Capítulo 11: Da inicio la búsqueda exhaustiva de Haruno Sakura

La oscuridad brumosa se negaba a abandonar la bóveda diáfanamente estrellada a pesar de que la Luna ya comenzaba a ocultarse para cederle su trono al rey astro dorado de los cielos, eran cerca de las cinco de la madrugada y en Konoha, pocos aún dormían; pues ya prácticamente todos estaban preparados en la entrada de la villa para partir en busca de la desaparecida Haruno... todos a excepción de dos la tardanza de los cuales ya era algo habitual.

―Soy consciente de que al estar de luto, el hecho de enviar a tantos fuera nos vulnera un poco, no obstante, la situación lo requiere.

Naruto hablaba con solemnidad ante las puertas de la villa, siendo escuchado por los allí presentes, quienes se reunían a su alrededor formando un semicírculo prácticamente perfecto fruto de la instrucción como shinobis a la que habían estado sometidos desde su infancia.

Apenas podían distinguirse los rostros, pues el farol que pendulaba en el arco magnate de la entrada a merced del frío viento era la única iluminación allí presente desde que la Luna había decidido dejar de acompañar a la noche anunciando así la llegada próxima del nuevo día.

―He tomado la decisión de dividiros en dos grupos de rastreo, creo que eso será lo más acertado...―vaciló momentáneamente el joven bajo la presión de todas las miradas de sus compañeros y profesores.―El primer escuadrón estará formado por Hyûga Neji, Aburame Shino, Inuzuka Kiba y Sai, bajo el liderazgo de Hatake Kakashi―notificó haciendo una pausa para escrutar la concentración de personas que se acumulaban organizadamente ante él―Quién aún no ha llegado...―agregó cerciorándose con su observadora mirada de que era cierto ya que no atinaba a vislumbrarlo en aquel cúmulo. ―Yamanaka Ino, Nara Shikamaru, Hyûga Hinata, Mitarashi Anko y Morino Ibiki al mando, integrarán el grupo restante―Apenas pudo acabar de hablar cuando una potente voz desde la lejanía llamó la atención de gran parte de los ninjas, los cuales se voltearon extrañados queriendo saber qué sucedía a sus espaldas.

Las miradas de los shinobis enfocaban la calle principal de la villa, lugar de dónde procedían los escandalosos alaridos.

―¡Tsunade, tienes que empezar a aceptar tu papel de "abuela"!―Se escuchaba a Anko recriminarle con poderío a la ex-mandataria caminando aceleradamente a su lado con la menor de los Hatake en brazos, la cual era una réplica exacta de su progenitora, de no ser por los azabaches ojos heredados de Kakashi.

―¡Qué NO!―Se impuso la rubia con un autoritario bocinazo deteniendo el paso en seco.―¡No voy a cuidar de TU hija durante TU ausencia!―recalcó la misma cruzándose de brazos acentuando así su negación sin retirar sus orbes, los cuales reflejaban atisbos de odio bajo aquel tono miel, de encima de la Jonnin de morada cabellera.―ME NIEGO―vocalizó seguidamente con clarividencia acercando su rostro al de la otra mujer a modo de desafío, la cual atornillaba su imperante mirada caramelo sobre la Senju manteniendo el ceño fruncido. A cuál peor...

―Venga Kai, despídete de tu mamá y vámonos―sugirió Kurenai en voz baja liberando la mano del pequeño. Ambos caminaban tras ellas a una distancia prudencial junto al padre del niño, no queriendo formar parte del numerito.

El joven peliplateado miró a su cuidadora, después a su padre y, finalmente, asintió levemente embriagado por la timidez que lo caracterizaba.

―Tsunade, tengo prisa―Le recordó con insistencia la ojicaramelo a su superiora intentando depositar a Nomi sobre los brazos de la antigua Hokage.

―Me da igual, ni tengo cara de niñera, ni la voy a tener.―Se rehusó la de las coletas con terquedad no acabando de aceptar a la pequeña Hatake Mitarashi entre sus brazos.

―¡Chacha Tsuni mala!―exclamó la pequeña Nomi con un vocabulario característico de una niña de no más de tres años atestándole un inocente tortazo en la cara a la ojimiel.

―Coño con la niña...―Se sorprendió la misma en un susurro no dando crédito a lo que la criatura acababa de hacer.

―¡Tschh! ¡Eso no se dice!―Le reprendió Anko a la mujer de mayor edad dándole un rápido pero sonoro toque en la mejilla a Tsunade.

La ex-Hokage miró perpleja a la madre demandando una explicación, la Mitarashi, por su parte, la observaba con una expresión ubicada entre la seriedad y el cachondeo que la poseedora de los orbes tonalidad miel no supo muy bien cómo interpretar.

