Capitulo 41:

Figuras borrosas moviéndose a su alrededor. Eso era lo que Sirius Orión Black era capaz de ver desde hacía varias horas. Lo último de lo que fue consciente de ver fue cuando Voldemort, el mago que tenía aterrorizado a todo el mundo mágico, se había llevado a Hermione y a Remus, Merlín sabía adonde. Desde entonces no era capaz de ver, sentir u oír nada, o al menos eso creía, ya que notó un apretón en su hombro derecho dolorido por los golpes emprendidos contra una pared que no supo identificar.

-¿Sirius?- oyó una voz a su espalda- Sirius, tenemos que hablar.

El chico se volvió hacia el origen de la voz mientras parpadeaba rápidamente para aclararse la vista. Quien estaba a su lado, mirándolo con preocupación, era Dumbledore.

-¿Me oyes, Sirius?- dijo el director mirándolo fijamente.

Asintió levemente con la cabeza mientras recordaba la actitud del director cuando Hermione les encerró en esa especie de pared de color azul:

Sirius corría hacia la pared que Hermione había conjurado unos segundos antes. Como ya hiciera el mortífago anteriormente, intentó atravesar la pared pero ella le expulsó, mandándole hacia atrás. Se dio un buen porrazo contra el suelo, pero se levantó rápidamente.

-¿Estás bien, Canuto?- gritó James.

Sirius no contestó y, soltándose de los brazos de James, Peter y Lily, corrió hacia la barrera de nuevo, pero esta vez se quedó a unos pasos de ella. A unos treinta pasos de él el director y los profesores lanzaban hechizos hacia la barrera con el fin de deshacerla y enfrentarse a los mortífagos, pero era inútil.

-¿Pero en que estaba pensando esta chica?- gritó el profesor Slughorn- ¿Cómo ha podido crear esto?

-Yo le enseñé ese hechizo- Dijo Dumbledore. Estaba serio y muy furioso por la entrada de los mortífagos en su escuela- Se lo enseñé por si alguna vez se encontraba en una situación en la que hubiera de proteger a un número grande de gente.

-Maldita sea, este no es momento de explicaciones, Albus- gritó la profesora McGonnagall- Los únicos que hay defendiendo el castillo son alumnos de sexto y séptimo. Hay que avisar al Ministerio.

-Minerva, he puesto medidas de seguridad por si pasaba esto. En cuanto gente con la marca tenebrosa grabada en el antebrazo han pasado las puertas del castillo se ha activado una alarma en el Ministerio. Tienen que estar a punto de llegar. Ojala lleguen a tiempo.

Del otro lado del cristal había comenzado la lucha alumnos contra mortífagos. Le bastó echar una mirada a su alrededor para confirmar que sus compañeros y profesores maldecían tanto como él la barrera mágica que les impedía entrar en la lucha y ayudar a sus compañeros. Aun así las fuerzas estaban bastante igualadas e incluso parecía que iban a vencer los alumnos de Hogwarts. Cuando Hermione hizo una pausa para tomar aliento Sirius, que no dejaba de observarla, sintió que se aflojaban los músculos en tensión de su espalda. Solo quedaban unos pocos mortífagos en pie y tanto Hermione como Remus estaban sin luchar en esos momentos. El alivio general era palpable hasta que…

-¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ?

-Merlín, no- susurró Sirius.

Bellatrix, su prima mayor, había entrado en el Gran Comedor hecha una furia. Su pelo largo y negro flotaba a su alrededor como un aura mientras enarbolaba la varita. Durante su infancia en común nunca le tuvo especial cariño, pero desde que se unió a los mortífagos la odiaba con toda su alma.

-¿Esa no es tu prima?- susurró Peter.

-Ay, madre- dijo James mientras abrazaba a Lily, completamente asustada por la suerte de sus amigos.

-REMUS- gritó Hermione. Sirius giró la cabeza con brusquedad justo a tiempo de ver a Remus y Hermione cayendo para evitar un hechizo de Bella.

A continuación Hermione se levantó y, junto con los tres compañeros que quedaban en pie, se batió en duelo con Bellatrix. Los compañeros de Hermione duraron poco ante los ataques de Bellatrix, pero Hermione aguantó y atacaba con precisión a su oponente.

-Madre mía- se oyó murmurar a Dumbledore- Aguanta.

Bellatrix levantó la varita en un momento dado y gritó:

-Avada…

-NOO- gritaron a la vez James, Lily, Sirius y Remus.

El gritó de Remus despistó a Bellatrix, pero el duelo continuó, esta vez con Remus ayudando a su amiga.

