Capítulo 18: De regreso

Sonrió para sus adentros, aquel repiqueteo era patético, daba pena, era tan frágil que podía detenerse en cualquier momento. Cerró sus cansados ojos, quería escucharlo; quería prestarle por una vez atención a su propio corazón, aunque le hablara en voz baja, tan baja que sólo él pudiera entenderlo.

Se sobó la zona una vez más antes de alzar su extraviada mirada al techo, la encontraría...

Apretó con su adolorida mano la prenda que cubría su pecho y apreció el suave calor que de su piel se desprendía, seguía con vida gracias a ella, sin su presencia ya estaría perdido en las tinieblas.

Decidido, comenzó a caminar lentamente procurando no perder el poco equilibrio con el que contaba. En su estado, no llegaría demasiado lejos, tenía que hacer algo. Todo a su alrededor estaba deformado, daba vueltas y ello lo atormentaba.

Caminó un poco más aferrándose a los rugosos muros, no obstante, de un momento a otro se vio en el suelo nuevamente, de bruces, con sus rodillas hincadas en el duro pavimento.

Un asqueroso sabor metálico trepó entonces por su garganta acompañado de unos roncos tosidos que le dificultaban notoriamente la respiración.

Una bocanada de espeso líquido carmesí escapó entonces de entre sus amoratados labios. La garganta le quemaba, su cuerpo ardía por dentro haciendo que se retorciera de dolor. No quiso desplomarse, aguantó con sus debilitados brazos todo su peso. Sudaba, sudaba mucho, su pelo estaba húmedo y perladas gotitas recorrían su frente con osadía resbalando posteriormente por sus mejillas.

Sus orbes estaban dilatados, fijos en aquel borrón que teñía el suelo de escarlata. La tos no remitía, contraía reiteradamente su caja torácica y la expandía obligándolo a soportar el intenso dolor que aquellos bruscos movimientos involuntarios de su propio cuerpo le ocasionaban.

Apretó la mandíbula con fuerza y se incorporó dejando escapar un sonoro gruñido.

Rápidamente, echó mano de su katana, en la que se apoyó para poder seguir caminando usándola de bastón.

Finalmente, logró ubicarse frente a uno de los muros, el cual echó abajo con la afilada hoja de su arma por excelencia, nada ni nadie detendría ahora sus pasos.

Ante él, un oscuro habitáculo se abría paso. Sin vacilar, se adentró en éste. Su vista se nublaba y su cuerpo no le pertenecía. Bien sabía que pronto caería en la inconsciencia, por lo que tomó asiento al borde del mullido camastro, sobre el que su cuerpo cayó a peso plomo segundos después.

Carecía de la certeza de si volvería a levantarse o no, sin embargo, la estaba viendo tomar forma en su martirizada mente, ello bastó para que sus párpados se cerraran resguardándolo así de las sombras del exterior.

&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o

Oía lejanamente como numerosas voces me nombraban de vez en cuando, por lo que me decidí a abrir los ojos con lentitud temerosa de toparme con una iluminación cegadora, pero para mi sorpresa, la oscuridad de la madrugada aún perduraba.

― ¡Buenos palos le damos a la burra, eh Haruno!―exclamó divertida la Mitarashi al percatarse de que mi consciencia había regresado.

Yo la miré un tanto atontolinada sin tener claro dónde nos encontrábamos.

Ella permanecía junto a mí manteniendo a Karin bajo la supervisión de la serpiente que se prolongaba desde uno de sus brazos, mientras observaba cómo a duras penas era capaz de incorporarme un poco para poder sentarme en el suelo.

― ¡Sakura!―oí chillar entonces a Ino en la distancia antes de que unos estrepitosos pasos se me acercaran rápidamente.

Intenté enfocarla, pero no lo conseguí dado que se me abalanzó en lo alto dejando así a Sai a mitad de su cura.

Si mis recuerdos no me fallaban, creo que estábamos en el hermoso claro del bosque en el que se encontraban las dos cuevas.

Ibiki estaba sentado en una de las piedras contemplando la pequeña fogata junto a la cual estábamos Anko, Karin, Hinata, Shikamaru y yo. Sai, Kakashi y anteriormente Ino, estaban un poco más alejados acabando de vendarse las contusiones y heridas leves producidas durante el combate.

Sasuke... El propietario de dicho nombre afloró en mi mente haciéndome olvidarlo todo para centrarme en su persona como si de fuego se tratase, iluminando sólo los recuerdos en los que él constaba y eliminando todo lo demás.

