Capítulo 15: "Despiadado"
En el capítulo anterior...
―¡Sal de ahí!―ordenó la Mitarashi alterada clavando sus orbes en el suelo antes de volver a fijarlos sobre los del muchacho, los cuales mostraban una evidente desorientación debido al repentino estado de nerviosismo de la dama de las serpientes.―¡Nara coño, que salgas de ahí!―vociferó seguidamente atestándole un fuerte empujón al joven que logró tirarlos a él y a la inconsciente pelirroja al suelo, quedando así la mujer de morada cabellera en el lugar de éstos antes de que el suelo se derrumbara bajo sus pies después de que la oculta trampilla cediera ante la atónita mirada de todos los presentes dejando a la mujer caer al vacío sin que nadie tuviera tiempo de hacer nada al respecto.
―¡Anko!―gritaron sus compañeros con desesperación corriendo nerviosamente hacia el lugar después de que el profundo alarido de dolor que emanó del interior de la ojicaramelo invadiera de forma angustiosa sus oídos.
―Es... estoy bien―atinó a decir la examinadora de los exámenes Chunnin procurando evitar que su voz reflejara el dolor que en aquellos instantes la asolaba. ―De verdad―agregó seguidamente liberando una cálida sonrisa al visualizar a sus integrantes de equipo asomarse por la cavidad por la que había caído.
Ino, tras analizar la escena, no se lo pensó dos veces y saltó por el boquete ágilmente ubicándose así junto a la sensei linterna en mano.
―¿Puedes moverte?―indagó preocupada una vez que aterrizó sin retirar sus celestes ojos de encima del amoratado cuerpo de la mujer haciéndose así una ligera idea de su estado.
―No―respondió secamente la aludida esquivando la intranquila mirada de la rubia―Me he jodido la pierna―añadió tensando con sutileza la dura expresión que ahora mostraba su rostro siendo consciente de la carga que supondría para el grupo; acto que no pasó desapercibido por parte de la rubia, la cual notó como la dama de las serpientes fruncía el entrecejo con rabia.
―No te preocupes , voy a echarle un ojo... Procuraré no hacerte daño, aún así no prometo nada―advirtió la Yamanaka antes de iniciar el proceso, palabras ante las cuales la Mitarashi se limitó a asentir vagamente.
―¿Ino-chan?―formuló al cabo de una rato la Hyûga inquieta, quien observaba compungida la escena desde arriba a la espera de alguna noticia alentadora por parte de su amiga.
―Hina-chan, creo que voy a necesitar tu ayuda... yo sola no puedo, no tengo suficiente chakra―solicitó la kunoichi un tanto frustrada ante la lentitud de su jutsu curativo.
A penas hubo terminado de hablar cuando la peliazul se tiró hábilmente al vacío reuniéndose así con ambas.
―Tiene la pierna rota por varios sitios, dudo que aquí podamos hacer algo, carecemos del material necesario―Se lamentó la de la coleta explicándole la situación a su compañera―No obstante, como mínimo, tenemos que anularle el dolor―aclaró la misma con profesionalidad sin retirar su concentrada mirada de la zona afectada.
Sin perder tiempo, las dos jóvenes comenzaron a acumular una tremenda cantidad de energía sobre la extremidad perjudicada, hecho que junto con algunos retoques curativos que Ino ejercía alternando ambos chakras, logró hacer que la embarazada dejara de sentir aquel profundo y agonizante malestar.
―¿Mejor?―Se interesó la ojicielo para asegurarse de la efectividad de la labor realizada desviando su mirada hacia el rostro de la herida.
Anko sonrió como respuesta, pero rápidamente su semblante cambió mostrando un acentuado desasosiego cuando se palpó el vientre.
―¡¿Ino?!―demandó alertada la futura madre sin dejar de sobarse su abultada barriguita haciendo que las dos allí presentes se estremecieran.
―Anko-san, por Kami, relájate―pidió la Yamanaka procurando no caer presa del pánico mientras acumulaba chakra entre sus manos para comprobar el estado de los fetos.
―Todo está bien―anunció la ojiperla recobrando la serenidad tras haber verificado con el Byakugan que los futuros Hatake Mitarashi no habían sufrido daños, permitiendo así que las otras dos respiraran tranquilas.
