Capitulo 33.
James, Sirius y Peter esperaron hasta que la señora Pomfrey salió de la entrada del Sauce Boxeador, que conducía a la Casa de los Gritos. Allí era donde Remus se transformaba en licántropo. El curso pasado, cuando estaban en quinto año, James y Sirius averiguaron como convertirse en animagos de manera ilegal. James se transformaba en ciervo, Sirius en un perro y Peter (al que ayudaron a transformarse) en una rata. El objetivo de ese acto delictivo era ayudar a Remus, hacer que sus transformaciones fuesen menos dolorosas.
-Ya sale- advirtió James.
En efecto, la enfermera del castillo salió a toda prisa del Sauce y se dirigió al castillo.
-Vamos- susurró Sirius.
Peter se transformó en rata delante de sus dos compañeros y avanzó hasta las raíces del Sauce Boxeador mientras James y Sirius vigilaban por si venía alguien.
-¿Te acuerdas de cuando el Sauce Boxeador le atizó un golpe una vez que no se quiso transformar para llegar hasta el árbol?- rememoró James, mirando a Peter.
-Uy, si- corroboró Sirius- al final estuvo junto a Remus en la enfermería un par de días.
Los dos rieron por lo bajo acordándose de la cara de horror de la profesora McGonnagall cuando apareció Peter con las marcas del sauce. En ese momento el árbol dejó de agitarse, señal de que Peter había apretado el nudo que hacía que el árbol quedase inmóvil el tiempo suficiente como para que se pudiera acceder al pasadizo que llevaba a la Casa de los Gritos. James y Sirius echaron a correr y se introdujeron en el pasadizo detrás de Peter justo antes de que el Sauce recuperara su movilidad. Avanzaron a gatas (eran muy altos) durante un rato hasta que se acabó el túnel. Peter, que iba delante, estiró la mano hacia el techo y levantó un trozo de madera. Cuando hubieron pasado los tres volvieron a dejar el trozo de madera donde estaba. Se encontraban en una casa cuyas ventanas estaban cegadas con tablones de madera. Estaba toda polvorienta y se empezaban a ver algunas telarañas. Los muebles que contenía la casa estaban destrozados, como si alguien se hubiera cebado con ellos en su dolor. Los tres amigos sabían que había sido Remus el que había provocado los destrozos en sus dolorosas transformaciones.
En ese momento se oyó un sollozo proveniente del piso de arriba. Sirius, que encabezó la procesión por la escalera, abrió la puerta de una de las habitaciones. Allí, acostado en una cama polvorienta que había, estaba echado Remus. Tenía el rostro pálido y se podía observar el sufrimiento extremo que estaba soportando en la frente arrugada, el rictus que tenía en la boca y en el sudor mezclado con lágrimas que cubría su rostro y su cuerpo.
-Hola, amigo- dijo James en voz baja- ya estamos aquí.
Remus hizo un esfuerzo y dibujó una sonrisa débil en su cara, pero fue rápidamente sustituida por un quejido tras un espasmo de dolor. Sirius, Peter y James se miraban preocupados. A pesar de haber estado con él en numerosas transformaciones, aun no podían soportar la impotencia que sentían cuando Remus sufría tanto. La primera luna llena del mes la solía soportar mejor, pero la semana pasada había tenido la gripe y aún estaba débil y por ello, la transformación seria más dolorosa de lo habitual.
-¿Cuánto…- Remus trató de preguntar algo con voz fatigada- ¿Cuánto falta… para… que salga… la luna?
-Unos cinco minutos, creo- contestó Peter, consultando su reloj.
-Entonces…. Entonces sería mejor… que os… transformarais…ya.
-Sí- dijo James.
Un segundo después Remus se encontró observando a una rata oscura y temblona, que ocupaba el lugar de Peter, un ciervo magnífico de grandes ojos marrones, donde estaba James, y un perro enorme que sacaba la lengua a un lado de la boca mientras jadeaba, en el lugar de Sirius. Remus no sabía cómo podía compensar la gran alegría que sentía de tener a sus mejores amigos a su lado en los peores momentos de su vida.