Los cristalinos pozos de Ino me contemplaban llorosos, acababa de darme cuenta de que me estaban mirando fijamente sin dejar de abrazarme con fuerza. Rodeé su fino cuerpo correspondiendo así el abrazo y hundí mi cabeza en su pecho. ¿Qué clase de locura había hecho? Me aferré a mi rubia amiga sollozando, mi cabeza era un completo mar de dudas con un oleaje más que aterrador. Sentía su calor y no quería deshacer aquel contacto, sentía que si lo hacía me ahogaría en mis propias lágrimas. Fue entonces cuando Ino me agarró por los hombros rompiendo el abrazo obligándome así a mirarla.

―Has vuelto Sakura, has regresado a casa―pronunció con voz suave intentando infundirme confianza.

―Ino...― murmuré cabizbaja―Yo... ― La voz me temblaba tanto que hablar se me antojaba imposible.

―Tranquila. ― Me reconfortó volviéndome a abrazar. ―Ya estás con nosotros.

―¿Cómo están todos? ― Quise saber una vez que logré medio recomponerme.

Ello era lo único que me interesaba en aquellos momentos, si bien Sasuke invadía mi mente por momentos y atentaba contra mi persona ya era demasiado tarde para él... para nosotros... No merecía el perdón de nadie, lo nuestro, si es que en algún momento hubo algo, había terminado para siempre.

La Yamanaka agachó la mirada al oír mis palabras, acto que ocasionó que la congoja me dominara. Instintivamente, desvié mis confundidos ojos hacia los heridos palideciendo al instante.

―Han perdido demasiada sangre― Vocalizó abatida ―He hecho lo que he podido, pero no sé si resistirán hasta llegar a la villa.

―Lo harán―pronuncié decidida mientras me incorporaba. ―Tú acaba con Kakashi-sensei y Sai que ya me ocupo yo de Karin, tenemos que partir cuánto antes.

Cada segundo que pasaba era vital tanto para Hinata como para Shikamaru, no podíamos perder más tiempo.

Me arrodillé frente a Karin bajo la atenta mirada de Anko-san, la cual, después de que yo asintiera, retiró la serpiente que estaba evitando que aquella malnacida se desangrara. Sin vacilar, me empringué de aquel denso fluido carmesí intentando hacer todo lo posible para que no se le escapase su último aliento de vida. Mi flujo de chakra arremetía contra la tremenda herida procurándola sanar.

―No merece la pena― comentó la Mitarashi sin perder detalle alguno de mi labor.

―Lo sé―coincidí―Pero ya que has evitado que se desangre no la voy a dejar morir.

―Me refiero a lo de seguir torturándote mentalmente por lo del Uchiha, esa ensombrecida mirada que paseas es un tanto indecorosa.

Sus palabras me pillaron desprevenida, tanto, que alcé la mirada topándome así directamente con sus acaramelados ojos.

―Anko... yo... ―Titubeé sin saber muy bien qué decir

―Haruno, un consejo: "Nunca hay que olvidar que los hombres son de aparente temperamento fuerte y de blandengue corazón cambiante."

Vamos, que no valen una mierda, cambian de parecer según lo que les convenga― aclaró con severidad en su voz. ―Aunque... puede haber excepciones―agregó casi para sus adentros contemplando en la distancia al Hatake.

La sonrisa que se plasmó en su cara de forma totalmente involuntaria fue tan tierna que creo que jamás se me olvidará.

―No te martirices por un imbécil―concluyó volviendo a fijar su atención en mí.

Hice todo lo posible por evitar que el cúmulo de lágrimas que se agolpaba en mis acuosos ojos se desbordara, pero de nada sirvió. La del moño suspiró sonoramente contemplando como perladas gotas caían sobre el rostro de la inconsciente pelirroja. La cantidad de sangre que había perdido era tal que yo ya no sabía ni qué hacer. Con un brazo me limpié la cara no queriendo que mis ensangrentadas manos me mancharan aún más y procuré seguir curándola con la cabeza muy pero que muy lejos de allí. El causante de aquel desastre se acababa de convertir en una pesadilla hecha realidad.

―Anko ― Kakashi la llamó acabando de abrocharse el característico chaleco Chunnin una vez acabadas las curas por parte de Ino.

―¿Qué te pasa ya? ― Bromeó la aludida.

―Nada, saber si te duele mucho la pierna― respondió él aproximándose.

―¡Qué va! Entre Ino e Hinata me pusieron un chute de chakra para no notar molestia― explicó ella en tono tranquilizador. ― No hay de qué preocuparse― añadió con una sonrisa en su rostro.

