12
Fleur suspiró sin querer mientras se soltaba el cabello en el baño del banco. Era viernes en la tarde y ya casi todos se habían ido a sus casas; pero ella y sus compañeros del Departamento recién se habían desocupado debido a una situación de última hora: un intento de robo ocurrido esa misma tarde. Había sido un verdadero caos porque no era común que eso sucediera, un intento de robo en pleno día laboral. Según el protocolo, Gringotts había sido cerrado de inmediato con todos dentro, trabajadores y clientes, los que no entendían qué estaba pasando y se sentían intimidados al ser llevados a una gran sala oval todos juntos y sin mayor explicación. Gracias a esto habían logrado atrapar al ladrón, aunque Fleur no lo había visto y no sabía qué había pasado con él.
En todo caso, el resultado de la operación completa había significado que el Departamento de Mantención de Hechizos y Embrujos para el Resguardo del Edificio hiciera horas extras. Se habían dividido el trabajo y el gran cúmulo hecho por el ladrón le correspondía a Marcus, pero no había logrado eliminarlo por completo. Fleur se hizo cargo entonces, luego de terminar su parte. Se sentía muy orgullosa de sí misma; había sabido perfectamente qué hacer y lo ejecutó con una precisión impecable. Marcus había quedado con la boca abierta y luego había insistido en invitarla un trago.
Así, salió del baño tras refrescarse y se reunió con su compañero en el hall central.
—Entonces, ¿vamos? — le preguntó este por enésima vez, como si no creyera que iba a salir con ella.
—Sí, vamos. Celebguemos que acabamos con esto. ¿Y Gobeg y Tina?
—Se fueron, son unos aburridos— Marcus torció la boca en un gesto —Así que sólo somos los dos…
Fleur leyó en su voz y su cara que eso lo alegraba mucho, pero decidió no ser pesada con él. Sabía que Marcus sentía debilidad por ella, pero como él muchos otros. Antes eso la hacía sentirse halagada en cierta medida, pero sobre todo era algo que daba por hecho; pero ahora, cada vez que alguien parecía tener ojos solo para ella, recordaba que el único que quería que no tuviera ojos para nadie más no estaba interesado. Esto acompañado de una punzada en el corazón, claro, no podía ser indoloro.
Debido a esto, y sin ser muy consciente de ello, había comenzado a ser menos desagradable con quienes les gustaba. No exageradamente y sólo con los que se llevaba bien, pero algo es algo. Sobre todo si consideraba que la mayoría sólo se sentían atraídos a ella por su belleza y los influjos de su ascendencia veela.
Así que ahora era más comunicativa con Marcus, quien resultó no ser tan cargante como había supuesto en un principio y de hecho era bastante gracioso. Esa tarde en particular estaba lo bastante animado como para cubrir a tres personas. O cuatro, si es que ella se quedaba dormida, porque lo cierto es que estaba cansada luego de todo el empleo de energía que había hecho, pero la idea de tomar algo le parecía entretenida. Lástima que sus otros compañeros no se quedaran.
Comenzaron a caminar en dirección a la salida, cuando oyeron unas voces provenientes de uno de los pasillos que llevaban a las oficinas.
—…ya sabes, camuflaje— la voz de una mujer soltó una risa corta —Y bueno, ya sabíamos que no era nada, pero hay que confirmar cualquier indicio…
—Sí, sí, está bien, tranquila. Me lo has repetido como, toda la tarde— Fleur giró la cabeza de inmediato al oír la voz de Bill, que sonaba divertido.
—Es que me siento como una intrusa en tu trabajo…
En ese momento aparecieron ante ellos. Bill iba acompañado de una mujer como de su edad, de cabello castaño y grandes ojos verdes. ¿Por qué estaban aún los dos a esas horas en el banco? ¿Y quién era ella y qué hacía ella ahí, en todo caso? No recordaba haberla visto en el Comedor o en otro momento.
Al verse frente a frente, Bill y Fleur se detuvieron, haciendo que sus acompañantes también.
—Fleur— Bill la saludó con una de sus sonrisas encantadoras —Debí imaginarme que estarías aun aquí, con todo lo del robo…
—Sí. Acabamos de tegminag— le dijo tal vez demasiado cortante, señalando a Marcus parado junto a ella. Bill le estrechó la mano y luego se volvió hacia la joven morena.
