Capitulo 8
Amante humana.
Aquellas palabras la liberaron de la prisión de deleite en la que el arcángel de Nueva York la había encerrado a sangre fría. No era más que un juego para él. Después de acabar con ella, la descartaría como un juguete viejo. Aburrido. Olvidado.
-Búscate a otra con la que divertirte. Yo no estoy en el mercado. –Se separó de él, y en esta ocasión, Ichigo se lo permitió.
Se dio la vuelta para mirarlo a la cara. Esperaba verlo enfadado, o quizás furioso por el rechazo, pero en cambio la cara de Ichigo era una máscara inexpresiva y vigilante. Se preguntaba, ¿por qué narices iba a tener un arcángel una amante humana cuando podía elegir entre un harén de deslumbrantes bellezas vampíricas? Estaba claro que, a pesar del modo alimenticio, el vampirismo mejoraba enormemente el cuerpo y la piel. Cualquier vampiro de más de cinco décadas permanecía esbelto, con una piel impecable. Y su atractivo aumentaba con cada año que pasaba. Rukia había conocido a mucho vampiro viejos, pero los veía mas como presas que depredador.
Algunos como Grimmjow, ocultaban con pericia su poder. Otros habían vivido tanto que irradiaban ese poder de forma constante. Pero hasta los débiles, esos que jamás llegaran a ser como Grimmjow, poseían una belleza deslumbrante.
-He aprendido la lección –dijo al ver que Ichigo permanecía en silencio-. Debo ser mas tolerante con las prácticas sexuales de los demás.
-Una interesante forma de decirlo. –Al final, bajó las alas y las plegó contra su espalda-. No obstante, tan solo has tocado la punta del iceberg.
-Ya he visto suficiente. –Se ruborizó al percibir todos los actos sensuales que se desarrollaban tras ella.
-¿Eres una mojigata, Rukia? Creía que los cazadores entregaban con toda libertad sus afectos.
-Eso no es asunto tuyo, joder –murmuró ella-. Si no nos vamos, aceptaré la oferta de Grimmjow.
-¿Crees que me importaría?
-Seguro que sí. –Hizo frente a su mirada sin retroceder-. Una vez que ese vampiro me clave sus colmillos, seré incapaz de caminar, y mucho menos de trabajar.
-Nunca había oído a nadie comparar el miembro masculino con un colmillo –murmuró él-. Tendré que contarle a Grimmjow que tienes sus habilidades en muy alta estima.
Rukia notó que el rubor de sus mejillas se intensificaba, pero se negó a que él ganara esa disputa verbal.
-Colmillos, miembro… ¿Qué más da? Para los vampiros, todo es sexual.
-Pero no para un ángel. El mío sirve para un propósito muy específico.
La lujuria llenó el pecho de Rukia con tanta intensidad que apenas podía respirar. El sonrojo se desvaneció cuando todo el calor de su cuerpo se concentró en otro lugar. Un lugar mucho más bajo y húmedo.
-Seguro que sí… -dijo con dulzura. Permaneció firme ante él, a pesar de que su cuerpo la traicionaba-. Satisfacer a todas esas fanáticas de los vampiros debe de resultar agotador.
Los ojos del arcángel se entrecerraron.
-Esa boca puede acarrearte problemas que no serías capaz de manejar.- No obstante, contemplaba su boca con una expresión que nada tenía que ver con la censura. Miraba sus labios como si deseara que le recorriera la piel.
-Ardería en el puñetero infierno antes de… -dijo ella con voz ronca, a pesar de que sentía la sangre más densa.
Ichigo no se molestó en fingir que no había entendido lo que ella dijo.
-En ese caso, me aseguraré de que estemos en el cielo cuando suceda. –Los ojos miel estaban cargados de desafío cuando se dio la vuelta para abrir la puerta.
Rukia salió con cautela… después de echar un vistazo a la fiesta. Grimmjow la miró fijamente mientras rozaba los labios la piel cremosa del cuello de la rubia y deslizaba las manos muy cerca de sus pechos. Mientras la puerta se cerraba, Rukia pudo ver el brillo de un colmillo. Se le hizo un nudo en el estómago.
-¿Serías dulce en su cama? –le susurró Ichigo al oído; su voz fue como una espada afilada-. ¿Gemirías y suplicarías?
Rukia tragó saliva.
-No, joder… Ese tipo es como una tarta con doble capa de chocolate. Tiene buen aspecto y querrías comértela entera, pero en realidad es demasiado empalagosa.
-Si él es una tarta, ¿qué soy yo? –Aquellos labios crueles y sensuales se deslizaron contra su mejilla, contra su mandíbula.