―Anko...¿podrías reñir a tu hija?―pidió la rubia tras un tenso silencio en el que Nomi tuvo tiempo de tomar posesión de la dorada melena que Tsunade cuidadosamente tenía recogida en dos coletas.

―¡Cuánto te quiero, Nomi!―La elogió su progenitora abrazándola con ternura después de haberla depositado en brazos de la antigua mandataria a sabiendas de que ella no opondría resistencia teniendo como rehén a su cabello.―Adiós Kai, cuida bien de Kurenai y de su pequeña Yukari, ¿sí?―Se despidió seguidamente la Mitarashi agachándose para quedar a la altura de su pequeño y así poderle besar la frente, pues éste ya hacía un rato que le estaba estirando de la gabardina, no obstante, ella estaba enzarzada en una conversación importante y no había podido prestarle hasta el momento la debida atención.

El ojicaramelo miró a su madre y ésta le sonrió como sólo ella sabía para, instantes después, proceder a estrujarlo contra su cuerpo recordándole lo mucho que lo quería entre sonoros besos que depositaba en sus rosadas mejillas.

Acabada dicha acción, se incorporó rápidamente, le hizo un cariñoso gesto de despedida a su hija y se encaminó con paso apresurado hacia donde estaba el resto de la gente como si nada hubiera pasado.

―Hasta pronto, Anko... ésta me la pagarás―refunfuñó Tsunade entre dientes haciendo intento de que la niña soltara su lacio pelo. Aquellas palabras no pasaron desapercibidas ya que la aludida giró su rostro plasmando una sonrisa burlona al tiempo que alzaba su brazo diciendo un último adiós.

―¡Pórtate bien Nomi!―instó maternalmente la pelimorada con ternura en su voz.―¡Kakashi Hatake!―Vociferó seguidamente―¡Mueve tu hermoso trasero hasta aquí YA, que están por nosotros!―añadió imperantemente al visualizar a su hombre haciéndoles carantoñas a los dos tesoros de sus vidas y agradeciéndoles a las niñeras improvisadas sus esfuerzos.

―Adiós niños, no tardaremos mucho.―Le oyó decir a su marido.

―Adiós papi―coincidió Kai rodeándolo con sus bracitos a la altura de las rodillas ocasionando que, irremediablemente, el padre se agachara para corresponderlo.

―¡Diós!―pronunció Nomi alzando su manita al aire.

El ninja copia depositó un beso sobre sus dos hijos antes de correr hacia la ubicación de la guía de su vida.

―Qué pastelón que eres―bromeó la progenitora avanzando junto a su amor hacia el tumulto.

―Kurenai-san, tenemos que darnos prisa, no podemos dejar a Yukari-chan tanto tiempo sola.―Le recordó el pequeño Kai a su cuidadora teniendo en mente a la hija de la Yuhi, una hermosa niña un poco mayor que él de oscuro pelo e hipnotizantes ojos carmesíes.

Kurenai desvió la mirada del horizonte y la centró en el adorable niño.

―No te preocupes cielo, Yukari aún duerme; todavía es muy temprano―explicó la pelinegra tomando la mano del pequeño entre la suyas disponiéndose a regresar a casa, no sin antes despedirse cordialmente de Tsunade con un jovial gesto, el cual ella devolvió encaminándose por otra calle con Nomi acurrucada en sus brazos, en el fondo la quería.

―Pero no puede estar solita―prosiguió el mini Kakashi mientras andaban alejándose de la calle central―Su papá no está en casa para protegerla―argumentó impaciente tirando de la extremidad de la amiga de su madre queriendo llegar al apartamento cuanto antes.

La mirada de la ojicarmesí se apagó, era como si se hubiera quedado sin vida, sin nada... La mujer agachó la cabeza mordiéndose el labio inferior no queriendo que el menor notara su repentino cambio de humor. Las lágrimas por un momento se agolparon en sus ojos, pero ella supo reprimirlas, tenía que ser fuerte, por su hija y por Asuma...

―¿Kurenai-san?―Se interesó el ojicaramelo girando la cabeza al percatarse de que la Yuhi se mantenía en silencio andando casi por inercia.

―¿Sí, Kai?―Le prestó atención desviando su mirada de la del pequeño evitando que su voz sonara quebrada.

―Yo quiero cuidar de tu hija y quererla mucho ya que su papá no puede, así que te ayudaré para poder jugar con ella más ratito―informó inocentemente el niño ―Le haré mucha compañía para que no se sienta sola―añadió mientras continuaba estirándole del brazo.

