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Al volver el oficinista de correos con el paquete, Inuyasha recordó qué era lo que se la había olvidado.

- Aquí está, Señor Taisho -dijo el hombre poniendo el paquete en una mesa.

- Gracias -contestó sonriendo.

El paquete era alargado y por las gotas de sudor del hombre, muy pesado.

Kagome miró a Inuyasha y vió que sus hermosos ojos dorados brillaban y tenía una enorme sonrisa en el rostro.

- ¿Sabes qué es?

- Sip

Sin decir nada más, Inuyasha rompió el papel que lo protegía, descubriendo una caja de madera. Kagome se puso al lado de Inuyasha para ver lo que era. Y cuando lo abrió, Kagome se quedó con los ojos muy abiertos e Inuyasha con una sonrisa muy grande.

- Inuyasha, ¿Eso es lo que creo que es?

- Sip.

AMOR ENTRE INQUILINOS

CAP 13: Pelea en el templo Higurashi.

- ¿Quien te ha mandado esto?

- Nadie.

Kagome lo miró confusa.

- ¿Entonces?

- Me lo he mandado a mí mismo.

- Y, ¿Cómo es que anoche no sabías lo que era?

- Por que me olvide -dijo con una sonrisa

Kagome se cayó estilo anime.

- Mira que eres olvidadizo

- Sip -dice riendo y una mano detrás de su cabeza.

- No sabía que te gustaran las cosas antiguas.

- Me encanta todo lo relacionado con el época feudal.

Kagome estaba sorprendida.

- ¿En serio? A mí también. Me encanta la época del Sengoku.

- Si. Es la mejor época. Tenía de todo, hasta demonios -dijo Inuyasha cada vez más entusiasmado con la conversación. Era muy difícil hablar con alguien sobre el Sengoku. Un tema que le encantaba. Desde pequeño le entusiasmó esa época. Sobre todo cuando su padre le contaba historias sobre demonios, hanyous y todo lo relacionado sobre ellos. Como sus costumbres, leyes, los nombres de todos los tipos de demonios que había, sus puntos débiles, los fuertes...en fin, todo lo que uno podría saber de ellos. Mientras que su madre le contaba sobre una leyenda de hace 500 años. La leyenda de la Shikon no Tama.

- A mi abuelo le caerías muy bien -dice sonriendo Kagome.

- ¿Y eso?

- Porque mi abuelo lo sabe todo sobre esa época. Leyendas, cultura, demonios...todo.

- ¿Es acaso un historiador? -preguntó curioso.

- No. Mi abuelo cuida el templo familiar.

- ¿Templo?¿Tu familia tiene un templo?

- Si. El templo Higurashi.

A Inuyasha le brillaron los ojos.

- ¿Podríamos ir?

- Claro -contestó sonriendo feliz-. Pero, ¿Qué haras con eso? -preguntó señalando lo que había dentro de la caja.

- Era un regalo de mi padre -contó Inuyasha con la mirada triste-. Me lo regaló el día de mi decimotercer cumpleaños. En mi familia, es una tradición muy antigua.

- En mi familia también tenemos nuestras tradiciones

- ¿Como cuales? -preguntó curioso.

- Será mejor que nos vayamos ya -dice riendo Kagome-. No podemos estar todo el día aquí.

- Es verdad -contestó sonriendo-. Mejor nos vamos.

Estaban por salir de la oficina cuando el hombre que les entregó el paquete.

- Señor Taisho, disculpe.

Inuyasha y Kagome se detuvieron para mirar al hombre.

- ¿Si? -pregunta Inuyasha.

- Disculpe pero, tiene otra entrega que acaba de llegar.

- ¿Otra?

- Si. Nos informaron que la carga llegaría en uno de estos días. Si tienen la amabilidad de seguirme.

- Claro -dijo mirando a Kagome. Ella sonrió y asintió.

Fueron a la parte de atrás del departamento de correos, donde se guardaban las cargas grandes.

- Por aquí.

Lo sigieron hasta dar con una puerta enorme de hierro. Entraron y se dirigieron hacia el fondo, donde había una gran puerta abierta.

Continuaron hasta atraversarla y se pararon cuando el hombre lo hizo.

- Bien, Señor Taisho -dijo con una gran sonrisa-. Aquí lo tiene -termina diciendo señalando dentro del camión de repartos.

Inuyasha y Kagome solo ven como un camión baja su carga, una enorme caja.

- Por favor, firme el recibo -dice el hombre.

Inuyasha lo hace preguntandose qué será lo que hay dentro.

