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- Amor, ¿Porqué lloras? -preguntó al tiempo que hacía que ella se acostar en su pecho, abrazándola con ternura.
- Es que estoy feliz, muy feliz. Estoy feliz de haberte conocido, de haberme enamorado de ti y sobre todo de habernos amado. De habernos entregado en cuerpo y alma.
Inuyasha solo sonrió y la abrazó con fuerza, pero sin dañarla.
- Yo también estoy feliz de que te hayas entregado amí como yo a tí. De saber que ningún otro a besado antes tu cuerpo, de que soy el primero y el último en tu vida y de ahora te digo que ers mía, mía, mía -dijo posesivamente.
Kagome sonrió entre las lágrimas.
- Entonces ¿Eso quiere decir que tú eres mío? -preguntó alzando el rostro para verlo.
- Yo fui tuyo desde que te ví por primera vez -dijo con voz tierna.
Sonriendo, Kagome se abalanzó a besar sus labios con pasión.
Y así pasó la noche, entre suspiros, gemidos, besos, abrazos y palabras de amor.
Una noche especial que ninguno de los dos quería que terminara nunca.
AMOR ENTRE INQUILINOS
CAP 15: Despertar nunca fue tan pasional
-Señor, ya han llegado -informó el sirviente.
- Hazlos pasar -ordenó.
Cuando salió el sirviente, entraron tres hombres.
- Y ¿Bien? ¿Está muerto? -preguntó la voz siniestra desde detrás de un enorme sillón.
- No, señor -dijo el líder-. Nos desarmó a los tres, sin darnos cuenta -continuó encogiendose de hombros, esperando la reacción de su señor.
- Asi que, no lo habéis matado -dijo al fin, arrastrando las palabras.
Los tres asintieron con temor.
Haciendo un gesto con la mano, aparecieron dos hombres super musculosos y muy altos, o sea matones.
- Llevaos a estos inútiles de mi vista. No me importa lo que les hagais. Aunque ahora que lo pienso, el mundo no necesita más inútiles.
Los matones se os llevaron, escuchando como gritaban y suplicaban por su vida.
Cuando se fueron, una sonrisa siniestra apareció en el rostro del hombre oculto en las sombras, sentado tranquilamente en el cómodo sillón.
- Te has salvado muchas veces, Taisho. Pero tu suerte está a punto de terminarse.
o.O
Los rayos del Sol entraban en la habitación, despertando a una hermosa joven de su dulce sueño.
Lo primero que Kagome vió, fue a Inuyasha durmiendo como un bebé. Se veía tan tierno así. Con una sonrisa, Kagome fue delineando el rostro de Inuyasha.
Inuyasha sintió como le acariciaban la cara suavemente. Kagome, pensó Inuyasha.
Se fue acercando al rostro de su novio lentamente. Inclinándose hacia él puesto que estaba casi encima de él.
Rozando sus labios, Kagome alzó la mano para posarla en su mejilla, se concentró en el labio inferior.
Inuyasha estaba bien despierto, pero la dejó hacer. Le gustaba como besaba Kagome, o mejor dicho, cómo le besaba Kagome.
Con la otra mano, Kagome fue acariciando el musculoso pecho de Inuyasha. Éste, no podía seguir haciendose el dormido, esas caricias le estaban volviendo loco. Gruñendo bajo, Inuyasha devoró la boca de Kagome sorprendiendola, ella creía que estaba dormido.
Abrazándola por la cintura muy fuerte pero sin lastimarla, apretándola contra él.
Soltando un suspiro, Inuyasha se puso encima de ella, dejándola de espaldas en la cama. Situándose entre sus piernas.
Abandonó sus labios, viendo con arrogancia que estaban rojos e hinchados por sus besos apasionados. Fue bajando, dejando besos por su cuello, lamiendo y mordiendo dejando marcas rojas por sus continuos mordiscos y succiones. Mientras tanto, Kagome gemía su nombre. Le encantaba como Inuyasha besaba y mordía su cuello.
Dejando atrás su cuello, sigió besando hasta llegar el valle de sus pechos. Primero daba pequeños besos, abanzando hasta su pezón pero sin tocarlo. Después con la mano izquierda, le daba masajes al otro pecho pero sin llegar a tocar el pezón endurecido.
Kagome estaba desesperada. Arqueaba su espalda intentando que Inuyasha tocara sus pezones, pero lo único que conseguía era que él sonriera con picardía.
