Capítulo 6: Galería Uchiha
Yo estaba completamente embelesada observándolo, pero rápidamente volví a la realidad, él me hizo volver cogiéndome del brazo con cierta brusquedad dispuesto a entrar en la cueva de menor tamaño, aquella cuya siniestra entrada estaba custodiada por diversas estalactitas colgando amenazantes del techo… Daba la impresión de que al menor intento de profanación éstas se desprenderían llevándose consigo la vida de aquel que hubiera osado entrar en su sagrado territorio.
Suspiré con pesadez y opté por no decir nada, pues cuando Sasuke actuaba así era mejor no hacerlo.
Ambos nos adentramos con sigilo y cautela en aquella cavidad natural, era una especie de estancia rocosa muy lóbrega donde la luz solar no tenía apenas acceso y donde la humedad, perfectamente respirable, se encontraba condensada en el frío aire provocando que a cada inspiración los pulmones se me sobrecogieran dificultándome así el paso de oxígeno.
Las estalagmitas se habían apropiado de la mayor parte del resbaladizo y mojado suelo dando lugar a una mortífera trampa que al menor descuido podría causar estragos graves, por lo que era conveniente andarse con ojo.
Estuve analizando durante un corto periodo de tiempo todo cuanto nos rodeaba, hasta que finalmente me percaté de la presencia de un par de incongruencias apenas perceptibles por algunas zonas del suelo.
Sasuke, quien hasta ahora había permanecido cerca de la entrada con su peculiar jutsu ocular activado cerciorándose, al parecer, de que todo estaba en orden; se aproximó con su habitual andar vacilante hacia una de éstas y realizó un par de sellos a una velocidad sobrenatural para después pronunciar "liberación" manteniendo su carmesí mirada, capaz de hacer que el mismísimo diablo se arrodillara ante él, sobre aquella anomalía que presentaba el suelo de la caverna.
Acto seguido, toda la gruta comenzó a temblar como si un terremoto la azotase, por un momento pensé que todas aquellas peligrosas estalactitas supondrían el final de nuestra existencia. Reconozco que hubo un momento en el que perdí el equilibrio, pero por suerte, Sasuke se situó instantáneamente a mi lado y me agarró por la cintura, yo me apoyé en su pecho y él me rodeó con ambos brazos.
—Ya no tendremos que huir más—susurró cálidamente a mi oído antes de que sus labios se situaran en mi cuello y comenzaran a descender, volvieran a ascender y finalmente se encontraran con los míos.
Adoraba su sabor, era como una droga de la que yo era altamente adicta, pero por desgracia, ese plácido momento fue interrumpido por un sórdido estruendo que provocó que los dos nos separáramos; fue entonces cuando contemplamos como el suelo se agrietaba levemente ante nosotros para dar lugar a una profunda oquedad subterránea.
—Vamos.—Me ordenó dirigiéndose con decisión hacia el susodicho agujero.
Dudé por un momento… ¿acaso se había vuelto loco? No pensaría que…
—¡Sasuke!—Lo llamé impulsivamente en un absurdo intento de captar su atención antes de ver como la totalidad de su ser se precipitaba hacia el interior de aquel anormal hoyo cuyo final, era del todo incierto.
Me asusté, el cuerpo se me encogió al verlo desaparecer nuevamente de mi lado, ni tan siquiera tenía claro si se había caído o si se había tirado; lo único que sabía era que no quería perderlo otra vez.
—¡Sasuke!—pronuncié por segunda vez en un desgarrador chillido impregnado de desasosiego y miedo, fruto de la angustia que acababa de apoderarse de mí en cuestión de segundos.
Aquella cueva era oscura, luctuosa, húmeda y cada sonido que allí dentro se producía era capaz de replicarse repetidas veces, por lo tanto, el eco de mi desesperada, ahogada y quebradiza voz, resonó como si de un tétrico coro se tratara, hasta que paulatinamente fue desapareciendo.
El funesto lugar se quedó en un inquietante silencio, únicamente interrumpido por el pausado tintineo de las gotas de agua que se deslizaban con pesadumbre por las estalactitas hasta impactar contra el suelo, originando así una tensa y triste melodía reiterante. Al no obtener respuesta alguna por su parte me puse más nerviosa de lo que ya estaba, así que preferí no pensar… si lo hacía, solo empeoraría aún más las cosas; mi imaginación no se caracterizaba por ser benevolente y optimista en exceso, por lo tanto, con semejante situación encima, mejor no darle libertad.
¿Qué debía hacer?
No estaba para perder el tiempo comiéndome la cabeza con estupideces, por lo que opté por jugármelo todo a una sola carta y, sin meditarlo, corrí hacia el agujero, el cual se asemejaba a una especie de trampilla, lanzándome seguidamente a su oscuro interior.
Estuve aguardando el dolor que me produciría la caída ya que aunque intentara llegar de una forma adecuada al suelo, el trastazo me lo iba a llevar seguro puesto que no sabía de la profundidad de dicha alteración en el subsuelo; pero para mi sorpresa, no me golpeé contra algo, sino más bien contra alguien.
