Capítulo 5: Confusión en Konoha, kunoichi desaparecida

Me gustaría informar que los pequeños Kai, Nomi y Yukari son creaciones conjuntas de Pochi-san, Shira-san y mía; los cuales corresponden a la descendencia de Kakashi-Anko y de Asuma-Kurenai, respectivamente. Gracias.

—Sakura...—murmuró cabizbaja y con cierto tono de preocupación Tsunade después de haber dejado caer todo su peso sobre la pared del extenso pasillo en el que se encontraba, a la espera de que el Hokage e Ino salieran del despacho de los altos mandos; ubicado en frente de su posición, a tan sólo un par de pasos de distancia.

No quería ni pensar que era lo que le podía haber sucedido a una de sus alumnas y discípulas más queridas, necesitaba saber qué era lo que Naruto haría al respecto, precisamente por eso estaba esperando allí.

—Vamos, llevas así como un cuarto de hora, deja de lamentarte y anímate un poco... al fin y al cabo es tu discípula ¿no?—Probó de animarla la Mitarashi abandonando el marco de la puerta en el que se estaba recostando, ya cansada de fisgonear en vano tras la puerta, definitivamente aquellos dos debían comunicarse por lenguaje de signos o algo parecido puesto que no los había escuchado mediar palabra.

—Puede que tengas razón, pero es que lo de Sasuke la ha fastidiado bastante; jamás se esperaba que nos llegara un comunicado conforme el Uchiha había sido asesinado por una de las cinco... naciones—continuó Tsunade sin alterar aquel anormal tono deprimido de voz—A decir verdad nos ha sorprendido a muchos—agregó en un profundo suspiro recordando lo mucho que ella y posteriormente su sucesor habían luchado por evitar lo inevitable... Sasuke ya estaba perdido desde que se negó a regresar después de la terrible guerra ninja que enfrentó a Akatsuki y a las naciones shinobi.

—A todo esto... ¿Se sabe ya de que villa procede el verdugo?—interrogó la ojicaramelo pensativa posando una de sus manos en su mentón mientras buscaba la respuesta en los ojos de la rubia, al caer en la cuenta de que ella carecía de esa importante información.

—Eso es información confidencial, se debe mantener en secreto para prevenir posibles represalias; así se dictaminó en la última reunión de Kages a la cual asistió Naruto... por lo tanto, solo la élite de la villa culpable lo sabe—informó la ojimiel mirando a la pelimorada—"La captura o asesinato de cualquier renegado deberá difundirse sin desvelar ni la villa, ni la identidad, ni la procedencia del individuo o individuos que lo llevaron a cabo."—argumentó repitiendo uno de los apartados del código de leyes mientras seguía con la mirada a la inquieta discípula de Orochimaru.—Ni Naruto tiene datos de eso, son las nuevas normas—acabó diciendo, a juzgar por su tono, no muy conforme con dicha ley.

—Tsk—soltó fastidiada la del moño cruzándose de brazos mientras daba vueltas por toda la extensión del pasillo—En cualquier caso, no vale la pena, los hombres son de usar y tirar, no sirven para mucho más—dio su opinión la examinadora restándole importancia al tema, a su manera, por supuesto, y logrando así que a Tsunade se le escapara una leve sonrisa a causa de sus palabras, o eso pensaba ella.

—¿Decías algo, cariño?—Se interesó el Hatake sorprendiendo a su esposa por la espalda haciendo que ésta pegara un leve respingo.

La rubia observó la escena divertida, sin duda aquella era una de las parejas más peculiares de toda Konoha y siempre lograban arrebatarle alguna que otra sonrisa.

—¡No, no, por supuesto que no!—Se apresuró la Mitarashi a responder mientras se giraba rápidamente para encarar a su hombre.—Bueno, para qué engañarnos...en cualquier caso Kakashi no es tu situación, así que deja de meter las narices donde no te llaman—zanjó ella el tema, cosa a la que el peliplateado estaba más que acostumbrado.

—Ya... —suspiró éste—Por cierto, ¿se lo has dicho ya a Tsunade?—preguntó el Hatake mirando fijamente a su amada con el único ojo que tenía visible para después observar la expresión de alerta que se había apoderado repentinamente del rostro de la antigua Hokage.