Pero eso no era lo peor. Lo peor era que mientras él jugaba con sus pechos sin tocar la parte que ella más quería que tocara, Inuyasha movía sus caderas, simulando los movimientos del acto amatorio. Haciendo que sus sexos se rozen.
Me esta volviendo loca, pensaba Kagome.
Decidiendo que ya la había hecho esperar demasiado, Inuyasha tomó en su boca el pezón izquierdo. Primero le dió lametazos, después lo mordió suavemente y por último lo succionó. Haciendolo en el otro pecho, Inuyasha bajó su mano izquierda hasta el centro de su feminidad, descubriendo que ya estaba lista para recibirlo dentro.
Al tiempo que Inuyasha hacía aquello, Kagome lanzó un mini grito. Estaba muy sensible por las continuas caricias y por su estado de deseo.
Arodillandose entre sus piernas, Inuyasha tomó los muslos de Kagome entre sus manos, abriendo sus piernas. A continuación, fue metiendo la cabeza de su muy erecto miembro, para después de una embestida entrar por completo en ella.
Los dos amantes lanzaron un gemido al sentirse otra vez de esa manera.
Agarrando a Kagome por los muslos, Inuyasha fue entrando y saliendo. Embistiendo con más fuerza.
Kagome gemía, se movía al mismo ritmo que las embestidas de Inuyasha. Cuanto más tiempo pasaba, más fuerte era la pasión y más salvaje era la entrega.
Las manos de Kagome se levantaron para intentar tocar a su Inuyasha. Al ver que Kagome intentaba tocarlo, Inuyasha se inclinó, sin dejar de moverse, hasta tumbarse sobre ella, moviendo sus manos por la espalda de Kagome cojiendo sus glúteos para levantarla y así penetrarla mejor.
Kagome hizo lo mismo, lo cojió por ese hemoso y bien formado trasero.
Y así, ambos, moviendose a un ritmo casi animal llegaron hasta el clímax al mismo tiempo, gritando el nombre del otro al alcanzar el paraiso.
Agotado, Inuyasha se dejó caer sobre Kagome, metiendo la cabeza en el hueco del cuello mientras ella lo abrazaba.
Los dos respiraban agitadamente.
Cuando sus respiraciones se tranquilizaron, Inuyasha levantó la cabeza para mirar a Kagome con una sonrisa tierna y unos ojos que la miraban con un amor inmenso.
Dándose un beso lento, Inuyasha se apoyó sobre sus codos, para no aplastar a su pequeña.
- Amor -susurró Inuyasha con sus labios aún tocándose.
- Mmmm
- Llegamos tarde.
-¿ A donde?
- A la universidad.
- Mmmm
- ¿Te has enterado de lo que te he dicho, amor? -preguntó divertido Inuyasha.
- Mmm...no.
Inuyasha suspiró.
- Son las 8:30 y todavía tenemos que ducharnos, vestirnos, desayunar y llegar a clases.
Kagome abrió los ojos enormemente.
- ¡¡LA UNIVERSIDAD!! -gritó Kagome saltando de la cama gloriosamente desnuda. Dejando ver el precioso trasero que tenía a Inuyasha.
Levantandose pero sin ninguna gana, Inuyasha fue a prepara el desayuno, mientras Kagome se daba una ducha rápida. Le hubiera gustado compartir la ducha pero en vez de ducharse le hubiera hecho el amor a Kagome en la ducha, y andaban cortos de tiempo.
o.O
Llegaron justo a tiempo. Y gracias a Inuyasha, pensó Kagome.
Flash Back
- Inuyasha, no vamos a llegar a tiempo -dijo Kagome corriendo todo lo que podía.
Parando de correr, Inuyasha se volvió hacia Kagome y le dijo:
- Monta
- ¿Qué?
- Monta -repitió Inuyasha agallándose, dandole la espalda para que ella suba.
Kagome se montó, preguntándose qué haría Inuyasha ahora.
Lo único que podía hacer, correr. Y cómo corría, pensaba Kagome. Pasaban a toda velocidad los coches y a los peatones. Era increíble, Kagome no sabía lo que estaba pasando. Pero de una cosa estaba segura, que no llegarían tarde a clases.
Fin Flash Back
Se sentaron en sus respectivos asientos, cuando entraron.
Al terminar la clase, Sango y Miroku se levantaron para pararse enfrente de Inuyasha y Kagome, para hablar mientras venía el próximo profesor.
- ¿Y como estan, chicos? -preguntó Sango.
- Bien -respondió Kagome con una sonrisa. Esta estaba sentada en el regazo de su novio, estaba super cómoda.
