Capítulo 4: Anticipándose a las anticipaciones.
Me gustaría aclarar que la narración se realizará en primera persona cuando Sakura esté presente, en el resto de situaciones será el narrador omnisciente el encargado de dicha labor.
Saqué rápidamente la mochila del armario, metí un par de cosas imprescindibles en ella y, después de recorrer de arriba a abajo toda la casa asegurándome de que las luces estuvieran apagadas, volví a todo correr hacia mi habitación procurando no matarme por las escaleras saltando el tremendo charco de agua que había al pie de éstas.
Una vez en mi cuarto, me aproximé hacia la ventana que daba a la calle y calculé lo que Sasuke tardaría en pasar por debajo.
¿Loca yo? No... Solo era una medida altamente desesperada, a decir verdad, prefería no pensar en lo que tenía en mente en aquellos instantes. Armándome de valor y sangre fría, retrocedí unos pasos, cogí carrerilla y, sin más, atravesé el cristal de la ventana del piso superior de mi casa.
Sasuke ante el estruendo de miles de cristales rompiéndose, alzó su oscura e inexpresiva mirada sin una reacción exacta... bueno, evidentemente se apartó de mi trayectoria porque si no sufriría el impacto de aquella dolorosa y peligrosa lluvia.
—¿Qué pensamientos se te pasan por la cabeza?―demandó saber algo desconcertado tras observar mi "salto." —¡¿Has perdido el juicio o q...?!—Sus palabras se cortaron instantáneamente al ver cómo me levantaba, hay que aclarar que yo me encontraba en cuclillas con una mano apoyada en el empedrado de la oscura calle, con un cortante trozo de cristal de la ventana en la mano que me quedaba libre, objeto del cual me apoderé en el preciso instante en el que salté.—¿Sakura?—formuló levemente alterado e indeciso clavando sus orbes en el trozo de vidrio para después buscar la respuesta en mis ojos.
Era raro y difícil verlo en ese estado, por lo tanto, habíamos avanzado.
—Si no puedo ir contigo ni convencerte para que te quedes, al menos sabré que habré hecho lo imposible por intentarlo—respondí decidida mientras situaba el cristal, que ya me había producido dolorosas y sangrantes heridas en mi extremidad, sobre mi cuello.
Ya estaba harta de éste sufrimiento, así que con un simple movimiento de mi muñeca todo se acabaría, era fácil y rápido. Cerré los ojos dispuesta a hacerlo, pero Sasuke se situó instantáneamente en frente de mí y me arrebató el peligroso objeto lanzándolo con brusquedad al suelo.
—¿Qué narices pretendías hacer?—interrogó algo enfadado pero, a la vez, preocupado antes de estrecharme contra él intentando corroborar que me encontraba bien, ya que rodeó mi cintura y gran parte de mi espalda sin dejarme opción a respirar ocasionando que me ruborizara inevitablemente quedándome literalmente estática... paralizada.
—Evitar que te fueras—atiné a decir al rato con voz quebrada, una vez que tomé algo de aire. Después de mis palabras, dejé caer todo el peso de mi cabeza sobre su hombro, necesitaba pensar.
—... Me has asustado.—Se sinceró él comenzando a acariciarme el pelo con una anormal ternura después de haber hundido su cabeza en el hueco de mi cuello, impregnándose de mi aroma, sin deshacer su abrumador abrazo.
Al final, acabé rodeándolo también con ambos brazos, correspondiéndole cálidamente en contra de mi voluntad, pero presionada bajo las órdenes de mi corazón.
—Sasuke, por favor...—murmuré cabizbaja rompiendo el contacto cuando logré razonar.
Él, ante mi reacción, depositó su mano derecha en mi mentón para alzarlo y obligarme a mirarlo a los ojos, fue entonces cuando deslizó uno de sus dedos de la otra mano por mis sonrosados labios. Pude entrever una ligera mueca de satisfacción por su parte, cosa que hizo que yo me sonrojara aún más si eso era posible, claro. Lentamente, me retiró con cuidado algunos de mis húmedos mechones rosados que insistían en precipitarse por la extensión de mi cara.
—No digas más—susurró a mi oído haciendo que su aliento se deslizara por mi rostro.
Acto seguido, depositó tiernamente sus tentadores labios sobre los míos y ambos nos fundimos durante unos instantes en aquella atmósfera ideal que habíamos logrado crear. Nunca había vivido una sensación semejante, su sabor era dulce y a la vez... no sé... adictivo, altamente adictivo.
