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Cuando Dumbledore afirmó que Harry había visto al Innombrable regresar, no tuvo ninguna duda que era cierto. Por este motivo, organizó todas sus cosas en Egipto, habló con sus jefes y se dispuso a tomar un cargo administrativo en Gringotts. Debía ayudar en lo que pudiera y debía cuidar a su familia.
Llegó poco días después del inicio de las vacaciones escolares de verano y se encontró con que su madre estaba deshecha por la pelea de su padre y Percy, y que el primero estaba aún furioso, aunque se intuía la tristeza en sus ojos. Intentó calmar a sus hermanos, pero sabía que esa era una herida que se cerraría sólo cuando Percy entrara en razón. Le envió una carta de hermano a hermano, pero se la devolvió sellada. Desde ese día, pensar en él o recordarlo de alguna forma iba acompañado de un peso angustiante en el pecho.
Comenzó el trabajo en Gringotts en seguida. Al menos le habían dado un puesto relacionado a sus tareas en Egipto. Era bastante aburrido, pero su compañero de oficina, Patrick, tenía su edad y era simpático, y los duendes les daban cierta libertad de acción.
Le sorprendió comparar su antiguo trabajo con éste. Había conocido unos cuantos humanos que también trabajaban para Gringotts, pero siempre en terreno; eran gente desenfadada, relajada, que se tomaban sus quehaceres más como una aventura que una obligación, lo que no quería decir que no fueran muy responsables (él se incluía en esta descripción). En Londres, en cambio, todos siempre estaban apurados, en general serios, y aún así habia visto cómo algunos eludían sus deberes conversando entre ellos o ralentizando sus avances.
Un día se lo hizo notar a Patrick, quien no se encontraba dentro del grupo que Bill describía.
- Quizá afecte la sensación de libertad, ¿no? Quiero decir, el ambiente de trabajo. Es muy distinto estar encerrado todo el día en un edificio como éste, en donde pareciera que los duendes te regañan aunque no lo estén haciendo y revisando casi todo el día sólo pergaminos, a estar en otros países, penetrar en antiguas construcciones, recibir órdenes desde la distancia y todo eso - le respondió su colega mientras se mecía en las patas traseras de su silla. De pronto le dirigió una sonrisa con una mirada soñadora - Debe ser genial trabajar así... ¿Por qué te viniste?
- Quería pasar un tiempo cerca de mi familia - le dijo Bill también meciéndose en las patas traseras de su silla, mientras que con la varita hacía que las tachas de colores fueran a clavarse donde les correspondía - He estado siete años fuera de casa, visitándolos muy de vez en cuando.
- Y ese es el precio por tu trabajo - comentó Patrcik haciendo un gesto con la mano y olvidando que ahora Bill trabaja ahí - Siete años... Debería pasarte algo increíblemente bueno, ¿sabes? Por haber vuelto al octavo año. Siete y ocho son números muy mágicos.
Bill se quedó callado unos instantes. Dudaba. No sobre los números y su poder; tanto él como Patrick sabían por su trabajo que esas cosas eran reales. No; dudaba que le pasara algo increíblemente bueno. El Innombrable había vuelto, a su familia le faltaba un eslabón por Percy, y ya no tenía sus maldiciones y misterios con qué llenarse de alegría al resolverlos.
- Ojalá - dijo Bill sinceramente.