- Gracias -contesta cuando Inuyasha lo firma-. Que lo disfrute -sonríe y se va.

- ¿Qué podrá ser? -pregunta Inuyasha

- ¿No será que te lo has enviado a tí mismo y no te acuerdas?

- No.

- ¿Entonces? -preguntó confusa.

- No lo se. Ahora lo averguaremos -dijo para acercarse a la gran caja. Un empleado, lo abre con una palanca. Dejando ver lo que hay dentro y de paso dejar con la boca abierta a Inuyasha y Kagome, era un coche deportivo, más específicamente un Nissan GT-R'07 rojo sangre con un gran lazo plateado.

- Es...es...es...-Inuyasha tragó al volver a hablar-. ¡¡Es un Nissan GT-R'07!! -gritó eufórico, dando saltos de alegría y llevandose a Kagome con él.

- ¿Un qué? -preguntó Kagome confusa. Ella nunca ha entendido sobre coches.

- Es un coche deportivo de fabricación japonesa. El embrague, la transmisión y la transferencia se han combinado con la transmisión final trasera en el primer transeje independiente de 4WD, y el motor de doble turbo V6 de 3,8 litros es el más potente de todo Japón, con unas características de 480ps y 60kgm. La transmisión de embrague doble ofrece tanto un modo semiautomático que reduce drásticamente los segundos y una conducción automática ultra suave. No depende de nada más. Diferente a todo. El nacimiento de un coche japonés destinado a reinar en lo más alto del mundo -termina de decir Inuyasha emocionado a más no poder.

Kagome tiene una gotita detrás de la cabeza. No me he enterado de nada, piensa Kagome.

En ese momento, vuelve el hombre de antes para entregarle las llaves del coche.

-Señor, aquí tiene las llaves -le dice entregándole las llaves-. Se suponía que llegaría la semana que viene pero hubo un problema y lo entregaron antes -comenta el hombre.

- ¿No sabe quien me lo envía? -preguntó Inuyasha. Era un coche muy caro.

- No.

Inuyasha estaba intrigado. ¿Quien le había mandado ese coche?

- Inuyasha -lo llamó Kagome-. Ven

Inuyasha fue donde estaba Kagome. Ella le señaló el interior del coche.

- Hay una nota dentro -le dijo a Inuyasha.

Sin perdida de tiempo, Inuyasha metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. Se sentó en el asiento del copiloto con la nota en la mano y leyó lo que ponía.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS INUYASHA!

Tu padre y yo te hemos comprado el coche que tanto querías. Con la lata que nos diste sobre las características y su historia, hemos decidido regalartelo, cariño. Espero que te guste el color, se que te encanta el rojo por eso removimos cielo y tierra para encontrarlo.

Sabíamos que te irias a estudiar lejos, así que te escribimos esta carta ya que por estas fechas estaremos de viaje por Europa.

Esperamos que te haya gustado el regalo y que lo disfrutes, cariño.

Te mandamos un beso enorme.

Te quiere:

Mamá y Papá.

Kagome estaba mirando el rostro de Inuyasha mientras este leía la nota. Sintió como su corazón se partía en dos al ver su expresión de dolor. Sus ojos brillantes por las lágrimas no derramadas. Kagome tomó su mano, dandole un apretón.

Inuyasha en cambio se sentía muy triste. Pensar que sus padres le escribieron esa nota y le regalaron ese coche. Pensar que no les podría agradecer por su regalo. No podría abrazarlos. Ya no podría verlos. Sintió como alguien le tomaba de la mano y la apretaba fuerte. Levantó la mirada y vió a su Kagome con una sonrisa triste al verlo en ese estado. Se le escaparon unas lágrimas, se bajó del coche y abrazó muy fuerte a Kagome.

Ella mientras tanto correspondió el abrazo, intentando consolarlo. No le gustaba verlo así.

Inuyasha derramó todas esas lágrimas que se obligó a retener durante tanto tiempo. Todo ese dolor contenido estalló.

Kagome lo abrazaba fuerte. Escuchaba como Inuyasha lloraba. Era un llanto que desgarraba al que lo oía. Pasándole las manos por la espalda, dándole un masaje, Kagome la susurraba palabras de consuelo.

Pasaron los minutos e Inuyasha se calmó. Se sentía avergonzado por haber llorado delante de su novia. Nunca se había mostrado tan vulnerable delante de nadie. Separándose de Kagome, Inuyasha bajó la cabeza.

Kagome sabiendo lo que pensaba Inuyasha, le cogió la barbilla y le obligó a mirarla.

