Capitulo 9: El Sombrero Seleccionador.
Hermione seguía sentada en el compartimiento del expreso de Hogwarts en compañía de James, Lily, Sirius, Remus y Peter (excepto por la compañía de este último, Hermione sabía que Harry habría dado todo el dinero que poseía en el banco de los magos por estar en su lugar, o quizá sí, y lo mataría).
-Bueno- dijo Remus- ¿Y cómo te llamas?
-Hermione Granger, acabo de venir de intercambio desde Estados Unidos, como ya os he dicho y voy a cursar mi sexto año.
-Eso es fantástico, nosotros también.- dijo Lily- Yo siempre quise hacer un curso de intercambio en alguna escuela de otro país, pero mientras fui más pequeña mis padres no me dejaron, y ahora que soy más mayor no me atrevo a dar el paso, ya que estoy en mi sexto curso y no quiero arriesgarme…
-Eh, Evans- dijo James, con una sonrisa de oreja a oreja- en eso no es en lo único en lo que no te atreves a dar el paso.
Lily le miró y cogió una inmensa cantidad de aire por la nariz y luego lo soltó, como si quisiera armarse de toda la paciencia del mundo para no saltar encima de él y freírlo a hechizos.
-¿A qué te refieres, Potter?
-Vamos, Lily, sabes que quieres salir conmigo y te lo voy a poner fácil. Salgamos en la primera excursión a Hogsmeade que tengamos este curso- dijo James.
Hermione sabía por Harry que al inicio de que se conocieran, a Lily no le agradaba la manera de ser de James, ya que era un poco creído, y que cuando él le proponía salir se negaba, pero nunca pensó que fuera a ver tanto odio hacia James Potter en los ojos de Lily.
-Potter- dijo ella en tono contenido- te repito. Antes saldría con el calamar gigante.
-Venga, Evans, si te has venido a sentar con nosotros…
-Porque no había sitio en todo el tren, ya que llegue tarde, Potter, no te hagas ilusiones.
-Claro, claro- dijo James en tono complaciente- si quieres pensar asi…
Por fortuna (para James), Lily decidió hacer caso omiso del chico y siguió hablando con Hermione, mientras que Remus le daba en el brazo a James y le hablaba sin hacer sonido, seguramente para hacerle desistir en su empeño de conseguir una cita. Mientras atendía a Lily con una parte de su cerebro, la otra parte se quedaba pensando que Harry se parecía mucho a ella, pues no había sacado de James el descaro que le había visto ante el sexo opuesto. Harry era mucho más reservado.
Al cabo de un rato de agradable charla con la pelirroja sobre las casas de su "nuevo" colegio, Hermione decidió dirigirse a los merodeadores.
-Y, bueno, ¿vosotros estáis juntos en la misma casa?
-Sí – dijo Sirius- estamos todos juntos en Gryffindor. La mejor de las casas- dijo con orgullo- a ver si tú también acabas en ella también.
-Eso me gustaría- dijo Hermione- por lo que he leído es la mejor de todas.
Como si hubiera dicho un hechizo, todos los merodeadores empezaron a hablar animadamente a la vez sobre las diferentes casas y, en algún momento de la charla, siguieron con el tema de lo grandioso que era el pueblo de Hogsmeade, sus chocolatinas preferidas, las bromas que había gastado…
-Y entonces…-decía Sirius mientras todos los demás (incluida Lily, que intentaba esconder su sonrisa) se partían de risa- Y entonces, te lo juro, ¡Malfoy estaba cubierto de pus de bubotubérculo!
Hermione se desternilló de risa junto con todos los demás.
-¿Y ese pobre chico que os había hecho?- preguntó Hermione. Después de todo, ella se supone que no conoce a Malfoy.
-Nunca pensé que dijera esto- dijo Lily- pero Lucius Malfoy eso se lo tenía bien merecido. Es un sangre limpia que cree que los hijos de muggles son escoria.
Hermione endureció sus facciones de modo que fuera visible para los demás que ella no estaba de acuerdo con esas acusaciones.
-Pues yo soy hija de muggles, y a mucha honra- declaró.
-Y yo- dijo Lily, alzando su vaso con zumo de calabaza para chocarlo con el de la chica.
-Y yo soy mestizo- declaró Remus y unió su vaso con el de las dos chicas.
-Y yo soy un paria en mi familia debido a que creo que los muggles son iguales a nosotros- sonrió Sirius mirando a Hermione y uniendo su vaso al de ellos.
-Eh- dijo James- yo también creo que ser hijo de muggles no importa a su condición mágica.
Los demás sonrieron y movieron sus copas para chocarlas con la de James.
-Yo… yo…- dudó Peter- yo opino que los hijos de muggles son también magos y…
-Venga, Peter- dijo Sirius, chocando su copa con la de él- ya sabemos que las palabras no son lo tuyo.
Peter lo miró agradecido.
Después de otro rato de agradable charla todos juntos (sí, Lily le dirigía la palabra civilizadamente a James, ante lo cual James casi no se atrevía a hablar, por si lo estropeaba), Hermione se dio cuenta que había alguien ante la puerta. Era un muchacho de pelo grasiento y tez cetrina y pálida, que no podía ser otro más que Severus Snape.
-¿Quién es ese?- preguntó.
-Quejicus- dijo James, achicando lo ojos.
Hermione se volvió hacia Lily y vió que ella había girado la cabeza hacia la ventana con gesto de pena y, acto seguido, se volvía hacia Snape y le decía en voz muy alta:
-Quejicus, no creo que quieras contaminar tus preciosos ojos mirando a una sangre sucia, así que, por favor, vete por dónde has venido.
Snape bajó la cabeza y se marcho entre una salva de aplausos de los merodeadores hacia Lily, que les miraba con lágrimas en los ojos, pero sonriente.