—Ella es… Maude, una amiga. Ellos son Fleur y Marcus.
—Encantada de conocerlos, chicos.
—¿Van a salir o qué?— un duende los miraba con el ceño fruncido mientras sujetaba la barra de la puerta.
Los cuatro se apresuraron en salir del edificio antes de retomar la conversación.
—Así que… vamos por algo de beber— dijo Maude lanzándole a Bill una mirada de soslayo —¿Quieren unírsenos?
Marcus miró a Fleur y ésta evitó a toda costa mirar a Bill. Así que ellos dos no sólo salían tarde de allí, sino que además iban a divertirse juntos, los dos solos. Ja ja já. No, claro que no quería ir con ellos.
—Claro que vamos— aceptó de buena gana Marcus. Fleur le lanzó una corta mirada asesina. Marcus debía suponer que ya que Bill y Maude iban juntos, no habría problemas para estar cerca de Fleur.
Pensó en disculparse e ir a casa, pero ya había aceptado ir con Marcus y no quería parecer una aguafiestas. Lanzó un corto e inaudible suspiro, al tiempo que echaba su cabello hacia atrás.
—¿La limpieza estuvo bien? — les preguntó Bill mientras caminaban hacia el Caldero Chorreante. Marcus, quizá a propósito o quizá no, se había situado entre ellos dos.
—¿Limpieza? — preguntó Maude antes de que Fleur pudiera abrir la boca.
—Estamos encaggados de eliminag los guesiduos de magia de Guingotts— le explicó parcamente la joven.
—Oh, vaya, debe ser un trabajo agotador. Yo no podría hacerlo.
—No me digas…— le dijo Fleur levantando una ceja.
—¿En qué trabajas, Maude? — le preguntó Marcus.
—De hecho, estoy estudiando aun. Leyes mágicas. Por eso estaba hoy en el banco, le pedía mi viejo amigo Bill que me corroborara unos datos— explicó, dándole unas palmaditas amistosas en la espalda al aludido.
—¿Aun estás estudiando? ¿Qué edad tienes? — le preguntó Fleur con malicia.
—Veintisiete. Resulta que no soy muy buena con esto de los estudios— dijo Maude riendo, ajena a las malas vibras de Fleur.
—¿Fuiste a Hogwarts, también? — le preguntó Marcus.
Como indudablemente Maude había ido a Hogwarts, los tres comenzaron a rememorar viejos tiempos, hablando sobre profesores y compañeros. Fleur se dedicó a mirar por los escaparates de las tiendas sin oírlos, pero siendo dolorosamente consciente de voz de Bill. Cuando llegaron al Caldero Chorreante seguían con el mismo tema, por lo que Fleur se excusó y fue al baño.
Una vez ahí, se mojó la cara con toques leves y se miró al espejo.
¿Por qué estaba tan enojada de un momento a otro? Quería que Maude y Marcus desaparecieran, pero también quería que lo hiciera Bill; quería cerrar los ojos y estar en su cama, pero quería estar cerca de Bill… Se sentía sobrepasada, sobre todo por Maude, quien le generaba una antipatía natural. ¿Tenía que estar tan cerca de Bill y ser tan amigable con él…? Entendía que eran amigos, pero, ¿de verdad era necesaria tanta cercanía física? Bill apenas le había dirigido una mirada en todo el camino, concentrado en Maude y en los tontos recuerdos de adolescencia… Quería que desapareciera y no volverla a ver…
Oh, no.
¿Esos eran celos? ¿Celos, ella? No, no, no; no podía ser. ¿Cómo podría? Ella simplemente no sentía celos. Era un sentimiento absurdo y nada elegante. El malestar que estaba sintiendo ahora debía ser sólo una reacción a su cansancio. Había trabajado todo el día y su organismo quería que parara. Lo mejor que podía hacer era tomar algo ligero e irse a dormir todo el fin de semana. No iba a pasarlo mal ese rato por una estupidez; si Maude era una "vieja amiga" de Bill, como ella lo había llamado, él debía estar contento de verla. No era culpa suya que a ella le gustara Bill, no merecía su desagrado.
Comprobó su estado, lamentando que no su piel no brillara como siempre, y salió del baño dispuesta a ser amigable y disfrutar la tarde.
