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- ¿Porqué estas tan inquieto? -preguntó la voz de una mujer

- Se acerca la fecha -dijo una voz ronca, con tono que daba escalofríos a quien lo escuchaba

- ¿Qué fecha?

- La fecha en la que tendré que decirle toda la verdad

- ¿A quien?

- A mi hemano

- ¿A Inuyasha?¿De qué verdad hablas Sesshomaru?

- Se lo tengo que decir a él en persona. El día de su cumpleaños, a mi hermano le cambiará la vida para siempre.

AMOR ENTRE INQUILINOS

Inuyasha y compañía no son mios, solamente mientras duermo xD

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CAP 11: Una visita insperada

Estaban nuestra pareja sentados en el sofá, uno al lado del otro, mientras Inuyasha abrazaba con su brazo derecho a una Kagome todavía impactada por lo sucedido. No sabía qué había pasado aún, pero fuera lo que fuese estaba agradecida. Si algo le hubiera pasado a su Inuyasha, no sabía qué hubiera hecho ella. Inuyasha era su vida.

- Kagome, preciosa, ¿Te encuentras bien ahora? -preguntó en un murmullo, inclinandose hacia ella.

- Sí, estoy bien -dijo con una pequeña sonrisa, un poco triste. Inuyasha vió esa sonrisa, una sombra de la sonrisa que normalmente le daba a él.

- ¿Qué te ocurre, princesa?¿Porqué estas tan triste? -preguntó con voz dulce.

Kagome levantó la mirada hacia su novio que la veía con amor y ternura.

- Es que tuve miedo. Tuve miedo de perderte. Tuve miedo al pensar que hace poco, podrías haber muerto. No quiero perderte Inuyasha. No quiero pensar en una vida sin tí -respondió con voz queda, con los ojos húmedos de retener las lágrimas.

Inuyasha abrió los ojos enormemente. Él creía que Kagome estaba así por haber estado apunto de morir. No porque estuviera preocupada por su bienestar, preocupada al pensar lo cerca que estuvo de perderlo. Si antes una minúscula parte de él tenía dudas de que ese amor que se tenían era un amor verdadero, aunque todo sea dicho, era normal que tuviese esa duda. Lo habían engañado cruelmente, aunque ese engaño no lo afectó mucho, porque Kikyo nunca estuvo en su corazón como lo está Kagome, de todas formas era un engaño y el corazón humano era débil, se protegía del dolor.

Respiró profundamente antes de abrir los ojos y hacer voltear a Kagome hacia sí. Tomándola por los hombros y haciendo que ella lo mirase le dijo:

- Kagome, no tienes que preocuparte. Tú nunca vas a perderme. Y óyeme bien, nunca te voy a dejar. Siempre vamos a estar juntos, siempre. No importa lo que pase. Yo siempre te voy a amar y proteger -dijo con voz dulce, y sus ojos brillando por una pequeñas lágrimas que intentaban escaparse. Él, que nunca había llorado así porque sí. Estaba apunto de soltar lágrimas al saber que la chica que estaba delante de él, la chica que él ama, se preocupase más por él que por sí misma. Además de que todo lo que había dicho era la absoluta verdad. Inuyasha no era conocido por expresar sus emociones, y mucho menos de decirlas de la forma en que lo había dicho, con tanto amor, ternura.

- Cariño, ¿Porqué no jugamos a las preguntas?¿Así sabremos más cosas de nosotros? -preguntó Inuyasha intentando que Kagome se animase un poco y que olvidase lo sucedido.

- Claro -dijo sonriendo más animada. Estaba impaciente por saber más de él.

- Empieza tú primero -dijo Inuyasha mientras se sentaba como en la serie(ya sabesen, no?), mirando a Kagome que hizo lo mismo, mirándose.

- Bien. Ehhh... Cuéntame algo de tu familia. La única vez que te pregunté, me trateste muy mal -dijo, recordando lo que pasó

FLASH BLACK

- Inuyasha¿Cómo es que viniste a la ciudad solo?-preguntó Kag, era la forma más indicada para abordar el tema de su familia

- Eso no te incumbe-le respondió con la mirada furibunda

- Lo siento, no era mi intención preguntarte algo así-comentó Kag un poco austada por la respuesta de Inuyasha

- Perdóname tú. Es que me pilló desprevenido, eso es todo-dijo arrepentido

FIN FLASH BLACK

Inuyasha se movió un poco incómodo. No era fácil hablar de su familia. Todavía no se había recuperado de lo que les pasó y del peligro que estaba corriendo, pero lo mejor era contarle a a Kagome la verdad, sin llegar a preocuparla demasiado.

