Capitulo 12.
Habían pasado dos semanas desde que Hermione había escuchado tras la estantería de la biblioteca de Hogwarts la conversación entre varios miembros de Slytherins. Unos días después de avisar a Dumbledore, tuvo lugar en el despacho de éste último una reunión con los miembros más relevantes de la Orden del Fénix para decidir cómo gestionar "la crisis" como habría dicho Ron. En esa reunión decidieron que primero había que averiguar cuantos componentes tenía ese grupo, quienes eran…etc. Y para ello era importante que Hermione estuviera en la biblioteca en el mismo sitio y a la misma hora en el día acordado, para poder averiguar más detalles.
En esas dos semanas que pasaron hasta que llegó el día acordado para la siguiente reunión del grupo de pequeños mortífagos, como los llamaba Moody, la vida en el castillo era monótona. Bueno, monótona, monótona, no. Estaban los merodeadores. A Hermione le recordaban un poco a Fred y George, los hermanos gemelos de Ron, ya que eran tanto o quizá un poco más alborotadores que ellos. Mientras tanto Lily y Hermione se hicieron buenas amigas, ya que a ambas les encantaba leer, escuchar música, pasear… pero Lily tenía una vena bromista que sacaba muy de vez en cuando que Hermione no tenía y que las hacía estar todo el día riéndose. Los merodeadores, como nunca habían visto a Lily tan animada, se animaban a hacerles pequeñas bromas (no al estilo merodeador, que eran un poco más bestias), que ellas les devolvían con más interés aún, con lo que los seis se divertían de lo lindo.
Un día, justo la tarde anterior al día de la reunión de los Slytherins, estaban Lily y Hermione en la biblioteca haciendo unos deberes de Runas Antiguas que supuestamente Remus había terminado. Estaban tan concentradas escribiendo que no vieron a una pequeña ratilla que dejaba como un pequeño botón debajo de la silla de Hermione y después se fue corriendo. Al cabo de unos segundos empezó a sonar como un murmullo que solo oían las dos muchachas. Al mirar debajo de la silla encontraron el botón y Hermione lo cogió. En cuanto lo puso en la palma de su mano el botón empezó a soltar humo que las rodeó a las dos. En cuanto se disipó, en medio de toses, Hermione dijo:
-Lily, ¡tienes el pelo verde!
-Y tú- dijo Lily.
En la biblioteca entera se hizo el silencio hasta que todos los alumnos que había por ahí (que no eran muchos) empezaron a reírse a carcajadas.
-Los mato- dijo Lily.
-Y yo te ayudo, amiga- contestó Hermione.
El sonido de las carcajadas atrajo a la señora Pince, que acabó echando a todo el mundo de la biblioteca porque no podían contener las carcajadas.
Lily llevó a Hermione por pasadizos secretos hasta llegar al retrato de la Dama Gorda sin ser vistas, pero eso no garantizaba que la broma no llegara a todo el alumnado en cuestión de unas horas. Por suerte para las chicas, casi todo el mundo estaba fuera del castillo, ya que era uno de los últimos días soleados que habría antes de la llegada del otoño, y solo había en la Sala Común tres chicos de séptimo curso que ni las miraron porque tenían las narices metidas en un libro muy gordo que estaban leyendo. Subieron las escaleras con mucho cuidado y en cuanto cerraron la puerta de su habitación (vacía, por supuesto) soltaron un suspiro de alivio.
-Ya me parecía a mí raro que no te hicieran alguna broma, Hermione. A todos los que llegan nuevos les hacen alguna, pero como tú te llevas bien con ellos, pensé que te librarías- dijo Lily- de todas maneras, no te preocupes, tengo en el baúl una poción para quitar manchas como esta. Nos lavamos el pelo con él y está solucionado.
Lily se agachó sobre el baúl para abrirlo y buscar la poción, pero no llegó a hacerlo, porque se irguió de nuevo y empezó a pasearse por la habitación diciendo:
-De verdad, este Potter, no sé como tiene amigos que lo aguantan. No es nada serio, ni sabe cuando tiene que dejar las cosas. Además de que es un prepotente, un chulo…
-Lily, tranquilízate- dijo Hermione, parándose frente a ella- solo ha sido un poco de pintura, esta vez no ha hecho nada grave.
-Ja, es que si fuera por él… - dijo Lily.
-Vamos, Lily- dijo Hermione, tratando de calmarla- por lo que me han contado ellos de sus "épicas travesuras" de años anteriores, este año se están portando bastante bien. Vale, a lo mejor hacen alguna bromilla, no me mires así, pero no son tan graves. Créeme, he conocido gente que hasta con diecisiete años seguían haciendo bromas a lo grande- concluyó Hermione, pensando en Fred y George.
-Parezco un loca, ¿verdad?- preguntó Lily.
-No.
-Es que Potter saca lo peor de mí- dijo con una sonrisa y se agachó para abrir el baúl.
Hermione miró como Lily sacaba un frasquito con una poción de color azul cielo y se la entregaba. Pero ella no hizo ademán de cogerlo.
-Lily- comenzó- no nos conocemos mucho, pero siempre me han dicho que soy una persona muy intuitiva y… perdóname si me meto donde no me llaman, pero creo que a ti te gusta James muchísimo.
Lily se quedó con los ojos abiertos como platos, mirando a Hermione como si estuviese loca.