―Kai...―murmuró la dama de oscura cabellera deteniendo el paso provocando que una expresión de extrañeza se dibujara en el rostro del joven Hatake Mitarashi.―Eres un buen niño―añadió con voz suave y delicada agachándose para abrazarlo tiernamente, gesto que él correspondió. ―¿Vamos a casa? Yukari se asustará si se despierta y no encuentra a nadie―informó al poco rato levantándose y tomando la mano del peliplateado menor.

―¡Sí, vamos, rápido!―exclamó el niño animado reanudando la marcha con paso ansioso. La ojirubí rió ante la felicidad del hijo de su amiga y optó por seguirle el paso, definitivamente era un buen niño.

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―Pues eso es todo―finalizó Naruto con semblante sereno después de haber logrado que toda la gente congregada en el lugar volviera a prestarle atención. Acababa de explicar todo lo necesario para efectuar la misión y las normas de aviso en caso de que se aconteciera algún contratiempo.

Ahora, su mirada se deslizaba por todos y cada uno de los presentes organizados en forma de media luna, hasta que finalmente ésta se detuvo al visualizar a cierta peliazul en primera fila con el típico chaleco verde perteneciente al uniforme ninja, el cual se ajustaba a la perfección a su figura realzando sus perfectas curvas. Bajó un poco sus azulados orbes y se ausentó al percatarse de que aquellos pantalones entre negros y azul marino que completaban la indumentaria de la joven no le quedaban nada mal, aunque él prefería los que ella solía vestir diariamente, los cuales se ceñían a su esbelto cuerpo haciendo que sus piernas se convirtieran en algo sensual y muy atractivo, o al menos así se le antojaba al rubio.

―¡Uzumaki, deja de succionarla con la mirada!―Se oyó vociferar a la examinadora de los exámenes Chunnin intentando abrirse paso entre sus compañeros queriendo llegar hasta la ubicación del Hokage.

El aludido zarandeó levemente la cabeza saliendo así de su ensimismamiento para proceder a dirigir sus ojos hacia la persona que le estaba hablando entre el tumulto.

―¿Qué pasa Anko?―Se interesó el muchacho enfocándola una vez que ésta consiguió salir de entre el gentío para ubicarse delante suya.

―Pequeño ser "gusanoide"... ¡No te da vergüenza ir comiéndote a la gente con la mirada!―Le increpó autoritariamente en tono de riña ofendida por los modales del alumno que su marido había instruido―¡Esas no son formas!―añadió con el entrecejo fruncido amenazándolo con un acosador dedo índice.

Las palabras de aquella mujer provocaron que los presentes rompieran a carcajadas, hecho que se animó aún más cuando los shinobis apreciaron el tremendo sonrojo de la pobre Hyûga.

―Mitarashi Anko―La interceptó con supremacía una masculina voz grave embriagada por la preponderancia, la cual procedía del fondo de aquella acumulación de personas.―Veo que sigues siendo tan infantil como de costumbre―observó escasos segundos después el hombre aproximándose hacia el centro de la ya desorganizada multitud, lugar en el que se encontraban su compañera de trabajo así como el joven líder.

―¡Cabeza taladrada, cuánto tiempo!―saludó la pelimorada con una sonrisa en su rostro alzando el brazo al divisar como Ibiki se le acercaba.―¿Sabes? No te conviene perderme el respeto―amenazó con voz intimidante tras haber desaparecido instantáneamente de su posición, apareciendo por consecuencia a las espaldas del instructor teórico de las pruebas Chunnin con un Kunai en mano atentando contra el cuello del calvo ninja.

―Anko-san, compórtate―pidió resignado su compañero ya acostumbrado a los arrebatos sádicos de la ojicaramelo.

―¡Ja! Yo siempre me comporto― pronunció ella con atisbos de sarcasmo en su voz ignorando a toda la gente que los observaba atónitos, incluido el padre de sus hijos, quien prefería pasar del tema.―¡Y tú no hagas como que la cosa no va contigo porque todo esto es por tu culpa!―espetó la mujer lanzándole con la mano que le quedaba libre un kunai a su marido despojándolo así de una par de sus plateadas hebras.―¡Si no hubieras dejado que Nomi hiciera de las suyas, aún tendríamos cocina y yo no tendría que participar en esto!―continuó con aquella impetuosa voz que la caracterizaba.―Ahora, si no os importa, preciso hablar con el Hokage―dejó claro desviando su mirada hacia Naruto, quien se encontraba a escasos pasos de ella observándola con una severa expresión en su rostro.

―¿Y bien?―formuló el poseedor del Kyûbi sin retirar sus orbes de encima de ella manteniéndose con los brazos cruzados.

