Capítulo 16: Sanguinario
De repente, Karin retiró de un brusco movimiento su cabeza del hombro del Nara, quién aún cargaba con ella. Aquel torturador escalofrío que acababa de recorrerle la espalda de principio a fin no podía ser una buena señal dado que había hecho que todo indicio de sedante desapareciera de un plumazo de su cuerpo como consecuencia del terror que se acababa de apoderar de su ser de forma inminente. Shikamaru la miró extrañado pero no le hizo excesivo caso y decidió continuar hacia delante sin alterar su pausado andar.
No obstante, el hecho de que la Hyûga frenara el paso en seco y se volteara con el Byakugan activado adoptando la posición de defensa ocasionó que todos copiaran su acción demandándole con la mirada fija en sus resplandecientes perlas una explicación.
―Mierda...―farfulló Karin con nerviosismo para sus adentros sin ser capaz de retirar su mirada de la siniestra oscuridad que habían ido dejando atrás.
―No estamos solos―susurró Hinata con el entrecejo fruncido.
A penas hubo acabado de pronunciar sus certeras palabras, cuando repentinamente todas las velas sujetadas por los tétricos candelabros se prendieron a la vez con fuerza emanando una anaranjada luz con destellos rojizos que llamó la atención de algunos de los shinobis. Éstas, colocadas estratégicamente por toda la galería, ofrecieron una brillante iluminación momentánea antes de asentar su atrayente y cálida llama. El silencio reinó por unos tensos segundos antes de cederle el paso al sonido, cada vez más cercano, de unas pisadas firmes y despreocupadas que se aproximaban.
El escuadrón de Konoha rápidamente dirigió toda su vigilancia hacia el lugar del que aquellas pisadas provenían poniendo en alerta sus cinco sentidos.
―Sasu...ke-kun―mencionó Karin con el pánico reflejado en su voz ocultándose tras la espalda del Nara, el cual podía sentir sobre sus hombros la presión que el agarre de la muchacha ejercía sobre él. Tenía miedo, mucho miedo y ello quedaba plasmado en cómo sus finas manos se aferraban con pavor a la espalda del joven.
Todos pudieron claramente apreciar como, de entre las sombras del fondo del corredor en el que se encontraban, surgía un individuo alto que avanzaba hacia ellos con andar vacilante envuelto en un aura de horror que erizaba la piel de cualquiera. La luz de las velas fue desenmascarando su identidad a cada paso que daba hasta que, finalmente, el soberbio rostro del Uchiha se reflejó en las pupilas de los ninjas de la villa; el cual esbozó una sonrisa de medio lado antes de activar el Sharingan con aires de desprecio nublando su sádica mirada.
El joven en cuestión, se detuvo a escasos metros analizando con superioridad la comitiva; de la cual le llamó especial atención la presencia de cierta pelirroja que ocasionó que sus finas cejas se arrugaran.
―No te esperaba aquí, Karin―comentó el Uchiha con sorna clavando sus orbes sobre la estremecida chica, la cual tragó saliva impactada por la magnificencia del chakra que emanaba del mismo, el cual lo decía todo.
Pues la situación claramente indicaba una traición a ojos del portador del Sharingan, a pesar de que ella no había soltado prenda, no la creería, no tras presenciar aquella escena. Ella era la única de los allí presentes capaz de acceder a aquel lugar, por lo tanto, era obvio pensar que había delatado a su antiguo compañero; al menos así lo indicaban los enfurecidos luceros carmesíes que éste poseía capaces de postrar al mismísimo Satanás.
La chica, empapada por aquel sudor frío que la maniataba, fue incapaz de vocalizar algo con sentido, bien sabía que las represalias de aquel hombre no eran precisamente agradables; por lo que optó por descolgarse rápidamente de los hombros del Nara y correr, huir, escapar del alcance de su despiadado y, a la vez , apreciado compañero. Definitivamente, la aterradora energía sanguinaria que flotaba a su alrededor no era ninguna invitación para permanecer a su lado.
Tenía que buscar una escapatoria, se encontraba entre la espada y la pared; aquel cruel joven no sería piadoso, no solía serlo con nadie... Shikamaru, estando pendiente de todos los movimientos de la desesperada pelirroja, se puso instantáneamente en posición de ataque al sentirse mucho más ligero sin el peso de ésta; definitivamente, el vivo Uchiha era mucho más importante que la antigua integrante de Taka.
