Capítulo 7: "Invitada" inesperada
—¿Qué... qué es esto?—indagué observando con cierta incredulidad la estancia en la que a duras penas se podían vislumbrar las siluetas de lo qué parecían ser muebles habituales de dormitorio; quizá un poco más antiguos de lo normal a juzgar por el débil olor a madera vieja y a cerrado que se encargaba de ambientar el pequeño habitáculo.
—Duerme.—Cortó en seco distanciándose un par de pasos de mí—estás cansada después de haber andado despierta durante toda la noche, así que haz el favor de no perder más el tiempo y acuéstate—aconsejó imperativamente señalando con su dominante mirada hacia la cama a la vez que tomaba asiento en el empedrado suelo.
—¿Tu clan tiene una habitación metida en el interior de un laberinto?—pregunté intentando encontrarle sentido a la cosa sin dejar de recorrer con mi perdida mirada cada rincón de aquel extraño lugar, la cual se detuvo unos instantes sobre las blancas sábanas donde las llamas de las velas se veían claramente reflejadas aumentando así la comodidad que aquel lugar infundía a pesar de su aparente frialdad.
—Más de una, esta galería subterránea tiene una extensión considerable y por tanto requiere de zonas de descanso y reposo—explicó acomodándose contra la álgida y pedregosa pared.
—Ahh...—vocalicé empezando a comprender un poco las cosas a la vez que me decidía a dar un par de pasos con cierta desidia sin retirar mi curiosa mirada de cada recoveco de aquella habitación.
Él siguió con sus intensos y profundos ojos azabaches cada uno de mis movimientos, analizándome a cada gesto que hacía sin perder detalle alguno; finalmente, llegué hasta el reconfortante lecho, dejé caer la mochila al lado de éste y comencé a retirar las finas y suaves telas que lo cubrían sin poder evitar acariciarlas de vez en cuando como consecuencia del terso tacto que ofrecían.
—¿Tú no duermes?—formulé extrañada al comprobar que permanecía allí sentado en su habitual postura vacilante manteniendo su atenta y, quizá, un tanto descarada mirada encima de mí.
—Estoy bien aquí—manifestó con pasotismo en su voz sin alterar aquella característica expresión de la que su rostro estaba dotado.
—Si tú lo dices...—murmuré con un poco de flojera tomando asiento sobre el camastro dispuesta a quitarme mi habitual calzado ninja para después proceder a acurrucarme entre la agradable calidez de las mantas.
Mi cuerpo se abrazó a la almohada queriendo alcanzar un buena postura para conciliar el sueño, cosa que no se demoró mucho puesto que en cuestión de minutos éste se apoderó de la totalidad de mi ser provocando que yo cayera rendida a los pies de morfeo.
...
Una terrible angustia azotó todo mi cuerpo en forma de un atormentador escalofrío que me recorrió de arriba a abajo; me desperté sobresaltada y encogida con la respiración acelerada e inmediatamente dirigí por acto reflejo la mirada hacia donde yo recordaba que se encontraba Sasuke.
Efectivamente, allí estaba, apoyado contra la pared; dormido con varios mechones de pelo cubriéndole el rostro. La tranquilidad que instantes antes había huido de mi interior, volvió como una ráfaga de aire fresco envolviéndome en su característica paz, sólo había sido una pesadilla.
Me incorporé fugazmente intentando no hacer ruido para, seguidamente, acercarme hacia él sin profanar su plácido sueño. Al contacto con el helado suelo, un cosquilleo invadió la planta de mis pies propagándose rápidamente hasta la médula, me mordí el labio al sentir aquella sensación serpentear por mis extremidades donde ésta se acentuaba, así que la respuesta que mi cuerpo ofreció al respecto fue la de ponerse de puntillas.
Decidí avanzar con cautela un pie, que fue seguido del otro por inercia, sucediendo así el camino que me guió hasta el poseedor de mi corazón. Al ubicarme frente a él, me agaché despacio observando con detenimiento cada una de sus tranquilas facciones: sus ojos estaban cerrados en perfecta armonía con las finas cejas, la punta de su nariz brillaba débilmente a causa de la tenue iluminación de los candelabros que se reflejaba en ésta y su boca se encontraba ligeramente entreabierta dejando escapar el aire que ya no necesitaba. La mayoría de su cara se encontraba sombreada por algún que otro mechón de su rebelde cabellera negra dándole aquel toque misterioso que siempre estaba presente en él.
