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Dirigiendose a la puerta, con una expresión de asesino en serie y poniéndose la camiseta, no vaya a ser una ancianita la que estaba llamando y al verlo cayera redonda al piso. No quería ir a la cárcel tan joven y aún sin haber hecho el amor a Kagome.
- ¿Quien demonios se cree para molestar...
Con los botones ya abrochados y las mejillas un poco menos sonrojadas, Kagome miró la espalda de su novio, que de repente se había quedado helado y si sus oídos funcionaban bien, creyó haber oído que Inuyasha soltaba un gruñido.
- Inuyasha, ¿Así saludas a tu hermano? -preguntó una voz fría
- Sess... Sesshomaru -dijo sin dar crédito a sus ojos. Su hermanastro estaba delante de él. ¿Para qué demonios habría venido a verle?
AMOR ENTRE INQUILINOS
CAP 12: Sesshomaru
- ¿Qué haces aquí? -preguntó enfadado Inuyasha
- ¿No puedo visitar a mi hermano? -preguntó fríamente
Kagome no sabía lo que pasaba, pero se respiraba la tension en el ambiente.
Inuyasha estaba enfadado con él por interrumpir, pero seguía siendo su hermano y para que él viniese a su casa ya tenía que ser importante. Así que lo dejó pasar.
Desde su asiento, Kagome vió cómo el hombre entraba. Era un hombre muy atracctivo, pero no tanto como su Inuyasha. Alto, corpulento, cabello plateado y unos ojos dorados fríos, muy fríos. No había que ser un ingeniero de la NASA para darse cuenta de que ese hombre era el hermano de su novio, Sesshomaru.
Incluso antes de entrar, Sesshomaru supo que su hermanito no estaba solo. Y al mirar alrededor, su dorada mirada se fijó en una chica sentada en el sofá. Según él, tendría la misma edad que su hermano. Debía reconocer que era una chica hermosa. Cabello azabache, ojos color chocolate muy expresivos y brillantes, cuerpo curvilíneo y bien proporcionado y por la ropa de vestía, tenía buen gusto. A él siempre les gustó las personas que tenían buen gusto.
- ¿A qué has venido Sesshomaru?
- ¿No nos vas a presentar? -le preguntó Sesshomaru
Inuyasha no sabía lo que quería su hermano, pero como le dijera algo a Kagome que la hiriera le daría la paliza de su vida.
Con ese pensamiento en mente, Inuyasha empezó con las presentaciones:
- Sesshomaru, ella es Kagome, mi novia. Kagome él es mi hermanastro Sesshomaru
Sesshomaru estaba impactado pero, como siempre, no apareció expresión alguna en su cara.
La última vez que vió a su hermano, tenía una novia que aunque era muy hermosa, a él no le gustaba nada. Era muy superficial y consentida. Más caprichosa que una niña pequeña y codiciosa. Nunca se lo había dicho a su hermano, pero antes de que Kikyo conociera a Inuyasha, ella se fijó en él. Desde el principio se dió cuenta de su verdadero yo. Esa víbora iba detrás de la fortuna del heredero Taisho, pero no le llevó mucho tiempo averiguar que tenía un hermano pequeño, y fue a por él.
Tendría que haberle advertido, pero en esos momentos tenía algo de suma importancia entre manos y esa experiencia le vendría bien a Inuyasha a madurar.
Kagome estaba de pie frente a aquel hombre. Era un poco intimidante, pero muy en el fondo de sus ojos vió un pequeño destello de bondad, aunque hay que decirlo, muy, muy en el fondo.
- Hola -le dijo Sesshomaru a Kagome estendiendo su mano a ella-. Espero que no te parezcas a la zorra que mi hermanito tenía como novia.
Kagome se sorprendió un poco por sus palabras, pero él tenía razón, Kikyo era una zorra (lo siento fans de Kikyo u.u)
- Espero sinceramente no parecerme a ella. Pero tengo que informarte, lamentablemente, de que tenemos en común el blanco de los ojos -le dijo muy seriamente al tomar su mano a modo de saludo
Sesshomaru estaba con la boca ligeramente abierta. Nadie le había hablado así. Bueno, Inuyasha sí, pero él era su hermano. Todo el mundo lo temía y no era para menos. Pero esa niña le estaba dando la cara. Interesante, pensó Sesshomaru. Ahora sí que sabía que esa chica era muy buena para Inuyasha. A partir de ese momento, se ganó el respeto de Sesshomaru.
