Capítulo 12: Extinguiendo dudas
Abrí los ojos encontrándome con una escena que me dejó prácticamente sin aliento ocasionando que mi respiración se acelerara vertiginosamente. Su pelo estaba húmedo y bastante alborotado con algunas gotitas de agua que resbalaban desde el inicio hasta el final de cada uno de sus negros mechones, precipitándose durante escasos segundos por el aire para aterrizar sobre su desnudo pecho instantes después. Cada perla translúcida se adaptaba a las perfectas formas del trabajado cuerpo que él poseía dejándome a mí embobada, estaba demasiado cerca, inclinado sobre la cama haciendo que nuestros rostros distaran de pocos centímetros.
Sus azabaches orbes, tan oscuros como la mismísima noche, estaban fijados en los míos anulándome la capacidad de hablar debido a la presión que sentía en aquellos momentos; ¿de qué coño iba? Yo necesitaba tiempo de adaptación para acostumbrarme a convivir con él, no podía hacerme esto de buena mañana.
Había tan poca distancia entre nuestros rostros que incluso podía apreciar varias gotas que se deslizaban pícaramente por su tez resaltando aquellos cautivadores labios que eran capaces de crearle adicción a cualquiera.
―Buenos días― susurró con voz calmada y pausada, como si no hubiera nada que pudiera interrumpir aquel momento.
―Sasuke...―atiné a pronunciar procurando tranquilizarme dado que mi respiración se desbocaba por momentos.
Él trazó una torcida sonrisa, al parecer le divertía verme tan nerviosa, por lo que decidió agravar la situación acercando una de sus cálidas manos a mis labios desprendiendo un embriagador aroma que se apoderó de todo mi ser. Uno de sus dedos los acarició tiernamente retirando aquellas perlas acuosas que instantes antes se habían quedado estancadas en la comisura de los mismos.
Segundos después, era su boca la que se acercaba lenta, pero peligrosamente hacia la mía causándome una extraña sensación, era como si tuviera mariposas en el estómago revoloteando desenfrenadamente; no entendía porqué, pues no era la primera vez que le besaba, no obstante, ésta era diferente a las otras. La parsimonia con la que acortaba distancias entre nuestros rostros me causaba una tremenda agonía, tanta, que yo misma la decidí romper inclinando levemente mi cabeza hacia delante ocasionando que, por consecuencia, nuestros labios se encontraran.
El contacto fue suave y cariñoso al principio, pero rápidamente se tornó pasional por cortesía del Uchiha, quién instintivamente se colocó a horcajadas encima de mí sin preámbulo alguno no rompiendo aquel beso cargado de infinidad de sentimientos.
Al separarnos para recobrar algo de aire, le mantuve desafiante la mirada consiguiendo ya por fin adueñarme de mi persona, ¿qué se supone que tenía en mente?
Él ni se inmutó de la expresión de molestia y desacuerdo que en mi rostro estaba esculpida, por lo que me removí bajo su cuerpo incitándolo a que se quitara de encima; fue entonces cuando me fijé en la indumentaria que, al parecer, a él tanto le gustaba lucir: una toalla negra cuidadosamente colocada alrededor de su cintura... Al menos podía haberse puesto unos pantalones al salir de la ducha, que no estaba solo en su peculiar habitación.
―¿Qué se supone que estás haciendo?―cuestioné con cierta dureza fingida en mi voz mientras lo analizaba con la mirada rogando para que mis mejillas no se tiñeran de escarlata.
―Hmp, es evidente... ¿No te parece, Sakura?―vaciló observando cómo mi ceño se fruncía acompañado de una tonalidad rosada que ocupó, posiblemente, la totalidad de mi rostro.―Tengo intenciones de acabar lo que tú anoche no me dejaste.―Se explicó seguidamente comenzando a deslizar sus labios por mi cuello cuidadosamente, evitando dejar marcas, algunas de ellas ya imposibles de ocultar.