―Alguien que me escucha―suspiró la del moño feliz―No es nada grave, pero me he perdido la mitad del discurso; no sé para qué narices pones una misión a estas horas si ya sabes que yo tan temprano no rindo―argumentó ella sin liberar a su prisionero ocasionando que el pobre Naruto enarcara una ceja asimilando sus palabras.

―Tú preocúpate por no separarte de tu grupo―intervino Ibiki―Tenemos prisa, si dejaras de hablar como una cotorra y permitieras que la misión de comienzo, estaría bastante bien―anexionó el hombre haciéndole ver que no estaban para tonterías.

―Ibiki.―Le llamó la atención la Mitarashi entre dientes―No conviene que me hables así teniendo en cuenta tu situación―matizó comenzando a apretarle el cuello con su brazo hasta el punto de dejarlo sin aire durante escasas décimas de segundo, ella nunca iba en broma.

―Sensei, tú te vienes con nosotros―notificó la Yamanaka cuando pasó por su lado, pues la gente ya se estaba comenzando a dispersar para poder partir cuanto antes.

―Vale, ahora voy―contestó la dama de las serpientes con normalidad retirando el brazo del cuello de Ibiki para seguirle el paso a Ino.

Todos y cada uno de los ninjas ya estaban preparados, unos fuera de la villa, otros aún dentro y otros todavía en la puerta despidiéndose de sus más allegados.

―Hinata-chan, ¿estás segura de esto?―indagó el Uzumaki mirándola apenado a los ojos una vez que consiguieron alejarse del gentío creando un pequeño espacio de intimidad a pocos metros de la entrada de Konoha.

Ella asintió pausadamente como respuesta admirando la belleza de los pozos azules del propietario de su corazón en la penumbra de la madrugada.

―Sabes que ya he tomado la decisión―explicó la joven con su suave y delicada voz envolviendo involuntariamente todos los sentidos del rubio, quien se veía hipnotizado por la pureza de la mirada perlada de ella que brillaba a la luz del farol.

Naruto arrulló una de las manos de la Hyûga entre las suyas y aproximó su rostro al de la joven haciendo que sus narices rozaran.

―No hay forma de hacerte cambiar de opinión... ¿verdad?―Probó suerte el muchacho en un cálido susurro sintiendo la respiración de la peliazul tan cerca de él.

Hinata negó sutilmente con la cabeza antes de que los labios del joven se depositaran sobre los suyos sintiendo aquel dulce sabor repleto de ternura y cariño. Poco a poco, notó como los fuertes brazos del chico la rodeaban acercándola a su cuerpo transmitiéndole lo mucho que la amaba y lo poco conforme que estaba con dejarla ir; no obstante, tendría que resignarse, pues él siempre respetaba sus decisiones y esa no sería menos.

―Hinata...―murmuró Naruto al oído de la ojiperla una vez que ésta correspondió el abrazo acomodando su cabeza en el hueco del cuello de su amado.―Te estaré esperando, anhelaré que las horas pasen tan rápido como los segundos solo aguardando tu llegada―añadió mimosamente estrechándola con más fuerza, abarcando entre sus brazos la mayor parte del cuerpo de ella queriendo impregnarse así de su esencia.

―Yo también te añoraré―coincidió ella casi inaudiblemente, sólo para que él pudiera escucharla.―Pero tranquilo, únicamente serán un par de días―intentó quitarle peso a la situación no queriendo deshacer aquel enternecedor abrazo.

―Un par de días eternos―suspiró desalentado el rubio retirando una de sus manos de la cintura de la chica para comenzar a apartarle el lacio cabello que se precipitaba por su cuello.

Hinata cerró los ojos embelesada percibiendo el aliento del joven en el lugar que previamente su melena ocupaba. Los labios de Naruto degustaron el pálido cuello de ella ocasionando que un suave suspiro emanara del interior de la ojiperla.

Cuando el joven retiró su boca del lugar, rió contemplando la pequeña marca rosada que le había dejado.

―Así no te olvidarás de mí―Se excusó el muchacho mientras le colocaba correctamente el cuello del chaleco junto con el bonito pelo esparramado por encima ocultando, de esa manera, su pequeña trastada.

La Hyûga sonrió con timidez irguiendo la cabeza para poder mirarlo.

―Ten cuidado―suplicó el joven líder besándola por última vez en un contacto mucho más profundo que el anterior.

Una vez que se separaron, ella rozó la mejilla de él con sus labios en un fugaz beso que lo dejó un poco atontolinado.

―Lo tendré―susurró con firmeza y determinación dispuesta a marcharse.

―No quiero que te vayas―Se apenó el chico no acabando de soltarla dado que aún la tenía vagamente rodeada por la cintura.

―La vida de Sakura podría estar en peligro, el tiempo no corre a favor de nadie, por favor...―insistió su amada aseverando la voz poniéndose seria, pues la situación no era alentadora para nadie.

