CAPITULO ANTERIOR
- Hace algunos años, cuando nuestros antepasados exploraron la cueva no pudieron llegar hasta el fondo. Mi tatarabuelo, el jefe de esa época, hizo llamar a una sacerdotisa para derribar la barrera. La Miko no bien sintió su energía le dijo que era imposible, que la barrera sólo se abriría ante la sucesora de Midoriko. Después de aquello la aldea decidió hacer caso omiso a la barrera y empezaron a utilizar la cueva como un lugar en donde tirasen los huesos de demonios.
- ¿Alguien ha podido traspasar esa barrera? -preguntó Kagome.
- No. Todavía la estamos esperando.
Kagome no estaba muy segura de preguntar si había un fragmento de la Esfera...
- No tenemos tiempo de esperar a esa persona -dijo molesto Inuyasha-. ¡Tenemos que recuperar el fragmento de la Esfera!
Kagome le fulminó con la mirada, Miroku meneó la cabeza y Sango suspiró. En cuanto a Shako...no hacía falta decir que estaba más que sorprendido.
- ¡¿Cómo saben que en esta aldea hay un fragmento de la Esfera Sagrada?! -preguntó al grupo.
. . . . . . . . . . . . .
AMOR ENTRE INQUILINOS
CAP 23: ¡A por el Fragmento!
Kagome respiró hondo y se enfrentó al hombre.
-Puede que no lo crea pero puedo sentir la presencia de los fragmentos de la Esfera.
Shako se quedó estático. El grupo esperaba la reacción del hombre mientras el silencio se extendía, aunque no por mucho tiempo.
- ¿Qué le pasa, Señor Shako? -le preguntó Sango al ver la cara descompuesta del hombre.
Inuyasha no sabía que es lo que le pasaba al tio y la verdad no le importaba mucho que digamos, a él solo le interesaba saber como entrar a la cueva y recuperar el fragmento antes de que Naraku se hiciera con él. Aunque visto de esa manera...si Naraku se aparecía todo sería más fácil. Mataba al desgraciado, le quitaban los fragmentos que tenga y si faltara alguno lo buscarían tranquilamente. Cuando los tengamos todos, volvemos a nuestro tiempo, regresamos a nuestro apartamento y me encierro con Kagome una semana en el dormitorio sin salir de allí solo para asaltar el frigorífico e ir al baño. A partir de ahí él y Kagome podrían realizar algunas fantasías relacionadas con nata montada y...
Kagome miró asustada las expresiones que hacía su novio. Empezó con una mirada de fastidio, después pasó a una de deleite asesino y de ahí a una completamente pervertida mientras soltaba una risita acorde con la mirada. En ocasiones como esta daba gracias por no ser capaz de leer la mente.
- Te he-hemos estado esperando -dijo Shako arrodillándose frente a una sorprendida Kagome.
La chica y sus compañeros se asombraron al verlo así, no sabían que estaba pasando y mucho menos porqué actuaba así.
- Durante mucho tiempo hemos estado esperando tu llegada -dijo esta vez llorando mientras la tomaba de las manos, gesto que no le gustó nada a Inuyasha. Antes de que el Hanyou arremetiera contra el hombre, Kagome se soltó y amablemente le instó a levantarse-. Creíamos que este momento no llegaría nunca.
- ¿Qué momento es ese? -preguntó el monje.
Shako se limpió la cara y respiró hondo.
- Tenía mis sospechas pero ahora estoy seguro, eres la sucesora de la Sacerdotisa Midoriko. Según la leyenda, solo su sucesora podría ver los fragmentos de la Esfera y tú misma me has dicho que lo puedes sentir. Además, también se dice que estará con un Hanyou, una exterminadora y un monje -terminó mirándolos a todos-. Sólo tú podrás traspasar la barrera, recuperar el fragmento y librar al pueblo de la amenaza de los demonios.
Inuyasha sin ocultar su entusiasmo dijo:
- ¿Entonces sólo tiene que entrar, coger el fragmento y ya?
Shako miró a Inuyasha mientras negaba con la cabeza.