-Oh, Dios mío. No puede ser…- se oyó a Lily, que hablaba a gritos e intentaba alejarse de James y atravesar la barrera.

-Lily, para- intentó tranquilizarla James.

-NO, ÉL ESTÁ AQUÍ- gritó ella, desesperada.

Todos los presentes miraron a Lily como si estuviera loca, sin entenderla, hasta que escucharon una voz fría como el hielo.

-Vaya, vaya, esto no me lo esperaba.

Dumbledore giró con una velocidad sorprendente y miró a través del cristal con los ojos abiertos por el susto. Sirius miró al hombre que estaba de pie ante las puertas del Gran Comedor y vio por el rabillo del ojo que Hermione lo miraba y temblaba de pánico. Era Voldemort, se dio cuenta mientras un terror helado le bajaba por la garganta hasta llegar al estómago. Hermione y Remus estaba solos con él.

-Tom- murmuró Dumbledore mientras se alejaba del cristal.

-¿Qué vas a…?- empezó a preguntar Slughorn, pero no pudo acabar, ya que Dumbledore había comenzado a atacar la pared de cristal con un montón de hechizos. No sabía cuáles eran, pero encerraban un gran poder. Podía sentirlo. Dejándose llevar por el miedo y la desesperación, Sirius se unió a su director en lanzar hechizos contra la pared, pero ésta absorbía todos los hechizos sin desvanecerse. Agotado, paró un rato después para tomar aliento. Al mirar por la ventana pudo ver que Remus y Hermione luchaban contra Voldemort y que justo en ese momento Remus era derribado por un hechizo.

-REMUS- gritó Hermione, arrodillándose a su lado tras escapar de una lluvia de cuchillos. Al parecer estaba vivo, ya que Hermione soltó un suspiro de alivio, pero eso no hizo que dejara de luchar. Se puso en pie de un salto y volvió a atacar al Señor Tenebroso.

Todo el mundo estaba concentrado en la batalla que tenía lugar al otro lado de la barrera, tanto que Dumbledore había dejado de lanzar hechizos contra ella. Sirius solo deseaba que llegara la gente del Ministerio y que terminara con Voldemort, pero Hermione lo sorprendió con su destreza desarmando a Voldemort. Todos los que estaban al otro lado soltaron un grito de asombro y abrieron los ojos como platos.

-Pero… pero…- balbuceaba McGonnagall- nadie… nadie.

-Acaba con él- ordenó Dumbledore, fuera de sí, completamente en tensión y olvidándose de que ella no podía oírle.

-Avada…- conjuró Hermione ante la expectación de sus compañeros.

-DESMAIUS- se oyó.

Hermione cayó derrumbada a los pies de Voldemort. Al desmayarse ella, el hechizo que lo mantenía en el aire se rompió y él también cayó al suelo mientras Bellatrix, la ejecutora del hechizo, se levantaba ante los gritos de frustración y furia de los alumnos y profesores.

-Mi señor, mi señor ¿estáis bien?- dijo Bella.

-Estoy perfectamente, Bellatrix- rezongó él, poniéndose en pie y regresando a ver a Hermione.

-No os preocupéis, mi señor- dijo Bellatrix- La mataré ahora mismo.

-NOOOOOO- gritó todo el lado de la barrera.

-NO- gritó Voldemort- No se te ocurra.

-¿Qué?- murmuró Sirius en medio del silencio que provocó Voldemort con sus palabras.

-¿Mi señor?- Bellatrix estaba atónita- Es un miembro de la Orden, cercana a Dumbledore…

-Precisamente- dijo Voldemort- Si la convierto en una de los nuestros puede sernos muy útil.

-¿Una de los nuestros?

-Por supuesto. Será una magnífica bruja. Solo tiene dieciséis años y ya es capaz de vencerme, casi. Tendré una espía en el entorno más cercano a Dumbledore y un guerrero extremadamente poderoso a mi lado en las batallas. En fin, tenemos que irnos, pronto llegarán los aurores. Nos llevaremos a Granger y… sí, también nos llevamos a su amiguito, nos será útil si ella no atiende a razones.

-Como ordenéis, mi señor- dijo Bellatrix.

-Lleva tú al chico- ordenó Voldemort.

Voldemort se agachó y agarró de un brazo a Hermione, desmayada, y se desapareció. A continuación Bellatrix hizo lo mismo con Remus. Solo entonces se deshizo el hechizo que los mantenía alejados de la batalla.

