Capitulo 7
Rukia gritó… y aterrizó con fuerza sobre su trasero y apoyó las manos sobre la superficie rugosa de unas baldosas muy caras.
-Pufff… -exclamó, y se sentó en el suelo a recuperar el aliento..
Ichigo estaba de pie a su lado, como una visión sacada del cielo y el infierno. De ambos lugares. A la vez. En ese instante comprendió por qué los ancestros de la humanidad consideraban a los de su especie como los guardianes de los dioses.
-Esto no es el Gremio –dijo después de un rato.
-decidí de que hablaríamos aquí. –Le tendió la mano.
Rukia lo ignoró y se puso en pie sin su ayuda, evitando a duras penas sobarse la parte baja de su espalda, que le dolía muchísimo.
-¿Siempre sueltas a tus pasajeros de esa forma? –murmuró-. No es muy elegante.
-Eres la primera humana a la que he llevado en brazos en muchos siglos –dijo. Sus ojos dorados parecían casi negros por la oscuridad-. Había olvidado lo frágiles que sois. Te sangra la cara.
-¿Qué? –Se llevó la mano a la cara justo en la mejilla que le escocía. El corte era tan pequeño que apenas lo notaba-. ¿Cómo me he cortado?
-El viento, tu cabello. –Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el recinto de cristal-. Límpiatela, a menos que quieras ofrecerles un tentempié a los vampiros de la Torre.
Se frotó la herida con la manga y luego apretó los puños con fuerza mientras lanzaba una mirada asesina a la espalda que se alejaba.
-Si crees que voy a seguirte como un perrito…
Ichigo echó un vistazo por encima del hombro.
-Podría hacer que te arrastraras, Rukia. –No había rastro de humanidad en su rostro, nada salvo el brillo de un poder tan enorme que Rukia quiso protegerse los ojos-. ¿De verdad quieres que te obligue a postrarte ante mí?
Sabía que Ichigo era capaz de hacerlo y tubo claro que para sobrevivir y tener el alma intacta tenía que tragarse su orgullo o de lo contrario la destrozaría.
-No –dijo ella con ganas de clavarle el cuchillo en la garganta.
Ichigo la miró durante varios minutos, una exploración fría que convirtió en hielo la sangre de Rukia. Al cabo de un rato se dio la vuelta dirigiéndose al ascensor, mantuvo la puerta abierta para ella. Rukia pasó por su lado sin decir nada. Y cuando el se situó a su lado y le rozó la espalda con las alas, se pusó rígida y clavó la mirada en la puerta del ascensor, cuándo este llegó entraron, la esencia de Ichigo era como un papel de lija para sus sentidos de cazadora, tenía muchas ganas de tener un cuchillo en las manos al recordar esas palabras.
Podría hacer que te arrastraras, Rukia.
Apretó tanto los dientes que su mandíbula protestó. Cuando la puerta del ascensor se abrió ella fue la primera en salir, pero se detuvo de repente, el lugar no tenía el aspecto de ser un buen lugar para hablar de asuntos de negocio. Había una alfombra de un lujurioso negro al igual que las paredes. Los únicos muebles que habían estaban fabricados también en aquel tono rico y exótico.
Las rosas rojas como la sangre situada en uno d los muebles proporcionaban un intenso contraste. Y lo mismo podía decir de los cuadros rectangulares que había colgado en una d las paredes, impresionada se acercó y contempló varios tonos de rojo en furiosas pinceladas transmitiendo una sensualidad que hablaba de sangre y muerte.
Sintió los dedos de Ichigo en su hombro.
-Grimmjow tiene mucho talento.
-No me toques. –Las palabras salieron de sus labios como dagas de hielo-. ¿Dónde estamos? –Se dio la vuelta para mirarlo y aguantó el impulso de sacar una de sus armas.
-En la planta de los vampiros. Ellos utilizan este lugar para… bueno, ya lo verás.
-¿Por qué tengo que verlo? Sé todo lo que hay que saber sobre los vampiros
Una pequeña sonrisa se asomó en los labios del arcángel.
-En ese caso, no te sorprenderás. –Le ofreció el brazo, pero esta lo rechazó. Aun así, su sonrisa no vaciló en ningún instante-. Cuánta rebeldía… ¿De quién la heredaste? Es evidente que no fue de tus padres.
-Una palabra más sobre mis padres y me dará igual que me conviertas en un millón de jodidos pedazos –dijo con los dientes apretados-. Te arrancaré el corazón y se lo serviré a los perros callejeros como cena.
Ichigo enarcó una ceja.
-¿Estás segura de que tengo corazón? –Y tras decir eso, avanzó por el pasillo.
Rukia no quería quedarse detrás de él, así que se apresuro para ponerse a su lado.
-Supongo que tendrás un corazón físico –dijo-. ¿Corazón, emocionalmente hablando? Ni de coña.
-¿Qué hace falta para que te mueras de miedo? -preguntó el con mucha curiosidad.
Rukia sintió que se estaba deslizando por una fina capa de hielo que la separaba con el peligro de la cual había sobrevivido. Pensó si Ichigo se mostraría comprensivo para cuando terminaran el trabajo y ya no le fuera util.