Con un sólo beso me transmitió infinidad de sentimientos, era increíble. Sin duda él era el único dueño de mi corazón, la felicidad y el cosquilleo que recorrían todo mi cuerpo lo demostraban. Miles de lágrimas afloraron en mis ojos, pero yo no les di libertad, así que la tomaron por sí solas.
—Te he echado de menos—admití al separarnos mirándolo a aquellos penetrantes orbes, cuya oscuridad superaba a la de la mismísima noche, antes de abrazarlo nuevamente cobijándome en su pecho.
—Sakura...—Su voz acababa de recuperar aquel tono tan habitual y estremecedor, quizá un poco más apagado.
Yo lo miré esperando sus palabras sin despegarme de él, quién suspiró secándome un poco las lágrimas con una mano mientras que con la otra me mantenía aferrada a su cuerpo. Tal vez eran imaginaciones mías, pero le notaba apenado.
—No puedo hacerte esto—sentenció finalmente separándome de él con un movimiento un tanto brusco.
¿Estaba triste? ¿Sasuke Uchiha se estaba sintiendo culpable? Por mucho temperamento frío y amenazadora apariencia que tuviera, en el fondo, fondo, de las profundidades de su ser, continuaba siendo el mismo niño que un día perteneció al equipo siete; sólo que un poco más crecidito y borde, pero en el fondo el mismo... a mí no iba a lograr engañarme.
—No lograrás hacerme cambiar de opinión—dije firmemente ignorando su previa acción, para dirigirme hacia mi mochila, pues después de mi acrobacia había acabado en medio de la calle.
—Serás una ninja renegada, todos los países irán en tu búsqueda para matarte— argumentó en un intento de convencerme observando cómo me auto curaba las múltiples heridas de mi mano con las técnicas de medicina ninja, no era plan de ir dejando sangre por toda la calle hasta poder alcanzar mi equipaje.
—Pero tú estarás a mi lado.—Le recordé siguiendo con lo mío.
—No merece la pena—insistió seriamente sin quitarme el ojo de encima.
—Demasiado tarde, ya he tomado una decisión—zanjé el tema colgándome la mochila al hombro una vez que mi mano estuvo adecentada.
Sasuke me martirizó con la mirada al oírme en señal de oposición, mirada que yo le devolví en plan suplicante acercándome nuevamente hacia él. Ahora que habíamos llegado tan lejos no iba a desandar lo andado, él se limitó a suspirar con pesadez.
—No tienes remedio, aún te queda algo de aquella niña molesta y pesada— accedió a su manera, a regañadientes, mientras me observaba.—Yo también te he echado de menos—declaró de sopetón apareciendo fugazmente detrás de mí, yo volteé levemente mi rostro, pero una agradable y placentera sensación se adelantó a mi acción.
—Sa... Sasuke—intenté vocalizar entre tímidas y casi inaudibles risas junto con un pequeño gemido que se escapó de mis labios.
—Ya no hay vuelta atrás, ahora eres de mi posesión—acabó retirando lentamente sus labios de mi cuello, para después tomarme de la mano y desaparecer juntos de allí.
Después de un par de azoteas y tejados salimos de Konoha, dejándola atrás bajo la pausada lluvia.
—Ahora podrás responderme, ¿por qué se ha corrido la voz de que estás muerto?— interrogué saltando por los numerosos árboles intentando mantenerme a su velocidad ¿Cómo narices podía desplazarse tan rápido? A este paso no iba a llegar viva ni a Tanzaku.
—Hmp—vaciló—¿No es evidente?—añadió mirándome.
—Depende...—contesté esperando una respuesta decente mientras nos adentrábamos en una zona en la que ni sabía cómo habíamos llegado ni tenía idea de dónde estaba situada. Ya íbamos a empezar con senderos ocultos e historias de caminos inaccesibles.
—Para que me dejaran un rato en paz—soltó acelerando la marcha como si nada.
—Es decir, que ahora las villas no te buscan porque piensan que ya te han capturado y asesinado—entendí procurando no quedarme atrás, cosa que parecía un poco imposible.
—Sí, pero no tardarán demasiado en darse cuenta de que no es así. Sakura, si me descubren, tú volverás a la villa; no quiero que corras el mismo destino que yo.—Dejó caer en un tono serio y frío, más de lo normal, mientras clavaba sus penetrantes ojos sobre los míos.
