A vuestra disposición, nuevo capítulo; aguardo que disfrutéis de la lectura.

Gracias Pochi-san por hacerme saber que sigues ahí, valoro mucho que tuvieras ese detalle, en verdad, gracias. Me diste fuerzas para colgar uno más.

Capítulo 17: Refuerzos

―Sasuke, has llegado demasiado lejos―sentenció una voz masculina interponiéndose entre la embarazada y él envuelto en una estela de humo.

―Hmp...―soltó el Uchiha deteniendo su paso mientras observaba a uno de los individuos que se encontraban tras la ahora más disipada neblina.

―Ibiki, aparta a Anko de aquí―ordenó un enfadado peliplateado tras voltear levemente su rostro verificando así que su mujer estaba medio estable.

El nombrado se limitó a asentir cargando con la ojicaramelo para aproximarse hacia mí pensando que en la parte opuesta del túnel estaríamos más protegidos.

Sai, quién acababa de aparecer con el Hatake, aprovechó el "pequeño" despiste para atacar al Uchiha de frente, atentando directamente contra su yugular sirviéndose de su afilada espada al dejarse llevar por la rabia que lo consumió al ver a Ino desparramada por el empedrado.

Sasuke lo esquivó ubicándose instantáneamente tras él.

―Las imitaciones no deberían ponerse a la altura del original―comentó con frialdad antes de atravesarlo por la espalda con un Chidori.

―¡SASUKE, DETENTE YA!―grité atemorizada abandonando a Ino para correr dando tumbos, tenía que parar todo aquello.

―Sakura, eso no será suficiente para acabar con nosotros. Ves con Ino, estabilízala y entre las dos encargáos de los heridos. Déjanos al renegado a nosotros― imperó Kakashi con voz autoritaria cortándome el paso al tiempo que el cuerpo de Sai se convertía en un charco de tinta y el original aparecía sobre uno de sus pájaros dispuesto a acabar con la vida del poseedor del Sharingan.

No quería mirar aquello, por lo que giré sobre mis talones gimoteando y regresé junto con Ino para despertarla. Ahora mismo estaba hecha un completo lío, la persona a la que más amaba estaba intentando acabar con la existencia de nuestro sensei, así como con la de Sai y viceversa... Esto no podía estar pasando y para colmo, me sentía algo mareada. Pfffffff... puta mierda de vida.

―¿Sa...kura-chan?―Me llamó al cabo de un rato una atontolinada rubia incorporándose de sopetón para abrazarme con efusividad ocasionando que ambas cayéramos al suelo; suerte que yo estaba de rodillas y ella sentada en el suelo, porque de no ser así el trastazo hubiera sido memorable.

―Ino-chan...―correspondí trazando una apenada sonrisa sin ser capaz de disimular el quebradizo tono que mi voz había adquirido.

―¡Suerte que estás bien!―exclamó sin cesar de estrujarme mientras un par de lágrimas se acumulaban en sus pestañas.

Mi cuerpo hacía rato que había copiado su acción, ella era la única capaz de animarme incluso en los peores momentos. La espachurré con fuerza, al igual que ella hacía, transmitiéndole lo mucho que la había añorado.

―Frente idiota, me has dado un buen susto. Deberías haberme visto cuando llegué a tu casa y no había ni rastro de ti. ¡Baka!―agregó sin deshacer el abrazo.

―Eso es justo lo que soy, una tonta...―admití con rabia apoyando mi cabeza sobre su hombro mientras mis manos descendían por su espalda hasta que finalmente rompí el abrazo.―Lo siento mucho, Ino...―añadí arrepentida observando con dolor la escena que se extendía a sus espaldas.

Ino me miró extrañada sin acabar de comprender mis palabras, fue entonces cuando se fijó en su alrededor... Una expresión de terror apareció en su rostro junto con una palidez inminente.

―¿Hina...ta-chan? ¿Shikama...ru-kun?―atinó a pronunciar horrorizada con temblor en su voz.

Miles de lágrimas comenzaron a resbalar sin remedio por sus mejillas. No daba crédito a lo que sus azulados ojos veían, no quería creérselo, estaba petrificada.

―Ha... ¿ha sido Sasuke-kun?―interrogó procurando no tartamudear por la fuerte impresión que le había causado aquella espantosa escena mientras que con ambas manos se cubría la boca para reprimir aquel desgarrador chillido que reclamaba la libertad.