- Inuyasha. No tienes que tener vergüenza por haber llorado delante de mí -le dice mirándolo a los ojos. Unos ojos que estaban brillosos y rojos de haber llorado-. Conmigo no tienes porqué sentir vergüenza. No quiero que me ocultes tus sentimientos -dice con la voz un poco ronca por el dolor de garganta a causa de contener las lágrimas.

Inuyasha sonrió con ternura quitando con la punta de los dedos las lágrimas que Kagome sin darse cuenta derramó.

- Gracias -dijo con la voz ronca de llorar-. Me obligé a no llorar hace tiempo. Y gracias a que te tengo conmigo, me pude liberar del dolor por la muerte de mis padres. Si hubiera estado con otra persona, no me hubiera mostrado tan vulnerable. Contigo me puedo mostrar tal como soy. Y eso me hace amarte aún más de lo que te amo -susurró acercándose a sus labios para besarlos suavemente.

- Yo también te amo -susurró Kagome

- Bueno, ya que tenemos coche, ¿Porqué no me llevas a conocer a tu familia? -dijo sonriendo.

- Me encantará presentarte a mi familia.

Inuyasha metió en el maletero la pesada caja que vino a recoger y cerró la puerta del copiloto cuando Kagome se sentó. A continuación abrió la puerta del piloto, se sentó y encendió el motor.

- Escucha como ronronea el motor, Kag -dice maravillado Inuyasha-. Y los asientos son muy cómodos. Tiene aire a condicionado, calefacción, MP3, DVD...lo tiene todo -continua emocionado.

Kagome observa cómo Inuyasha da saltitos de emoción. Parece un niño pequeño en navidad, piensa Kagome.

- Amor, si no me das las instrucciones para llegar al templo, seguiremos dando vueltas por la ciudad.

- ¿No te he dado las instrucciones? -preguntó sorprendida.

- No -dijo divertido.

Kagome había estado tan ensimismada mirando a Inuyasha que se había olvidado darselas.

- Lo siento -dijo sonrojada.

- No te preocupes, amor -dice sonriendo, mirándola un momento.

Kagome le dió las indicaciones y al poco tiempo estaban delante de una gran escalera, con muchos escalones.

- Aquí es.

- Tiene muchos escalones, no?

- Sip. Pero cuando vives en un templo como este, te acostumbras -dice sonriendo al ver su cara de espanto.

- Bueno, una simple escalera no me detendrá. Aunque esta tenga millones de escalones -dijo pesaroso.

- Qué exagerado eres, Inuyasha -dice riendo Kagome.

- Cuanto antes subamos, mejor -dijo alzando la mano para que Kagome la cojiera.

Y así, cojidos de la mano, subieron la escalera para encontrarse con un templo muy antiguo, pero muy bien conserbada.

- Esto es genial -dijo emocionado Inuyasha-. Es la primera vez que veo un templo tan antiguo.

- Cuando conozcas a mi familia, aremos un tour completo por el templo

Caminaron hacia la pequeña casa de dos plantas que estaba al fondo. Kagome llamó a la puerta, mientras Inuyasha se ponía nervioso. Era la primera vez que le presentaban a la familia de una de sus novias. No sabía como se tenía que comportar.

Cuando abrieron la puerta, Inuyasha se encontró mirando a una mujer madura, muy hermosa. Estaba seguro que era la madre de su novia, eran muy parecidas. Así sería Kagome cuando tengan más años, pensó Inuyasha.

- Kagome -dijo la mujer abriendo los brazos para abrazarla.

- Mamá, ¿Cómo has estado? -preguntó Kagome correspondiendo el maternal abrazo.

- Y, ¿Quien es este apuesto muchacho? -preguntó su madre mirando a Inuyasha con curiosidad.

- Este es Inuyasha Taisho, mamá. Mi novio -dijo lo último sonrojada.

Inuyasha sonrió nerviosamente.

- Hola, yo soy Sonomi Higurashi, la madre de Kagome -dice con una sonrisa maternal.

- Ho..hola -dijo nervioso-. ¿Cómo está?

Sonomi vió que estaba muy nervioso, asi que con una sonrisa lo abrazó

- No te pongas nervioso, hijo -dijo Sonomi en un susurro, que solo lo pudo escuchar él-. No te vamos a comer. Además veo que eres un buen chico -dijo alejandose. Miró hacia atrás para ver donde estaba su hija y continuó, al ver que estaba dentro de la casa, saludando a su abuelo-. Kagome, nunca ha traido a ningún novio antes. Claro que nunca ha tenido nunguno -dijo esto último para sí misma-. Eso quiere decir que te quiere mucho, tanto como para presentarte a su familia -dijo sonriendo-. Si haces feliz a mi hija, y veo que lo haces por su sonrisa radiante, y la quieres, nosotros también te queremos -terminó de decir haciendolo pasar.