Pasaron cinco minutos más en los que Sirius trató de distraer a Remus de sus dolores persiguiendo a Peter por la habitación sin conseguirlo, cuando Remus empezó a cambiar. Primero arqueó la espalda sobre la cama, ya que se le empezaron a alargar los brazos y las piernas y a combárseles. Se puso de pié en el suelo mientras empezaba a salirle pelo por todo el cuerpo y una cola en penacho atrás. Después, su rostro empezó a cambiar agrandándose los ojos y saliéndole hocico. En ese momento empezó a aullar al mismo tiempo que dejaba de estar erguido para ponerse a cuatro patas. La transformación, tan dolorosa, solo llevó unos cuantos segundos, por suerte para Remus.
El ciervo, James, se acercó a la criatura, que se convulsionaba, y la tocó con una pata. El licántropo se rebeló contra el animal y empezó a luchar con él, pero gracias a la intervención del perro no acabaron muy heridos. El licántropo miró al perro y al ciervo con recelo, pero algo cambió en su cerebro cuando notó que alguien le acariciaba la pata derecha. Una rata se acurrucaba contra su pata con la confianza de quien se sabe entre amigos. Cuando comprendió eso fue como si una luz se hiciera en su mente: soy Remus Lupin y ellos son mis amigos, pareció pensar.
El perro corrió hasta la puerta de la habitación y la abrió, dejando que el licántropo, el ciervo y la rata salieran. Bajaron las escaleras y el perro abrió de nuevo una puerta. Esta vez la de salida a Hogsmeade. El licántropo parecía querer ir directamente al pueblo, pero un empujón por parte del ciervo le persuadió de ello.
Empezaron a caminar los cuatro animales por un sendero que bajaba hacia la carretera camino a Hogwarts. Al parecer al licántropo no le importaba pasar un rato paseando por los terrenos del colegio en compañía de los otros tres animales. Todo parecía ir normal, como siempre, hasta que Lunático (el licántropo) pareció olfatear algo. Levantó la cabeza para oler mejor. Los otros tres se miraron entre ellos, tratando de adivinar qué emitía el olor que había descubierto el hombre lobo. Sin previo aviso, Lunático gruñó satisfecho y echó a correr directamente hacia el castillo. Sus tres amigos sabían que Remus no era consciente de sus actos cuando estaba transformado, que los instintos del hombre habían sido sustituidos por los del animal, por lo que cuando olía algo suculento para él, como la carne humana, simplemente salía de caza. Colagusano (la rata), el más rápido de todos, corrió tras su amigo, seguido de Canuto (el perro) y Cornamenta (el ciervo). El hombre lobo se detuvo a unos veinte metros de la cabaña de Hagrid, justo en el momento en que se cerraba la puerta. El golpe que produjo la puerta hizo que la cortina dentro de la cabaña ondeara, desvelando a la luz de la vela a dos muchachas con la túnica del colegio que, al parecer, habían ido a visitar al guardabosques y volvían al castillo. Cornamenta y Canuto sintieron que sus corazones daban un vuelco al reconocer quienes eran: Lily y Hermione.
El licántropo aulló fuertemente antes de iniciar una carrera hacia donde estaban Lily Hermione, que miraron aterradas al hombre lobo. El perro y el ciervo se abalanzaron hacia su amigo y consiguieron atraparle antes de que se acercara a las dos chicas. Lunático, totalmente enloquecido, intentó escapar de sus perseguidores, pero Canuto le mordió una pata. El licántropo aulló, esta vez de dolor, y le pegó un zarpazo al perro, hiriéndole en un costado. El perro gimoteó un poco y oyó el grito que dio Hermione al ver la pelea. Canuto miró a la chica, que lo miraba totalmente asustada por la visión del hombre lobo. Lily, mas asustada aún, tiraba del brazo de Hermione para que corriera hacia el castillo. Justo antes de que aparatara la mirada, Canuto vio como la puerta de la cabaña se abría de golpe y salía Hagrid, armado con su ballesta.
-ENTRAD EN CASA, YA- ordenó.