Cuando volvió a la realidad pudo observar que estaba en el despacho del director, sentado en una de las sillas que estaban delante de su escritorio. Lo rodeaban James, Lily y Peter, muy serios.

-Veras, Sirius. No tengo palabras para expresarte cuanto siento lo que ha pasado. En todos estos meses he llegado a apreciar verdaderamente a Hermione. Es una gran bruja y estoy seguro que si alguien puede salir de ésta es ella- dijo Dumbledore mirándole a los ojos.

-¿Saben dónde los han llevado?- dijo Sirius con voz ronca.

Dumbledore entrecerró los ojos.

-No lo sabemos con certeza, pero creemos que lo más seguro es que los hayan llevado a casa de alguien de confianza. Un mortífago fiel, un sitio donde crea que no podemos llegar…

-¿ENTONCES QUE DEMONIOS HACE AQUÍ?- bramó James- HAY QUE IR A BUSCARLOS.

-¿Creéis que no deseo hacerlo?- dijo Dumbledore muy serio- yo estoy tan furioso como vosotros por lo que ha pasado, pero hay que mantener la calma. No sé dónde están, pero voy a mover cielo y tierra para descubrirlo. Le he pedido al ministro que nos ayude autorizando redadas en casas de conocidos mortífagos, además de pedirles a nuestros espías que estén atentos por si captan algo.

Sirius dejó caer su espalda. Le dolía en el alma no saber dónde estaban su amigo y su novia, pero Dumbledore tenía razón.

-Quiero ayudar- sentenció y añadió al ver que Dumbledore abría la boca- No me venga con que soy demasiado joven, porque iré quiera o no quiera. Son muy importantes para mí y no voy a parar hasta encontrarlos.

Dumbledore lo miró a los ojos y, lentamente, asintió.

-Yo también quiero ayudar- dijo James.

-Y yo- dijo Lily.

-Y yo- dijo Peter.

-De acuerdo, pero solo por esta vez- accedió Dumbledore- Os trasladaré al Cuartel General de la Orden del fénix y allí esperareis instrucciones.

Ellos asintieron, solemnes.

S&H

Hermione despertó en una mazmorra oscura y fría. Estaba tumbada en el suelo de piedra y cuando se levantó, con cuidado, notó una contusión en la cabeza, fruto del hechizo que la hizo desmayarse cuando peleaba con Voldemort. Se llevó una mano a la cabeza mientras miraba alrededor y vio a su derecha una sombra humana echada en el suelo. Se acercó a ella con cautela y cuando estaba a pocos pasos lo reconoció.

-Remus- susurró tomándolo de los hombros y dándole la vuelta.

A la luz de las antorchas que iluminaban precariamente la mazmorra las heridas de Remus no habían recibido cura ninguna, pero el muchacho respiraba con normalidad.

-Remus, despierta- dijo ella un poco más fuerte mientras le daba suaves bofetadas en la cara.

Al sentir los golpes Remus despertó y abrió los ojos con desgana.

-¿Hermione?- murmuró- ¿Dónde…?

-Estamos en una especie de mazmorra- explicó ella- Al parecer nos han tomado como rehenes.

-Agua- pidió él con los labios hinchados.

Hermione miró a su alrededor y vio al lado de la puerta un odre con agua. Se levantó para cogerlo y, al agacharse, vio a otra persona agazapada tras una silla. Dio un salto hacia atrás que asustó a esa persona.

-¿Quién eres?- dijo ella con voz aguda.

La figura no contestó, sino que se quedó en su sitio temblando. Hermione se acercó y vio que se trataba de un niño pequeño, de no más de siete años, que la miraba asustado.

-Tranquilo, pequeño, no te voy a hacer nada- dijo ella con voz dulce- Me llamo Hermione y él se llama Remus ¿y tú?

-Will- contestó con un hilo de voz.

-¿Qué es lo que haces aquí, Will?- inquirió ella.

-Mis padres son aurores. Me llevaron de casa de mi abuela y no sé qué ha pasado con ellos- dijo el niño con lágrimas corriendo por sus mejillas.

-A nosotros también nos han secuestrado, Will- dijo Remus con un hilo de voz- Pero no te preocupes, que nosotros estamos contigo.

-Eso es- sonrió ella- Además, que ya verás cómo pronto darán con nosotros.

Will la miró con un poco de esperanza en la mirada que la hizo sonreir, pero al mirar a Remus supo que él no creía en la promesa que acababa de hacer.

-Por favor, por favor- rogó Hermione en su interior- Que nos encuentren pronto.