Capitulo 13

Por fin llegó el día en que los Slytherins habían de reunirse en la biblioteca. Desde que se levantó, Hermione no paró en todo el día. Estaba bastante nerviosa, además de preocupada por lo que pudiera oír: ¿Qué ocurría si la descubrían? ¿o si se encontraba con que alguno de los alumnos que allí habría era alguien a quien conocía? ¿y si…? ¿y si…? Toda aquella agitación se convirtió en actividad, ya que de ese modo mantenía la cabeza ocupada y sin pensar en lo que se le vendría encima aquella tarde.

Con la finalidad de que no descubriesen su misión, la muchacha fingió un sosiego que no sentía durante el día. Pero en cuanto el profesor Fraudiel, el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, dijo: Ya podeis recoger. Ha terminado la clase Hermione dijo apresuradamente:

-Chicos, yo me tengo que ir a la biblioteca, que tengo que buscar una cosa.

-Voy contigo- dijo Sirius- que yo también tengo que buscar información sobre el trabajo de Herbología.

-De… acuerdo- balbuceó Hermione.

-Porras- pensó Hermione- no me puede ver espiando a los Slytherins. A ver qué se me ocurre…

Una vez en la biblioteca Sirius y Hermione se sentaron en una mesa. Mientras Sirius buscaba información para su trabajo en un libro de Herbología, Hermione se había parapeteado tras un libro de Transformaciones. En vez de leer, Hermione miraba a cada alumno que pasaba por allí con la esperanza de ver a Snape o Mulciber, que eran los que ella conocía por estar en su clase de Pociones.

Cuando pasaron unos diez minutos de estar allí, la chica pudo ver cómo Mulciber miraba entre unas estanterías. Satisfecho al no encontrar a nadie, se sentó en la misma mesa de la otra vez. Después de un momento se sentaron en aquella mesa otros tres alumnos y Hermione decidió que ya era hora de ir a esconderse en la estantería con la finalidad de escuchar la conversación.

-Sirius, discúlpame, voy a ir al baño- susurró Hermione.

-De acuerdo- dijo el chico sin levantar la vista del libro, aparentemente concentrado en la lectura.

Hermione se levantó de la silla con mucho sigilo y avanzó por los pasillos como si fuera a salir de la biblioteca, pero con un ágil movimiento se escondió en la misma estantería que la otra vez.

-¿Os ha seguido alguien?- susurró Mulciber.

-A mí no- dijo la chica con voz nasal a la que identificó como Marjorie O'Connor, una estudiante de Slytherin de cuarto curso.

-Ni a mí- dijo Snape- y Narcisa ha venido conmigo.

Narcisa Black, futura señora Malfoy, asintió con la cabeza con una expresión de desagrado en el rostro. Una expresión que Hermione reconoció, ya que era la misma que lucía cada vez que la veía.

-Entonces vamos a comenzar- dijo Mulciber.

-Yo he estado investigando en quinto curso y hay unas tres personas a las que les gustaría entrar- dijo Marjorie.

-¿Estás segura de que no nos van a delatar?- preguntó con aires de suficiencia Narcisa.

-No soy idiota, Cissy- dijo enojada Marjorie- Tengo mis métodos para saberlo. Están sinceramente interesados.

-De acuerdo- dijo Snape- Yo he hablado con algunos de sexto y son cinco los que están dispuestos a servir al Señor Tenebroso.

-Fantástico- dijo Mulciber- Por nuestra parte, Narcisa y yo hemos hablado con algunos de séptimo y no hemos tenido tanta suerte: unas cuatro personas estarían dispuestas a venir.

-Es decir, que unas doce personas están reclutadas, más o menos- resumió Narcisa.

-Son pocas- dijo Marjorie.

-Ya, Lucius me dijo que el Señor Tenebroso contaba con que tuviéramos para este fin de semana unas veinte personas- se quejó Muciber.

-No podemos hacer otra cosa- dijo Narcisa- Dumbledore no nos quita ojo y si damos un paso en falso con un alumno ya le tenemos encima nuestro.

-Eso no pasaría si…- dijo Snape.

De pronto se giró y miró a su alrededor para asegurarse de que no había ningún alumno escuchándolos. Cuando terminó, se acercó a sus compañeros y prosiguió en voz más baja:

-… si pudiéramos controlar su voluntad- terminó.

