Capítulo 9: Blanco despertar


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Hola, lamento la demora con este y otras historias, pero personalmente no estoy pasando por un buen momento, en ocasiones los problemas superan las ganas de escribir que uno puede poseer, la mente se llena de los problemas que está viviendo y no te deja espacio para nada más. Espero que pronto se soluciones todos mis conflictos, eso sí al menos en esta historia traeré en las próximas dos semanas los dos capítulos restantes. A los que leen esta historia no se preocupen no la dejaré de lado.

Saludos!


Pensó que la nada sería más bien un espacio oscuro y sin nada existente, pero su mente proyectaba algo completamente diferente; todo era de incesante y continuo blanco. Dejó de lado su contemplación de los alrededores para fijar su atención a su propia figura, decir que se sentía ligero era poco, casi no podía notar del todo su presencia, como si en verdad no estuviera en ese extraño lugar. Una duda lo asaltó en ese momento, ¿Cómo había terminado de esa manera? Shaka cerró los ojos con letargo intentando recordar, solo podía ver retazos de imágenes incompletas y borrosas acciones, sin embargo las emociones más fuertes parecían haber permanecido en su corazón, recordaba el enfado y la cólera, pero sentía que había algo más, algo que no concordaba con la angustia y dolor provocado por las anteriores emociones, más bien era una emoción cálida y acogedora, pero que le causaba cierto pesar y pena. A la mente se le vino una espesa cabellera azulada, que se enredaba con los propios dorados y se colaban a través de su cuello, unas caricias suaves por su torso y los besos que compartió aquella noche con el griego, Saga, aquel nombre que no podía borrar de su corazón, se encontraba grabado a fuego y sin ninguna posibilidad de ser desecho. Fue el fuerte palpitar de su pecho y la aguda punzada de su cabeza lo que le hizo dejar sus cavilaciones, las imágenes de todos los días anteriores y las acciones del gemelo volvieron a su mente, rápidas imágenes, los besos que compartió con aquel otro griego que no se sentía capaz de soportar. Las miradas indiferentes, y por último aquel contacto que lo hubo descontrolado. Intentó respirar, pero su cuerpo se sentía etéreo, casi inexistente. Entre sus vanos intentos escuchó el susurró de un goteo líquido, era algo leve, pero era lo único que lo conectaba con un estímulo externo, con desesperación trató de localizar el origen. Parpadeó, seguía escuchando el sonido, cerró los ojos una vez más, pero cuando intentó abrirlos una luz cálida y amarilla lo cegó, seguidamente su respiración agitada lo trajo al presente en conjunto con el dolor de su magullado cuerpo. Su respiración ardía a cada inhalación, su cabeza punzaba con mayor agudeza, y su costado izquierdo dolía como el demonio, eso sin contar lo pesado que sentía su brazo, el cual sentía ajeno por el roce de las vendas que lo aprisionaban, al igual que en su cabeza. Se despertó sobresaltado por su realidad, fijo su vista alrededor de la habitación, era de aquel desagradable blanco también, en verdad estaba comenzando a despreciar aquel color. Lo que más le llamó la atención fue el incesante goteo del suero que estaba conectado a través de una aguja a su sistema circulatorio, aquel había sido el sonido que lo había guiado. Miró alrededor con más curiosidad todavía, todo calzaba con la habitación de un hospital, el monitor, el suero, la cama dura como tabla, el sentirse desnudo al llevar solo una ligera bata que solo le llegaba hasta las rodillas, aquel pensamiento lo hizo sonrojar levemente, pero no fue aquello lo que lo sorprendió más, sino una espesa mata de cabellos azules como los de sus alucinaciones. Saga estaba recostado en el otro extremo de su cama con su cabeza sobre uno de sus brazos, su respiración pausada y su semblante relativamente calmó le hizo intuir que estaba dormido. Se le veía con facciones cansadas, tenía profusas ojeras y su ropa parecía algo desgreñada.

No sabía si hacerse presa de las todavía recientes emociones o si enternecerse por la imagen desastrosa que presentaba, para él era obvio que había estado cuidándolo, pero… ¿Cómo había acabado en el hospital?, lo que más recordaba era la turbación que había sentido al salir disparado en su automóvil rumbo a su hogar y…, nuevamente aquel dolor, un quejido seco y el movimiento inconsciente de Shaka despertaron a Saga, quien adormilado levantó su cabeza y se dio de lleno con el rubio.