—Es mi vida, yo haré lo que crea conveniente. No quiero separarme de ti—aclaré llevándole la contra y sosteniéndole la mirada.
Él optó por continuar hacia delante, prosiguiendo por aquel extraño lugar envuelto de maleza, arropados por la oscuridad de la noche y por la pausada pero incesante lluvia.
—Yo tampoco quiero que te separes de mí—coincidió al rato después de habérselo pensado mientras frenaba un poco la marcha tras percatarse de que me había dejado atrás.—Cuando quieras parar, avísame—agregó en un susurro para mis oídos mientras me rodeaba por la cintura una vez que lo alcancé.
—Soy una ninja, eso no será necesario—chuleé dándole un rápido beso en la mejilla.
Él sonrió levemente tras haber enarcado una ceja ante mi comentario. Después de eso, optamos por emprender de nuevo lo que parecería ser un largo camino.
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La noche dejó paso al día, ya eran alrededor de las nueve de la mañana cuando la joven Yamanaka tomó rumbo hacia casa de Sakura. Al llegar, le extrañó que hubiera tantos cristales por el suelo, así que alzó la vista como acto reflejo y se asustó al ver la ventana hecha polvo.
—¿Sakura?—Se preguntó interiormente un tanto preocupada frunciendo levemente el ceño.
Sin pensárselo dos veces comenzó a tocar el timbre nerviosamente mientras dirigía su mirada nuevamente hacia la calle, fue entonces cuando se percató de que uno de los cristales estaba manchado de sangre.
—Vamos frentona, abre la puerta—insistió manteniendo el timbre pulsado durante unos interminables segundos.
Al no obtener respuesta, decidió pegarle una patada a la puerta; pero pensó en lo que después pasaría en el caso de que la Haruno se encontrara en casa, así que optó por forzar el picaporte. Cuando observó lo rápido que éste había cedido, supo que algo no iba bien. Entró como una exhalación al edificio y su mala sensación aumentó al encontrar todo apagado en casa de la pelirosa a las nueve y cuarto de la mañana, hora en la que debería de estar más que levantada.
—¡¿Sakura!—La llamó alterada recorriendo la planta baja dejando todas las luces encendidas a su paso.
—¡¿Sakura?!—Volvió a llamarla escasos segundos después, ésta vez casi gritando mientras corría escaleras arriba.
De repente, se patinó sin saber con qué, pero no cayó ya que se aferró a la barandilla de la mejor manera que pudo. Altamente mosqueada, se miró la suela del zapato y pudo observar que estaba algo mojada; extrañada, dirigió la mirada hacia el pié de las escaleras, ubicado prácticamente junto a la entrada y, allí, se percató de la presencia de un charco de agua de dimensiones considerables.
—Pero... ¿qué?— Se preguntó sin dar crédito a lo que veían sus ojos.
Prefirió no pensar y volver a retomar la marcha zarandeando un poco su cabeza intentando aclararse las ideas; una vez que llegó al piso superior, comenzó a aporrear la puerta de la habitación de su amiga y al no obtener respuesta, entró.
—¿Sakura?— formuló deslizando su mirada por toda la estancia intentando encontrar a la nombrada.
—Sakura, ¿dónde estás?— indagó seguidamente empezándose a preocupar más de la cuenta mientras caminaba indecisa hacia el pequeño aseo.
Al no encontrarla allí tampoco, descendió por las escaleras a toda velocidad, esquivando el inoportuno charco, y salió de la casa como alma que lleva el diablo en busca del Hokage.
Después de recorrer media villa, se adentró en la mansión presidencial y, sin detener su veloz paso, comenzó a subir las escaleras hasta que una autoritaria voz procedente de su retaguardia la detuvo en seco.
—Yamanaka Ino ¿quién está cubriendo tu puesto en el hospital?—Se interesó un tanto enfadada cierta rubia mientras recorría con paso solemne, firme y resonante, los escasos escalones que la separaban de una de sus discípulas.
—Tsu... Tsunade-sama—murmuró la ojiceleste volteándose despacio y con cautela, temerosa de ver el enfurecido rostro de la ex-Hokage.
—Entiendo que Sakura hoy no asista al trabajo, pero... ¿tú?—interrogó la ojimiel poniendo algo de énfasis en la última palabra mientras la atravesaba con la mirada.