―En tal caso― vaciló el peliplata― Yo te llevaré a cuestas y así habrá más espacio en el pájaro de Sai para el resto de los heridos―informó segundos después agachándose para quedar así a la altura de su mujer, en la mejilla de la cual depositó un fugaz pero cariñoso beso.

―Entonces, ¿ya volvemos a Konoha? ―Se interesó Ibiki haciéndose un hueco en la conversación.

―Sí, hemos encontrado a Sakura y además hemos averiguado que Sasuke sigue con vida, eso es más de lo que se nos había asignado y sin la aprobación del Hokage no es prudente continuar; tenemos heridos que necesitan urgentemente un hospital, ya aclararemos cosas en Konoha, o al menos, eso espero― respondió el ninja copia con profesionalidad desviando su mirada repleta de preocupación hacia Hinata y Shikamaru, quiénes llevaban sin consciencia desde todo lo acontecido.

―Entiendo― murmuró el Morino poniéndose en pié.

―Oye Kashi... ― Lo llamó Anko en voz baja― Si hemos hecho más de lo asignado en la misión, ¿nos merecemos un plus, no? ― Se interesó entornando un poco los ojos con picardía al recordar la necesidad económica que tenían a causa del mal estado en el que se encontraba su cocina.

―Cari... no es el momento ni el lugar para hablar de esto... ―contestó un Kakashi perplejo.

―No si ya, en cualquier caso, ya hablaré yo con el gusano Uzumaki. ¿Nos vamos? ― Cambió ella drásticamente de tema alzando los brazos a modo de niña pequeña para que él la cogiera. Daba la sensación de que nuestro antiguo sensei sonriera para sus adentros, aunque con la máscara no se le apreciara.

―Me acabas de recordar a Nomi―sentenció con ternura el Hatake.

―Normal, tiene el encanto de su madre―aduló ella antes de caer presa en los brazos de su hombre.

―Sakura. ―La voz de Ino me sacó de mi empanamiento―¿Cómo está ésta?― interrogó seguidamente ubicándose a mi lado.

―Pues... No creo que lo cuente, ha perdido demasiada sangre.

―Si Sasuke la ha atacado, por algo será. Así que si no llega viva a la villa no es de nuestra incumbencia, déjalo ya. ―Le restó importancia la Yamanaka observando la ahora ya cerrada herida en su abdomen antes de que yo procediera a vendarla.

―Vayámonos ya― insté a los escasos minutos acabando de recoger todas las cosas para meterlas en mi mochila. Le coloqué bien la chaqueta a Karin y me incorporé.

―¡Sai, nos largamos! ―vociferó Ino de forma ciertamente estridente, chillido que agudizó posicionando ambas manos alrededor de su boca para generar algo de eco.

El joven se volteó para mirarla en la lejanía acomodándose aún su indumentaria. Ino le sostuvo la mirada y entonces Sai respondió con una leve sonrisa justo antes de arrodillarse en el suelo. En frente suyo extendió un pergamino y en él dibujó algo que escasos segundos después se materializó en el cielo con la forma de un descomunal pájaro de tinta que tomó tierra justo al lado de dónde nosotras nos encontrábamos haciendo que toda la maleza de los alrededores se agitara ferozmente al compás que dictaban las ráfagas de aire que se escapaban de sus fuertes aleteos.

Entre Ibiki y Sai cargaron a Shikamaru e Hinata sobre el ave.

― ¡Sakura, ve tú también! ― ordenó Ino retirándose un poco su ahora desordenado flequillo de la cara―No estás en condiciones de andar― explicó recordando el último mareo que había atentado contra mi persona.

Yo me limité a asentir, no tenía ganas de llevarle la contraria a nadie, por lo que sin más, me subí sobre el ave para así regresar a la villa.

&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o&o

La madrugada se cernía sobre todos los cielos negándose a darle paso a los tímidos rayos de Sol que, a duras penas, ofrecían una escasa y precaria iluminación.

Toda la villa de Konoha se encontraba descansando, aferrándose a las sábanas aprovechando los últimos momentos de sueño que les quedaban. Bueno... todos a excepción de los encargados de la entrada principal que, pese a estar de luto, no podían dejar su puesto de vigilancia.

Los dos estaban hablando de sus cosas cuando, de repente, observaron alertados como una serie de sombras se aproximaban hacia el portón de la villa.

Ambos shinobis se pusieron en guardia de inmediato dándole órdenes al resto para cerrar la puerta lo más rápido posible.