Pero la sonrisa que había compuesto se deshizo en un segundo al ver que Maude reía mientras le contaba algo a Marcus con un brazo alrededor de los hombros de Bill.
Ok, eran celos.
Bill se sentía algo inquieto. Bastante, en realidad. Fleur no tenía la misma actitud de siempre, como si estuviera decaída o cansada. De hecho, tenía la impresión de que se sentía incómoda junto a ellos. Lamentó que Tonks, pues era ella y no "Maude", los hubiera invitado a acompañarlos, pero no había alcanzado a intervenir. ¿Sería que Fleur no se encontraba en confianza con gente desconocida? Además, como Tonks era muy sociable, no paraba de hablar.
Fleur volvió del baño y se sentó entre ella y Marcus, lo que le hizo sentir un pinchazo en el pecho por un segundo. Pero qué esperaba, ¿que se sentara a su lado para abrazarla y hacerla sentir mejor? Por favor, eso era ridículo, ¿cierto?
Y cuando Tom se les acercó, Marcus, Tonks y él pidieron hidromiel, pero Fleur pidió licor de anís. ¿Por qué no pedía algo para comer? Le haría bien consumir glucosa. Tuvo un corto debate interno sobre aconsejarle o no en hacerlo, pero cuando el cantinero volvió con tres jarras y una copa, decidió pedir él algo para picar.
Marcus también estaba muy animado y con Tonks parecían haberse llevado bien desde el principio. Como ésta le preguntara más sobre su trabajo, se puso a relatar lo que había ocurrido tras el intento de robo, elevando a Fleur a la categoría de heroína por haber podido deshacer lo que él no había sabido cómo.
—Eso es harto trabajo— dijo Bill dirigiéndose a la joven aludida con el ceño algo fruncido, pensando en que había hecho el trabajo diario que le correspondía, su parte luego del robo y además gran parte de Marcus —¿No estás cansada?
—No guealmente— le respondió Fleur con altivez —No ega algo complicado.
Acababa de confirmar sus sospechas iniciales, pero dada su respuesta Bill no le insistió; aunque no pudo dejar de lanzarle miradas involuntarias cada tanto para comprobar cómo estaba, como si temiera que se desmayara de improviso.
Con el paso del tiempo y el efecto de las bebidas, los cuatro mantenían una animada conversación. Bill notó que Fleur parecía estar pasándolo bien, y aunque evitaba dirigirse a Tonks, cuando ésta le preguntaba algo le respondía cortésmente. Estaba todo saliendo bien. Bill soltó un suspiro sin querer y Marcus hizo un comentario gracioso sobre pensar en los amores imposibles. Bill soltó una risa corta y nerviosa, evitando a toda costa mirar a Fleur y sintiendo los ojos de Tonks clavados en él.
—Fleur, no quiero parecer irrespetuosa— empezó Tonks dirigiéndose hacia la rubia— pero eres extranjera, ¿cierto?
Bill se atrevió a mirarla y notó que antes de responderle compuso una sonrisa.
—Sí, soy fgancesa.
—Oh, claro, por eso el acento. Me encanta, ¿sabes? Francia es tan romántica…
—¿La has visitado?— le preguntó Fleur, al parecer con un interés genuino.
—Sí, pero sólo una vez. Fui por… estudios hace unos dos años o algo así.— Bill tenía toda la impresión que había sido por su trabajo de auror —Y bueno, me encantó. Los hombres también, debo decirlo— agregó riendo —Es que no puedes hacer nada ante el idioma. Sobre todo el acento. Tiene algo sensual hablar con ese acento, ¿no creen?
—Estoy totalmente de acuerdo contigo— Marcus asentía animadamente con la cabeza.
—Sí…— Tonks miró de reojo y suspicaz a Bill por un segundo —Apuesto a que te lo dicen todo el tiempo, Fleur. Además eres bellísima, si me permites decírtelo. A qué todos se enamoran de ti.
—Merci— su expresión no había cambiado, como si sólo hubiese escuchado una declaración de hechos.
—Uf, ni te imaginas, Maude— le dijo Marcus— Tengo que estar todo el día espantando admiradores.
Bill rió con ellos, pero no se encontraba realmente cómodo con el giro que estaba tomando la conversación.
—¿Y qué opinas de los ingleses? Comparándolos con tus coterráneos, digo— continuó Tonks.
