Capitulo 20:

Habían pasado solo unos segundos, pero a Sirius, que estaba en el séptimo cielo mientras abrazaba a Hermione, no le hubiera importado seguir así indefinidamente. Aunque, pensándolo bien, no le importaba que se acabara el momento.

Aparte de decirle que la perdonaba por haberle ocultado que provenía de otra época, la otra intención de Sirius era confesarle lo que verdaderamente sentía.

-Venga Sirius- pensó- como dicen en España, coge el toro por los cuernos.

Carraspeando, Sirius se apartó de Hermione y dijo:

-Verás, Hermione, yo… tengo otra cosa más que decirte.

Miró de nuevo a la castaña y se fijó en que lágrimas silenciosas habían caído de sus ojos durante su abrazo.

-¿Te ocurre algo?- preguntó preocupado.

-No, no te preocupes- dijo Hermione, secándose las lágrimas de los ojos.

Sirius asintió, tomó una gran bocanada de aire y dijo:

-Mira, Hermione, yo no soy muy bueno para estas cosas. He dicho estas palabras montones de veces, pero nunca de verdad. Cuando empezó este nuevo curso en Hogwarts y te conocí, Hermione, empecé a tomarte un gran cariño. Al principio era solo amistad lo que sentía, pero con el paso de las semanas, comenzó a derivar en otra cosa. Tu eres la bruja más inteligente de este colegio (no se lo digas a la pelirroja), así que te habrás dado cuenta de lo que me pasa. Pero, aunque lo sepas, te lo voy a decir. Que estoy enamorado de ti, Hermione- a la chica se le abrieron los ojos como platos, pero Sirius continuó- que me gustas muchísimo. Me encanta ese sentido del humor que sacas a relucir de vez en cuando, esa sonrisa que pones cada vez que alguien te habla o cuando lees… estás tan concentrada que incluso se te mueven las orejas –sonrió- Y cuando te ríes… es el sonido más bonito que he escuchado jamás. Lo haces pocas veces pero… me encanta igualmente.

Sirius se tomó una pausa en su discurso para volver a tomar aire (¿Qué es lo que está pasando?- pensó- ¿no tengo pulmones, o qué pasa?), cuando Hermione abrió la boca para decir algo.

-Sirius, yo…

-Hermione, no quiero que te sientas mal, si tú no sientes lo mismo por mí no pasa nada, pero… necesitaba decírtelo.

Hermione asintió y bajó la cabeza para mirarse las manos. Sirius, con un nudo en el estómago, no se atrevía a romper el silencio. Ahora era el turno de hablar de la chica.

No habían pasado ni treinta segundos cuando Hermione levantó los ojos, miró al frente y luego a Sirius. Sonrió y luego dejo escapar un sonoro suspiro, como si se hubiera descargado de pronto de una preocupación muy grande.

-Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

El chico la miró sorprendido (¿Y esta muchacha que hace?), pero, al comprender lo que pasaba, dejó escapar una leve risita.

-No sabes cuánto tiempo he esperado que me digas eso, Sirius- dijo Hermione, al fin.

-¿En serio?

-Sí. Desde uno de los días en que quedé con Amos Diggory en la biblioteca y te ví siguiéndome desde lejos con la varita en la mano- rió- no la soltaste hasta que no me alejé de él.

-Vaya- rió Sirius- creí que no me habías visto.

-Te vi. Y desde ese momento, cuando vi que eras capaz de cualquier cosa para protegerme si creías que iba a tener problemas, aún a costa de tenerlos tú, y a pesar de que yo te había dicho que no te preocuparas… ese gesto me llegó al corazón, Sirius. Desde ese día te miré con más interés. La manera enérgica con que sonríes, la vigilancia protectora que tienes para con quién te importa, la seguridad que transmites a quien está a tu lado… y poco a poco, yo también me enamoré de ti.

Sirius sonrió de una manera deslumbrante. Casi parecía que él hacía que el sol brillara.

Se miraron a los ojos durante unos segundos, hasta que la chica rompió el silencio.

-Sirius…

-¿Qué?

-Si yo te he confesado que me gustas y tú me has confesado que te gusto…

Sirius asintió, mirándola.

-¿Entonces por qué no nos estamos besando?

Sirius la miró a los ojos y en un susurro dijo:

-Eso mismo me estaba preguntando yo.

Entonces, Sirius tomó la cara de Hermione con mucho cuidado entre sus manos. Siempre mirándola a los ojos, se fue acercando lentamente a ella. Cuando estuvo a apenas dos centímetros de sus labios, se paró para mirarla, para comprobar que estaba segura de lo que sentía por él, de que quería dar el siguiente paso. Hermione lo estaba mirando fijamente y… estaba roja como un tomate. Sirius sonrió, ya que le parecía gracioso que ella fuera la que se pusiera roja y seguramente él fuera el que estaba más nervioso de los dos. Hermione sonrió también, nerviosa y, en un impulso, acortó la distancia entre los dos.

En cuanto sus labios se unieron, Sirius, cuyo corazón latía desbocado, se calmó. Era un beso muy dulce, muy esperado, pero no por ello menos excitante, apasionado. Sus manos dejaron la cara de Hermione para descender poco a poco hasta su cintura.

La chica, mientras tanto, había colocado sus manos en el pecho del chico y, al cabo de un momento, las empezó a mover también en dirección contraria, hacia arriba, hacia el cuello de Sirius, que empezó a acariciar.

Sirius, que ya tenía sobrada experiencia con mujeres, comprendió en el acto que Hermione era… inocente en cierto sentido. Que no tenía mucha experiencia en esas lides, vamos. Pero eso a él no le importaba. Es más, le gustaba que, en cierto sentido, él fuera de los, por no decir el, primeros novios que tenía la castaña.

Cuando ya notaba que le faltaba el oxígeno, el chico se separó de la castaña y apoyó su frente en la de ella.

-Guau- dijo ella, sin aire.

Los dos rieron al unísono. Sentaba tan bien…

-Hermione…

-¿Sí?

-¿Quieres ser mi novia?- preguntó.

-Claro que sí.