― ¡Izumo, detente! ―vociferó una voz femenina cuya propietaria se encontraba agazapada sobre el arco que presidía la entrada.

El mencionado la miró extrañado antes de acatar órdenes sirviéndose de un raudo gesto para informar a Kotetsu y a los otros dos ninjas asignados que se encontraban con ellos.

― ¿Qué pasa? ― interrogó el mismo contemplando como la ANBU descendía con maestría hasta llegar al suelo.

―Son ellos―notificó Yûgao con seriedad antes de cruzar el umbral de Konoha.

Los presentes la miraron con un mar de dudas en la cabeza hasta que, finalmente, se decidieron a seguirle el paso a una distancia prudencial liderados por Yamato, pues fue él quien tomó la iniciativa.

Fue en aquel momento cuando un ensordecedor chillido inundó sus oídos haciendo retumbar con desasosiego sus tímpanos.

Corrieron hacia la ubicación de la shinobi , sin embargo, sus acelerados pasos fueron detenidos instantáneamente al visualizar la fuerte escena que tenían delante.

―No... No puede ser... ―murmuró Kotetsu analizando la información que le ofrecían sus ojos notando como, bajo la tela de su uniforme, la piel se le erizaba.

―A...yuda... ― Se apresuró a vocalizar dificultosamente el joven recién llegado procurando no atragantarse con su propia sangre. ―Él sigue con vida... ―agregó justo antes de desplomarse.

―Kiba, ¿quién sigue con vida? ―interrogó preocupado Izumo sosteniendo al muchacho entre sus brazos, ya que lo había logrado coger antes de que aterrizara sobre el pavimento.

―Él―pronunció esta vez Neji emergiendo de las sombras del bosque junto con Shino, quien al parecer le ayudaba a cargar con un cuerpo conocido.

Akamaru a duras penas se arrastraba tras ellos.

― ¡Shino, Neji! ―gritaron Aoba y Yamato al unísono corriendo hacia ambos no dando crédito al deplorable estado en el que se encontraban.

―¿Qué os ha pasado? ― Quiso saber Yamato tras haberse ofrecido como punto de apoyo para el Hyûga.

Al ojiperla no le dio tiempo a contestar puesto que perdió la consciencia dejando caer el cadáver que a duras penas sostenía. Yamato lo miró inquieto para después posar su mirada sobre Shino con la esperanza de encontrar alguna respuesta, pero ya era demasiado tarde... El Aburame se había rendido presa de la ingente cantidad de sangre que había perdido.

Los encargados de la vigilancia del portal de Konoha intercambiaron miradas angustiados, hecho que se agravó al percatarse del sendero carmesí que habían ido dejando los del escuadrón de rastreo en su duro regreso.

― ¡Yûgao, ves a avisar al Hokage de esto y trae refuerzos para llevarlos al hospital de inmediato! ―ordenó Yamato cargándose a Neji en la espalda de la mejor manera que pudo.

Kotetsu hizo lo propio con Shino tratando de incorporarlo del suelo, fue entonces cuando pudo apreciar con claridad como los insectos del susodicho se acoplaban arremolinándose en el suelo para poder representar una imagen un tanto diáfana de lo que parecía ser el reconocido y prestigioso emblema Uchiha.

―Yamato. ―Lo llamó Kotetsu con el ceño fruncido sin retirar la mirada del lugar.

―Sí... ―asintió el ANBU―No olvides que las hemorragias graves provocan delirios―sentenció finalmente el castaño contemplando con cierta indiferencia la grafía. ― Es más que evidente que él está muerto―añadió con frialdad clavando sus ojos sobre el sujeto sin vida que previamente sostenían Neji y Shino.

―Tienes razón...― corroboró uno de los principales vigilantes de la puerta mientras se disponían a adentrarse nuevamente en la villa siguiendo a Yamato.

Izumo les siguió el paso cargando con Kiba.

Aoba contempló como sus compañeros regresaban a la seguridad de la aldea antes de dirigirse hacia el cadáver tendido en el suelo, se agachó junto a él y lo cargó con hastío lanzándole una última mirada al emblema del suelo.

―Akamaru, vamos, haz un esfuerzo y ves con tu amo, que ya nos llevan la delantera―pidió el ninja acariciando al abatido animal momentos después, quien aulló incorporándose sacando fuerzas para lograr entrar en Konoha.

Tras un año sin actualizar...

¡He aquí mi pequeño regalo para vosotros, queridos lectores!

Gracias por leer, Rairaku-san ^^