Tenía ganas de abrazarlo, deseaba poder acurrucarme sobre su torso, anhelaba su calor, necesitaba permanecer a su lado y nunca separarme de él; mis pensamientos por primera vez estaban comenzando a sincronizarse con aquello que sentía...
Sin meditarlo a penas, procuré hacerme un hueco entre su pecho y su brazo con el mayor cuidado posible, acomodándome a los escasos minutos apoyando mi cabeza sobre su pecho. Extrañamente, nuestras respiraciones se acompasaron; más bien, la mía se acompasó a la suya atrayéndome hacia un estado de tranquilidad, bienestar, calma, y serenidad. Sabía que a su lado nada podría ir mal y por tanto todas mis preocupaciones desaparecían.
Dirigí la vista hacia su apacible rostro y, sin poder contenerme, deslicé ligeramente mi mano por su pálida mejilla para retirarle un poco aquellos cabellos que me impedían observarlo en su totalidad. Sonreí levemente al apreciar la carita de niño bueno que tenía cuando se encontraba en el reino de los sueños.
—¿Qué haces?—interrogó abriendo los ojos de sopetón a la vez que se apoderaba de la mano que previamente se paseaba por el contorno de su atractivo semblante.
—Pues...—murmuré un tanto abochornada mientras buscaba las palabras adecuadas para explicarme.
—¿Y bien?—insistió capturando mi mirada con sus atrayentes orbes .
Yo me ruboricé inevitablemente al notar como pasaba su otro brazo por mi espalda con el objetivo de aplastarme más contra su cálido cuerpo.
—Es que... he tenido una pesadilla—argumenté finalmente bajando un poco la mirada tras recordar aquella miserable congoja que afloró nuevamente en mi mente, tan real como lo había sido en el transcurso de mi sueño.—Mientras dormía, mi subconsciente se ha dedicado a atormentarme... He soñado que te ibas de mi lado para siempre, que me abandonabas, que te... te... mataban—admití al fin con el tono ligeramente entrecortado rememorando con amargura y aflicción el momento en el que recibí la carta donde constaba que él había perecido; aquellos detestables y por desgracia recientes recuerdos lograron arrancarme un par de lágrimas, algunas de las cuales se quedaron atrapadas entre mis pestañas.
—Sakura—suspiró Sasuke liberando mi mano para poder trasladar la suya hacia mi cara pudiendo así recoger aquellas malditas gotas perladas.—No voy a dejarte a no ser que tú me lo pidas—aseguró con cautivante dulzura recorriendo mi fina tez hasta detenerse en la comisura de mis labios, los cuales observó durante escasos segundos mientras los acariciaba con suavidad para, posteriormente, volver a aprisionarme con aquella vehemente mirada que me robaba el aliento.
Poco a poco, su rostro se fue aproximando al mío provocando que todas las palabras se esfumaran de mi cabeza debido a la agonía que azotaba mi interior cuando él se aproximaba con tanta lentitud para besarme. Finalmente, nuestros labios se encontraron; el beso fue largo e intenso, pero rápidamente pasó a ser apasionado cuando su lengua se introdujo en mi boca y comenzó a danzar con los torpes movimientos de la mía. Yo rodeé su cuello con mis brazos y él cada vez me iba estrujando más, deslizando sus manos por mi cadera y cintura hasta que acabó colocándome encima suya, quedando así sentada sobre la parte superior de sus piernas ya que él aún se encontraba sentado en el suelo, retrepado contra la pared.
—Gracias...—susurré a su oído una vez que nos separamos.
Él me miró con una leve mueca de satisfacción dibujada en su rostro y, acto seguido, tomó posesión de mi cuello, besándolo repetidas veces, explorándolo y haciendo que algún que otro gemido se escapara de mis enrojecidos labios a la vez que me sacudía sutilmente sobre él, embriagada por el placer que sus actos ejercían sobre mí.
Mis manos comenzaron a juguetear con su pelo, y como que uno de sus tantos mechones se enredó entre mis dedos, pegué un pequeño tirón en el intento de liberarlos.
—¡Eh!—Me llamó la atención a modo de protesta despegando sus labios de mi cuello, tal vez le hice daño. Yo sonreí al observar su reacción puesto que sus ojos se clavaron demandantes sobre los míos, como si estuviera exigiendo una explicación.
—Eso lo tendría que decir yo—comenté sosteniéndole la mirada mientras me tocaba la garganta suponiendo que ya tendría alguna marca rojiza procedente de sus lujuriosas acciones.
Sasuke negó con asombrosa serenidad y confianza retirándome la mano.
