Capítulo 13: Sospechas

El cielo comenzaba a teñirse de tonos sutilmente anaranjados indicando la entrada de las primeras horas de la tarde, buena noticia para los integrantes del segundo grupo de rastreo, quiénes no tendrían que soportar más el calor otoñal del mediodía bajo el cual llevaban corriendo horas y horas asumiendo el liderazgo de la Mitarashi; gracias a la cual habían acabado en el lugar en el que precisamente se encontraban. Pues según ella, habían tomado el atajo perfecto.

Hacía cerca de diez minutos que habían dejado atrás el bosque por el que aquella misma mañana se adentraron y ahora se estaban aproximando a la boca de una descomunal cueva donde el feroz viento aullaba recorriendo cada recoveco del lugar buscando una salida.

―¿Contenta?―formuló sarcásticamente Ibiki mirando a la del moño sin dejar de observar de vez en cuando el lugar en el que habían acabado gracias a la discípula de Orochimaru que tenía por compañera.

―No, reventada―matizó la aludida airosa tomando asiento sobre una roca ubicada al lado de la entrada de la gruta.

―Qué problemático―bufó Shikamaru retrepándose contra un árbol de mala gana con las manos metidas en los bolsillos dejando que su mirada se perdiera por la inmensidad del cielo.

―¡Nara!―Le reprendió Anko lanzándole agresivamente un kunai exenta de vacilaciones, objeto que le atravesó la coleta quedándose de ese modo clavado en el tronco del árbol. ―¿Y tú perteneces al escuadrón de inteligencia?―agregó la misma con desconcierto―Suerte tienes de que no sea yo la superiora de tu sección, no entiendo cómo has podido acabar trabajando en el mismo sitio que mi persona.

Éste simplemente suspiró con pesadez rodando los ojos mientras intentaba retirar el arma de su cabellera procurando evitar un corte de pelo improvisado.

―Si no te va bien el sendero que he escogido, coges a tu supuesto coeficiente intelectual y a tu vagancia crónica para buscar la dirección correcta ¿estamos?―Dejó claro la imponente mujer comenzando a perder los pocos papeles que le quedaban.

―Eso es precisamente lo que voy a hacer, pero... dentro de un rato, quiero descansar― notificó Shikamaru sentándose en el suelo tras haber dejado resbalar a su espalda por el tronco del árbol.

―¡¿Cómo que dentro de un rato?!―saltó Ino al observar la falta de colaboración de su compañero.

―¡Pues eso, dentro de un rato!―repitió el Nara alzando la voz harto de la situación.

―¡Dejad de gritar de una vez, hostia!―intervino una autoritaria Anko levantándose con brusquedad, lo único que le faltaba era tener que escuchar peleas de adolescentes.

―Anko-san...―murmuró una preocupada Hinata en un intento de llamar su atención, en vano, puesto que fue ignorada totalmente.

―No sé vosotros, pero el dinero que me va a aportar ésta misión me es muy necesario, así que si vosotros no estáis por la labor, no es mi problema―aclaró la pelimorada dispuesta a adentrarse en la cueva, a estas alturas era la mejor opción que tenían.―Además, vuestra adorada compañera no lo debe de estar pasando demasiado bien, eso contando con que siga con vida, así que haced el favor de comportaos como lo que sois―Les sermoneó seguidamente mirándolos a todos y cada uno de ellos de forma fulminante antes de voltearse para iniciar con el paseo de espeleología topándose con una repentinamente atrevida peliazul que le cortaba el paso.

―Etto...―comenzó a decir la ojiperla en un intento de explicarse bajo la desafiante mueca que acababa de apoderarse del rostro de la Mitarashi.

―Hyûga, si andamos llegaremos a algún lugar, así que apártate de mi camino―exigió la ojicaramelo intentando mirar por detrás de Hinata queriendo comprobar la inmensidad de la gruta.

―¿Cómo vamos a llegar a algún lugar si la cueva no tiene salida?―interrogó desconcertado Ibiki tomando cartas en el asunto.

―¿Y cómo explicas entonces las ráfagas de viento que proceden de su interior?―Lo silenció Ino dejándolo con cara de tonto.

―Si tuvieras pelo te habrías dado cuenta―bromeó Anko no haciéndole mucho caso, pues estaba más centrada en intentar apartar a la joven de en medio.

―¡No es eso!―exclamó Hinata rechazando los empujones que la dama de las serpientes le propinaba con sutileza queriendo abrirse paso.

