Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia no son de mi autoria, los derechos pertenecen a sus creadores. Yo sólo utilizo los personajes con fines de entretenimiento.
Capítulo 3: Es más fácil pedir perdón que permiso
- Lamento todo esto, se supone que Bolin se encargaría de su familia – se disculpó Asami, una vez que estuvieron sentadas en la mesa.
- Ya sabes cómo es Bolin, siempre se le escapan las cosas de control – la tranquilizó el Avatar, evitando que el aludido la escuchara.
Desde el otro extremo de la mesa Bolin las miraba avergonzado, colocando ojitos de cachorro, mientras embutía su comida. Ya le había pedido disculpas a Asami en todo el trayecto hacia el comedor, al parecer el maestro tierra confundió las fechas y en vez de venir y llevarse a su familia a su nueva casa en el Reino Tierra, tal y como habían acordado con Asami, pensó que podría quedarse un par de días para descansar de su trabajo. Luego de que se abriera el nuevo portal, Bolin estuvo presuroso de enlistarse en las tropas del Reino Tierra y ayudar con la reconstrucción. Lamentaba haberle arruinado la noche a sus dos mejores amigas, pero ya se le había ocurrido una solución. Le susurró unas instrucciones a Pabu, y el hurón de fuego hizo su trabajo inmediatamente, recorriendo la mesa en toda su extensión, como un huracán, botando cada plato servido, ensuciándolos a todos.
- ¡No, Pabu! Hurón malo– le reprendió Bolin, fingiendo enfado, después de todo su carrera de actor rindió sus frutos, todos creyeron que el pequeño escandalo causado fue culpa de Pabu y no de Bolin – Bueno, creo que tendremos que dejar la cena hasta aquí e ir a limpiarnos – vociferó, expresando los pensamientos de todos.
Acercándose a sus amigas, recogió a Pabu quién insistentemente ensuciaba la polera de Korra, mientras esta y Asami intentaban detenerlo.
- Creo que todos necesitamos un baño – dijo Bolin, mientras tomaba a Pabu en sus brazos - Señoritas… - se despidió de sus amigas guiñándoles un ojo, antes de voltearse y guiar a su familia hacia los baños.
Korra escucho la sexy risa que Asami intentaba contener sin mucho éxito, el Avatar aún no procesaba lo que había pasado, la imagen de Asami y ella bañándose juntas seguía repitiéndose en su cabeza, produciendo que la sangre se concentrara en aquella zona de su cuerpo.
- Bueno, no queda más que bañarnos, ¿no crees? – dijo la pelinegra
- ¿Ah?
Tomando ese ah por respuesta, cogió a la morena del brazo, sacándola de su asiento y guiándola a través de su hogar hacia su habitación. Korra la seguía por inercia, ligera como un autómata, intuía hacia donde se dirigían, pero estaba demasiado concentrada en lo que podría pasar en aquel lugar como para prestar atención a los detalles o pronunciar palabra alguna. Mientras tanto Asami ya podía saborear el momento en que encontrara a solas con Korra, por supuesto se sentía nerviosa, excitada y temerosa, pero no quería demostrárselo al Avatar, quería que se sintiera segura con ella, que estuviera tranquila y pensaba que si bien lo que había planeado no salió como quería, esta situación podría ser mucho mejor.
Una vez que llegaron al dormitorio de Asami, esta cerró la puerta con cerrojo, Korra se sobresaltó.
- Por si algún empleado viene a verme – la pelinegra contestó a la pregunta no formulada de la morena.
- Este lugar es gigante – admitió fascinada la morena
Korra miro a su alrededor. La amplia habitación contaba con baúles, un armario gigante, un escritorio con sus respectivos artículos de rigor, ventanales gigantes cubiertos con cortinas de igual tamaño, en uno de ellos el Avatar que daban a lo que Korra intuyó era un balcón. Al centro del dormitorio se encontraba una cama tamaño King, y al fondo, una puerta que guiaba a lo que la morena supuso sería el baño. Todo estaba decorado acorde a los colores de la Nación del Fuego y tenía impregnado el buen gusto y la elegancia de Asami.
- Supongo que lo es – admitió la CEO – ¿qué tal si nos desvestimos? – pregunto como si nada, mientras Korra la miraba un tanto turbada, Asami comprendió y sonriendo la tranquilizo – Ya sabes para bañarnos, si te sientes incómoda por allá hay un trasbastidor – le miró coqueta, deseando en realidad que se desvistiera delante de ella.
- Está bien – Aclaró el Avatar – mientras no mires, será como en nuestras vacaciones – aseveró, mintiendo. Claro que durante su estadía en el Mundo de los Espíritus se habían desvestido muchas veces la una delante de la otra, incluso antes de eso, cuando sufrió las secuelas de su lucha con Zaheer, Asami la ayudó a vestirse, ya habían divisado ciertas partes de sus cuerpos, pero ahora se sentía distinto, la atmosfera era más pesada, casi sofocante, y un calor que Korra no lograba identificar le recorría todo el cuerpo, aquel ardor en el pecho y los deseos de estar más y más cerca de Asami la abrumaban con tal intensidad que casi no podía pensar.
Mientras se desvestían, ambas desviaron la mirada evitando caer en la tentación, sin embargo Korra no pudo aguantar más y miró de reojo a su compañera, tragando saliva y conteniendo el aliento en cuando encontró la mirada de Asami sobre ella abarcándola en su totalidad. Ambas tuvieron la misma idea, al mismo tiempo, sin embargo, la morena fue más rápida y cediendo al fin a sus instintos, acortó la distancia entre ambas, utilizando un poco de ayuda del aire control, se deshizo de la última prenda que le falta a Asami, quedando ambas en igualdad de condiciones. En ropa interior, y sintiendo la calidez de sus cuerpos, Korra tomó de la cintura a Asami tocando la sedosa piel de la pelinegra la atrajo hacia sí, la CEO sonrió ampliamente y sus ojos brillaron emocionados, colocó ambas manos en el cuello de Korra sintiendo su fuerte pulso. Ambas se acercaron deseosas en busca de los labios de la otra, uniéndose en un beso caliente y frenético, un beso que estuvieron esperando durante mucho tiempo. El ritmo de sus labios aumento de intensidad, dando paso al juego de lenguas, sus cuerpos se acercaban cada vez más, sin perder ni un centímetro la una de la otra. Asami mordió el labio inferior de la morena un poco antes de que ambas se separaran en busca de aire. Descansaron en busca de aliento sin separarse, los rostros frente a frente, separados por apenas unos centímetros.
- ¡Vaya!, ¿qué fue eso? – Preguntó la pelinegra
- Ya sabes e… es más fácil pedir perdón que permiso – contestó sonriente el Avatar
Asami sonrió ampliamente, acortando nuevamente la distancia que las separaba.
