Capitulo 23.
Esa tarde estaba de mal humor, por lo que salió de su casa a tomar algo en un pub muggle que había al lado. Se acercó a la barra a pedir algo para beber cuando lo vio. Allí estaba un muchacho sentado en una mesa, bebiendo. Había visto a ese joven antes. Con ella. Un plan se empezó a perfilar en la mente de aquel hombre contra Hermione Granger.
Se acercó sigilosamente al joven.
-Hola- le dijo.
-Hola- contestó el joven.
-Tienes pinta de querer ahogar tus penas en el alcohol- dijo el primero mientras apartaba de su cara un mechón de pelo.
-Tal vez- contestó el joven.
-¿Una chica?
-Puede.
-No te preocupes, hombre- intentó animarlo- seguro que no está todo perdido con ella.
-Yo creo que sí- contestó el joven mientras Miraba a su compañero de mesa tomar un sorbo de su bebida.
-¿Qué pasa?- preguntó frunciendo el ceño- ¿está con otro tu chica o que?
El joven, que ya estaba bastante borracho, contestó:
-Sí, está con un tipo al que ella no le ha dicho toda la verdad sobre sí misma, pero que está mas cercano a ella en todos los sentidos que yo. Y no lo entiendo. Yo era su mejor amigo antes… estoy seguro…
Su voz fue decayendo hasta que acabó con la mirada fija en el fondo de su vaso. Seguía hablando, pero lo hacía tan bajito que no podía oírlo.
-Bueno, chaval- dijo el hombre- ya nos veremos otro día por aquí.
El joven ni lo miró. Él se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta del bar. Una vez fuera se dijo a sí mismo:
-Creo que esto puede interesar mucho a Snape…
S&H
Una semana después del ataque que sufrió Sirius a manos de Snape, se estaba cociendo algo en el interior del castillo de Hogwarts. Algo que pudo conseguir que el noviazgo de Sirius y Hermione fuera un tema que solo se hablara en algunos círculos femeninos, ya que los hombres y algunas chicas solo podían pensar en este otro tema.
¿Qué podía ser aquello?
Sí, Quidditch.
Se estaba preparando el primer partido de la temporada: Gryffindor contra Slytherin. Los eternos rivales.
Gryffindor había ganado la Copa de Quidditch y, como consecuencia, la Copa de la Casa los cuatro últimos años, desde que el jugador James Potter, el cazador más talentoso de los últimos cincuenta años, y su amigo Sirius Black, golpeador, entraron en el equipo. Aunque ninguno de los dos era buscador, juntos formaban una pareja al contraataque increíblemente peligrosa para el equipo contrario y muy eficaz a la hora de conseguir otro tanto.
Pero no es solo por esta razón que todo el mundo en el castillo anduviera nervioso por los pasillos, sino porque éste año es el primero de James como capitán del equipo, por lo que todos están impacientes por ver qué cambios ha hecho en el equipo, que jugadas ha inventado, que táctica seguirá… etc.
Hermione estaba ligeramente nerviosa por el partido que se iba a disputar al día siguiente. Sabía que no iba a ser lo mismo que cuando jugaban Harry y Ron, pero de todas maneras iba a ser una experiencia: iba a ver al padre de su mejor amigo y a su novio jugar un partido y eso es algo que ella nunca había hecho.
Su amistad con Lily y los Merodeadores iba viento en popa. No podía ir mejor. Desde que descubrieron que Hermione era una viajera en el tiempo y que era miembro de pleno derecho de la Orden del Fénix no hubo más secretos entre ellos. Lily y ella acabaron de desarrollar su amistad y acabaron haciéndose las mejores amigas. Por otro lado, con los Merodeadores… no podía pasárselo mejor con ellos. Cada día era una aventura nueva, con risas, bromas, confidencias, algún que otro rato estudiando, escapadas a los terrenos del colegio con la ayuda de la capa invisible de James… A Hermione se le formó un nudo en la garganta la primera vez que James la sacó en su presencia.
En cuanto a su relación con Sirius, aunque solo llevaban dos semanas saliendo, a esas alturas sabía que no había podido elegir mejor pareja para ella. Sirius era todo lo que Hermione siempre soñó: era romántico, dulce, atento, divertido, era serio para las cosas importantes y sobre todo, se notaba que la quería muchísimo.
En definitiva, Hermione estaba FELIZ con su vida en esos momentos.
Por ello, cuando el profesor Dumbledore le envió una lechuza pidiéndole que se presentara en su despacho a las siete de la tarde, ella lo hizo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Buenas tardes, señor.
-Buenas tardes, señorita Granger- sonrió también Dumbledore- Tome asiento, por favor.
Hermione se sentó en la silla que había enfrente del director.
-Me alegra comunicarle, Hermione, que a raíz de decirme cuáles estudiantes estaban planteándose pasarse al bando de Voldemort, seguramente instigados por Snape, Mulciber y Narissa Black, en la última incursión de los mortífagos no había caras jóvenes nuevas. Además de que hemos puesto bajo vigilancia a esos tres instigadores con la excusa del asalto que le hicieron al señor Black.
-Me alegra, señor- dijo Hermione.
-Y todo es gracias a usted- sonrió Dumbledore- es por ello que quería darle la enhorabuena… y quería pedirle su colaboración en otro asunto.
-Sí, señor. ¿Qué ocurre?- preguntó ella.
-Tenemos la certeza, muy grave por cierto, de que uno o varios miembros de la Orden están pasando información a los mortífagos- dijo Dumbledore, muy serio.