―¿Entonces?―Se interesó la pelimorada deteniéndose para prestarle atención mientras fijaba su mirada sobre la de su ex-alumna percatándose del serio semblante que ésta mostraba.

―No estamos solos―informó la Hyûga ya con el Byakugan activado bajo la atenta mirada de todos sus compañeros.―Es un chakra ajeno a nosotros y muy débil, apenas lo aprecio―añadió analizando todo cuanto sus ojos eran capaces de percibir.

―En tal caso...―meditó durante escasos segundos la dama de las serpientes―Vayamos a averiguar quién es―concluyó decidida sin retirar su opresora mirada de encima de la peliazul aguardando a que ésta se apartara de su camino antes de que ella misma optara por quitarla.

―Mitarashi, se acabó tu momento de gloria―notificó Ibiki cogiéndola del brazo para sacarla de la entrada de la cueva ocasionando que ésta le lanzara una intimidante mirada de advertencia. ―Hyûga al frente, tú nos guías―ordenó seguidamente ignorando las quejas de su compañera de trabajo.

La aludida simplemente asintió obedientemente antes de comenzar a caminar despacio y con cautela por la húmeda y sinuosa cueva esquivando las puntiagudas estalagmitas que invadían parte del suelo con propiedad.

El frío viento que silbaba grotescamente recorriendo cada recoveco del lugar, azotaba con estremecedoras caricias el fino rostro de la kunoichi haciendo que su larga cabellera se agitara a su compás acompañando al reiterante goteo del agua que se deslizada con una elegancia escalofriante por cada amenazadora estalactita. La melodía que formaban conjuntamente el sonido sobrecogedor del viento unido a las tintineantes perlas que pendulaban del techo agoniosas por caer, le otorgaba a la gruta una sensación de espeluznante calma digna de admiración.

A medida que la joven avanzaba, la penumbra lo hacía con ella incrementando la oscuridad, así como la amplitud y el eco del lugar. Aquello parecía no tener fin.

―Venga Anko-san, yo te ayudo.―Se prestó Ino una vez que su amiga tomó la delantera temerosa de que la embarazada se resbalara siendo consciente de la humedad del lugar, la cual había formado algunos charcos sobre el irregular suelo rocoso.

―Esta me la pagas, taladrado―advirtió la pelimorada no de acuerdo con ir ella en medio de la cola observando como el examinador teórico de los exámenes Chunnin le pasaba delante colocándose a escasos pasos de la ojiperla.

―Esto no tiene sentido―bufó cansinamente Shikamaru desde un par de metros de distancia de los otros mientras entraba no muy convencido en la caverna cerrando así la fila.

El grupo recorría el inhóspito lugar, semejante a un amplio pasadizo echo a manos de la naturaleza, avanzando con lentitud debido a la oscuridad y a las numerosas rocas y accidentes geológicos que les dificultaban notablemente el paso.

Los cabezazos y los resbalones eran bastante frecuentes, por lo que con pies de plomo y dejándose un pequeño margen de distancia entre ellos por si alguien se caía, seguían a Hinata en la distancia.

Las resbaladizas paredes les servían de punto de apoyo, de manera que la gran mayoría de ellos caminaban aferrándose a ellas temerosos de pegar algún patinazo inesperado.

El Nara iba en último lugar analizando con curiosidad el lóbrego lugar avanzando con cierta despreocupación, prestando más atención a las peculiares formas del techo que a las abruptas irregularidades del suelo, fue entonces cuando dio un paso en falso pisando una traicionera piedra que provocó su caída acompañada de un estrepitoso sonido que hizo que todos sus compañeros se voltearan de inmediato.

―¡Si es que no eres más torpe porque entonces acababas en pato!―vociferó la Mitarashi deteniendo el paso ante el estruendo que provocó que un par de estalactitas se tambalearan.

―¡Pero te quieres callar!―instó la Yamanaka en un arrebato no pasando por alto la inestabilidad que al parecer presentaba el techo pegándole un brusco tirón del brazo por el que la tenía agarrada a modo de aviso con sus azulados orbes aún clavados con cierto temor en el techo.

―Eso es, gritad más.―Les increpó Shikamaru mientras intentaba incorporarse ignorando las agudas punzadas de dolor que habían comenzado a acribillarle intermitentemente el tobillo.

