Esta historia sera de pocos capis así que espero y les guste!
flashback
—Vamos Serena, sube la pierna— La agitada voz de un joven pelinegro llenaba el diminuto espacio, su rubia acompañante trataba de seguir al pie de la letra todas sus instrucciones pero todo parecía ser inútil, el apretado espacio y la torpeza de ambos, era insufrible,
—Así— murmuraba ella, tratando de hacer lo que él le indicaba, al momento de entrelazar sus piernas alrededor de sus caderas, y sintiendo un leve dolor en su entrepierna al momento que él la penetraba, ella gimió con agudeza, su grito desconcentro a su inexperto amante haciéndolo tambalearse en el apretado espacio, cayendo sobre ella y propinándole un golpe el cabeza.
—Esto es absurdo Darién, Además de imposible— voz temblaba de histeria y desconcierto, su primera experiencia sexual y había sido un total desastre.
—Vamos Serena que no ha sido tan malo—
—Ha Sido horrible, y espero no volver a verte en mi vida,— la joven rubia salió de la diminuta habitación, sintiendo como las lágrimas corrían por su rostro, apenas tenía quince años y ese día se juro no volver a tener ningún tipo de experiencia sexual en su vida.
Fin del flashback
Diez años Después
—Vamos Serena Firma— Serena observo indignada a su padre, El honorable senador Kenji Tsukino, aun no entendía como había sido capaz de venderla, solo esa palabra hizo que su corazón se estremeciera, su padre la había vendido, giro la vista y para disimular su enojo , observando cómo los ojos mas azules que había visto en su vida, la observaban como un gran trofeo, ¿acaso eso era ,un trofeo?, su padre había aceptado el dinero de Seiya Kou, a cambio de su boda, y ella ahora tendría que sonreír como si su desgracias fuera lo mejor que le había pasado.
—Serena—Volvió a decir su padre con un enojo muy notorio en la voz, ella se limito a observar a la figura que tenía al lado y que la observaba con una sonrisa llena de seguridad.
«Maldito, engreído, yo voy a borrar esa sonrisa de tu rostro» los pensamientos de Serena la distraían de las palabras de su padre, aunque lo que realmente la distraía era observar al hombre que estaba junto a ella, era tan atractivo que a La rubia se le secaba la boca, Tenia unos grandes ojos azules que parecerían dos zafiros brillando, el cabello más largo de lo que un hombre normal lo llevaría, sin embargo resaltaban su ancha espalda y su estrecha cintura.
Frunció el Seño, al notar la vestimenta de su acompañante, pantalón vaquero! Siempre lo había visto vestido igual. ¿No tenía otra cosa que ponerse?, abrió más sus ojos azules porque a él le sentaban muy bien. Le moldeaban los largos y musculosos muslos y le ceñían el trasero y la cadera de tal manera que no daba lugar a que se dudara de su sexo.
Quiso apartar los ojos de esa visión hipnotizarte, pero su mirada permaneció fija en aquel hombre. En la fresca camisa azul y en la pálida chaqueta de piel de oveja. Estaba segura de que las botas del oeste, de cuero fino, eran parte de su atuendo diario y que no las usaba sólo para asistir a fiestas de vaqueros. Sus bien adiestrados ojos de compradora experta reconocieron la buena calidad de su ropa, que era cara, pero funcional. Era el epítome del ranchero trabajador auténtico y de mucho dinero.
Tragó saliva. ¿Qué le sucedía? Si alguien se hubiera acercado y la hubiera visto habría pensado que ella lo admiraba. "¡Eso de ninguna manera!" Serena Tsukino no admiraba a ningún hombre y menos a un vaquero dominante y bárbaro, decidido a arruinarle la vida o a arruinar la carrera de su padre...
Sintiendo orgullo por si misma, la rubia por fin firmo el documento, los nervios la hacían temblar de pánico, había firmado su sentencia de muerte, ese papel la convertía en la Sra. De Seiya Kou.
Sintió como las fuertes manos del ahora su esposo, le colocaban una argolla dorada en su dedo anular, observo la fina pieza maravillada por su belleza, pero sobretodo asustada de saber que ese joya tan bella era la cadena que la apartaba de su libertad.
Como no pudo quitarle los ojos de encima se sorprendió cuando Seiya le moldeó la barbilla con su mano y le levantó el rostro. Sus ojos se encontraron.