―¿Y quién te dice que hoy te voy a dejar?―inquirí haciendo amago de oponer resistencia, no obstante, la sensación que conseguían infundir en mí sus actos, me nublaban los pensamientos impidiéndome actuar con raciocinio.
―Tú entera me lo estás diciendo, hoy estás mucho más relajada que ayer; anoche en un principio estabas bastante receptiva... pero después te pusiste nerviosa, te tensaste y lo mandaste todo a la mierda―argumentó prosiguiendo con el sendero de besos en mi cuello ascendiendo hasta mi barbilla.
―Claro...―musité sarcásticamente.―Será eso―agregué girando mi cara con brusquedad impidiéndole que siguiera.
―Es eso―matizó retirando sus manos de mi cadera, lugar que habían estado masajeando hasta ahora, para proceder a desabrochar el cuello de la camisa que él me había dejado para dormir, la cual era blanca y de manga larga con el emblema Uchiha estampado en la espalda.
―No―ordené advirtiéndolo con la mirada.
―¿Por qué?―preguntó molesto―Ayer me dejaste avanzar más, hasta que ésta inoportuna prenda me cortó el paso gracias a tu indecisión―protestó deslizando sus negros ojos sobre mi ropa interior inferior, pues la camisa a penas me tapaba los muslos y él se había encargado de deshacerse de la sábana momentos antes.
―No fue indecisión, fue un momento fugaz de lucidez, Sasuke... es demasiado pronto―aclaré pegando un tirón de la sábana para cubrirme, la situación ya era lo suficientemente embarazosa como para tener que lidiar con más cosas.
―Sakura, sabes que no podrás resistirte mucho más.―Me tentó sin retirar sus orbes de encima de los míos.
La expresión que su rostro reflejaba era malévola y sí, tenía razón, pero... no me sentía preparada, no era por él ni mucho menos, pues yo lo amaba con todas mis fuerzas; era por mí, no quería defraudarle.
―Sí que puedo, yo tengo mucho temperamento―mentí, a pesar de ello, mi voz sonó segura e impregnada de determinación.
―Yo tengo más que tú―soltó con despreocupación incorporándose bruscamente.
―¿Y ahora a dónde vas?―interrogué un tanto extrañada por su reacción observando cómo se alejaba de la cama.
―A vestirme―contestó de mala manera encerrándose en el baño.
―Borde―pensé en voz alta tras liberar un pesaroso suspiro, no había nada más insoportable que Sasuke enfadado de buena mañana.
Después de pegarme un par de minutos haciendo la cama, cogí el cepillo de mi mochila y comencé a desenredarme mi enmarañada melena. Al cabo de un rato, él salió del aseo con otra de sus camisetas, ésta vez blanca, que no era ni de manga corta ni de tirantes, la cual dejaba el inicio de su pecho al descubierto con el símbolo de su clan grabado en la espalda, y con unos pantalones de una tonalidad oscura que combinaban bastante bien con su calzado ninja habitual.
Se dirigió hacia el armario que había en la estancia, frente a la mesa, y de allí sacó unas cuantas piezas de fruta, varios frutos secos, y un poco de pan; alimentos que depositó sobre el mantel blanco que cubría la mesa.
Acto seguido, se sentó en una de las sillas y se me quedó mirando.
―¿Qué quieres?―inquirí con molestia al sentir su mirada encima de mi persona.
―Si tienes hambre, yo no te voy a llevar la comida hasta ahí―notificó con su gelidez crónica.
―Ni falta que hace―atajé soltando el peine con contundencia en la cama para encaminarme hacia la mesa.
Tomé asiento rudamente en frente del Uchiha y me apropié de una de las manzanas dispuesta a disfrutar de su dulce sabor, como no, bajo la atenta y profunda mirada de Sasuke.