Yo me limité a asentir agachando la cabeza logrando así que las lágrimas que se habían acumulado en mis ojos se precipitaran hasta impactar contra el suelo. Mi amiga deslizó aterrorizada su mirada por los tres cuerpos ensangrentados hasta que finalmente se topó con Anko e Ibiki, ambos sentados en el suelo observando con el corazón en un puño la sanguinaria batalla que se estaba llevando a cabo.

Ino sabía muy bien quiénes se estaban jugando la vida allí en medio, bastaba ver los salpicones de tinta por las paredes y las chirriantes y centelleantes descargas eléctricas de los numerosos Chidoris y Raikiris con los que se atacaban los contrincantes. A eso, sumarle los resonantes sonidos que emitían las cuchillas de las espadas y los kunais al encontrarse.

El desasosiego que invadía a Ino era perfectamente apreciable, pues no logró reunir el valor necesario como para voltearse para poder apreciar la sangrienta y peligrosa pelea, aunque yo tampoco estoy para hablar dado que fui la primera en alejarme de allí.

―Ino ...―La llamé con voz apagada mientras me secaba un poco las lágrimas que se empeñaban en llevarme la contraria ya que proseguían emergiendo de mis ojos.

Ella me miró con ojos vidriosos, hacía ya tiempo que no apreciaba aquella triste expresión plasmada en su rostro; quizá desde la muerte de Asuma.

―Ya me encargo yo de Shikamaru, tú cura a Hinata.

Se me anticipó sabiendo por donde iban los tiros mientras se arrodillaba con pesadumbre ante el yacente cuerpo del Nara. Yo me dirigí hacia la Hyûga, me agaché a su lado y comencé a emanar chakra curativo sobre su profunda y peligrosa herida.

Había perdido muchísima sangre, debería haber actuado antes, aquella grave contusión que la había atravesado de lado a lado acababa de pasarle factura a un par de órganos vitales. No lo iba a contar, esto era imposible... ¡Vamos Hinata! Aumenté potencialmente la efectividad de la energía curativa como mínimo para lograr cauterizar la tremenda hemorragia cerrando el descomunal apuñalamiento.

A Ino no le iba mucho mejor ya que no dejaba de pegarle voces a Shikamaru para que reaccionara sin cesar de transmitirle su potente chakra en el intento de frenar el despilfarro de sangre, el daño era muy cercano al corazón, algún pulmón seguro habría sido dañado.

―Haruno.― Me llamó la Mitarashi, quien se encontraba a escasos pasos de mi.

Yo alcé la mirada esperando sus palabras prosiguiendo con mi labor.

―Ésta también se está desangrando―notificó señalando a Karin con la mirada contemplando de reojo el peliagudo combate.

―Primero debe asistirse sanitariamente a los habitantes de la villa y una vez que su estabilidad esté asegurada ya se podrá ofrecer atención al resto de heridos. Lo lamento, pero son las normas.

―Bueno, yo le hago un torniquete y tú después si eso ya la miras con más detenimiento.

Fue lo último que pude oír por su parte ya que cuando quise acordar la herida de la pelirroja estaba envuelta por una descomunal serpiente que rodeaba todo el cuerpo de la chica ejerciendo una leve presión para evitar que perdiera más sangre.

―Haruno, no me mires así que como mucho se puede morir por asfixia, así que estate tranquila―anunció la propietaria de semejante animal al percatarse de mi careto ante su peculiar apaño; yo no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa al escucharla.

El sarcasmo y el humor eran una importante parte de ella.

Después de varios minutos más vertiendo mi chakra sobre la herida de Hinata, logré hacer que dejara de derramar sangre por doquier; a pesar de ello, esto no garantizaba su seguridad puesto que la pérdida había sido importante.

Retiré el sudor de mi frente con una de mis ensangrentadas manos dispuesta a proseguir brindándole todo mi chakra para que así la regeneración de los tejidos afectados fuera más rápida y con suerte su cuerpo comenzaría antes a producir más sangre.

Estaba tan concentrada que ni tan si quiera me percaté de cuando Sasuke había aparecido detrás de mí, de golpe y sin previo aviso; como de costumbre.

―Sakura...―Me llamó con la voz ligeramente entrecortada sin despojarla de su característico tono dominante.

En aquel momento mi mente se nubló por completo temiéndome lo peor, no podía ser que ya hubiera acabado con Kakashi-sensei y con Sai.