―Venga, vamos a incorporarte―sugirió la ninja médico agarrando a su antigua "sensei" por uno de sus brazos y parte de la cintura, siendo su acción copiada por la otra shinobi allí presente, consiguiendo así que la del moño se pusiera finalmente en pie.
―¿Cómo va todo por ahí abajo?―interrogó Ibiki antes de trasladarse al oculto subterráneo seguido de Shikamaru, el cual volvió a cargarse a la inconsciente Karin a la espalda con resignación.
―Tenemos a una convaleciente―notificó Ino recuperando la linterna, objeto que durante la cura había estado bajo la custodia de la pelimorada.
―En tal caso... ―comenzó a decir el líder del grupo calibrando las diferentes posibilidades que se abrían paso en su mente.―Tenemos dos opciones: o regresar por la seguridad de Anko y los niños, o arriesgarnos a esperar al otro grupo... con los problemas que ello conlleva.―Acabó proponiendo sobándose su calvo cogote no muy convencido con las disyuntivas que había propuesto.
El peso de éstas se cernió sobre el penumbroso pasadizo haciendo que en éste un incómodo silencio extendiera su reinado con cierta opresión.
Todos eran conscientes de que la seguridad y la salud de los integrantes del grupo era la máxima prioridad a tener en cuenta, hecho que se acentuaba si uno de los miembros había sido herido; pero también sabían y, era necesario tener en cuenta, que no habían llegado tan lejos para nada. La gran mayoría se había decidido, sin embargo, nadie se atrevía a dar su opinión. La decisión era compleja, quizá demasiado comprometida como para aventurarse a dar el primer paso.
―Yo opto por arriesgarnos―quebrantó totalmente decidida el silencio la Mitarashi ganándose así las miradas de sorpresa de sus compañeros, alguno de los cuales se quedó boquiabierto.―Tenemos que ser realistas, una oportunidad como esta quizá no se nos vuelva a pasar por delante, así que lo mejor que podemos hacer es aferrarnos a ella y no ignorarla, podemos encontrar a la Haruno; es ahora o nunca. No por mi culpa giraremos sobre nuestros talones, os lo prohíbo―amenazó seguidamente con aquel espeluznante brillo sádico en sus acaramelados orbes al tiempo que dibujaba una torcida curva en sus labios que a más de uno le hizo tragar saliva sonoramente.
―Anko, tú no estás en condiciones de decir estas cosas. ― Le increpó Ibiki con voz severa intentándola hacer entrar en razón bajo aquella mirada de advertencia que la mujer poseía.
―Tiene razón― intervino la Yamanaka ―Lo mejor es regresar...― corroboró a muy pesar suyo un par de segundos después fijando su apagada mirada en los guijarros del suelo.
―¡No seáis hipócritas!― Les reprendió la aludida deshaciéndose bruscamente del agarre que sus dos alumnas le brindaban para así poder recostarse contra la abrupta pared.―Es mi culpa y lo sé, por eso mismo de aquí no nos vamos sin la cría. ¿A caso no sois conscientes de qué es este lugar?
―En verdad la culpa ha sido mía―murmuró Shikamaru de sopetón interrumpiendo las palabras de la mayor de la kunoichis ―Si me hubiera percatado de la existencia de la trampilla no me hubiera puesto encima ni mucho menos hubiera dejado que tú te ubicaras allí antes de que ésta cediera por el peso; lo siento...―Se achacó sin alterar el precario timbre que su voz había adquirido de repente.
―Ya Nara mira... silénciate que me pones nerviosa. No hagas de tripas corazón, lo hecho, hecho está, si quieres, la perra gorda para ti; pero te seré sincera, la culpa no ha sido de ninguno de los dos, sino del inepto que realizó el jutsu de bloqueo de la entrada.―Explicó la pelimorada con su habitual desparpajo extrayendo un kunai de Kami sabe dónde con el objetivo de acariciar el suave tacto metálico de éste para entretenerse.―Ahora, si no os importa, sigamos con lo establecido ― agregó momentos después tras lanzar el letal objeto con increíble maestría hacía el oscuro horizonte que se cernía ante ellos.