―No te has vuelto a dejar el pelo largo―observó rompiendo el inquietante silencio que gobernaba en la estancia.
―Déjame―insté con apatía girándole la cara dando por finalizada la conversación.
―Hmp, como quieras...―murmuró en su tono neutral saboreado un par de nueces sin retirar su acosadora mirada de encima de mí.
―Que me dejes.―Le ordené mirándolo de reojo por encima del hombro con los orbes ligeramente entornados al percatarme de que sus oscuros pozos seguían cada uno de mis movimientos con descaro.
―¿Te molesta que te mire?―indagó él tiznando su tono de contrariedad y fastidio.
―Sí, me molesta―remarqué encarándolo mientras alzaba la voz.
―No te aclaras―sentenció desafectuosamente antes de levantarse de la mesa con cierta brusquedad.
―Lo mismo te digo―siseé agachando la mirada.
―Yo sí me aclaro, eres tú la que no se decide.― Me echó en cara mientras guardaba la comida que había sobrado en una mochila extraída de debajo de la cama.
―¡Sasuke, apenas tenemos veinte años!―Le recordé enfurecida por su comentario echando algo de luces en el asunto, era demasiado precipitado.
―... Tan legal como de costumbre―protestó tirando la toalla que llevaba colgada del hombro desde que salió del baño sobre la cama para después sentarse con brusquedad sobre ésta al poco rato de haber cerrado la mochila dejándola junto a la mesita de noche.
Yo opté por pasar del tema y encerrarme en el baño tras haber recogido la bolsa en la que llevaba todas mis cosas, lo mejor era ignorarlo.
Una vez dentro, cerré la puerta con un audible golpe percatándome poco después de que ésta carecía de cerrojo. Genial, todo esto era genial.
Suspiré amargada dejando a mi espalda resbalar puerta abajo hasta toparme con el suelo, me quedé así durante un largo rato ¿Qué narices estaba haciendo? Me había comportado como una auténtica estúpida. ¿Qué más quería? Ya había dicho lo que yo tanto anhelaba oír, le importaba, y, sin embargo, estaba actuando como una verdadera idiota. Nada de esto tenía sentido.
Bufé resignada y cabreada conmigo misma apoyando mi cabeza sobre mis rodillas quedando hecha una auténtica bola, mi cabeza era un lío; estaba segura de que amaba a Sasuke con locura pero... seguro que en la villa habrían puesto el grito en el cielo al enterarse de mi ausencia. Pfff... no quería ni pensarlo, ¿deberían estar buscándome? De ser así, ¿qué harían si se enteraban de que Sasuke seguía con vida? ¿Lo dejarían regresar o, por el contrario, lo sentenciarían en el acto arrebatándole la vida sin pudor? No... Naruto no lo permitiría, él no, pero... ¿Y el consejo? ¿La Alianza Shinobi? Todos estaban en su contra, lo tachaban de asesino... era...era un asesino...lo era y lo seguiría siendo hasta en fin de sus días ¿No podía hacer yo nada al respecto?
Alcé la mirada abatida, definitivamente mis pensamientos eran mis peores enemigos, conseguían dejarme por los suelos al borde de ahogarme con mis propias lágrimas ¿Cuándo había empezado a llorar? Débil, era débil.
Me levanté del suelo medio anestesiada por los nervios que acababan de invadirme, no podía dejar que descubrieran a Sasuke por mi culpa, todo esto había sido un error...
Caminé hacia la bañera blanca que hacía esquina casi sin ganas, al lado de ésta había un lavamanos con espejo y, en la pared opuesta, el WC. Todo estaba bastante limpio considerando que el propietario era un hombre y el aroma que flotaba en la estancia era agradable e incluso acogedor.
El habitáculo en sí no era muy grande, las paredes estaban embaldosadas en negro y blanco siguiendo el esquema de un tablero de ajedrez, al igual que el suelo, con detalles y ornamentaciones en gris.