—No—respondió Anko—Tsunade, mañana en teoría te quedabas con Kai y Nomi porque nosotros teníamos aniversario... pero en vista de la situación me parece que eso va a tener que esperar—aclaró la misma desviando su mirada hasta la ahora ya más tranquila ojimiel para después volver a observar el careto que se le había quedado a su marido tras escuchar aquel repentino cambio de planes.

—¿En vista de la situación?—cuestionó el ojiazabache desconcertado, a lo que la madre de sus hijos se limitó a asentir liberando un pesado suspiro.

—Kashi, estás en la parra—sentenció ella cruzándose de brazos no sin antes haberle asestado un "leve" toque en su hombro.

La cara del antiguo sensei del equipo siete iba de mal en peor ¿qué estaba pasando? Definitivamente se había perdido algo...

—Es Sakura, al parecer esta noche ha desaparecido—explicó Tsunade, quién había tomado solemnemente el turno de palabra procurando disimular la tristeza en su voz.

—¿Sakura?—indagó el antiguo sensei de la susodicha procesando la información recibida mientras miraba con preocupación a la rubia; ambas asintieron como respuesta.

—Ino ha dado la voz de alarma y ahora está detallándole los hechos a Naruto—aclaró la ex-líder dirigiendo su mirada hacia la puerta del despacho que se encontraba al frente de su posición.

—Entiendo... —murmuró el ninja copia un tanto pensativo sin dejar de analizar lo que acababan de comentarle.

—Bueno Kashi, en cuanto todo se solucione celebraremos nuestro aniversario por todo lo alto, ya que Tsunade se hará cargo de los niños y de Yukari; que Kurenai también necesita un respiro de su hija—habló ésta vez la Mitarashi cambiando radicalmente de tema antes de robarle un inesperado beso a su amorcito.

Tsunade palideció ante las palabras de aquella loca... ¿Ella cuidando de una diablilla en potencia y de dos angelitos un tanto traviesos? Ah no, por ahí no iba a pasar ni en broma.

—Eh... Anko, no se puede abusar tanto de una pobre abuela—Se apresuró a hacerla entrar en razón el Hatake tras visualizar la palidez extrema de la Senju.

—¡Cierra el hocico!—ordenó su mujer de un bocinazo—Tsunade estará encant-

—Pobre ¡¿qué?!—interrumpió una ojimiel con la ira grabada en sus ojos mientras clavaba su asesina mirada sobre Kakashi, a la vez que se le aproximaba con decididos pasos haciendo crujir sonoramente sus nudillos.

—No...no he dicho nada.— Intentó disculparse el ojiazabache al caer en la cuenta de lo que había soltado.

—Demasiado tarde—anunció la antigua mandataria altamente cabreada.

A Kakashi no le dio tiempo a articular palabra puesto que cuando quiso acordar ya estaba empotrado contra la puerta del despacho del Hokage, la cual no rompió de milagro.

—Si es que no aprendes.—Le reprendió divertida la pelimorada zarandeando la cabeza de lado a lado tras observar lo sucedido.

Ante el estruendo, tanto la Yamanaka como Naruto salieron de la estancia de la mejor manera que pudieron alertados por semejante alboroto.

—¿Te encuentras bien?—Se interesó preocupado Naruto tendiéndole la mano a su preciado instructor al verlo por el suelo.

El ninja copia se incorporó con la ayuda de Naruto y una vez en pié cruzó una mirada con él, fue entonces cuando pudo apreciar la tristeza reflejada tanto en el rostro, como en la mirada de su alumno; aun así, lo que más le delataba era el tono que había adquirido su voz desde lo sucedido con Sasuke y recientemente con Sakura. El Uzumaki ya no tenía aquella alegría y espontaneidad propias de aquel muchacho travieso e hiperactivo que tanto lo caracterizaban.

—Lo siento mucho, Naruto. Toda la villa está conmocionada por la pérdida de uno de los nuestros—Le dio el pésame Kakashi, ya que era la primera vez que lo veía desde que la desagradable noticia se había extendido, el día anterior, por todo el mundo ninja.

—Él ya no era uno de los nuestros, era yo el que quería convencerme a mí mismo de que seguía perteneciendo a esta villa, albergando la remota esperanza de que algún día volvería y todo sería otra vez como antes—explicó el rubio con la voz quebrada y al borde de las lágrimas. Su tono cada vez se iba apagando más y más...