Sasuke, al observar tal acto de reojo, lo enfocó directamente con una expresión desafiante esculpida en su rostro, Karin no podría ir muy lejos, podía permitirse el entretenerse un rato ya que el Nara se lo estaba ofreciendo en bandeja.
―No pasarás de aquí, renegado―escupió el de la coleta sosteniéndole con determinación la mirada.
―Hmp, demuéstramelo.
La distante pero engreída voz con la que el pelirebelde liberó sus palabras, crispó al alumno del difunto Asuma logrando así que ambos se enfrascaran en una feroz batalla psicológica de pensamientos y estrategias en la que ambos rápidamente desechaban lo planeado previamente para buscar una alternativa mejor a fin de acabar con el opuesto de un movimiento. Bastaba el contacto visual para que cada uno desvelara con antelación los planes del otro alargando así el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
Entre tanto, Ibiki, sin pasar por alto la situación en la que se habían vistos inmersos de sopetón, optó por alejar a Anko de la zona de batalla tumbándola en el suelo ligeramente recostada contra una de las paredes a varios metros del recién llegado. Agradecía profundamente que durmiera, pues de ninguna manera la dejaría tomar parte en aquella batalla, lo mejor era aislarla por la seguridad de los futuros Hatake Mitarashi y por la suya propia; pues no era fácil pelear teniendo que estar pendiente de un compañero. Estaba tan sumido en sus pensamientos que, cuando quiso acordar, la pelirroja pasó velozmente por su lado sin que a él le diera tiempo a reaccionar.
Por suerte, la atenta Hinata le cortó el paso a la histérica fugitiva de un ágil movimiento ubicándose delante de su trayectoria a la vez que medio la inmovilizaba. Karin, temerosa de encontrarse de espaldas al Uchiha, comenzó a forcejear ferozmente con la Hyûga intentando liberarse y hacerla a un lado para poder salir de allí por patas, las represalias de Sasuke no eran un caminito de rosas, nunca las había vivido en persona, pero estaba segura de que bajo ningún concepto las experimentaría. La ojiperla bloqueó todo intento de escape por parte de Karin, no la dejaría ir así como así, a fin de cuentas era una valiosa fuente de información.
Entre tanto, la Yamanaka, tras asegurarse de que la peliazul se las apañaba bien sola, optó por ir a respaldar a Shikamaru. Él, ya había intentado dejar a Sasuke inmóvil en un par de ocasiones sin tener demasiado éxito, pues el joven de rebelde cabellera tenía buenos reflejos y se movía rápido regresando nuevamente a su posición inicial tras cada ataque. No lo soportaba, el Nara arrugó la frente mosqueado a sabiendas de que Sasuke estaba esperando para atacar seriamente, de hecho, la tranquilidad así como el ego que su simple presencia denotaban lo sacaban de quicio. Definitivamente, odiaba aquella arrogante expresión de superioridad que tenía incrustada en su detestable rostro.
La rubia no tenía tanta paciencia como su tranquilo compañero, de manera que se decidió por pasar a la acción junto con Ibiki, si Sasuke no lo hacía ya lo harían ellos. El de la coleta se unió al improvisado escuadrón de ataque, cubriendo entre los tres todos los ángulos posibles. Aunque no pudieran derrotarlo, como mínimo se asegurarían de inmovilizarlo, no era plan de dejarlo a su libre albedrío teniendo en cuenta el espectacular currículum que se había forjado a pesar de su corta edad. Además, todos ellos sabían que cualquier intento de conversación con el que una vez fue uno de los suyos sería una idea estúpida, era más acertado ir directamente al grano.
El ojiazabache los esquivó sin apenas esfuerzo, no estaba para perder el tiempo. Conociéndolos, seguro que ya habían pedido refuerzos, por lo que tendría que actuar cuánto antes.
Dicho y hecho... de un hábil movimiento dejó a Ino inconsciente en cuestión de segundos dispuesto a llevarse a Ibiki también por delante; el cual acabó por los suelos sin saber de dónde le había llegado el golpe; pues los ataques del Uchiha eran limpios, muy pulidos e impredecibles a la par que veloces. Era un contrincante digno merecedor de todos los rumores que sobre él se derramaban.
― Es conveniente tenerte en consideración, Uchiha...― musitó Shikamaru jadeante deslizando su escrutadora mirada por encima de sus compañeros mientras procuraba evadir los formidables golpes del aludido.
Una torcida sonrisa socarrona curvó entonces sus labios ocasionando que el de la coleta enarcara una ceja molesto.
