Capitulo 2: Despertar.

Hermione estaba acostada con los ojos cerrados. Acaba de despertarse y todavía sentía la mente un tanto aturdida.

-¿Cuándo cree que despertara?- preguntó una voz que ella habría jurado que era la de su director en Hogwarts, Albus Dumbledore.

-Resulta difícil decirlo, profesor. La pobre muchacha ha sufrido muchas quemaduras, algunas muy graves, pero gracias a Merlín la encontraron rápido- respondió una voz que no reconocía.

-Entonces, ¿es cierto?- preguntó Dumbledore bajando la voz-¿La encontraron en la Sala de las Profecías?

-¿La Sala de las Profecías?-pensó Hermione. Ese nombre le sonaba de algo.

De pronto, como un fogonazo, le vino a la mente todo lo que pasó: Harry, Sirius, Voldemort, mortífagos, profecía… quiso abrir los ojos, pero los párpados le resultaban muy pesados.

-Sí- contestó la voz que no conocía- la trasladaron aquí enseguida y hemos conseguido curarle la mayoría de las quemaduras, pero no ha despertado aún.

-Desearía hablar con ella en cuanto despierte. Es posible que aún esté en edad escolar y me llama poderosamente la atención que vista con un uniforme de mi escuela.

-¿Por qué le llama la atención?

-Porque no la conozco. No la he visto nunca.

Ante semejante declaración, Hermione abrió de golpe los ojos, porque una de dos, o Dumbledore chocheaba ya o era ella la que tenía un problema. Al hacerlo un rayo de luz le hirió los ojos y tubo que entrecerrarlos. Estaba en una habitación de hospital y al lado de la puerta había dos hombres: uno era su director, Albus Dumbledore y el otro llevaba una túnica que Hermione identifico como la que usa el equipo médico de San Mungo.

Al verla moverse, los dos hombres se acercaron de inmediato a ella y mientras el sanador le hacia las correspondientes revisiones, ella centro su atención en Dumbledore.

Estaba distinto a como ella lo recordaba. Puede que fuera fruto del cansancio o el estrés por los exámenes del TIMO, pero hubiera jurado que el director frente a ella tenía menos arrugas de lo que ella recordaba.

-Buenos días señorita- saludó Dumbledore cordialmente.

-Buenos días señor. No quiero parecer maleducada, pero ¿Qué hago aquí?

-La encontraron desmayada hace tres días en el Departamento de Misterios y la llevaron de inmediato a San Mungo. Ha estado todo este tiempo inconsciente…

-¿Dónde está Harry?- saltó de repente Hermione- ¿Y Ron? ¿Y los demás?

-¿Son amigos suyos?

-¡Sí!- respondió airada Hermione. ¿Por qué hacía como que no la reconocía?

-No se altere, por favor- le pidió el sanador- Los inefables que la encontraron solo la hallaron a usted en todo el Departamento.

-Eso no puede ser… estábamos todos allí, había mortífagos y tenían a…- en ese momento Hermione calló. No era seguro hablar de Sirius con un desconocido delante.

-¿Se encuentra bien?-preguntó el medimago.

Hermione vio ahí una oportunidad de quitarse de encima al medimago.

-Si, lo único que me duele la cabeza- respondió la joven.

- Voy enseguida a por una poción para el dolor y a por la pomada para sus quemaduras.

Hermione se miró los brazos al oír aquello. Tenía los brazos con ese color rosado en que se vuelven las quemaduras cuando ya les queda poco para curase. Estaba tan ensimismada mirándose los brazos, que cuando oyó la puerta de la habitación cerrándose dio un respingo. En la habitación solo se quedó Dumbledore, que la miraba con una sonrisa cortés.

- Señor, ¿Qué es lo que ha ocurrido con los mortífagos y Harry?

-Contestaré a sus preguntas con rapidez, pero antes dígame como se llama-fue la respuesta de Dumbledore.

Hermione, creyendo que era una especie de examen médico o que quizá era una pregunta por si su memoria quedó afectada por el trauma, respondió con rapidez:

-Me llamo Hermione Granger, tengo dieciséis años, desde los once años estoy estudiando en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y mis mejores amigos se llaman Harry James Potter y Ronald Bilius Weasley.