—Naruto...—murmuró Ino conmocionada por sus palabras reprimiendo las lágrimas al igual que él, al recordar a su viejo compañero.

—Oh, por favor... No vale la pena lamentarse a estas alturas.—Comenzó a hablar la ojicaramelo ya harta—Tanto si queremos como si no, más tarde o más temprano, todos vamos a acabar en el mismo sitio; así que... ¿qué más da? El chaval no tenía desperdicio, pero si la ha palmado, como se suele decir, el vivo al bollo y el muerto al hoyo ¡Y alegría por saber que el Uchiha ya no sufrirá más por culpa de esa puñetera y jodida sed de venganza que lo corroía por dentro y que lo iba devorando poco a poco! ¿O no?—Finalizó con su comentario mirando a todos y cada uno de los presentes que se habían quedado atónitos ante lo que ella acababa de soltar en un momento.

Un silencio inundó el pasillo, nadie se atrevía a decir nada; nadie a excepción de una vocecilla que tomó parte en la conversación sorprendiendo a todos los de allí.

—Mamá, tienes que venir a casa— anunció tímidamente un mini peliplateado desde el inicio del pasillo, sin atreverse a adentrarse en el mismo; prefería la tranquilidad de las escaleras.

—Kai...—murmuró la aludida para sus adentros esbozando una tierna sonrisa maternal al igual que el padre, aunque a éste con la máscara no se le apreció claramente, al observar la timidez de su hijo de 4 añitos—¿Qué te pasa pequeñajo?—indagó cogiéndolo en brazos después de haber recorrido el considerable espacio que los separaba.

—Pues que...—Comenzó a explicarse el niño, pero se detuvo al observar todas las miradas del resto de ninjas encima suya a medida que se iban aproximando hacia donde éstos se encontraban; justo en el centro del pasadizo.

El pequeño en cuestión era una réplica exacta de su padre a excepción de sus hermosos ojos tonalidad caramelo, cortesía de la persona que lo trajo al mundo.

—Seguro que no es nada por lo que tengamos que preocuparnos.—Le restó importancia la Mitarashi depositando un cariñoso beso en la frente de su hijo sin darle tiempo a explicarse, puesto que en cuanto llegó al lugar donde estaba conversando instantes antes, lo volvió a dejar en el suelo; no era conveniente que sujetara peso durante mucho rato debido a su embarazo de, aproximadamente, 4 meses.

—Mamá... —Continuó Kai intentando llamar la atención de su madre pegándole leves tirones de la ropa después de haberse cobijado tras las piernas de ésta para así evitar miradas, carantoñas y demás muestras de afecto en general por parte del resto de los presentes; pero al parecer, su trabajo para que la progenitora le hiciera caso no surgía efecto puesto que Anko estaba nuevamente embarcada en la conversación que los adultos habían reanudado después de varios segundos de silencio.—Mami... —Insistió el pequeño tirando con más fuerza de la característica gabardina ocre de la mujer.

—Ahora no.—Le prestó finalmente atención en voz baja mientras lo despeinaba ligeramente pasando su mano por la cabeza de él, sin desatender a la importante charla.

—Naruto, ¿qué vamos a hacer con lo de Sakura?—inquirió Tsunade autoritariamente apropiándose del turno de palabra mientras clavaba sus orbes sobre la apagada y vidriosa mirada del rubio que se encontraba delante suyo, apoyado en la puerta de su despacho con la cabeza algo gacha y los brazos cruzados.

—Ordenaré que...—Al Uzumaki se le cortaron las palabras instantáneamente al observar como Kai los esquivaba a todos ellos para lograr llegar hasta donde se encontraba su padre, también centrado en la conversación y ubicado a escasos pasos de distancia del Hokage.

Era tan gracioso que Naruto siempre que lo veía se quedaba embobado con su presencia. A él le encantaban los niños y cada vez que estaba con ellos, en especial con Kai ya que lo había cuidado en numerosas ocasiones cuando sus padres se iban de misión, se le iluminaba el rostro de alegría y felicidad independientemente de la peliaguda situación del momento.

—Papi... —murmuró su réplica en miniatura tirándole un poco de la mano una vez que logró acceder hasta él.

