Capitulo 14
Hermione estaba mirándose en el espejo del cuarto de baño. Era su primera salida a Hogsmeade desde su viaje en el tiempo y estaba un poco nerviosa, no por ir a Hogsmeade, sino por la reunión que tenía que presenciar.
Cuando informó a Dumbledore de lo que había escuchado a sus compañeros de Slytherin, el anciano profesor le encomendó la misión de acudir a las Tres Escobas a la hora de la cita y ver quiénes eran aquellos doce estudiantes que estaban supuestamente interesados en seguir a Voldemort, que últimamente estaba muy activo en sus escaramuzas contra muggles y magos.
Una de las cosas que más preocupaban a Hermione eran sus amigos: ¿Cómo escabullirse de ellos sin que la vieran? Imposible. Lo que más probablemente acabaría haciendo es ir con ellos a las Tres Escobas y escuchar la conversación mientras estaba con ellos. Hermione suspiró y siguió peinándose. Acababa de ponerse las últimas horquillas en el pelo cuando escuchó que Mary llamaba a la puerta.
-¿Hermione?- preguntó- Vamos, que nos están esperando.
-Ya voy.
Hermione salió del baño para encontrarse a sus dos amigas esperándola. Ambas llevaban ya puestas sus capas, además de guantes, bufandas y gorros, ya que, a pesar de ser de últimos de Octubre, Halloween para ser más específicos, hacía ya mucho frío. Mary y Lily esperaron a que Hermione se abrigara también y juntas salieron de la habitación. Al llegar a la Sala Común se encontraron con los cuatro merodeadores, abrigados también, que las estaban esperando. Bueno, esperaban a Hermione y Lily, ya que Mary había quedado con su novio, Rob Gedeon, un Ravenclaw muy simpático.
-Hey, Hermione- dijo Sirius, muy animado- ya verás cómo te encanta el pueblo de Hogsmeade.
-Seguro que te encanta- dijo Lily- podríamos visitar Dervish y Banges, que es una tienda de instrumentos mágicos, correos…
-Pero Lily- dijo James- ¿de verdad la vas a llevar a esos sitios?
-¿Porqué no?
-La vas a aburrir- dijo James suspirando.
-En realidad- dijo Hermione- me parecería interesante ir a esos sitios.
James abrió la boca horrorizado, meneó la cabeza como si estuviera disgustado y miró a Sirius de una forma muy significativa, como diciendo "Mujeres".
-Además, James- dijo Lily- Mas de una vez me he encontrado a Remus ahí y él no parecía aburrido, ¿verdad, Remus?
Remus, que hasta ahora estaba callado, asintió con la cabeza desde el sillón donde estaba sentado. Estaba muy pálido y tenía en su rostro una expresión de sufrimiento que intentaba controlar.
-¿Te encuentras bien, Remus?- preguntó Lily, frunciendo el ceño.
-Sí, solo un poco cansado. No pude dormir bien en el tren de regreso- dijo Remus sonriendo.
Hermione miró a Remus y sintió la compasión nacer en ella. Aunque había estado muy ocupada con la misión de los mortífagos, sabía que la pasada noche había sido luna llena. Durante ese tiempo, Remus había dicho a sus compañeros que tenía que irse a casa unos días porque su madre estaba enferma y que él iba una vez al mes durante tres días para verla y estar con ella. Aunque el resto del colegio se creyó la historia, Hermione sabía que Remus era un hombre-lobo, pues lo descubrió en su tercer año, en su tiempo, donde Remus Lupin había sido su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
En el mundo mágico, ser un hombre-lobo implicaba sufrir un vacío por parte de todos los integrantes de la comunidad mágica, no poder conseguir un buen empleo debido a su condición, nunca tener una relación duradera… Remus por lo menos había tenido la suerte de que sus mejores amigos James, Sirius y Peter se enteraron de su condición y no lo rechazaron, sino que se convirtieron en animagos de manera ilegal para poder acompañarle en sus dolorosas transformaciones.
Todo esto Hermione lo sabía porque había averiguado la historia en su tiempo, pero allí Remus, Sirius, James y Peter todavía no le habían contado nada y Lily tampoco parecía saberlo de momento, por lo que no podía expresarle sus deseos de recuperación a Remus, ni hacer nada que delatase que sabía su secreto, pues quería que Remus se lo explicara cuando estuviera listo y tuviera la suficiente confianza con ella como para contárselo.
-Yo sigo pensando que llevar a Hermione en su primera visita a Hogsmeade a esos sitios es un poco aburrido- dijo James, interrumpiendo los pensamientos de Hermione- Pero si a vosotros os gusta la idea, por mi está bien.
-Pues vaya- dijo Peter desanimado- yo quería ir a Zonko…
-Vamos a ver, Peter- dijo Sirius, armándose de paciencia- Hay tiempo de sobra para poder ir a Zonko. Además, la idea es enseñarle el pueblo a Hermione, por lo que también iremos a Zonko.
