Capitulo 32.
"El Asfódelo es un miembro de la familia de las liliáceas y tiene hojas largas y delgadas. Se encuentra en todo el mundo. Tiene usos mágicos y no mágicos. La raíz en polvo de Asfódelo se utiliza en la creación de varias pociones, como el filtro de Muertos en Vida, y la poción Wiggenweld."
Hermione estaba terminando de leer las propiedades del Asfódelo, componente de la poción del Filtro de los muertos en vida, cuando sintió que sus ojos pasaban más tiempo cerrados que abiertos. A pesar de ser solo las once de la noche se encontraba muy cansada. La chica sacudió la cabeza, sonñolenta, y se estiró en la silla con la esperanza de que alejar el cansancio. A su derecha, Lily también peleaba por mantener los ojos abiertos.
-Hey, Lily- dijo Hermione- ¿Qué tal si nos vamos a dormir ya? Estamos las dos derrengadas- propuso.
Lily contuvo un bostezo y dijo:
-Sí, la verdad es que hoy, no sé porqué, pero estoy mas cansada que otras noches.
-Yo creo que, en el fondo, cuando estamos con los chicos como que todo es mas ameno, ¿no te parece?
-Sí, la verdad es que si- dijo Lily, un poco pensativa- ¿no te parece raro que se hayan ido a la cama tan pronto hoy?
Hermione hizo una mueca. Ella sabía que, cuando Remus se transformaba James, Sirius y Peter se transformaban a su vez en animales (animagos), para poder estar con él y hacerle más llevadera su transformación. Gracias a ellos el pobre Remus podía soportar mejor las noches de luna llena. Hermione sabia de todo esto porque se enteró cuando tenía trece años, en su tiempo, pero en esta época los merodeadores aún no se lo habían confesado. Ni ella ni a Lily. Hermione quería creer que aún no habían sido sinceros con ellas debido a que se habían convertido en animagos ilegales para estar con Remus y que mientras Remus siguiera ocultándolo, ellos también.
-No es tan extraño- dijo ella, levantándose de la silla- Remus no está y notan su ausencia.
-Sí, será eso- dijo Lily- Pobre Remus. Su madre tan enferma y él solo ayudándola… me parte el alma.
-Tienes razón- dijo Hermione- Pero ahí no hay nada que podamos hacer, salvo darle nuestro apoyo y ánimo.
Lily asintió y ella también se levantó para empezar a recoger sus cosas, que estaban desperdigadas por la mesa. En ese momento ambas muchachas oyeron un golpecito.
-Toc, toc.
-¿Qué ha sido eso?- preguntó Lily, sacando la varita.
-Una lechuza- indicó Hermione.
En efecto, se trataba de una lechuza marrón, que tocaba insistentemente a una de las ventanas de la Sala Común. Lily se apresuró a acercarse a la ventana para dejar entrar a la lechuza. Una vez dentro, la lechuza estiró la pata para que Lily cogiera la carta que portaba. Nada más desatarla, la lechuza ululó y se alejó volando de nuevo.
-¿Quién te escribe a esta hora?- preguntó, curiosa, Hermione.
-Es Hagrid- dijo Lily- Escucha:
Querida Lily:
Siento mucho mandarte esta lechuza a semejantes horas, pero es algo importante. ¿Recuerdas que te presté dos manojos de belladona la semana pasada? Pues resulta que unos… amigos me han pedido por lo menos uno y tenf¡go que entregárselo mañana a primera hora. No te lo pediría en condiciones normales, pero es una emergencia. Me comprendes, ¿cierto?
Te espero en la puerta de mi cabaña.
Hagrid.
-Este Hagrid…- dijo Hermione, divertida.
-¿Y ahora qué hago?- preguntó Lily, preocupada- No se puede estar fuera del castillo después de las diez de la noche. Y ya ha pasado una hora desde el toque de queda. Por otro lado… Hagrid necesita esos manojos…
-Debes ir, Lily.
Lily miró en su dirección, muy seria, pero parecía que miraba más allá de ella, como si estuviera tramando algo. Esa expresión le recordaba a la de Harry, cuando decidió usar therstrals para llegar al Ministerio de Magia, por lo que se le escapó una sonrisa.
-Sí, eso haré- decidió Lily- Me haré a mí misma un hechizo de invisibilidad para llegar hasta la cabaña- sonrió, contenta con su plan.
-Yo voy contigo- dijo Hermione- Como dirían los chicos: este tipo de cosas pasan solo una vez en la vida.
-Oh, cállate- dijo, riendo, Lily
S&H
A parte de un pequeño incidente en el que estuvieron involucrados Filch, dosa fantasmas y un inodoro, Lily y Hermione consiguieron llegar razonablemente pronto a la cabaña de Hagrid, donde éste las esperaba. Una vez que Hermione deshizo el embrujo que las hacia invisibles, Lily llamó a la puerta.
-¿Quién es?- se oyó la voz de Hagrid dentro de la casa. Parecía un poco nervioso.
-Soy yo, Hagrid, Lily- dijo ella.
La puerta se abrió dejando ver a Hagrid. El semigigante estaba igual a cuando lo conoció Hermione en el futuro, a excepción del pelo, que lo llevaba un poco mas corto. Aun así seguía teniendo una grande y franca sonrisa y unos ojos marrones muy amables.
-Menos mal que has venido, Lily- sonrió Hagrid- Y has venido con una amiga- observó.
-Sí, ella es Hermione Granger, mi mejor amiga. ¿Hermione?- llamó Lily, pues su amiga estaba mirando en ese momento en dirección al Bosque Prohibido.
-¿Sí?- se volvió ella.
-Este es Hagrid- presentó Lily.
-Encantada- dijo Hermione.
-Igualmente. Os invitaría a pasar, pero bastante habeis hecho saliendo tan tarde del castillo solo porque os lo he pedido- dijo Hagrid.
-Por cierto, aquí tienes- dijo Lily, entregándole los ramos de belladona.
-Gracias, Lily. Estoy en deuda contigo. Cuando necesites algo, aquí me tienes- agradeció Hagrid.
-No es nada- sonrió Lily.
-Ahora marchaos. Es peligroso que estéis fuera tan tarde.
-De acuerdo, adiós Hagrid- se despidió Lily.
-Adios- dijo Hermione.
-Adios, adiós- dijo Hagrid y cerró la puerta de su cabaña.
Lily y Hermione se miraron en la oscuridad. Hermione abrió la boca para decirle deberían hacer el hechizo de invisibilidad cuando un aullido rasgó el aire.
-AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU.
Hermione y Lily se giraron rápidamente hacia el origen del ruido. Al comprobar quien era el emisor de tan escalofriante sonido, Hermione casi se desmaya. A menos de cincuenta metros de ellas un licántropo adulto las miraba.