Inuyasha luchaba por aguantar la risa. Todo su cuerpo se estaba estremecido por la risa. Era la primera vez de alguien, que no era él, le plantaba la cara a su temible hermano. No podía amarla más en ese momento. Estaba orgulloso de ella.
Kagome no sabía que había dicho, pero Sesshomaru estaba con la boca un poco abierta y su novio estaba a punto de morirse de la risa. Empezaba a notar que se sonrojaba profundamente. A lo mejor había dicho algo impropio, no lo sabía.
Al ver el bochorno de su novia, Inuyasha se tragó como pudo la risa y se colocó al lado de ella, pasandole el brazo por detrás del cuello.
- Mi Kagome nunca se parecería a ESA -dijo Inuyasha con una sonrisa tierna al mirar a Kagome.
Kagome lo miró con todo el amor que le tenía.
Sesshomaru por su parte estaba un poco incómodo.
Inuyasha de repente levantó la cabeza y miró a su hermano con los ojos entrecerrados por la sospecha.
- ¿Cómo es que sabes que vivo aquí? Nunca te lo he dicho.
- No fue muy dificil. Investigé -dijo despreocupadamente.
- Bueno, ya que ha terminado las presentaciones, ¿Me vas a decir a qué has venido? -ya tenía curiosidad.
Sesshomaru miró primero a Kagome y después a Inuyasha. No sabía si decirlo delante de esa muchacha.
Inuyasha sabiendo lo que estaba pensando su hermano, le dijo:
- No tengo secretos con Kagome. Todo lo que tengas que decir, puedes hacerlo delante de ella.
- Sólo he venido para decirte que estoy en la ciudad. Estaré aquí solo una semana, hasta tu cumpleaños.
Inuyasha estaba muy sorprendido. No sabía que Sesshomaru supiera cuando era su cumpleaños.
- ¿Vendrás a la fiesta de cumpleños? -preguntó Kagome
Sesshomaru la miró
- Me pasaré por aquí. Tengo algo de suma importancia que decirte ese día, Inuyasha.
- ¿No me lo puedes decir ahora?
- No. Solo puedo decirtelo ese día y solo ese día -dijo Sesshomaru-. Estaré en el Hotel Richz.
Inuyasha de repente recordó algo.
- ¿Cómo está Rin?
- Está muy bien -dijo Sesshomaru.
Kagome se sorprendió al notar en sus ojos una repentina ternura.
- Me tengo que ir. Nos vemos la semana que viene.
Diciendo esto, Sesshomaru se fue.
-¿Tu hermano no es muy hablador, verdad? -dijo Kagome.
Inuyasha miró divertido a su novia.
- Ha sido así desde que tengo uso de razón.
Se quedaron mirandose a los ojos, mientras se iban acercando para besarse cuando se escuchó el sonido de un estómago hambriento.
Inuyasha se sonrojó, estaba tan concentrado en Kagome que se había olvidado de comer. Y eso era muy, muy raro en él.
Kagome sonrió como solo ella lo hace y le dice:
- Prepararé la cena. ¿Qué quieres que haga?
A Inuyasha se le iluminaron los ojos
- ¡¡ RAMEN !! -gritó como un niño chico.
Kagome se rió por su comportamiento.
- Hecho -dijo al entrar a la cocina.
Mientras Kagome preparaba el ramen, Inuyasha iba a su habitación. Ahora que él y Kagome eran novios, lo más normal era que compartieran la misma habitación, pensó Inuyasha con una sonrisa. Pero, solo para dormir, se dijo así mismo. Kagome no estaba preparada todavía para hacer el amor, así que esperaría hasta que se sintiera lista. Con esa determinación siguió su camino hasta su habitación, para guardar los regalos que les compraron a sus amigos en la feria.
- ¡Inuyasha, el ramen ya esta listo! ¡Ven a cenar! -le gritó desde la cocina Kagome
Inuyasha salió corriendo hasta el comedor, con los ojos brillantes al ver su bol de ramen.
A Kagome le hacía gracia el entusiasmo de su novio por el ramen.
Cogiendo su bol, Inuyasha dijo:
- Dios bendiga al que creó el ramen -y tan pronto terminó de decirlo, se lanzó a enguñirlo.
Kagome tenía una gotita en la cabeza.
Cuando terminaron de cenar, bueno, cuando Inuyasha se terminó de enguñir tres boles de ramen, se levantaron para recoger los platos y lavarlos.
- Oye Kagome -dijo Inuyasha al tiempo que abrazaba a Kagome por la espalda y apoyaba su cabeza en el hueco de su cuello.