Canuto suspiró aliviado al ver que las chicas se ponían a salvo en casa de Hagrid, pero ahora había un peligro mayor: la ballesta. Hagrid no sabía, nadie lo sabía, que Remus era el licántropo que había allí, con lo cual podría herirle con una flecha si llegaba a abalanzarse sobre él, algo más que probable. Miró a su alrededor frenéticamente en busca de Colagusano hasta que lo encontró. Con un rápido gesto de la cabeza señaló hacia el guardabosques. Colagusano asintió y echó a correr hacia Hagrid mientras Canuto corría a ayudar a Cornamenta a arrastrar a Lunático al Bosque Prohibido.
Colagusano corrió hacia Hagrid y, con agilidad, consiguió colarse dentro de los pantalones del guardabosques. Una vez allí clavó sus uñas en la puerna y comenzó a subir. Hagrid se paró súbitamente en su carrera y empezó a golpearse en la pierna para sacar al animal que se había metido dentro. Colgusano subía y bajaba por la pierna del pobre Hagrid y solo salió de la pernera del pantalón cuando dejó de oír los ladridos de Canuto y el cerrar de las quijadas de Lunático.
Una vez libre, Colagusano se internó en el bosque en busca de sus amigos. Los encontró en un claro del bosque donde solían ir. Sirius, con el costado sangrando, estaba de pié sobre sus patas traseras y tenía inmovilizado a Remus sujetándole el cuello con sus fauces mientras James utilizaba los cuernos para tumbarlo en el suelo. Peter tocó en la pata a James para avisarle que ya estaba allí. James asintió en señal de reconocimiento. Estaba agotado.
Pasó un buen rato hasta que Lunático se tranquilizó lo bastante como para permitirle andar solo. Para entonces ya había pasado gran parte de la noche y los tres animagos decidieron que lo mejor era llevarlo de vuelta a la Casa de los Gritos, para evitar que atacara a nadie más. Les costó lo que quedaba de noche lograrlo, ya que Sirius estaba bastante debilitado por la pérdida de sangre. Una vez en la Casa de nuevo Cornamenta obligó a Lunático a subir las escaleras y se encerró con él en la habitación. Canuto se tiró en el piso de abajo, gimoteando, mientras Colagusano miraba a todos lados sin saber muy bien qué hacer.
Por fin, unos minutos después, la noche se acabó y empezó a salir el sol. El licántropo de la habitación de arriba empezó a aullar de dolor y a darse golpes contra las paredes hasta que, de repente, se calló. Un cuerpo mas menudo que el de un licántropo cayó en el suelo del piso de arriba en medio de gritos débiles de dolor.
-Tranquilo, Remus, ya está. Todo está bien- se oyó la voz de James, tranquilizando a Remus.
-¿Eran… eran…?- preguntó Remus entre sollozos.
-Sí- confirmó James- Eran Hermione y Lily.
-¿Qué… qué hacían… allí?
-No sé.
-¿Sirius?- preguntó Remus.
-Tiene un corte un poco profundo, pero los ha tenido peores.
Remus gimió.
-¿Sirius?- preguntó Peter, ya transformado en humano.
Sirius cerró los ojos un momento y se transformó en humano de nuevo. Peter se agachó para examinar las heridas.
-Has perdido mucha sangre, pero no es muy profunda- dictaminó.
-Que consuelo- masculló Sirius.
James bajó de las escaleras y se acercó a su amigo. Estaba muy pálido y tenía un corte en el brazo izquierdo.
-¿Te encuentras bien como para caminar?- preguntó.
-Si no hay más remedio- sonrió Sirius.
-La señora Pomfrey está a punto de llegar- avisó Peter.
-Pues vámonos.
Les costó, pero consiguieron llegar los tres hasta el otro lado del pasadizo del Sauce boxeador y entrar en el castillo antes de que llegara la enfermera. Subieron a la Sala Común sin que nadie les viera, ayudados por la capa de invisibilidad de James, y subieron a la habitación. Una vez allí James soltó lo que todos llevaban pensando esa noche.
-¿Qué carajo hacían ellas allí, precisamente esta noche?