—No cgeo que haya que compagag— le respondió Fleur llevando su cabello hacia la espalda.
—Mmmh… eso me hace pensar que encontraste un inglés a la altura, ¿eh?
Bill notó que Fleur la miraba peligrosamente mientras Tonks le picaba las costillas con el codo a Marcus en tono de camaradería, por lo que se apresuró a intervenir.
—Para de hacer esas preguntas, Maude— dijo como quitándole importancia —Estás siendo una metida.
—Tienes razón, tienes razón. Siento si te incomodé, Fleur— le dijo divertida, palmeándole la mano.
—No te pgeocupes— Fleur le sonrió sin rastro de la mirada que Bill había visto.
El ambiente se distendió rápidamente y siguieron conversando de temas sin importancia, mientras él, Marcus y Tonks seguían pidiendo hidromiel.
Marcus no parecía celoso como la vez en que se habían topado, pero debía ser por el lugar preferencial que tenía. Bromeaba con Fleur y se mantenía muy cerca de ella, haciéndole preguntas, contándole cosas, haciéndola reír. ¿No se daba cuenta que debía dejarla tranquila para que descansara? Aunque ella no parecía ni molesta ni con ganas de irse a dormir, a pesar de que la vio ahogando algunos bostezos con la mano.
Se decía que no importaba, que era decisión suya y que no era para tanto, pero no podía dejar de sentirse preocupado.
Entonces, notó que a Tonks se le estaba aclarando algo el cabello. Tenía sentido que perdiera la concentración en sus habilidades mientras acababa con su cuarta jarra de hidromiel en un ambiente relajado.
—¡Oh, miren el tiempo que ha pasado!— exclamó Bill mirando el reloj que colgaba de la pared. Por suerte habían pasado casi tres horas, por lo que se sorprendió junto con sus compañeros.
—Tengo que irme— anunció Marcus poniéndose de pie con un tambaleo. Frente a él se podían contar seis jarras —Mi madre se enoja mucho si no llego a cenra. Cerna. Cenar.
Tonks lanzó una risita y un comentario no muy entendible sobre las madres.
—Yo también me igué— Fleur se puso de pie sin tambalearse, pero lentamente. Sólo había tomado una copa, por lo que el alcohol no le había afectado grandemente, pero su cuerpo le pedía el descanso necesario —Fue un gusto conocegte, Maude. Bill, Magcus, nos vemos el lunes.
—¡Fleur, permíteme acompañarte a tu casa!— le dijo Marcus ofreciéndole el brazo.
—No, gacias. Vivo cegca de aquí. Además, cgueo que es mejog que ya te vayas, tu madgue se pgeocupagá.— la expresión de Fleur sugería que lo último que quería era que Marcus la acompañara, pero su voz sonó amable.
—Tienes razón, por supuesto. Señoritas— Marcus les hiso una reverencia exagerada a ambas y a Bill le estrechó la mano —Caballero.
Bill observó con aprensión como se dirigió con Fleur a la salida, le abrió la puerta de calle, y luego él se metió en la habitación de al lado y desapareció.
—¿Estará bien?— preguntó Tonks mirando con cierta preocupación el lugar donde antes había estado parado Marcus.
—Sí, sí— Bill agitó la mano, quitándole importancia —Yo he estado peor y me he aparecido bien. Tú mejor preocúpate de tu cabello.
—Oh— Tonks se miró las puntas cada vez más claras, pero no hizo nada al respecto. Total, Fleur y Marcus ya se habían ido. —Sí, yo también he estado peor y todo, pero él se ve un poco torpe. Y tú, ¿no irás tras Fleur? Para acompañarla a su casa y eso.
—No… ¿Por qué yo…? oíste lo que ella le dijo a Marcus…
—Pero ella te gusta. Deberías ir. — le dijo encogiéndose de hombros.
—Ah, ¿Qué? No, no, te equivocas, ella no me gusta…— Bill intentó sonar despreocupado, pero se frotó la nuca inconscientemente.
—Bill, por favor— rió Tonks —No dejaste de mirarla todo el rato. Y no eran de esas miradas de "sólo es un chica muy linda". Recuerda en qué trabajo. No intentes engañarme— Tonks se frotó las uñas en la ropa, mirándolo con superioridad —Anda, no te preocupes por mí. He hecho esto mil veces más que tú.