Kakashi bajó la mirada para poder observar con mayor claridad a su hijo y entonces hizo memoria...

—Kai, ¿y Nomi? — preguntó inmediatamente recordando que los había dejado a ambos desayunando mientras él iba a atender un importante asunto y ya de paso le daba el pésame a Naruto y comprobaba si Anko había hablado con Tsunade. No tenía en mente tardar tanto...

Qué mal padre que soy... fue lo único que invadió su mente en aquellos instantes... Irresponsable, irresponsable, irresponsable; el eco de su Inner lo estaba torturando mentalmente.

—¡Bah, seguro que estará bien, ella tiene el mismo instinto que su madre!—exclamó Anko con aire tranquilizador al ver la cara de espanto, culpabilidad y demás de su marido.

—Eso es precisamente lo preocupante.—Coincidieron todos los presentes aún sabiendo que no deberían involucrarse en los asuntos familiares ajenos.

—Es que... como hoy es día de... ¿luto?, yo le he intentado explicar a Nomi-chan que no iba a haber clases, pero se ha enfadado diciendo que ella quería ir al cole con Iruka y Shishune-sensei para que le acabaran de contar la historia de la serpiente traviesa. Ha cogido el biberón, lo ha tirado y ha acabado en la ventana de la cocina—explicó el ojicaramelo sorprendiendo a los presentes por su dominio sobre el vocabulario a pesar de su corta edad—Rompiendo el cristal—matizó.—Después de eso se ha encerrado en su cuarto y no me deja entrar. Yo he ido a avisar a Kurenai porque es la que vive más cerca pero no estaba en casa, por eso he venido aquí.—Acabó de narrar bajo las miradas de todos los ninjas que estaban allí reunidos.

Kakashi, tras escuchar las palabras de su hijo mayor, salió corriendo del edificio de los altos mandos con él en brazos tomando rumbo hacia su casa como alma que lleva el diablo.

—¡Yo sé que podéis, sois los dos hombrecitos de la casa, ánimo!—Se despidió la Mitarashi de ellos con una sonrisa en el rostro antes de que desaparecieran por completo de su percepción visual.—No tienen remedio...—agregó volviendo la mirada hacia todos los presentes.

Un incómodo silencio hizo acto de aparición inundando todo el pasillo por segunda vez.

—¿Y bien?—inquirió Tsunade mientras volvía a clavar su mirada sobre la de Naruto a la espera de que acabara de hablar, dejando a la familia Hatake Mitarashi como un caso aparte.

—Pues ordenaré que peinen la zona; tanto la villa como los alrededores, en su búsqueda—informó el rubio una vez que logró centrarse en las cosas realmente serias.

—No entiendo qué ha pasado, ha sido todo tan repentino—murmuró la Yamanaka pocos segundos después bajando la cabeza.—La muerte de Sasuke, la desaparición de Sakura... ―No pudo seguir hablando, su voz entrecortada y las numerosas lágrimas que iban aflorando paulatinamente en sus ojos para ir ganando terreno a través de su fina cara, se lo impidieron.

—Ino...—pronunció el Hokage con un hilo de voz cruzando los escasos pasos que los separaban para así poder depositar la palma de su mano sobre el hombro de la rubia, ésta alzó la cabeza sorprendida.—Sakura-chan estará bien, ella es fuerte—agregó antes de sonreír levemente para intentar animarla y ya de paso animarse a sí mismo, aunque la tristeza que él sintiera ya fuera prácticamente crónica.

—No me hagas de Sai—refunfuñó ésta secándose las lágrimas.—Ahora lo que me interesa es averiguar si la sangre pertenece a Sakura o no, así que ya está bien de perder el tiempo—añadió recuperándose un poquito de su decaída al recordar que había demasiado trabajo por delante.

—Eso... ya está solucionado.— Intervino con timidez una voz femenina desde la parte opuesta del pasillo.

—¡Hinata-chan!—exclamó inmediatamente el rubio con una repentina, pero sutil alegría que tan sólo ella podía llegar a infundirle incluso en las peores situaciones, mientras se le aproximaba acelerando el paso bajo la mirada de las otras tres.

