadamente retirando, a muy pesar mío, la mirada de encima de él tras percatarme de que me había quedado embobada durante un corto período de tiempo.

—Secándose—contestó con total normalidad.

¿Cuándo y por dónde había salido fuera para tenderla? ¿Por la puerta trasera, tal vez? ¿Mientras me duchaba?

—Vale...entra en el baño que ahora te traeré alguna muda—ordené dirigiéndome hacia las escaleras sumida en mis pensamientos.

—No, acuéstate. La ropa no tardará demasiado en secarse y en cuanto lo haga desapareceré de aquí para siempre—imperó él en su plan borde volviendo a la carga mientras me seguía, marcha que detuvo a los pocos pasos parándose junto a la entrada del salón

—Está lloviendo—observé al acordarme, por si se había olvidado de que no era retrasada, pensando que eso lo retendría ya que su ropa evidentemente no iba a secarse. Si es que... mira que olvidarme del diluvio que estaba cayendo tenía delito.

—Tienes secadora—dijo dejándome a mí con cara de tonta, por suerte, yo le estaba dando la espalda.

Había caído completamente en su juego... definitivamente era idiota ¿Cómo no me había percatado del ruido de la secadora? La hipotermia me había pasado factura, o al menos eso quería yo pensar.

—Continúas siendo igual de inocente—anunció dirigiéndose al sofá con despreocupación. Mi paciencia se estaba empezando a agotar y sus comentarios no ayudaban.

—Está bien... Yo seré inocente, pero lo tuyo no tiene ni explicación ni existen palabras para definirlo.—Salté un tanto cansada de su comportamiento apareciendo por el umbral de la puerta de la sala de estar después de haber cambiado mi rumbo ante sus palabras.

—Es tu opinión—soltó tan tranquilo encendiendo la tele, ya acomodado en el sofá.

—Sasuke...—Lo llamé sacando paciencia de donde no la había mientras me aproximaba hacia él, individuo que no tuvo ni la decencia de mirarme.—¿Qué significa todo esto? ¿Qué te ha pasado?—interrogué seguidamente situándome delante suya e ignorando su mal educado comportamiento; no pararía hasta descifrar todo lo descifrable.

—Pesada—sentenció ganándose una mirada de advertencia por mi parte que al parecer ni le molestó ya que su única respuesta fue recostarse sobre el respaldo del lugar donde estaba sentado intentando obtener una mejor visualización de la pantalla, cosa que yo le impedía.—Soy un vengador y un asesino... eso es todo— explicó fríamente a los pocos segundos haciendo zapping sin parar de mover la cabeza intentando buscar un hueco a través de mi por donde observar la estúpida caja tonta.

—¡¿Y qué hay de lo de tu supuesta muerte?!—inquirí alzando la voz mientras le arrebataba el mando de un eficaz movimiento para apagar el condenado chisme, cansada de que le prestara más atención que a mí.

—No te incumbe—respondió en aquel característico tono levantándose algo fastidiado a causa de mi actitud y apartándome bruscamente de su camino con uno de sus brazos.

Seguidamente, caminó hasta el lavadero, ubicado en la cocina, bajo una hostil mirada de desacuerdo procedente de mis ojos.

—¡¿No me incumbe?! ¡¿Eso es lo que crees?!—grité enfurecida sin quitarle la mirada de encima mientras comenzaba a seguirlo con resonantes pasos que mostraban el alto nivel de mi cabreo.

—Para ser ninja eres excesivamente escandalosa—comentó con el tono más borde que había escuchado en mi vida mientras se encerraba en el baño tras haber sacado su ropa de la secadora. Me acababa de cerrar la puerta en las narices, será...

—¡Imbécil!—vociferé sin poder contenerme pegándole un fuerte golpe a la puerta, que por suerte o por desgracia no se abrió.

—Lo sé—replicó sabiendo que eso me enfurecería aún más—No vas a ganar para puertas como continúes así—añadió al rato tras oír el fuerte portazo que había pegado la puerta del salón a causa de la rabia con la que la cerré.

Esto era increíble, definitivamente ya no era Sasuke Uchiha; ahora era Sasuke Uchiha al cuadrado.

—¡¿Si no tienes intenciones de quedarte, para qué narices has vuelto?!—formulé enfurecida volviendo a abrir la puerta del salón tras escuchar sus impertinentes palabras.