—Pero... — Bill miró las jarras vacías de hidromiel frente a ella, haciendo que soltara una carcajada.
—Qué quieres, ¿hacer una desaparición conjunta para dejarme en la puerta de mi casa? No es como que no pueda llegar hasta esa habitación yo sola, sabes...
Bill lo pensó unos segundos y luego asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Creo que el hidromiel me está afectando un poco.
—Bueno, trata de no decirle alguna estupidez a Fleur. Aunque pensándolo bien, lo más probable es que ni lo notaría.
—¿Por qué? ¿La viste muy mal?— le preguntó alarmado inmediatamente.
—Merlín, sí que eres lento en estas cosas, ¿eh?— Tonks se rió de nuevo, ahora ante la confusión de su compañero de la Orden —No, además de verse algo cansada, no estaba mal, no te preocupes. Ahora ve, ¿quieres?
Bill le dejó su parte del dinero y se marchó, rápido. Estaba preocupado por Fleur. Opinaba lo mismo que Tonks, que no se había emborrachado ni nada, pero quería comprobar que llegaba bien a su casa. Tenía que asegurarse que llegara bien a su casa.
Caminó rápido mirando hacia más adelante, esperando ver la cabellera rubia de Fleur entre la gente que llenaba las aceras, pero no la encontraba. ¿Cómo podía ser? Hacía unos minutos había abandonado el Caldero Chorreante, no era posible que ya hubiese adelantado tanto…
¿Y si le había pasado algo? ¿Si había tenido algún accidente? ¿O estaba haciendo mucho escándalo por nada? Pero Fleur era tan joven y delicada, cualquiera podría aprovecharse de ella. Se detuvo un isntante, mirando para todos lados. Debía confiar en que estaba bien, sabía defenderse. Porque sabía defenderse, ¿verdad? ¿Y si no había tenido oportunidad para hacerlo? Debería haber salido con ella sin importar lo que le dijera, no hacerse el maduro. ¿Qué pasaba si…?
—¿Bill?— la voz de Fleur le llegó desde la izquierda.
Fleur salió de la tienda muggle en donde acababa de comprar y se topó con un Bill que miraba para todos lados con cara de perdido. Cuando lo llamó y se volvió, su expresión de alivio la extrañó.
—¿Estás bien? — le preguntó con ansiedad, examinándola con la vista de pies a cabeza.
Se sonrojó ante su mirada y sólo atinó a asentir con la cabeza.
—¿Por qué no estabas…? ¿Qué estabas…?
¿Por qué se veía tan preocupado? Recién se habían despedido. ¿Acaso había pasado algo?
—¿Ocuguió algo? Pasé a compgag mezcla paga hacegme chocolate caliente. Siento que lo necesito— levantó la bolsa para mostrársela.
—Ajá. Chocolate caliente. Yo te lo prepararé— le dijo Bill muy serio, quitándole la bolsa de las manos— Vamos.
Fleur sólo atinó a seguirlo sin decir nada. No entendía por qué Bill estaba haciendo eso, pero si implicaba estar con él más tiempo, lo aceptaba de buena gana.
—¿Por qué te quedaste si no estabas a gusto con nosotros? — le preguntó de pronto, cuando casi llegaban al departamento.
—Sí estaba a gusto— le respondió Fleur sin mirarlo —Sólo estoy cansada, quizá eso se notó.
—Sí, estás cansada y te vas a beber. Sabes que eso está mal, ¿cierto? Deberías haberte ido a tu casa, a comer algo contundente y a dormir. De hecho, sé que no comiste nada en el Caldero Chorreante. ¿Por qué crees que ordené comida? Ahora quizá te enfermes porque te bajaron las defensas o algo así… Tienes que cuidarte más. Hacer magia quita energía, ¿sabes? No puedes ser tan despreocupada…
Fleur levantó la vista. Bill la miraba con el ceño fruncido, como si estuviera molesto de verdad.
—¿Me estás guegañando?— le preguntó, más divertida que enojada.
—Llámalo como quieras. Pero no te estás cuidando como corresponde. ¿Almorzaste bien hoy?