-Veneno –susurró ella-. Un veneno hermoso y seductor.
Tras ella, Ichigo se quedó tan quieto que Rukia recordó la calma que procedía la tormenta. No obstante, cuando la tormenta llegó, se descargó en forma de voz sedosa que se introdujo dentro de ella, desnudándola.
-Y aun así, preferirías ahogarte en el veneno que darte un festín con la tarta. –Apretó las manos sobre sus caderas.
Rukia tenía la lujuria atascada en la garganta, exigente y brutal.
-Pero ambos sabemos que tengo una pronunciada vena autodestructiva. –Se alejó de él, apoyó la espalda contra la pared y levantó la vista para mirarlo, deseando que su cuerpo dejara de prepararse para una penetración que ella nunca permitiría-. No estoy dispuesta a convertirme en tu juguete roto.
Puede que las líneas del rostro del arcángel fueran la encarnación de la masculinidad, pero en ese instante, sus labios eran pura tentación: suaves, turgentes, sensuales de una forma en que solo puede serlo la boca de un hombre.
-Si te tumbara sobre mi escritorio e introdujera mis dedos dentro de ti en este mismo momento, creo que descubriría algo muy diferente.
Los muslos de Rukia se contrajeron en un espasmo de necesidad que recorrió todo su cuerpo. En ese instante, lo único que podía ver era la imagen de aquellos dedos largos y fuertes entrando y saliendo de su interior. Y cerrar los ojos empeoraba las cosas, así que mantuvo los ojos bien abiertos y mirando la pared del frente.
-No se que clase de mierda lasciva flota en el ambiente de este edificio, pero no quiero formar parte de ella.
Ichigo se echó a reír, y el sonido de su risa transmitía oscuros y eróticos conocimientos.
-Si esto te parece lascivo, es posible que hayas llevado una vida mucho más protegida de lo que yo creía.
Era un desafío que la retaba a responder, luchó por controlarse. Así que no estaba abierta al sexo como algunos de los cazadores… Bueno, ¿y qué? Le daba igual que aquellas personas le hubiesen puesto el apodo de Virgen Vestal cuando rechazó a sus miembros uno tras otro. En realidad no era virgen, pero si eso la mantenía a salvo de los juegos eróticos de Ichigo, le seguiría el juego.
-Quiero seguir llevando esa vida protegida, gracias. ¿Podemos marcharnos de este lugar antes de que me quede dormida?
-Mi cama es muy cómoda.
Se habría dado de bofetadas por ponérselo tan fácil, sobre todo cuando su cerebro empezó a suplicar mostrándole imágenes de él en la cama, con las alas extendidas, los muslos desnudos y la po…
Rukia apretó los dientes.
-¿Qué es lo que quieres que diga?
Los ojos de arcángel resplandecieron, pero lo único que dijo fue:
-Ven. –Y empezó a caminar rumbo al ascensor.
Rukia también se dirigió al ascensor pero paró en seco al darse cuenta de que él esperaba que obedeciera sin rechistar, esta vez se quedó callada, deseaba salir de ese lugar que olía a sexo, placer y adicción.
El viaje fue corto, y al salir se encontró en una estancia con mucha clase. El blanco era el color dominante, aunque había toques dorados. Sin embargo, cuando Ichigo la condujo al despacho, descubrió que su escritorio era un enorme bloque negro de piedra volcánica pulida.
Si te tumbara sobre mi escritorio e introdujera mis dedos dentro de ti en este mismo momento, creo que descubriría algo muy diferente.
Descartó esa idea antes de que invadiera su mente una vez más y se mantuvo al otro extremo del escritorio mientras Ichigo lo rodeaba para observa la ventana. El arcángel clavó la vista en las luces de la ciudad y en la oscura corriente del Hudson, que se veía al fondo.
-Aizen está en el estado de Nueva York.
-¿Qué? –Sorprendida aunque contenta por el abrupto cambio de tema, levantó las manos para arreglar el estropicio que el viento había hecho con su pelo y se lo recogió con una coleta-. Eso convierte nuestro trabajo en algo bastante sencillo. Lo único que tengo que hacer es dar la alerta en la red de los cazadores para que se inicie una búsqueda de un ángel con las alas gris oscuro.
-Has hecho los deberes.
-El diseño de sus alas es tan distintivo como el tuyo –dijo ella-. Casi igual al de la polilla gitana.
-No alertarás a nadie.
Rukia tensó la mandíbula. Cualquier rastro de deseo se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Cómo se supone que voy a realizar mi trabajo si me impides hacer todo lo necesario para llevarlo a cabo?