Armada de valor, volteé mi rostro encarándolo con cierto temor a encontrarme con los cuerpos de los nombrados anteriormente esparcidos por el suelo. Para mi sorpresa, me encontré de frente con Sasuke un tanto magullado y tras él a Kakashi y Sai no mucho mejor... recobrando el aire perdido. Al parecer, su repentino cambio de posición los pilló a ambos por sorpresa.

―¡No te acerques a los heridos!― Le advirtió Anko encabronada sospechando que quizá quería acabar con lo que había empezado.

Sus palabras sonaron en verdad amenazantes, pues a esa mujer no solía temblarle el pulso a la hora de actuar y plantarle cara a cualquiera que hiciera falta; de hecho, no quiso arriesgarse a darle tiempo a que respondiera, por lo que con la mano que le quedaba libre, invocó a un par de serpientes que a una velocidad admirable tomaron posesión del cuello del poseedor del Sharingan dejándolo así sin opción a moverse debido a la fuerza con la que se enrollaron agresivamente en torno a su garganta.

―Anko...―bufó Ibiki entre dientes―¿No sabes estarte quietecita?

El calvo en cuestión se incorporó pesarosamente dispuesto a pasar a la acción; pues no desperdiciaría la oportunidad que su compañera le había brindado.

―Hmp...―musitó Sasuke al percatarse de las intenciones del examinador.

Yo automáticamente lo miré con ojos acuosos, su cara, su cara era la representación de Lucifer surgido de las entrañas del averno. No era él, no podía ser él...

―Sasuke...―Se me escapó, mi voz temblaba, temblaba sin remedio no pudiendo soportar la sádica expresión que se había esgrimido en su rostro mientras aguardaba a que Ibiki se le acercara.

Al parecer, mi voz llegó a sus oídos, hecho que provocó que sus carmesíes destellos tiznados por la sed de sangre que en aquellos instantes lo dominaba, se clavaran sobre mí poniéndome el bello de gallina. Me estremecí, me daba miedo, infundía pavor sobre mi persona. ¿Por qué estaba pasando todo esto? Tenía que ser un mal sueño.

Aquel breve instante en el que me observó se me hizo eterno, me analizaba de forma inquisidora poniendo toda su atención en mí, como si nunca antes me hubiera visto. No parpadeaba si quiera, simplemente dibujó una socarrona mueca antes de agarrar con sus fornidos brazos el manojo de serpientes que se afanaban por dejarlo sin aire y se las arrancó de un vasto tirón bajo un gemido de dolor que emitió la propietaria de las mismas, la cual lo miró irascible.

Él hacía caso omiso de lo que a su alrededor pasaba, estaba enfocado en mí, y ello me inquietaba y hacía que mi corazón comenzara a trepar por mi garganta debido al nerviosismo que comenzaba a asolarme, esto estaba mal, su mirada era jodidamente atrayente a la par que espeluznante... Sólo me prestaba atención a mí, qué coño le pasaba.

Contemplé como se inclinaba hacia mí de un momento a otro, hasta que, alargando uno de sus brazos, me levantó del suelo con brusquedad tras haberse apropiado de mi muñeca. Yo forcejeé intentando liberarme, pero él actuó antes; pues sus labios se apoderaron de los míos rudamente ignorando mi rechazo.

Aquel contacto fue desagradable, su lengua se adentró en mi cavidad bucal con grosería después de haberme mordido el labio inferior agresivamente ganándose así el paso.

Yo gemí molesta intentando desligarme, su sabor era amargo, asquerosamente amargo y en cierta medida ácido. ¿Por qué?

Cuando volví en mí y caí en la cuenta de lo que aquel impresentable estaba haciendo, lo empujé con violencia logrando así separarnos y le crucé la cara de un guantazo.

Él me miró de reojo con expresión de mofa. Mis ojos lo observaban confundidos, fue entonces cuando trazó una suave curva en sus labios.

"Estúpida Haruno".

Fue lo último que escuché pronunciar por aquel hombre antes de que su figura se desvaneciera delante de mis narices envuelta en llamas.

―Joder Ibiki... tanto acumular chakra para abatirlo de una tortura mental en el último instante, va y se te escapa―rezongaba la del moño molesta sobándose el brazo.

―Mitarashi, eres tú la que no ha dado la talla―debatió el aludido―¿O debería decir tus serpientes?