¿Era el hidromiel? Tenía que serlo, estaba siendo demasiado exagerado. Y bueno, era lo mínimo que podía pasar si te tomabas cinco jarras, pensó. Fleur se mordió ligeramente el labio inferior para ocultar una risa.
—Oui, almogcé bien. Y sé pgepagagme el chocolate. Quizá seguía mejog que te fuegas a tu casa, comiegas algo contundente y dugmiegas, Bill.— repitió sus palabras sin poder evitar una sonrisa.
—Oh, no— le respondió aun molesto, sin captar la broma —No me compares contigo, señorita.
Habían llegado a la puerta, por lo que detuvieron la discusión mientras Fleur abría. Una vez adentro, Bill se sacó la chaqueta, se lavó las manos y puso a hervir la leche en un cazo. En seguida, sacó pan y frutas.
—Ahora, sácate eso y ve a ducharte mientras— le dijo cortando rebanadas de pan sin usar magia.
—¿Qué?— Fleur sintió cómo las mejillas le ardían.
—Que te vayas a duchar. Hiciste harto hoy, una ducha te relajará. — Bill le señaló el baño con el cuchillo, animándola a ir.
Fleur se quedó inmóvil unos segundos, intentando controlar los latidos de su corazón. ¿Qué estaba tratando de decir?
—No puedo haceglo— le dijo, y agregó antes que pudiera replicar:— Estás aquí. No coguesponde.
La expresión de Bill cambió en seguida. Abrió la boca, pero no dijo nada por unos segundos. Y ¿era imaginación de ella o se había sonrojado?
—Disculpa— le dijo azorado —Tienes razón, yo no debería… Es que como estás cansada, pensé… Pero de verdad yo… No me malinterpretes… No quise… No tienes qué…
Fleur mientras balbuceaba, ladeando la cabeza. Así que sí lo había dicho sin pensar, sin segundas intenciones. Aunque… ¿era tal vez que no le causara nada de nada estar a solas con ella desnuda con tan sólo una puerta de separación? ¿O sólo ella pensaba en eso? No, no podía ser. Quizá no le gustara, pero cualquiera sentiría algo en esa situación, sin lugar a dudas. Su confianza volvió, tal como pasaba siempre que Bill se mostraba confundido.
—No impogta— Fleur se encaminó lentamente a su habitación mientras se bajaba el cierre del vestido —Me duchagué de todas fogmas. Pego si intentas espiagme, te jugo que te matagué, Bill Weasley.
—Yo no… Jamás te espiaría— Fleur sonrió victoriosa al ver que se le ponían las orejas rojas y que bajaba los ojos con el ceño fruncido.
Se sacó la ropa en su habitación y se envolvió en su bata para entrar al baño. Cuando pasó por ahí le dirigió a Bill una mirada que intentaba parecer asesina, pero él se había girado y cortaba algo de espaldas a ella.
Recibió el chorro de agua caliente con un suspiro. Realmente Bill tenía razón y la ducha la estaba relajando. Bill y su preocupación. De cualquier otro pensaría que hacía todo eso porque estaba enamorado de ella, pero no de Bill. Si estaba ahí, en su casa, era porque se preocupaba y nada más. Y eso era tan, tan triste. Tenía que pararlo; no sabía cómo hacerlo, pero le dolía que Bill no estuviera interesado en ella y no quería seguir sintiéndolo. No estaba acostumbrada, no le gustaba y no correspondía que le doliera, era simplemente ilógico.
Pero Bill… Bill y todo lo que hacía. Sonrió mientras pensaba en lo adorable que había sido que la regañara por no cuidarse. Y que se sonrojara. Se sentía ligeramente culpable por hacerle eso, pero era como una venganza por lo insegura que se sentía de todo lo que hacía cuando estaba con él, como le pasaba siempre.
Se demoró más de lo que había pensado, y cuando salió del baño, vestida y agitándose el cabello con los dedos para que se secara, se encontró con que Bill se había quedado dormido en el sofá.
Por unos momentos no supo qué hacer y luego sólo se acercó a él. Estaba boca arriba, con la cabeza sobre el costado del sofá y un brazo bajo el cuello, el otro sobre el abdomen y los pies apoyados en el suelo, ya que no cabía entero en el mueble de dos cuerpos.