- No es tan fácil. Hay que recordar que la barrera la hizo Midoriko y por lo tanto muy poderosa, así que os aconsejo que volvamos al pueblo para comer algo y descansar para venir mañana con fuerzas.
Inuyasha no esta para nada de acuerdo, él quería el fragmento ya, ¿Para qué esperar si estaban tan cerca? Estaba apunto de decirlo en voz alta cuando un sonido lo detuvo. Volvió la cabeza hacia Kagome para verla roja como un tomate. Y no era la única, Sango y Miroku también estaban sonrojados. El ruido de sus estómagos hambrientos se oyó por todo el lugar.
Kagome lo miró:
- ¿Podríamos hacerle caso y ver mañana, no? -preguntó con una sonrisa avergonzada. Los otros dos asintieron repetidamente.
Inuyasha suspiró, ¿cómo le iba a decir que no a Kagome?
- Esta bien, volveremos mañana -dijo con una sonrisa-. Además yo también tengo hambre.
. . . . . . . . . . . . .
- Y entonces me dijo que era un maldito bastardo -dijo riéndose a carcajadas Miroku. Todos en la sala se le quedaron mirándole con cara de "¿de qué diablos hablas?"
Mientras Miroku reía sin parar de Dios sabe qué, Inuyasha engullía su cuarto tazón de arroz y las chicas hablaban entre ellas al tiempo que comían lentamente.
- Me recuerda mucho a Buyo -comentó una risueña Kagome a Sango mirando a su novio.
- ¿Tu gato? -preguntó extrañada.
- Si -rió-. Los dos comen como si se fuera a acabar el mundo mañana.
Sango se rió imaginando a Inuyasha y Buyo comer el uno al lado del otro para después levantar la cabeza y mover sus orejitas al unísono. El susodicho levantó la cabeza para mirar extrañado como su amiga rodaba por el suelo cogiéndose el estómago sin parar de reírse de forma histérica. Dejó de mirarla para fijarla en Kagome y preguntarle silenciosamente lo que pasaba.
Sango se recuperó al tiempo de ver la mirada de confusión de Inuyasha para volver a reírse de forma descontrolada.
Shako que también estaba con ellos comiendo sintió como si su hija hubiera vuelto a la vida. Sayuki era un ángel en la tierra, una chica muy feliz y entusiasta de la vida. Aunque cuando se enfadaba era temible y daba auténtico terror, su risa inundaba de feliz a quien lo escuchaba. Escuchar a Sango reír de la misma forma en vez de entristecerle lo llenaba de paz. Ya era hora de dejar atrás el pasado y vivir el futuro, Sayuki hubiera querido verlo feliz y no lleno de remordimientos. Por fin, después de muchos años, pudo sentirse en paz consigo mismo.
- Chicos -los llamó-. Me gustaría ayudarlos, si puedo hacer algo por vosotros, comida para el viaje o cualquier otra cosa...
- Es muy amable, Señor Shako -empezó a decir Sango-. Pero no queremos molestar...
- Por favor, no me llaméis señor, me hace parecer más viejo de lo que soy. Con Shako es suficiente. Y no es molestia...
De repente se escuchó un fuerte sonido y a continuación el ruido de muchas pisadas en el corredor dirigiéndose hacia donde estaban. Inuyasha se puso en alerta con la mano preparada en el mango de Colmillo de Hierro mientras los demás menos Shako también se preparaban para un futuro combate.
En cuestión de segundos la puerta explotó y una especie de animal de un tamaño considerable apareció gruñendo amenazante.
Sin mover un músculo, Inuyasha le devolvió el gruñido y sonrió de medio lado.
- Mira por donde, ya tengo una forma para hacer la digestión.
Shako se puso entre Inuyasha y la bestia y se apresuró a hablar.
- No le hagas nada.
Inuyasha lo miró sólo un segundo antes de volver otra vez al demonio. No lo quería perder de vista ni un momento, lo principal era proteger a Kagome.
- ¿Un demonio ataca tu casa y me dices que no le haga nada? -preguntó con voz grave y un toque de sorpresa.