- Mis padres murieron al quemarse nuestra mansión. Aquel día, hibamos a ir a una fiesta en honor de unos amigos de mis padres. Mi hermanastro y yo, no estábamos en la casa en ese momento. Nosotros fuimos a un encargo de último momento. Nuestro padre, nos mandó ir a comprar un regalo para el hijo pequeño de sus amigos -dijo Inuyasha con voz queda, con la mirda perdida. Kagome estaba segura que estaba reviviendo ese momento-. Nosotros no queríamos ir, pero mi madre dijo que sería una descortesía por nuestra parte no regalarle un pequeño obsequio al recién nacido. Nos fuimos y cuando regresamos, encontramos a la policía y los bomberos, intentando apagar el fuego que estaba destruyendo nuestra casa. Al verlo, los dos nos fuimos directos hacia la policía que estaba allí. Ellos nos dijeron que una llamada los alertó del incendio, pero que ya era demasiado tarde. Mi hermanastro preguntó si no habían visto a nadie salir de la casa, o si los bomberos no encontraron a nadie dentro. El policía dijo que los bomberos no habían podido entrar en la mansión, ya que el fuego se propagó muy rápidamente y era casi imposible que pudieran entrar para ver si había gente dentro.

Desesperados por encontrarlos, nos separamos para buscarlos. Pero al cabo de unos minutos, los bomberos apagaron las llamas y entraron en la casa. Yo intenté entrar, pero me lo impidieron -esto último lo dijo en un murmullo-. Esperamos y esperamos hasta que el jefe de bomberos nos dijo que a nuestros padres los habian encontrado muertos, quemados en el salón -dicho esto, Kagome se llevó una mano hasta la boca y los ojos abiertos de par en par. Al mismo tiempo que con su mano izquierda, cojió la mano derecha de Inuyasha y le dió un cariñoso apretón dandole así su consuelo ante me imagen tan horrible que debió haber pasado él. Inuyasha se recuperó de su estado de trance, al sentir la mano de Kagome sobre la suya y su apretón en señal de consuelo-. Mi hermanastro y yo, nunca nos creímos que el incendio fuese accidental. Después de que todo el mundo se fuera, entramos a la mansión para comprobar su estado. Viendo cómo lo único que nos quedaba eran los recuerdos felices que tubimos en esa casa. Antes de entrar, se llevaron los cuerpos carbonizados de nuestros padres. Intenté acercarme a ellos, quería mirarlos por última vez, pero Sesshomaru, mi hermanastro, me lo impedió. Estaba muy enfadado. No me daba cuenta de lo que Sesshomaru me decía, estaba lleno de rabia. Rabia por no haber podido hacer algo.

No me di cuenta de que estaba llorando, lo único que existía era mi dolor. Hasta que Sesshomaru se acercó a mí y me abrazó. Ahora me dio cuenta de que fue el único gesto fraternal que me ha dado desde que tengo uso de razón -en ese momento de la historia, Kagome estaba llorando en silencio. Sabía que necesitaba hablar sobre el tema, sacar todo lo que lleva dentro, desahogarse con alguien. Mientras él relataba lo ocurrido, le acariciaba la mano. Sabía exactamente donde estaba y a quien le estaba contando su pasado. Su mirada ya no estaba mirando un punto perdido, ahora miraba a Kagome. Miraba cómo ella lloraba por la muerte de sus padres y por el dolor que él tenía. Así que, como no quería verla llorar, le dio una pequeña sonrisa-. Mi hermanastro es muy frío, muy serio. Esos gestos son muy escasos en él, por no decir extraños. Nunca demostraba sus sentimientos, sólo cuando estaba con mi madre sus ojos dejaban de ser tan fríos. Pero no quiero seguir hablando de él. Ahora me toca a mí preguntarte algo.

Kagome sonrió. Inuyasha volvía a ser el de antes. No le gustaba verlo sufrir.