-Esas cosas te resultarán inútiles en esta caza.
-¡Venga ya! –le gritó a la espalda-. Es un ángel enorme con unas alas inconfundibles. La gente se habrá fijado en él. ¿Puedes mirarme cuando hablamos?
El se dio la vuelta, con los ojos dorados en llamas. El poder emanaba de él en oleadas que Rukia casi podía percibir.
-A Aizen no le gusta llamar la atención. Y a mi tampoco.
Ella frunció el ceño.
-¿De qué estás hablando?... Ay, joder… -Ya no estaba allí. Rukia sabía que tenía que estar por algún sitio, pero ella ya no lo veía.
Tragó saliva, se acercó hasta la última posición que había ocupado y estiró el brazo.
Tocó una piel cálida y varonil.
Una mano fantasmagórica se cerró sobre su muñeca cuando intentó apartar el brazo. Luego, uno de sus dedos fue succionado por esa misma boca que había contemplado momentos antes, y su calor húmedo provocó una nueva y violenta palpitación entre sus muslos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que parte de su dedo se había vuelto casi invisible.
-¡Para! –Apartó la mano de un tirón y retrocedió con dificultad hasta el escritorio.
Ichigo apareció como un holograma antes de volverse sólido.
-Solo estaba demostrando lo que quiero decir. –Se colocó delante de ella para impedir que se moviera.
-¿Siempre le chupas el dedo a la gente para hacer una demostración? –Se le encogieron los dedos-. ¿Qué coño ha sido eso?
-Glamour –respondió mientras recorría el contorno de su boca con la mirada-. Nos permite movernos entre las multitudes sin ser vistos. Es una de las diferencias entre ángeles y arcángeles.
-¿Durante cuánto tiempo puedes permanecer invisible? –Intentó no preguntarse en qué pensaba cuando la miraba de aquella manera y trató de recordarse que había amenazado al bebé de Inoue y también su propia vida. No obstante, resultaba difícil hacerlo cuando el estaba tan cerca, y era tan… palpable. Casi parecía humano. Siniestra y sexualmente humano.
-Todo lo que sea necesario –susurró, y ella tuvo la certeza de que el comentario tenía doble sentido-. Aizen tiene más edad que yo. Su poder es mayor. Lo único que tiene que hacer… -Se quedó callado tan de repente que Rukia comprendió que había estado a punto de revelar demasiado-. En plenas condiciones, puede mantener el glamour durante un tiempo casi indefinido. Incluso débil, puede mantenerlo durante la mayor parte del día y dejarlo durante horas de la noche.
-¿Vamos a dar caza al hombre invisible? –Se inclinó un poco más hacia atrás, hasta que estuvo casi sentada sobre el escritorio.
Las manos del arcángel estaban apoyadas sobre la superficie resplandeciente a ambos lados de sus caderas. Rukia no sabía cómo había conseguido acercarse tanto.
-Por esa razón necesitamos tu sentido del olfato.
-Yo percibo la esencia de los vampiros –dijo ella, frustrada-, no la de los ángeles. No percibo la tuya.
Ichigo hizo un gesto con la mano para descartar aquellos detalles, como si no importaran.
-Tendremos que esperar.
-¿Esperar qué?
-El momento oportuno. –Sus alas se alzaron e impidieron la vista de todo lo demás, sumiéndolo en la oscuridad-. Y mientras esperamos, satisfaré mi necesidad de comprobar si tu sabor es tan ácido como tus palabras.
El hechizo sensual se rompió. Sin avisar, Rukia usó su agilidad para deslizarse hacia atrás y bajar por el otro extremo del escritorio.
-Te lo dije –jadeó. Saber que había escapado por los pelos hacía que su corazón latiera a mil por hora-. No quiero convertirme en tu aperitivo, tu juguetito ni en tu follamiga. Encuentra a una vampira a la que clavarle tu colmillo. –Salió de la habitación a zancadas y se dirigió al vestíbulo sin aguardar una respuesta.
Para su asombro, él no la detuvo. Cuando llegó a la planta baja, descubrió que había un taxi esperando… para ella.
-Sáqueme de este puto lugar.
-Por supuesto. –La voz del taxista era muy suave. Demasiado suave.
Rukia alzó la vista para enfrentarse a su mirada en el espejo del retrovisor.
-¿Ahora los vampiros conducen taxis?
El tipo sonrió, pero no tenía ni por asomo el elegante encanto de Grimmjow… y tampoco la peligrosa sensualidad del arcángel que parecía decidido a convertir su "relación" en algo… ¡Ja!... sexual.
CONTINUARA…