— ¿No es este el momento en que por tradición el novio besa a la novia? —preguntó suavemente el pelinegro.
Inclinó la cabeza y, con suavidad, presionó su boca contra la de ella.
Serena estaba demasiado conmocionada y atontada para reaccionar como debía. Los labios de su Esposo eran cálidos, tiernos y nada amenazantes. Serena cerró los párpados que le pesaban. Seiya aumentó la presión de manera seductora para entreabrirle los labios y, sin darse cuenta, por instinto, ella le colocó una mano sobre el pecho. Sintió la fuerza sólida y el constante latir del corazón de Seiya. Cuando él introdujo la lengua en su boca para acariciarla, Serena sintió que el deseo la invadía.
Abrió los ojos cuando Seiya apartó los labios de los suyos. Seiya se dio cuenta de de que respiraba con dificultad. No tenía sentido negarlo, porque durante un fugaz momento había olvidado que estaba con el juez y sus padres celebrando su desastrosa catástrofe.
—Vamos a Celebrar el Enlace? — La escandalosa voz de Ikuko Tsukino lleno el ambiente,
Siguiendo las indicaciones de la madre de Serena todos salieron del despacho de Kenji Tsukino, Despidieron al Juez agradeciendo su colaboración para celebrar una boda tan rápidamente,
Seiya noto a su bella esposa conmocionada aun, pero se juro así mismo, hacer que ella olvidara por completo todos sus miedos, sea como sea, el haría que ella bajara todas las resistencias.
Se acerco a ella suavemente mientras su suegra disponía y ordenaba para la cena.
—Para esta noche reservé una habitación en un hotel cerca del aeropuerto —comentó Seiya —. Están revisando mi avión y mañana temprano lo abordaremos.
A Serena se le seco la boca, no podía pensar en quedarse sola con él en una habitación de hotel.
—¿Tu avión? —preguntó tratando de distraerlo y de cambiar de tema. Tenía la garganta reseca y su voz sonó chillona.
—Es un Cessna de dos motores. Lo piloteo yo. El rancho tiene pista de aterrizaje, de modo que mañana iremos directamente allí.
El tenía un avión y en su rancho había una pista de aterrizaje. Había dispuesto de una importante cantidad de dinero sin previo aviso, y no esperaba que le pagaran el préstamo. Entonces Serena se dio cuenta de lo rico que era Seiya Kou.
Era lo bastante rico como para comprar a la mujer que, según el, deseaba por esposa, a pesar de que ella lo había rechazado. Lo bastante rico como para tenerla a su lado el tiempo que quisiera.
—Bueno, Querida, prepara tus maletas, una o dos para el viaje, luego yo me encargare de que envíen tus cosas al rancho, no quiero demorarme ni un minuto más en partir, —
—Aun no quiero irme, mama se a encargado de organizar un cena, para celebrar nuestra unión, sería un desaire dejarla con los preparativos colgados—, Seiya sabía que ella quería demorar lo que pudiera su viaje, pero no estaba dispuesto a sucumbir ante las fingidas peticiones de su esposa.
—En cuanto al costo de la Cena, espero que tu padre me envíe la cuenta como parte de nuestro acuerdo. De modo que no me sentiré culpable si nos vamos y ellos se quedan para disfrutar de mi hospitalidad.
Serena se detuvo en seco.
—¿Qué quieres decir con que esperas que papá te envíe las cuentas como parte de su arreglo? —exigió ronca.
—Tu padre me pidió que pagara todas tus cuentas importantes pendientes y lo que se gastara en el día de nuestra boda. No hay duda de que yo tengo que pagar esta fantástica cena .
—¿Todas mis cuentas importantes? —repitió incrédula y él asintió.
—Las de tus tarjetas de crédito, la del teléfono, los pagos de tu coche, tus cuentas en las tiendas locales.
—¡No! —Serena sintió que las mejillas se le encendían. No podía creerlo, no lo haría—. ¡Mientes, papá no es codicioso ni abusivo.
—Trato de no pensar en esos términos. Prefiero verlo desde un punto de vista más positivo —repuso—. Consideré que pagaría tus deudas a manera de dote, pero al revés.
Acongojada, Serena tuvo que enfrentar el hecho de que Seiya no mentía; era demasiado franco y confiado como para recurrir a aquello. Nunca se había sentido tan desmoralizada. Su padre no se había limitado a venderla, también le había encajado sus deudas.