―Lo sé, pero no es necesario que tú vayas; no quiero que te pase nada―perseveró el muchacho mirándola fijamente a los orbes.

―Sí es necesario, Naruto-kun―Se impuso la joven como pocas veces lo hacía―Sakura-chan es mi amiga y como tal quiero averiguar qué ha pasado, lo necesito...―Se explicó.―Además, tú deberías de indagar acerca de lo acontecido con Sasuke―mencionó sabiendo que hasta ahora la única prueba de su muerte era una carta firmada por la Alianza en la que no constaba la villa de la que procedía el / los verdugos ni la fecha en la que llegaría el cuerpo para el funeral.

―No hay nada que indagar, él... ha muerto―Se cerró el Hokage en banda bajando con dolor su entristecida mirada no queriendo recordarlo; los brazos abandonaron el cuerpo de Hinata y se quedaron colgando a ambos extremos de su propietario.

Hinata supo que no debería de haber mencionada el tema, sin embargo, ya no había vuelta atrás; ella era la primera que no acababa de estar conforme con lo que había pasado dado que había algunos vacíos en toda la historia. Al contrario que ella, Naruto se había visto muy afectado y la única solución que había encontrado consistía en encerrarse en su mundo sin querer abrir los ojos a otras opciones y, para colmo, lo de Sakura... aquello fue como la guinda del amargo pastel.

―Tú no lo sabes, no hay pruebas suficientes para confirmarlo definitivamente―continuó la Hyûga depositando sus manos sobre el rostro del joven con delicadeza intentando hacer que éste alzara un poco la cabeza.

―¡Tienen su cadáver!―explotó el chico de rubia cabellera alzando la voz impregnada de enfado consigo mismo y, a la vez, de culpabilidad, manteniendo la vista fija en el suelo.

"Pero aún no nos lo han enviado a Konoha " quiso decir la joven de negra cabellera con reflejos azulados, no obstante, sabía que Naruto era demasiado terco y que eso sólo empeoraría la situación, por lo que optó por cortar por lo sano.

―Adiós...―murmuró recuperando su habitual tono de voz afable alejándose del joven dejándolo así sumergido en su airado océano de sensaciones en el cual él iba a la deriva permitiendo que su isla se perdiera en la lejanía.

Cuando el propietario de la azulona mirada analizó aquello que en sus oídos se había quedado estancado, alargó su brazo y aferró la fina mano de la Hyûga impidiendo que ésta se alejara más de él.

―Lo siento, no tengo que pagarlo contigo.―Se disculpó el novato Hokage avanzando hasta la posición de Hinata, la cual se había quedado estática en el sitio y al notar el cuerpo de su novio cerca de su espalda, volteó levemente su cara para poder mirarlo.

―No lo haces, no lo estás pagando conmigo, lo estás pagando contigo.―Le abrió los ojos a la luz de su vida con voz suave no queriendo hacerle daño, pues Naruto estaba más débil que nunca.―Tú no tienes la culpa, así que haz el favor de dejar de castigarte―pidió dándose la vuelta totalmente para poder recaer sobre los brazos del joven .

―Eres mía otra vez―sonrió sutilmente el muchacho enjaulándola con amor en su prisión.

―Siempre lo soy―matizó ella recostando su cabeza en el pecho de él.

―Hinata―comenzó el rubio acariciando la sedosa melena que ésta lucía―No quiero que te vayas pensando que estoy triste o enfadado, por favor, perdóname―rogó el chico de azules orbes.

La joven alzó su mirada y depositó sus labios sobre la boca entreabierta del Hokage retirándolos de inmediato como si de la caricia de un ángel se tratara, a modo de respuesta.

―He de irme―Se despidió la misma deshaciendo el abrazo en el que se habían fundido.

Naruto la miró pesaroso a sabiendas de que ya no la podría retener mucho más, por lo que se conformó alzando la mano y brindándole una sonrisa.

―Ten cuidado―pronunció observando como, paso a paso, se alejaba de su lado.

La ojiperla copió la acción de su amado dedicándole unas últimas palabras que se encadenaron en su corazón: "Te quiero".

―Y yo a ti―gritó él ocasionando que ella se volteara por enésima vez con una suave curva decorando sus labios.

―Procura no descuidar tus tareas como Hokage durante mi ausencia―aconsejó la muchacha antes de perderse entre los ninjas que, al igual que ella, se encargarían de traer de vuelta a Sakura.

―No puedes darle órdenes al Hokage―bromeó Naruto para sí mismo observando como la larga melena azulada se mezclaba entre sus compañeros.