—Soy cuidadoso—notificó con aplomo reflejado en sus orbes consiguiendo así infundirme tranquilidad para después proceder a agarrarme con cariño por la cintura con la intención de colocarme en el suelo y así poder él acomodarse encima mía.
—¡Y yo virgen!—Se me escapó sin meditación previa en un arrebato al comprobar lo que tenía pensado hacer.
¡¿En qué narices estaba pensando soltando eso de golpe?
Mi cara se encendió instantáneamente al caer en la cuenta de lo que había dicho y por si fuera poco, Sasuke mantenía su anormal mirada tiznada de perplejidad sobre mí. Sin duda mis palabras acababan de resonar en su mente como un reiterativo eco que detuvo todos sus planes y movimientos para, al momento, liberar una sonrisa maliciosa difícil de interpretar .
Opté por agachar la cabeza y evitar su mirada, no sabía dónde meterme, necesitaba que la tierra me tragara.
Él decidió levantarse con calma y, a continuación, me tendió la mano para que yo también me incorporara.
Acepté a duras penas su ayuda para alzarme, haciendo lo imposible por no cruzar mi avergonzada mirada con la suya mientras mi consciencia me martirizaba: "¿Estarás contenta, no? Le has cortado el royo de mala manera" replicaba mi Inner al borde de explotar.
Lo siento, se me ha escapado, soy consciente de lo que he dicho y sé muy bien que he metido la pata hasta el fondo; me dije a mí misma maldiciéndome por mi inoportunidad...
—En tal caso, te respetaré.—Le oí atestiguar a los escasos segundos en tono neutral, sin ninguna expresión perceptible decorando su apuesto semblante.
Pese a que estaba a mi lado, a un paso de distancia como mucho, yo me negué a mirarlo; de hecho no quería ni tan si quiera hablar... Bien cierto era que sus palabras acababan de sorprenderme, más incluso que el efecto que hubieran podido tener las mías sobre su persona; sin embargo, no tenía el valor suficiente para mirarlo a la cara...Ahora en mi interior todo era una batalla repleta de confusión donde la tregua se veía lejana e inalcanzable.
De repente, un cálido y abrumador abrazo rompió mi tensión interna; Sasuke acababa de rodearme con sus fornidos brazos estrechándome con notable ternura, pero sin hacer excesiva fuerza, lo suficiente como para poder apreciar el palpitante sonido del corazón del opuesto. No supe cómo reaccionar puesto que ni lo acepté ni lo rechacé; simplemente me quedé estática, sin moverme, manteniendo mi mirada centrada en un punto fijo, el reflejo de las velas sobre los oscuros guijarros grisáceos del suelo.
Ante mi nula reacción deshizo pausadamente el abrazo, pero para mi asombro, no se alejó, sino que comenzó a retirar un par de rosados mechones que se precipitaban por la extensión de mi rostro con el único objetivo de poder apreciar mis abstraídos orbes esmeralda, los cuales, al igual que mi persona, se habían dejado dominar por la presión y la complejidad del momento.
—Pero no por mucho tiempo—matizó en un seductor susurro a mi oído provocando que el rubor de mis mejillas volviera a hacer acto de presencia tras oír aquella significativa consecución de fonemas, el simbolismo de la cual se vio acompañado por su tentador aliento, el cual recorrió cada recoveco de mi blanquecino cuello logrando que mi ser se estremeciera al ritmo de una desconocida sensación.—Me complace que me hayas esperado—añadió soberbio logrando clavar sus profundos ojos sobre los míos haciéndome regresar a la realidad.
—¿Qué te hace pensar que te he estado esperando?—inquirí frunciendo el ceño al asimilar, con cierto efecto retardado, sus palabras mientras sacaba el atrevimiento necesario como para mirarlo fijamente después de mi cagada monumental.
—Toda tú... Sakura—respondió trazando aquella malévola sonrisa torcida que tanto me atraía al tiempo que me hacía una rápida radiografía.—Porque yo también lo he hecho—se sinceró seguidamente dejándome a mí con cara de tonta.
"¡Venga ya, y que más!" "¡Sasuke nos habrá aguardado para estrenarse cuando Kami lo acepte en el cielo!"
Se apresuró mi Inner a discrepar con prepotencia negándose a creer una sola de sus palabras.
—No te creo—mascullé con frialdad cruzándome de brazos, era obvio que Sasuke ya tenía más que experiencia en el tema y para colmo osaba decirme a la cara que no, que estábamos en las mismas condiciones … maldito Uchiha...