- Dime -contestó, todavá lavando los platos, sonrojandose por la acción de él. Todavía no se acostumbraba a sus muestras de cariño
- Me preguntaba que ya que somos novios, podríamos dormir en la misma cama.
La cara de Kagome tenía el color de un tomate en esos momentos.
- No pienses cosas pervertidas, Kagome.
Kagome se sonroja aún más, precisamente porque le estaban viniendo algunas imágenes pervertidas. Tendría que ver menos a Miroku, pensó Kagome.
- Tienes que ver menos a Miroku -dijo Inuyasha riendo al ver la cara de sorpresa que pone su Kagome.
- ¿Cómo lo haces? -le preguntó curiosa.
- Hacer ¿Qué? -preguntó confuso
- Leerme el pensamiento
Inuyasha abrió mucho los ojos.
- Créeme, si pudiese leerte la mente, la vida sería más fácil -dijo con falsa pena.
- Inuyasha -dijo pronunciando su nombre despacio. Sus ojos hechaban chispas de lo furiosa que estaba.
Oh, pensó Inuyasha. Ya podía darse por muerto. No podría besar a Kagome nunca más, no podría ver el fútbol los Domingos, no podría burlarse de las cachetadas que le dan a Miroku, ni ver los golpes que la novia de este le daba y lo más importante de todo...no podría comer nunca jamás ramen.
Al estar pensando en todo lo que ya no podría hacer, Inuyasha no se dió cuenta de que Kagome se le acercaba y...
¡Pum!
- Auch -dijo Inuyasha sobandose la cabeza.
- Espero que el golpe te haya aclarado que con ciertas cosas no se juega -dijo Kagome amenazándolo con el puño en alto.
Inuyasha solo asintió con la cabeza al tiempo que se escuchaba como tragaba fuertemente. Hacer enfadar a Kagome no es bueno para su salud.
Tranquilizandose un poco al ver esos ojitos dorados, Kagome dijo:
- ¿Porqué no vemos si hay algo en la televisión? -preguntó con una sonrisa.
- Vale -dijo también sonriendo.
Estaban sentados en el sofá, abrazados y apunto de rozar sus labios cuando se escucha el timbre de la puerta.
- Parece ser que siempre nos interrumpen cuando intentamos intimar -gruñe Inuyasha, levantandose para abrir la puerta.
- ¿Si? -pregunta Inuyasha al hombre que está delante de la puerta. Llevaba un uniforme de correos.
- Disculpeme por llamar tan tarde pero es que hemos tenido mucho lío estos días en el departamento de correos y hasta ahora no terminamos -dijo con una sonrisa.
- No importa, no se preocupe.
- Vengo para informar a... -dijo sacando un papel, leyendo el nombre de la persona a quién le tiene que dar la hoja de pedido-. Inuyasha Taisho que en el departamento de correos ha llegado un paquete para él.
- ¿Un paquete?
- Si. ¿Me podría decir si es usted el Señor Taisho o si me he equivicado de puerta, por favor?
- Eh, si claro. Soy Inuyasha Taisho.
- ¿Tiene algún documento que lo compruebe o algo que lo identifique? Es por seguridad -se apresuró a decir al ver la carade Inuyasha.
- Claro -contestó, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón para sacar la cartera-. Tome -le entregó su carnet de identidad.
El cartero le vió y se lo entregó con una sonrisa.
- Tiene que ir dentro de un plazo de 15 días a recogerlo. -le entregó el papel-. Me tiene que firmar el recibo. Y así lo hizo Inuyasha-. Gracias y disculpe otra vez por la hora tardía -dijo sonriendo un poco cansado por trabajar tanto.
- No se preocupe -le devolvió la sonrisa.
Kagome se encontraba muy cómoda en el sofá viendo una serie.
- Inuyasha, ¿Quién era? -le preguntó viéndolo sentarse a su lado.
- Era el cartero -contestó mientras pasaba uno de sus brazos alrededor de Kagome.
- ¿El cartero? -preguntó confusa, acurrucándose contra Inuyasha-. ¿A esta hora?
- Sip. Es que han tenido mucho trabajo hoy. Tengo que ir mañana a la oficina de correos para que me entregen un paquete.
- Podemos ir después de terminar las clases -aconsejó Kagome cerrando los ojos. Se encontraba muy a gusto en los brazos de Inuyasha. Le encantaba su olor, masculino, sentir su firme pecho y sus poderosos brazos a su alrededor. Se encontraba segura y en paz.