-Nací cazadora, no mucha gente saben lo que eso significa, las consecuencias inevitables que tiene.
-Cuéntamelo. –Empujó una puerta de cristal y esperó a que ella pasara antes de cerrarla-. ¿Cuándo te distes cuenta de que poseías la capacidad de rastrear vampiros?
-No me di cuenta, siempre he podido hacerlo. No fue hasta que tuve 5 años que comprendí que era algo anormal. –La palabra que usó su padre salió de su boca sin más-. Pensaba que todo el mundo podía hacerlo.
-Igual que un ángel joven cree que todo el mundo puede volar..
-Sí. –Así que había niños ángeles… Pero ¿dónde?-. Supe que nuestro vecino era un vampiro antes que los demás. Percibí su esencia un día por accidente. Intentaba hacerse pasar por humano y estuvo obligado a mudarse tras el escándalo de los vecinos al enterarse.
-Parece que el lugar donde pasaste tu infancia no era muy tolerante.
-No. –Y su padre estaba al frente de los intolerantes. Cuánto lo había humillado que su hija fuera también un monstruo-. Unos años más tarde, percibí la esencia de Mayuri Kurotsuchi mientras recorría el país asesinando a la gente. –Se le heló la sangre por el horrible secreto que le contaba a aquel hombre.
-Uno de nuestros escasos errores.
-Estoy acostumbrada al miedo, ¿sabes? Creí sabiendo que el hombre del saco estaba ahí fuera.
-Me mientes, Rukia. –Se detuvo frente a una sólida puerta negra-. Pero lo dejaré pasar. Pronto me dirás el verdadero motivo por el que bailas con la muerte tan alegremente.
Rukia se preguntó si el arcángel tendría el nombre de Yuzu y Karin en sus archivos, si conocía la tragedia que había destruido a su madre y había convertido a su padre en un desconocido.
-Ya sabes lo que se dice sobre ser demasiado confiado…
-Exacto. Hizo un asentimiento con la cabeza-. Esta noche te mostraré por qué a los que llamas zorras desean a los vampiros como amantes.
-Nada de lo que puedas hacer o decir me hará cambiar de opinión. –Frunció el ceño-. No se diferencia en nada de los drogadictos.
-Cuánta obstinación… -murmuró él antes de empujar la puerta.
Se oían susurros, risas, el tintineo de cristal. Sonidos que llamaban la atención. Los ojos de Ichigo la desafiaban a entrar. Y, como era estúpida, aceptó el desafío y (tras sacar su daga que llevaba en el brazo) se adentró a la habitación pensando en el arcángel que iba tras ella, en la vulnerabilidad de su espalda… Hasta que se quedo boquiabierta por la impresión.
Los vampiros celebraban un cóctel.
Rukia parpadeó con incredulidad mientras se fijaba en la tenue y romántica iluminación, los mullidos sofás, en los tentempiés y el champán. Estaba claro que la comida era para los invitados humanos, hombres y mujeres que hablaban y flirteaban con sus anfitriones vampiros.
Las conversaciones se detuvieron cuando la vieron. No obstante, cuando posaron sus ojos en la figura que había tras ella, casi pudo oírse un suspiro colectivo de alivio: la cazadora estaba bajo la vigilancia de un arcángel.
Rukia volvió a guardar su daga con discreción. Y menos mal, porque un vampiro se le acercó con una copa de vino en la mano, al menos esperaba que fuera vino, ya que el líquido oscuro y rojo podría haber sido sangre.
-Hola, Rukia. –Las palabras fueron pronunciadas con una hermosa y profunda voz, pero era el acento lo que resultaba verdaderamente embriagador: rico, siniestro y sensual.
Solo cuando chocó contra el cuerpo cálido de Ichigo se dio cuenta de que había retrocedido ante la desgarradora belleza de aquella caricia de su voz
-Me llamo Grimmjow. –El tipo sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos y brillantes, sin colmillos a la vista. Un vampiro viejo y experimentado-. Ven, baila conmigo.
El calor se deslizó entre sus piernas, una reacción involuntaria a la esencia de Grimmjow, una esencia que contenía un atractivo muy especial (y muy erótico) para una cazadora nata.
-Para ya, o te juro que te haré puré.
Él bajó la mirada para contemplar la daga que se apretaba contra la cremallera de sus pantalones. Cuándo alzó la cabeza de nuevo, su expresión tenía un matíz algo más que molesto.
-Si no has venido a jugar, ¿por qué estás aquí? –La esencia se había disipado, como si la hubiera encerrado en su interior-. Este es un lugar seguro, solo para divertirse. Llévate tus armas a otro sitio.
Ruborizada, Rukia apartó la daga. Era obvio que había metido la pata.
-Ichigo…
El arcángel apretó la mano sobre la parte superior de su brazo.
-Rukia está aquí para aprender. No entiende la fascinación que causáis a los humanos.
Grimmjow enarcó una ceja.
-A mi me encantaría enseñársela.
-Esta noche no, Grimmjow.