Los productos de aseo estaban curiosamente colocados en uno de los tantos estantes, por algunos de los cuales colgaban dos o tres plantas de lo más extrañas, posiblemente medicinales a juzgar por su apariencia, que le daban un vivo toque de color a todo aquello.
Me puse encima de la alfombrilla gris y roja que residía frente a la bañera para desvestirme y graduar el agua del grifo hasta que estuvo a mi gusto, acabada dicha acción, me introduje en el translúcido líquido tibio.
Mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto ¿era posible que hubiera sido tan insensata? Karin tenía razón, era una locura que Sasuke me llevara con él, estaba arriesgando su vida... Me daba igual lo que a mí pudiera pasarme, él seria sentenciado lo miraras por donde lo miraras, eran tres naciones contra dos.
Pero... ¿por qué estaba aquella noche en la villa? Miles de dudas comenzaron a asaltar intermitentemente mi cabeza siendo yo incapaz de encontrar la respuesta o el enlace entre ellas. Algo no cuadraba, demasiadas cosas se estaban comenzando a escapar del alcance de mi mano.
Unos fuertes y enérgicos golpes en la puerta me hicieron volver a poner los pies en el suelo de un sobresalto.
―Sakura.―Me llamó sin retirar la frialdad en su tono de voz que tanto lo caracterizaba ―Tenemos prisa―añadió aporreando la puerta insistentemente.
―¡Ya voy!―grité a modo de respuesta, ¿a qué venía ahora esa repentina prisa?
Me incorporé lo más rápido que pude y, alcanzando uno de los botes de la repisa que había más a mano, comencé a enjabonarme mi corto pelo y el cuerpo embriagándome momentáneamente con la esencia del aquel jabón, para seguidamente enjuagarme a una velocidad rara vez vista en mí.
Salí de la bañera como alma que lleva el diablo, un momento... ¿y la toalla?
―¡Sasuke!―vociferé deslizando mi mirada por toda la estancia buscando el maldito trapo.
―¿Qué?―contestó, aún seguía tras la puerta. ¿Se estaba quedando conmigo?
―¡No tengo con qué secarme!―informé escurriéndome el pelo con tal de no mojar todo el suelo del baño, dejando que el agua cayera en la ya medio vacía bañera.
―Tengo yo la toalla―comunicó pasivamente.
―¿Sólo tienes una?―formulé incrédula, esto era el colmo.
―Una persona, una toalla―explicó con evidencia aplicando su lógica tan lógicamente lógica ... ¡hombres!―Toma―agregó a los escasos segundos entreabriendo la puerta con el objetivo de lanzármela.
La cogí al vuelo e hice el intento de enrollarme en ella. Acto seguido, acabé de abrir la puerta y salí de allí bajo la atenta supervisión del Uchiha, quién se encontraba recostado en el marco de la puerta.
Me dirigí exenta de vacilaciones hacia la cama dispuesta a recuperar mis zapatos, pero Sasuke me agarró de la muñeca pegándome un leve tirón consiguiendo de ese modo acercarme a él.
―No me gusta que huelas a mí―comentó en un susurro cerca de mi oído antes de arrastrarme hasta el baño cerrando la puerta tras de sí.
―Era el único champú que había―notifiqué mirándolo fijamente.―Por cierto, podrías haber dejado la toalla aquí cuando te vestiste en lugar de llevártela otra vez.―Le reprendí, no enfurecida, pero sí algo molesta.
―Hmp... Tenía que acabar de secarme el pelo.―Se excusó a su manera antes de pegar un tirón de la susodicha, la cual estaba empapada, dejándome a mí sin nada y sin saber exactamente de qué forma reaccionar.
―¿Qué haces?―atiné a demandar una explicación a los pocos segundos impregnando mi tono de atisbos de cabreo al tiempo que fruncía el ceño con sutileza un tanto nerviosa e inquieta ante la comprometida situación.