―Tsk... Si las serpientes han fallado ha sido porque la mayor parte de mi chakra la estaba invirtiendo en ésta―farfulló mientras hacia un ademán de desprecio con la cabeza para señalar a Karin.

Ibiki acabó resignándose, lo mejor era no hacerla enfadar, no más de lo que ya podía estar...

―Jodido Uchiha―proseguía maldiciendo la ojicaramelo sumida en sus pensamientos.

―Schh... cari―interrumpió Kakashi―No te sulfures, no es bueno para ellos―agregó con ternura al oído de su mujer tras haberse agazapado junto a ella quedando así a la misma altura.

La susodicha volteó un poco su cabeza para encontrarse así con el rostro del Hatake sobre su hombro, sonriéndole bajo la máscara. Fue entonces cuando notó las cálidas manos de él rodearla por la espalda hasta posarse sobre su abultado vientre, el cual masajeó tiernamente.

―Kashi...

La pelimorada sonrió contemplando las manos de su amado, el cual besó con dulzura su frente; acercamiento que ella aprovechó para bajarle la máscara de un fugaz gesto y atrapar sus labios durante escasos segundos.

―Te quiero―murmuró el peliplata colocándose nuevamente su característica prenda.

Todas sus voces sonaban difusas en mi mente, el suelo daba vueltas y las paredes se estrechaban a mi alrededor. Me dolía muchísimo la cabeza y notaba como si algo empequeñeciera en mi interior. El estómago se me encogió de repente y sentí unas fuertes náuseas que provocaron que yo perdiera el equilibrio y cayera de bruces contra el piso tosiendo rudamente. El aire me faltaba, mis pulmones no lo almacenaban o, en caso contrario, yo era incapaz de sintetizarlo. Llevé una de mis manos hacia la garganta y me la agarré con fuerza jadeando, notaba como la saliva se acumulaba en mi boca y escapaba por las comisuras entreabiertas de mis labios. Sudaba, estaba sudando, tenía calor y frío a la vez, mi vista únicamente discernía borrones en el penumbroso horizonte. La voz de Ino me llamaba, yo la oía a lo lejos, como desde el fondo de un pozo, pero no la escuchaba, no entendía lo que me estaba diciendo. La oscuridad entonces me envolvió, sentí el frió de los guijarros del suelo colarse por cada uno de mis poros y el fuego de su corpulenta silueta plasmarse en mi mente arrancándome un estridente alarido.

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El pasillo estaba sumido en las sombras, todas las velas se habían apagado dejando a la cera esculpir sinuosas formas por los viejos y desgastados candelabros que pendían de la pared.

Allí sólo quedaba él, abrumado, confundido, extraviado en el intenso oleaje de sus confusos pensamientos. Se sentía a merced de la marea, sin un rumbo qué seguir, sin un bote al que aferrarse, sin un horizonte al que mirar... Únicamente negrura, oscuridad era todo lo que alcanzaba a discernir con sus cansados ojos. No sabía cómo había llegado a perderse en el interior de la galería de su propia estirpe, era absurdo. Más absurdo era, sin embargo, no tener idea de cómo había acabado tirado en medio de uno de los corredores más recónditos e inaccesibles que allí había. Por más que pensaba, no era capaz de dilucidar nada, ni tan siquiera el esquema mental de aquel laberíntico lugar. Veía borroso, demasiado borroso como para estar simplemente agotado, algo le pasaba, lo sabía bien, pero desconocía la causa de tal malestar. Su cuerpo estaba allí tendido, inerte, inmóvil, sobre el duro e irregular suelo de piedra.

Bufó con hastío y movió una de sus manos con torpeza, estaba entumecido, su tacto era muy débil, apenas era capaz de notar con la yema de sus magullados dedos la discordancia entre las piedras del suelo, los huecos que entre ellas había, las ranuras... Arañó el pavimento repetidas veces y maldijo en voz baja. Aquello no estaba bien de ninguna de las maneras. ¿Cómo narices había acabado tan jodidamente destrozado?

Su chakra... Su chakra era inexistente, ni tan si quiera poseía la energía necesaria como para encender al menos una vela. Cerró el puño con rabia, sus músculos a duras penas le respondían y cualquier movimiento se le antojaba incómodo e incluso doloroso. Cerró sus azabaches ojos con fuerza e hizo intento de recordar algo, lo que fuera, a fin de averiguar qué le había conducido a tan deplorable situación.

