CAPITULO ANTERIOR

Cuando terminó el minuto, Inuyasha empezó a brillar.

- Pe...pero..¿Qué me está pasando?

El cabello negro como la noche de Inuyasha se fue cambiando en blanco.

Kagome, Sango y Miroku se quedaron en shock.

Las uñas se convirtieron en garras y cuando Inuyasha abrió la boca, con un grito de dolor, viron como crecían unos colmillos afilados.

Pero lo más estraño fue las orejas. Ya no estaban a los lados de su cara, sino encima de la cabeza y en forma de perro. ¡Orejas de perro!

Cuando aparecieron las orejas, Inuyasha dejó de brillar.

- ¿Qué ha pasado? -preguntó Inuyasha-. Me siento estraño -susurró.

Inuyasha se acercó al espejo que había en la habitación donde todos estaban.

- ¡¡KIAAAAAAAAAAAAAAAAA!! -gritó Inuyasha-. ¡¡QUE ME HA PASADO??

- Te has convertido en un Hanyou -dijo tranquilamente Sesshomaru.

- ¿Cómo? -dijo Inuyasha-. Los Hanyous no existen.

- Existen. Tú eres uno. Y ahora que te has convertido en un Hanyou, tienes el deber de viajar a la época del Sengoku, y encontrar la Shikon no Tama.

AMOR ENTRE INQUILINOS

CAP 17: El comienzo de una aventura

- ¿Qué? -gritó Inuyasha volviendose hacia su hermano-. La Shikon no Tama solo existe en las historias que me contaba mi madre de pequeño.

- No. Es real. Igual que todas las historias que nos contaba nuestro padre.

Inuyasha estaba en shock. Esto no estaba pasando. Y ahora, ¿Qué iba a pasar con su vida? ¿Con Kagome?...Kagome, pensó Inuyasha mirándola.

- Kagome -susurró, acercándose a ella.

Con los ojos agrandados, Kagome dió un paso atrás.

- Kagome -susurró Inuyasha con dolor al verla alejarse de él.

Ocultó sus ojos tras su flequillo y bajó la cabeza. Ahora que era un monstruo, Kagome ya no lo quería.

De repente, sintió como le tocaban las orejas de perro. Era Kagome.

- Pero qué mono -dijo Kagome con una sonrisa-. Me encantan tus orejas, amor. Son tan lindas.

Sorprendido, Inuyasha balbuceó:

- ¿No...no te doy miedo?

Kagome dejó de tocarle las orejas para mirarlo seriamente.

- Yo nunca tendría miedo de tí, Inuyasha. Yo te amo. Me da igual si eres un humano o un Hanyou, como si eres un fantasma, sigues siendo mi Inuyasha y nunca me harías daño -dijo con voz tierna.

Inuyasha acercó el rostro de Kagome al suyo, besándola con una infinita ternura. Te amo, Kagome, pensó Inuyasha.

Sango y Miroku todavían estaban un poco sorprendidos, su mejor amigo se había convertido en un Hanyou. Esto no pasaba muy a menudo.

- Inuyasha -lo llamó Sesshomaru-. Todavía no he dicho todo.

Inuyasha dejó de besar a Kagome a desgana, para mirar a su hermano, pero no dejó que su novia se fuera muy lejos. Con ella entre sus brazos, podía enfrentarse a todo un regimiento.

- Para buscar la esfera, hay que viajar a la época feudal.

- ¿La época feudal? -preguntó incrédulo.

- Si.

- Pero ¿Cómo podrá viajar hasta allí? -preguntó Sango ya completamente recuperada.

- Hay una conexión entre este época y la otra.

- Y ¿Donde esta? -perguntó Kagome

- En un antiguo pozo. El pozo que está en el templo Higurashi.

Todos se sorprendieron.

- ¿En el templo de mi familia?

Sesshomaru asintió.

- Pues yo no voy a ir -dijo Inuyasha frunciendo el ceño-. No me pienso alejar de Kagome -como para demostrarlo, Inuyasha abrazó un poco más fuerte a Kagome.

- No tienes que preocuparte, hermanito. Ella también irá. Igual que tus amigos -añidió mirando a Sango y Miroku.

- ¿Qué? -gritaron todos.