- Bien, pregunta.

- ¿Cuándo supiste que estabas enamorada de mí? -preguntó curioso

- Cuando te vi la primera vez.

- ¿De verdad?

- Esas son dos preguntas

- Vale -dijo refunfuñado

- La verdad es que, quería preguntarte una cosa desde hace mucho tiempo, bueno, desde que te conozco.

- Pregunta -dijo un poco temeroso por el tono de su voz.

- Verás, ¿Te acuerdas cuando tu cojiste el teléfono y era un amigo mío?

- Sí -dijo un poco celoso. No importaba que fuese sólo un amigo, no le gustaba que un hombre se le acercase a Kagome. Ella era suya.

- Pues él, Matt, es agente de campo del FBI en Japón

- ¿Hay agentes del FBI en Japón? -preguntó sorprendido-. Yo creía que sólo había en Estados Unidos

- Sí, aquí los ahi, pero eso no es lo que te iba a decir

- Pregunta entonces

- Él me dijo algo que me tiene muy preocupada

- ¿Qué te dijo?

- Pues que el incendio en el que murieron tus padres no fue un accidente, sino un asesinato en donde intentaron quemar las pruebas -dijo esperando la reacción de su novio. Y no se hizo de esperar, Inuyasha tensó la mandíbula

- ¿Cómo supo eso? -dijo muy serio

- ¿Entonces, es verdad?

Inuyasha dudó en decirselo, pero era mucho mejor que lo supiera por él y estuviera preparada para cualquier cosa.

- Sí, es verdad. Mi hermanastro y yo tuvimos esa teoría, pero no fue hasta la lectura del testamaneto donde estuvimos seguros

- ¿Y eso?

- A la lectura del testamento de mi padre, fuimos Sesshomaru, Naraku y yo

- ¿Quién es Naraku?

- Era el socio de mi padre en su empresa, tenía el 40 de las acciones y mi padre, por ser el dueño tenía el restro, el 60, pero actualmente, Naraku tiene el 25 de las acciones

- ¿Cómo es que ahora tiene menos?

- A la muerte del dueño, o sea mi padre, sus acciones pasan directamente a sus descendientes, mi hermanastro y yo. Pero al tener dos hijos y un socio el cual tenía más acciones que nosotros. Mi padre utilizó una claúsula en donde decía que los descendientes del dueño y fundador de la empresa, podía disponer de las acciones a favor de sus hijos sin tener en cuenta a los socios que en ese momento tuviera la empresa. Mi hermanastro y yo no nos llevamos muy bien y no podríamos unirnos en las decisiones de la empresa y utilizar de forma conjunta las acciones que unidas eran el 60.

Mi padre no confiaba en Naraku, por eso utilizó esa claúsula y le quitó a Naraku algunas acciones para repartirlas entre Sesshomaru y yo. Sesshomaru tendría el 50 y no tendría que pedir permiso a nadie en sus decisiones. Si le hiziera falta el voto mayoritario en una junta, me tendría a mí y Naraku no podría hacer nada para apropierse con la empresa que era lo que él quería hacer desde el principio. Mi padre descubrió sus planes y por eso estamos seguros que él los mató.

Kagome estaba impresionada con lo que estaba oyendo

- Pero, ¿Cómo estáis tan seguros que fue el tal Naraku y no otro?

- Porque al leer el testamento y descubrir que mi padre dejó a Sesshomaru como presidente de la empresa y yo como soporte en las votaciones, se enfadó muchísimo. El hombre que todos creían serio, amable y siempre con una sonrisa, se delató en ese momento. Vimos al ser maléfico, perverso y manipulador que era en realidad, aunque a Sesshomaru y a mí no nos engañó nunca. Nos amenazó y nos acusó de robarle las acciones que él tenía por derecho. Desde ese día no lo he vuelto a ver, y créeme estoy mejor así.

- Pero hay algo que me preocupa aún más

- ¿Qué?

- Matt me dijo que hay un asesino buscándote -dijo asustada-. Puede que el accidente de esta tarde lo hubiera planeado ese asesino -dijo tamandolo de las manos muy fuerte

- No te pongas así, preciosa -dijo reconfortándola con un corto beso en la boca-. No estamos seguros de eso. Lo más probable es que sea un conductor borracho que le habrá dejado la novia, jajaja

- No te rías, que esto es muy serio -dijo con el labio inferior sobresaliendo

Ese gesto infantil hizo estragos en el cuerpo de Inuyasha. El deseo se hizo casi insoportable. Tenía que besarla, era una cuestión de vida a muerte.