―No como a otros, Nara...
La tajante y frívola respuesta que la grave voz del poseedor del Sharingan había liberado desencajó a Shikamaru, quién arremetió contra el pelinegro agresivamente sirviéndose de un sinfín de combos sin tregua, los cuales obligaron al renegado a tener que encajarlos de la mejor manera que pudo antes de desaparecer de allí gracias al cambiazo.
En aquel preciso instante, sus poderosos orbes captaron algo que no le agradó; pues al parecer Karin había logrado zafarse de Hinata. No escaparía, él era implacable.
El Nara lo buscó con la mirada de inmediato, no obstante, tan sólo tuvo oportunidad de sentir el frío de la hoja metálica que lo acababa de desgarrar por dentro después de que dicha espada fuera lanzada con maestría por el azabache desde la distancia que ahora los separada. El joven alumno de Asuma se llevó ambas manos al pecho pudiendo notar como éstas se impregnaban del calor del fluido carmín que a borbotones se escapaba de su cuerpo, la respiración se le ralentizaba y sus piernas eran incapaces de soportar su propio peso. El dolor afloró en su interior manifestándose en forma de una perversa agonía antes de desplomarse sobre la alfombra que su propia sangre había tejido en el irregular empedrado.
Sin perder tiempo, realizó una concatenación de complejos sellos que invocaron al Chidori de la nada, el cual fue apuntado directamente hacia la desesperada pelirroja, quién corría implorando el perdón de su compañero por algo que no había hecho.
Aquel espeluznante haz de luz azulada la atravesó en cuestión de décimas de segundo sin necesidad de que el propietario se manchara las manos, pues dicho jutsu se asemejaba a un mortífero rayo capaz de recorrer un par de metros en línea recta destruyéndolo todo a su paso.
La pelirroja acabó ferozmente empotrada contra uno de los muros sintiendo el dolor que aquel mortífero ataque ejercía sobre su cuerpo anulando cada una de las células de la zona afectada, entumeciéndola desde dentro con lentitud como consecuencia de las repetidas y violentas descargas eléctricas que arremetían contra ella. La sangre no tardó en desprenderse de la horrorosa herida deslizándose sinuosamente desde su abdomen hasta gotear en el suelo tras enredarse por sus piernas como un rosal preso del carmín de su propia flor.
Apretó los dientes adolorida notando el regusto metálico del fluido de la vida trepando por su garganta antes de escupir una densa bocanada del mismo. Los pasos decididos de su peor pesadilla resonaban a sus espaldas cada vez más cercanos. Ella hincó de rodillas en el suelo gimoteando sin ser capaz de sobarse la tremenda herida, pues la oscuridad del chakra del Uchiha invadía todo su ser torturándola con insistencia sin ser ella capaz de soportar la presión de aquel condenado shinobi maldito.
―Tsk...―Se le escapó a Sasuke segundos después sin detener su marcha. ― Idiota ― sentenció seguidamente un tanto fastidiado mientras dejaba de emanar chakra para anular así su devastador jutsu clavando sus aterradores ojos sobre la joven que, aún en pie, lo miró con sus perlados orbes plenos de la pureza que sus lágrimas le otorgaban.―No valía la pena interponerte, es precisamente por esta razón por la que nunca lograré entenderos, Hyûga―agregó dejándola caer sobre el ensangrentado pavimento una vez que el Chidori se desvaneció por completo.
―¡Hinaaa... Hinataaaaa!―vociferó Shikamaru aún sin dar crédito a lo que su borrosa mirada percibía.
Tenía que ser una broma, no podía ser posible que la peliazul estuviera tendida a pocos metros de él, inmóvil, con la zona abdominal destrozada derramando sangre a raudales. Se había interpuesto entre la trayectoria del Chidori y de Karin, cayendo ella también presa de aquel abominable monstruo.
―¡E... eres un... malnacido!―acusó el subordinado de Asuma escupiendo algunas gotas de líquido carmesí mientras se arrancaba de un sólo tirón en seco la katana de su sanguinario atacante.
―¿Eso crees?― interrogó sarcásticamente el Uchiha dejando de mirar a los dos cuerpos prácticamente inertes que se abrían paso ante sus ojos para poder enfocar al Nara tras haberse volteado, el cual se derrumbó una vez más sobre la rugosa superficie del suelo.