La Hyûga también avanzó un par de pasos, pero más pausadamente, y al estar el uno delante de la otra, el Uzumaki la rodeó con sus brazos depositando un tierno beso en su mejilla.

—¡Si todavía no queréis tener críos, vais por mal camino!— Les advirtió Anko divertida contemplando la escena desde varios metros de distancia.

Ante esas palabras, la Yamanaka le lanzó una mirada amenazante que lo decía todo, pues Hinata se jugaba su papel en el clan relacionándose con el Hokage; cosa que empeoraría si Naruto se pasaba con ella y hacía lo que no tenía que hacer.

—Na...Naruto-kun.—Intentó decir la peliazul apartándose un poco de él, su cara era de un rojo chillón insuperable; cosa que no impedía visualizar la tristeza que ésta reflejaba. El Uzumaki se la quedó mirando con ternura y extrañeza, entonces se percató de que sostenía una serie de papeles entre sus manos.

—¿Qué son?—preguntó con curiosidad mientras los señalaba con la mirada.

—Los resultados de las pruebas—anunció deprimida al recobrar un poco la compostura; todas las miradas se clavaron en ella a la espera de las ansiadas palabras.—La sangre hallada en los alrededores de la propiedad Haruno, pertenece lamentablemente a Sakura—informó mientras su tono se iba apagando paulatinamente a la vez que bajaba la cabeza por toda la angustia y malestar que se habían apoderado de ella tras leer aquel estúpido papel, el cual arrugó un poco, involuntariamente con los dedos que lo sostenían.

Ya lo había ojeado en cuanto se lo entregaron, pero quiso pensar que lo había leído mal o algo por el estilo; sin embargo era cierto... Todos se quedaron en silencio, sin palabras.

—¿Seguro?—Decidió romper Ino el silencio cuestionando decidida la efectividad de las pruebas.

—Las ha realizado Shizune—aclaró la Hyûga.

—Entonces no hay margen de error—corroboró Tsunade liberando un profundo suspiro, fruto de una muy bien disimulada desesperación y tristeza, ésta no tan bien camuflada.

—Y… ¿Cómo es que se han hecho tan rápido?—insistió la ojiceleste negándose a aceptar los hechos.

—Tengo una inmejorable ayudante que siempre está pendiente de todo lo que mi olvidadiza cabeza no se encarga de recordarme.—Intervino el Hokage mirando a su preciada novia, el rubor de la cual volvía a hacer acto de presencia en sus mejillas—Sin ella la villa iría de culo desde que yo asumí mi puesto—agregó sin retirar aquel anormal tono apagado, ahora más agravado a causa de la reciente información recibida.

—Me han informado de lo que tú le habías dicho a Naruto y he organizado un escuadrón para que fueran a por un par de muestras y las analizaran lo antes posible—justificó la ojiperla con un hilo de voz, no podía pensar en lo que le podría haber pasado a Sakura.

—Entiendo...—murmuró la Yamanaka cabizbaja intentando asumir la dolorosa situación mientras abandonaba el pasillo para poder descender por las escaleras. Necesitaba estar a sola y meditar.

—Ino, formaré parte del escuadrón de búsqueda—decidió por sí sola la Hyûga de sopetón en un repentino arrebato de decisión y coraje, provocando que la ojicielo frenara el paso en seco.

No había duda alguna de que Naruto se había vuelto predecible para su amada, ya que la peliazul, sin haber estado presente en la conversación, sabía a la perfección las órdenes que había dado su novio.

—Hinata-chan... —pronunció Ino casi para sus adentros sin poder evitar la sorpresa que le habían causado aquellas palabras mientras volteaba su rostro desde el inicio de las escaleras para poder observar el sereno semblante de la pelinegra, muestra de total determinación―Yo también iré―agregó seriamente la Yamanaka sin apenas pensárselo; tenía una seguridad en sí misma envidiable, virtud que se había visto reforzada ante la actitud de su amiga.

Tanto Tsunade como Anko miraron a ambas chicas con una mueca de satisfacción y orgullo dibujada en sus rostros, los de la nueva generación iban madurando poco a poco, definitivamente habían hecho un buen trabajo entre todos los senseis.

—¡Ahí estamos, con dos pares de cojones!—exclamó alegre la Mitarashi sin poder contenerse, completamente conmovida por la madurez de las que una vez se vieron negras para aprobar los exámenes Chunnin.