- De acuerdo. Cuando terminen las clases vamos.
Inuyasha miró su hermoso rostro y se sorprendió al notar que se había dormido. Era normal, después de lo que habían pasado en un solo día. Y qué día, pensaba Inuyasha.
Apagó la televisión y cogió a Kagome estilo nupcial para dirigirse a su habitación.
Dejó con cuidado a Kagome en la cama y la tapó. No tendría que cambiarla de ropa porque ya lo había hecho ella mientras él estuvo hablando con el cartero. Qué pena, pensó Inuyasha con los hombros caídos.
Se quitó la ropa y se puso su pijama, un cómodo pantalón gris y entró en la cama. Kagome se volvió hacia él y se acurrucó en su pecho al tiempo que soltaba un suspiro.
Inuyasha la envolvió en sus brazos y le dió un beso en la sien.
- Dulces sueños, mi amor -susurró cerrando los ojos para dormirse.
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RinRinRin
- Mmmm -gruñó Kagome
- Levantate, amor. Hay que ir a clases -dice Inuyasha moviendo su hombro suavemente.
- Mmmm -gruñe otra vez Kagome, pero esta vez le da la espalda a su novio.
Inuyasha estaba conteniendo la risa. Era como una chica pequeña que no se quiere levantar para ir al cole.
- Amor, llegaremos tarde si no te levantas
- Mmmm...¿Qué hora es? -pregunta aún dormida. Levantó el brazo, cogió su reloj de pulsera y miró la hora. Las 8:50-...¡¡QUÉ?? -gritó laventandose de la cama como un resorte, corriendo hacia el baño, al tiempo que se quitaba el pijama, compuesto por una camiseta de tirantes rosa con un patalón corto, muy corto también rosa, y abría la llave del agua para finalmente meterse y lavarse muy rápido.
Mientras Kagome se duchaba a toda pastilla, Inuyasha se sentaba muy tranquilo comiéndose unas galletas Oreo acompañado con un vaso de leche. Esa mujer es una histérica, pensaba Inuyasha.
- ¡¡INUYASHA!! ¡¡QUE LLEGAMOS TARDE, CORRE!! -gritó Kagome corriendo hacia su habitación para ponerse el uniforme. Cuando terminó de vestirse, se fue corriendo hacia donde estaba su novio tan tranquilo desayunando-. ¡INUYASHA! ¿Porqué estás tan tranquilo? Llegamos tarde.
Inuyasha levantó la mirada y le dijo:
- ¿Qué hora marca tu reloj, Kag?
- ¿Qué? Pues... -miró la hora que marcaba-. ¡Las 9:10!
- Ahora mira el reloj de la sala.
Kagome así lo hizo y observó sorprendida la hora que marcaba.
- Las 8:10. Pero, ¿Cómo?
- Por el cambio de hora, amor. Ayer se atrasó una hora, por el ahorro de energía.
- Uff -suspiro Kagome sentandose al lado de Inuyasha-. Entonces no llegamos tarde
- Nop -dice sonriendo Inuyasha-. ¿Quieres desayunar?
A Kagome se le iluminaron los ojitos al ver las Oreo.
- Claro
Inuyasha sonrió con ternura viendo como su preciosa novia devora las galletas.
- Tenemos que irnos. Así caminaremos sin prisas.
- Vale.
Se levantaron, recogieron la mesa y se fueron a la Universidad.
Caminando con las manos entrelazadas, Inuyasha se paró.
- Inuyasha, ¿Qué pasa?
- Se me olvidó una cosa.
- ¿El qué?
- Esto -dijo acercando a Kagome hasta abrazarla con sus fuertes brazos por la cintura. Se acercó despacio a sus labios, rozándolos suavemente para después morder el labio inferior. A continuación, con su lengua, pidió permiso para entrar.
Con un gemido, Kagome se lo permitió con gusto. Le encantaba besar a ese hombre. Alzó los brazos para rodear el cuello de Inuyasha y así apretarse más a él.
La pareja no notaba que estaban siendo observados por las personas que paseaban por la calle, a ellos les daba igual. Sólo querían que ese beso no terminara nunca, estaban en el paraiso y ahí querían estar de por vida. Pero se estaban quedando sin aire, así que se separaron para verse a los ojos.
- Te amo, preciosa -susurra Inuyasha con la voz ronca por el deseo.
- Yo también te amo, Inu
Pero no todo es amor y alegría, alguien con malas intenciones también presenció esa muestra de amor de la pareja.