-¿Te refieres a la maldición Imperius?- preguntó Marjorie arqueando las cejas.

-Exacto.

-Estás loco- sentenció Mulciber- ya sabes que hemos estado practicando durante semanas y no ha habido manera de conseguirlo.

-Lo sé. De momento es imposible, pero quizá durante este curso lo consigamos- dijo Snape.

-Bueno, entonces ¿seguimos pensando en pedirles que vayan a Hogsmeade para la reunión?- preguntó Narcisa.

Hermione, oculta tras la estantería, sintió que se le erizaba el vello de los brazos. ¿Van a quedar todos los aspirantes a mortífagos?

-Esa es la idea- dijo Mulciber- quedar con todos ellos el día de la próxima excursión a Hogsmeade, para ver si van en serio con la causa y ya de paso les hacemos la prueba.

Todos asintieron.

-Sugiero- dijo Marjorie- que quedemos en las Tres Escobas. Allí siempre está abarrotado y hay menos posibilidades que nos escuchen.

-Puff- se quejó Narcisa- eso está lleno de sangres sucias y de traidores a la sangre.

-Tranquila Cissy- dijo Marjorie- dentro de poco no habrá ningún impuro gracias al Señor Tenebroso.

Los Slytherin se levantaron de la mesa y salieron de la biblioteca. Hermione se quedó mirando al vacío durante unos minutos, tratando de sintetizar toda la información en su mente: han conseguido convencer a doce estudiantes de unirse a Voldemort, no han dicho que casa son, por tanto puede que sean de varias casas, además de Slytherins. También han dicho de quedar en las Tres Escobas el próximo día que haya excursión a Hogsmeade. Todo esto debo decírselo a Dumbledore. Con esos pensamientos en su mente, Hermione salió de su escondite y se reunió con Sirius en la mesa donde habían estado.

-Hola- susurró Hermione.

-Hola- respondió él- has tardado.

-Es que había mucha cola para entrar al baño.

-Nunca entenderé porqué las mujeres siempre vais todas juntas al baño.

-Yo una vez fui sola y me atacó un trol- sonrió nostálgica Hermione. Gracias a ese trol se había hecho amigo el trío de oro del que formaba parte.

-¿En serio?- preguntó Sirius- ¿Y cómo fue eso?

Hermione le contó esa y muchas otras historias de sus aventuras junto con Harry y Ron. Sirius notó que Hermione y sus amigos estaban muy unidos y que ella sufría con su separación. Para animarla, el chico empezó a contarle historias de los merodeadores, en las que siempre acababa alguien escaldado, ya fuera Snape, Filch e incluso Lucius Malfoy en sus años de estudiante. Hermione no podía evitar reírse de tal manera que la señora Pince acabó echándolos a los dos.

Una vez en las escaleras, Hermione fingió que había quedado con Dora French, una Ravenclaw con la que coincidía en Runas Antiguas, para que ella le prestara unos apuntes, pero en cuanto perdió a Sirius de vista se escabulló al despacho de Dumbledore. Tenía que contarle lo que había escuchado.

Por su parte, Sirius se dirigía de vuelta a la sala común. No había podido sacar el libro que estaba consultando de Herbología porque la Señora Pince solo quería que tanto él como Hermione salieran de la biblioteca. Sirius sonrió. Le divertía sobremanera estar con Hermione. Era muy inteligente, eso se le veía, y muy divertida. Además, un experto don Juan como Sirius habría tenido que estar ciego para no darse cuenta de que era una chica muy guapa.

-Pero es mi amiga- pensó- Esa sensación de bienestar que tengo cuando estoy con ella es porque es mi amiga. No puedo tener nada con ella.

Y es que para Sirius la amistad era sagrada. Nunca discutió con sus amigos por una chica y nunca una chica había llegado a meterse en el grupo y ganárselos a todos los merodeadores. Pero también es cierto que ninguna chica había hecho nacer en el muchacho las sensaciones que despertaba Hermione.

Con esos pensamientos llegó a la Sala Común y, hablando con James sobre el partido que habría el mes siguiente contra Slytherin, se le olvidó lo que venía rumiando todo el camino: estaba empezando a enamorarse.