—Es tu opinión—suspiró encogiéndose de hombros.
Me lo quedé mirando con desdicha manteniendo firme mi posición, pero él rápidamente se apresuró a actuar robándome un inimitable beso fugaz en los labios para después proceder a voltearse descaradamente.
—Vámonos—agregó adquiriendo nuevamente su habitual tono de voz mientras se alejaba dándome la espalda dispuesto a abrir otro de esos muros.
—¿Ya?—formulé extrañada, pues no sabía ni en qué momento del día vivíamos, la desorientación era mi guía.
—No estamos para perder el tiempo, deben de ser alrededor de las siete de la tarde. Cuando caiga bien la noche haremos otra parada—comentó depositando la palma de su mano sobre un lugar concreto de la pared de la estancia.—O tal vez no—agregó seguidamente tras haberlo pensado durante escasas décimas de segundo.—Tenemos que avanzar así que venga, date prisa.—Se decidió al fin volteando su rostro para ordenarme con la mirada que le siguiera mientras que con su mano palpaba la pared esperando a que el mecanismo oculto que sólo funcionaba con su chakra se activara.
Al comprobar que no surgía efecto, impregnó su mirada de aquella tonalidad carmesí y volvió a mirar el empedrado muro.
—Habrá que recoger, ¿no te parece?—Le recordé alterando mi trayectoria para dirigirme hacia el lecho con el objetivo de dejarlo tal y como estaba a nuestra llegada para no dejar pistas posibles.
Él puso cara de fastidio ante mis palabras y, desactivando su sharingan antes de desbloquear el nuevo pasadizo, me miró con aburrimiento reflejado en sus ojos.
—Como quieras.—Se resignó con notable pesadez acercándose hacia mí.—¿Te ayudo?—formuló mientras contemplaba como yo manteaba la almohada para que el relleno se homogeneizara.
—Estira la sábana por el otro lado—imperé siguiendo con mi labor.
—A sus órdenes—bromeó dándole la vuelta a la cama.
Al poco rato, observé como dicha tela blanca se deslizaba con rapidez hasta llegar al suelo; alcé la vista y me quedé mirando la mano de Sasuke que la llevaba arrastrando por el suelo.
—¿Se puede saber qué estás haciendo?—pregunté enarcando una ceja.
—Ayudarte—informó con regocijo en su voz dejando entrever una disimulada pero divertida sonrisa de medio lado.
Acto seguido, sacudió enérgicamente el pobre manto originando que una bocanada de aire me sacudiera el rostro y revolviera mi corta melena.
—¡Vaya!—Me sorprendí expresamente para picarlo examinando como la sábana había quedado perfectamente estirada sobre el camastro.
—¿No pensarás que soy incapaz de hacer una estúpida cama?—inquirió tomando nuevamente la tela entre sus manos para, ésta vez, agitarla provocando que cayera encima de mí.
—¡Sasuke!—protesté de inmediato intentando quitarme de encima la aparatosa pero suave sábana.
—¿Si?—formuló como si nada hubiera sucedido.
No le veía, pero podía notar cómo se acercaba gracias al sonido de sus pausados pasos.
De repente, unas manos a las que todavía me estaba acostumbrando, me empujaron con sutileza.
—¡Sasuke!—Le llamé la atención alzando la voz por si no me había escuchado, al comprobar como mi equilibrio se desvanecía para aterrizar sobre la cómoda cama.
Estaba agobiada, entra la puñetera tela que me impedía ver y los actos del Uchiha que no ayudaban...
—Dime—pronunció de sopetón en voz baja y con confianza acomodándose encima de mí con cautela, procurando que yo no soportara todo su peso.
Comenzó a retirar la sábana que me cubría de cintura para arriba sin prisas, despacio, deslizando sus manos por todo el contorno de mi figura; se paró en mi rostro, ya descubierto, y me acarició repetidamente la cara con ternura manteniendo fija su irresistible mirada azabache sobre la mía.
Su semblante sereno estaba demasiado cerca del mío, tanto que podía sentir su cálido aliento recorrer mi cara, su respiración era pausada y lograba hacer que la mía, mucho más agitada, se sincronizara a su alentador compás.
Lentamente depositó sus tentadores labios sobre los míos y, sin dudarlo, se adentró gustosamente en mi boca; explorando cada rincón de ésta y enseñándole el camino a seguir a la mía. Así, poco a poco, el beso se fue tornando más y más pasional y, quizá, un tanto frenético. Al separarse sin previo aviso, me dejó con la boca entreabierta, pero poco me importó ya que inició un placentero e irrepetible sendero de besos desde mi barbilla hasta quedarse entretenido con mi cuello.