—¿Te has asustado?—Quiso saber el muy subnormal en un tonito burlón poco habitual en él.
—¡¿A ti que te parece?—Le reprendí un tanto enfurecida y molesta por el comentario.―Podrías haberte dignado a contestar—agregué a regañadientes.
—Hmp…—musitó él, cosa que yo debía interpretar como una supuesta contestación.—Estarás cómoda ¿no?—interrogó a los escasos segundos de silencio.
Me quedé un tanto pensativa después de haberme percatado de la comprometida posición en la que nos encontrábamos… Él tumbado boca arriba sobre el suelo y yo "sentada" sobre su trabajado abdomen.
—No… no tengo queja—admití intentando controlar el rubor que ya debería de haberse apropiado de la totalidad de mis mejillas y que se agravaba como consecuencia de sentir su penetrante mirada sobre mí.—Para ser un ninja peligroso no tienes muy buenos reflejos—observé con un tono similar al que él había utilizado anteriormente ya que no había logrado cogerme al vuelo y yo me regodeaba de ello.
—Hmp, la culpa dásela a la oscuridad y a tu escandaloso chillido capaz de atrofiar las capacidades de cualquiera.—Se despojó con facilidad del problema con su voz impregnada de aquel característico frío timbre.
—Será eso—corroboré sarcásticamente para después quitarme de encima suya ya que al parecer la situación no le hacía mucha gracia.
—¿Dónde vas?—indagó con curiosidad sentándose en el suelo a la vez que se apropiaba de mi mano derecha para impedir así que me alejara.
—A averiguar qué clase de lugar es este—contesté decidida deshaciéndome de su agarre con brusquedad.
Él no opuso resistencia, por lo que yo comencé a caminar con pasos cortos e inseguros ya que el suelo era bastante irregular y no se veía nada, todo estaba sumido en una oscuridad absoluta.
Escuché a Sasuke incorporarse, pero yo estaba demasiado centrada en lo mío así que no me giré y proseguí avanzando… fue entonces cuando le oí decir en voz baja una serie de palabras inentendibles como consecuencia de la distancia que nos separaba que provocaron que la obertura, la trampilla o lo que fuese lo que nos había permitido acceder a ese lugar, se cerrara como si nada hubiera pasado y que, además, una serie de candelabros inteligentemente colocados en las rocosas paredes, se iluminaran a lo largo de lo que parecía ser un extenso pasillo.
—Así a lo mejor no te tropiezas—informó observando divertido mi peculiar forma de andar.
Le ignoré, fue escasos segundos después cuando noté como sus pausados y despreocupados pasos se me aproximaban.
—Sakura.—Me llamó, a lo que yo seguí pasando de él… podría ahorrarse según qué comentarios.—¿Sakura?—continuó insistiendo acercándose cada vez más a mí.
Yo me limité a acelerar el paso sin ni tan siquiera inmutarme de sus palabras.
—Enfadona—sentenció situándose instantáneamente delante de mí cortándome así el paso.
Le miré fijamente a sus azabaches y profundos ojos, él me sostuvo la mirada hasta que yo se la desvié, volví a mirarlo resentida y le pagué con la misma moneda…
—Imbécil
—Tonta
—Capullo
—Molesta
—Idiota— finalicé empujándolo para abrirme paso.
—Sakura.—Volvió a llamarme de inmediato impidiendo que me alejara puesto que me abrazó por la espalda a la vez que apoyaba su cabeza sobre uno de mis hombros con el objetivo de aproximar peligrosamente sus labios a mi oído.
—Deseas perdonarme, pero no quieres—susurró dulcemente provocando que su cálido aliento invadiera cada rincón de mi cuello.
—Un "¿me perdonas?" suena más modesto y convincente—sugerí secamente.
—No es mi estilo—admitió estrechándome con cariño contra su cuerpo.
—Uchiha tenías que ser—protesté a sabiendas de que ya había perdido.
Él sabía a la perfección que yo era incapaz de resistirme a su peculiar encanto, en el fondo lo adoraba, pero no podía permitir que hiciera esos comentarios tan bordes, por mucho que fueran un rasgo típico de su personalidad.
—Orgulloso estoy de ello—afirmó comenzando a deslizar sus tentadores labios por mi cuello con delicadeza.
Yo giré levemente mi rostro para poder buscarle su mirada, él la alzó, clavando sus orbes sobre los míos y con lentitud liberó mi cuello para ir en busca de mi boca.
—Te quiero.—Se sinceró manteniendo sus labios a escasos milímetros de los míos sometiéndome así a una intensa tortura que se veía agravada al sentir su aliento y respiración tan cerca de mí.
—No… tanto como… yo a ti.—Atiné a pronunciar intentando controlar mi desesperación antes de apropiarme impetuosamente de sus jugosos labios.
Él me correspondió con ganas mientras sus manos recorrían con ternura mi cintura, pero de repente, se separó de mí para colocarme delante suya y, seguidamente, me volvió a besar como solo él sabía para que me rindiera a sus pies. Yo rodeé su cuello con mis brazos y comencé a juguetear con algunas hebras de su rebelde cabellera a la vez que él continuaba masajeando sensualmente mi cintura y cadera.