―¡He encontrado la salida!―Se oyó gritar a Hinata en la lejanía, quién se mantenía ajena a todo lo sucedido centrada en el punto de luz que percibía a unos metros de distancia de su posición.

Aquella fue la gota que colmó el vaso, todos aquellos sonidos provocaron que las estalactitas comenzaran a desprenderse, una tras otra, dando lugar a una mortífera trampa.

―¡Corred!―ordenó Ibiki jalando del brazo de la Mitarashi con el objetivo de que ésta pasara delante ya que ella no estaba precisamente para eso.

La Hyûga, al percatarse de la escena que se estaba aconteciendo a sus espaladas, corrió como alma que lleva el diablo hasta apoderarse de la mano de la examinadora, arrastrándola tras ella hasta lograr salir de allí por la oquedad que había encontrado instantes antes.

Una vez que la dejó fuera de peligro, volvió a adentrarse en la gruta, esquivando de la mejor manera que podía aquella peligrosa lluvia hasta poder acceder a los otros tres, quienes avanzaban con dificultad debido a la cojera de Shikamaru.

―Joder... ahora no puedo curarte.―Se lamentaba Ino intentando andar cargando con su compañero junto con la ayuda de Ibiki.

―¡Cuidado!―alertaron los dos hombres horrorizados al observar como una de las estalactitas se precipitaba directa hacia la ubicación de la rubia, quien la esquivó de milagro ganándose una fuerte contusión en el hombro, el dolor de la cual procuró reprimir con profesionalidad.

―Salid vosotros, yo me quedo aquí―notificó el de la coleta con firmeza aseverado su expresión no pudiendo pasar desapercibido ante lo que le acababa de pasar a su antigua compañera de equipo, palabras que hicieron que la rubia le lanzara una dura mirada de desaprobación acompañadas de algún posible "Y una mierda", que jamás llegó a pronunciar dado que se le adelantaron.

―¡Dejadme sitio!―ordenó la ojiperla desde escasos metros de distancia acercándose a ellos con rapidez elaborando una apresurada secuencia de sellos.―¡Shugo Hakke Rokujūyon shō!―añadió seguidamente ocasionando que el escudo de las 64 palmas protectoras los rodeara a todos ellos con eficacia después de que la kunoichi se hubiera ubicado en el centro del pequeño grupo.

―¡Hinata-chan!―Se alegró Ino agradecida de ver que su compañera se encontraba bien, con tan sólo un par de rasguños.

―Hyûga, ¿crees que podrías alargarlo hasta que acabe el desprendimiento?―cuestionó Ibiki interesado por la utilidad de aquel magnífico jutsu mientras aprovechaba para cargarse a Shikamaru al hombro.

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Entre tanto, fuera, la Mitarashi se encontraba observando con atención el lugar donde la novia del Hokage la había dejado.

Era una especie de bosque poco frondoso, como si fuera el claro de uno de mayor envergadura, rodeado por prominentes y espesos árboles de dimensiones y antigüedad considerables, en el cual, se abría paso otra cavidad rocosa a varios metros de distancia de la anterior. La curiosidad acabó comiéndose a la discípula de Orochimaru, quien no pudiendo controlar por mucho tiempo más su instinto indagador, se aproximó a la entrada de dicha gruta.

Mientras andaba, pisó algo , objeto que a juzgar por el sonido que emitió, lo más probable era que se hubiera roto.

Levantó el pie del lugar pudiendo visualizar de esa manera unas gafas con los cristales un poco desquebrajados.

―¿Puedes pasármelas?―postuló una voz femenina que no infundía excesiva confianza, la cual emergía de detrás de uno de los árboles que había por allí.

―Agáchate tú―contestó Anko de mala manera frunciendo levemente el ceño al observar, momentos después, a una pelirroja que iba a tientas para evitar chocarse con algo mientras se le acercaba dando cortos e indecisos pasos careciendo de la certeza de dónde pisaba.

Definitivamente las gafas eran suyas.

La Mitarashi se la quedó mirando descaradamente y con cierto regocijo mientras se recostaba en su habitual plan pasota sobre la áspera entrada de la nueva cueva que había encontrado.

La chica continuó andando, ajena a los intimidantes orbes de la ojicaramelo, hasta que optó por ponerse a gatear para poder encontrar así sus lentes.

―Tú eras miembro de Taka ¿cierto?―interrogó la del moño sin retirar su amenazadora mirada de encima de Karin, contemplando como ésta se colocaba las extraviadas gafas una vez que logró dar con ellas.