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―Ehem...―carraspeó Kakashi intentando hacer que los ninjas reunidos por los alrededores de Konoha le hicieran caso a fin de poder poner orden antes de cruzar la frontera; pues una misión desorganizada era sinónimo de misión fallida, cosa que no se podían permitir ni por lo más remoto.

Al corroborar que nadie le hacía caso, volvió a carraspear, en vano, ya que sus antiguos alumnos le habían perdido el poco respeto que le tenían al haber sido ascendidos a Jonnin o incluso a ANBUs.

Carraspeó por tercera vez de una forma mucho más brusca que las dos anteriores, no obstante, siguió sin surgir efecto, pues los jóvenes hablaban entre ellos y especulaban sobre todo lo acontecido; cada cual a su bola. Los actos del prestigioso ninja copia eran observados con diversión por la Mitarashi, quién finalmente optó por echarle un cable.

―¡Hostia puta ya, coño!―vociferó con poderío la mujer haciéndose oír por todos los presentes, los cuales se silenciaron en el acto.―Haced el favor de colocaos cada uno en su grupo correspondiente ¡Ya!―ordenó de forma inflexible consiguiendo que los jóvenes shinobi se agruparan alrededor de su respectivo capitán instantáneamente.

―Gracias cari...―murmuró el peliplata por lo bajo.

―¡Arreando que es gerundio!―instó la pelimorada comenzando a andar sin darle tiempo a su hombre para hablar, pues según ella las explicaciones servían de poco, era mejor improvisar sobre la marcha.

El Hatake suspiró resignado comenzando a andar tras los ninjas que la seguían sin saber hacia dónde.

―Hatake.―Lo llamó Ibiki, quién también iba a la cola del grupo.

El aludido se volteó esperando sus palabras.

―¿Cuándo tienes pensado que nos dividamos?―formuló el examinador de los exámenes de ascenso a Chunnin.

La pregunta dejó a Kakashi pensativo durante unos cuantos segundos en los que evaluó los pros y los contras de las decisiones que estaba barajando en su mente; finalmente, la respuesta llegó a sus labios.

―Ahora―pronunció neutralmente antes de desaparecer del lugar seguido de Neji, Sai, Shino y Kiba.

Un shinobi siempre debía estar atento a todo dado que las cosas cambiaban en cuestión de segundos, en ese aspecto, el grupo asignado para el Hatake era de lo mejor, a la vista estaba que pese a parecer que cada cual estaba en su mundo, les sobraron segundos para obedecer la orden de aquel que estaba al mando.

―Ya lo habéis oído, nos vamos―apuntó Ibiki acelerando la marcha, adelantando por consecuencia a Anko.

―¿De qué vas?―interrogó la mujer clavando su mirada sobre aquel que había osado tomarle la delantera.

―Haruno Sakura ha desaparecido en unas circunstancias un tanto extrañas, no estamos para perder el tiempo... Anko―argumentó él prosiguiendo con su camino.

―Que sí... eso ya lo sé, pero no hay prisa tampoco; mira que yo no estoy para correr―debatió la mujer de acaramelados orbes sin modificar la velocidad, si quería correr que corriera, ella continuaría caminando.

―Estoy de acuerdo, podemos avanzar con total parsimonia―Le dio la razón Shikamaru liberando un tremendo bostezo.

―¡A ver!―Se hizo oír la Yamanaka―¡Estamos hablando de Sakura-chan, no del perro del vecino! ¡Podría estar en peligro, así que venga!―ordenó dejando la villa atrás, cuyas puertas ya estaban cerradas, logrando alcanzar a Ibiki.

―Ino tiene razón, como grupo de búsqueda tenemos que hacer todo lo posible por encontrar a Haruno; ¡aligerando la marcha!―imperó el hombre de mayor edad optando por la disyuntiva de la ojiceleste.

A regañadientes, todos acabaron apretando un poco más el paso, la vida de una de sus compañeras no era un juego de niños y eso era algo que todos tenían muy presente.

―Y digo yo...―rompió el silencio la Mitarashi después de llevar ya un buen rato caminando―¿Por qué nos guías tú, Ibiki, si Hinata es la que posee el Byakugan?

El susodicho se giró para poder apreciar a Anko unos metros más atrás que ellos, junto con el Nara. Entre la distancia que los separaba se encontraba la Hyûga y en la cabeza de la cola iban él e Ino.

―Yo guiaré cuando comience a percibir algo de chakra―comunicó la ojiperla.

―Ibiki guía porque sabe algo de rastreo―explicó la rubia consciente de que Morino Ibiki tenía una excelente instrucción como Jonnin de alto rango perteneciente al escuadrón de tortura.