Él se mantuvo en silencio, analizándome con aquella intensa mirada durante un corto período de tiempo que yo misma rompí en un arrebato cuando mi mano se dirigió con fiereza hacia su cara, golpe que él evadió sin problema alguno ubicándose detrás de mí. Las mejillas me ardían, mi cara debía de estar escarlata. Fue entonces cuando sus labios se posaron cariñosamente en mi cuello comenzando a trazar formas con su lengua hasta llegar al lóbulo de mi oreja, el cual fue mordido placenteramente y envuelto por su ardiente aliento.
Yo no era dueña de mi propia persona en aquellos instantes, sus manos acariciaban con ternura mi pelo ocasionando que sus dedos se enredaran entre mis rosadas hebras.
―¿Qué... qué pretendes?―tartamudeé, la voz se me entrecortaba, ya era incapaz de hablar, intenté mantener el severo timbre de contrariedad que mi voz tenía instantes antes, pero esa idea era compleja y se me antojaba inalcanzable.
―Schhh... tranquila, no voy a hacer nada que tú no desees.―Me calmó a través de aquel cautivador murmullo en el que su voz sonó como salida del mismísimo cielo, tan inocente pero, a la vez, tan tentadora...
Noté cómo se distanció un poco de mi lado, por lo que yo me volteé queriendo averiguar que iba a hacer; mala idea, ya que al hacerlo me puso como una auténtica sopa dado que se había apoderado del teléfono de la ducha en aquel instante. Por suerte, el agua no estaba fría, pues al parecer se había molestado en atemperarla antes de atacarme.
―¡Sasuke!―Le llamé la atención alzando un poco la voz mientras me cubría intentando esquivar la repentina lluvia.
Él continuó empapándome hasta que yo actué abalanzándome sobre él consiguiendo medio acorralarlo en el pequeño espacio que había entre la bañera y el lavamanos. Allí logré apropiarme del condenado objeto tras un pequeño forcejeo nada fácil.
―¡Mío!―exclamé victoriosa apuntándole a la cara con el teléfono, lo mojé de pies a cabeza, bien poco me importó que ya estuviera vestido.
―Sakura...―protestó fastidiado mirándome a mí, para después proceder a observar su indumentaria, la cual se le aferraba al cuerpo peligrosamente, marcando cada una de las perfectas y ejercitadas formas con las que estaba dotado.
Resopló con aburrimiento y procedió a despojarse de la camisa dispuesto a escurrirla liberándola así de todo el peso del agua.
―Donde las dan, las toman―aclaré recogiendo la mojada toalla del suelo para cubrirme con ella.
―Hmp, que conste que lo has dicho tú.―Me advirtió deshaciéndose de los pantalones para también estrujarlos; por suerte, había una rejilla en el suelo que permitía que el agua acumulada en el embaldosado encontrara libertad por aquel conducto, menos mal que no quería mojar el impoluto suelo.
No habían pasado ni dos minutos, cuando el Uchiha volvió a arrebatarme la toalla, según él, para secarse.
―Bueno, paras ya ¿o qué?―pregunté, mi paciencia dentro de poco empezaría a escasear.
―No me hubieras mojado.―Me increpó con total tranquilidad en su voz sacudiéndose su rebelde cabellera.
―Sal que me vista, por favor―pedí probándolo por las buenas mientras hacía un ademán con la cabeza señalando la puerta, a lo que él respondió enarcando una ceja con incredulidad. ―Sasuke fuera―insistí ya con cierta imperatividad en mi voz.
―Sakura―comenzó a decir con un largo suspiro al tiempo que dejaba la toalla en el lugar que le correspondía, el colgador.
Yo lo miré con cansancio alargando la mano hacia el teléfono de la ducha, el cual aún estaba encendido.
