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Cuando terminó las dos semanas, el entrenamiento también lo hizo.

Ya estaban preparados para luchar.

- Naraku, no te vas a salir con la tuya. Nosotros encontraremos la Esfera y te derrotaremos -afirmó Inuyasha delante del pozo, con sus amigos a su lado y Kagome cogida de su mano.

AMOR ENTRE INQUILINOS

CAP 18: La época Sengoku

Estaban delante del pozo devora-huesos. Cuando lo cruzasen, sus vidas cambiarían radicalmente. Aunque, mirándolo bien, ya habían cambiado. Pero tenían que derrotar a Naraku.

- Kagome, ¿Porqué llevas esa mochila tan grande? -le preguntó Inuyasha mirando la mochila amarilla.

- Son provisiones -dijo dulcemente.

- Se ve que pesa mucho. Déjame llevarlo a mí -dijo cogiendo la mochila como si no pesara nada. Ese gesto le valió la sonrisa más dulce del mundo.

- Rápido -dijo Sesshomaru-. Teneís que ir ya.

- NO nos metas prisa -dijo Inuyasha con los ojos entrecerrados.

- Vamos, saltemos -sugirió Sango. Ya tenía ganas de ver esa época.

- ¿Tú no vienes Sesshomaru? -le preguntó Inuyasha.

- Cuando llege el momento.

- Como quieras. Kagome -la llamó-. Déjame que te ayude -dijo al tiempo que la cogía en brazos tipo nupcial.

Miroku se iba acercando lentamente hacia Sango.

- Sanguito, si ellos lo hacen, nosotros también.

- Serás pervertido.

¡¡PLAF!!

- Yo puedo sola, mejor ocúpate de tí mismo.

Mientras los demás saltaban hacia la aventura de su vida, Miroku estaba inconsciente en el suelo. Tenía una gran marca roja en la mejilla y pajaritos volando encima de su cabeza.

- El entrenamiento la ha hecho más fuerte -balbuceó-. Pobre de mí -terminó de decir llorando.

Más tonto y pervertivo imposible, pensaba Sesshomaru.

-.-

Inuyasha, con Kagome en brazos, saltó hasta posarse en un precioso claro rodeado de árboles y flores.

- Es precioso -susurró Kagome-. Es como si estuviesemos en un mundo de ensueño.

- Si, precioso -musitó Inuyasha mirándola.

Kagome se volvió hacia él. Puede que el paisaje fuese precioso, pensó Kagome, pero el hombre que está a mi lado es todavía más hermoso.

Inuyasha ya no podía más. Desde el día de su cumpleaños no habían tenido tiempo para nada. Entrenaban desde la mañana hasta bien pasada la noche. El poco tiempo que tenían libre lo utilizaban para descansar. Y si no lo remediaba pronto, se volvería loco de la fustración.

Con imágenes que encendían su ardor, Inuyasha atrajo a Kagome hacia él y la besó con todo el deseo que había ido guardando.

Kagome se sorprendió un poco por el fuerte deseo de su beso. Pero ella también había sufrido lo suyo. Cuando descubría lo que era la pasión y el placer, tenía que soportar semanas de abstención.

Estaban tan concentrados en el placer de besarse que pasaron varios minutos en escuchar que alguien estaba gritando.

- ¡Eh! ¡Parejita! -gritó Sango desde dentro del pozo-. ¡Necesito ayuda para subir! ¿Qué se supone que estais haciendo?

La parejita dejó de besarse para mirar dentro del pozo. Fue el momento en que apareció Miroku en escena.

- ¡¡Sanguito!! Qué alegría de volver a ver -dijo con lágrimas corriendo por sus mejillas, al igual que corría hacia ella.

Vemos como Miroku corre por un campo de flores, con los brazos abiertos y una sonrisa enorme. Estaba a punto de abrazarla cuando un puño se estrelló en su cara. La fantasía desparareció para dar paso a la triste realidad, triste para Miroku.

- ¡MIROKU! ¡Déjate ya de tonterías!