- No es un demonio cualquiera, era la mascota de mi hija.
- ¿Mascota? -preguntaron al unísono mirándolo como si estuviera loco.
- ¿Cómo una niña puede tener a un demonio de ese tamaño como mascota? -preguntó Inuyasha.
Shako se volvió hacia el demonio y dijo:
- Presentate.
El demonio gruñó y asintió para a continuación rodearse de llamas y de ellas aparecer un gatito de dos colas.
El silencio lleno la habitación, pero no por mucho tiempo.
- ¡Kya! -gritaron las chicas al mismo tiempo que corrían hacia él-. Que monada.
Kagome lo apretujaba contra su pecho y Sango esperaba impaciente su turno, aunque no esperó mucho, le arrebató el gato de los brazos y empezó a asfixiarlo de lo fuerte que lo abrazaba.
Inuyasha y Shako las miraban con sendas gotitas en la cabeza mientras Miroku...
- En mi próxima vida me gustaría reencarnarme en gato -decía sin apartar la mirada de los pechos de Sango que...
Sango levantó la cabeza con una aura demoníaca rodeándola para mirar a su novio.
Kirara presintiendo el peligro forcejeaba para liberarse.
Kagome aprovechó el intento de asesinato de su amigo Miroku para volver a asfixiar, digo a abrazar a Kirara.
Inuyasha suspiró y empezó a caminar hacia su novia para salvar al gato cuando unos pasos apresurados por el camino de entrada lo detuvo.
El Hanyou agudizó sus sentidos y detectó muchas presencias malignas cerca la cueva.
- Creo que no somos los únicos que hemos venido a por el fragmento -dijo Inuyasha para sonreír de forma maliciosa.
Dicho esto, todos en la habitación dejaron lo que estaban haciendo para prepararse a luchar.
. . . . . . . . . . . . .
- ¡Rápido! -gritaba para sí el aldeano mientras corría como un loco hacia la casa del jefe-. Tengo que avisarles.
Como pudo, el hombre ya sin respiración llegó a la puerta cuando se abrió de golpe. Un borrón rojo salió y detrás una chica llevando arrastras a un hombre les seguía.
El aldeano se quedó estático, ¿Y ahora qué hacía?, se preguntaba.
- ¿Qué haces aquí, Kotaro? -le preguntó el jefe.
- ¡Señor! Tengo malas noticias.
- Si es por la aparición de demonios en la aldea, ya lo sé.
- ¿Cómo que ya lo sabe? -preguntó asombrado-. Entonces, ¿los forasteros van...?
- Si, van para allá.
Kotaro se tiró al suelo a llorar.
- ¿Para qué he corrido tanto? -decía entre ríos de lágrimas. El jefe lo miró y dijo con toda la calma del mundo:
- Míralo por el lado bueno -Kotaro paró de llorar para escuchar la sabiduría del jefe-. Ya has hecho el ejercicio de hoy. Oye, ¿estás bien?
Kotaro cayó otra vez al suelo del shock, no estaba para nada bien, tanto correr para nada y encima me sale con esa chorrada...hoy no es mi día, pensaba entre lágrimas.
. . . . . . . . . . . . .
- ¿Crees que saben dónde se encuentra el fragmento? -preguntó Kagome en la espalda de Inuyasha.
- Las presencias rodean la cueva de Midoriko -contestó mientras corría-. No me extrañaría nada que los mandase Naraku.
- No tenemos que preocuparnos del fragmento -dijo Miroku-. Los demonios no podrán entrar en la cueva por la barrera.
- Tienes razón, Miroku. Podemos derrotarlos sin preocuparnos de que lo roban -Sango corría como Miroku en la estela del Hanyou, ninguno corría tanto como él pero por lo menos Inuyasha por consideración a sus amigos iba a su ritmo. Aunque eso no quitaba el hecho de que le gustaría correr más rápido.
- Kagome, ¿crees que podrás con la barrera? -preguntó el Hanyou.
Kagome sonrió y abrazó con más fuerza el cuello de su novio.
- ¿Me estás diciendo que no confías en mis poderes, Inuyasha? -preguntó la Miko en su oído.