El pelirebelde mostró una fanfarrona sonrisa sádica al ser testigo de cómo el de la coleta acababa de empeorar su situación al agravar su profunda herida quitándose el objeto que frenaba un poco la tremenda hemorragia.
―Uchiha, ahora entiendo el afán de todas las naciones por asesinarte...― comentó roncamente Ibiki mientras se incorporaba con algo de dificultad a causa de los numerosos golpes recibidos anteriormente.
―Hmp―fue lo único que oyó decir al renegado mientras lo observaba caminar hacia el cuerpo del Nara con el propósito de recuperar su preciada espada.
―¡Ibiki mantente en silencio y no empeores la situación que bastante jodidos estamos ya, hostia!
La altanera voz de la Mitarashi, quien acababa de despertarse y aún estaba analizando lo ocurrido, inundó los tímpanos de todos los presentes. A penas podía moverse, pero a pesar de ello, su inteligente mirada no perdió detalle alguno de la trágica escena que con osadía decoraba el lugar.
―Eres un santo cabrón, Uchiha―siseó seguidamente con aire hostil clavando sus airados orbes tonalidad caramelo sobre el aludido, el cual se detuvo, prácticamente a su lado, y limpió el filo de su arma tirando poco después el ensangrentado trapo que antes formaba parte de su indumentaria frente a la kunoichi.
Ésta lo miró con desprecio arrugando la nariz y frunciendo el entrecejo. Su mirada no pasó por alto aquel inmoral acto, pues el vehemente y engreído porte que el joven llevaba en lo alto sacaba de sus casillas a la del moño.
Los descarados pozos escarlatas del muchacho se deslizaron por el encogido cuerpo de ella bajo el aura de advertencia que emanaba de la misma. Éstos, se detuvieron momentáneamente en el sello que decoraba el cuello de la examinadora para después toparse directamente con la amenazante expresión que la mujer en su rostro tenía esculpida.
―¿Y eso lo dice alguien que ha estado roncando como si nada mientras sus compañeros se jugaban el pescuezo debatiéndose entre la vida y la muerte?― interpeló el Uchiha al tiempo que envainaba su espada.
―En su día fueron también tus compañeros, así que no sueltes tanto esa lengua que tienes porque puede que algún día te la arranquen.― Le reprendió la pelimorada embraveciendo el tono de su imperiosa voz.
―Hmp...―musitó él desviando su mirada― Hablando de compañeros... No veo a Naruto por aquí― comentó momentos después el poseedor del Sharingan deslizando sus carmesíes orbes por la extensión del túnel al acordarse del hiperactivo joven.
―¡Y no quieras verlo, no después de lo que has hecho!― sentenció la ojicaramelo mirando con rabia a su alrededor.
&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o
No había lugar a dudas, aquel grito que había escuchado hacía escasos minutos pertenecía a Shikamaru, era su voz y sonaba desesperado... Hacía ya rato que había perdido a Sasuke de vista y ahora lo único que podía hacer era correr por aquel jodido entramado sin rumbo alguno con la esperanza de poder alcanzarlo. No sé que tenía en mente, pero aquella mirada impregnada en sangre que me arrojó antes de marchar no era en absoluto un buen augurio, ojalá los de Konoha estuvieran bien, tenía que pararle los pies a Sasuke de alguna manera, su vida ahora pendía de mi decisión... ¿Por qué? La oscuridad me rodeaba por todas partes y me sentía incómoda deambulando por aquellos angostos pasadizos yo sola sin su presencia, era extraño no tenerlo cerca.
En la distancia, vislumbré una amarillenta luz que ocasionó que mis pasos se aceleraran por sí solos. A medida que avanzaba, una sensación de opresión y fatiga se apoderaba progresivamente de mí hasta que finalmente fui capaz de visualizar la horrorosa escena que ante mí se cernía.
Un ensordecedor chillido de terror emergió entonces a través de mis labios desde lo más profundo de mis pulmones resonando por toda la extensión del pasadizo en el que me acababa de adentrar. Lo que estaba viendo no podía ser cierto...
El Uchiha, desde el otro extremo del corredor, se volteó al escuchar aquel tremendo alarido.
―Sakura...―Le oí susurrar casi para sus adentros antes de que yo me desplomara en el suelo cayendo de rodillas contra el duro pavimento para después llevarme ambas manos a la boca.
Mis pupilas estaban dilatadas y únicamente atinaban a captar los salpicones de sangre que por todos lados decoraban el lugar. En cuestión de segundos las lágrimas se acumularon en mis ojos y comenzaron a rodar sin tregua por la extensión de mis mejillas.