A muy pesar mío, tuve que separarme de él para tomar algo de aire.
Sasuke me miró, procurando no consumirme, y depositó la palma de su mano sobre mi rostro para retirarme un par de mechones rosados que se precipitaban por la extensión de éste.
—Eres más mona de lo que te recordaba—opinó acariciando suavemente mis rosados y creo que un tanto inflamados labios.
—Sasuke-kun…—murmuré bajando la mirada.
—Hmp, no te sonrojes—pidió con cierta picardía percatándose de mi inevitable rubor.—En el fondo aún eres una cría—añadió dándose media vuelta reanudando así el paso.
—¿Es necesario recordarte que tenemos la misma edad?—inquirí observando como se alejaba a través del largo corredor.
Ya me estaba empezando a extrañar a mí que el gran Sasuke Uchiha no soltara la chulería de turno.
—Te perderás como te alejes de mí—advirtió sin voltearse para hablarme.
—No soy tan tonta como para perderme por un túnel unidireccional—repliqué comenzando a caminar siguiéndole el paso.
—Lamento decirte que tu teoría es errónea—informó situando la palma de su mano derecha sobre la pared de piedra tras haberse detenido.
El muro desapareció y, tras éste, se abrió una gran red de túneles laberínticos; yo aceleré el paso y cuando llegué al lugar, me asomé para poder fijarme bien en ellos y corroborar que eran reales. Mi expresión era totalmente de incredulidad y asombro ante la inmensidad de la infraestructura que teníamos delante.
—¿Qué es esto?—demandé saber sin acabar de creérmelo, a la vez que giraba mi cara para poder visualizar al pelinegro.
—La galería subterránea Uchiha—respondió pasando hacia el interior de la red de pasadizos que acababa de desbloquear.
Me hizo un gesto para que le siguiera y una vez que ya estábamos los dos en aquel corredor, esta vez multidireccional, cerró la "puerta secreta" con el mismo proceso para no dejar huella.
—¿Qué hay de las velas listo?—pregunté al observar como la luz de los candelabros del túnel anterior se filtraba bajo el muro movible.
Él me miró expresando con sus oscuros ojos que no lo subestimara.
—Se apagan solos cuando dejan de percibir chakra de naturaleza Uchiha en la estancia.
—¿Siempre tienes respuestas para todo?—indagué un tanto molesta ya que me había tomado por tonta.
—Sí— contestó con total naturalidad.—Una de las ventajas de ser astuto e inteligente— añadió elevándose a sí mismo y a su propio clan por los cielos.
—Qué pena que no proliferen personas dotadas de inteligencia superior como tú—comenté cruzando los brazos mientras alzaba la mirada para contemplar los candelabros que acababan de encenderse.
—No suelo hacer jutsus inútiles—aclaró dándome a entender del porqué de que se encendiesen las velas.
Al parecer, la técnica que realizó al principio, servía para activar el mecanismo lumínico de la galería, aparte de controlar lo de la trampilla.
—No te he preguntado nada—murmuré alejándome de él queriendo comenzar a explorar el enorme laberinto por mi cuenta.
—Hmp.—Le escuché replicar tras oír mis palabras.
Aquel lugar era impresionante, cualquiera era capaz de perderse por los túneles que se entrelazaban entre ellos de manera que te llevaban a todos los sitios y a la vez a ninguno. La tenue luz de las velas parpadeaba cada vez que pasaba por delante de una de ellas convirtiendo aquel lugar sombrío en una zona misteriosa e inhóspita.
De repente, escuché el mismo sonido de antes, volví la vista atrás y pude apreciar como la silueta de Sasuke revelaba otra estancia oculta haciendo que uno de los tantos muros desapareciera.
Si no voy mal encaminada, el mecanismo funcionaba gracias a su chakra, al poner su mano en contacto con la pared, ésta desaparecía; pero solo ocurría en lugares concretos de los corredores, ya que antes de realizar el proceso, activaba siempre el sharingan.
Lo vi desaparecer por la nueva cavidad que acababa de abrir, no se molestó ni en avisarme de que teníamos que ir por allí, así que opté por correr antes de que el muro volviera a su lugar.
—¡Podrías avisar!—Le recriminé tras entrar en la nueva estancia.
—No pienso estar pendiente de ti como si fueras una niña pequeña.—Dejó claro con aquel gélido tono del que estaba normalmente su voz impregnada.
—¡No soy ninguna cría!—Me defendí ante su comentario.
—Pues actúas y te distraes como tal—afirmó después de haberse volteado para analizarme con la mirada dejando así de darme la espalda.
Preferí no contestarle, mi única reacción fue cruzarme de brazos un tanto mosqueada a modo de reproche, cosa que provocó que a él se le escapara una leve sonrisa apenas apreciable.
Ante eso, fui a hablar, pero las palabras se fueron de mi mente como palomas enjauladas buscando la libertad al percatarme de que la sombría estancia no era precisamente un túnel, sino más bien una habitación precariamente iluminada por aquellas velas tan sofisticadas que se activaban al notar la presencia de chakra Uchiha en la sala, tal y como él decía.
Fin del cap!
¿Review?