- Kagome es una sacerdotisa -dijo mirandola-. Aunque no sabe utilizar sus poderes, tiene un aura muy poderosa, un aura que solo las sacerdotisas tienen -su mirada se volvió hacia Sango-. Tus antepasados eran cazadores de demonios, y al igual que ellos con un poco de entrenamiento, podrías llegar a ser uno de ellos -y mirando a Miroku dijo-. Y tus antepasados fueron monjes, eran muy especiales.

- ¿Especiales? ¿Eran muy poderosos? -preguntó emocionado Miroku.

- No. Especiales porque eran todos unos pervertidos.

Inuyasha, Kagome y Sango tenían una gotita en la cabeza.

- Y, ¿Tú como sabes todo eso, Sesshomaru? -preguntó Kagome.

- Soy el Gran Señor Sesshomaru, yo lo se todo -dijo con su voz fría, levantando la barbilla.

Inuyasha lo miró levantando una ceja.

Rin se acercó hacia los demás y les susurró:

- Lo buscó en Internet.

Todos miraron a Sesshomaru con la ceja levantada.

- Como he dicho, con entrenamiento, os podríais enfrentar a los demonios que poblan la otra época -dijo cambiando de tema.

- ¿Entrenamiento? -preguntaron a la vez.

- Os ayudaré a entrenaros. El que más necesitará ayuda será Inuyasha -dijo mirándolo.

- ¿ Y yo porqué? -preguntó enfadado.

- Porque tendrás que dominar todos tus poderes, además de a Colmillo de Hierro.

- ¿Colmillo de Hierro? ¿Qué tiene que ver mi espada en esto?

- Mañana te lo explicaré. Empezaremos el entrenamiento mañana en el templo Higurashi -terminó de decir Sesshomaru. Tomó la mano de Rin-. Nos vemos mañana por la mañana. Ya que no teneis que ir a la universidad.

Antes de irse, Sesshomaru se giró.

- Te recomiendo que vayas vestido con el kimono que te ha regalado tu novia -diciendo esto se fue.

- Hasta mañana -se despidió con una sonrisa Rin-. Y felicidades por tu cumpleaños, Inuyasha.

Cuando se fueron, se hizo un gran silencio en el apartamento.

- Bueno, entonces nos vemos mañana en el templo, no? -preguntó Sango tranquilamente.

- Ehhh...¿No os doy miedo? -preguntó temeroso Inuyasha.

- ¿Porqué tendríamos que temerte? -dijo Sango encogiendose de hombros-. Eres nuestro amigo. Con otro color de pelo y no olvidemos con orejas de perro...pero nuestro amigo.

- Gracias -suspiró Inuyasha aliviado.

- Será mejor que nos vayamos. Mañana hay que levanterse muy temprano. Y algo me dice que va a ser muy duro el entrenamineto -comentó Sango.

- Si. Es mejor que descansemos -dijo Kagome.

- Miroku -lo llamó Sango.

Silencio.

- Miroku -lo volvió a llamar Sango.

Vemos a Miroku con la boca abierta.

- Inuyasha, ¿Te has teñido el cabello? -preguntó Miroku asombrado.

Todos se cayeron al estilo anime.

- Creo que de los tantos golpes que ha recibido, Miroku se ha vuelto más tonto de lo que era -Dijo Kagome con una gotita en el cabeza.

- Sango, tendrías que rebajar los golpes a la mitad, o por lo menos no lo dejes inconsciente tan a menudo -comentó Inuyasha divertido.

- Jejeje, creo que teneis razón -dijo Sango.

-.-

Cuando sus amigos se fueron y los dejaron solos, Inuyasha y Kagome se miraron.

- Esto es increíble -comentó Inuyasha-. Mírame -dijo con los brazos levantados-. Nunca creí que algún día me convertiría en un Hanyou -dijo con los ojos brillantes de la emoción.

Kagome sonreía al ver la emoción en sus ojos.

Se sentaron en el sofá y Kagome se acurrucó contra él. Inuyasha la rodeó con sus brazos, descansando su cabeza en la de ella.