―¡Pues ya está!―exclamó la ojicaramelo en la lejanía―¡Ibiki, quítate de ahí que ahora ese puesto me corresponde a mí!―añadió acelerando sus zancadas para poder alcanzarlos.

―¡¿Qué?!―pronunciaron la ojiceleste y Shikamaru al unísono, tenía que ser una broma.

―¡¿Cómo que qué?! Yo le he seguido el rastro a muchos individuos de los que no deseéis conocer su existencia durante todo el tiempo que he ejercido como Jonnin―explicó la dama de las serpientes―Y en cuanto éstos dos salgan, lo seguiré haciendo―aclaró sobándose su abultado vientre de cuatro meses mientras se colocaba junto a la Yamanaka―Aquí donde me veis, pertenezco al escuadrón de inteligencia, por tanto, os aconsejo que no me subestimeis.

―Está bien, lidera tú un rato.―La autorizó Ibiki no muy convencido bajo la presión de las miradas de los presentes.

―¡Bien, os aseguro que antes de mañana tendremos a la Haruno!―garantizó la embarazada animada reemprendiendo la marcha al frente del escuadrón.

―Esperemos...―suspiró Ino desplazándose cabizbaja junto a la examinadora.

Ya llevaban más de media hora de camino bajo el mando de la Mitarashi; fue entonces cuando llegaron a una triple división de caminos.

―¿Y ahora qué?―preguntó la rubia dubitativa analizando con la mirada los tres senderos que se abrían paso ante ella, los cuales estaban tenuemente iluminados por la tímida luz del amanecer.

El horizonte se veía hermoso, pues hasta donde les alcanzaba la mirada estaba plagado de una serie de cadenas montañosas tras las cuales el sol comenzaba a despuntar perezosamente tiñendo de dorado los valles, las colinas y los bosques; era una explosión de colores pastel combinada con grotescas sombras por los lugares donde los rayos aun no habían derramado su deslumbrante brillo, digna de admiración.

―Izquierda―decretó el Jonnin sin detener su acelerado paso adentrándose exento de vacilaciones por el boscoso caminucho de piedra que contrastaba en exceso con las inmediaciones de Konoha, pues los árboles eran exuberantes y muy robustos impidiendo prácticamente el paso de la luz solar entre sus ramas.

―¡Derecha!―Lo contradijo la pelimorada situándose delante de la senda que ella había elegido; un camino bastante similar al de Ibiki pero con una vegetación más prominente e impresionante.

Su compañero se detuvo al oír bramar a la mujer y, entonces, los dos examinadores cruzaron miradas de desacuerdo en un fugaz duelo que fue interrumpido por la Yamanaka.

―¿Y si os ponéis de acuerdo?―Les increpó la joven de orbes celestes empezando a hartarse de la situación.

―¡Izquierda!

―¡Derecha!

Ante la cabezonería de la Mitarashi, Ibiki soltó un pesaroso suspiro al tiempo que rodaba los ojos.

―Tú hoy estás "porculero" ¿no?―gritó Anko perdiendo los papeles.

―Yo opto por la proposición de Ibiki.―Se decidió finalmente Shikamaru ganándose una mirada de advertencia por parte de la Jonnin, su mente había sopesado las dos disyuntivas y automáticamente había decretado que era mejor depositar su confianza en el hombre.

―Yo también―vocalizó Hinata en voz baja dirigiéndose hacia el calvo ninja.

―Yo voto por Anko-san―anunció Ino caminando hacia la sensei.

―¡Así se habla!―exclamó la del moño orgullosa de la alumna de Asuma.―¡Qué todo el mundo me siga!―imperó la mujer rebosante de felicidad volteándose dispuesta a adentrarse en la senda.

―No Anko, la mayoría hemos optado por el camino de la izquierda.―La detuvo el Nara grandilocuentemente.

―Tan listo para unas cosas y tan tonto para otras... ¿No sabes sumar o qué? 3+1=4 ¡BAKA!―rió la Mitarashi a carcajada limpia, aún eran demasiado inocentes.

Shikamaru se la quedó mirando no comprendiendo nada, al igual que el resto de los shinobis que los acompañaban.

―Ellos también cuentan―aclaró la embarazada acariciándose su vientre después de haber recobrado un poco la calma de tanto reír.

―Que no Anko, por ahí no―intervino el examinador teórico de las pruebas Chunnin.

―Ufff...―resopló ella en plan cansino―Está bien, cincuenta por ciento: ni para ti, ni para mí, por el del centro―propuso la ojicaramelo mientras se dirigía hacia el boscoso sendero del medio bajo la atenta mirada de todos.