—Todo tiene una explicación—acortó la ojicielo con rapidez volteándose nuevamente para salir de allí por patas hasta el despacho de Naruto, él debía ser el primero en enterarse, pues Tsunade era capaz de hacer que la vila saltara por los aires si la información que ella sabía le era revelada a bocajarro.
—¡Desde que el Uzumaki ocupó mi puesto me estáis perdiendo el respeto!—Le reprendió a su alumna alzando la voz mientras observaba como Ino se perdía escaleras arriba.
—¡Tengo prisa!—argumentó ésta pensando que se había salvado, además, no estaba para regañinas teniendo en cuenta la delicada situación que se le acababa de presentar.
—¿Seguro?—cuestionó la Mitarashi, quién al contrario que ella, descendía por las escaleras, pero se vio obligada a cortarle el paso a su ex-alumna después de haber presenciado desde las alturas la pequeña discusión.
—Anko-san... —pronunció la rubia menor liberando un suspiro de fastidio tras haber detenido su acelerado paso obligatoriamente a escasos escalones del pasillo que conectaba con el despacho del Hokage.
—Muy mal pequeña rubia, ¿eso te he enseñado yo?—interrogó la ojicaramelo zarandeando de lado a lado su cabeza en señal de desaprobación ante su comportamiento con la Senju.
—¡Anko, no hables TÚ de modales!—Se escuchó gritar a Tsunade mientras subía los numerosos escalones que le quedaban para reunirse con las otras dos.
—¡A ti te estaba yo buscando!—exclamó de golpe la pelimorada señalando con su dedo índice a su antigua superiora.
Ino agradeció sus buenos reflejos en aquella situación ya que por poco se queda sin ojo por cortesía de aquella peculiar sensei, suerte que le dio tiempo a apartarse...
—¡Te he dicho miles de veces que no me señales!—Le reprendió Tsunade molesta al visualizar el gesto de la examinadora de los exámenes Chunnin.
La Yamanaka, aprovechando la situación, intentó escabullirse pero...
—¡Ino, ves inmediatamente hacia el hospital!—imperó la de las coletas en un autoritario bocinado mientras observaba a su escurridiza discípula de reojo advirtiéndola con la mirada, una vez que ya se ubicó frente a frente con la pelimorada.
A la ojicielo no le dio tiempo ni a suspirar, ni a explicarse, ni a nada, puesto que su sensei tomó cartas en el asunto.
—¡¿Pero qué dices tú ahora...?—preguntó la del moño en cuanto oyó lo que la Senju le ordenaba a la pobre kunoichi tomándola ya por loca.
—Paciencia... — Se dijo Tsunade para sus adentros intentando no perder los papeles.
—Tsuni, estás desfasada—sentenció la Mitarashi sin venir a cuento haciendo que la aludida la mirara de mala manera enarcando una ceja.—Hoy es día oficial de luto, con lo cual, no hay trabajo—Se explicó Anko seguidamente añadiéndole la lógica a sus anteriores palabras mientras depositaba su mano sobre el hombro de la ex-Hokage intentando reconfortarla.
Tsunade la miró a los ojos demandando una explicación por su acción, hecho que la ojicaramelo correspondió con una divertida sonrisa.
—¡Uzumaki!—gritó la antigua jefa liberando toda su rabia mientras se encaminaba decidida hacia su despacho tras haberse zafado de la pelivioleta.
—¡Cállate, encima de que la muerte del Uchiha ha servido para algo, no le vayas a echar la bronca a él!—intentó Anko hacerla entrar en razón alzando también la voz mientras la seguía con la mirada, para después ir tras ella dejando así a Ino atrás.
—¡No le estoy echando la bronca a nadie, lo que pasa es que no puedo tolerar que tome decisiones sin mi consentimiento!—argumentó altamente molesta la anterior Hokage adentrándose en el pasillo principal de la mansión con resonantes pasos sobre la tarima.
—Te tienes que quitar del poder, retírate de la política—aconsejó la dama de las serpientes siguiéndola de cerca, bajo ningún concepto perdería esas mini vacaciones tan merecidas; no entendía la reacción de aquella que un día fue su autoridad.