-Bueno- dijo Remus, levantándose con cuidado- ¿Vamos?
Los seis muchachos salieron de la sala común y fueron caminando hasta el vestíbulo, donde el señor Filch, el conserje, estaba comprobando que los alumnos que estaban en la fila delante de las puertas del castillo tenían la autorización pertinente para abandonar el castillo y visitar el pueblo.
Una vez fuera del castillo, siguieron un caminito que al cabo de diez minutos desembocaba en el pueblo Hogsmeade. Era un pueblo muy bonito, que estaba construido alrededor de una placita con una fuente en el centro. Allí se veía las Tres Escobas, la taberna de Cabeza de Puerco, Dervish y Banges, Zonko, Honeyducks… y al fondo se podía ver la Casa de los Gritos, llamada así, según la leyenda que corría por ese lugar desde hace unos seis años, por unos fantasmas muy bestias que vivían en esa casa y que gritaban, destrozaban muebles en medio de un gran escándalo.
Pasaron un rato agradable mientras paseaban por el pueblo enseñándole las tiendas a Hermione. Iban delante Hermione y Lily y los cuatro chicos tras ellas. En un momento dado, cuando Hermione se giró para enseñarle una pluma de Golondrina a Peter, se fijó en que James y Sirius sostenían a Remus, que tenía los ojos cerrados y el rostro muy pálido. Sirius le estaba diciendo que regresaran al castillo y Remus negaba con la cabeza y se desprendía de las manos de sus amigos. Hermione giró la cabeza e hizo como que no había visto nada, pero en cuanto salieron de la Casa de las Plumas propuso ir a tomar algo a las Tres Escobas. Peter, James y Sirius asintieron entusiasmados, por lo que dirigieron sus pasos al bar.
Las Tres Escobas siempre estaba abarrotado de gente: alumnos, duendes, habitantes del pueblo… todos atendidos por la señora Rosmerta, una atractiva camarera, mucho más joven que cuando la conoció en su tiempo, que, recordó Hermione, traía de cabeza a todos, incluido Ron.
Se sentaron en una mesa todos juntos y Sirius se levantó del lado derecho de Hermione para ir a buscar unas bebidas, mientras todos los demás descansaban un poco. Mientras los demás comentaban el buen día que habían pasado, Hermione empezó a mirar a su alrededor por si veía a alguno de los Slytherins que habían quedado allí en diez minutos. Cuando paseó su mirada por la barra, se fijó en que Sirius estaba hablando con la señora Rosmerta mientras ella le pasaba las cervezas de mantequilla que habían pedido. Cuando las hubo reunido todas, Sirius dijo algo que hizo que la señora Rosmerta se riera a carcajadas y que un grupo de niñas de quinto año se le quedaran mirando embelesadas y con una sonrisa tonta en la cara.
-¿Pero esto que eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees?- pensó la chica- Ni siquiera estando con nosotros puede dejar de coquetear con toda chica que se le cruce. Esto es el colmo, vamos.
Sin ser consciente de ello, Hermione se levantó de su asiento y se encaminó hacia donde Sirius seguía hablando con la camarera.
-Hola, Hermione- dijo Sirius, alegre- Te presento a la señora Rosmerta.
-Encantada- dijo Hermione con una sonrisa enorme- ¿Te ayudo con esas bebidas, Sirius?
-Claro.
En su intento por coger las botellas, Hermione quedó entre el chico y las niñas de quinto, que la miraron con odio. Hermione las sonrió y siguió a Sirius a su sitio. Cuando estaba a punto de sentarse, se fijó en que en la mesa de enfrente de ellos estaban sentados Snape y Narcisa Black.
-Que suerte- pensó la chica- Ahora no tendré que buscarles por todo el local.
-Menos mal que Hermione ha ido a ayudarte, ¿no Sirius?- dijo Remus con rintintín y una sonrisa en la boca- sino, no habrías podido traer todas las bebidas.
-No, la verdad es que no- dijo Sirius mirando a Hermione y mostrando una gran sonrisa Colgate- Muchas gracias.
-De nada- dijo ella sonriéndole.
Miró a sus amigos y les sorprendió a todos ellos mirándola con una sonrisa burlona. Hermione se sonrojó y tomó rápidamente un trago de su cerveza de mantequilla. Al beber, levantó la mirada y se fijó en los alumnos que estaban sentados en la mesa de enfrente. Eran unos quince alumnos: Snape, Mulciber, O'Connor y Narcisa Black, los cabecillas. Con ellos estaban Regulus Black, el hermano de Sirius, Walden Macnair, Crabbe y Goyle, padres de sus compañeros de estudios en su tiempo, Avery, Nott, Zabini y otros cinco alumnos que conocía de vista. Estaban todos mirando a Mulciber con gran atención. Hermione se fijó en que uno de los más jovencitos, un chico rubio que iba Ravenclaw y que se sentaba al lado de O'Connor estaba muy pálido y con cara asustado.