―Taka quedó disuelto tras la muerte de su fundador, Uchiha Sasuke―informó la joven secamente incorporándose del suelo, pudiendo de ese modo encarar a la Jonnin que la examinaba con los brazos cruzados.

―Ya, pero resulta que hay un par de cosas que no nos cuadran en Konoha respecto a lo de esa defunción―comenzó a decir la pelimorada con su imponente y desafiante tono de voz.

―En Konoha nunca os cuadran las cosas, sois de lo peor que ha podido existir en el mundo shinobi―soltó la muchacha de rojiza cabellera sin rodeos.

Aquellas palabras produjeron que un par de kunais procedentes de la gabardina de la Mitarashi la dejaran inmovilizada clavándose en ambas mangas de aquella especie de chaqueta que Karin llevaba y, finalmente, en el árbol que había tras ella.

―El siguiente irá al cuello, no sé como lo ves―amenazó Anko poniéndose seria, ya se habían terminado las tonterías.

―Je―vaciló la joven sorprendida por la falta de consideración de aquella mujer―¿Qué clase de información quieres?―agregó seguidamente mirando a su atacante por encima del cristal de los lentes.

―¿Vas a proporcionármela?―indagó directamente la ojicaramelo.

―Depende...―titubeó Karin trazando una malévola sonrisa de medio lado en sus labios ocasionando que un mohín de desconfianza atentara fugazmente contra la severa y presuntuosa expresión de la dama de las serpientes, quién recuperó de inmediato la compostura.

―Hace dos noches desapareció una kunoichi médico de nuestra villa y lo cierto es que no he dejado de darle vueltas al asunto, pues creo que dicho suceso tiene relación con el extraño asesinato de nuestro querido shinobi renegado―explicó la pelimorada su teoría revelando de esa manera aquello que llevaba dándole vueltas en la cabeza desde un primer momento pero que hasta ahora no había revelado, pues la situación de los de la villa ya era lo bastante peliaguda como para meter más el dedo en la yaga.

―No le encuentro relación alguna―atajó la chica de orbes rojizos.

Ante esas palabras, una expresión de crispación se esculpió en el rostro de la Jonnin, quién apropiándose de un kunai extraído de la manga diestra de su ocre gabardina, atentó contra la parte más noble de la muchacha, pues el arma acabó incrustada en la madera del tronco, a un par de milímetros más abajo de la entrepierna de su prisionera; la cual se espatarró atemorizada ante los prontos de aquella loca embarazada.

―Sé que mientes Karin, al igual que sé que mi teoría no es del todo errónea. No te atrevas a llevarme la contraria, no te lo toleraré una vez más, niñata―siseó la del moño a modo de advertencia agravando su amenazador tono de voz.―Ahora, vas a contestar a todo cuanto te pregunte ¿estamos? A ver si aprendes que una embarazada puede llegar a ser más peligrosa que un escuadrón de ANBUs entero―prosiguió hablando, elevando la voz paulatinamente mientras se le aproximaba con pasos decididos y resonantes capaces de infundirle respeto a cualquiera.―¡Contesta!―gritó cogiéndola violentamente por el cuello de la chaqueta una vez que se ubicó delante suya.

―¡¿A qué quieres que te conteste si no me has preguntado nada?!―Se defendió la de las gafas sosteniéndole la dura mirada a su interrogadora.

―¿A no? ¿Estás segura de que no te he preguntado nada?―formuló enfurecida la examinadora acentuando la opresión de su agarre, tanto, que acabó rasgándole la ropa por la zona donde los kunais la mantenían aferrada al árbol, lanzándola posteriormente al suelo con desprecio.―Te lo advierto, procura no soltarme más vaciladas de semejante calibre si aprecias tu existencia―aconsejó sin quitarle el ojo de encima observando como la joven se palpaba las raídas mangas de su ahora destrozada prenda de vestir―Hay una cosa que se llaman indirectas, las cuales, al parecer, tú no captas... ¡¿Dónde está Haruno Sakura?!―acabó vociferando la Mitarashi mientras hacía que numerosas serpientes descendieran desde sus brazos hasta rodear el cuerpo de su presa dejándola así completamente inmovilizada y maniatada.

El silencio fue todo con lo que se encontró, pues a pesar de que le mantenía sus acaramelados orbes fijados de forma estremecedora sobre ella, la joven parecía no estar por la labor de responder.