—Sa...suke.—Intenté decir evitando que algún que otro gemido se escapara de mi interior ya que eso lo incitaría a seguir y ahora no era el momento.
—Mmm...—murmuró mirándome de reojo con cariño y profundidad negándose a retirar su boca de mi garganta.
Era como un efímero estacazo en el alma, pues todas sus acciones daban a entender que él quería proseguir y necesitaba convencerme para ello.
—¿No decías... que teníamos prisa?—formulé pretendiendo desviar su atención mientras luchaba contra lo que mi cuerpo comenzaba a demandar.
—Has sido tú la que has querido retrasarnos.—Se excusó echándome a mí la culpa una vez que liberó mi cuello para tumbarse junto a mí brindándome así un respiro y algo de necesitada comprensión.
—Yo simplemente he dicho que teníamos que ordenar esto antes de irnos—aclaré tajante incorporándome, no podía utilizar cualquier tontería para conseguir la meta a la que aspiraba.
—Tal vez tengamos percepciones diferentes de ese vocablo—observó sin perder detalle de cada uno de mis movimientos, puesto que yo me estaba calzando las botas utilizando la pared como punto de apoyo para no perder mi preciado equilibrio.
—Seguro que es eso—afirmé sarcásticamente depositando con brusquedad mi pie en el suelo asegurándome que el zapato ya estuviera bien colocado.—¿Acabamos de organizar esto?—pregunté seguidamente lanzándole una mirada un tanto autoritaria.
Estaba tumbado de costado con la cabeza apoyada sobre su mano derecha en plan pasota, dejando que sus negros mechones le invadieran parte de su presuntuoso rostro.
Ante mis palabras, me miró de arriba abajo con cierta apatía y bufó.
—¡Venga!—Presioné agravando el tono.
—No mandes tanto.—Me reprochó en plan fastidioso levantándose con desgana.
—No te quejes.—Le advertí a regañadientes apoderándome de la puñetera sábana con propiedad para, seguidamente, estirarla sobre la cama una vez que el señorito se hubo quitado.
Como que la almohada me estorbaba para hacer bien la cama, opté por lanzarla provocando que, sin querer, le pegara a Sasuke; quien estaba distraído prefiero no saber mirando el qué y, por tanto, le dio de pleno en toda la cara. Dicho cojín resbaló desde su rostro hacia abajo y aterrizó en sus brazos.
—Si es que me buscas—comentó fingiendo molestia a la vez que me devolvía la almohada de la misma manera.
—Y tú me encuentras—afirmé volviéndosela a tirar después de haberla cogido al vuelo.
Él también la agarró sin problemas por supuesto, Uchiha tenía que ser; por lo que yo me cubrí como acto reflejo suponiendo que la volvería a lanzar antes de que a mí me diera tiempo a reaccionar.
Al no recibir el golpe, abrí los ojos lentamente pudiendo apreciar la almohada en el suelo y a Sasuke nuevamente justo delante de mis narices.
—Asustona.—Se burló de mí acogiéndome entre sus protectores brazos.
Yo también rodeé su ancha espalda y apoyé mi cabeza en el hueco de su cuello, él comenzó a acariciarme el pelo con cariño y depositó un tierno beso sobre mi cabeza que fue seguido de un incremento notable de la agradable presión moderada que ejercían sus brazos sobre mi cuerpo.
Todo su ser emanaba una acogedora calidez que me encantaba y que se veía acentuada por su embriagador aroma que inundaba cada parte de mi ser suscitándome a que quisiera ser suya. Lograba despertar en mí el deseo con el que tanto había soñado y con el que nunca había despertado.
Las palabras sobraban y mis labios sólo eran capaces de pronunciar el nombre de aquel que me seducía hasta extremos insospechados y que causaba que mis cinco sentidos perdieran el norte y la cordura.
—Sasuke...—susurré a su oído.
Él simplemente empezó a deslizar sus húmedos labios desde mi rostro hasta el inicio de mi clavícula haciendo una fugaz pero incitadora parada en los míos, repitiendo el proceso durante un par de veces hasta que logró arrancarme un gemido cuando lamió mi clavícula en señal de que no podía seguir avanzando como consecuencia del cuello del incordioso chaleco rojo.