-Como desees, sire. –Tras realizar una breve inclinación de cabeza, Grimmjow se alejó… pero solo después de dejar una envolvente ráfaga de su esencia como mazazo de despedida.
Su lenta sonrisa demostraba que había percibido la respuesta de Rukia, que sabía que le habían flaqueado las rodillas. Sin embargo, el efecto empezó a desvanecerse según se alejaba, hasta que ella dejó de anhelar el dolor sensual de su contacto: la esencia de Grimmjow era una herramienta de control mental tan efectiva como las habilidades de Ichigo. Por primera vez entendió el por qué algunos cazadores se sentían atraídos a nivel sexual (o incluso romántico) por las criaturas a las que perseguían.
Por supuesto, ellos no cazaban a los tipos como Grimmjow.
-Es lo bastante viejo para haber pagado la deuda de cien años varias veces. ¿Por qué permanece a tu lado?
La mano de Ichigo era como hierro al rojo vivo sobre su brazo, y le abrasaba la piel incluso con el tejido de la camisa de por medio.
-Necesita desafíos constantes. Trabajar para mí le da la oportunidad de satisfacer sus necesidades.
-En más de un sentido –murmuró ella, que veía cómo Grummjow se acercaba a una pequeña rubia llena de curvas y le colocaba la mano en la cintura. La mujer alzó la vista fascinada. No era de extrañar, ya que Grimmjow poseía una belleza de ensueño; cabello sedoso y azul, ojos del mismo color y una piel que hablaba del Mediterráneo, y no de los fríos climas eslavos.
-No soy proxeneta. –Era evidente que a Ichigole había hecho gracias-. Los vampiros que se encuentran en este sitio no precisan de semejantes servicios. Mira a tu alrededor. ¿A quién ves?
Rukia observaba el lugar cuándo empezó a reconocer a famosos de la tele, políticos, presentadores de programas de televisión, de noticias, modelos, deportistas
-¿Están aquí por voluntad propia? –Conocía la respuesta. No había ninguna señal de desesperación en los ojos que le devolvían la mirada, ningún indicio de que les hubieran robado la voluntad. En lugar de eso, el coqueteo, la diversión y el sexo llenaban el ambiente. El sexo sobre todo.
-¿Lo sientes, Rukia? –Ichigo colocó la mano libre sobre su otro hombro, la atrajo hacia su pecho y le rozó la oreja con los labios cuando se inclinó para susurrarle-: Esta es la droga que anhelan. Esta es su adicción. El placer.
-No es lo mismo –dijo ella. –Las zorras de vampiros no son más que fanáticas.
-Lo único que las diferencia de este grupo son la riqueza y la belleza.
A Rukia le dolió darse cuenta de que él tenía razón.
-Vale, lo retiro. Los vampiros y sus fans son gente sana y agradable. –No podía creer lo que estaba viendo: el presentador de noticias había deslizado la mano por la abertura de la falda de su compañera, ajeno a todos los demás.
Ichigo rió entre dientes.
No, no son agradables. Pero tampoco son diabólicos.
-Yo nunca he dicho que lo fueran –replicó ella, que no dejaba de observar el increíbles placer que mostraba el rostro del presentador mientras acariciaba la piel pálida de la pelirroja-. Sé que solo son personas. Lo que quiero decir es que… -Tragó saliva al oír el gemido de otra de las mujeres, que tenía la boca de su compañero vampiro a un centímetro escaso del lugar donde latía el pulso en su garganta.
-¿Qué es lo que quieres decir? –Ichigo deslizó la boca sobre su cuello.
Rukia dio un respingo y se preguntó cómo demonios había acabado en los brazos de un arcángel… de una criatura a la que había planeado clavarle un cuchillo en el corazón.
-No me gusta la forma en que los vampiros utilizan sus habilidades para esclavizar a los humanos.
-Pero ¿y si los humanos desean ser esclavizados? ¿Ves a alguien que se queje?
No. Lo único que veía eran los embriagadores roces del jugueteo sensual, una erótica mezcla de hombres y mujeres, de vampiros y humanos.
-¿Me has traído a una maldita orgía?
Él rió de nuevo por lo bajo, aunque esta vez, el sonido fue cálido y líquido, como caramelo derretido sobre la piel de Rukia.
-En ocasiones se pasan un poco de la raya, pero esto es lo que parece: una fiesta en la que se puede encontrar pareja.
Deslizó las manos arriba y abajo por sus brazos mientras su aliento agitaba los mechones de la sien de Rukia. Durante un breve instante, ella vaciló. ¿Cómo sería echarse hacia atrás y dejar que Ichigo…? Joder… ¿Qué le estaba ocurriendo?
-Ya he visto suficiente. Vámonos. –Forcejeó para apartarse de él.
El arcángel la apretó con fuerza y sus alas se extendieron para impedir que viera el resto de la habitación. Rukia sentía su pecho cálido y fuerte contra la espalda.
-¿Estás segura? –Sus labios se deslizaron sobre una piel tan sensibilizada que ella tuvo que luchar contra el impulso de estremecerse-. Hace eones que no tengo una amante humana, pero tu sabor me resulta… intrigante.
CONTINUARA…