―Vamos, habla, no tienes escapatoria―presionó la discípula de Orochimaru haciendo que sus reptiles incrementaran la presión que ejercían sobre el cuerpo de la prisionera.―No aceptaré un no por respuesta―añadió.

―N-no sé... dónde está ella, ni... ni siquiera sé... quién es...―declaró costosamente la pelirroja comenzando a notar la falta de oxígeno debido a la dificultad que sentía para respirar.

―¡Tú eres imbécil ¿no?! Sí, es eso, a ti no te llega el riego―explotó la Jonnin perdiendo los estribos―¡Si te digo que no acepto un no por respuesta, ¿para qué coño me sueltas que no tienes ni idea, pedazo de capulla?!―demandó seguidamente una explicación intensificando notoriamente el flujo de su chakra a fin de que las serpientes multiplicaran la fuerza del agarre.

Karin empezó a balbucear cosas y a retorcerse en el suelo bajo la autoritaria mirada de la Mitarashi, hasta que, finalmente, la falta de oxígeno fue excesiva y calló aturdida en un estado de semiinconsciencia.

―Anko, si la matas, poco vamos a hacer―anunció Ibiki saliendo de la cueva seguido del resto de integrantes del grupo.

―Ya puedes dejarme en el suelo―pidió Shikamaru no muy conforme con viajar en el hombro del Jonnin, quién obedeció dejándolo sentado sobre una de las rocas.

―No te muevas hasta que no te mire ese tobillo―instó Ino, también saliendo de la cueva, ayudando a Hinata a caminar.

La examinadora de los exámenes Chunnin deslizó su mirada por todos y cada uno de ellos deteniéndola extrañada sobre la Hyûga.

―¿Qué le ha pasado?―Se preocupó sin retirar sus orbes de encima de la chica.

―Sólo necesita recuperar algo de chakra, se ha forzado demasiado manteniendo activado su jutsu hasta que ha finalizado el derrumbe―informó la Yamanaka dejándola sentada con cuidado junto a Shikamaru para proceder a curarle la torcedura al mismo.

―Anko.―La volvió a llamar Ibiki al comprobar que había pasado de él.

―Ya voy...―Se resignó la aludida aflojando la atadura de la antigua integrante de Taka.

―Bien, levántate―imperó el calvo aproximándose hacia la muchacha de rojo cabello bajo la mirada de desacuerdo de la pelimorada.―Vamos a hacerte un pequeño interrogatorio sobre la muerte de Uchiha―agregó deteniéndose ante ella.

―¿Y qué hay de Sakura-chan?―interrumpió Ino sin desatender la cura que estaba realizando.

―Continuaremos con la búsqueda de Haruno, pero ahora que tenemos a una persona cercana a Sasuke, intentaremos sacarle algo de información y después ya seguiremos con lo nuestro―argumentó el examinador teórico de los Chunnin.

―Esa no va a hablar tan fácilmente―refunfuñó Anko estirando de sus serpientes para levantar a la debilitada Karin ya que al parecer ella no estaba por la labor.―Si que tienes los pulmones flojos―comentó a los pocos segundos no acabando de entender cómo había podido perder tantas fuerzas por unos minutos sin aire teniendo en cuenta que era una shinobi.

―A ver, me haces daño―protestó ésta al notar nuevamente presión en su cuerpo.

―Oh...pobrecita―pronunció la Mitarashi con ternura fingida en su voz―Sabes qué, ¡qué te jodes!―anexionó seguidamente al tiempo que pegaba un fuerte tirón de sus serpientes provocando de esa manera que la pelirroja se levantara instantáneamente.

―Veamos Karin, una pregunta simple ¿dónde está el cadáver de Uchiha?―interrogó Morino desafiando la retadora mirada escarlata de la ex-Taka.

―Y yo que sé―respondió ella cortante girándole la cara con altanería rompiendo así el contacto visual.

―Ya... ¿segura?―insistió el calvo con paciencia.

―¡¿Estás sordo o qué?! Te he dicho que no lo sé, ese pirado era un imbécil suicida con sed de sangre, no me extraña que se lo acabaran cargando―declaró la joven empezando a hartarse de la situación.

―¿Reconociste de que nación eran los que lo llevaron a cabo?―formuló sin ofrecer tregua intentando rascar algún dato clave.