—Eres la única persona que se me ha antojado irresistible.—Se sinceró manteniendo envidiablemente la calma para no ponerme a mí nerviosa mientras se echaba encima mía provocando que yo cayera sobre la cama.—Te deseo—añadió.—Necesito poseerte pero no quiero hacerlo, no sin tu consentimiento.—Continuó mientras se acomodaba adecuadamente sobre mí con delicadeza para no hacerme daño sin darle tregua a su boca, que exploraba minuciosamente cada lugar de mi cuello que ya debería conocer como la palma de su mano.
Me sentía atrapada entre el colchón y su espléndido cuerpo que me desorientaba, si aquello era una prisión yo quería estar condenada a cadena perpetua. Sus ojos buscaron a los míos y yo acerqué mis labios a los suyos para fundirnos en aquella sincronía perfecta que nuestras lenguas creaban danzando en armonía dando lugar a un instante que ninguno de los dos deseábamos finalizar.
Mis manos comenzaron a hacerse hueco en su pecho para intentar liberarlo de aquella camisa negra de tirantes que dejaba al descubierto parte de sus trabajados pectorales sin hablar de sus ejercitados brazos. Dicha prenda poseía el símbolo Uchiha grabado en la espalda con los típicos colores blanco y carmesí.
Era incapaz de esperar a que tuviera la camiseta completamente quitada para analizar con mi boca y mis manos cada parte de su pecho, él por su parte no protestaba ya que estaba demasiado centrado en memorizar cada parte de mi cuerpo que la ropa no cubría.
Finalmente se decidió y comenzó a bajar con agonizante lentitud la cremallera de mi característico chaleco mientras sus labios se esmeraban en no dejar ninguna zona sin degustar...
Me encantaba sentir como me palpaba, como me besaba, como intentaba devorarme sin extinguirme, como nuestros labios se encontraban en cortos momentos plagados de intensidad, como mi cuerpo se agitaba bajo el suyo acompañado de sonoros gemidos provocados por los hábiles movimientos de sus manos y sobretodo adoraba como su aliento invadía cálidamente cada recoveco de mi cuello tras susurros que tan sólo yo era capaz de descifrar.
En cada gesto, en cada beso, en cada movimiento, ambos transmitíamos y percibíamos la ternura, el cariño, el amor, el deseo y la pasión.
Sus manos se detuvieron en mis glúteos tras haber hecho un estudio completo de mi cadera y de mi cintura; de vez en cuando volvía hacia arriba y apartaba la desabrochada prenda rojiza para hacer círculos con su dedo índice alrededor de mi ombligo o besar el espacio que había entre mis dos pechos deleitándose con el encaje de la prenda interior que se encargaba de cubrirlos y de la que aún no me había despojado.
Yo por mi parte proseguía estancada adrede entre su clavícula y su pecho, besándolo, probándolo y jugueteando de vez en cuando con su rebelde pelo que era un rasgo propio e inconfundible de su ser.
De vez en cuando, me apoderaba sensualmente de sus ocupados labios y él me correspondía con una expresión de satisfacción en su rostro para después volver a depositar besos y algún que otro suave mordisco sobre mi pálida tez.
De golpe, sus manos me agarraron con ímpetu incorporándome levemente para comenzar a quitarme el chaleco dejando el suficiente tiempo como para que sus labios pudieran saborear cada zona, fue entonces cuando noté un bulto rozar superficialmente con mi intimidad a través de la ropa, puesto que ahora el contacto era mucho más cercano.
Sin poder contenerme al notar semejante sensación liberé un audible alarido que no pasó desapercibido por su parte ya que me miró complacido mostrando una sonrisa maliciosa que lo decía todo, ya no podíamos aguantar mucho más.
Su camiseta se precipitó hasta el suelo y él se apoderó de mis hinchados labios mientras me volvía a tumbar sobre la cama, ambos estábamos prácticamente en el cielo y ni el mismísimo diablo podría sacarnos de allí, o al menos eso quería yo pensar...
Un tremendo y ensordecedor estruendo se apoderó de cada rincón de la estancia originando que yo me sobresaltara bajo el cuerpo de Sasuke, quién se giró bruscamente con el sharingan activado.
—Joder—escupió cabreado, su voz acababa de recuperar su escalofriante tono habitual y mantenía sus sanguinarios orbes impregnados de odio sobre la individua que acababa de hacer acto de presencia.
—Vaya... ¿Os he interrumpido?—formuló con regocijo una joven de rojiza cabellera mientras se colocaba las gafas.
Fin del cap!
¿No la comenzábais a echar en falta?