- Disfruta todo lo que puedas Inuyasha, porque de hoy no pasa. Hoy será tu final -susurra la voz furiosa.
El día en la universidad fue como todos los demás días. Peleas entre Inuyasha y Kouga, cachetadas para Miroku, peleas verbales entre Kagome y Kikyo, besos entre Inuyasha y Kagome, golpes para Miroku y más besos entre la pareja.
Estaban en la última hora de clases cuando sonó el timbre de salida.
- Vamos, amor -dice Inuyasha alargando la mano para que Kagome la coja.
- Vamos -contesta sonriendo cojiendo su mano.
- Inushi, ¿Me podrías llevar a mi casa? -pregunta una voz muy conocida detrás de Inuyasha.
- No, Kikyo -responde secamente Inuyasha sin volverse a verla-. Ya había quedado con Kagome. Y aun que no sea así, no pienso salir contigo ni a la vuelta de la esquina -dice volviendose hacia ella-. No quiero ser grosero pero nunca, óyeme bien, nunca volveré contigo. Estoy enamorado de Kagome y nunca la dejaré de amar.
Dicho esto, Inuyasha y Kagome salieron de la clase.
- Me las pagarás, Inuyasha -murmura muy bajito Kikyo-. Y también Kagome.
Caminando con sus manos entrelazadas, Kagome piensa en las palabras que Inuyasha le dijo a Kikyo. Ya no tendría que preocuparse por si Inuyasha aún estuviera enamorado de Kikyo. Inuyasha dejó muy claro que no sentía nada por su ex-novia. Era una de sus preocupaciones, sabía que no debía preocuparse, pero siempre queda la duda. Ahora ya la pequeña espinita que no dejaba a su corazón confiar en Inuyasha del todo, desaparecía. Estaba feliz.
- ¿Porqué sonríes así? -le preguntó Inuyasha al ver a su novia sonreir ampliamente.
- Porque estoy feliz. Estoy enamorada de un hombre tremendamente apuesto, sexy, fuerte, tierno y él está enamorado de mí. ¿Qué más se puede pedir?
Inuyasha estaba más hinchado que un pavo en navidad. Su ego estaba tremendamente elevado, pero lo que le había dicho Kagome lo había relanzado por las nubes.
Así de contento y con una sonrisa tan grande como la tierra, Inuyasha caminaba con Kagome igual de feliz hasta la oficina de correos.
- Buenos días, ¿Qué desea? -pregunta una recepcionista.
- Buenos días, venimos a recoger un paquete -contesta Inuyasha entregándole la hoja de pedido que le dió el cartero anoche.
La mujer señaló a un hombre que estaba sentado en una mesa al final de la estancia.
- Entrégeselo al hombre.
- Gracias
Cuando le entregaron la hoja de pedido, el hombre les acompañó hasta una habitación.
- Por favor, esperen aquí. Ahora les traigo el paquete.
Quedandose solos, Kagome dijo:
- Ya tiene que ser grande el paquete para que nos lo tengan que traer aquí, no?
Inuyasha asintió con la cabeza. Estaba extrañado, ¿Qué sería ese paquete? Estaba casi seguro que se le olvidaba algo, pero no se acordaba el qué.
Al volver el oficinista de correos con el paquete, Inuyasha recordó qué era lo que se la había olvidado.
- Aquí está, Señor Taisho -dijo el hombre poniendo el paquete en una mesa.
- Gracias -contestó sonriendo.
El paquete era alargado y por las gotas de sudor del hombre, muy pesado.
Kagome miró a Inuyasha y vió que sus hermosos ojos dorados brillaban y tenía una enorme sonrisa en el rostro.
- ¿Sabes qué es?
- Sip
Sin decir nada más, Inuyasha rompió el papel que lo protegía, descubriendo una caja de madera. Kagome se puso al lado de Inuyasha para ver lo que era. Y cuando lo abrió, Kagome se quedó con los ojos muy abiertos e Inuyasha con una sonrisa muy grande.
- Inuyasha, ¿Eso es lo que creo que es?
- Sip.
-
-
-
-
CONTINUARÁ...
Hola!!
aqui esta el cap 12 n.n espero que os haya gustado.
tengo q agredecer a taori3322 por su review n.n pero aunq no me ayan mandado ninguno, segiria poniendo lo caps n.n
pero si me mandais un review mejor jajaja asi me motivo mas y escribo mas rapido
os mando un beso!!