―Disimulas muy mal―comentó cerrando el grifo de un manotazo sin retirar su penetrante mirada de encima de la mía, conseguía ponerme nerviosa. Avanzó un par de pasos vacilante, hasta ubicarse delante de mí, fue ahí cuando me cogió en brazos ignorando cada queja que emanaba de mi interior, dispuesto a salir del aseo.
Incluso fuera del baño, se negó a darme libertad, pues sus brazos me sostenían con fuerza y sus tentadores labios me arrebataban la capacidad de hablar posando tiernas caricias sobre los míos y descendiendo posteriormente hasta mi clavícula mediante un inigualable sendero.
―Sasu...ke―intenté replicar una vez más antes de derretirme en sus brazos, sabía cuáles eran mis puntos débiles y eso lo utilizaba a su favor.
Anduvo unos cuantos pasos más hasta que finalmente se detuvo frente a la cama, lugar en el que me depositó pausadamente. Él se arrodilló frente a ésta y comenzó a besarme la mano, el brazo, el hombro, la clavícula, el cuello y, en último lugar, se encontró con mis labios danzando a su compás.
Repitió la acción un par de veces hasta que finalmente se levantó del suelo y se recostó encima de mí procurando que yo no soportara todo su peso.
Hice amago de oponerme, cosa que no pasó desapercibida por su parte, por lo que me miró, clavó sus hipnotizantes ojos encima de los míos otorgándome la confianza que necesitaba, había caído en su juego.
―Tranquila―vocalizó en voz baja y con voz serena antes de posar sus labios nuevamente sobre los míos en un corto pero intenso contacto que él mismo interrumpió para posarlos sobre mi clavícula.
Instintivamente los volví a buscar, quería que me transmitiera más sensaciones a través de su boca, necesitaba estar segura. Él accedió degustándome con suavidad y pasión, danzando con mi lengua a una melodía sincronizada inventada por los dos, era perfecto; ahí lo entendí, esta vez ya no habría vuelta atrás.
Ambos deseábamos pertenecerle al otro y caer en la tentación, así que dejé de resistirme, sus agradables caricias acabaron de convencerme. Comencé a besarle el cuello, el pecho y el abdomen, dándole a entender que ya tenía mi consentimiento.
Él me miró queriendo cerciorarse de lo que yo le había transmitido, le sonreí con timidez y él volvió a besarme, reanudó su sendero de besos mariposa y se quedó estancado en mis pechos besando su contorno, masajeándolos, lamiéndolos y mordiéndolos, arrebatándome a mi innumerables gemidos que intentaba ahogar hundiendo mis dedos en su cabello. Descendió por mi barriga, besó mi ombligo y volvió a la búsqueda de mis labios.
―¿Estás segura?―indagó con voz suave y envolvente manteniendo su boca a pocos milímetros de la mía. Yo le besé como nunca antes lo había hecho y, titubeando un poco, enlacé mis piernas alrededor de su cintura despojándolo así de la única prenda que le quedaba.
Sonrió, sonrió de verdad, hacía años que no lo veía con esa expresión infantil esbozada en su rostro.
―Pararé en cuanto me lo pidas―anunció sin alterar su tranquilidad antes de poseerme.
Me aferré a su espalda como si mi vida dependiera de ello, apretando la mandíbula y cerrando los ojos con fuerza.
Lo hizo despacio y con cuidado, al sentirlo en mi interior, un gemido procedente de mi fuero interno invadió la estancia, el dolor, sin embargo, poco a poco fue desapareciendo. Sasuke se mantuvo estático aguardando a que me recompusiera, y, poco después, comenzó a moverse lentamente ocasionando que una placentera sensación comenzara a emerger en mi interior arqueando mi espalda y haciendo que yo me moviera siguiendo el ritmo que él había iniciado.
Alaridos de placer inundaban la estancia, él se encargaba de silenciarlos besándome con ternura. Nuestra respiración cada vez era más agitada, yo nunca había sido capaz de imaginar cómo sería sentirlo en mi interior, pero puedo asegurar que era mucho más de lo que jamás habría alcanzado a suponer.