—De ovarios.— La corrigió la Senju manteniendo su solemnidad, aunque por dentro se sentía enormemente satisfecha con la instrucción que les había brindado a todos los jóvenes con la ayuda y mérito del resto de profesores.

—Bueno... se sobreentiende—protestó la pelimorada mirando de reojo a la de las coletas.

—Formaré dos grupos para que se pongan en marcha cuanto antes—comentó Naruto encaminándose hacia su despacho a sabiendas de que no debían perder más tiempo.

—Vamos contigo.—Se apresuró a decir Ino corriendo hacia el mismo lugar que él después de haberse apropiado de la mano de Hinata para arrastrarla con ella.

—Pero... ¿no estábamos de luto?—Se interesó la pelimorada antes de que aquellos tres se adentraran en la estancia del mandatario; la estaban liando más de la cuenta.

—Y lo estamos, pero hay cosas más importantes—aclaró el Uzumaki mirando a una confundida Anko desde escasos pasos de la puerta de su "guarida"—Tú tranquila que para ti no tengo nada en especial, así que seguirá siendo libre―añadió tranquilizándola un poco.

—¡Así me gusta!—asintió la pelilila feliz, dentro de las posibilidades de felicidad teniendo en cuenta la situación, claro.

—¡Tú lo que tienes que hacer es salir zumbando para tu casa!—Le recordó de un bocinado Tsunade con una mirada inquisidora conocida por todos.

—Eeeh, tranquilita—pidió la Mitarashi sorprendida por el pronto de su antigua líder, palabras que provocaron que Tsunade casi la fusilara clavando sus orbes sobre los de la ojicaramelo.—Me echan... así que hasta otra.—Se resignó levemente la examinadora de los exámenes Chunnin sabiendo que esa mirada era incluso superior a la suya—Si necesitáis la ayuda de Kakashi o la mía, no dudéis en pedírnosla— añadió tomando rumbo hacia las escaleras mientras alzaba un brazo en señal de despedida.

—Descuida.—Le comunicó Naruto devolviéndole el gesto.

—¡Adiós!—Se despidieron el resto al unísono observando coma ella desaparecía escaleras abajo.

—Bien Hinata, haremos dos grupos de cuatro personas y exploraréis la villa y los alrededores al milímetro. En el caso de que Sakura no aparezca, mañana daré la orden de rastrear por las afueras reorganizando los equipos, si fuera necesario. El luto continuará siendo el acordado cuya duración se mantendrá en una semana, ya que si no sé de alguien que la tomará en contra mía—explicó el Hokage sus planes mirando de reojo a Tsunade al pronunciar la última frase.

—¡Te he escuchado Uzumaki!—Se oyó gritar a Anko desde fuera del edificio antes de que Tsunade hablara, adelantándose así a ésta; aquellas dos en cuestión de días no laborables se compenetraban la mar de bien.

—En fin...―suspiró el rubio retomando la conversación— Quiero que en cada grupo haya como mínimo un par de ninjas de rastreo.

—¿No es mejor que TODOS los integrantes de los grupos sean, a ser posible, plenamente de rastreo incluyendo algún que otro médico?―interrumpió la Senju posicionando ambas manos en su cintura a modo de jarra―Así se aligerará el proceso, principiante—añadió resaltando la última palabra mientras miraba al pobre Naruto con ciertos aires de superioridad.

—Uffff... está bien.—Se resignó con pesadez el Hokage presionado por aquella mirada.

Hinata entró en el despacho para archivar los documentos y la antigua mandataria se retiró tranquila sabiendo que todo lo dejaba en buenas manos.

—Ino-chan, ven por favor.—La llamó la ojiperla cerrando el cajón del escritorio en el que previamente había depositado los resultados de las dichosas pruebas.

—Dime—respondió la ojicielo de inmediato adentrándose en la estancia.

—Vamos a hacer los equipos—informó la pelinegra corriendo las cortinas para que la oscura habitación se iluminara.

―Nooo―protestó el propietario de la sala al sentirse inundado por la brillante luz solar mientras cerraba la puerta tras entrar

La Hyûga, con la ayuda de Ino, colocó numerosos papeles y carpetas, extraídos de las estanterías, sobre el pupitre que presidía la habitación de los altos cargos; ignorando el repentino odio al sol que su novio había desarrollado recientemente... desde lo de Sasuke su despacho estaba siempre sumido en una constante penumbra.