—Ufff... —resopló la rubia de mayor edad, la pequeña prefería mantenerse al margen siguiéndolas a una distancia prudencial.—Con que día oficial de luto entonces ¿no? — inquirió la Senju volteándose hacia la examinadora después de haber detenido el paso secamente delante de la puerta de los altos mandos de Konoha.
A la Mitarashi se le dibujó una sonrisa en el rostro al oír las recapacitadas palabras de su Hokage favorita.
—¡Ahá, día libre!—exclamó feliz la ojicaramelo antes de cambiar su rumbo para poder correr hacia las escaleras, deseaba poder disfrutar de un plácido día de descanso junto a su familia.
—¡¿Tú no tenías que hablar conmigo?—volvió a gritar la ojimiel al ver la reacción de Anko, definitivamente su despiste era mayor de lo habitual.
—¡Es verdad!—recordó la del moño frenando su paso bruscamente para poder dirigirse otra vez hacia la de las coletas.
—¿Os importaría hacer menos ruido?—pidió Naruto saliendo de su despacho cansado del alboroto que se había armado en tan poco rato.
—¡Naruto!—Lo llamó Ino al ver a alguien medio cuerdo hacerse hueco en la conversación.
Éste dirigió su apagada mirada hacia el pasillo para poder visualizar a aquella que lo había nombrado ignorando a las otras dos.
—Uzumaki, como tu consejera, exijo que me expliques eso del día de luto—demandó la Senju buscándole la mirada a su sucesor, ya que a pesar de que se encontraba justo delante de él, no la había ni mirado a la cara—¿No te da vergüenza?―formuló seguidamente posicionando ambas manos en su cintura a modo de jarra, sin cesar de intentar mirarlo a los ojos.
—¿Eh?—formuló el Hokage con un hilo de voz volteando su cabeza hacia la persona que acababa de hablarle en un intento de regresar de su martirio mental ya que se encontraba completamente ausente y cabizbajo.
—¡Qué si no te da vergüenza poner solo un día de luto!—explotó la ojimiel en un escandaloso grito para que el deprimido joven reaccionara mientras tomaba con brusquedad su rostro entre sus dos manos obligándolo así a mirarla directamente.—El mínimo en mi tierra son siete, y a eso añadirle un plus por el fallecido ser quién es— sugirió autoritariamente la rubia pellizcándole las mejillas con su peculiar ternura para intentar animarlo.
—¡Ahí estamos!—intervino una alegre Anko chocando la palma de su mano con la de las coletas una vez que ésta liberó al rubio de su tortura.—Se nota que somos del mismo pueblo—agregó la Mitarashi sonriendo para ver si al ojiazul se le pegaba algo, pero no obtuvo el resultado esperado.
—Haced lo que queráis—acabó el derrumbado propietario del Kyûbi adentrándose nuevamente en la oscuridad de su despacho.
—¡Adjudicado!—coincidieron Tsunade y Anko al unísono antes de que la puerta del despacho les topara en las narices, acto que hizo que las caras de ambas se entristecieran, jamás habían visto al alegre Naruto con los ánimos tan bajos.
—Un momento Naruto.— Se decidió a hablar Ino abriéndose paso para poder acceder a la puerta, el serio semblante que ésta había adquirido hizo que las otras dos se aserenaran esperando sus palabras.
—Dime—dijo él asomándose por la puerta de lo que al parecer se había convertido en su guarida.
—Sakura ha desaparecido—notificó la Yamanaka en un arrebato de valentía procurando no derrumbarse ella también.
—¡¿Qué?—interrogaron los otros tres desconcertados buscando la respuesta en sus ahora vidriosos ojos celestes.
—Al llegar a su casa, una de las ventanas estaba rota y había algo de sangre en el suelo procedente de un cristal que parecía ser de la ventana—explicó ella bajo la presión de todas las miradas de los allí presentes.
—¡¿Por qué no me lo has dicho desde un principio en lugar de soltarme que tenías prisa?!—Le recriminó una alarmada y enfurecida Tsunade.
—No quería preocuparos, además, el primero que debía ser informado era el Hokage— argumentó la rubia menor intentando que su voz no se quebrara al pensar en lo que le podría haber pasado a su querida amiga.
—Pasa—ordenó Naruto en un repentino tono serio y extrañamente autoritario, apartándose de la entrada para que la Yamanaka pudiera acceder al despacho.
Ino obedeció y las otras dos se quedaron en el pasillo sin saber qué hacer.
Fin del cap!