―Sí, claro, no tengo otra cosa mejor que hacer mientras intentan matarme que ponerme a averiguar de qué villa proceden mis futuros verdugos.―Se cachondeó Karin con sarcasmo tiznando su voz antes de que una mueca de dolor se apoderara de su rostro por cortesía de los reptiles de la Mitarashi.―No, no lo sé, eran ANBUs, iban enmascarados, no se les veían los protectores de identificación―confesó bajo la concentrada mirada del Jonnin.

―Entiendo...―Se quedó pensativo el interrogador―¿Pudiste reconocer algún jutsu distintivo o algún chakra fuera de lo común?―probó suerte guiándose ésta vez por las técnicas del enemigo.

―Tengo suerte de estar viva, créeme que si tú hubieras estado en mi situación también hubieras salido por patas. Había de todo, tanto chakras de naturaleza ígnea, como acuática, de viento, de rayo...―explicó siendo de todo, menos esclarecedora.

―De acuerdo, lo dejaremos aquí―suspiró Ibiki con pesadez dándose cuenta de que así no iban a llegar a ningún sitio.

―¿Puedo irme ya?―indagó Karin sin tener muy claro si mirar a aquel que la había interrogado, o a la sádica zumbada que la estaba sujetando.

―¡No!―pronunciaron ambos examinadores de forma tajante.

―¿Nos ponemos ya en marcha?, no quiero perder también a Sakura―pidió Ino haciéndose un hueco en la conversación una vez que hubo terminado de adecentar el tobillo del Nara.

―Ino-chan...―murmuró Hinata apreciando el dolor que albergaban los celestes orbes de la rubia.

―A ver, ni de coña me ponéis a mí a patear una noche entera―protestó la Mitarashi poniendo los puntos sobre las íes a sabiendas de que la tarde pronto llegaría a su fin.

―Anko-san, esto es un escuadrón de búsqueda y rastreo; no podemos permitirnos descansar hasta avanzar con la misión. Aún no hemos averiguado nada sobre el paradero de la Haruno y como bien dice Ino, debemos continuar hasta tener alguna pista―explicó Ibiki competentemente ganándose una mirada por parte de la Jonnin a la que no todo el mundo sobrevive.

―Ibiki.―Le llamó la atención su compañera―¿Sabes que no es conveniente llevarle la contraria a una embarazada?―cuestionó manteniendo sus orbes ligeramente entornados fijados sobre los de él.

―Anko, yo te veo con energía suficiente como para avanzar un poco más―opinó él.

―Claaaro...―pronunció ella sarcásticamente.―Pero es que resulta que como siga explotando mi chakra de ésta manera, lo voy a agotar antes de hora―Dejó caer "disimuladamente" desviando su mirada hacia la retenida, culpándola de su supuesto descenso radical del chakra por mantenerla atada con sus preciados reptiles.

―Shikamaru, átala―ordenó el líder del grupo.

El Nara, al oír las palabras de su superior, enarcó una ceja y acto seguido se retiró del lado de Ino y de Hinata con parsimonia para dirigirse pausadamente hacia la antigua integrante de Taka.

―Pfff... de aquí a que llegue me habrá dado un paro―bromeó la Mitarashi con aquel divertido tono que tanto la caracterizaba.

Shikamaru optó por ignorarla y continuar con lo suyo. Una vez que se ubicó delante de la prisionera, extrajo una cuerda de su mochila y procedió a atarla.

―Ya puedes soltarla―informó el de la coleta mirando con pereza a Anko, quien no dudó ni un segundo en deshacer su técnica encaminándose poco después hacia un árbol para recostarse contra el tronco de éste liberando un pesaroso suspiro.

―Por mucho que me retengáis, no vais a conseguir más de lo que ya os he dicho―manifestó la que un día fue compañera de Sasuke denotando altivez y seguridad en su voz.

―Y a mí qué me cuentas―respondió el Nara al comentario encogiéndose de hombros antes de voltearse con el objetivo de dirigirse nuevamente hacia su posición inicial.

Karin deslizó rápidamente su furtiva mirada por todos los presentes y, tras comprobar que nadie le prestaba atención, deshizo hábilmente y sin apenas esfuerzo su atadura. Acto seguido, roció con aquel extraño veneno rosa que siempre llevaba encima a la persona que tenía más cerca en aquellos instantes, Shikamaru, quién se desplomó en cuestión de décimas de segundo; tiempo suficiente como para que el resto de sus compañeros rodearan a la muchacha poniéndose en guardia impidiendo así su huida.