Fleur aguantó la respiración sin darse cuenta. ¿Cómo podía pensar en que Bill dejaría de gustarle? Ahí estaba, sin hacer nada salvo dormir y ella quería besarlo hasta gastarlo, significara lo que significara eso.
Tragó con dificultad al ver que tenía los labios ligeramente abiertos. Lentamente, acercó una mano, sin pensar en lo que hacía, mientras sentía que el corazón le iba a estallar en el pecho. Quería tocarle los labios aunque fuese un microsegundo con una microparte de la yema de un solo dedo. Pero cuando estaba apenas a unos centímetros, algunas gotas de agua cayeron desde su pelo a su cara, despertándolo.
Fleur escondió rápidamente la mano tras la espalda y se alejó un paso.
—Estoy lista— dijo con lo que le pareció un chillido —Lo siento pog demogagme. Te quedaste dogmido.
—Disculpa…— Bill se levantó frotándose la nuca —Pero ya está todo listo, ¿comamos?
Bill evitó mirar a Fleur cuando se sentaron uno frente al otro en la cocina americana, porque si la miraba se fijaba en que el vestido que se había puesto era demasiado ligero y asentaba su figura, en sus mejillas sonrosadas después de la ducha y en el cabello mojado que se veía más oscuro y más ondeado, con delgados mechones que se le iban a la cara y que ella no se molestaba en apartar; y no creía poder seguir fingiendo que todo eso no le afectaba.
—Yo… disculpa, estoy siendo aprovechador. Me quedo dormido en tu sofá, te quito comida y chocolate…
—Pog favog, no te pgeocupes. Te habguía dicho si me molestaga, tenlo pog segugo— Fleur se sirvió chocolate caliente y frutas picadas —Además hiciste todo el tgabajo, es magavilloso.
Bill sintió que se sonrojaba otra vez. No entendía por qué se había ofrecido de voluntario para aquello. Maldito hidromiel (sí, sí, culparía al alcohol).
—Así que… Maude es simpática— comentó Fleur casi de mala gana.
—Sí, es simpática. Me río mucho con ella.
—Y… ¿están saliendo juntos?— Bill levantó la vista de un sopetón ante la pregunta. Fleur estaba concentrada en revolver su taza, muy seria —No es algo que me incumba, pego se veían bastante cegcanos...
—¡No!— exclamó Bill. Carraspeó al darse cuenta y agregó más tranquilo: —Sólo somos amigos. Es que ella es cercana con todos, si la vuelves a ver, lo más probable es que te abrace…
—¿En seguio?— Fleur lo miró a los ojos, interrogante.
¿A qué se refería? ¿En serio no estaban saliendo juntos o en serio Tonks la iba a abrazar? Sobre esto último no estaba seguro, pero…
—Sí— le respondió moviendo la cabeza para acentuarlo.
Fleur comenzó a esbozar una sonrisa que quedó a medio camino.
—Pego…— Bill dejó inmóvil la taza que estaba llevándose a los labios —¿Estás… saliendo con alguien?
Sintió que el corazón le latía más rápido mientras Fleur se metía a la boca un trocito de manzana. Estaban lo suficientemente cerca como para darse cuenta que se había sonrojado más que lo provocado por el calor de la ducha.
—No— le respondió, aun inmóvil.
—Oh— dijo Fleur por todo comentario. Luego, tomó un sorbo de chocolate, dejó la taza en el platillo y entrelazó los dedos frente a ella —Paguece que Maude y Magcus se llevagon muy bien, ¿no cgees?
Bill sintió cómo el aire le volvía a los pulmones. Pero bueno, ¿qué esperaba?
—Sí, se cayeron bien— confirmó, bebiendo al fin de la taza —Es que ambos son bastante sociables; de hecho no me imaginaba que Marcus fuera así, tan chistoso…
—Es vegdad, me hizo gueíg mucho— Fleur sonrió, tal vez recordando todas las cosas que le había dicho su compañero de trabajo.
Hicieron algunos comentarios más sobre el momento que habían compartido y luego se quedaron en silencio.