-Evans, nunca pensé que te oiría decir algo así a Snape- dijo James, impresionado.
-Que no se te suba a la cabeza, Potter- dijo Lily- Voy a ir a ponerme la túnica ¿vienes, Hermione?
-Sí.
Ambas se levantaron y fueron a los lavabos del tren para ponerse el uniforme. Mientras recorrían los pasillos, Lily iba muy silenciosa y al llegar al lavabo, se tapo los ojos y dijo:
-No lo soporto…
-¿A quién?- dijo Hermione, confusa.
-A Snape- dijo levantando la mirada, tenía los ojos enrojecidos- Él y yo fuimos amigos durante muchos años, pero se juntó con malas compañías. Mortífagos. Ya me entiendes. Todos sus amiguitos son de un grupo de apoyo a Voldemort.
-Lo siento mucho, Lily- dijo sorprendida Hermione.
-Lo peor de todo es que yo se lo perdonaba todo, ¿sabes? Hasta que… me llamó… sangre sucia.
Hermione se tapó los labios con una mano.
-Esa noche estuve muy mal, como comprenderás- continuó Lily- pero hubo gente consolándome. Mi amiga Mary y, por extraño que parezca, los merodeadores. Son un poco inmaduros, pero son buena gente, incluso Potter.
-Eso ya lo veo- coincidió Hermione.
-Hay veces que me sacan de mis casillas, pero la verdad es que, llevándote bien con ellos, te diviertes y te protegen.
Hermione sonrió a Lily y se metió en el lavabo a cambiarse de ropa.
Diez minutos después estaban de vuelta en el compartimiento. Los chicos también se habían cambiado de ropa.
-En diez minutos llegaremos- dijo Remus.
Hermione sintió que su estómago empezaba a anudarse, por los nervios.
-Tranquila Hermione- dijo James- ya verás que acabas en Gryffindor, con nosotros.
-Y si te ofrece ir a otra casa- dijo Sirius- dile que Sirius Black es amigo tuyo y que sabe como entrar en el despacho de Dumbledore.
Todos rieron ante la ocurrencia.
Quince minutos después estaban recorriendo en un carruaje el trayecto que iba desde Hogsmeade hasta el castillo. Al doblar un recodo del camino se hizo visible para los ojos de Hermione el castillo de Hogwarts. Hermione frunció el ceño. El carruaje estaba muy silencioso. Se volvió hacia el interior…
-BIENVENIDA A HOGWARTS, HERMIONE- gritaron los cuatro merodeadores, dejándola medio sorda, mientras Lily meneaba la cabeza.
Al dejar el carruaje y llegar al vestíbulo, Hermione se encontró con la profesora McGonaggall, que le dijo:
-Señorita Granger, espere aquí conmigo por favor.
-Animo, Hermione- dijo Lily.
-Luego nos vemos- le dijo Sirius con un guiño.
-Ánimo- dijo Remus.
-No tengas miedo- dijo James- y si te dice algo raro…
-SILENCIO POTTER. ADENTRO TODOS.- gritó la profesora.
En el Gran Comedor había acabado la selección de los alumnos de primer año y Dumbledore se levantó de su asiento.
-Antes de disfrutar de un copioso banquete, tengo que pediros un poco mas de atención, por favor. Este año vamos a tener entre nosotros a una estudiante de sexto año procedente de una escuela de magia de Estados Unidos y para estar aquí, hemos de seleccionarla para una casa. Se llama Hermione Granger. Minerva, adelante.
La profesora cruzó el pasillo hasta abrir la puerta ante la cual Hermione estaba esperando con el corazón en la boca. Mientras la profesora la acompañaba hasta el estrado donde estaban sus profesores, Hermione pudo escuchar a sus nuevos amigos dándole ánimos.
Llegaron hasta el taburete donde la chica tomo asiento y la profesora le puso el sombrero sobre la cabeza.
-Señorita Granger- oyó dentro de su cabeza- Hum. Interesante. Veo que… está entre dos casas. Gryffindor o Ravenclaw. Esa cabeza… es de Ravenclaw. Pero más bien creo que encajara en… GRYFFINDOR.
Hermione respiró aliviada y fue a reunirse con los miembros de su casa que, instigados por los merodeadores, la jaleaban hasta el delirio. Se sentó entre Remus y Lily y enfrente de Sirius, James y Peter.
-Bueno- dijo Dumbledore, una vez se acabo el alboroto- ya hemos acabado. A comer.
Empezaron a comer entre charlas y risas. Hermione se rió como nunca, una vez superado su miedo a no acabar en Gryffindor. Una vez que se hubieron vaciado los platos del postre (del cual Peter repitió tres veces) Dumbledore les envió a la cama.
Hermione siguió a Lily hasta la sala común, seguidas muy de cerca por los merodeadores.
-Bueno, mañana las clases- sonrió Lily.
-Sí, estoy deseando empezar…- dijo Hermione.
-NOOOOOOO- gritó James.
Sirius la miraba con los ojos como platos.
-Con lo bien que me caías… ¿Cómo puedes hacernos esto?
-Venga ya- dijo Lily- Lethifold- dijo una vez que llegaron al cuadro de la Dama Gorda.
El retrato giró y dejo que entraran en la Sala Común. Una vez allí se despidieron de los chicos hasta el día siguiente y subieron las escaleras hasta el cuarto de las chicas. Allí solo había otra chica más, que Lily le presentó como Mary McDonnald.
-Y estas somos todas las del dormitorio- dijo Mary.
Como las tres estaban agotadas y querías estar descansadas para el primer día de clases, se pusieron el pijama enseguida, se metieron en la cama y enseguida se quedaron dormidas.