―Está bien, está bien, como el foco de preocupaciones mande, pero sólo tengo una objeción ―cedió Ibiki no pudiendo pasar por alto la expresión de aburrimiento que acababa de apoderarse del rostro de la Mitarashi al oír sus palabras.
―¿Y ahora qué?―refunfuñó la misma con desgana cruzándose de brazos.
―Procederemos con la continuación de la búsqueda de Haruno Sakura en cuanto nos reunamos con el otro escuadrón, mientras tanto, los esperaremos aquí.―Decidió el calvo tomando asiento en el irregular suelo.
―¿Y vamos a quedarnos aquí hasta entonces?―cuestionó Ino contemplando como todos poco a poco se iban acomodando, fijando por un momento sus orbes en la escena que tenía a escasos metros, Shikamaru depositando cansinamente el cuerpo de la drogada Karin junto a la pared para después caminar lentamente hasta poder aplastar el trasero junto a su rubia amiga, la cual le brindó una grata sonrisa de complicidad.
―¿Y qué problema hay?―preguntó el Nara clavando sus orbes sobre las celestes perlas de la Yamanaka, la cual se encogió de hombros no muy convencida.
―¡Y una mierda!―vociferó la ojicaramelo arrebatándole la linterna a Hinata, quién no sabía ni como ésta había acabado entre sus manos. ― Ya que me habéis despertado y nos hemos adentrado aquí, lo peor que podemos hacer ahora es mantener una posición fija; tenemos que iniciar un itinerario y explorar este increíble lugar; no perder el tiempo con ñoñerías. ¡Si estás viejo Ibiki, te jodes, haberte ido a practicar el tiro de shurikens con los niños!
―Pero Anko, que es peligroso―razonó el pobre hombre con pesadez al borde de capitular.
―¡Qué coño peligroso! Si sólo son dos adolescentes con las hormonas un poco más revueltas de la cuenta. Bueno... uno tiene complejo de asesino y la otra de masoquista, pero esas cosas pasan cuando se tiene una infancia difícil o algún tipo de trauma familiar. También se puede dar el caso si sufres frustración amorosa desde que se tiene consciencia; que vendría a ser la situación de la Haruno. Nada que deba preocuparnos, ya veréis, todo está bajo control― argumentó la embarazada de una manera más que convincente según su peculiar modo de ver las cosas.
―He dicho que no, además, no podemos asegurar que sean ellos aún.― Se impuso el examinador teórico de los exámenes Chunnin liberando un profundo suspiro.―Hasta hace un par de horas creíamos que Sasuke estaba muerto, ¿es necesario recordártelo, Mitarashi?
―¡Ibiki!―Le gritó su compañera perdiendo los papeles ocasionando que del tremendo bocinazo que ésta había pegado él se sobresaltara.―Si estamos en la Galería Uchiha, será porque un Uchiha ha desbloqueado el acceso... ¡¿No te parece?!―interrogó seguidamente frunciendo sus finas cejas moradas―¿Y cuántos Uchiha conoces que hayan sobrevivido a la Guerra de hace cuatro años teniendo en cuenta que Itachi, o mejor dicho su marioneta se desvaneció, y Tobi y Madara fueron acribillados por la Nación shinobi bajo el liderazgo del nuevo grupo de los Sannin; del cual casualmente cierto poseedor del Sharingan una vez finalizado el conflicto se negó a regresar a pesar de la insistencia del Uzumaki y prosiguió en su camino hacia la oscuridad?―Intentó abrirle los ojos a su terco compañero.
―¿Galería Uchiha?―repitió el líder del grupo pensativo en un intento de hacer memoria. Su mano se deslizaba con insistencia por su mentón, daba la sensación de que a través de ese gesto sus recuerdos regresarían para hacerle ver la luz, pero a pesar de ello, su cara de desconcierto con el entrecejo marcado denotaba que en aquel momento su despiste no era del todo sutil.
―Joder Ibiki, la edad te está afectando ¿eh?―Le recriminó la del moño con un inconfundible tono burlón que le fue imposible ocultar.
―Por eso no puedo identificar la naturaleza de los chakras que percibo― entendió la Hyûga analizando con su curiosa mirada el entramado de túneles que se extendía con escalofriante elegancia ante ellos.―Los muros son de un material especial fabricado exclusivamente para ocultar la presencia de nuestra energía interna―agregó con admiración al acordarse de una de las tantas explicaciones de Kurenai.