Con cada embestida que me brindaba, mis gemidos iban a más acompañados de los de él; ambos intentábamos silenciarnos mutuamente con los labios, o con el cuerpo en general del otro. Sasuke, a medida que transcurría el proceso, iba acelerando la marcha sin darse cuenta, completamente embriagado por el frenesí y el placer; yo no oponía resistencia alguna ya que me encantaba, porque a pesar de todo, procuraba ser cuidadoso.
―¿Sa...kura?―Se interesó con la respiración agitada besando mis mejillas descendiendo poco después hasta el cuello al percatarse de que había comenzado a ir más rápido de la cuenta a causa de la intensidad de mis gemidos.
―Está... bien―corroboré en tono ahogado intentando recobrar algo de aire al tiempo que movía mis cadera siguiendo el ritmo de sus ahora poderosas embestidas.
Alentadores gemidos surgían inconscientemente de mi interior ocasionando que Sasuke diera una última pero profunda arremetida en mí que nos arrebató a ambos un tremendo alarido embriagado de placer causado por la cálida sensación que acababa de emerger en mi interior.
Sasuke buscó mis labios y yo los encontré proporcionándonos un largo e inigualable beso que nos mantuvo un buen rato entretenidos mientras él salía de mi interior minutos después.
Los dos nos quedamos tumbados boca arriba, recuperando todo el aire que habíamos perdido, no nos lamentaríamos en absoluto de lo que acabábamos de hacer; había sido lo mejor que me había pasado en mi vida.
Miré a Sasuke, estaba exhausto y a la vez hermoso con su oscura mirada perdida en la penumbra del techo... El sudor brillaba en su cuerpo de magníficas proporciones, su pecho subía y bajaba con cada bocanada de aire que tomaba procurando calmar su acelerada respiración. Tenía la boca entreabierta dejando escapar el aire que ya no necesitaba y su rebelde cabellera oscura le salpicaba la cara.
Sin que yo me lo esperara, dejó caer su rostro hacia un lado haciendo que sus orbes se fijaran en mi arrancándole una torcida sonrisa.
Alargó uno de sus trabajados brazos hacia mí consiguiendo rodearme por la cintura para acercarme hacia él.
Mi respiración dejaba también mucho que desear y me sentía empapada, pese a eso, Sasuke me estrechó con fuerza contra su cuerpo hasta que finalmente me acurruqué en su cálido pecho bajo la protección de su mirada.
―Gracias―murmuré rodeándolo también con mis brazos sintiendo como besaba el inicio de mi rosada cabellera.
Poco después, comenzó a depositar cortos pero apasionados besos por mis mejillas, mi frente y mi nariz para, finalmente, comenzar a explorar mis labios nuevamente al tiempo que con sus manos analizaba cada parte de mi figura.
―Te amo―susurré a su oído sin deshacer el abrazo mientras le mordía el lóbulo de su oreja.
―Sabes que yo más.―Se sinceró en voz baja devorando mis labios.
Con su ayuda, estiramos de la negra sábana quedando así ocultos bajo ésta para así poder explorar el cuerpo del opuesto en profundidad diciéndonos cosas tan sólo entendibles para nosotros.
Ya no había dudas, lo amaba y él a mí, demostrado había quedado y así sería por siempre.
Fin del cap!
Lo prometido es deuda, espero no haberos defraudado!
Informo que he hecho algunos cambios en los capítulos anteriores, principalmente en los primeros, que no afectan en absoluto a la trama central ya que básicamente son una mejora de la narración. También les he puesto título a los capítulos, ya iba siendo hora. El único cambio importante ha sido el de edad, pues he decidido sustituir los 19 años por los 20, simplemente eso.
Disculpas por las molestias, sayo!
Me merezco reviews, ¿no?