Una vez que me asomé al pasillo, miré fijamente la puerta tras la que él se encontraba esperando una respuesta. Al no obtener contestación, me dirigí hacia el baño instantáneamente para reclamarle.

—Ahí está el problema—respondió de sopetón saliendo del lavabo justamente cuando yo llegaba a la entrada de éste—Tú crees que he regresado—aclaró dándome un golpecito en la frente con dos de sus dedos a modo de niña pequeña... ni que yo fuera una cría.

—¡No lo creo, lo doy por hecho puesto que estás aquí!—grité siguiéndolo con la mirada ya que pasó de largo de mí y continuó avanzando por la corta extensión del pasillo.

—Escandalosa—musitó sin detener el paso.—Jamás regresaría a éste lugar, pero por motivos que no te conciernen he tenido que hacer una parada y tú, no me preguntes porqué, estabas por allí cerca—explicó girándose para mirarme como si yo fuera la causante de ésta situación.

—¡No te atrevas a culparme!—Le advertí sin retirar el tono que había adquirido mi voz— ¡Nadie, ni mucho menos yo, te ha pedido ayuda! ¡Por lo tanto, podrías haber pasado de largo; si no lo has hecho, es tu problema!―maticé, estaba logrando sacarme de mis casillas.

—Sakura, soy un asesino; no un insensible. Si no te hubiera ayudado, posiblemente ahora ya no estarías aquí—intentó argumentar mirándome fijamente desde la distancia que nos separaba.

—¡No me vengas con esas!—chillé perdiendo los pocos papeles que me quedaban.

—¡No iba a dejar que te murieras allí en medio!—Se defendió alzando por primera vez la voz y tornando su semblante más serio de lo normal.

—¡Pues una menos no debería afectarte teniendo en cuenta a toda la gente a la que le has arrebatado la vida!—continué en mis trece.

—Tú eres diferente.—Se sinceró con una mirada que no supe cómo interpretar. Yo me quedé blanca como consecuencia de sus palabras, pero rápidamente reaccioné dejando de lado a mi corazón.

—¡Sí, apuesto a que soy la más estúpida!—vociferé con la voz entrecortada, miles de lágrimas ansiaban salir, pero yo me negaba, me cerraba en banda a darles libertad. No iba a permitir que la situación pudiera conmigo.

—Interprétalo como quieras, pero no grites, molesta—pidió con su gelidez crónica mostrando indiferencia ante mis palabras y ante mí mientras reanudaba la marcha en dirección hacia la puerta.

—¡¿Y ahora dónde coño vas?—solté sin pensar.

Si había algo que odiara era precisamente eso, que una persona se fuera en medio de una conversación.

—No deberías ir por la vida soltando esas burradas, ensucia tu imagen de mujercita buena y adorable—observó con un tono que estaba situado entre la frialdad y la burla mezclado con su bordería habitual.

Esa fue la gota que colmó el vaso, me dirigí hacia él con paso firme y decidido, lo adelanté y le asesté un guantazo de los que dejan marca en toda la cara. De hecho, del impacto, retrocedió un par de pasos alejándose de la puerta principal del edificio por la que estaba dispuesto a salir.

—¡Capullo!—Le insulté con los ojos un poco enlagrimados resistiéndome a que éstas se deslizaran por mis mejillas.

—Yo también puedo perder las formas si así lo deseas.—Me recordó apretándome un poco la muñeca que previamente me había inmovilizado; a decir verdad lo hizo rápido, cuando quise acordar ya tenía mi mano bajo su poder y yo ni me había dado cuenta... renegado tenía que ser.

Yo no me quedé atrás, pero él acabó dejándome completamente inmóvil situándome ambos brazos en la espalda de un sólo movimiento para evitar que mi otro puño acabara empotrado en su cara.

—¿Te rindes?—formuló victorioso aproximando su rostro a mi oído mientras aflojaba un poco el agarre que acababa de realizar sobre mí pensando que había ganado. Pero lo último que él esperaba era que mi talón, (hay que tener en cuenta que con la mordaza que me había hecho ya no estaba delante de mí, sino que estaba detrás) atentara contra sus partes más nobles, provocando que deshiciera el agarre instantáneamente. Gracias a aquella patada amistosa yo quedé libre y por supuesto, vencedora.