―De hecho, no deberías ni tan si quiera poder notar la existencia de algún chakra en este lugar...Supongo que el tiempo no le rinde cuentas a nadie, la verdad es que están ya bastante deteriorados―observó Shikamaru deslizando sus cansados ojos por las paredes de antaño precariamente iluminadas por la tenue luz de la linterna que ahora Hinata entre sus manos sostenía iluminando el perímetro.
―¡Eso es! Ibiki, te están pasando por encima―rió la Mitarashi orgullosa de la nueva generación.―Esta galería lleva construida desde tiempos inmemoriales y siempre se la ha conocido como un conjunto de pasadizos, túneles y recámaras secretas que han servido como base y cobijo para el clan Uchiha. Muchos han sabido y saben de su existencia, pero tan sólo los miembros de dicho clan conocían la ubicación exacta. Podría decirse que los hemos pillado...―explicó seguidamente la mujer con una sonrisa fanfarrona adornando su rostro―No cabe duda, únicamente un Uchiha ha podido entrar aquí, sólo ellos son capaces de desbloquear el jutsu de apertura.
―Y dale, Anko, a ver cuando te entra en la mollera que no podemos afirmar que Sasuke esté vivo hasta que salgan los resultados de la autopsia del supuesto cadáver o hasta que lo veamos con nuestros propios ojos; así que ya vale―pidió su compañero un tanto harto negándose a seguir adelante hasta nueva orden tal y como ya había dictaminado previamente.
―No le hagáis caso, venga vamos―instó la Mitarashi con desgana haciéndole señas a sus dos alumnas para que la ayudaran a caminar.
―Está bien, quieres que continuemos, pues venga, continuemos. ¡Todo el mundo al frente!―ordenó Ibiki a regañadientes incorporándose del suelo un tanto airado, definitivamente trabajar con ella era algo a lo que jamás se acostumbraría, era una mujer demasiado temperamental a la par que impertinente.
Tras un tenso silencio en el que todos intercambiaron miradas, optaron por obedecer las órdenes que les habían sido impuestas sin más remedio que adentrarse por los numerosos pasadizos y túneles de aquella inhóspita consecución de corredores subterráneos.
La luz de la linterna alumbraba precariamente el entorno con su parpadeante foco amarillento dibujando siniestras sombras en el horizonte que parecían estar dotadas de vida propia, a pesar de ello, todos avanzaban con firmeza y cierta cautela sin distraerse.
―Anko-san, ¿te llevo?―
La dubitativa voz de Shikamaru resonó por todo el lugar debido al sepulcral silencio haciendo así que más de uno ralentizara el paso; pues no había pasado desapercibido a ojos del shinobi que ni Ino ni Hinata podrían cargar durante mucho tiempo más con la accidentada sensei de los exámenes Chunnin.
―No, sigue con la pelirroja esa―musitó la aludida con hastío desviando sus acaramelados ojos hacia el joven momentáneamente para volver a fijarlos al frente segundos después, pues él ya tenía bastante con llevar a la ex-Taka a caballito.
Ante tal respuesta, el Nara se limitó a encogerse de hombros vagamente sin detener la marcha.
―Venga Mitarashi, deja que ellas descansen un rato―sugirió esta vez Ibiki aproximándose a la susodicha, la cual sonrió como una niña pequeña antes de colgarse a hombros de su compañero.
―Ibiki...―murmuró la del moño con voz infantil aferrándose a su ancha espalda―¿Me perdonas?―inquirió seguidamente con una adorable expresión de inocencia adornando su rostro.
Un profundo suspiro de resignación emanó entonces de entre los labios de su camarada, el cual giró levemente la cabeza para así poderla mirar directamente a los ojos con una ceja enarcada.
―Son ya demasiados años soportándote―bufó el calvo ganándose así una divertida sonrisa socarrona por parte de la pelimorada.
―Qué harías sin mí...―Se mofó la misma acomodándose a hombros del ninja, sujeto que rodó los ojos cansinamente.
―Todavía me lo pienso y te suelto―amenazó él entredientes bajo las joviales sonrisas de sus alumnos.
―Está bien, está bien...