Nada... Su subconsciente estaba colapsado, no era capaz de recordar lo sucedido antes de acabar así. Abrió sus orbes lentamente y respiró hondo sintiendo el peso del aire presionar contra sus pulmones. Le dolía todo el cuerpo, aquello era una maldita tortura.

Resopló por enésima vez y giró la cabeza hacia el otro lado con notable pesadez. Sus negros mechones se esparcían por el suelo y cubrían parte de su tez. Humedeció sus labios con saliva y respiró profundamente. Una mueca de dolor atentó entonces contra su rostro. En sus oídos, una dulce voz resonaba repitiendo su nombre sin descanso, parecía sollozar... Sí, eso era, aquella voz lloraba, emitía tristes gimoteos que eran capaces de inquietar a cualquiera. ¿Quién era? ¿Por qué lloraba? Le resultaba tremendamente familiar a la par que cálido y reconfortante, le gustaba aquel sonido, no el del llanto, sino el mero hecho de escucharla...

Sakura...

¡Eso es! La imagen de una joven de verdes ojos esmeralda y cabello rosado tomó forma en el interior de su cabeza. Quiso acariciarla, tomar un mechón entre sus destrozados dedos y apreciar la fragancia que de éste se desprendía. Alargó uno de sus trabajados brazos con esfuerzo y casi sintió que rozaba su sonrosada mejilla. ¿Dónde estaba? No percibía su chakra junto a él, es más, no la percibía por ningún lugar. ¿Se había ido?

Liberó un chasquido y dejó su mente en blanco nuevamente procurando evitar que los malos presentimientos que comenzaban a aflorar en él se desbordaran. Entonces la vio, allí, a su lado, mirándolo con sus hermosos ojos acuosos mientras tímidas gotas perladas descendían por sus mejillas. Le estaba diciendo algo... Frunció el entrecejo rogándole a Kami que le hiciera recordar.

Un momento, se estaba alejando de ella, la estaba dejando atrás, llorando... Ella le gritaba que no se fuera de su lado ¿A caso lo había hecho? Le suplicaba que permaneciera allí, con ella, y que se marcharan, huyeran... En verdad insistía, prácticamente se lo estaba rogando. Pero... ¿porqué él no le hacía caso?, ¿porque simplemente le daba la espalda y proseguía caminado sin vacilar? Quizá tuviera que hacer algo... En tal caso, ¿era tan importante como para ignorarla y dejarla atrás?

Después de eso, únicamente el desasosiego turbaba sus recuerdos.

Un tremendo retortijón que recorrió toda su zona abdominal hizo que el joven se retorciera de dolor y se encogiera sobre sí mismo liberando un sonoro quejido. Apretó los dientes haciendo amago de reprimir aquel pesaroso malestar que lentamente se extendía por todo su cuerpo y que le arrancó otro brusco gemido que resonó por el extenso pasadizo.

Translúcidas gotitas de sudor se deslizaban por su nariz denotando el esfuerzo por aguantar el dolor al que estaba siendo sometido. Joder...

Entornó sus ojos e intentó trazar en su cabeza los finos rasgos de ella. Su nariz respingona, su alegre sonrisa y sus preciosos ojos que le habían dado luz a su existencia por un corto periodo de tiempo. ¿Existencia? ¿A caso él no había muerto ya en el mundo shinobi? No, sólo lo había fingido. Era ella la que le había dado una razón para alejar las mentiras que lo encadenaban y luchar por vivir a pesar de que ni ella misma se había dado cuenta de eso todavía.

Quizá era hora de dar la cara y hacer algo por llevar una vida normal y no actuar como una comadreja entre la espesura de la noche y el cobijo de las cuevas. Eran demasiados errores los que se amontonaban sobre sus hombros, demasiadas vidas, no todas inocentes, tan sólo una... Itachi. A pesar de ello, no todos lo entenderían, nunca es tarde, pero para un renegado el tiempo se acaba desde el preciso momento en el que lo consideran como tal. No lo lograría, no lo aceptarían, lo borrarían del mapa en cuanto lo tuvieran a tiro. ¿Y qué? ¿Desde cuándo le importaban tales tonterías? ¿Vivir o morir? ¿Existe alguna diferencia?