Inuyasha ya estaba más tranquilo. Él quiere mucho a Kagome, no solo eso, la ama como nunca antes amó a alguien.

Kagome estaba sentada en la sala de estar con su abuelo enfrente, cuando Inuyasha entró segido por su madre con una sonrisa cada uno. Kagome se alegró de ver que Inuyasha ya no estaba tan tenso. Al parecer, su madre con su simpatía y su carácter maternal, había consegido que Inuyasha se mostrara tal como es.

Le presentó a su abuelo, que inmediatamente le cayó muy bien Inuyasha. Le gustaba ese chico, era el único que le escuchaba cuando contaba alguna leyenda.

Inuyasha estaba muy impresionado, el abuelo de Kagome sabía muchas leyendas de la época del Sengoku.

Kagome se fue a la cocina en donde estaba su madre, dejando en la sala de estar a su abuelo iniciando una nueva historia sobre la leyenda de un demonio llamado " Kappa".

- Hija, has elegido muy bien -dijo Sonomi cuando entró Kagome en la cocina-. Se nota que te ama muchísimo. Y tú a él.

Esto último hizo sonrojar a Kagome.

- Si. Lo amo más que a nada -dijo con una sonrisa de enamorada.

Así pasó el día, Inuyasha escuchando las historias del abuelo de Kagome y Kagome ayudando a su madre a preparar la cena.

Al poco rato, llegó Souta, su hermano de diez años.

Nada más conocer a Inuyasha, Souta lo raptó para que jugara con él a los videojuegos.

A la hora de cenar, Kagome subió a la habitación de su hermano pequeño, encontrandose a su hermano saltando en la cama con el mando de la play station 3 y a Inuyasha sentado delante de la televisión con su respectivo mando y balanceándose de derecha a izquierda.

- Te voy a ganar, Inuyasha -decía Souta.

- ¿Tú me vas a ganar a mí?¿El rey de los juegos de pelea? Ja! -se mofaba Inuyasha.

Ninguno de los dos se dió cuenta de que Kagome estaba en la puerta, apoyandose en el marco mirándolos con los brazos cruzados.

- ¡¡SI!! ¡¡TE GANÉ!! -gritaba Inuyasha-. Ya te lo he dicho, tengo muchísima más experiencia en los juegos de lucha. Llevo desde los seis años jugando.

- ¡Otra partida! ¡La revancha! -gritaba Souta. Era la primera vez que le ganaban en un juego de lucha. Su orgullo masculino no lo dejaría dormir hasta vencer a Inuyasha.

- Otro día -dijo Kagome sobresaltando a los dos chicos-. Ya está lista la cena.

- Pero hermana... -se quejó Souta.

- Otro día te doy la revancha, Souta -dijo Inuyasha levantándose-. Ahora hay que cenar -dijo con los ojos brillantes de entusiasmo.

Souta se puso igual de emocionado. Sólo había algo que superaba a los videojuegos, y era la comida. Hombres, tenían que ser, pensó Kagome.

La cena se desarrolló normal, o sea, su abuelo hablando de leyendas, nadie escuchándolo, su hermano comiendo como loco y dándole de vez en cuando a buyo, el gato de la familia, Inuyasha comiendose todo lo que pillaba por delante, como si mañana fuera el fin del mundo y su madre sonriendo y regañando.

Esta familia es de locos, pensaba Kagome con una gotita en la cabeza.

Después de terminar de cenar, la familia se fue a la sala de estar.

- Joven, por lo que veo te encanta todo lo relacionado con la época feudal, no? -le preguntó su abuelo a Inuyasha.

- Si. Mis padres me contaban muchas leyendas sobre esa época. Además de que tengo un objeto de esa época, me la dió mi padre.

- ¿En serio? -preguntó sorprendido el abuelo.

- Si, abuelo -intervino Kagome-. Hoy fuimos a la oficina de correos a recogerla.

- ¿La tienes aquí?

- Si, la tengo en el maletero.

- ¿Me la puedes mostrar?

Inuyasha fue al coche, abrió el maletero y sacó la caja. Cuando se lo enseñó al abuelo, éste estaba más feliz que un niño en navidad.