Inuyasha sonrió nervioso.
- Claro que confío en tí, cariño. Sólo lo preguntaba por...
Inuyasha paró de correr y olió el aire.
- ¿Qué pasa? ¿Porqué te has parado? -preguntó Miroku.
- Las presencias malignas han desaparecido.
- ¿Cómo es posible?
- No lo sé. Pero lo mejor es recuperar el fragmento y salir de aquí -concluyó el Hanyou-. Esto me da muy mala espina.
. . . . . . . . . . . . .
- Naraku, ¿a qué estas jugando? -preguntó una voz de mujer.
Naraku sonrió.
- ¿Qué hay de malo en divertirse un poco, Kikyo?
. . . . . . . . . . . . .
- ¿Qué planea Naraku? -preguntó una mujer.
- No lo sé -contestó una niña-. Pero no tenemos más opción que obedecerle.
La mujer frunció el entrecejo y miró por la ventana.
Él matará a Naraku y entonces yo seré libre, libre, pensaba.
. . . . . . . . . . . . .
Cuando llegaron a la cueva, no había rastro de demonios.
- ¿Qué significa esto? -se preguntaba Sango. El lugar estaba igual que antes y ni rastro de energía demoníaca.
Inuyasha volvió a oler el aire.
- Tal parece que somos los únicos que hay por la zona.
- Está todo muy silencioso -Kagome preocupa se acercó mas a Inuyasha. Él le cogió la mano, acariciándola para tranquilizarla.
- Lo mejor será que entremos en la cueva por el fragmento y salir de aquí -Miroku sacó sutras-. Kagome, ¿necesitas algo?
- No, gracias Miroku -sonrió la chica.
Se acercaron a la entrada mientras Kagome en el centro se preparaba. Cerró los ojos y una luz rosa la rodeaba. Tendió la mano y se abrió una apretura lo suficientemente grande para pasar sin problemas. Abrió los ojos y suspiró.
- ¿Estás bien? -preguntó preocupado Inuyasha acariciando su cara con ternura.
- Estoy bien -sonrió dejándose acariciar-. Sólo me ha tomado algo más de energía de lo que pensaba.
Inuyasha se tranquilizó un poco.
- Entremos -dijo Sango que se volvió hacia su novio-. Miroku, ¿has traído la linterna?
- Por supuesto que no, Sanguito -Miroku se acercó a cierta parte...
¡Plaff!
- ¡Pervertido! Ni si quiera en momentos como este te comportas. ¿Y cómo que no has traído la linterna? Antes de salir te dije que la cogieras.
Miroku se puso a recordar...
- Miroku, saca la linterna de la mochila de Kagome -dijo apresurada la exterminadora.
Mientras Miroku...
- ¿Te gustaría tener una cita conmigo? -le preguntaba a una chica que pasaba por allí.
¡Plaff!
- ¡Maldito monje pervertido! ¡No tenemos tiempo para eso! -gritó arrastrando al moje semiinconsciente a la salida.
Fin del recuerdo
- No fue culpa mía, Sanguito -gimoteó el monje.
- ¿Cómo que no? ¿Quién se puso a ligar?
- No es momento para discutir. ¡Vamos a por el fragmento! -gritó Inuyasha.
- ¡Si!
.
.
.
.
.
CONTINUARÁ...
Siento mucho la larga ausencia, pero me quede pillada en una escena y no sabia como continuarla xD
No os preocupeis que queda mucho fic ;) Iba a subirlo mucho antes, hace unos cuantos meses pero como dije, en una escena se me fue la inspiracion u.u
Para que no vuelva a pasar he escrito a grandes rasgos lo que pasara en papel y me e dado cuenta de que sera un fic muy largo o.O
Bueno, espero que os haya gustado, hace mucho que no escribo y no se si este se hace muy repetitivo o no, vosotros me decis ;)
Gracias a los que me escriben y a los que me agregan a favoritos ;)
Por cierto he pensado en editar los dos primeros capitulos y revisar los demas, avisare al principio del capitulo editado ;)
UN BESO!
CarmenTaisho