Así, continuaron avanzando durante un largo rato manteniendo una disposición grupal de fila india: Hinata e Ino iban en cabeza, la primera de las cuales caminaba con el Byakugan activado; Ibiki y Anko, viajaban en medio y, por último, Shikamaru con Karin cerraban la cola.
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―¿Sasuke-kun?―demandé procurando controlar la histeria que me abordaba por momentos sin ser capaz de retirar mis acuosos ojos de encima de su aterradora silueta, pues se veía como una entidad surgida del propio averno desenvainando aquella mortífera katana que siempre lo acompañaba manteniendo su frívola mirada carmesí fija en uno de los muros de la pequeña estancia; posiblemente escrutando a través del mismo. Volvíamos a estar en la situación de antes...
―Están a tres pasadizos, dos recámaras a la izquierda―informó con voz hostil, notablemente ronca, sin cruzar sus distantes orbes de la impactante tonalidad de la sangre con los míos.
―Sasuke-kun, por favor...―rogué con un hilo de titubeante voz consiguiendo captar vagamente su atención.―No les hagas daño...
Mi voz daba pena, temblaba. A pesar de ello, saqué el valor necesario como para salvar la distancia que nos separaba y así encararlo con flaqueza. No permitiría que retrocediera los pasos que ya había conseguido avanzar.
Alargué ambos brazos y, sirviéndome de mis frías manos, agarré su rostro poniéndome de puntillas para obligarlo a que me mirara.
El furor que ardía en su interior se reflejaba perfectamente en la infinidad escarlata a la que sus orbes me atraían, no obstante, le sostuve aquel contacto con la mayor firmeza de la que fui capaz logrando por un momento apreciar la hermosura de sus pozos negros antes de que aquella condenada estrella se plasmara nuevamente en su pupila. Acaricié con ternura sus pálidas mejillas antes de asirlo hacia mí para poder abrazarlo. Sus manos se aferraron a mi cintura y masajearon mi espalda con posesión antes de dejar a su cabeza reposar durante escasos segundos sobre mi hombro, tiempo en el que yo deslicé mis finos dedos por su nuca aguardando hacerlo entrar en razón. Estaba confuso y le pegaban arrebatos, hacía nada que había conseguido devolverle la lucidez y nuevamente se había sumergido en las sombras, bastaba con dejarlo solo con sus pensamientos durante dos segundos... Eso era más que suficiente como para que el caos reinara en él con lozanía. Su respiración, a pesar de todo, era calmada y su aliento chocaba cálidamente contra mi piel, era él, no podía desconfiar del portador de mi corazón, no en momentos como este.
―Sakura...―susurró de forma envolvente a mi oído deslizando sus tentadores labios por el lóbulo de mi oreja haciendo así que poco a poco el deseo naciera en mí.―No olvides que soy un asesino―declaró seguidamente depositando un tierno beso en mi garganta para después deshacer el abrazo.
―No, no lo eres, ya no...―insistí tomando sus grandes manos entre las mías arrebatándole así una sensual sonrisa que curvó fugazmente su boca―Ahora eres alguien distinto, lo sé... quizá sea difícil, pero aún estamos a tiempo de que la Alianza te dé una segunda oportunidad... Sólo tenemos que dar la cara, son nuestros compañeros, lo entenderán.
―Es demasiado tarde para mí, sálvate tú, no quiero arrastrarte conmigo; ya te lo dije, eres muy testaruda... Creí que ésto ya lo habíamos dejado zanjado―Se cerró en banda inclinándose para apoderarse de mis labios con inicial delicadeza, a pesar de ello, rápidamente profanó mi cavidad con su traviesa lengua, contacto que yo quise rechazar pero al cual me acabé entregando liberando un tosco gemido antes de enrollar mis brazos en su cuello para intensificar la placentera sensación.
―No...no es tarde, siempre hay segundas... opciones...―reiteré apartando con costoso trabajo mis labios de encima de los suyos ganándome un sutil mordisco de lo más atrayente.
―La decisión... es tuya―expuso depositando cortos pero peligrosos besos sobre mis entreabiertos e inflamados labios haciendo que más de una vez quisiera capturar su hábil y escurridiza lengua entre la mía sin ser tal idea demasiado satisfactoria dado que intencionadamente me dejaba con ganas de más.
