Capítulo 7: Los sentimientos que nos cuesta entender


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Hola traigo un nuevo capítulo, espero les guste.

Saludos!


Poco le importó dejar a Saga tirado en la oficina luchando por ingresar aire a sus pulmones, estaba molesto, muy molesto. No tanto por el beso improvisado, sino por el descaro que demostraba el griego; lo creía alguien más sensato y con algo más de moral, pero tal vez había equivocado su percepción de su persona durante todos estos años, ahora entendía el dicho "Nunca terminas de conocer a alguien". Con más decisión que nunca salió del recinto de la compañía, mientras más kilómetros colocara entre ambos mejor, ese hombre lograba confundirlo hasta un punto insospechado, su mente se obnubilaba estando en su cercanía., lograba sacar de rotación todo su mundo logrando que se comportara como otra persona. No recordaba cuando fue la última vez que fue víctima de sus propias emociones, siempre había sabido cómo controlarse, mantener su foco y seriedad.

Aún con varios pasos dados su corazón seguía latiendo con fuerza, su respiración era pesada y agitada. La furia aún bullía en su interior, no le era fácil dar cada paso, los pensamientos pasaban por su cabeza a una gran velocidad. Le costó llegar hasta la zona de los estacionamientos, sabía que no estaba en las mejores condiciones para conducir, pero por sobre todo deseaba poder marcharse de ese lugar. Agradecía a los cielos su manía de tener todo organizado y en orden, no tendría que volver al día siguiente a buscar nada a su propia oficina, pues se había encargado de guardar todo lo que necesitaba en su vehículo durante el día. No tardó en divisar su automóvil, decidió que era momento de tomarse unos segundos y respirar, no quería causar un accidente a causa de su descontrol. Intentando mantener la calma de su propio río de pensamientos sacó las llaves de su saco, las introdujo con cuidado y abrió la puerta. Cuando se sentó en el asiento del piloto toda la abrumadora situación y sus incesantes pensamientos se desbordaron. Quizás no había estado bien golpear a Saga de esa manera, no estaba en su naturaleza ser agresivo; por sobre todos los líos armados por ambos, Saga era el dueño y jefe del lugar donde trabajaba, lo que él hizo podría calificarse como agresión laboral, aunque conociendo al griego sabía que este no tomaría represalias contra él, pero no evitaba que de cierta manera sintiera algo de remordimiento, solo un poco. ¿Estaba bien huir de todo en esos momentos? ¿Sería lo ideal?, desde que tiene memoria su método de acción ha sido enfrentar sus conflictos de frente, sin dejar que estos se salgan de proporciones como lo estaba haciendo esta. Tal vez lo más recomendable era hablar de manera directa con Saga y aclarar todos sus conflictos, sin embargo ¿Qué esperaba lograr con el heleno? ¿Quería formar una relación con él? ¿Quería que le diera una explicación por su errante comportamiento?, no podía exigir esas explicaciones, teóricamente solo eran compañeros de trabajo, el que hubiesen compartido la cama una vez no los hacia novios ni amantes, pero aun así él se comportaba como novia despechada, verdaderamente no era capaz de entenderse así mismo. Con frustración golpeó su rostro contra el volante, estaba en serios problemas y no sabía cómo salir de ellos, idiota corazón con sus emociones sin sentido, de todas las personas que había en el mundo tenía que enamorarse de Saga.

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Exigir amor y gestos de cariño de manera tan egoísta no era su manera de actuar, pero con Shaka solía perder la cabeza, se consumía en una vorágine de pasión que no podía controlar. La belleza del rubio, su deliciosa esencia, el dulce néctar de sus labios lo llamaban con fuerza, como el canto de las sirenas a los marinos errantes; de todas las maneras que existían en el mundo Shaka era su fuente de perdición. No pudo evitar querer arrebatarle una caricia de sus labios. Estuvo mal y lo asumía, con algo de culpa, pero no demasiada. Su actuar tan discordante con su propio yo lo tenía insatisfecho, no entendía su accionar tan improcedente, no era más que un niño pequeño. Solo esperaba poder reparar todo el mal hecho, sobre todo con Shaka, que cuando se enterara de su estúpido juego lo odiaría más que nada.