—Sa...kura—intentó protestar con voz ahogada, él no pretendía hacerme daño; pero yo admito que con un poco de rabia sí que iba. Eso sí, sé que limpiamente no jugué.

—¿Sí?—pregunté burlona sin poder evitar voltearme para poder apreciar su rostro que ahora mostraba sufrimiento. Me sentí mal en aquel instante, pero creo que supe disimularlo.

—Ésta te la pago—amenazó recobrando algo de aire tras el susto, yo le correspondí la amenaza involuntariamente con una pequeña sonrisa que se escapó de mis labios al observar su estado; definitivamente me había colado...

Después de haber hecho de cabrona, para qué engañarnos, así era como me sentía; opté por ir al baño a refrescarme un poco las ideas. Los mareos de vez en cuando me sorprendían, pero eran leves, así que no había que preocuparse, los efectos de la hipotermia perdurarían por un tiempo.

Al salir, no había ni rastro del Uchiha; estaba convaleciente, así que a la fuga no podía haberse dado tan fácilmente. Me quedé observando con detenimiento el pasillo, iluminado por las luces del salón y del recibidor, hasta que opté por avanzar un par de metros. De repente, alguien se me acercó por la espalda produciéndome un extraño escalofrío que recorrió todo mi cuerpo en escasos segundos cuando depositó ambas manos sobre mis hombros.

—Has mejorado bastante, ya no eres aquella ninja torpe a la que sólo se le daba bien memorizar cosas—susurró cálidamente a mi oído con un tono nunca visto en él, en su peculiar manera de... ¿darme la enhorabuena?—Pero todavía no tienes oportunidad alguna contra mí—añadió mientras aproximaba lentamente sus labios a mi cuello, cosa que me produjo una insoportable agonía ya que deseaba que lo hiciera pero...

—Sasuke, no—intenté oponerme pensando que ya sería demasiado tarde, al volver en un momento fugaz a la realidad, mientras procuraba controlar mi sonrojo.

Para mi sorpresa se detuvo, y justo cuando fui a girar la cara para poder encontrarme con sus espectaculares ojos y, posiblemente, con sus labios, noté un fuerte escozor en la nuca que me paralizó e hizo que me desplomara en el suelo. Eso había sido un golpe seco y sobre todo bajo, muy bajo.

—Sigues sin ser rival para mí—sentenció volviendo a utilizar su típico tono de voz sin dejar de observar mi cuerpo que yacía inconsciente en el suelo.

Avanzó un par de pasos hasta ubicarse delante de la puerta, entonces, giró su rostro una última vez para visualizarme como si nunca más pudiera volver a verme; juraría que estaba apenado.

—Como tú bien has dicho, he mejorado—corroboré apareciendo junto a él al tiempo que el cuerpo que se encontraba en el suelo se desvanecía.

—El cambiazo—observó por lo bajo sin sorprenderse en exceso al visualizar la escena.

—Premio...—Lo felicité con algo de sarcasmo—Quiero irme contigo, creo que no será necesario que te lo repita ¿verdad?—inquirí levemente convencida—No voy a ser tan tonta de caer dos veces en la misma trampa, no voy a dejarte ir otra vez—añadí disminuyendo paulatinamente el tono de mi voz al observar su semblante de desacuerdo.

—Eso no lo decides tú—aclaró severamente clavando sus negros orbes sobre los míos para mirarme fijamente.

—Sasuke... no soportaría perderte otra vez, he sufrido demasiado todos estos años. No quiero volver a vivir esa experiencia—murmuré cabizbaja con un hilito de voz apenas audible a causa de la tristeza que me acababa de inundar; provocada, en parte, por su itinerante mirada impregnada de negación.

—Sakura, tienes que quedarte aquí. Soy un ninja renegado y cualquiera que me acompañe también lo será. No puedo hacerte esto—explicó con una voz que mostraba seriedad mientras me acariciaba la mejilla—Ya has sufrido demasiado por mi culpa y yo no te lo he pagado como debería—continuó impregnando su tono con algo de arrepentimiento que intentó camuflar agravando aquella voz que se asemejaba a un témpano de hielo

—Sasuke-kun...—Lo interrumpí reprimiéndome las ganas de llorar—Por favor, déjame ir contigo—supliqué mientras evitaba que mi voz se quebrara nuevamente—No me importa el precio que tenga que pagar—insistí tras decidirme a alzar otra vez la mirada para toparme con aquellos ojos que eran capaces de penetrar hasta mi alma.