―Sabes que quiero permanecer a tu lado―Me serené girándole la cara con brusquedad para evitar su siguiente movimiento, el cual se convirtió en una suave caricia sobre mi mejilla por parte de su pícara boca.
―Es peligroso, Konoha te tachará de rebelde, por no hablar de la Alianza... En fin, al menos he conseguido disipar tus frágiles lágrimas―Se sinceró no pasando por alto que efectivamente aquel brillo desolador con el que mis ojos momentos atrás cargaban había desaparecido―Eres todo para mí―agregó antes de rodearme acogedoramente con sus trabajados y bien definidos brazos― Contigo he aprendido a amar, no dejaré que se entrometan, no a no ser que tú desees regresar.
Sus palabras flotaron como un dulce manjar entre mis oídos, porqué lo hacía, porqué depositaba su futuro en mí...Él pendía de un hilo, de un quebradizo hilo que era yo... Tenía razón, era arriesgado, pero hacía tiempo que había perdido el contacto con Konoha y por ello no se fiaba, no después de lo que le hicieron a su hermano... Quizá necesitara más tiempo para convencerlo de que podríamos regresar, Naruto sería comprensivo y lo recibiría con los brazos abiertos; el resto de villas ya cicatrizarían sus diferencias con él a través de la venda del tiempo. Por desgracia, eso era ahora mismo lo que nos faltaba, tiempo.
Un doloroso calambre se extendió desde el inicio de mi médula espinal hasta la última terminación nerviosa de mi cuerpo ocasionando que por consecuencia me desplomara. Por alguna extraña razón, no había perdido el conocimiento del todo, pero mi vista era borrosa y mi cabeza daba vueltas. Todo eso, sin embargo, no fue suficiente como para evitar notar como alguien me sujetaba entre sus brazos y me dejaba sobre una superficie cómoda y blandita antes de desvanecerse ante mí dejando la evidencia de un chakra que consumía hasta el último atisbo de vida, corroyendo el entorno con la opresión característica de las fauces de la muerte.
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El repetitivo parpadeo de la linterna auguraba ya el poco tiempo de vida que a ésta le quedaba.
―Joder... ahora no ―maldecía la Yamanaka en voz alta observando los guiños de la amarillenta luz que poco a poco se iba volviendo más y más tenue sin dejar de zarandear el objeto en cuestión hacia todas direcciones para que alumbrara con mayor intensidad.
Hinata, se la quedó mirando divertida siguiéndole el paso.
―Relájate ―pronunció la misma con su calmada voz―Seguro que alguno de nosotros tiene recambios―añadió al tiempo que se volteaba para pedir el demandado artilugio.
El líder del grupo, quién se encontraba tras ella, negó sutilmente con la cabeza procurando no despertar a la recién dormida Anko, que reposaba plácidamente en su espalda. Shikamaru copió la acción con desgana provocando que un exasperado suspiro se escapara desde la profundidad de los pulmones de Ino; la cual zarandeó la cabeza bruscamente... Definitivamente, sus compañeros no tenían remedio.
Optaron por seguir avanzando con paso lento pero certero rogándole a Kami-sama que la linterna aguantara un poco más. Todos iban dialogando entre ellos en voz baja sin deshacer su estructura inicial para poder cubrir todos los flancos en caso de emboscada, pues eran conscientes de que aquellos pasadizos y enredados túneles no eran la seguridad servida en bandeja de oro.
De repente, Karin retiró de un brusco movimiento su cabeza del hombro del Nara, quién aún cargaba con ella. Aquel torturador escalofrío que acababa de recorrerle la espalda de principio a fin no podía ser una buena señal dado que había hecho que todo indicio de sedante desapareciera de un plumazo de su cuerpo como consecuencia del terror que se acababa de apoderar de su ser de forma inminente. Shikamaru la miró extrañado pero no le hizo excesivo caso y decidió continuar hacia delante sin alterar su pausado andar.
No obstante, el hecho de que la Hyûga frenara el paso en seco y se volteara con el Byakugan activado adoptando la posición de defensa ocasionó que todos copiaran su acción demandándole con la mirada fija en sus resplandecientes perlas una explicación.
Fin cap!
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