—He pagado todas tus deudas, pero, recibí una que me causó curiosidad —continuó Seiya con ojos brillantes—. Cargaste a tu cuenta trescientos dólares en una tienda llamada Su secreto. Secreto, ¿de qué? ¿Qué te costó tanto?.
Serena sintió el rubor extenderse hasta el último de sus sedosos cabellos rubios,
Se alejó de Seiya y se abrió camino para acercarse a su madre. Necesitaba alejarse de Seiya porque tenía el cuerpo encendido, incluso en sus más íntimos recodos. Su gran debilidad era la ropa interior, bella y femenina, y la compraba en Su Secreto, una tienda muy exclusiva.
Pero no le habría agradado que Seiya lo supiera... a pesar de que había pagado lo que ella llevaba puesto, incluso las medias... Serena estaba horrorizada.
Instintivamente Seiya se acerco a ella, de modo autoritario, Ikuko sonrió a su apuesto Yerno y volvió a alejarse de ellos,
—Ve a tu cuarto y prepara algunas cosas, partimos en media hora —
Fue un alivio alejarse de su bulliciosa madre para refugiarse en la tranquilidad y aislamiento de su habitación. Durante unos momentos, se mantuvo sentada sobre la cama mirando el cielo que se oscurecía, a través de la ventana. El sol había desaparecido y había nubes amenazadoras y lóbregas de acuerdo con su estado de ánimo. Lo impensable estaba a punto de ocurrir, lo increíble pronto sería realidad.
Cualquier cosa era mejor que pensar en lo que la esperaba. Sacó las maletas del armario y comenzó a llenarlas.
No se detuvo sino hasta que llenó tres maletas y dos grandes bolsas de lona. Y aunque había terminado con la tarea, no quiso abandonar la tranquilidad de su habitación. Hizo una mueca al recordar que su madre la había detenido a media escalera para preguntarle si se pondría el "traje de viaje".
¡Maldición de "traje de viaje"! ¿Qué se ponía una esclava comprada cuando se preparaba para llevar una vida de Infierno? Tuvo la tentación de ponerse un pantalón vaquero y rasgar una camiseta de punto para provocar un efecto de ropa raída, pero se dominó
La puerta de su habitación se abrió, no se le había ocurrido cerrarla con llave y Seiya entró. Se miraron en silencio y muy quietos, un buen rato.
Los ojos ardientes y Azules de Seiya le recorrieron el cuerpo, el tupido cabello rubio que le caía por los hombros, los senos firmes, la pequeña cintura y las femeninas curvas de las caderas. La prenda de seda y encaje que tenía puesta era tan femenina y delicada como su estructura ósea y acentuaba sus encantos.
El Sexy Pelinegro bajó la vista a las largas y bien torneadas piernas. Las medias cubrían de manera provocadora hasta arriba de los muslos, que eran firmes y redondeados. se imaginó la suavidad entre ellos y el deseo lo acometió. Sintió que el sexo se le tensaba y se le volvía más pesado ante la belleza de su esposa. Ella poseía una sexualidad fuerte y una grácil elegancia y el resultado era desafiante e irresistible. No recordaba haber deseado tanto a una mujer.
Pero el increíble deseo que sentía lo irritó. Por primera vez, el apacible Seiya Kou estaba en peligro de perder la cabeza. De inmediato se obligó a desviar la vista y frenar la locura que lo invadía.
Hacía tiempo que nada ni nadie ejercían en él un efecto tan poderoso y aquello lo inquietó. No era la clase de hombre que perdía el control; dominaba sus pasiones, su temperamento, su ambición, su inteligencia, con la precisión de una hoja de afeitar.
—¡Sal de mi habitación! —Dijo Serena. Seguía temblando por el abierto escrutinio sexual al que Seiya la sometía. Había visto deseo en sus ojos. El la deseaba y la obtendría, y la arrogancia, la confianza, y la fuerza de aquel hombre la aterrorizaban.
Pero ella no le revelaría su temor. Era mejor que él creyera que la enfurecía en vez de atemorizarla. ¡Ella no le pondría ese tipo de arma en las manos! Al menos el enfado y desdén que le mostraba le daba la ilusión de ejercer un poco de poder y por más ilusorio que fuera ese poder, le bastaría para luchar contra Seiya Kou aquella noche.