―¡Shintenshin no Jutsu!―La Yamanaka no dudó ni un instante en actuar, pues le sobró tiempo para realizar su técnica de transferencia mental provocando que su cuerpo quedara inconsciente bajo la supervisión de la ya más estable Hinata, mientras que el de Karin se mantenía estático gracias al control que la rubia estaba ejerciendo sobre él.

Segundos después, el Nara desveló el cambiazo ubicándose tras la pelirroja.

―Kagemane no Jutsu―murmuró a sus espaldas asegurándose así que ésta se quedara bien quietecita cuando Ino la liberara, al fin y al cabo, su sombra imitadora era infalible.

―¡Bien hecho, Ino-chan!―La felicitó la ojiperla una vez que la alumna del difunto Asuma regresó a su cuerpo.

La rubia correspondió con una sonrisa victoriosa lanzándole una mirada de complicidad al Nara, su formación seguía siendo perfecta.

―¡Si es que ni el nudo de una puta cuerda!―Le reprendió la pelimorada enfurecida al vago agachándose para apoderarse ella de la soga.

Todas las miradas se fijaron en ella con desconcierto y algo de miedo, temerosas de su siguiente actuación.

Anko atravesó con andar decidido los escasos pasos que la separaban de la kunoichi apresada dispuesta a enrollar fuertemente el utensilio alrededor del cuerpo de la joven con cierta presión, atadura que aseguró con un eficaz nudo que dejaba un trozo de cuerda libre para permitir que alguien la cogiera.

―Libérala―imperó la mujer de morada cabellera mirando mosqueada al de la coleta.

Éste le hizo caso y, entonces, ató el extremo de la soga a uno de los árboles dejando así a Karin vetada de cualquier libertad de movimiento.

―¡Quién se atreva a negarme mi derecho a dormir esta noche, no verá amanecer mañana! ¿estamos?―Se impuso la ojicaramelo autoritariamente clavando amenazante sus orbes sobre cada uno de sus compañeros haciendo que estos callaran por seguridad propia.

Los allí presentes dieron por sentado que Sakura tendría que esperar, pero bueno, al menos tenían cautiva a una ex-miembro de Taka gracias al aviso de Hinata y, poco después, a la intervención de la Mitarashi, seguida de la espléndida colaboración en equipo de Ino y Shikamaru.

Todos optaron por acomodarse de la mejor manera que pudieron en aquel claro del bosque ubicado entre dos extrañas cuevas: la Hyûga y la Yamanaka se recostaron sobre sus mochilas tumbadas en la hierba y comenzaron a hablar, el Nara se estiró cerca del árbol donde estaba Karin, Anko se encaramó, nadie sabe cómo, a la copa de uno de los árboles e Ibiki, se quedó sentado delante de la hoguera que escasos minutos antes había encendido, contemplando cómo los últimos rayos de sol se ocultaban en el horizonte.

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Una agradable sensación logró sacarme de mi profundo estado de somnolencia de manera dulce y cariñosa.

No quería abrir los ojos, me gustaba disfrutar del placer que me producían sus labios al recorrer suavemente la extensión de mi cuello.

Me encontraba acurrucada sobre su pecho con ambos brazos rodeando su espalda, él, por su parte, me mantenía aferrada a su cuerpo con una de sus manos en mi cintura y con la otra acariciándome tiernamente el pelo.

―¿Has dormido algo?―Se interesó Sasuke deslizando su mano desde mi cabeza hasta una de mis mejillas provocando de ese modo que yo abriera lentamente los ojos encontrándome con aquella arrebatadora mirada.

―Lo que tú me has dejado―afirmé buscando sus labios.

Él encontró los míos sin dificultad alguna dejándome casi sin aire después de aquel espectacular beso en el que pude notar como una leve sonrisa maliciosa se trazada en su boca ante mi comentario.

―Tú tampoco me has dado mucha tregua.―Se defendió él poco después robándome cortos pero intensos besos en mis sonrojados labios sin darme opción a hablar.

―Sasu...ke―pronuncié en uno de los intervalos entre las caricias que nos brindábamos mutuamente mientras intentaba controlar mi ya agitada respiración.

―¿Mmm...?―Me prestó atención en un nuevo lenguaje que superaba al monosilábico sin querer dejar libres mis labios ya que no cesaba de reclamarlos con poderío.

―Te...tengo que vestirme―informé dificultosamente correspondiendo con gusto todas sus lujuriosas muestras de afecto.