—NO—cortó secamente retirando su mano de mi rostro con decisión para salir por la puerta.

—En tal caso, dame explicaciones—sugerí en un repentino tono firme e imperante.—En teoría estás muerto ¿no? Merezco como mínimo saber la razón por la cual aún sigues aquí desafiando toda clase de leyes—añadí.

—Sakura, no quiero involucrarte en esto, así que no te metas ni en mi vida, ni en mi muerte.—Se despidió tajantemente después de abrir la puerta dispuesto a irse nuevamente bajo mi mirada de desconcierto y de desconsolación.

—¡Ahora no hagas como si yo te importara!—exploté dejando que miles de lágrimas vagaran libremente por todo mi rostro. Él se detuvo y me miró sin una expresión concreta desde el umbral de la entrada.—Siempre me has ignorado, siempre has hecho como si yo no existiera, como si fuera un cero a la izquierda. Nunca has prestado atención a mis sentimientos y nunca te has preocupado por aquella estúpida chica que tanto te apreciaba... ¡así que ahora no me vengas con el cuento de que te preocupo, porque con eso sólo vas a lograr empeorar la situación!—expliqué alzando la voz desmesuradamente permitiendo que las lágrimas continuaran aflorando a causa de mi enfado y de mi tristeza.

—Tú no has vivido lo que yo. No puedes entenderme—siseó algo molesto como consecuencia de mis palabras, siendo consciente de que yo tenía razón...al igual que él.

—¡Lo mismo te digo!—Le repliqué de muy mala manera, en el mismo tono que él había empleado.

Sasuke se quedó contemplando la nada mientras recobraba la serenidad, era raro verlo así, que yo recuerde, pocas veces había perdido su habitual calma y tranquilidad; de golpe, la cabeza comenzó a darme vueltas. Tenía el presentimiento de que los síntomas de haber estado tanto tiempo bajo la lluvia no pasarían desapercibidos. Las piernas me flaquearon y por un momento perdí el equilibrio, por suerte, Sasuke me agarró rápidamente. Sus orbes se clavaron en los míos produciéndome una extraña sensación que no me desagradó precisamente.

—Te brillan los ojos, la fiebre te está subiendo otra vez—informó manteniéndome aquella inigualable mirada mientras retiraba las lágrimas de mi cara con una de sus manos, ya que la otra se encontraba en mi cintura sosteniéndome.

—¡Me da igual!—Le chillé ariscamente dándole un sonoro toque en la mano que acababa de deslizar por el contorno de mis mejillas.

—Tú misma—pronunció alzándome para cargarme a su hombro sin apenas esfuerzo.

—¡Basta, suéltame, bájame!—exhorté sin dejar de aporrear su espalda al tiempo que pataleaba con persistencia.

Él no habló, se limitó a ignorarme mientras me llevaba por segunda vez escaleras arriba hasta la habitación. Una vez allí, me soltó bruscamente sobre mi cama y, acto seguido, se dispuso a salir.

—Ahora, vas a dejar de comportarte como una condenada cría, te vas a quedar ahí quietecita y vas a hacer como si nada de esto hubiera pasado—imperó ya harto de mi comportamiento cerrando ruidosamente la puerta de mi cuarto tras él.

Lo escuché descender por las escaleras, si pensaba que eso iba a ser suficiente para detenerme, las llevaba claras. Si quería irse, adelante, nadie se lo impedía, lo único es que tendría que llevarme. Si eso no le venía bien, tendría que darme la información necesaria para que yo pudiera encontrarle y, por supuesto, enterarme de qué estaba pasando.

Lo que no iba a tolerar que hiciese, era que se me presentara aquí como si nada y volviera a irse otra vez. Eso NO; yo estaba dolida, enfurecida, triste, confundida... Y si hay algo de lo que un hombre tiene que tener miedo es de una mujer con tantas emociones juntas. Según dicen, un ninja debe anticiparse a las anticipaciones, así que decidí tomar yo la iniciativa ya que aparentemente él no estaba por la labor.

Fin del cap y gracias por leer!

Arigatooo!