El anciano profesor la miró todo el rato mientras ella hablaba con sus penetrantes ojos azules, como si estuviera intentando descubrir alguna mentira en sus ojos. Al no encontrar ninguna su frente se nubló con la preocupación y el desconcierto.

Hermione se moría de ganas de preguntarle qué demonios estaba pasando, pero se contuvo al ver a su profesor tan absorto. Al cabo de un minuto el profesor le preguntó:

-Señorita Granger, ¿le importaría decirme en qué fecha estamos?

-Junio de 1995.

Dumbledore cerró los ojos y se dejó caer sobre la silla que Hermione tenía al lado de su cama.

-¿Se encuentra bien, señor?- se inquietó ella- ¿Quiere que llame a alguien?

-No- respondió él- estoy sorprendido. La última vez que miré el calendario de mi despacho era junio de 1975 y no suelo equivocarme de año- repuso con una sonrisa.

Hermione miró a su profesor: definitivamente está ya demasiado mayor, pensó. Dumbledore se estaba sacando un calendario de bolsillo y se lo tendió. La fecha era 1975.

-¿Cómo es posible?- murmuró Hermione.

¿Cómo demonios había viajado atrás en el tiempo? Es cierto que había leído varios libros del tema, pero esos viajes en el tiempo siempre estaban causados por un giratiempo o… por un hechizo que haya salido mal.

Ahora lo comprendía. Estaba en 1975, veinte años atrás en el tiempo. En esos momentos sus padres eran novios, los padres de Harry estaban en Hogwarts, los de Ron acababan de tener a Fred y a George… y Voldemort estaba en su máximo apogeo.

Pero lo que más la asustaba era que otra vez estaba sola. Como cuando se enteró que era una bruja y si quería estudiar magia tenía que abandonar el mundo que siempre había conocido, junto a sus padres, e ir al mundo mágico. Entonces había tenido la suerte de conocer a Harry y a Ron, sus mejores amigos, pero esta vez no tenía a sus padres protegiéndola en la distancia ni a Harry y Ron con ella. Esta vez estaba sola del todo.

-Tengo varias teorías- dijo Dumbledore. Parecía haber recuperado su jovialidad, pero la sonrisa no le llegaba a los ojos, como siempre.

- ¿Usted me cree?- preguntó Hermione.

Dumbledore la miró con seriedad y le dijo:

-Por supuesto.

A Hermione la recorrió un sentimiento de calidez y algo de tranquilidad. Ahora no estaba sola.

- Debido a la gran cantidad de quemaduras que tiene tanto en su torso como en sus brazos, deduzco que ha recibido una gran cantidad de hechizos todos a la vez, ¿correcto?

-Sí, señor- respondió ella- un grupo de once mortífagos me acorraló en el Departamento de Misterios y me lanzaron varios hechizos todos a la vez.

-Comprendo- respondió él- de lo cual deduzco que esa combinación de hechizos la trajo hasta este tiempo. Veinte años atrás.

-Eso también opino yo. Lo leí en Viajes a través del tiempo.

-Yo también leí ese libro- le dijo Dumbledore con una sonrisa.

Se quedaron unos momentos en silencio.

-Señorita Granger, me hago cargo de que estará usted muy confundida y que querrá estar sola para digerir todo esto. No se preocupe por nada: yo hablare con el ministro para legalizar su situación y me encargaré de instalarla en una casa segura hasta que se sienta bien del todo.

-Gracias.

En ese momento entró de nuevo el sanador y le entrego a Hermione un vaso con una poción de color blanquecino.

-Tómesela en cuanto haya acabado de aplicarle la pomada.- le indicó.

En cuanto el sanador terminó, Hermione se bebió de un trago la poción. Dumbledore se acerco hasta ella:

-Señorita Granger, ya me voy. Pasare a verla por la tarde, ¿de acuerdo?

-Si, señor. Gracias.

Dumbledore y el sanador salieron por la puerta dejando a Hermione con sus pensamientos.