- Siempre me han gustado los Hanyous -dijo con una sonrisa-. No eran como los demás. Tenían que luchar para consegir un lugar en el mundo. Tenían que ser fuertes para sobrevivir. ¿Sabes? Me identificaba con ellos. Siempre tuve que luchar para consegir algo. Claro, no en el sentido figurado de la palabra. Y ahora, soy uno de ellos -terminó con una sonrisa.

- No se lo que nos deparará el futuro -dijo Kagome levantando su rostro para mirarlo-. Pero lo afrontaremos juntos -dijo con decisión.

Inuyasha la miró con una ternura y amor infinitas.

- No se lo que hubiese hecho de no tenerte a mi lado.

- Yo siempre estaré a tu lado, bebé.

- ¿Bebé? -dijo sorprendido.

- Si, bebé. Es que eres tan mono con esas orejitas -dijo acariciandolas-. Y tu carita es tan tierna cuando estas dormido. Asi que, a partir de ahora mismo, eres mi bebé.

- Mmm...yo soy tu bebé, y tú eres mi amor -dijo con sonrisa tierna, acercándose al rostro de su novia para besarla con infinita ternura.

-.-

Al día siguiente, todos se levantaron muy temprano.

- Inuyasha ¿Te sienta bien el kimono que te regalé? -le preguntó Kagome detrás de la puerta del baño.

Al instante, la puerta se abrió para dejar paso a Inuyasha.

- Me queda muy bien -dijo mirándose-. Es muy cómodo.

- Me alegro -dijo sonriendo-. Sesshomaru dijo que te lo pusieras hoy.

- Que conste que no me lo pongo porque me dijera eso -contestó con el ceño fruncido-. Me lo he puesto porque me encanta este kimono, y porque me lo regalaste tú -sonrió.

- Mmmm...todavía no me has dado los buenos días como es debido -dijo Kagome con una sonrisa pícara.

- Con mucho gusto -dijo con voz sensual, abrazando su cintura, mientras ella lo abrazaba por el cuello. Lentamente se fueron acercando. Estaban a punto de rozarse cuando...

¡Ding Dong!

Llamaron al timbre de la puerta.

- Mataré al que esté al otro lado de la puerta -gruñó Inuyasha llendo hacia la puerta.

Kagome estaba sorprendida, Inuyasha acababa de gruñir. No era que nunca lo haya escuchado antes, pero este era muy diferente. Como si el gruñido saliera de un perro.

- ¡Hola!

- ¡Te mataré, Miroku! -gruñó Inuyasha lanzandose contra él.

Mientras que el persegido corría como loco por el pasillo, intentando salvar su vida.

El grito la sacó de sus pensamientos.

Sango estaba en la puerta mirando como corría su novio por el pasillo.

- ¿Qué es todo ese ruido? -le preguntó a Sango. Llendo hasta ella.

- Tu novio, nada más abrir la puerta, se lanzó sobre Miroku intentando matarlo -dijo como si nada.

- Creo que sus hormonas estan un poco alborotadas -comentó Kagome con una gotita en la cabeza.

- Si. Convertirse en un Hanyou de la noche a la mañana, trastorna a cualquiera. Y más si el sujeto en cuestión es Inuyasha.

Kagome y Sango se rieron por el comentario.

- ¿De qué se ríen? -preguntó Inuyasha enfrente de ellas.

- De nada -respondió Kagome sonriendo-. Se rá mejor que nos vayamos, se está haciendo tarde.

- Inuyasha, ¿Donde está Miroku? -le preguntó curiosa Sango.

- Aquí estoy Sanguito

Miroku apareció de repente enfrente de ella. Tres chichones en la cabeza, un ojo morado y moratones por toda la cara.

Sango chilló por el susto que se llevó al verlo tan de cerca de repente. Superado el susto, un aura maligna rodeó a Sango.

- ¡¡AAAAAAAAAHHHHHHH!! ¡¡INUYASHA, QUE LE HIZISTE!!

Inuyasha se tapó las orejitas. Casi le deja sordo esa loca.

Miroku se ilusionó. Su Sanguito estaba preocupada por él.

- ¡¡SOLO YO LE PUEDO PEGAR!!

Ahí fue cuando volvió al mundo real.

Mientras Inuyasha se escondía detrás de Kagome, con sus orejitas aplastadas en la cabeza.