A su modo de ver, ninguna, por ello no le importaría perecer en cualquier momento, no obstante quería verla, anhelaba oír su voz, sentir su piel, su calor... Si algo tenía claro es que la quería cerca, no abandonaría este mundo sin volverla a ver, no lo haría, así lo aniquilaran segundos después; con abrazarla una vez más sería suficiente para pasar toda una eternidad en el infierno, era tentador.

Se removió en el suelo aguantando las punzadas de dolor que lo acribillaban descaradamente y se decidió a mover su brazo diestro, el cual le transmitió un fuerte calambrazo antes de obedecer sus órdenes.

Repitió el proceso con el otro y, finalmente, logró apoyar ambas manos sobre el rugoso pavimento. Apretó la mandíbula con fuerza. Sus músculos se tensaban costosamente, de hecho, podía apreciar con su borrosa mirada como sus fornidos brazos temblaban no siendo capaces de soportar el peso. Cayó bruscamente. Nuevamente el frío del suelo lo acarició. Lo odiaba, odiaba aquella maldita sensación de debilidad porque sí, se sentía frágil a la par que inútil en aquellos instantes.

Farfulló algo entre dientes que apenas él pudo entender y volvió a intentarlo con ahínco una y otra vez sin importarle las veces que llegó a topar de boca contra el piso. Hubo un momento en el que el dolor era insoportable, tanto que de su garganta un ronco lamento escapó.

Sus brazos estaban tirantes, era como si miles de finas agujas hubieran atravesado sus firmes carnes; a pesar de ello, había conseguido separar su pecho del empedrado manteniéndose a duras penas en aquella posición. Debía incorporarse, ansiaba verla y comprobar que estaba bien. Si algo le hubiera pasado no se lo perdonaría jamás.

Quería poder sentir su pequeño cuerpo protegido entre sus brazos. Daría lo que fuera por envolverla una vez más en su calor, por rozar sus tímidos labios, por susurrarle lo mucho que la amaba.

No podía quedarse allí, no hasta saber que ella no corría peligro.

Obligó a sus agarrotadas piernas a moverse ignorando el malestar que ello suponía. En un principio, no obedecieron, pero su voluntad era férrea como el acero, por lo que finalmente éstas acabaron cediendo y sin saber ni cómo lo logró, se vio de pie, con algo de tembleque asediando su rígido cuerpo, pero en pie.

Dio un paso corto, quizá demasiado corto, lo suficiente como para no perder el equilibrio. Necesitaba del sustento de la pared para no desplomarse. Al frente, una nube negra se cernía ante él, oscuridad, nada más ni nada menos que eso... carencia de luz.

Levantó el otro pie, no mucho, prácticamente lo llevaba a rastras, sin embargo, consiguió dar otro paso; más corto que el anterior si cabe, pero un paso en el fondo.

Estiró su magullado brazo y lo apoyó contra la pared, sobre la cual se precipitó segundos después recostando su espalda en ésta con notorio esfuerzo .

El silencio lo envolvía sirviéndose de su fino manto, miles de preguntas lo acechaban, todas ellas sin respuesta.

Sakura... ¿En verdad la había abandonado? No quería pensarlo...

Notaba como su corazón latía con pesadez, era como si le costara seguir bombeando la sangre que a duras penas fluía por sus venas. Se sentía mareado, muy mareado; completamente aturdido. Un intenso dolor que no remitía tomaba potestad de todo su ser enfrascándolo así en una profunda agonía de la que se veía incapaz de escapar. Le molestaba el pecho, respirar era un arduo trabajo, casi un suplicio. Se llevó una de sus trémulas manos al tórax.

Sonrió para sus adentros, aquel repiqueteo era patético, daba pena, era tan frágil que podía detenerse en cualquier momento. Cerró sus cansados ojos, quería escucharlo; quería prestarle por una vez atención a su propio corazón, aunque le hablara en voz baja, tan baja que sólo él pudiera entenderlo.

Fin cap!

Agradezco muchísimo que os animéis a leer este fic a pesar de la irregularidad temporal a la hora de actualizar; no obstante, considero que se merece alguna opinión por vuestra parte, al menos para hacerme saber si lo estoy haciendo bien o no y de si os gusta u os desagrada el rumbo que toma la historia. Muchas gracias a todos, por favor, comentad, es de agradecer saber la opinión de los lectores, vuestra opinión...

Sin vosotros, una historia se reduce a la nada... No lo olvidéis.