-¿Cómo?- se sobresaltó Hermione.
-Sí. Yo también estoy atónito. No me explico lo que está pasando.- dijo pensativo el director.
-Dentro de unos años ocurrirá también- dijo Hermione, con la mirada pérdida- dentro de unos años comenzará la peor etapa de la guerra.
- Espero que consigamos erradicarla a tiempo- dijo Dumbledore mirando con detenimiento a Hermione.
-No puedo entender cómo han empezado los espías tan pronto- dijo Hermione- no leí nada al respecto salvo al final de la guerra.
-Entienda, Hermione, que en todas las guerras hay espías. En todos los bandos. Solo aquellos espías más significativos son los que aparecen en los libros.
-Tiene razón- coincidió ella.
-Pues claro que la tengo- rió el viejo profesor, guiñándole un ojo.
-Entonces mi misión es…
-Cierto. Su misión es averiguar quién o quienes de los miembros de la Orden son los que pasan información.
-¿Cómo voy a hacer eso, si hace mucho que no los veo?
-No te preocupes, querida- dijo Dumbledore- los fines de semana tienes permiso expreso del director para visitar a "tu querida y anciana tía que vive en el centro de Londres". Así podrás averiguar lo que queremos.
-Entiendo, señor. No lo defraudaré- dijo Hermione, levantándose de su asiento.
-Lo sé, Hermione- asintió él- Igual que sé que sus amigos no me defraudarán a mí cuando se juegue el partido de mañana- concluyó Dumbledore guiñando un ojo.
-Exacto- sonrió la chica.
S&H
Llegó el gran día. Son las nueve de la mañana del segundo sábado de noviembre. Día en que se va a disputar el primer partido de quidditch del curso.
Hermione llegó con Sirius de la mano (recibiendo miradas femeninas asesinas cada pocos pasos) al Gran Comedor, donde el ambiente era muy animado. Mientras Gryffindors, Hufflepuffs y Ravenclaws animaban y daban animos a los jugadores de James, los Slytherins los abucheaban como si no hubiese un mañana. Cuando llegaron a la zona de la mesa donde estaban sentados sus amigos encontraron a un James un poco nervioso dándo ánimos a un muchacho de unos catorce años que iba vestido como el buscador.
-Ay que ver- pensó Hermione- Cómo se parece Harry a él- pensó mirando como James intentaba que el muchacho comiera algo antes del partido.
-Hey, Hermione- dijo Remus, reclamando su atención- Primer partido de quidditch ¿preparada?
-Si. La verdad es que tengo muchas ganas de que comience el partido- sonrió la chica.
-Eh, James- dijo Sirius- ¿me puedes pasar esa manzanilla, por favor?
-¿Te encuentras mal, Sirius?- preguntó Hermione mientras Lily intentaba ocultar una risita.
-No- dijo él haciéndose el valiente- es que los nervios se me van al estómago y me duele un poco antes de los partidos.
-Eso es normal- dijo Hermione- Los nervios son buenos, según en qué proporción. Yo siempre digo que un examen no puede salir bien si no hay un poco de nervios…
-Gracias, Mione- dijo James, sosteniendo al buscador que estaba pálido- eres única tranquilizando a la gente.
-¿James?- dijo Lily- Los jugadores se están reuniendo ya en la entrada del Gran Comedor.
Todos se volvieron hacia donde señalaba Lily y vieron que así era, por lo que entre James y Sirius levantaron al buscador. Mientras James lo llevaba a la entrada, Sirius se volvió hacia Hermione.
-¿No me vas a desear suerte?- dijo, sonriente.
-Pues claro- dijo ella.
Hermione se puso de puntillas para darle a Sirius un beso de buena suerte que duró un poco más de lo esperado. Sonrojada, Hermione se apartó sonriente y Sirius guiñó un ojo antes de irse con el equipo al campo de juego.
-Hermione- llamó Remus.
-¿Sí?- preguntó ella.
-Tienes una lechuza- señaló Remus, indicándole una lechuza desconocida.
Hermione se acercó a la lechuza y le quitó la carta que portaba. No tenía remite y decía:
Hermione Granger, quiero que te alejes de Sirius Black. Sé que has recibido otros anónimos como éste de parte de las admiradoras de él, pero éste va en serio. Aléjate de él. Y para demostrarte que va en serio, haré algo durante el día de hoy que te lo demostrará. Seguiremos en contacto.
Hermione leyó la carta de nuevo dos veces, atónita. Era cierto que durante las semanas anteriores había recibido anónimos de las fans de Sirius amenazándola si no ponía fin a su relación, pero, quitando de aquella vez que la dejaron encerrada en el baño durante los cinco minutos que tardó ella en anular el hechizo que mantenía atrancada la puerta, nunca le habían hecho nada grave. Además, desde que lo había denunciado a Dumbledore, los envíos habían acabado. Aún así… esa carta le daba mala espina.
-¿Ocurre algo, Mione?- preguntó Lily.
-No… es decir… sí, Lily- dijo ella tendiéndole la carta- he recibido otro anónimo.
-Qué raro- dijo ella- hace tres días que no te mandaban nada.
-Ya, no sé. Me da mala espina, Lily- le confesó Hermione mientras salían del Gran Comedor.
-Tranquila, ya verás que no hacen nada. Estamos en Hogwarts- sonrió Lily, tratando de animarla.
-Sí- sonrió Hermione- ¿Qué podría pasar?
