Capitulo 19:
A veces tenemos la sensación de que el tiempo avanza con más lentitud de lo normal, en especial cuando un acontecimiento que deseamos con toda nuestra alma que ocurra le falta muy poco para que suceda. Eso mismo le ocurría a Hermione esa noche. Sirius le había dicho que se pasaría para hablar con ella al día siguiente del ataque de los mortífagos y el tiempo no podía pasar más lento. Por una parte estaba deseando que llegara el momento de hablar, pero al mismo tiempo le daba miedo el momento de "ajustar cuentas".
-¿Y si no lo acepta y deja de hablarme?- pensó- ¿Y si esa mentira le ha dolido demasiado y no quiere saber nada más de mi?
En esa maraña de sentimientos y pensamientos se encontraba Hermione cuando apareció la señora Pomfrey, la enfermera, con la cena. La comida de la enfermería, siendo muggle o mago, siempre tiene mal aspecto y peor sabor. Unido a que los nervios le atenazaban el estómago, no probó casi bocado, cosa en la que se fijó la enfermera.
-Señorita Granger, debería comer más- dijo con firmeza.
-No puedo, señora Pomfrey- dijo Hermione- no me entra nada ahora.
La enfermera asintió con comprensión.
-Es normal que después de una conmoción como la que ha vivido hace tan solo unas horas tenga el estómago cerrado- dijo- Pero aún así, terminese el caldo por lo menos, que le entonará el cuerpo.
Hermione hizo una mueca, pero se terminó el caldo de un sorbo.
-Ya- dijo, depositando el tazón en la bandeja de plástico que tenía sobre la mesita de noche.
-Muy bien- dijo la señora Pomfrey- ahora tómese las pocines.
Nada más terminar de beber las pociones, sintió un sueño tan abrumador, que ni tiempo tubo para poder acostarse como es debido en la cama, sino que se dejó caer en ella y se durmió.
Al día siguiente, cuando abrió los ojos, miró alrededor confusa al no saber donde se encontraba. En cuanto reconoció la enfermería y recordó porqué estaba allí, le vinieron de nuevo los nervios ante la inminente visita de Sirius y las consecuencias que ésta traería. Media hora después de haber despertado y desayunado, tocaron a la puerta dos veces.
-Ay, madre- pensó Hermione- ya está aquí.
De manera instintiva se arregló el cabello con una mano mientras decía:
-Adelante.
La puerta se abrió lentamente…. Pero no era Sirius, si no Anthony, Zack, Marc, Lisa, Anne, Kate y Luna, que venían de nuevo a verla.
-¡Hola, Hermione!- dijo Marc, sonriente.
-Hola, chicos- saludó la chica, desilusionada.
-¿Qué tal estás, Hermione?- preguntó Kate- ¿Cómo se tomaron tus amigos lo de ayer?
-Bien- respondió, un poco apenada- Casi todos. Mi amigo Sirius se disgustó bastante. Dijo que hoy vendría a verme y hablaríamos, así que aquí estoy, esperando.
-Vaya, espero que se arregle pronto- dijo Lisa, mirándola preocupada.
-Gracias, Lisa- sonrió Hermione.
-Sospecho, querida amiga- dijo Luna, sonriente- que ese tal Sirius es tu Marc particular ¿no?
Hermione se sonrojó.
-Bueno…- empezó a decir, totalmente muerta de vergüenza.
-¡Aaaaaaaaaah!- gritaron Lisa, Kate, Luna y Anne- ¡Que ilusión!
Marc y Zack empezaron a reír al ver a las cuatro chicas así, no así Anthony, el cual estaba con gesto serio y la cabeza gacha.
-¿Cuándo te diste cuenta?- preguntó Kate.
-Desde que lo ví ayer hablando con la señora Rosmerta, de las Tres Escobas- dijo.
En cuanto a las chicas se les pasó la euforia de la noticia (pasó un rato), le empezaron a preguntar que cómo se conocieron, si habían empezado ya a salir… Hermione contestaba como podía a todas sus preguntas, pero como todavía no sabía nada acerca de los sentimientos del moreno, tampoco podía contarles gran cosa, así que poco a poco se fueron olvidando del tema, para alivio de los chicos, que ya se estaban empezando a aburrir.
Pasaron un rato agradable charlando, aunque Anthony, el más ingenioso, estaba inusualmente poco hablador, hasta que Hermione recordó de golpe algo:
-Hey, acabo de acordarme de algo- dijo muy seria- Ayer, cuando me atacaron los mortífagos, uno de ellos me reconoció. Dijo que yo era la del centro comercial de Cornualles. ¿Cómo pudieron haberme reconocido?
-Hermione- la llamó Anne con suavidad- recuerda que, aunque en Hogwarts estás protegida, Quien-Tú-Ya-Sabes ha puesto precio a tu cabeza, por lo que un buen puñado de mortífagos están pendientes de encontrarte.
-Oh, sí, es cierto- respondió la castaña, no sabiendo que decir.
Se quedaron callados todos unos momentos antes de que Lisa dijera que tenían que volver ya al cuartel general de la Orden, ya que tenían en una hora una reunión muy importante. Se despidieron todos de Hermione, prometiéndole visitarla otro día y se fueron.
A los pocos segundos de que se cerrase la puerta tras ellos, ésta volvió a abrirse, dejando paso a un Sirius Black, muy arreglado, por cierto.
El estómago de Hermione se encogió de golpe al divisarlo y, tomando aire, le sonrió débilmente.
-Hola.
-Hola, Sirius. Siéntate, si quieres- dijo muy educada.
-¿Quieres dejar de comportarte como una niña?- se reprendió mentalmente- Tú no has hecho nada malo.
Sirius avanzó por la enfermería con paso lento para sentarse en una de las sillas que están al lado de la cama de Hermione. Tras sentarse, se miró las manos y luego paseó la mirada por la habitación, como su buscase las palabras que tenía que pronunciar. Finalmente, miró a la chica, le sonrió y dijo:
-Hermione, antes que nada quería disculparme por mi comportamiento de ayer- Hermione negó con la cabeza mientras él hablaba, diciéndole que no tenía importancia- Veras, yo… cuando descubrí que venías del futuro- dijo bajando la voz- me sentí… fuera de lugar. Nos has ocultado cosas, a mis amigos y a mí, y eso me dolió.
-Lo sé, Sirius- dijo ella, apenada, mirándose las manos, que estaban en su regazo- Créeme que no os lo oculté a propósito. Yo quise contároslo desde el principio, pero…
-Te entiendo, Hermione. Sé que lo hiciste por nuestro bien, para protegernos, que no es seguro que sepamos acerca de nuestro futuro, porque podríamos cambiar lo que pasará, bueno o malo, da igual- añadió con una leve sonrisa- Aunque me cueste admitirlo, debo reconocer que, en tu lugar, yo hubiese hecho lo mismo.
Hermione levantó la mirada, desconcertada.
-¿Eso quiere decir que me perdonas?- dijo Hermione medio sonriendo.
-Nunca hubo nada que perdonar, Hermione.
Los dos se miraron sonriendo y, antes de darse cuenta, se estaban dando el abrazo más sentido que se habían dado alguna vez en su vida.