―Sakura...―reiteró el azabache con suavidad en su voz al tiempo que suprimía la distancia que nos separaba.
Yo lo miré con ojos llorosos sin ser capaz de pronunciar algo coherente, la desolación cayó sobre mí como un jarro de agua fría que anuló todo mi ser.
―Sasuke... ¿qué has...?―intenté formular siendo incapaz de mirar el desgarrado cuerpo de Hinata tendido a pocos pasos de mí.
No podía, simplemente no podía dar crédito a todo aquello. Al parecer, Ibiki y Anko eran los únicos que medianamente estaban a salvo, con suerte Ino sólo estaría inconsciente. Esto no podía estar pasando. El culpable de aquella masacre estaba junto a mí, mirando de reojo a la Hyûga de forma intermitente, a pesar de ello, su cara no ofrecía expresión alguna.
No, no, no, esto tenía que ser una pesadilla. El hombre al que siempre había querido acababa de herir, dañar, asesinar... a nuestros compañeros de toda la vida y se encontraba ahí, tan tranquilo, como si no hubiera roto un plato en su vida. Volví a agachar la cabeza, ya había intentado demandarle una explicación pero mi ahogada y quebrada voz a causa de la fuerte escena con la que me había topado me lo impedía.
Mi cuerpo no reaccionaba, simplemente se dejaba inundar por la tristeza, el dolor y el poderoso sentimiento de traición que en mí estaba comenzando a forjarse. Era consciente de que él mismo me advirtió de que se había convertido en un asesino sin escrúpulos, pero jamás imaginé que podría llegar tan lejos; pues una cosa era escucharlo y la otra comprobarlo con mis propios ojos.
Por Kami-sama, Sakura, el que advierte no es traidor...
Soy una idiota, esa es exactamente la palabra que me define, no existe otra palabra mejor para designarme... ¿Qué se supone que debía hacer yo ahora? Ni idea... estaba en blanco, paralizada... Podía notar de vez en cuando la mirada de Sasuke sobre mí y ello me inquietaba.
―Vamos―instó el Uchiha de repente sacándome así de mis pensamientos.
Yo lo miré afligida y ciertamente desconcertada.
¿No estaría hablando en serio?
―No―murmuré secamente mientras me secaba las lágrimas, teniendo en cuenta la situación, no era conveniente perder el tiempo lloriqueando; debía hacerle justicia a mi posición como shinobi.
―Sakura, vamos―volvió a imperar presionándome con su oscura mirada tras haber desactivado el Sharingan sin perder detalle de cada uno de los movimientos que yo realicé para conseguir tenerme en pie sin que mis piernas me la jugaran.
―Te he dicho que no―repetí con la mayor firmeza de la que fui capaz antes de empujarlo para abrirme paso.
Él me miró con arrogancia ante tal acto para después trazar un sutil curva en sus labios. ¿Qué coño le pasaba ahora? Estaba mucho más raro de lo normal, jamás me había mirado tan por encima del hombro, de hecho, mi pequeño arrebato apenas lo había movido del sitio.
―Si mal no recuerdo, has dicho que te venías conmigo, así que ya estás tardando.―Me echó en cara agarrándome de la muñeca con fuerza deteniendo de esa forma mis pasos, pues a juzgar por la presión del agarre, tenía la intención de arrastrarme con él en contra de mi voluntad.
―¡Suelta!―insté encarándolo con el entrecejo arrugado―¡Tú mismo me dijiste que en cuanto nos encontraran regresara a la villa y eso es justo lo que voy a hacer!―Le recordé resistiéndome a los fuertes tirones que mi extremidad estaba sufriendo.
Su expresión momentáneamente se crispó antes de que el carmín aflorara nuevamente en sus ojos.
―¡¿No pretenderás a caso que permanezca a tu lado después de lo que has hecho, verdad?! ―interrogué acto seguido mirándolo fijamente a aquellos orbes que representaban al mismísimo diablo.
―Hmp...―vaciló sosteniéndome la mirada con soberbia sin dejar de presionar mi muñeca, al contrario, la estiró aún más para poder pegarme a él y hacer que nuestros rostros quedaran a escasos centímetros pudiendo así notar la respiración del opuesto: la suya pausada y sosegada y la mía agitada, prácticamente desbocada.