Inuyasha y Kagome movía la cabeza de un lado para otro.

- ¡Y TU INUYASHA! -gritó Sango mirando para arriba, tenía un aura maléfica alrededor-. ¡YA PUEDES SUBIRNOS! ¡AHORA!

Inuyasha tragó saliva.

- Si..señor..eh...señora.

Cuando ya estuvieron fuera del pozo, se pusieron en marcha.

- Inuyasha -lo llamó Kagome cuando llevaban más de una hora caminando-. ¿Estás seguro de que es por aquí?

Inuyasha se paró.

- ¿Porqué me lo preguntas a mí? Yo estoy siguiendo a Miroku.

- Miroku, ¿Sabes a donde...

- Hola, preciosura, ¿Te gustaría ser la madre de mis hijos? -le preguntó a una aldeana tomándola de las manos

- Pero que hombre tan simpático -rió la mujer.

- Mi..ro..ku -pronunció despacio Sango.

Miroku se puso recto, detectaba problemas.

-Sanguito, no es lo que piensas -dijo al tiempo que se daba la vuelta.

¡¡PLAF!!

- ¡Eres un monje pervertido!

Con la gotita en la cabeza, Kagome se volvió hacia la aldeana.

- Disculpe, ¿Sabe donde hay una aldea?

- Si. La aldea más cercana es la mía. Si quieren les lle..

La mujer se calló cuando vió las orejitas de Inuyasha.

- Es...es..¡Un Hanyou! -gritó corriendo.

- Pero, ¿Qué le pasa? -preguntó molesto Inuyasha, moviendo sus lindas orejitas.

- Parece que en esta época, no les gustan los Hanyous.

-¡Feh!

- ¿Y ahora?¿Qué hacemos? -preguntó Kagome.

- Alguien se acerca -susurró Inuyasha.

De repente se escuchó un sonido entre los arbustos.

Inuyasha se puso delante de Kagome. No iba a dejar que le hizieran daño, si algo le pasaba a ella se moriría.

Preparados para la batalla, esperaron hasta que apareció un enorme cienpies.

- Es un Mononoke -informó Miroku.

No tuvieron tiempo para reaccionar, el demonio se lanzó sobre ellos.

Inuyasha se lanzó sobre Kagome, protegiéndola con su cuerpo, tirándola al suelo. Sango y Miroku hizieron lo mismo.

El demonio volvió a lanzarse sobre ellos, pero esta vez Inuyasha estaba preparado.

Se puso en posición de combate: las piernas abiertas, el torso de lado y la mano derecha lista para lanzar su ataque.

- Con un demonio tan insignificante como este, no hace falta que utilice a Colmillo de Hierro.

Cuando el Mononoke estuvo cerca, Inuyasha flexionó las rodillas y saltó quedando frente al demonio.

- ¡¡Garras de acero!! -gritó.

El ataque cortó en pedazos el cuerpo del demonio, desperdigando partes de su cuerpo.

- Ha sido impresionante, Inuyasha -dijo Miroku.

Inuyasha se volvió hacia ellos.

- Kagome, ¿Estás bien? -preguntó preocupado.

- Si -contestó sonriendo-. No me ha pasado nada.

De repente se escuchó otro sonido proveniente de los arbustos.

Todos se pusieron alerta. Pero lo que apareció no era un demonio, sino una anciana.

Al ver que era una humana, se relajaron pero no Inuyasha.

- Debo daros las gracias por librarnos del Mononoke -dijo la anciana inclinandose.

- No hay de qué -sonrió Kagome.

- Como agradecimiento, os llevaré hasta mi aldea. Allí podreis quedaros el tiempo que deseeis.

-.-

Ya en la aldea. En la cabaña de la anciana.

- ¿Cómo os llamais?

- Yo Sango.

- Miroku.

- Yo soy Kagome y él -señaló a Inuyasha que estaba sentado al lado de la puerta de la cabaña-. Es Inuyasha.

La anciana agrandó los ojos.

- ¡¡TU ERES INUYASHA??