Se fue acercando hasta que capturó el labio inferior entre sus dientes. Kagome se sorprendió un poco pero como cada vez que Inuyasha la besaba, se olvidaba de todo menos de él, sus labios y su lengua.

Lo abrazó por el cuello mientras él la recostaba en el sofá con suavidad. Ninguno de los dos se daba cuenta de lo que pasaba alrededor, solo existían ellos dos y su amor.

Inuyasha la besaba una y otra vez, al principio con suavidad y después con más ardor.

Mordiendole el labio inferior, su inquieta lengua entró.

Mientras Inuyasha la besaba apasionadamente, Kagome le acariciaba la nuca con su mano izquierda mientras que metía la derecha dentro de su camiseta y exploraba su musculosa espalda.

Gimiendo, Inuyasha dejó su boca para besar su cuello, dejando pequeños besos, lametones y mordisquitos, formando una pequeña marca en su blanco cuello, prueba de su apasionado encuentro.

Dentro del apartamento, solo se escuchaban suspiros y gemidos mientras que el ambiente se hacía más calurosa.

Quitándole la camiseta y dejándole al descubierto su magnífico pecho, Kagome se mordió el labio inferior al mirar ese impresionante tórax. Era increíble que ese magnífico espécimen de hombre fuera suyo, pensaba Kagome.

Inuyasha casi se volvió loco de deseo cuando sintió que Kagome le quitaba la camiseta. Estaba loco, loco de deseo por Kagome, loco de amor por Kagome, loco por hacer feliz a Kagome como nunca antes lo haya sido.

Sus manos recorrieron las costillas de Kagome y rozaron sus pechos llenos. Al instante se le endurecieron los pezones y arqueó su espalda pidiendo en silencio más.

Inuyasha no se hizo de rogar, volvió a sus pechos y en vez de rozarlos, se los cogió sintiendo como los pezones se le clavaban en la palma de la mano. Eran unos pechos perfectos, llenos, turgentes, perfectos para sus manos.

Casi sin darse cuenta, ya tenía la mitad de los botones abiertos, dejando ver su sujetador de encanje rosa. Al verlo, Inuyasha sintió el deseo loco de romper el sujetador y así poder apreciar sus perfectos pechos, pero antes de que sus manos pudiesen bajar las tiras, un sonido se filtró en sus mentes. Al estar tan concentrados el uno en el otro, al principio solo lo escucharon de fondo, un sonido muy de fondo.

- Mierda -dijo Inuyasha muy enfadado-. ¿Es que no se puede seducir a tu novia en la tranquilidad de tu hogar? -terminó diciendo mientras ayudaba a una Kagome sonrojada, por los placenteros besos y caricias de Inuyasha, a sentarse.

Dirigiendose a la puerta, con una expresión de asesino en serie y poniéndose la camiseta, no vaya a ser una ancianita la que estaba llamando y al verlo cayera redonda al piso. No quería ir a la cárcel tan joven y aún sin haber hecho el amor a Kagome.

- ¿Quien demonios se cree para molestar...

Con los botones ya abrochados y las mejillas un poco menos sonrojadas, Kagome miró la espalda de su novio, que de repente se había quedado helado y si sus oídos funcionaban bien, creyó haber oído que Inuyasha soltaba un gruñido.

- Inuyasha, ¿Así saludas a tu hermano? -preguntó una voz fría

- Sess... Sesshomaru -dijo sin dar crédito a sus ojos. Su hermanastro estaba delante de él. ¿Para qué demonios habría venido a verle?

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CONTINUARÁ...

HOLA!! ya se q e estado perdida u.u pero esq me quede sin conexion y ademas no se me ocurria nada .

espero q os aya gustado, y algunos seguro q qeriais q inu y kag lo izieran u.u pero aora no era el momento apropiado u.u ya os digo q se va a poner interesante y abra lemmon

aora q tengo muxo tiempo libre intentare actualizar mas seguido

os mando un beso y espero reviews

bye!!