- ¿Y porqué llegaron tarde? -preguntó Miroku con voz pervertida.
- No estes pensando cosas pervertidas, monje -dijo Inuyasha.
Mientras Kgome se sonrojaba al recodar porqué casi llegaban tarde.
Sango notó el sonrojo de su amiga y le preguntó:
- ¿Porqué te sonrojas, Kagome?
- Yo te diré porqué, Sanguito -dijo Miroku con aire de superioridad
Inuyasha y Kagome lo miraron asustados y muy sonrojados.
- ¿Porqué, Miroku? -preguntó inocentemente Sango.
- Porque estaban muy ocupados haciando cositas pervertidas en la cama -dijo Miroku con la voz y la mirada sin olvidar la sonrisa, pervertida.
¡Plaf! ¡Pum!
- Seras pervertido, monje -gritaba Sango
- Nunca cambias pervertido -gritaba Inuyasha.
Se ve como en la cabeza de Miroku ay dos chichones enormes, de los golpes que recibió de su novia, Sango y de su mejor amigo, Inuyasha.
- ¿Y ahora que he dicho? -preguntaba Miroku con lagrimitas en los ojos.
- Pensar que todo el mundo es igual de pervertido que tú -contestó Sango.
- Pero si no han hecho ada pervertido, ¿Cómo es que Kagome tiene chupetones en todo el cuello e Inuyasha esa sonrisa que pongo yo cuando pienso en algo pervertido? -pregunta Miroku
Sango los miró entrecerrando los ojos, primero el cuello de Kagome y después a Inuyasha. Estos dos sonrojados, pero Kagome incluso brillaba de lo roja que estaba.
Lanzó un grito y se abalanzó sobre Kagome para abrazarla, siendo visto por toda la clase
- Ay, Kagome ¿Porqué no me lo has dicho, eh? Soy tu mejor amiga -dice sonriendo-. Ya eres una mujer.
Mientras Kagome se sonroja aún más si cabe. Tenía mucha vergüenza.
- Amigo, te felicito. Ya veo que has aprendido mucho de mí. Tu Sensei está orgulloso de tí. Eres mi alumno más aplicado -dice Miroku con lágrimas en sus ojos, abrazando a Inuyasha.
- Soy tu único alumno, Miroku -dice Inuyasha con una gotita en la cabeza.
- Me da igual. Dentro de poco abrá más. Me e estado pensando abrir un club.
- ¿Un club?
- Sip, se llamrá el club de los pervertidos -se ríe Miroku, pero se calla de repente al sentir bibraciones malignas de trás de él.
- Monje -dice una voz siniestra.
- Sanguito, te lo puedo explicar -dijo con miedo.
- Me lo puedes exlpicar y un cuerno
Así empezó otro dia, con un Miroku a punto de irse de vacaciones pero al hospital de la paliza que le daría Sango.
Mientras todo esto ocurría, una persona los estaba viendo con odio.
- Chicos -llamó Kagome-. Tenemos que preparar el cumpleaños de Inuyasha.
Inuyasha había ido a coger más tiza, por eso hablaban sobre la fiesta. Inuyasha ya sabía que habría una, pero no es cuestión de que sepa todo, al fin y al cabo, es una sorpresa.
- Casi se me olvida -dijo Miroku-. No le he comprado el regalo todavía -dice pensando en el regalo que le podría comprar, cuando una idea se le vino a la cabeza, haciando aparecer una sonrisa pervertida.
- Y ¿Tu ya le has comprado algo, Kagome? -le pregunta Sango sin darse cuenta de la sonrisa de su novio.
- Sip -dice feliz.
- Y ¿Qué es?
- Lo sabrás cuando Inuyasha lo abra -dijo misteriosa.
o.O
- ¿Señor?
- Esos inútiles que me recomendaste han fallado. Encárgate de él tú mismo. No tenemos tiempo que perder. Hay que matarlo antes de su cumpleaños -le ordenó la amenazadora voz a través del móvil.
- Si, señor.
Colgó. Se guardó el móvil en el bolsillo y se fue a clases. Ahí vió a su presa y a sus amigos, también vió al otro lado a una hermosa chica, que estaba mirando al chico y a sus amigos con odio. Sonrió. Se iba a divertir con todo esto. Nadie podría desconfiar de él.
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-
CONTINUARÁ...
HOLA!! ya se q es un poko korto u.u pero es mejor q nada u.u
espero q os guste el lemon n.n
un beso!!