-Mira, estoy convencida de que tú estás enamorada de él y que él siente lo mismo hacia ti.
Poco a poco la pelirroja se sentó en la cama.
- Potter sale con toda chica que pase por delante y que le haga un poco de caso. Me he pasado todos los años de Hogwarts viendo como Potter sale con una, a la semana la deja y se va con otra… no creo que ningún otro chico de Hogwarts tenga semejante currículum emocional. Excepto Black. Ese sí que puede alcanzar a Potter e incluso superarle.
Hermione sonrió por el desvió de la conversación, aunque le irritó un poco saber que Sirius había tenido tantas novias. En esas semanas que había pasado con los merodeadores y Lily había llegado a tenerle un gran cariño a todos, pero especialmente a James, que la trataba con una alegría contagiosa, a Sirius, que siempre estaba pendiente de ella, a Remus, que hacía todo lo posible por hacerla sentirse cómoda, y a Lily, que era la más parecida a ella.
-Vamos a ver, analicemos la situación- dijo Hermione jovialmente, sentándose al lado de Lily- James es un poco inmaduro…
-¿Un poco?
-Egocéntrico…
-Lo que más.
-Pero, tienes que tener en cuenta que tenemos dieciséis años- dijo Hermione- y los chicos tienen su madurez mental después que las chicas. Es verdad que no es muy delicado en cuanto a la declaración de sus sentimientos, pero ten en cuenta esto que te he dicho. James quiere hacerse notar ante ti y para destacar y que tú le veas lo que hace es hacer travesuras. Porque es entonces cuando tú le miras, le gritas, le hablas… lo que sea, aparte de que es un payaso nato. Ya te he dicho que no es muy maduro por su parte, pero es lo que cree que le dará resultados.
-Para llevar aquí solo un unas semanas te has dado cuenta de muchas cosas ¿no?
Hermione se encogió de hombros.
-Ya te lo he dicho. Soy muy intuitiva.
Ambas se miraron y se rieron. Luego Lily se quedó mirando el frasco de poción que tenía en las manos y empezó a hablar, sin mirar a su amiga.
-Me da miedo sufrir, Hermione. Es verdad que James me gusta desde el año pasado, pero tengo miedo de que no funcione, de sufrir, de que no seamos lo que el otro espera… además de que, vale, me gusta, pero me saca de mis casillas cuando se pone en plan chulito.
-Pero ¿y si sí lo sois?
-Eso no se puede saber- dijo Lily.
-Mira- dijo Hermione alzando las manos- yo no digo que ahora empecéis a salir. Date un tiempo. Si para cuando James se comporte como un adulto tú sigues enamorada de él… pues ya veréis lo que hacéis. Pero mientras tanto trata de tener un poco más de paciencia con él, que al final con tantas discusiones que tenéis, va a acabar el pobre deprimido.
Lily sonrió y levantó la cabeza.
-Gracias, Hermione. Te voy a adoptar como consejera.
-¿Incluso con estos pelos?- dijo Hermione, divertida, señalándose el pelo, aún verde.
Rieron animadamente. Después se metieron en el baño donde enjuagaron sus cabellos con la poción. Dejaron que actuara dos minutos y después aclararon. La poción les dejó el pelo como antes de la broma y, después de secarlo, decidieron bajar al Gran Comedor para la cena. Justo cuando Hermione iba a abrir la puerta se quedó quieta y dijo:
-Serán mis amigos, pero esta broma no se la perdono- dijo Hermione con una sonrisa en los labios.
-¿Qué tienes pensado?- dijo Lily, mirando a su amiga.
-No sé, el negro de las túnicas de Hogwarts no resalta el color de los ojos de los chicos.
En cuanto las dos chicas entraron en el Gran Comedor empezaron los cuchicheos que esperaban por parte de todo alumno o alumna que se cruzaban. Se acercaron a dos sitios libres que quedaban al lado de los merodeadores.
-Buenas noches, chicas- dijo Sirius- me complace anunciarte, Hermione, que has superado la broma con éxito. Felicidades.
Hermione sonrió con dulzura mientras giraba la cabeza para mirar a Lily, que asintió y las dos sacaron las varitas de sus túnicas con una rapidez sorprendente y, Hermione apuntando a Sirius y a Remus y Lily a James y Peter, exclamaron:
-Frutgodu caledix
Las túnicas de los cuatro chicos cambiaron de color, y no de cualquier color, de colores sumamente llamativos: James vestía una túnica de color rosa bebé, Sirius la llevaba de azul turquesa con rosas estampadas, Remus llevaba una de color verde fosforito y Peter de color rojo intenso.
Todos en el Gran Comedor empezaron a reírse de forma escandalosa, sobre todo de James y Sirius, mientras las chicas se guardaban las varitas.
-Tenía que devolvérosla, chicos- dijo Hermione con una sonrisa.
-Muy buena, Hermione- dijo Remus.
Se sentaron a la mesa a cenar mientras los chicos iban a su cuarto a cambiarse de ropa. En cuanto volvieron se sentaron a cenar los seis juntos. Hermione se fijó en que Lily hacía un esfuerzo por tener más paciencia con James, que la miraba completamente feliz. En cuanto acabaron de cenar se levantaron para salir del Gran Comedor y, en cuanto alcanzaron la puerta, oyeron una salva de aplausos y silbidos dirigidos a ellas, las que habían conseguido hacer una broma a los imbatibles merodeadores.