Entre los tres, hicieron los grupos de la forma más equilibrada posible: el primero estaría formado por Kiba, Sai, Ino e Hinata y el segundo por Neji, Shino, Hannabi y Shikamaru (por si hiciera falta alguna estrategia improvisada).

—Perfecto—comentó el Uzumaki satisfecho con su trabajo—Empezad lo antes posible— agregó recostándose en el butacón tras soltar en la mesa todos los papeles que habían estado organizando.

Las otras dos se limitaron a asentir antes de desaparecer de allí; fue entonces cuando el Hokage se derrumbó nuevamente observando con tristeza acumulada la vieja foto de su preciado equipo siete. Se estuvo reprimiendo las ganas de llorar durante un buen rato, pero al final lo vencieron y acabó desahogándose entre sollozos y lágrimas que se precipitaron por toda su cara hasta aterrizar sobre el pupitre y algunos de los papeles.

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—Se nota que necesita estar solo—comentó la Yamanaka andando por la villa tras haber salido del edificio presidencial junto con Hinata.

—Sí, quiere meditar por todo lo ocurrido—explicó con voz apagada la pelinegra.

—Se siente culpable por lo de Sasuke—continuó la rubia recordando con algo de nostalgia al Uchiha.

—Prefiero no mencionarlo cuando estoy con él. Le duele demasiado la pérdida de su mejor amigo, y ahora con lo de Sakura...—La Hyûga no tuvo fuerzas para acabar la frase, todo había sido demasiado rápido.

—Bueno, vamos a averiguar lo que le ha pasado a la frentona.—Se animó Ino aún con voz entristecida pero recobrando un poco su alegría habitual mientras le sonreía a Hinata, quién la miró a los ojos y le devolvió la cálida sonrisa—Seguro que la encontramos—agregó con confianza.

—Sí—asintió la Hyûga con más ánimos antes de que las dos se esfumaran de allí para ir a por el resto de los miembros dispuestas a iniciar la búsqueda por la villa y los alrededores.

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—Sakura.—Me llamó girándose para mirarme mientras se paraba sobre una de las ramas esperando a que le alcanzara; definitivamente eso de haber estado en camino toda la noche no me sentaba bien.

—Lo siento—pronuncié con voz ahogada intentando recuperar el aliento una vez que logré situarme a su lado. Me sentía agotada y abatida, no estaba acostumbrada a seguir su ritmo, sin tener en cuenta que mis condiciones de salud no eran todavía precisamente envidiables.

—Estás pálida, te estoy forzando demasiado—admitió con lo que parecía ser un leve sentido de culpabilidad, sin retirar de mí su profunda y penetrante mirada con la que me consumía.

—No, yo...—Comencé a decir un tanto ruborizada sin tener claro como continuar—No te preocupes por m…— añadí al fin, pero no me dio tiempo a finalizar con mis palabras puesto que él me cogió en volandas de sopetón y me besó haciéndome callar.

—Tenemos prisa, guarda tus palabras para otro momento—aclaró en su peculiar tono, tal vez un poco más suavizado, después de despegar sus labios de los míos.

Tras eso, reanudó la marcha a una velocidad impresionante, sin importarle el hecho de cargar conmigo ya que iba incluso más rápido que antes.

No medió palabra en todo el trayecto, yo tampoco, prefería observar como una tonta su sereno y serio semblante que a veces se veía eclipsado por alguno de sus negros mechones deslizándose por toda la extensión de su rostro como consecuencia de las feroces ráfagas de viento que nos asaltaban de vez en cuando.

Cuando me dio por fijarme en los alrededores de la zona por la que estábamos me estremecí, no conocía para nada aquel extraño y al parecer alejado e inhóspito lugar; no tenía la menor idea de dónde estábamos. Sin lugar a dudas, semejante sitio sólo podía ser conocido por un renegado de tal calibre como él.

Las hermosas llanuras repletas de verde hierba por las que anduvimos la madrugada anterior, se fueron quedando atrás para cederle el paso a un lúgubre y tétrico bosque plagado de espesa y frondosa vegetación.