- Sango, tranquilizate -dijo conciliadora Kagome-. Tenemos que irnos ahora.

El aura se esfumó.

- Vamonos -dijo con una sonrisa Sango.

-.-

Inuyasha aparcó el coche enfrente del templo. Salieron los cuatro del coche y subieron las interminables escaleras.

Al llegar al final, se encontraron con Sesshomaru y Rin.

- Hola -saludó sonriendo Rin.

- Hola -dijo Kagome sonriendo igual.

- Veo que me has echo caso y te has puesto el traje de las Ratas de Fuego -dijo Sesshomaru con su voz fría.

- No lo he hecho porque tú me lo dijeras. Sino porque me lo regaló Kagome. A demás, es muy cómodo.

Los dos hermanos se miraron a los ojos, hechando chispas y rayos.

- Será mejor que empecemos con el entrenamiento -dijo Kagome, no quería que se pelearan.

- Está bien. Iremos a entrenar al bosque que está detrás del templo. Lo que haremos, no es muy aconsejable que lo vea nadie -repuso Sesshomaru.

Se estaban por ir, cuando Kagome dijo:

- Esperen. Ya que estoy aquí, tengo que saludar a mi familia.

- Rápido -dijo fríamente Sesshomaru.

Inuyasha acompañó a su novia hasta la casa, también quería saludarlos, en el poco tiempo que se conocen, ya es como si fuera de la familia.

- ¡Hola! -gritó Kagome entrando-. ¿Hay alguien en casa?

- ¡Hermana! -gritó Souta desde el piso de arriba. Segundos después, veían a Souta bajar corriendo las escaleras-. Hola, Inuya...

Souta abrió muy grande los ojos. Tenía delante a un hombre que no se parecía a su amigo Inuyasha, excepto en los ojos, que seguían siendo dorados. Tenía el cabello plateado,garras y colmillos, y lo más impactante era que ¡tenía orejas de perro!.

- Hermana, ¿Quién es?

- Es Inuyasha -dijo como si fuera obvio. Pero se acordó de que ayer por la noche, Inuyasha se convirtió en un Hanyou. Su aspecto era muy diferente. Casi no parecía él mismo.

Souta levantó una ceja, mirando a su hermana.

- No se parece en nada a Inuyasha.

- Pues es él.

- Souta -lo llamó Inuyasha-. Soy yo -suspiró-. Lo que pasa es que...

- Inuyasha, será mejor que les demos la noticia cuando esten todos juntos.

- Si, Souta llama a tu madre y a tu abuelo.

Souta se fue a buscarlos. Ese chico tenía la misma voz que Inuyasha. Algo muy extraño estaba pasando.

Cuando todos los mienbros de la familia Higurashi estaba presente, Kagome les explicó porqué Inuyasha estaba tan cambiado. Las reacciones eran muy distintas. Souta, estaba un poco impactado pero igual de feliz. Su amigo y héroe se había convertido en un Hanyou, un medio-demonio y su aspecto ahora lo hacía ver mucho más espectacular que antes, o sea, molaba más. Sonomi, estaba sorprendida, pero le daba igual si su futuro yerno era un Hanyou, lo único que importaba era que amaba a su hija y eso era lo importante. Y el abuelo...bueno, el abuelo estaba en su mundo de fantasia. La verdad, a él le gustaba mucho el novio de su nieta, y la verdad es que ahora sería más capaz de protegerla.

Su familia se lo tomó muy bien. Inuyasha estaba muy preocupado por si le pedían que dejara a Kagome. No quería dejarla. Y tampoco quería que la familia que ahora tenía le diese la espalda o le despreciaran por ser un híbrido. Pero cuando vió sus caras después de contarselo, se relajó. Les daba igual que sea un híbrido.

- Inuyasha -lo llamó Sonomi-. No nos importa si eres un Hanyou. Lo único que nos importa es que hagas feliz a Kagome, y como sabemos que lo harás y que la amas y la protegerás, solo podemos darte nuestra bendición -dijo sonriendo.

Los ojos de Inuyasha brilaron por la emoción que sentía.

- Aún tenemos que contarles algo más -dijo Kagome cogiendo la mano de Inuyasha. Les explicaron que tenían que viajar al Sengoku para buscar la Esfera de los Cuatro Espíritus, que tenían que entrenar para enfrentarse a los demonios que habitaban y todo lo sabían de Naraku.