―Hmp, ¿segura?―cuestionó posicionándose nuevamente encima de mí iniciando un sendero de besos que comenzaba en la comisura de mis labios y que continuaba por mi cuello, siguiendo por la clavícula y deteniéndose en mis pechos, los cuales comenzó a besuquear posesivamente.

Me deshacía, era imposible resistirse a eso y él lo sabía aprovechándolo a su favor. Mis dedos comenzaron a pegarle leves tirones de sus negros y rebeldes mechones acompañando así a los involuntarios gemidos que se me escapaban y que lo alentaban a continuar.

Fue entonces cuando él optó por retirar la arrugada sábana que me tapaba, poco, pero me tapaba; no sé cómo lo hizo ya que no tuvo la necesidad de quitarse de encima de mí, seguramente le pegó un tirón y ya está.

Después de eso, continuó con su sendero hasta llegar a mi ombligo, donde se detuvo unos segundos antes de volver a comenzar siguiendo el rastro de sus húmedas y rosadas marcas que había ido dejando por todo mi abdomen.

Nuevamente llegó hasta mi boca con la intención de apoderarse de ella, no obstante, yo me adelanté a sus actos arrebatándole el beso, acto que él respondió mordiéndome levemente a modo de protesta; por suerte, supe cómo arreglarlo entrelazando mi lengua con la suya.

Estuvimos así hasta que por desgracia se nos agotó el aire, suspiré fastidiada, odiaba tener que separarme de él.

Sasuke se me quedó mirando fijamente, su semblante se había tornado serio e intimidante de sopetón. Se retiró de encima de mí con brusquedad incorporándose poco después abandonando de esa forma la cama. Observé atónita cómo se encerraba en el baño con un tremendo portazo.

¿Ahora qué le pasaba?

Lo vi salir del aseo instantes después, únicamente llevaba puesta su ropa interior y cargaba con sus pantalones y camisa, los cuales estaban chorreando debido al incidente de la ducha. Los tiró fieramente al suelo y se encaminó hacia los cajones del armario.

De allí sacó una nueva vestimenta compuesta por unos pantalones semejantes a los anteriores y una camisa gris oscuro holgada, de manga corta y cuello alto con la cremallera a medio abrochar, destacaba el emblema Uchiha en la parte posterior.

Dejó la ropa mojada colgada en una percha, la cual depositó en la barra de la cortina de la bañera después de haberse vestido.

Finalizadas dichas acciones, se detuvo junto a la mesa que presidía la confortable estancia rebuscando algo en el cajón que ésta poseía.

La sangre dejó de fluir por mis venas cuando cruzó sus orbes con los míos momentáneamente una vez que encontró lo que andaba buscando. Ahora su mirada estaba impregnada de la tonalidad sanguinaria del sharingan, aquel contacto visual ocasionó que mi corazón comenzara a repiquetear con fuerza contra mi pecho; pues no era el sharingan de siempre.

Era aquel que yo llevaba años sin ver, aquel que tiznaba sus ojos cuando casi acaba con la vida de Naruto y viceversa. Aquel que tornaba su pupila en una estrella roja de seis puntas otorgándole al iris una tonalidad más oscura que la de la mismísima noche, superior a su color natural.

Aquellos iracundos orbes eran la representación del mal en su más elevado auge ¡¿Qué narices estaba pasando?!

Comencé a temblar, la respiración se me desbocaba por momentos y mi corazón ansiaba salir de la cavidad torácica antes de provocarme un paro cardíaco.

Me impresionó, me pilló completamente desprevenida... No supe en qué momento había clavado aquellos estremecedores orbes sobre los míos, sin embargo, por alguna razón o por otra, estaba siendo capaz de sostenerle la mirada con mis atemorizados ojos observando cómo se anudaba con destreza un lazo rojo, similar al que llevaba cuando estaba bajo el liderazgo del Sannin, alrededor de su cintura.

¿A qué venía aquel cambio tan radical?

―Han venido a buscarte―notificó dejándome a mi blanca como consecuencia de sus palabras, esto no podía estar pasando.

Fin del cap!

Gracias por leer y comentar!

Por cierto, supongo que aquí ya se revela la utilidad de Anko, pues como habéis podido ver, ella ya desde un principio había relacionado la muerte de Sasuke con la desaparición de Sakura, no obstante, había preferido mantenerse en silencio sabiendo que los de la villa estaban bastante afectados.

Sayo!