Bill se sirvió otra taza de chocolate, incapaz de recordar qué habían dicho en todo ese rato. La pregunta de Fleur le seguía rondando en la mente. ¿Y ella? ¿Ella estaría con alguien? No parecía para nada enojada con Marcus porque la había retenido allí sin dejarla ir a descansar, ¿cierto? Quizá… Pero no le parecía que ese fuera el trato que Fleur le dispensaba. ¿Y si no estaba saliendo con nadie? Pero, ¿una chica como Fleur, así de guapa, inteligente y simpática? Seguro que estaba saliendo con alguien. Seguro que era algún francesito elegante con traje blanco de día de campo. Seguro que le decía que era su vida y le prometía el mundo. Seguro que era muy distinto a él.
—Bill, ¿te sientes bien?— le preguntó Fleur bajando la cabeza para encontrar sus ojos.
Había suspirado sin darse cuenta. ¿Qué pensaría si le preguntara…?
—El chocolate— le dijo levantando la taza —Está reparador.
—Sí— Fleur alargó la s.
Podía sentir que el ambiente estaba tenso. Entendía por qué desde su parte, ¿pero Fleur? No tenía razón para estar así. ¿Sería que estaba actuando demasiado extraño?
—Bien, creo que mejor me iré— le dijo mirando hacia cualquier lado que no fuera ella. Apuró el chocolate que le quedaba y se puso de pie —Gracias por recibirme. Espero que no pienses que soy un abusivo o algo así— soltó una risa corta y nerviosa.
Fleur lo miraba con una expresión rara, pero se puso de pie.
—Espego que llegues bien a tu casa— le dijo con los ojos bajos.
—Gracias. Que tengas lindos sueños— le sonrió y, al ver que ella no se acercaba para despedirse, se inclinó y la besó en la mejilla —Nos vemos— y desapareció.
Fleur apenas reaccionó cuando Bill se fue. Sentía que la cara entera le ardía y sólo quería hacerse un ovillo bajo las mantas de la cama. ¡Por Merlín! Era sólo un beso de despedida, ¿por qué se sentía así? Se cepilló los dientes rapidísimo y se acostó.
El corazón le latía rápido y fuerte cada vez que recordaba a Bill dormido, Bill preparándole el chocolate, Bill sonrojado, Bill acercándose.
Bill, Bill, Bill.
Ya no podía aguantarlo. Tenía que decírselo, aunque significara que no volvieran a ser cercanos. Bueno, así las Marians y las Maudes del mundo tendrían la oportunidad, pensó con ironía.
Se subió las mantas hasta la frente, soltando un bufido. No quería seguir sintiéndose así. De verdad de verdad, no quería.
Fleur se deshizo de Marcus con la excusa que se le había quedado algo en la oficina, y se devolvió. Dejó que pasaran algunos minutos y salió a la calle, situándose en un punto en que podía ver a quiénes salían y ella no quedaba tan expuesta.
Tras un tiempo indefinido, salió Bill, acompañado de Patrick. Fleur se mordió el labio inferior, pensando a toda velocidad. ¿Lo interceptaba de alguna forma o esperaba hasta otro día…?
En ese momento, Patrick dijo algo que hizo que Bill soltara una carcajada. Los ojos cerrados, la sonrisa abierta, la nuez subiendo y bajando por el cuello.
Maldito fuera.
—¡Bill! — exclamó tras él. Los dos jóvenes se detuvieron y voltearon, sorprendidos al verla —¡Qué bueno que te encguentgo! Yo, eh… ¿Me podguías ayudag un segundo?
—Por supuesto— miró a Patrick —¿Me esperas un minuto o te vas?
Fleur deseó con todas sus fuerzas que decidiera irse, y lo debió reflejar en su expresión, porque Patrick la miró y simplemente negó con la cabeza, divertido.
—Prefiero irme. Estoy algo cansado. Nos vemos mañana— se despidió de ambos y siguió caminando.
Bill se acercó a Fleur y empezaron a caminar de regreso a Gringttos.
—Y dime, qué-
—Me gustas— lo interrumpió Fleur.
Bill se detuvo en seco y la miró con expresión neutra.
—¿Ah?
—Me gustas, Bill— Fleur lo miró a los ojos, decidida —Me gustas mucho. Más de lo que me gustaguía aceptag. Y yo… queguía que lo supiegas.
Bill estaba boquiabierto, ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor. Sólo podía mirar a Fleur, quien había pronunciado las últimas palabras lentamente y ahora lo miraba con pánico. Se llevó las manos a la boca, inmóvil por unos segundos.
—Adiós— soltó como en un suspiro y desapareció frente a él.