Saga boqueó sin saber que decir, pero rápidamente se dio cuenta de la mueca de dolor que Shaka presentaba y como intentaba con su brazo bueno tomarse la cabeza mientras intensificaba su jadeante respiración.

—Shaka… —llamó Saga socorriendo al rubio, tomó su brazo y lo llevó al costado, en un impulso acarició con suavidad uno de los costados de la cabeza del rubio para relajarlo, y para su sorpresa el gesto funcionó. Su respiración se reguló y Saga cogió la almohada de la cama de Shaka que se había caído hacia uno de los costados y la colocó nuevamente sobre la cama, donde después hizo que Shaka recostase su cabeza, este lo miró con sus ojos límpidos reconociéndolo. A Shaka todo se le hacía irreal. Aquel ataque de dolor vino acompañado con los recuerdos del accidente, poco había podido hacer por su cuenta para evitarlo, todo ocurrió en menos de un segundo, él iba por la carretera a una velocidad media normal, pero sus sentidos y facultades no estaban colocadas en el camino, fue esa distracción lo que le costó su salud. Cuando vio venir el automóvil por detrás a toda velocidad no fue capaz de reaccionar a tiempo, con las manos en el volante y el pie sobre el freno, solo fue participe de la colisión en donde el dolor lo azotó con rapidez al estrellarse de lleno la cabeza contra el volante, después todo fue negro con susurro de sonidos desconocidos. Más tarde el único recuerdo que poseía era de aquel espacio blanco vacío y el despertar en el hospital.

Saga miró a Shaka, se le veía todavía algo adormilado, a pesar de eso sonrió, su corazón estaba aliviado, Shaka finalmente había despertado, habían pasado tres días desde el accidente, pero para su desesperación el rubio no tenía intención de despertar al menos hasta ese momento. El médico tratante les había dicho que era normal debido a la fuerte contusión, pero eso no tranquilizó al gemelo. Hasta que no pudiera ver los claros y bellos ojos de Shaka no volvería la calma a la tormenta de su alma.

—Saga… —dijo Shaka con voz carrasposa, estaba más débil de lo que podía percibir. Quería saber que había pasado después del accidente. Saga le sonrió acercándose a su lado, tomó la silla donde se hubo quedado dormido.

—Después hablaremos, todavía debes descansar —habló Saga amable.

Shaka frunció el ceño, tenía derecho a saber, Saga siempre hacia lo mismo.

—No coloques esa cara —continuó Saga que vio a Shaka con diversión, sabía que se lo tomaría de esa manera, pero fue el mismo médico quien le advirtiese de que no debía alterarlo.

—Pero…

—Después —rebatió Saga firmemente, mientras acomodaba la almohada de Shaka y lo arropaba—. Por ahora descansa, me quedaré aquí y luego podremos hablar.

Shaka sintió como el dolor y el cansancio continuaban en su cuerpo, quería refutar a Saga, sin embargo sus fuerzas estaba mermadas, sus parpados pesados como el plomo no colaboraron con su voluntad, y con capricho se cerraron llevándolo otra vez a la inconsciencia.

Saga observó a Shaka, estaba en verdad aliviado y agradecía a los Dioses que no le hubiesen quitado lo que más amaba.

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Dohko recibió con una sonrisa plasmada en el rostro el llamado del gemelo mayor, Shaka finalmente había despertado.

—¿Buenas noticias? —preguntó Shion por detrás mientras abrazaba a Dohko por la cintura.

—Las mejores —habló Dohko a la vez que colgaba el teléfono y se acurrucaba junto a su pareja, aquellos días habían sido un suplicio sin poder dormir con tranquilidad, la culpa azuzaba su corazón, él había contribuido abiertamente a la pena del rubio, a pesar de que nunca fue su intención, pero aunque Shion le hubiese recalcado constantemente de que solo fue un accidente, todavía los pensamientos lo remordían por dentro.

—Sigues pensando que fue tu culpa ¿cierto? —pronunció Shion con un leve tono de regaño.

Dohko sonrió tímidamente, no quería discutir más acerca de aquel tema, pero su mente parecía ser más fuerte en ese ámbito.