Entre el dolor y la falta de aire le tomó varios minutos reponerse, quería ir y enfrentar a Shaka, hablar y disculparse, rogar si era necesario, pero no sabía si lograría algo con el rubio tan enfadado. Y no solo eso, Shaka pensaba marcharse por varios meses, y como él dijo, no necesitaba su permiso.

Suspiró fuertemente mientras se daba vueltas en su silla, perdía el hilo de sus pensamientos mientras se enfocaba en Shaka, ¿Cómo debía abarcarlo?

Más un fuerte golpe lo sacó de sus cavilaciones, la puerta de su oficina yacía empotrada completamente sobre una estantería cercana.

—Vaya estás mejor de lo que me imaginaba —espetó burlonamente Kanon mientras se adentraba en la oficina. Saga frunció el ceño ante la presencia de su gemelo—. Me contaron el numerito que hiciste allá afuera con Shaka, ahora la pregunta es ¿Dónde esta esté?

Saga tensó la mandíbula, no tenía ganas de hablar de aquello con Kanon, pero por sobre su molestia necesitaba consejo y para su desgracia Kanon era de las pocas personas con las que mantenía la confianza suficiente para que supieran de su problema.

—Pasa que volví a joderla Kanon.

Kanon suspiró y volvió sus pasos para cerrar por completo la puerta. Saga observó todo en absoluto silencio.

—Cuéntame con detalle que sucedió.

Saga vacilante narró todo lo acontecido durante el día, incluyendo sus caóticos pensamientos y la última escena que protagonizó con el rubio.

Kanon quería palmearse la cara, a veces no entendía como Saga podía ser su gemelo.

—¿No conoces la palabra control?

Saga bufó. —Lo mismo debería aplicarse a ti cuando se trata de Mu, eres peor que yo.

Kanon hizo una mueca sin hacer comentario alguno, entendía el punto de vista de su hermano, el amor los cegaba.

—Saga sabes bien que es lo que debes hacer, tienes que hablar de frente sin mentiras, aclaren su situación y háganlo lo mejor que puedan de ahora en adelante.

—No es tan fácil Kanon —quizás esa era una de las más claras diferencias entre ambos gemelos, Saga en muchas ocasiones se dejaba llevar por el abatimiento, mientras que Kanon teniendo un carácter algo más fuerte y descarado enfrentaba todos sus conflictos directamente a pesar del pavor que pudiesen provocarles, al menos lo lograba con la mayoría.

—¡Deja de lamentarte idiota! —dijo fastidiado Kanon, la actitud de mártir de su hermano estaba cabreándole, si hubiera actuado rectamente y como debía hacerlo desde un principio no estaría metido en aquel lio, que a su parecer tenía una solución por demás sencilla, es cierto que el rubio tiene su carácter y se enfadaría, pero si en verdad amaba a Saga comprendería su accionar y si Saga se lo ganaba podría darle una nueva oportunidad—. Actúa como un hombre y asume tus consecuencias, si lo amas mueve tu trasero y ve por él, sin arrepentimientos, si te rechaza vuelve a intentarlo una y otra vez si es necesario.

—Pero y sí… —Saga seguía dudando, Kanon sobrepasado se aproximó hacia su hermano y le pegó un fuerte golpe en la cabeza. Saga gritó de dolor y por reflejo quiso devolverle el golpe a Kanon, más este se apartó en el mismo instante. Saga lo vio de mala manera y se levantó amenazante.

—¡Kanon!

El gemelo menor lo vio burlonamente.

—¡Vaya!, parece que al fin reaccionas. Ese es el Saga que conozco, cabezón y molesto, que nunca se deja intimidar.

Saga hizo un pequeño mohín, pero inmediatamente suavizó sus facciones, aunque odiase la manera en la que Kanon solía levantarle el ánimo también lo apreciaba, pues era el único con esa capacidad, por más bruto que fuera.

—Sigues siendo un idiota Kanon —mencionó mientras tomaba su chaqueta de un perchero cercano y salía de la oficina corriendo.

Kanon sonrió para después chistar, había ido hasta su oficina para avisarle de la cena en unos días en la casa de su abuela, había tenido que conducir hasta ese lugar ya que el tonto de su hermano no contestaba sus llamadas, mucho menos lo haría ahora previendo hacia donde se dirigiría. El fastidio lo llenó de nuevo, en verdad que en ocasiones la familia podía ser problemática.