A pesar de que ya era de día, media mañana para ser más exactos, los descomunales árboles cuyas copas se veían inalcanzables, a penas dejaban hueco para que los rayos de sol se abrieran paso a través del verdinegro y exuberante follaje de éstos. Aquel lugar era capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera debido a su sombría y siniestra apariencia, hecho que se agravaba aún más con los crujidos que emitía la húmeda madera de los inmensos troncos de los árboles; aquellos espeluznantes sonidos hicieron que más de una vez yo hiciera amago de volver la vista hacia atrás para corroborar que nada ni nadie nos seguía, ya que parecía como si alguien lo estuviese haciendo.

El suelo estaba, en algunas zonas, encharcado, señal de la abundancia de agua, y los espesos y rarísimos matorrales impedían avanzar con normalidad. Miles de silvestres enredaderas se encargaban de apoderarse de los viejos troncos de los reyes de aquel bosque con la esperanza de alcanzar un poco de luz solar... En sí era hermoso poder observar aquella explosión de naturaleza y libertad en su más elevado auge, aunque no le quitaba el misterio que lo envolvía.

Los pájaros que revoloteaban entre las verdosas ramas eran de infinitos colores que tan sólo se podían apreciar cuando el sol los iluminaba haciendo así que sus plumas brillaran como si de piedras preciosas se tratara. Las mariposas, libélulas y demás insectos de lo más peculiares tampoco se quedaban atrás, impresionándome por la magnitud de su belleza. El rocío que cubría todas las plantas, resplandecía cuando algo de iluminación le llegaba poniéndose así a la altura del resto de componentes de aquel magnífico lugar.

Todo era digno de observación una vez que le permitías a tu mente olvidarse de la primera impresión y la dejabas que se embelesara y se familiarizara con aquel lindo espectáculo de vida.

La calma que Sasuke llevaba desde que nos habíamos adentrado en el bosque era envidiable, ya que logró hacer que yo poco a poco fuera perdiendo la desconfianza para detenerme a observar como las aves y el resto de animalitos poco a poco se iban dejando ver tras percatarse de que nuestra presencia no era una amenaza para ellos.

Era hermoso, por un momento me entraron ganas de decirle que me dejara en el suelo para poder sentir bajo mis pies la pureza de aquel lugar, tenía ganas de pisar las numerosas charcas que se extendían entre la maleza, pero... por desgracia teníamos prisa y yo no podía seguir su ritmo.

La repentina niebla que fue ganando terreno a pasos agigantados conforme nos íbamos adentrando en el corazón de aquella fuente de vida hizo que mis cinco sentidos se pusieran en guardia, era como si el propio bosque nos estuviera advirtiendo de no profanarlo más... ahora la vegetación y la maleza apenas permitían continuar avanzando debido a su bella exuberancia.

Sasuke se detuvo en seco y me dejó en el suelo, para después avanzar un par de pasos hasta donde ya la vegetación restringía por completo el camino, se agachó y después de retirar un par de ramas y arbustos con cuidado procurando no dañarlos me hizo una señal para que lo siguiera. Se coló por aquel pequeño hueco con una agilidad admirable, yo copié su acción y después de haberme sacudido un poco me dediqué a observar sorprendida el lugar donde nos encontrábamos.

Era un magnífico y pequeño claro de aquel bosque rodeado en su totalidad de espesa maleza, en el cual se podían distinguir dos cavernas, una más alejada y grande que la otra, la cual parecía conectar el claro con lo que sea que hubiera al otro lado; y la segunda de dimensiones mucho más pequeñas.

Yo le quise preguntar qué hacíamos allí, pero él se me adelantó depositando con brusquedad la palma de su mano sobre mi boca. ¿A qué se debía ahora ese comportamiento?

Busqué la respuesta en sus ojos, pero para mi sorpresa me encontré con el sharingan activado, me asusté irremediablemente, hacia muchísimo tiempo que no podía observar aquella imagen y me pilló por sorpresa, sin duda debería acostumbrarme a aquellos orbes.

Un momento... ¿para qué lo había activado? ¿A caso algo iba mal? Me lo quedé mirando extrañada, se encontraba en guardia, atento, analizando todo lo que había a su alrededor, intimidante, atractivo...

Fin del cap!