Tardaron un poco en comprenderlo, pero lo asimilaron muy rápido.

- Inuyasha -era el abuelo-. Esa época es muy peligrosa, no hace falta que te diga que debes proteger a Kagome -dijo serio.

- La protegeré con mi vida si es necesario -afirmó Inuyasha atrallendo hacia él a Kagome, abrazándola.

- Muy bien -dijo Sonomi con típica sonrisa en la cara-. Ahora que sabemos que no correrá ningún peligro, será mejor que os vayais a entrenar.

- Si -dijo sonriendo Kagome e Inuyasha.

Tras despedirse, se fueron con los demás.

El entrenamiento fue muy duro, Sesshomaru no se andaba con tonterías.

Así fue durante dos semanas, Miroku estudió pergaminos que encontró en la casa familiar, eran mis mismos pergaminos que escribieron sus antepasados. Se lo tomó muy en serio, además de entrenar con un báculo que encontró en el mismo sitio que los pergaminos. Sango la primera semana tuvo que hacer pesas para fortalecer sus brazos. Cuando se fortaleció lo sufuciente, Sesshomaru le entregó el boomeran que perteneció a sus antepasados. El arma se perdió cuando hubo una guerra. El boomeran pasó de mano en mano hasta llegar hasta Sesshomaru. Su padre lo reconoció al instante, era el famoso boomeran de una importantísima familia de exterminadores de demonios. Inu noTaisho, sabía perfectamente bien que Sango y Miroku, los amigos de su hijo menor, eran los descendientes de exterminadores y monjes budistas respectivamente.

Al poco tiempo, Sango aprendió a utilizarlo, y ya no le pesaba nada.

Kagome lo único que tuvo que aprender fue a utilizar sus poderes espirituales. Como se le daba muy bien el tiro con arco, aprendió a combinar los poderes y el arco. También tuvo que leer y aprenderse pergaminos para aumentar su sabiduría. Aprendió a crear campos de energía, golas de energía, a cómo sellar a un demonio y todo tipo de tecnicas más. La verdad es que se esforzó mucho en todo ese tiempo. Era muy difícil aprender y utilizar sus poderes en tan poco tiempo.

El que se llevó lo peor fue Inuyasha. Primero tenía que aprender a utilizar sus poderes de Hanyou, como identificar los olores y los sonidos. También a saltar con precisión y a luchar cuerpo a cuerpo. Como ya sabía artes marciales, le fue muy fácil. Le llevó tiempo controlar su fuerza. Pero el control de la espada fue muy díficil. Fue sorprendente cómo cuando la primera vez que Inuyasha empuñó a Colmillo de Hierro se transformó en una espada muchísimo más grande y no estaba oxidada. Al principio no podía levantarla, cuando se aocstumbró a su fuerza y al peso de la espada le fue mejor.

Sesshomaru le ensañó como utilar el Viento Cortante, pero le advirtió que la espada tenía todavía más ataques, muchísimo más poderosas.

- Y¿Porqué no me las enseñas? -le preguntó Inuyasha.

- Porque yo no puedo hacerlo, lo tienes que aprender tú solo, luchando con otros demonios. Cuanto más poderosos son lo demonios que derrotes, más fuerte se hará tu espada.

Además de entrenar el cuerpo, Inuyasha también tuvo que aprender todas las leyes de los demonios. Él ya sabía algunas leyes de los cuentos y leyendas que le contaba su padre, pero habían leyes que los niños de su edad no podían escuchar. Como el tema del apareamiento entre demonios y sus respectivas leyes.

Cuando terminó las dos semanas, el entrenamiento también lo hizo.

Ya estaban preparados para luchar.

- Naraku, no te vas a salir con la tuya. Nosotros encontraremos la Esfera y te derrotaremos -afirmó Inuyasha delante del pozo, con sus amigos a su lado y Kagome cogida de su mano.

-

-

-

-

CONTINUARÁ...

os a gustdo? espero q si n.n

este cap no es koo los otros, ya lo se u.u pero tenía ser asi

espero q me dejeis reviews o si tego muxo pongo l koty mas rapido n.n

un beso!!