- Es increíble

- Inuyasha, ¿Me la dejarías? -preguntó Souta emocionado

-Souta, con este tipo de cosas no se juega -lo reprendió Kagome con el cejo fruncido.

- Tu hermana tiene razón. Si no sabes utilizarlo es peligroso.

Souta se puso triste. Al verlo, Inuyasha no pudo más que decir:

- Pero te puedo prestar todos los videojuegos que tengo. Son lo último en juegos.

Souta se puso muy contento.

- ¿En serio? -preguntó ansioso, esperando la mirada afirmativa de Inuyasha, cuando éste se la dió, Souta se puso a dar saltos de alegría por toda la estancia.

Kagome le regaló una sonrisa de agradecimiento a Inuyasha.

Estaban tan ensimismados, que no escucharon el ruido que procedía de fuera de la casa. Hasta que aparecieron en la puerta tres hombres. Hombres que no tenían buenas intenciones. Con sonrisas burlonas o maliciosas cuando sus miradas se posaron en Kagome.

Inuyasha se puso delante de Kagome lanzando un gruñido por lo bajo.

- Vaya, vaya. Mirad lo que tenemos aquí -dijo el del medio. Se veía que era el líder.

- ¿Qué quereis? -preguntó Inuyasha con voz amenazante.

- Estábamos paseando y nos preguntamos, ¿Porqué no hacemos una visita a este encantador templo? -contestó el líder con una sonrisa burlona.

- Pues, creo que ya habeis hecho la visita. Así que ya os podeis ir -dijo Inuyasha contrololándose. No le gustaba como miraban a su Kagome.

- Oye, tú no eres nadie para decirnos lo que tenemos que hacer -dijo molesto uno de los hombres.

Y con esas palabras, los tres intrusos se abalanzaron contra Inuyasha. Sacando sus pistolas.

En medio segundo, Inuyasha sacó lo que había dentro de la caja. Amenazándolos con ella.

- Venga ya hombre -dijo el líder riendose-. ¿Pretendes vencernos con eso?

Los otros dos también se rieron, un error que pagarían muy caro.

Con una sonrisa burlona, Inuyasha los desarmó a los tres con un solo golpe.

Toda la familia Higurashi estaba sorprendida.

Y no solo ellos, sino también los delincuentes.

- Oye, tío. No pretendíamos molestar... -dijo el líder mirando las pistolas en el suelo. Pensando en alguna manera de atacar. Nadie los dejaba en ridículo, nadie.

Inuyasha, presintiendo lo que iba a pasar, dejó el objeto con el que los había desarmado, dándoles la espalda.

Aprovechando la oportunidad, los tres se abalanzaron sobre él. Lo que no sabían era que todo estaba bien estudiado por Inuyasha. Dandose la vuelta con un rapidez sorprendente, Inuyasha lanzó un golpe certero en la cara de uno de ellos, dejándolo en el suelo inconsciente. Se agachó cuando otro intentó golpearle. Derribandolo de un puñetazo en el estómago, dejándolo sin aire y también en el suelo. Ahora solo faltaba uno, el líder.

Con un ágil movimiento, Inuyasha esquivó el golpe de su adversario. Giró muy rápidamente, golpeándole en la cara con la pierna, haciendo que haga compañía a sus amigos en el suelo.

Después de este último golpe, la casa se quedó en silencio hasta que toda la familia Higurashi empezaron a felicitarlo y a agradecerle por haberlos salvado.

Kagome lo abrazó muy fuerte seguido por un beso, beso que fue correspondio por Inuyasha.

- Gracias por salvarnos, cariño -dijo en un susurro Kagome-. Te amo.

- Yo también te amo, mi vida -contestó Inuyasha todavía abrazándola.

- Los has dejado KO -dijo maravillado Souta-. ¿Cómo lo has hecho?

- Bueno, se todo lo que hay que saber sobre artes marciales y sus derivados -dijo orgulloso.

- Yo creía que esa cosa -dijo Kagome señalando lo que había dentro de la caja-. Era de mentira.

- No es de verdad.

- Pero es tan antigua y se ve que muy oxidada -continuó Kagome.

- Puede que este oxidada, pero ya me ha salvado la vida antes. Le tengo un gran cariño -dijo Inuyasha.

- ¿Y tiene nombre? -preguntó Souta.

- Claro. Se llama, Colmillo de Hierro o como le gustaba llamerle mi padre, Tensaiga.

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CONTINUARÁ...

os a gustado? como veis, actualizo muy seguido n.n estoy inspirada.

gracias x los reviews, me ayudan a segir escribiendo n.n

espero reviews n.n

un beso