Shion suspiró, afianzó el agarre en Dohko, solo quería que el chino pudiese estar tranquilo, todo aquel conflicto y desenlace estaba perturbando seriamente a su pareja, no soportaba verlo con un semblante culposo y melancólico, se había equivocado, pero no era razón para crucificarse.

—Vamos a visitarlo y verás como todo está bien, seguro que si aclaras las cosas y te disculpas al menos podrás cerrar los ojos por la noche.

Dohko asintió, Shion solo quería ayudarlo, pero enfrentarse a sus culpas era algo que se le dificultaba, sin embargo no discutió la idea de; siguió con la vista a su compañero que tomaba su abrigo del perchero y se paraba al lado de la puerta de su hogar esperando por él.

No le quedó más que aceptar ir con Shion.

El camino desde su hogar al hospital lo hicieron en total silencio, fue Shion quien tomó el volante ante el mutismo del chino, quien con expresión taciturna miraba el camino, no se fijaba en los abetos que custodiaban el sendero, ni el cielo nuboso que se levantaba en lo alto, su mente estaba más lejos, en los inicios de aquella situación. El destino era muy curioso, en cierta medida el accidente que si bien fue trágico, también era una oportunidad para Saga. Aquel pensamiento era el único que solía subirle un poco los ánimos.

Al llegar al atochado estacionamiento del hospital a esa hora del día ambos se bajaron, Shion en verdad no soportaba el silencio de Dohko, quien por naturaleza era alguien jovial y bastante parlanchín.

—¿Cuánto va a durar Dohko? —dijo Shion en tono serio.

Dohko se descolocó por el repentino asalto de Shion.

—¿A qué te refieres?

Shion torció su rostro en un gesto molestia.

—Me preocupa la actitud que estás teniendo con todo esto.

—Estoy bie…

—No digas que estás bien, no pareces tú mismo, si es por la culpa…

—Estoy bien Shion —Dohko se acercó un poco más a su pareja y acarició dulcemente su mejilla con el dorso de su mano—. Entiendo lo que quieres decir, y muchas ideas rondan por mi mente, pero también he comprendido que todo pasa por algo, cuando llegue el momento me disculparé y haré todo lo necesario, hasta entonces sopórtame —terminó Dohko besando castamente los labios de Shion.

Este sonrió, por lo menos había comprobado que Dohko estaba mejor de lo que imaginaba, pero no por eso dejaría de vigilarlo y cuidarlo.

Camino a la habitación de Shaka Dohko se detuvo repentinamente, en cuanto habían recibido la noticia salieron con mucha prisa, de manera que ni siquiera se les había ocurrido llevar al menos un pequeño presente.

Shion quedó viendo al chino quien sin mayor palabra volteó sobre sus pasos para dirigirse hacia la salida más cercana. Con premura le dio alcance cuando estaba por atravesar las puertas de cristal del primer piso.

—¿Hacia dónde vas? —logró preguntar.

—Flores —fue todo la respuesta que recibió. Shion parpadeó y entendió la idea de Dohko, era costumbre llevar flores a una persona con el deseo de que esta se recuperase pronto. Para la fortuna de ambos a las afueras del recinto siempre había abierto una tienda donde comprar arreglos para los enfermos.

Cuando Dohko volvió llegó con un gran ramo de violetas y girasoles. Shion sonrió, era muy bello.

—Vamos —dijo Shion sonriendo.

Cuando abrieron a puerta de la habitación de Shaka, Dohko y Shion vieron la escena con desconcierto, y es que no es algo que se viera todos los días, dentro Shaka estaba haciendo un enorme berrinche como un niño pequeño, mientras en un intento cansado Saga trataba de que comiese los alimentos del hospital.

Shaka fue el primero en divisarlos y no tardó en darles una sonrisa, aquello tranquilizó a los dos mayores, tal parecía que estado del rubio no era tan complejo como se veía en un inicio. Sonrisa que fue secundada por Saga. Dohko por su parte escrutó el rostro del gemelo, se veía relajado, casi feliz, aquello lo calmó, esperaba que Shaka y él estuvieran en buenos términos.

Nadie se atrevió a comentar nada acerca de las razones del accidente, por ahora solo se centrarían en la recuperación del rubio. Saga agradeció el gesto de los que consideraba sus dos maestros, todavía no había tenido tiempo de hablar de frente con Shaka, le quedaban muchos temas que aclarar y eso es algo que solo él debería hacer.