Aquello no era ni camino, ni nada; no había terreno regular por el que caminar, únicamente maleza que se había apoderado de la entreabierta reja de metal oxidado que impedía el acceso al lugar. Los voluminosos árboles de viejas ramas y grandes hojas sombreaban el mundo de abajo en el que las enredaderas subían por sus troncos intentando alcanzar algún rayo de sol, las piedras que se esparcían entre la alta hierba estaban tapizadas de líquenes que alternaban tonalidades verdes y marrones pasando por matices amarillentos y anaranjados. Los arbustos eran enormes y en sus exóticas y coloridas flores, insectos de la más elevada variedad revoloteaban por sus pétalos. El agua fluía del suelo formando pequeñas charcas rodeadas de vida, las cuales denotaban la humedad del lugar.

Aquel entorno había dejado de ser frecuentado por personas mucho tiempo atrás.

Todos se miraron mutuamente pensando en qué hacer, pues para ellos aquella alternativa había quedado desclasificada desde el principio. Buscaban la respuesta en los ojos del opuesto no queriendo cargar con el marrón que supondría llevarle la contraria a la Jonnin.

Pasaron varios minutos hasta que cayeron en la cuenta de que la pelimorada había optado por ir campo a través perdiéndose de la percepción visual del resto del grupo.

Sin dudarlo, derribaron la valla que posiblemente ella había saltado y corrieron en su búsqueda por aquel hermoso regalo de la naturaleza.

―¡Anko-san!―La llamaron al visualizarla bajo la sombra de un imponente árbol mientras comenzaban a aminorar la veloz marcha que habían emprendido instantes antes al percatarse de la ausencia de la mujer.

―¡Así me gusta pequeños gusanos, que os preocupéis por mí! ¿A que no ha sido tan difícil?―inquirió la dama de las serpientes con una socarrona expresión decorando su rostro, pues necesitó bastante autocontrol para no estallar en risotadas ante el semblante de miedo y disgusto que todos mostraban.―Vamos, vamos, esto es casi como mi casa... se asemeja bastante a la parcela 44, sin embargo, no es el Bosque de la Muerte―explicó observando con atención todo cuánto había a su alrededor.

―No hace gracia.―Le reprendió una iracunda Ino.

―Bah... a mí me hace mucha―bromeó Anko reanudando la marcha por aquel lugar, pues aquel era su entorno y sabía bien como desenvolverse en él, por lo que decidió ir ella en cabeza seguida del resto. Posiblemente no tenía muy claro hacia dónde ir, pero una cosa estaba clara, no se le escaparía nada, la naturaleza siempre dejaba pistas imborrables.

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Un sonoro pero, a pesar de ello, relajante sonido de agua cayendo me despertó.

Yo me encontraba cómodamente acurrucada entre las sábanas de Sasuke, las cuales estaban impregnadas con su olor; cosa que me encantaba y que me hacía sentir como en casa.

No quería abrir los ojos, tenía sueño, de manera que me decanté por darme media vuelta con la esperanza de recaer sobre su cálido pecho; por desgracia, acabé sobre una fría almohada que no tenía comparación con el trabajado cuerpo del joven. Mis brazos comenzaron a buscarlo intuitivamente entre las ropas del camastro, fue entonces cuando oí el sonido de una puerta al abrirse seguido de unos pausados pasos que se acercaban, los cuales captaron toda mi atención.

Por acto reflejo me quedé inmóvil, fingiendo aún estar en los brazos de Morfeo. Las pisadas se detuvieron ante la cama en la que yo yacía.

No se oía nada, no obstante, pude notar como alguien se me acercaba. Apreté los ojos.

Un par de gotitas de agua se precipitaron sobre mi rostro resbalando por mis mejillas para estancarse instantes después en la comisura de mis labios, seguidas de un suave aire caliente que azotaba mi rostro con dulzura.

Hasta aquí el cap!

Ante todo, me gustaría disculparme por la demora y por la ausencia de SasuSaku, no os preocupeis, el próximo será 100% dedicado a la pareja de honor^^.

En este capítulo hemos podido ver un poco de todo... NaruHina, KakaAnko, la relación entre los integrantes del grupo, e incluso avanzar en la búsqueda de Sakurita... ¿La encontraran? ¿Podrá Anko ejercer debidamente como guía en el espectacular bosque? ¿Qué hará Sasuke cuando intenten arrebatársela? ¿Cómo reaccionaran ellos al comprobar que él sigue con vida? Todo esto se irá resolviendo en los próximos capítulos.

Ahora, agradezco a todos los que os habéis animado a dejar reviews, pues actualizo más contenta, porque aunque no lo parezca, vuestro apoyo es vital para la subsistencia de un autor así como para que éste pueda mejorar a partir de vuestras observaciones.

¿Qué me decís, review?

Gracias por leer, Rairaku.^^