—Venía a preguntarte si necesitas ayuda con las maletas —declaró complacido por la calma de su voz. Volvía a controlar la situación tras dominar su momentánea locura—. Pero quizá necesites ayuda para vestirte.
—No, gracias —se cuidó de no mirarlo y descolgó una falda color Rosa. Era mini, recta y de corte moderno.
Se puso la falda y unos zapatos del mismo color . Los tacones eran muy finos y altos. Seiya la observó sombrío, pero sus ojos azules ardían.
Serena se alarmó por la intensidad de su mirada. —Regresa a la planta baja—. Te alcanzaré cuando esté lista.
—Me quedaré aquí hasta que estés vestida para irnos —fue una orden, no una declaración.
Serena se puso una blusa de seda color marfil y sus dedos torpes lucharon por abotonar los diminutos botones. Cuando Seiya le ofreció ayuda ella le retiró las manos. Sin inmutarse, él deslizó un dedo debajo del delgado tirante de la prenda íntima y le acarició la tersa piel.
—¿Conque la Princesa de Hielo siente predilección por la ropa íntima sensual? —murmuró—. ¡Qué agradable sorpresa!
Serena se estremeció por el contacto antes de ponerse fuera de su alcance.
—Elijo mi ropa íntima para complacerme, no para complacerte a ti —declaró.
—¿No es afortunado que nuestros gustos coincidan? —habló quedo y en tono grave. La observó mientras ella terminaba de abotonarse la blusa para luego ponerse un chaleco que hacía juego con la falda. De pronto sonrió—. Su Secreto se especializa en ropa íntima, ¿no? Sensual, femenina y muy cara.
Serena apretó los dientes. Era humillante tener que aceptar que él había pagado su ropa íntima como si fuera su mantenida.
—Eso comprueba que eres apasionada, Bombon. Si fueras la ciruela pasa arrugada que finges ser, usarías ropa íntima almidonada de algodón, que lo cubre todo.
La intensidad de su mirada provocó en ella un involuntario calor interior. Que él la observara mientras se vestía la hacía sentirse lasciva. Pero algo primitivo y alocado en ella deseó florecer ante la ardiente mirada y la hizo moverse lenta y sinuosamente...
Se acercó al tocador y se cepilló el cabello con movimientos, rápidos y violentos. Sin lugar a dudas, el lenguaje de su cuerpo reflejaba intenciones homicidas en vez de seductoras.
Seiya la miró un rato más antes de contemplar la habitación. Era pulcra y femenina, decorada en tonos rosa y crema. De pronto vio en un rincón una vitrina llena de...
—¿Conejos? —preguntó al acercarse para investigar. Los cinco entrepaños de la antigua vitrina de caoba estaban llenos de coloridos conejos de cerámica, porcelana y madera en diferentes poses y vestimentas—. ¡Dios santo, una jaula para conejos! —rió—. Nunca había visto tantos conejos en un solo lugar.
—¿Una jaula para conejos? —repitió Serena. Decidió que era inútil informarle que la vitrina era europea, del siglo dieciocho—. Me alegro de que mi colección te divierta —dijo con frialdad—. La comencé a los seis años y muchas de las figuras son muy antiguas.
Era evidente que a Seiya no lo había impresionado, porque seguía riendo. —Esto es increíble. Conejos peregrinos norteamericanos, conejos indios, conejos con faldas hawaianas y ukeleles entre las patas. Tienes una escuela de conejitos sentados frente a sus escritorios y una coneja al lado de la pizarra —rió más fuerte.
—Esa coneja de madera fue importada de Alemania Occidental. No encuentro nada gracioso en ella ni en ninguno de los conejos de mi colección. Algunos son valiosísimos.
—Sin la menor duda —la inflexión de su voz le dio otro significado a las palabras de ella—. ¿Quieres que envíen la jaula y sus habitantes al rancho? O prefieres dejarlo todo aquí.
—Definitivamente, que los envíen al rancho. De hecho, me aseguraré de que instalen la vitrina en tu habitación. Odiarás eso, ¿no, Seiya? Todos esos lindos conejitos dentro de tus dominios masculinos.
—Nunca me habían amenazado con conejitos. Realmente me asustas, cariño —rió y la hizo sentirse más tonta.