―Asesino de mierda, rogaré porque te pudras en el infierno―siseé entre dientes mientras me zafaba de su puñetero agarre con un brusco tirón.
Al oír mis palabras, una torcida sonrisa de medio lado atentó contra sus labios ocasionando que yo por acto instintivo le cruzara la cara.
―¡Eres un cabrón, eso es lo que eres! ¡ No entiendo cómo no he abierto los ojos antes!―sentencié con frialdad antes de alejarme de su lado para ir a despertar a Ino, la necesitaba antes de que fuera demasiado tarde para Hinata y Shikamaru.
―No hay peor ciego que el que no quiere ver, Sakura―comentó él en voz alta a mis espaldas.
Aquella fue la gota que colmó el vaso, las palabras comenzaron a apelotonarse en mi garganta y mis puños se tensaron, así como todo mi cuerpo. Si no le partía la cara en breve sería un milag...
―¡Pues entonces tú necesitas gafas, Uchiha!―intervino Anko tomando cartas en el asunto sin haber perdido en ningún momento el hilo de la conversación, al tiempo que lo enfocaba directamente con la pequeña lucecilla de la casi fundida linterna por si no se había dado por aludido.
Ibiki se llevó las manos a la cabeza en un claro gesto de alarma, ¿por qué narices su compañera tenía que meter las narices en todo en lugar de limitarse a cerrar el pico?
El joven de rebelde cabellera desvió su mirada hacia la ojicaramelo, persona que se encontraba sentada en el suelo, apoyada contra la pared y armada con una linterna sin carga junto a su fiel compañero Ibiki, que se había desplazado hasta su posición por si algo de ésto pasaba.
―Mira―pronunció la pelimorada como si se estuviera conteniendo sirviéndose de un tono obstinado sin retirar sus luceros de encima del Sharingan. ―A mí no me amenaces con esa mierda porque sabes que tengo razón. La venganza te corroe por dentro y eso es lo que te ha desgraciado la vida. Todos sabemos que la has perseguido hasta la saciedad a costa de convertirte en un renegado y para qué ¿eh? Para arrebatarle la vida a Itachi y después enterarte de que todo lo hizo por tu bien... De Madara y Tobi no diré nada, al igual que de Kabuto, porque si no yo ya no estaría aquí; pero en cualquier caso, yo que tú me replantearía esos objetivos que deambulan por tu retorcida mente. Has tenido una venda que durante todo este tiempo te ha impedido ver con nitidez lo que tenías delante de tus narices, así que haz el favor y piensa un poco en lo que hubiera querido tu hermano y en lo que quieres tú a ver si sacas algo de provecho... Porque a este paso, no vas a durar ni dos días, te lo dice alguien que sabe de lo que está hablando, venimos del mismo sitio Uchiha, Orochimaru no ha sido algo que pueda olvidarse así como así. No eres tonto, así que emplea la mollera que tienes para algo útil.
―Ya Anko, cállate―interrumpió Ibiki analizando la expresión que el rostro de Sasuke había adquirido
―¡No me callo!―Se impuso ella molesta lanzando con ira la linterna en un intento de atentar contra el azabache para ver si a éste se le encendía la bombilla.
El pelinegro la cogió al vuelo y la hizo reventar entre una de sus manos procurando descargar en ella su rabia ante las palabras de la Mitarashi, cosa que no le sirvió de mucho, por lo que optó por desviar su trayectoria para así dirigirse hacia la examinadora harto de tanta habladuría.
―¿Qué? ¿Ya se te han fundido los plomos?―rió la del moño plantándole cara con una fanfarrona sonrisa dibujada en su rostro.
Pude claramente apreciar como el cuerpo de él se tensaba preso de la rabia ocasionada por los vocablos de aquella mujer, yo ya no sabía qué hacer... aquel Sasuke no era el que yo conocía. No me daría tiempo a llegar, estaba junto a Ino intentándola sacar de su estado de inconsciencia, por lo que interponerme entre Mitarashi-san y él sería algo complejo. Ella estaba en clara desventaja, tenía una pierna inutilizada y a pesar de ello le enseñaba los dientes sin mostrar pavor alguno, no por nada era una jonnin de alto nivel.
De repente, dos siluetas se materializaron de la nada.
―Sasuke, has llegado demasiado lejos―sentenció una voz masculina interponiéndose entre la embarazada y él envuelto en una estela de humo.
Fin cap!
Si os ha gustado (y si no también) es de agradecer que dejéis caer algún review de vez en cuando