-¿Qué demonios…?
En ese momento empezaron a oírse gritos en el exterior del bar. En el interior se quedaron todos callados y, todos a una, salieron del local. Lo que vió fuero dejó a Hermione horrorizada: un grupo de unos veinte encapuchados corrían por todo Hogsmeade atacando a los lugareños. Los alumnos mayores corrieron hacia los mortífagos mientras sacaban las varitas, con la clara intención de ayudar a los habitantes de Hogsmeade. Al mirar a su alrededor, Hermione se fijó en que Lily y los merodeadores habían sacado las varitas y se disponían a entrar en combate, Peter un poco más reticente. Al buscar rápidamente con la mirada a los alumnos reclutados dentro del colegio, no los vió, pero cuando se fijó mas, vió a Narcisa Black cubriéndose el rostro con una capucha negra y uniéndose a un grupo de quince personas que estaban junto a ella y que tenían puestas las capuchas…
-O sea que esta es la prueba que decían- pensó- atacar Hogsmeade y a sus compañeros.
-¡Hermione!
La chica se giró hacia Lily, que la había llamado, sacó su varita y siguió a sus amigos.
-Expelliarmus- exclamó Hermione, arrebatando la varita a un mortífago que estaba a punto de atacar a unos alumnos de primer curso.
- Desmaius- gritó un compañero del mortífago.
Hermione se apartó de un salto y alzó la varita, pero en ese momento Sirius se interpuso entre ella y el mortífago.
-¡Hermione, coge a los de primero y sal de aquí!- ordenó.
Hermione iba a responder, pero se fijo en la cara de susto de los niños de once años y decidió hacerle caso.
-Vamos, no os preocupéis- dijo ella, tranquilizadora- Venga, sacad la varita y a todo aquel mortífago que veáis le soltáis un hechizo… flipendo, ¿de acuerdo?
Ellos asintieron y se colocaron en fila tras Hermione, mientras la chica barría la plaza con la mirada, evaluando la situación: Sirius, Peter y Lily luchaban cerca de ella contra seis mortífagos, James estaba cerca de la taberna Cabeza de Puerco ayudando al dueño, un hombre bajito y con una verruga en la frente, a levantarse del suelo, donde estaba tirado tras recibir un Desmaius. Por otra parte, Remus estaba al otro lado de la plaza, ayudando a los alumnos que estaban en Honeyducks durante el ataque a salir. En ese momento, Remus levantó la cabeza, vió a Hermione con los de primero y empezó a hacerle señas de que fueran con ellos de vuelta al castillo. Hermione asintió, se giró hacia los niños y les dijo:
-Mirad, vamos a travesar la plaza corriendo y nos vamos a unir a ese grupo de alumnos que van a volver al castillo. Mientras corremos, a todo aquel encapuchado que veáis, le hechizais, pero sin dejar de correr ¿entendido?
Ellos asintieron.
-Muy bien. Cuando cuente tres, corremos. Uno, dos, TRES.
El grupo de niños salió corriendo con Hermione en la retaguardia. Cuando iban por la mitad de la plaza un grupo de seis mortífagos salió de la Casa de las Plumas. Les miraron sorprendidos y les apuntaron con sus varitas.
-Desmaius- gritó Remus, derribando a uno.
-Talantalegra- gritó Hermione apuntando a otro.
-Avada…- empezó uno de ellos.
-REDUCTO- gritó Hermione, parándose en medio de la plaza y apuntando a la cornisa bajo la cual estaban los mortífagos. Ésta se desprendió, sepultando a los mortífagos bajo ella.
Hermione corrió hasta Remus y el resto de los alumnos de Hogwarts pero ocurrió algo inesperado…
-¿¡Tú?!- gritó un mortífago que estaba a tres metros de ella- ATENCIÓN, UN MIEMBRO DE LA ORDEN, ES ELLA, LA DEL CENTRO COMERCIAL DE CORNUALLES.
Hermione siguió corriendo, pero estaba conmocionada.
-¿Cómo me han reconocido?
Alertados por los gritos de su compañero, cinco mortífagos llegaron a la plaza y dispararon hechizos contra Hermione. La chica vió que Remus, al que tenía enfrente, se le abrían los ojos horrorizado mientras corría hacia ella, llamándola. En ese momento, Hermione notó una quemazón en la espalda, a la altura de los omóplatos.
-Me han dado.
Lo último que oyó antes de que su mundo se sumiera en las tinieblas fue la voz de sus amigos, asustados. De todas esas voces, la que más destacaba, por su timbre de desesperación, era la de Sirius.
